Diamantes & Esmeraldas


Capítulo 19. Bienvenida, Isabella.


Bella POV.


Abrí los ojos lentamente. La casa se encontraba sumergida en un inusual silencio, por lo que aún debía ser muy temprano para estar despierta. Sin embargo, no sentía deseos de seguir en cama. Aparté la molesta sábana y me puse los zapatos algo torpe, disimulando un bostezo. Abrí la puerta y caminé por el pasillo, sintiendo un poco de tristeza al hacerlo, pues esa casa se había convertido en mi hogar finalmente. Suspiré. Ese día regresaríamos a Forks, después de mucho tiempo de estar ausentes.

-¿Cuánto tiempo ha pasado?- cuestioné en voz alta, aun conociendo en hecho de que me encontraba sola.

-Ocho meses.- respondió una voz a mis espaldas. Sonreí. -¿También vas a verle?-

-Soy su madre, ¿no?- pregunté divertida, escuchando la suave risa de Jasper.

-Se durmió hace poco.- sus palabras sonaban dulces, no podía negarlo. –Lloró un rato, por eso he despertado.-

-Lo siento, Jazz.- su cabeza se movió hacia un lado y luego el otro. –Lo veré y luego te prepararé el desayuno.- volvió a negar. –Será mi forma de darte las gracias.-

-No hay nada que agradecer.- susurró, pasando un brazo por mis hombros.

-No sé qué hubiera sido de mí si…- guardé silencio. No quería ni imaginarlo. –Vamos.-

Bajamos la escalera conversando animadamente sobre el regreso a Forks, aunque ambos estábamos conscientes de que las cosas serían igual de complicadas que al inicio. Los ocho meses que habíamos compartido tendrían que pasar como un simple recuerdo, ya que ellos volverían a su casa y yo a mis quehaceres como detective, ¿no?

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Miré por última vez aquella casa que me había protegido durante los ocho meses más increíbles de mi vida. Era esa enorme mansión la que había sido testigo del término de mi embarazo y la llegada de mi bebé, un pequeño angelito lleno de vida y de mejillas sonrosadas. Demetri acarició una vez más la mejilla de mi bebé, deseándonos buena suerte. Los brazos de Alec y Jane nos envolvieron en un fuerte abrazo. Su pequeña hija se aferró a mis piernas y me suplicó que volviera pronto. No pude decirle que no.

Jasper y Rosalie se encontraban junto al coche, diciendo adiós con sus manos. Mi auto estaba estacionado tras el de ellos. Acomodé el asiento para bebé en mi Focus negro. Christian dormía plácidamente en ese momento, y yo no podía ocultar la sonrisa que adornaba mi rostro cada vez que apreciaba el suyo. Christian Alexander Swan. Había tardado bastante en decidir el nombre de mi bebé, pero finalmente había encontrado aquel que se ajustaba a lo que deseaba. Y el haber tenido un chico, en vez de una chica, me hacía inmensamente feliz. Muchos se cuestionarían la razón, pero lo cierto es que mantenía en mi corazón el deseo de educar a mi pequeño como todo un caballero, para que jamás lastimara a una chica como… Como me habían lastimado a mí tantas veces.

-¡Isabella Swan, date prisa!- gritó Rosalie, subiéndose del lado del copiloto en su convertible rojo. Asentí y me despedí una última vez de Demetri, quien no dejaba de repetirme que todo saldría bien. Y deseaba creerle. -¡Adiós!- la pálida mano de mi rubia amiga se agitó suavemente y me reí. Era tan dramática.

-¡Vamos a Forks!- celebró Jasper, guiándome uno de sus ojos azules. Puse mi propio auto en marcha y partimos rumbo a nuestro hogar.

Los gemelos Hale iban delante, vigilándome a través del espejo retrovisor. Yo fingía no darme cuenta de sus ojos clavados en mi rostro, aunque eso comenzaba a ponerme nerviosa. Los chicos de La Push deberían encontrarse con nosotros en Port Ángeles, así que el viaje no sería del todo aburrido. Hacía tiempo que no los veía, demasiado tiempo. No pude evitar que mi mente trajera el recuerdo de alguien más, un atractivo castaño de ojos color esmeralda. Suspiré y sentí el vacío en mi pecho, aquel que sólo parecía llenarse ante su calor.

