Primer fanfic de D. Gray-Man, dedicado al personaje que me invito a ver esta espectacular serie. Tyki Mikk, es todo un honor escribir para ti.

Gracias a Eliphti Kannon por prestarme su oneshot "Sirenas" como base e introducción a mi historia, hermana mía, este fanfic también es un regalo para ti y para todos los fans de Tyki y la pareja Tyki&Allen.

Tyki&Allen Pareja principal – Tyki&Road Leve insinuación - Lenalee&Allen levísimo, me mataran por esto xD lo se.

Pido clemencia, ando a falta de inspiración y mi musa apenas se divisa en este frió paraje u.u

Disclaimer: D. Gray-Man no me pertenece, sino a Hoshino Katsura desgraciadamente para mi y muchos. De no ser así Tyki y yo hubiésemos formado familia y todo u/uU y Allen seria nuestra mucama y juguete de distracción x/D.

Enjoy

Whisper in the Dark


.:Manzanas Verdes:.

Por fin… se había dejado de mover.

Aquel hombre que ahora yacía inerte en el suelo, le dedicaba un rostro de horror a ojos abiertos, sin vida, frente a él, que le sostenía el corazón en mano de seda, apretándolo hasta reducirlo a una mera masa sanguinolenta; por poco y se ensuciaba el traje que llevaba aquella noche, mal, al llegar a casa tendría que cambiarse de guantes.

Retiro el trapo impregnado de la sangre de aquel buscador y lo introdujo en el bolsillo del pantalón, no seria prudente si alguien encontraba el cadáver con un guante de seda como sello del asesinato; de repente se le habían quitado las ganas de dejarlo sin un solo órgano vital, aquel acto homicida lo dejo sin muchas satisfacciones, solo consiguió comprobar que la Orden aun estaba en la búsqueda del Exorcista desaparecido, y que no lo daban por muerto. En resumen, aquello había sido una perdida de tiempo.

- Tsk…

Una mirada de total repulsión fue su ultima expresión para con el cuerpo. Lo dejaría allí, a su suerte, nada ya tenia que ver con el mundo en el cual aun viven los mortales.

Las calles de Londres estaban desoladas, y el sereno de la noche le abrazaba mientras él vagaba como alma errante. El cigarro que llevaba en los labios se consumía sin prisas y el humo que exhalaba le dejaba la sensación interna de estar caminando sobre nubes, algo que la nicotina le regalaba en sus momentos de generosidad, pero sobretodo en su soledad.

A Tyki le agrada vagar por las noches, donde no escucha más que sus pasos y el susurro de la brisa, donde no siente nada que no sea el frió que refrescaba su ser y lo hacía tiritar incómodamente, donde no hay un lado blanco y un lado negro presente, o mejor aun; los dos van de la mano mientras él solo camina sin rumbo.

No hay premuras ni melancolías como las de los desafortunados, no había nada que le preocupara y le era sencillo olvidarse de todo, pero siempre recordaba aquellos detalles en los cuales nunca se fijaba en el momento, era como si una parte de si mismo abriese los ojos mientras las dos caras duermen.

Seria interesante… tener una tercera cara.

Una vez, el conde le había dicho en uno de sus sermones a su persona, que él era como una manzana verde en un canasto de manzanas rojas, no era su lugar pero no desencajaba, al contrario: esta parece relucir entre las rojas como una joya entre tantos rubíes malditos por Dios; con un sabor tan agrio que al ser mordida puede quemar los labios, pero con un zumo tan dulce y embriagante como el vino.

Le parecía absurdo en el momento, ¿Por qué lo comparaba con una manzana?

Después de todo, ese es el fruto del pecado, pero verde.

Era posible… ¿el pecado puede traer esperanza a un canasto de manzanas rojas rebosantes de culpa y perdición?

No entendía porque ahora comenzaba a considerar aquella absurda comparación.

El cigarro se apago antes de consumirse, había empezado a llover.

- Tch… vaya, parece que voy a mojarme un poco – ironizo haciendo un alto a su andar, alzo la mirada, y cerrando sus ojos se entrego a la lluvia; al final había conseguido estropearse el traje.

--

Fue recibido con caras de asombro y desaprobación. Estaba empapado hasta las medias y su negra cabellera parecía una maraña esparramada a los lados de sus hombros, dándole cierto aire de salvajismo que quizás había causado la excitación de las damiselas en sus adentros; a parte de haber llegado tarde al baile, causaba la conmoción y frenaba los pasos de los bailarines para que fuese él el centro de atención de la fiesta. Podía sentir el enfado del conde a kilómetros de si.

