Disclaimer: Todo de Stephenie Meyer.

¿Advertencia?: escenas no aptas para cardíacos o embarazadas... o menores de edad ... escenas de sexo!

Venganza.

Lo había hecho. Otra vez.

¡Le advertí un millón de veces que lo iba a volver a hacer! ¡Me cansé de decirle que tenga cuidado con mi nueva camisa negra!

Y cómo no. A la primera que se calienta un poco, mi camisa termina sin botones y toda desgarrada.

¿Qué les pasa a los hombres con el sexo? ¿Tan desesperadamente lo necesitan que pierden toda la racionalidad? ¡¿Tan desesperadamente Jasper lo necesita que se olvida que no tiene que romperme la ropa?!

Lo miré asesinamente. Sentada sobre él, con la pollera subida hasta mi estómago, mi camisa desgarrada, y mi ropa interior a la vista de quien pase, cualquiera diría que no era la imagen más amenazante. Sin embargo, sentí un escalofrío por toda espina dorsal, lo que significaba que sus poderes lo traicionaban a la hora de parecer tranquilo.

Puse mis manos en su pecho, dispuesta a levantarme e irme enojada, pero una idea rápida se cruzó por mi cabeza. Mi vista se nubló en una visión y al instante pude ver su reacción: desesperado, rogándome y necesitado. Volví a la realidad y sonreí malignamente.

Sentí un estremecimiento nuevamente, y, a pesar de sentirme un poco atemorizada (sentimiento que definitivamente no era mío), decidí comenzar con mi venganza.

Lo miré directo a sus hermosos ojos dorados. Ojos que iban a sufrir.

Me incliné hasta que mis labios tocaron los suyos en un roce suave, mis manos atraparon las suyas y las sostuvieron contra la cama. Metí mi lengua dentro de su boca lentamente, buscando una respuesta. Jasper gimió despacito y comenzó a mover sus labios contra los míos.

El beso se alargó hasta que, con un sosiego casi desesperante, inicié un camino con mi lengua, desde la comisura de sus labios, pasando por toda su mejilla, hasta su cuello. Me detuve en el punto exacto debajo de su oreja, donde sabía era su punto débil. Succioné la fría piel hasta que escuché los primeros jadeos, realmente era difícil hacer que su respiración se acelerara.

Solté sus manos para poder sacarle la camiseta; una pena, el negro le queda tan bien. La suave y muy costosa tela de algodón (que había comprado yo, con todo mi cariño) fue a parar delicadamente al piso, mientras mi boca nuevamente estaba empezando un camino por su pecho y mis manos volvían a capturar las suyas, esta vez sobre su cabeza.

Deslicé mis labios por todo su torso, sintiendo en propia carne sus estremecimientos. Llegué hasta debajo de sus costillas, presionando con mi lengua y succionando en el momento justo; no tengo idea que tiene ese lugar específico, pero sé que lo vuelve loco.

Mis manos bajaron por sus brazos, sintiendo todos sus músculos, y recorrieron su cuerpo hasta el borde de su pantalón. Al instante sentí una ola de lujuria invadirme, tenía que contenerme si quería que mi plan surtiera algún tipo de efecto.

Mi boca se deslizó hasta su ombligo y jugué un poco con mi lengua antes de alzar la vista para verlo a los ojos. Sonreí traviesamente al reconocer el color negro con unos pocos destellos dorados. Subí de nuevo para poder besarlo, sus manos se apoyaron en mi cintura y tiraron para abajo, haciendo que me siente justo en el lugar indicado. Un gemido grave se escapó de su boca y pude sentir perfectamente su dureza presionándose contra mí.

La lujuria fue altamente superada por la satisfacción de saber mi triunfo cerca. Con una sonrisa malvada en mi cara, comencé a mover mis caderas, haciendo que mi esposo cerrara los ojos y contuviera los gemidos mordiéndose una mano.

Volví a besarlo apasionadamente, mientras levantaba mi cuerpo del suyo y llevaba mis manos hasta su penúltima prenda. Desprendí el botón, prendiéndolo y desprendiéndolo de vuelta, amando los temblores que recorrían su cuerpo por la ansiedad.

Finalmente, bajé el cierre y acerqué mi cara hasta el prominente bulto escondido tras los boxers. Rocé con mis labios la tela negra y mordí suavemente su dureza. Un gemido bastante fuerte se escuchó por la habitación, haciendo que la sonrisa se extendiera por toda mi cara. Exhalé aliento sobre su erección y esperé… 5, 4, 3, 2, 1…

-Por favor…- un suave susurro se escapó de los labios de mi adorado y ahora odiado amor.

-¿Cómo…? No escuché lo que dijiste…- me miró con un poco de molestia y con resignación dijo un poco más alto:

-Por favor.- casi se me escapó la risa cuando respondí.

-¿Qué…?-

-¡Qué por favor!- sonreí malévolamente.

-¿Que por favor qué? mi vida.- bufó y me miró con furia, aunque lo que realmente estaba sintiendo era vergüenza, lo siento.

-Que por favor termines lo que empezaste.- no hubiera escuchado si no tuviera el sentido de la audición más desarrollado de lo común. Me mordí los labios para no reírme.

-Como usted me ordene, General Whitlock.- pude vislumbrar una sonrisa en su rostro antes de inclinarme de vuelta sobre la parte más necesitada de su anatomía.

Deslicé mis dedos por el borde de la tela de sus boxers y tiré hacia abajo. Frente a mí, el verdadero signo de que Jasper no aguantaba más sin un roce más íntimo. Agarré su erección con una mano, dirigiendo mi boca a su encuentro. Al momento en que hicieron contacto, un fuerte escalofrío me recorrió entera y sentí una extraña molestia en mi entrepierna. Después de años de tener sexo con mi pareja, sigo olvidándome de que el placer es compartido.

Besé la punta y saqué la lengua, lamiendo toda la extensión. Después de unos segundos de lenta tortura, envolví su miembro con mis labios, metiéndomelo entero en la boca. Succioné y presioné en los lugares que más le gustan, al mismo tiempo que con mi mano libre hacía círculos en su ombligo. Podía escuchar de fondo los gemidos ahogados de Jasper y también sentí su mano sobre mi cabeza, marcando un ritmo que no siempre seguía.

Pasó poco tiempo hasta que lo sentí tensarse y jadear fuerte. Presionó más su mano contra mi cabeza en una clara invitación a hacerlo más rápido. Ésa fue mi señal. Con un rápido movimiento, me liberé de su agarre y salté de la cama llegando casi hasta la puerta.

Me di vuelta para ver el resultado de mi plan maquiavélico.

El General Whitlock estaba con los ojos abiertos a más no poder y una expresión de total confusión en su cara. Me miró contrariado pidiéndome una explicación y sonreí.

Señalé los botones de mi camisa nueva y después señalé su erección en todo su esplendor.

-Es el precio a pagar.- sus ojos se abrieron más que antes, evidentemente, tratando de dar lástima. No iba a funcionar conmigo, no señor.

Di media vuelta y salí de la habitación, cerrándola a mis espaldas.

Sabía lo que seguía a esto y también sabía que mi propia voluntad no iba a durar mucho al ver a mi amado rogándome desesperado y desolado porque vuelva con él, y de paso "lo ayude". Pero, por lo menos por unos minutos, yo había cobrado mi venganza.

Nadie se mete con Alice Cullen.


Lo sigo...? o no lo sigo...?? Lemmon o no lemmon ? jaja y bueno, capaz q lo siga, igual ya estaba planeado... es un twoshot? o como se llame. Ok , espero q les guste :DD wiii