Para cuando entramos a Port Ángeles, el sol ya se estaba ocultando. Habíamos salido demasiado tarde de Seattle, quizá por el poco deseo de regresar a Forks. Una corazonada me decía que algo malo iba a ocurrir y comenzaba a preocuparme por la seguridad de mi bebé, quien aún dormía. –Todo saldrá bien.- repetí en voz alta. -¿Qué puede ir mal?- cuestioné a la nada y tan pronto lo hice, escuché un grito desgarrador en el callejón más cercano. Frené en seco y el chirrido de las llantas obligó a los Hale a detener su propio coche.

-¿Qué haces?- cuestioné Rosalie, frunciendo el ceño, cuando me bajé del coche y lancé en su dirección las llaves. -¿Estás loca?- negué.

-Llévatelo de aquí.- supliqué, asegurándome de llevar conmigo el celular y un arma. –Dile a Jacob que me de alcance.- Jasper también bajó y me miró sorprendido. -¡No dejen que le pase nada!- escuché otro grito y eché a correr. La rubia soltó una maldición antes de subirse a mi coche y comenzar a seguir a su hermano. Ya me reuniría con ellos más tarde.

Me detuve en la entrada del callejón. Estaba demasiado silencioso. Un silencio que te helaba la sangre. Di un paso, luego otro, un bote de basura cayó al suelo y un gato apareció entre las sombras. Solté un suspiro y seguí avanzando. Un bebé comenzó a llorar y detuve mi andar, mirando en todas las direcciones hasta encontrar al infante. Había una nota sobre la pequeña manta que envolvía a la pobre criatura.

"Isabella, te fuiste por mucho tiempo. Demasiado. Sé que estabas en Seattle viviendo con otro hombre. Le he investigado y posiblemente le haga una visita a la familia del Dr. Vulturi. Descubrí a una criatura hermosa hace poco, una pequeña niña que solía visitarte cuando estabas con él. Kathy le han dicho una vez, ¿o no? Estoy considerando verle pronto. Le enviaré tus saludos. Por cierto, este bebé es un regalo para ti. Por el que has perdido tras nuestro último encuentro. No te preocupes, la madre estuvo de acuerdo en que te hicieras cargo de ella. Después de todo, soy el padre de esta niña. Tiene un par de meses. Dale un nombre y un buen hogar. Después iré a verla. Cuida a nuestra hija, amor".

-¿Por qué no me dejas en paz?- cuestioné a la hoja en mi mano, como si se tratara de la persona que la enviaba. -¡Sal de mi vida!- grité con fuerza y mi voz resonó con fuerza.

-Pensé que te alegrarías, Isabella.- me giré violentamente y su rostro estuvo a escasos centímetros del mío. -¿Cómo quieres llamarle, amor?- me llevé una mano a la boca y retrocedí, sintiendo mi espalda tocar el muro de ladrillo. -¿No quieres a nuestra hija?-

-¿D-Dónde está su madre?- sus ojos brillaron divertidos y una sonrisa bailó en sus labios. No parecía tener intención alguna de lastimarme. -¿M-Muerta?- me aventuré a cuestionar y su sonrisa se hizo más grande. Finalmente asintió.

-Algo trágico.- susurró, acariciando mi mejilla. Abrí la boca, pero no pude emitir sonido alguno. –Es un regalo para ti.- sentía su aliento sobre mis labios. –Pero si no la quieres…- un brillo amenazador destelló en su mirada. -…puedo matarla fácilmente.- seguía muda. –Que muera, entonces.-

Todo pasó demasiado rápido. Antes que pudiera ser capaz de analizar la situación, un segundo hombre estaba dentro del callejón y sostenía al bebé contra su pecho. El filo de una navaja brilló en la oscuridad y se acercó peligrosamente a la niña. El recuerdo de Cynthia invadió mis sentidos.

-¡No!- chillé, tratando de alcanzar a la pequeña. Mi cazador me sujetó por el brazo y me acorraló contra el muro. –No la lastimes.- supliqué, sintiendo las traicioneras lágrimas en mis pestañas. -¿Qué quieres de mí?- sollocé, haciéndolo sonreír.

-Te quiero a ti.- susurró y sus labios atraparon los míos. –Sé buena, Isabella.- su mano se deslizó bajo mi blusa, acariciando mi vientre. -¿Cuidarás a nuestra hija?- asentí, mirando fijamente sus oscuros ojos verdes.

