IMPORTANTE; ESTOY REEDITANDO ESTA HISTORIA.

Los personajes no em pertenecen, son creados por S. Meyer. Sólo la historia es mía.

Tiene OoC. (Queda avisado así que si sólo te gustan con la personalidad del libro, no es tu historia. No hay ninguna regla en el reglamente que diga que no peudo cambiarles la forma de ser así que, pro favor, si vais a dejarme reviews de queja que no sea por eso).

UA.

Todos Humanos

+18 años. Contiene escenas de sexo explícitas, si no te gusta esta clase de escenas, no leas.

No doy permiso a nadie, a no ser que sea puntual, para copiar nada de esta historia en otro sitio. Lo siento


La historia es la misma, pero releyéndola he visto taaantos fallos que me ha dado yuyu hasta a mí. No cambiaré la trama, sólo fallos ortográficos y todo eso.


Enemigo en casa

Prólogo

Ella llegó al salón sola, como de costumbre. Su última pareja había vuelto a dejarla cuando conoció a su familia. Ella no lo entendía… ¡Tan sólo eran tres niños! Aunque era verdad que hoy en día como mucho se tenían 2 y nunca 3, y menos de edades críticas; 17, 18 y 19.

Entró con su largo y elegante vestido negro perlado y se sentó en una silla vacía. Solía ir a esos eventos muchas veces, las cenas de caridad hacían poder dar a los que menos tenían algo que ella si poseía y no necesitaba completamente.

Paseó su mirada por el espacioso salón y observó a todos y cada uno de los presentes; había de todo, mujeres, hombres, altos, bajas, delgadas, gordos, rubias, morenos…

De repente, sin saber de donde había salido, un hombre se puso delante de ella. Alzó la cara para ver un rostro que se le hacía levemente conocido.

—¿Esme? —preguntó el hombre.

—¿Carlisle? —ciestionó ella reconociéndolo.

Se levantó y se fundieron en un largo abrazo.

—¡Cuánto tiempo, Esme! —exclamó él.

Era alto, mucho más que ella, rubio y con unos increíbles ojos verdes. Tenía un cuerpo impresionante para la edad que tendría y varias mujeres volteaban la vista hacia él.

Ella, con su 1,60 de altura, parecía muy pequeña a su lado. Tenía un rostro angelical en forma de corazón que rebosaba amor y paz. Su pelo, de color caramelo, caía en ondas por su cara enmarcándola y haciéndola más bella de lo que era aún.

—Desde el instituto —asintió ella sonriendo—. Cuando acabamos nos separamos para ir cada uno a distintas universidades.

—¿Quieres bailar? —le tendió una mano—. Podemos hablar de mientras.

Ella aceptó encantada.

Aún habiendo salido con unos cuantos hombre, Esme no había dejado de amar a Carlisle ni un momento. Su separación fue muy dolorosa; llevaban un año y medio saliendo cuando acabó el instituto y acordaron no seguir juntos pues él se iba a ir fuera a estudiar y ninguno de los dos creía en las relaciones a distancia.

—Y bueno, ¿Qué tal te va todo? —se interesó ella al llegar al centro de la pista donde empezaron a girar al compás de la música.

—Genial —contestó Carlisle sonriendo—. Me saqué la carrera de medicina y ejerzo como médico. Ahora acabo de llegar con mi familia aquí, donde me han trasladado. Por ahora estamos viviendo en una casa alquilada hasta encontrar algo mejor.

—¡Oh! ¡Te has casado! —exclamó ella sin poder ocultar su decepción.

—No, no —se apresuró a desmentir él—. Soy padre soltero. Tengo 3 hijos; dos chicos y una chica.

—¿En serio? —cuestionó sin salir de su asombro.

—Sí —asintió, convencido—. Ya sé que es un poco extraño pero es lo que hay. Creo que es la razón por la que nunca encuentro pareja; todas se asustan.

Carlisle estaba triste porque Esme se asustase como todas las demás, de esa forma sería imposible decirle que aún la quería.

—¿Asustarme? ¡Para nada! —rió ella alegre—. Yo también tengo 3 hijos sólo que dos hijas e hijo. El padre nos abandonó al nacer la última.

—Que desgraciado —masculló él entre dientes.

—En realidad lo entiendo; da miedo a la gente que no está acostumbrada —murmuró Esme tristemente—. Por eso estoy sola; nadie puede aguantar al ritmo de mi familia.

—Yo podría —aseguró Carlisle.

—¿Tú? —preguntó con el corazón latiendo alocadamente.

—Esme, nunca he dejado de amarte —confesó sujetándola de la cintura fuertemente.

—Carlisle…

—Sé que no debería meterme en tu vida así —empezó a hablar pero Esme lo cortó.

—Para —pidió—. Yo tampoco te he olvidado.

"Varias horas más tarde en casa"

—¡Chicos! —gritaron Esme y Carlisle, cada uno en su respectiva casa—. ¡Tengo una sorpresa para vosotros!

—¿Qué pasa mama, papa?

—¡Me he casado! Y mañana vamos a vivir todos juntos en la casa Swan.

—¿QUE?