- ¡Pero como has llegado, hermano! – exclamaba Sheryl mientras la sirvienta le retiraba el goteante saco.

- He llegado, y debería ser lo único que cuenta ahora ¿no crees? – replico en tono despreocupado. La camisa de seda blanca adherida a su bien formada espalda causo el disimulado sonrojo en varias jovencitas. Realmente si que sabía como atraer la atención.

- Tú y tus entradas gloriosas, Tyki – suspiró – je, no conforme con eso vienes tarde. El conde esta enojado.

- Ya hablare con él cuando me cambie, por ahora que se conforme con que he comprobado que aun están tras él…

- ¿Te cruzaste con algún…? – susurro prudente, pero fue interrumpido.

- No, era solo un buscador, pero descuida, después de todo… él no vera jamás la luz del sol…

No era su estilo ser el juez y dictar sentencia, pero era él quien tenia el control ¿cierto?

Subió por las escaleras hasta el primer piso de la mansión, ignorando olímpicamente las miradas de los invitados que se atinaban con algo de pudor a seguir observando a aquella maravilla masculina. Si, Tyki era el deseado por todas y por todos, no había fiesta en la cual las doncellas se resistieran a sus encantos y no había amante que quedase insatisfecho en la cama; en su vida no había sido rechazado por nadie. Hasta el día de ayer.

No quería recordarlo pero mientras se paseaba por los pasillos del piso era inevitable que su mente lo olvidase y pasara a una película más armoniosa. Se había detenido unos momentos a observar una de las tantas puertas, esta no tenia placa de oro como las demás y no parecía tener mucha importancia. Pero en aquella habitación ignorada por el mundo había sido el escenario de lo insólito, de su primer "no" por respuesta. Todavía no lo creía. Él había sido rechazado por un humano.

-…

Flash Back

Le sostenía firmemente de los cabellos de la nuca, mientras la boca del moreno atrapaba los labios del menor y los succionaba con demanda. El chico aun estaba absorto con la situación, algo que no se esperaba, había idealizado una tortura física y psicológica, que moriría lento y sufriendo más de lo que ya hacia; pero no, aquello era en lo que menos había pensado, y era más de lo que podía soportar.

Forcejeaba, pero Tyki no lo dejaba separarse de él. Lo había puesto contra la pared y le sujetaba firmemente de la cintura en un abrazo tan posesivo que la parte baja de su vientre estaba totalmente presionada contra el cuerpo del Noé; gemía con la desesperación de un infante que es agredido. El sentir la lengua del hombre dentro de toda su cavidad bucal le producía sensaciones que él ignoraba y no buscaba conocer, más no le quitaba lo indignante y repulsivo a aquel acto. Era como si todo en lo que había creído desde que empezó su andaduria fuese manchado con la saliva que se escurría por debajo de su labio inferior. El liquido de ambos hombres.

-N-n...o… no… ¡NO! – chilló la criatura cuando los labios del mayor se paseaban entre caricias lascivas por su cuello y ahora ambas manos le acariciaban la espalda.

No sabía de donde había obtenido la fuerza pero había logrado empujarlo lejos de él hasta hacerlo retroceder. Parecía que después de todo el poder de la rabia y el dolor aun habitaban en el chico. Se acomodo las ropas aun sin poder creer en la actitud del niño, simplemente le había subestimado y el precio por ello…

…rechazo del pecador al pecado.

- Esta bien… chaval. Parece que después de todo, aun te queda mucho por sangrar – una sonrisa maliciosa se hizo presente en las comisuras del mayor; y un sonoro grito resonó en la habitación, acompañados por el salpicado de sangre en las paredes que delataban la acción.

Fin del Flash Back

Maldecía por lo bajo a Dios por haberlo ayudado aquella vez, y sobretodo maldecía el sentir que no había superado lo ocurrido. Todavía lo recordaba como si le afectara más de lo debido. Suspiró vagamente y continuó su travesía hasta su cuarto, en el cual al abrir la puerta encontró sentada en un lado de la cama a cierta niña que estaba ausente de la fiesta, y que seguramente su padre andaría buscando como desquiciado.

- Jum… tardaste en regresar Tyki…

- ¿Road? ¿Qué haces aquí y no abajo con los demás? – preguntó mientras cerraba la puerta tras si.