¿Dónde demonios está Jacob?, me cuestioné internamente, cuando los labios de ese sujeto se deslizaron por mi cuello. Mi mirada buscó a la niña con desesperación, pero el sujeto que la sostenía me analizaba con detenimiento. No había forma de escapar con ella. ¡Jacob!, gritaba una y otra vez en mi cabeza, deseando que apareciera pronto.

-¿Era tan difícil, amor?- negué, deseando más que nunca llorar. –Si te portas bien, ella se va contigo.- la niña lloró de nuevo y sentí miedo de perderla. No era mía, pero no deseaba que ellos la lastimaran. –Tu piel es tan suave…- cerré los ojos con fuerza y dejé que acariciara mis caderas. –Di que me deseas, princesa.- susurró en mi oído. Negué y él me abofeteo. -¡Dilo!- murmuré un "no" y volvió a golpearme. Sentía el sabor a sangre en la boca, así que supuse que tenía el labio roto. –Di que me deseas o la niña se muere.- pronunció con voz amenazante.

-T-Te deseo.- me apretó aún más contra el muro y hundió su rostro en mi cuello. Gemí por la frustración, pero él no debía saberlo. -¿C-Cuál es tu nombre?- se rió suavemente y enredé una de mis piernas a la altura de su cadera. –D-Dímelo.- sollocé. Abrió mi blusa de un tirón, mandando a volar los botones en todas direcciones.

-¿Quieres gritarlo mientras te hago el amor?- un sabor amargo se instaló en mi garganta y tuve miedo de las náuseas que me estaba provocando. Asentí torpemente. –James, amor.- y me mordió. Sentí una punzada de dolor en el cuello y solté un chillido, aunque a él pareció divertirle, pues rió de nuevo.

-J-James.- murmuré, logrando alejarlo un poco de mí. Sus ojos lucían llenos de burla y yo únicamente tenía deseos de matarlo. –T-Te necesito.- mentí, tratando de cambiar los papeles. Él no descubrió mis intenciones. –H-Hazme tuya.- susurré y él sonrió. Aproveché su momento de distracción para golpearlo y liberarme de la presión que ejercía su cuerpo. -¡Levanta las manos!- Me encontraba tras él, apuntando con el arma a su cabeza. Él obedeció, aunque aún reía.

-Mátala.- siseó por lo bajo a su amigo, quien presionó un poco más el arma contra el cuello de la pequeña.

-Tiraré del gatillo.- señalé, quitando el seguro. Noté su cuerpo tensarse frente a mí, dándose cuenta de la verdad en mis palabras. –Deja a la niña en el suelo.- el sujeto negó, pero James comenzó a gritarle para que obedeciera. –Da tres pasos al frente o le vuelo la cabeza.- titubeó, pero accedió. Se escucharon voces doblando la esquina. El sujeto se dio la vuelta y trató de huir, pero alcancé a darle un balazo en el pecho y cayó al suelo.

-¡Bella está ahí!- gritó alguien al escuchar el disparo. James aprovechó esa oportunidad para darme un golpe en el estómago y salió corriendo. -¡Bella!- Jacob estuvo conmigo en un instante. -¿Estás bien?- asentí, levantándome torpemente. Caminé bajo la atenta mirada de los chicos de La Push, importándome poco el que mi blusa estuviera abierta. Tomé a la pequeña bebé en brazos y la apreté contra mi cuerpo, su llanto cesó lentamente.

-¿Qué ha pasado, Bella?- preguntó Embry, colocando una mano en mi hombro. No respondí, me limité a seguir abrazando a la pequeña contra mi pecho, mientras algunas lágrimas se deslizaban por mis mejillas.

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Jacob se detuvo frente a mi casa y bajó del auto para abrirme la puerta. La luz de la sala estaba encendida y dos coches ocupaban la entrada, por lo que era seguro que los Hale se encontraran esperándome. Acepté su mano y le dejé abrazarme por la cintura hasta llegar a la puerta. Tocó dos veces y luego se despidió de mí. La pequeña aún descansaba en mis brazos cuando Jasper abrió la puerta.

