Disclaimer: Todo de Stephenie Meyer.

¡Advertencia! : hot hot sex!

Venganza.

Me apoyé contra la puerta cerrada y me apresuré a poner en su lugar mi pollera; la camisa ya era un caso perdido. Igualmente, decidí cerrarla lo más que pudiera y dirigirme al cuarto de Rose, ella me prestaría algo; y con un poco de suerte, no me encontraría a Edward en el camino como acababa de ver en una visión.

No pude dar tres pasos por el pasillo, que escuché a Emmett detrás de mí. No había nada que odie más que que me tomen por sorpresa, y Emmett es uno de los pocos que pueden tomar ese tipo de decisiones rápidas tan seguido.

-¿Qué hace el pequeño monstruito dejando la habitación en ese estado?- no me molesté en darme la vuelta, pero mis pasos se hicieron más lentos.

-Dirigiéndome hacia tu habitación, espero que no te moleste.- claro que no le molesta, ya hizo todo lo que se puede hacer con Rose en el día, demasiado para mi pobre sentido del oído.

-Para nada.- escuché su risa estridente bajando por las escaleras y me dispuse a seguir mi camino.

En menos de dos segundos ya estaba abriendo la puerta de la habitación de mi hermana y entrando, ignorando completamente el hecho de que ella estaba desnuda y sólo tapada por una sábana.

Me miró con una sonrisa boba en su cara y me pregunté, por ochentava vez en los años que comparto con la familia, si yo también tendría esa mueca tan ridícula cada vez que terminaba de hacer el amor con Jazz.

-¿Otra vez? -me acerqué y acosté a su lado, mirando al techo, antes de contestar a su pregunta.

-Pero ésta vez me vengué.-

-Se va a olvidar para la próxima.- bufé ante la negatividad de Rose ¿Es que nadie estaba de mi lado?- No es que no reconozca tu venganza, sólo que no hay que confiar en ningún acto que involucre a un hombre y sexo.- se quedó callada por unos segundos.-… especialmente a Jasper.- me giré con una sonrisa divertida en mi cara.

-¿Qué tiene Jasper que no tengan todos los demás?- ella también me miró y, por su cara, estaba aguantando la risa.

-Tiene poca voluntad…- se rió un poco antes de seguir.-… en lo que a vos respecta.-

No pude aguantar más y rompí en carcajadas acompañando a mi hermana, mientras me levantaba hacia su ropero. Saqué algunas camisas y camisetas para ver qué me ponía antes de darme cuenta de que estaba desclasa, lo que significaba que podría ponerme cualquier cosa, ya que no tendría que combinarla. Opté por una camiseta roja manga ¾ un tanto escotada que tenía cadenitas colgando de uno de los hombros, sabía que era una buena opción si de resistir cualquier plan de Jasper se trataba.

Volví a sentarme en la cama y Rose me miró un poco más seria.

-Que los Vulturi se apiaden de tu esposo si llega a romper camiseta.- mis labios se volvieron a curvar en una sonrisa mientras esperaba una visión, que me confirmara si eso iba a pasar, que nunca llegó. Lo que hizo que mi sonrisa se convirtiera en una mueca frustrada.

-Esperemos que no la rompa entonces.-

Me moví hacia Rose y apoyé mi cabeza sobre su duro estómago, cerrando los ojos. Cada vez que hacía eso me preguntaba cómo habría sido dormir cuando era humana. Sus dedos recorrieron mi pelo en una suave caricia por unos segundos antes de levantarse precipitadamente y hacerme abrir los ojos de vuelta. La miré contrariada y alcancé a ver sus ojos divertidos entrando por la puerta de su cambiador.

No tenía ganas de esperarla, sabía que se tardaría exactamente 45 minutos y que después se dirigiría a la planta baja a terminar un tema pendiente con Esme. Pensé qué podría hacer en esos largos 45 minutos. Podría ir a ayudar a mamá con la limpieza de la casa… pero la visión de papá agarrándola por la cintura y besando su cuello en el jardín sacó esa idea de mi mente. También podría ir a hacerle compañía a Edward, que deducía estaría bastante trastornado. Me incliné por esa opción, teniendo en cuenta que Emmett estaba fuera de la casa y que, aunque la alternativa de ir a terminar mi trabajo con Jasper era demasiado tentadora, no podía malgastar esa parte de mi visión que había tenido en un principio en la que me rogaba por volver. No, mejor ir a molestar a Edward.

Me dediqué a saltar alegremente por el pasillo hasta llegar a la habitación de mi hermanito con crisis de sexualidad. Entré sin llamar, como ya era costumbre, y me lo encontré tirado en el sillón tapándose los oídos. Me pareció extraño que la música no estuviera sonando, ya que esa era su manera de "mantener la inocencia ante pensamientos corruptores" como él decía.