- Me aburrí, y subí a esperarte. ¿A que no es tedioso estar todo el tiempo con gente extraña, eh? – susurro la niña con encanto, esa noche iba de vestido blanco con encaje y cintas rosa pálido, hecha toda una monada.

- La verdad… es que te entiendo – decía mientras desabotonada la húmeda prenda y la dejaba a un lado sobre la butaca.

A diferencia de los demás miembros de la familia, Tyki era el único que poseía un cuarto tan modesto como aquel, este constaba solo de lo necesario y cierto decorado a su estilo con respecto a uno que otro cuadro. Más de eso nada. Era lo que la hacia acogedora y por ende frecuentada por Road cuando podía; a ella le gustaba mucho, era como el pedazo de humildad que tanto buscaba en las lujosas habitaciones de sus hermanos o en los simples alrededores de la casa, pero no lo hallaba. Era como formar parte de algún escenario, como no estar sola entre tanto oro y diamante.

- Nee Tyki… parece que en tu salida te divertiste ¿eh? – dijo Road, quien sostenía el guante teñido en carmesí que había hurtado de los bolsillos del pantalón que Tyki se había retirado.

- Ni hablar… solo se trataba de un humano inútil de la Orden, nada que valiese la pena torturar – replicó despreocupado mientras se abrochaba el nuevo elegante pantalón de pinzas negro y se colocaba el cinturón a espaldas de Road, quien sin importar que no le mirase seguía hablando.

- Entonces por eso andas de mal humor ¿no?... ¿no fue suficiente…?

¿…El juego que tuviste con Allen anoche?

Abrió una cajetilla y saco un cigarro, se tomo su tiempo para encenderlo mientras se cernía un tenso silencio en el cuarto. Aun tenía esa desagradable sensación del recuerdo: hasta hoy no sabía lo orgulloso que era. Road lo miraba con una sonrisa confiada. Ella sabía lo que él sentía al respecto.

- No, no fue suficiente… - sentenció casi en un susurro, una oleada de humo escapó de sus labios con cierto sabor a resina.

- Um. Ya veo, parece que no te ha sentado bien su actitud ¿no Tyki? – ironizó. Ya sabía la respuesta de antemano.

Mientras se abotonaba la nueva camisa, esta vez de lino blanco, sentía como los tragos del cigarro a sus pulmones se hacían casi ácidos. La sensación de absoluta relajación había mutado a un sentimiento de amargura casi palpable, la garganta parecía quemarle, perfectamente disimulado en sus facciones indiferentes.

Road se había levantado. Ahora le abrazaba a donde los brazos le alcanzaban. Su cintura.

- Esta bien, se que te gusta tanto como a mi… pero creo que lo hemos subestimado, después de todo… sigue teniendo el alma de un exorcista…

Sigue teniendo la inocencia en su brazo.

Ambos se sentaron en la butaca, él la tenia entre sus piernas mientras le abrazaba con un solo brazo de la cintura, y ella se recostaba de su pecho para escuchar su corazón como en contadas ocasiones.

- Si, lo he subestimado, Road.

- Juh… ¿a qué viene esa declaración tan repentina?

- A que después de todo, mi juego sigue siendo mi juego – sonrió levemente, retiró el cigarro sin esperar a consumirlo, sabía que a Road le molestaba el humo.

- Nadie te quitará ese derecho, después de todo… tú lo arrastraste a la oscuridad de esa habitación…

Tyki se quedó unos segundos en silencio antes de responder.

- Vale, gracias Road – agregó sonriente, sellando la frente de la niña con un beso.

Pero algo me sigue incomodando.

--

Ya a la media noche no se escuchaba ni un solo ruido en la casa. En perfecta paz dormitaban las pinturas, las luces apagadas y los pasillos desolados. Incluso por debajo de las puertas no había más que la sombra de luces apagadas. Todos en casa perfectamente dormidos. O al menos solo los que no deben subir al escenario nocturno, como cierto moreno que se colaba a escondidas de su habitación en perfecto sigilo, dejando a una pequeñuela sumida en sueños. Tiernamente sonreía entre las sabanas, como si se jactara de haber cometido una travesura.

En la habitación sin placa, el rincón del olvido, la de paredes de tapiz de rombos simétricos negros y vinotinto en contraste, también en silencio, los jadeos habían cesado hacia mucho, y el dolor había conseguido adormecer gran parte de sus heridas. Bueno, había algo positivo en eso.