-¡Dios, Bella!- en ese momento apareció Rosalie. Sus ojos azules me miraron con preocupación y su hermano pasó un brazo por mis hombros. -¿Qué ha ocurrido?- cuestionó la rubia, acercándose hasta nosotros. -¿Esa niña…?-

-Es mía ahora.- susurré. Subí la escalera con torpeza, seguida por los gemelos de cerca. Mi pequeño Christian estaba acostado en mi cama, durmiendo. Sonreí. –Descansa- susurré, depositándola en la cama y acariciando levemente su mejilla. Ella suspiró y siguió durmiendo. Una sonrisa triste se posó en mis labios al tener el nombre perfecto para ella. Era el nombre que Emily deseaba ponerle a su primera niña. Después de eso, se enteró que jamás sería madre.

-¿Qué quieres decir con eso?- cuestionó Jasper, mirándome atentamente. Me encaminé al espejo y contemplé mi reflejo. Tenía una marca roja en el estómago, justo donde el idiota de James me había golpeado, una herida en el labio y una marca de dientes en el cuello.

-Es un regalo de él.- murmuré, analizando mi cuello. –Dijo que debía cuidar de nuestra hija.- sus miradas se encontraron momentáneamente con la mía. –Dice que la pequeña es su hija y que la madre está muerta, pero lo primero es mentira.- susurré. –Encontraron el cuerpo de la madre hace un par de días, le obligó a firmar un documento donde me deja al cuidado de la menor. No tiene más familia.-

-¿Piensas cuidarla también?- asentí tontamente y Rosalie soltó un suspiro. –Es demasiado trabajo, Bella. No puedes hacerte cargo de dos bebés.-

-Todos sus papeles estaban dentro de la manta.- murmuré, acariciando mi vientre. –Aún no está registrada, así que yo debo darle un hombre. A partir de ahora será Lydia.- ambos me regalaron una sonrisa, pero la alegría no resplandeció es sus orbes azules. –Cuando todo esto acabe, quizá Sam y Emily la cuiden.-

-Sería maravilloso.- comentó Jasper. –Estoy segura que estarán felices de hacerlo.- ambos conocían la historia de Sam y Emily, así como sus deseos de ser padres. Y entendían por qué había llamado Lydia a la pequeña.

-Quizá Christian y ella se casen en un futuro.- por primera vez pude sonreír. –Eso sí sería maravilloso.- ambos soltaron una pequeña risita.

-¿Te duele?- preguntó Rosalie, acercándose y apartando el cabello de mi cuello. –Quiero decir, se ve un poco feo. Parece como si te hubiera…- su voz se volvió un murmullo apenas audible.

-Mordido.- terminé por ella. –Así fue.- solté un suspiro cansado. –Jazz, ¿puedes traerme un poco de hielo?- él asintió y salió de la habitación con una pequeña sonrisa en los labios. –Pensé que mataría a Lydia.- sollocé bajito. –Estaba dispuesta a entregarme a él para salvarla.- ella asintió, buscando una blusa. –Escapó.-

-¿Qué tan lejos llegó?- preguntó distraídamente, quitándome la blusa rota. – ¿Te lastimó…?- negué. –No deberías seguir exponiéndote. Hazlo por ellos.- miré los dos cuerpecitos en mi cama y sonreí.

-Por su seguridad, voy a atraparlos.- murmuré, brindándole a Rosalie mi mejor sonrisa. Ella soltó un bufido y se dirigió donde Jasper, alegando que no soportaba escucharme cuando me ponía en ese plan.

Cuando ella salió, me dirigí directo a la puerta que daba al pequeño almacén. Al abrirla quedé completamente asombrada. Jacob y la pandilla habían realizado un trabajo estupendo. El cuarto era de un color claro, lo que le hacía ver más grande y luminoso. Mi refugio. En ese momento agradecí el haber comprado una cuna cuando aún estaba en Forks. Demetri también me había comprado una en Seattle, por lo que ahora podía armar la segunda y darle una a cada bebé. En el pequeño cuarto había un sofá-cama, un mini-refrigerador, algunos muebles para bebé, una mesita, un cambiador, un juguetero repleto de peluches y espacio para las dos cunas. Estaba demasiado agradecida.