-¿Porqué no te fuiste?-

-Quería ver tu visión en persona.- me mordí los labios para no reírme cuando se dio vuelta y pude ver su cara. Cualquiera diría que acababa de salir del loquero por su expresión desesperada y su pelo color bronce mucho más despeinado de lo normal.

-Faltan 50 minutos aproximadamente, podrías haberte ido y vuelto recién ahora.-

-No me digas lo que podría haber hecho, suficiente con lo que hice.- dejé de aguantarme la risa y me hice un espacio en el sillón de mi hermano, ignorando totalmente sus ojos molestos fijos en mí.

-¿Qué tenías pensado hacer antes de que llegara?- había estado tan ocupada pensando en mis cosas que me había olvidado completamente de que podría saberlo sola.

-Ir a aconsejar a Jasper sobre cuál de todas sus opciones es el mejor plan para recuperarte… y vengarse.- mis labios se curvaron en una mueca molesta y agarré su remera de la manga para que no pueda moverse de donde estaba ¿Así que Jazzy también quería vengarse?

-¿De qué lado estás?-

-De ninguno, sólo me gusta ver las estupideces que hacen.- giré los ojos y empujé un poco a Edward para que hiciera un poco más de espacio y acostarme. Entré un poco apretada en el sillón y volví a pensar porqué la música no estaba prendida.

-Broma de Emmett.- claro, me había olvidado de la broma de Emmett. De hecho él me había preguntado personalmente cuándo Edward estaría fuera de su habitación por el tiempo suficiente. Me reí al acordarme de su cara en mi visión, seguro que por eso me había encontrado con el grandote por el pasillo.

Sus ojos molestos aparecieron por encima de mi cabeza y en ese momento me acordé de que mi hermano podía leer los pensamientos. Odiaba olvidarme. Sonreí falsamente mientras me escurría por el costado del sillón y me dirigía rápidamente hacia la puerta.

-¡Perdón!- la puerta se cerró tras de mí e inmediatamente se apareció en mi cabeza la imagen de Edward hablando con Jasper con una sonrisa maligna en su cara. ¿Qué podría estar planeando mi esposo para hacerme volver?

Me dediqué a dar vueltas por la casa pensando en las distintas combinaciones de ropa de mi armario. Primero porque siempre era divertido y porque no quería que el Team Jasper-Edward tome ventaja de mis pensamientos.

En una de mis vueltas pasé por el living y vi a Rose y mamá hablando sobre algo muy entusiasmadas, miré mi reloj y efectivamente habían pasado los 45 minutos exactos que había predicho. Me acerqué un poco más hasta sentarme en uno de los sillones, pudiendo ver el folleto de autos que tenían sobre la mesa.

-Oww ¡Y éste también es re lindo!- mamá estaba señalando un escarabajo Volkswagen rosita como los de Barbie.

-Sí, pero no tiene el mejor de los motores y por adentro tampoco es tan lindo ni cómodo… mejor éste.-señaló Rose un Mercedes Benz para dar paso a una sonrisa.- Que es más rápido.-

-Pero no es tan lindo…- me perdí en mis pensamientos a la mitad de la charla sobre autos, olvidándome que no podía hacerlo. Fue como sentir ansiedad de repente, de la nada; esa sensación de cosquillas molestas cuando vas a hacer algo que estás esperando desde hace rato.

Mis sentidos se disiparon, estaba completamente en otro mundo, ida, concentrada en esas sensaciones extrañas y sin sospechar que nadie estaba detrás de todo. Demasiado distraída como para pensar en otra cosa.

Y pasó. Una ola de lujuria me invadió entera, mis piernas temblaron haciendo que casi pierda mi perfecto equilibrio y todos mis músculos (por lo menos los que creía que tenía) se contrajeron. Cosquillas y escalofríos, por todo mi cuerpo, concentrándose en lugares que no me gustaría contar. El aire que tenía acumulado en los pulmones de pura costumbre desapareció de un suspiro, el corazón que hace años no andaba se me atravesó en la garganta.

Con un esfuerzo sobre-sobrehumano, conseguí dar la vuelta sobre mis talones, con movimientos lentos y seguros, para no perder los estribos ante cualquier visión lo suficientemente tentadora detrás mío. Pero no estaba preparada para lo que vi, porque si sólo la visión de Jasper hubiera hecho estragos en mí, la visión del mismo semidesnudo me dejó más muerta de lo que estaba.

