Disclaimer: Todos los personajes de Crepúsculo y su saga pertenecen a Stephenie Meyer. Las situaciones y personajes que no reconozcan son míos.


PRESENCIA

Por Greendoe

PRÓLOGO

Se acercaba la hora del crepúsculo cuando el sonido de un ruidoso coche pasando por sobre la grava causó la interrupción de las actividades de mi hermano. Desde mi habitación, mientras escuchaba en volumen bajo un compacto de jazz y pasaba algunas partituras con mayor orden, escuché los pasos rápidos y sordos de Emmet hasta deslizarse por la barandilla de la escalera como nuestra madre le había prohibido hacer desde que tenía memoria. Luego, unos segundos más tarde, el golpe seco del aterrizaje en el primer piso, y los pasos perdiéndose hacia la puerta principal.

Alcé el rostro de mi labor y me fijé en la tenue luz que se acababa. Los rayos brillantes de sol veraniego terminaban por perderse entre medio de las frondosas copas de los árboles, y yo, aguzando el oído, me quedé en silencio a la espera de escuchar por lo que había aguardado insólitamente durante todo el largo verano, ignorando los otros sonidos que el resto de la gente pudiera emitir.

— ¡Emmett! – La voz de Rosalie se coló en mi implacable filtro. Por su voz ahogada la supuse siendo abrazada por mi hermano.

— Déjala respirar – murmuró otra voz, una madura y suave.

Y con eso me bastaba. Era eso por lo que me había mantenido inquieto durante el verano, era aquello lo que mantenía mi ridícula ansiedad aun viva dentro de mí. Era todo y nada, lo mismo concentrado en uno solo sonido musical que jamás se había dirigido hacía mí, y que difícilmente lo haría de aquí a veinte años, pero que se convertía en la dosis necesaria para poder mantenerme en paz conmigo mismo día a día. Podría intentar hacer que las cosas cambiaran, ¿pero para qué? De cualquier manera no era posible obtener ningún resultado en absoluto, y solo lograría que las fantasías e ilusiones, que ya colmaban mi cabeza con más frecuencia que lo saludable aconsejaba, crecieran con demencia.

La puerta de abajo se abrió con un sonido claro y pude escuchar la voz de Rosalie, la novia de Emmett, y los susurros divertidos de mi hermano molestando a la chica que había acompañado a su amiga a ver al lunático de su novio. La hermana pequeña que él siempre quiso para molestar, proteger y abrazar, y a la que tuvo que renunciar por unos años gracias a mi nacimiento, hasta que la conoció.

— ¿Dónde dejaste al gnomo de tu amiga, Bella? – preguntó Emmett.

Bella. Para mí es la chica del lado, por decirlo de alguna manera. Hasta los catorce años vivió junto a su padre en la casa que quedaba a continuación de la nuestra, separada por una invisible barrera de bosque, pero entonces una cañería rota dejada en ese estado durante todas las vacaciones provocó un hogar completamente inundado. El lugar estaba inhabitable, por supuesto, y los Swan tuvieron que mudarse a otra casita más pequeña que quedaba en el pueblo. Fue en el momento justo en que se había provocado el clic en mi interior, ese primer brote de sensaciones desconocidas del que siempre me habían hablado y al que yo había escuchado con oídos aburridos.

Siempre había creído que no sería de esa clase de chicos, dominado ridículamente por las hormonas. Eso era para Emmett y gente de caracteres más abiertos, no yo, que solo pensaba en mi carrera. Pero me había equivocado, por eso nunca había sabido cómo reaccionar al darme cuenta que, desde el día en que los Swan se habían mudado, mis ojos recorrían el instituto entero con tal de observar de reojo, siempre escondido y de reojo, a hurtadillas, para no romper la idea generalizada del mundo sobre mí, a Bella Swan.

Era feliz, suponía. Lo había sido aun más al darme cuenta de que ella era tan cercana a Rosalie, y por extensión, a mi hermano Emmett. Había aprendido a vivir con esa sensación nerviosa cada vez que sabía que ella vendría a nuestra casa. Había soñado con que algún día Emmett no llegaba a la hora y yo debía bajar a abrirle la puerta a ella y hacer conversación mientras tanto, pero esas cosas no sucedían. Emmett siempre estaba, y yo siempre era lo suficientemente cobarde como para esconderme como el huraño que era en mi habitación, intentando no pensar y concentrarme en otras cosas, en vano. Y ella ni siquiera sabía que yo existía hasta cierto tiempo atrás.

Bella Swan no tenía nada de especial. Era una chica bastante camuflable entre medio de la masa de un instituto. No vestía raro y no pertenecía a ningún grupo estereotipado de antemano. No era muy alta, pero sí de cuerpo frágil, como si la posibilidad de quebrarse de pronto fuera una realidad. Tenía una larga melena de pelo castaño, y sus ojos, grandes, eran lo primero que uno vería si le viera de frente. Algo que yo jamás había hecho, por lo que no sabía su color.

No, Bella Swan no tenía nada particular, pero una vez la había visto vagar por el lado del río que daba a nuestra casa mientras las ventanas de la amplia sala estaban abiertas de par en par, en un día inusualmente cálido en Forks. Yo tenía trece años y ninguno de mis gustos y aptitudes me había granjeado en la vida más que una mirada curiosa, y hasta ahí. Tocaba el piano ese día, y ella, sin saber quién lo hacía, se había mostrado satisfecha con la pieza, como si fuera capaz de entender el mundo del que la tocaba.

Esa era ella. No era especial ni extremadamente hermosa. No participaba en muchas cosas en el instituto, era patosa en gimnasia y solía estar distraída en las clases de matemáticas. Pero sentía que ella podría entenderme y compartir todo conmigo, así, sin necesidad de conocerla más.

Pero era cobarde y huraño, yo no evolucionaba. Había nacido demasiado maduro para mi propia felicidad, aunque tuviera que lidiar con un cuerpo adolescente que respondía por sí solo. Sabía que seguiría siendo igual, que era lo peor y más desalentador. Me sabía capaz de observar la vida de Bella Swan pasar por mis ojos mientras yo me quedaba atrás el resto de mi existencia. Y sabía que a los cuarenta años seguiría siendo un cobarde. El absurdo de Edward, que siempre la observaría desde lejos, sin que ella se diera cuenta.

Y lo odiaba.


Bien, esto ha surgido de una noche de inquietud, preguntandome tal y cual cosa. Me gustaría saber qué piensan, porque planeo continuarlo. Supongo que se ha entendido la idea, ¿no? Eso sería, gracias si han leído. Un beso!