El mayor de los Hale armó la cuna que traía de Seattle y la acomodó en el cuarto. Rosalie arrullaba a Lydia en sus brazos, mientras yo cuidaba de Christian. Después acostamos a ambos en sus respectivas cunas. Decidí pasar la noche en esa habitación con ellos y los gemelos se quedaron con mi cama. A la mañana siguiente volverían a su casa y al Instituto. También yo lo haría, pero primero iría donde los Uley para dejar a los pequeños, pues aunque en un principio ellos estarían en mi casa, lo ocurrido había cambiado los planes de todos.

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La mañana llegó más pronto de lo que deseaba. Casi no había dormido por el llanto de los bebés, quienes parecían haberse puesto de acuerdo, pues apenas se dormía uno cuando el otro comenzaba a llorar. Los cambié a ambos y me despedí de los gemelos Hale antes de ir a casa de Emily. Ella me recibió alegre, con algunas lágrimas bañando su rostro. Estaba muy emocionada por conocer a mi bebé y aún más por ver a la pequeña que había salvado. Lloró un poco cuando le dije cual sería su nombre.

-He encontrado información sobre ella.- comentó Sam, bebiendo un trago de su café. –Su padre falleció antes que naciera y su madre hace un par de días. Nació el mismo día que Christian.- asentí, contemplando el rostro de Emily al cargarla. –Los documentos son originales, así como la firma que te aprueba como tutora.- asentí de nuevo. –Oficialmente es tuya, aunque aún debes registrarla.-

-Quisiera que ustedes la criaran, Sam.- susurré, notando sus ojos brillar ante mis palabras. –Por el momento debo tenerla yo, pero la dejaré aquí cada mañana.- él asintió, sonriéndome. –Cuando atrape a ese hombre, ella se quedará con ustedes. Quiero que sus nombres figuren cuando la registremos.-

-¿Estás segura de ello?- preguntó Emily, mirándome con duda.

-Emily, ustedes también merecen ser padres.- algunas lágrimas empaparon su rostro nuevamente. –Lydia necesita un buen hogar. Ustedes pueden dárselo. Debo cuidar de Christian.- ellos asintieron. –Pero James sabe demasiado de mí y está cuidando cada movimiento. Si se entera que no la tengo conmigo, no sé qué será capaz de hacer.-

-Tranquila, Bella.- Sam colocó una mano en mi hombro. –Estoy seguro que lo harás. Y entonces, podrás vivir tranquila con el pequeño Chris.- sonreí tontamente y besé la mejilla de mi bebé, provocándole un bostezo. Me reí y se lo pasé a Sam, despidiéndome de todos ellos para ir al instituto después de ocho meses de estar ausente. Sería capaz de recuperarme en un par de semanas, todo gracias a que había adelantado parte del curso.

Cuando llegué al Instituto de Forks, todas las miradas estuvieron puestas en mí. No pude evitar sentir una especie de Deja Vú, se parecía mucho a mi primer día de colegio, tantos meses atrás. No vi a ninguno de los Cullen hasta la hora del almuerzo. Jasper y Rosalie ya se encontraban reunidos con su familia, conversando animadamente. Me sonrieron alegremente cuando me senté en la mesa de siempre con la pandilla de Jacob. Los chicos también me habían extrañado, así que tuvimos mucho de qué hablar.

A mitad de la comida, los orbes verdes de Edward Cullen se encontraron con mis ojos marrones, y el mundo pareció desaparecer. En ese momento apareció aquella chica rubia, la tal Tanya, quien se colgó del cuello de Edward antes de besarlo. Aparté la mirada rápidamente, recordando que ella se había convertido en su novia.

"Ella me provoca náuseas", me reí tontamente ante el mensaje que Rosalie me había enviado al celular. "También a mí", le envié en respuesta. Rosalie le mostró el mensaje a Jasper y ambos se rieron por lo bajo, captando la atención de sus acompañantes. Los tres nos guiñamos el ojo de manera cómplice y vi a Edward hacer una mueca.

Estaba segura, que el final de acercaba. Muy pronto podría atrapar al grupo de James. Entonces, sólo entonces, podría ser una chica normal. Estaba dispuesta a arriesgarme por Edward. Algo en mi corazón me decía que aún tenía una oportunidad, aunque temiera su reacción al conocer a Christian.

-Soy idiota.- murmuré, ganándome un par de sonrisas de la pandilla. Definitivamente, iba a atraparlo la próxima vez.