Los ojos se me abrieron a más no poder, a la vez que delineaba con mi mirada lo que tenía delante. Estaba con sus pantalones nuevos a medio abrir sobre sus caderas, mostrando el borde de sus boxers negros, dejando poco y mucho a la imaginación. Mi mirada siguió subiendo y tuve que cerrar la boca para poder tragar ponzoña, un alabado y traicionero rayo de sol entraba por la ventana haciendo que su torso brille incansablemente, sus abdominales bien marcados se contorneaban con el juego de luz, mi voluntad estaba a punto de desmoronarse.

Y a pesar de todo el espectáculo visto, lo que terminó de desarmarme fue su cara. Podía adivinar su nerviosismo a través de su sonrisa desafiante y su desesperación a través de sus profundos ojos dorados. Me perdí en el mar de sensaciones que me provocaba verlo ahí parado, con esa pose de chico malo, provocadora y sexy; pero que al mismo tiempo me rogaba que volviera, sólo esa frase que se repetía insistentemente en sus ojos, su boca, sus facciones "Por favor", "Volvé conmigo".

En ese momento supe que Edward había cagado todos mis planes de ver concretamente la visión que había tenido, también supe que la que había caído totalmente vencida era yo. Me olvidé de todas las estructuras sociales donde "cometer actos impuros" al frente de tu madre y hermana no era correcto, me olvidé de que existía un tiempo y un espacio, me olvidé que mostrarme desesperada no es una buena imagen de una misma.

Sin despegar mi mirada de sus ojos avancé hasta llegar a unos centímetros de su cuerpo, pude haber tardado segundos, minutos o años, realmente no lo sé. Como si de un dios al cual rendir culto se tratara, mis manos pasaron por todo el contorno de su pecho, sin tocarlo, hasta llegar hasta sus mejillas pálidas y apoyar suavemente mis dedos sobre la fría piel. Sentí electricidad cruzando toda mi espina dorsal y no pude distinguir si la reacción fue mía o de él, ¿Pero, qué más daba? Ahora lo único que quería era amarlo, física y espiritualmente, más física que otra cosa.

Sus manos fueron a parar a mi cintura, levantándome sin problemas y apoyándome sobre su vientre, a lo que yo crucé mis piernas por su espalda. Creí escuchar algunas voces detrás de mí, pero las ignoré completamente y me dediqué a acercar mis labios a los de Jazz. Cuando por fin se unieron no pude evitar gemir de puro placer, haciendo que él tiemble y su pecho se pegara más contra el mío.

Nuestras bocas se acariciaban dulce, suave, fuerte y rápido al mismo tiempo. Lujuria, amor, desesperación; mis manos dejaron sus mejillas y se dirigieron a su pelo revuelto, paseando por las sedosas hebras doradas. Y, súbitamente, el sonido de aire, como un objeto volando. Casi me caigo cuando Jasper soltó una de sus manos para atrapar lo que sea que nos hayan tirado por atrás.

-¡Váyanse a un hotel!- me reí y busqué la mano de Jazz en mi espalda, sacándole el almohadón y tirándolo para atrás de vuelta. Volví a besar a mi esposo por un segundo antes de saltar de su abrazo y agarrarlo de la muñeca para llegar lo más rápido posible a nuestra habitación.

Choqué contra la pared de al lado de la puerta cuando me dio vuelta y me besó. Entramos apenas viendo el camino, cayendo sobre la cama de costado. Nos quedamos unos segundos mirándonos a los ojos, los escalofríos me recorrieron entera, cosquillas en la base de mi estómago.

Volvimos a unir nuestros labios y él tomó el control, dejándome debajo de su cuerpo, pasando sus manos por mi cintura, jugando con el borde de mi ropa. Su lengua comenzó un recorrido por todo mi cuello y el escote de la camiseta roja.

-Me encanta este color sobre tu piel.-

-Lo sé.-

Las sensaciones me desbordaban como cada vez que hacíamos el amor, mis sentimientos y los suyos se compenetraban, sentíamos lo mismo.

No me di cuenta cuando la ropa desapareció por completo y sólo quedaron mis manos tirando de sus pantalones y boxers ya por los tobillos. Volví a sentir su cuerpo frío pegado al mío, moviéndose una y otra vez contra mis puntos más sensibles. Sus manos parecían no poder despegarse de mis pechos a la vez que las mías no soltaban sus brazos, delineando de arriba abajo cada uno de los músculos bien marcados.

Su lengua de estar en mi cuello pasó a jugar cada vez más cerca de mis tetas, hasta llegar a un pezón, haciendo círculos, mientras una de sus manos atendía el otro. Siguió bajando por todo mi estómago, besando cada pedazo de piel posible, succionando, lamiendo, haciendo que los suspiros se escapen de mi boca sin control.

Volvió a subir hasta tocar sus labios con los míos, apoyándose de vuelta y aventurando una mano entre mis muslos, separándolos. Sus movimientos se hicieron mucho más suaves y dulces, su lengua contorneó despacio mi mandíbula hasta llegar a mi oreja, morderla y separarse un poco para poder mirarme a los ojos. No puedo contar las veces que me perdí en ese mar dorado, para volver a hacerlo una y otra vez; asentí como respuesta a su pregunta silenciosa, estoy lista, siempre estoy lista para él.

La presión que venía sintiendo en mi entrepierna se hizo más fuerte hasta que su miembro entró por completo dentro de mí. Su cuerpo y el mío temblaron al mismo tiempo de placer, sus brazos me envolvieron en un abrazo y nuestras bocas se volvieron a juntar. De a poco, fue retirándose hasta quedar casi fuera de mí, para volver a entrar y así comenzar con un vaivén lento.

Mis manos se aferraron a su espalda mientras nuestros gemidos morían en la boca del otro. El placer aumentaba a medida que la velocidad también lo hacía. Todo tan perfecto, armonioso, equilibrado, sentimos lo mismo, deseamos lo mismo, nos amamos con la misma intensidad. Una de sus manos se sostiene de mi cintura y una de las mías viaja hasta su pelo, pasa por su mejilla, roza su pecho, pasea acariciando su piel sedosa y acompaña el ritmo de las embestidas.

Los gemidos cada vez eran más y el placer ya llegaba al punto máximo. Y, así como lo estábamos esperando, un cúmulo de sensaciones que explotaron al mismo tiempo. Escalofríos recorriendo todo el cuerpo, concentrándose en nuestros vientres, seguidos por una ola de tranquilidad que dejó nuestros cuerpos agotados y laxos sobre la cama. Calma total.

Mis ojos se volvieron a abrir para encontrarme con su cabeza apoyada sobre mi pecho, podía sentir su cuerpo relajado contra el mío y una de sus manos dando vueltas a un mechón de mi pelo.

-Te amo.- puedo sentirlo, sé que me ama, pero él siempre sabe cuándo es que yo necesito oírlo. Abro mi boca para contestar, pero la cierro en el último segundo.

Mis manos buscan sus hombros, con un poco de presión logro darlo vuelta y montarme sobre su vientre. Nuestros ojos se conectan y la respuesta a su "Te amo" le llega en forma de cosquillas en el estómago y una sensación cálida en el pecho, por mas que haga años que estamos más fríos que un iceberg. Me inclino hasta dejar a centímetros nuestros labios, pero me desvío y lleno su cara de besitos cortos, hasta que por fin lo escucho suspirar como a mí me gusta. Lo beso en la boca una vez más y me acuesto sobre su pecho, quedándonos sumidos en un letargo silencioso, sólo roto por el sonido del cierre de alguna de las prendas sobre el borde de la cama chocando con una de las patas.

Pack, pack, pack… Pack, pack… Pack, pack, pack, pack, pack…

-¿Jazz?-

-¿Si?-

-El sonidito del cierre de tu pantalón me está volviendo loca.- su cabeza se volvió a mirarme ya que antes estaba mirando al techo.

-¿Quién dijo que es el cierre de mi pantalón?- me volví a mirarlo contrariada, ¿Qué mas podía ser? La pollera se hubiera caído antes de quedarse colgando.

-Y entonces ¿Qué…?- me quedé callada a la mitad de la oración, detrás del insistente pack pack se podía escuchar de fondo un tilín tilín ¿Las cadenitas hacen tilín tilín?

Me acerqué hasta el borde de la cama y miré para abajo. Terror. Pánico. La camiseta roja de Rose estaba destrozada, hecha jirones colgando de una de las patas. La única parte sana de toda la prenda parecían ser las cadenitas, ahora ubicadas en un pedazo de tela que en algún momento de su vida útil fue la parte del hombro, golpeando rítmicamente sobre la madera, reproduciendo el sonido de pack pack pack, resonando en mis oídos, una y otra, y otra vez, dejando que el tilín tilín se metiera dentro de mi subconsciente para atormentarme todas las demás eternas noches de mi no-vida en las que no dormía.

Rosalie Hale iba a matarme.

-¿Jazz?-

-¿Si?-

-Estamos muertos.-

Bueno, hace años y años.. no se cuántos que no publico nada.. pero después de tanto tiempo recuperé los archivos de mi cumpu vieja y este cap ya estaba escrito.. y la mitad del cinco.. la verdad no tengo muchas intenciones de seguirlo, pero me dio lástima verlo ahí solito y decidí subirlo. Ojalá les haya gustado.. y bueno, es lo que hay