Tendido en el suelo, cual moribundo, cual miserable; había un manchon oscuro bajo su torso. Ya no estaba húmedo. Sólo estaba la capa rugosa de la sangre seca y el frío de estar en el abismo de la soledad. Al principio creyó que enloquecería: tanto dolor, demasiadas cosas seguidas, una a una, como una historia de eventos desafortunados; sus ojos se encontraban vacíos y llevaba unas bolsas debajo de los parpados. Un rostro pálido, sus mejillas estaban ya resecas con la sal de todas las lagrimas derramadas. Incluso sentía que se le habían acabado. Era como ser una rosa marchita.

Todo lo que quedaba de si, era su brazo encantado adormecido por el dolor de las batallas anteriores y la tortura pasada, y parte del uniforme que lo representaba, solo la parte baja, el resto estaba desecho, todo lo que quedaban eran unas ruinas en pie.

Claro, y el rostro de su musa caída. El que jamás desaparecerá.

Solo recordarlo le hizo dar un leve hipido, para luego volver a su inmovilidad sepulcral.

Sentía que las fuerzas ya le habían abandonado al fin, que ahora descansaba en paz. Pero aun veía, aun tenia los ojos abiertos, como si hubiese fallecido. Pero respiraba, si, estaba respirando aun. Imperceptiblemente y muy pausado. Ya no sentía su cuerpo, ni siquiera el esfuerzo de seguir consiente si es que lo estaba, ¿estaría soñando despierto?

- No te vez nada bien… chaval…

Fue como si hubiesen encendido un foco en su interior, que su mente comenzaba a reaccionar con el sonido de aquella voz. En sus pupilas carentes de luz se iba divisando entre tantas tinieblas la silueta del esbelto hombre, que lo observaba con su habitual postura relajada.

Horror, era lo que su rostro expresaba mientras aquel sonreía.

- T-th…Tu…

- Jó… si, yo…

Con su sola presencia, bastó para que las heridas doliesen nuevamente. Juraba el haber sentido por segunda vez aquella descarga en todo su cuerpo, aquel filo cortando la carne de su brazo izquierdo, pero también, ese beso que le había robado el último aliento consiente que reservaba.

- Anda ¿Qué es esa expresión que tienes? - susurro con burla mientras le tomaba del cuello como si de un juguete se tratase. Para Tyki no había mucha diferencia. Estaba tan frágil y liviano como un muñeco de trapo, que no le tomo mucho esfuerzo el alzarlo y luego aventarlo contra la pared como si fuese un cachivache. El cuerpo del chico hizo un ruido seco al chocar contra el muro.

Él seguía sonriendo, mostrando su blanca dentadura de marfil.

Allen ya no tenia fuerzas para seguir luchando, para seguir negándose a Tyki.

- Date por vencido, chaval… ya no te queda nada más que ese brazo roto y un poco de cordura – susurraba calmadamente mientras se le acercaba pausadamente, dejando que el chico pudiese escuchar cada paso con el cual se aproximaba a él.

Aun con los hombros bajos le sostenía la mirada. No era la misma expresión de desafío con la cual había llegado por primera vez, pero era de notarse que hacía el esfuerzo por seguirse resistiendo a la realidad de los hechos. Que ya no había esperanzas mientras él siguiese jugando.

Estaba en su límite, y faltaba poco para que cediera. Sólo un poco más.

Nuevamente cerca de él. No sabía de donde tenia la fuerza para seguir oponiéndose al mayor, pero no dudaría en usarla. Se logró incorporar y le había intentado golpear con la mano de la inocencia, y como aquella vez logro frenarla, y abollarla más presionando sus dedos fracturados con su mano. Otro grito áspero salió de su garganta, una sonrisa correspondida.

- ¿Te duele? Descuida, esa agonía terminará pronto, ya lo veras…

- D-deten…detente por favor… - susurro entrecortado, a conciencias de que no serviría de nada, solo para incentivar el placer del mayor. El de destruirlo.

- ¿Detenerme? Pero si ni siquiera he empezado… chaval – esta última palabra fue un embriagante susurro para el albino, quien tenía el rostro del Noé casi rozando su nariz. El aliento en sus labios era como una droga que invitaba a rozas las nubes que lo arrojarían al infierno.

-T…Tyki… deten…mh… - los labios del moreno acallaron sus suplicas entrecortadas, ahora solo habían leves sonidos que emitía por las caricias que consentían la boca de Allen.

Suave, despacio, para embriagarlo de a poco. Para hacerlo sentir sucio de disfrutar del placer prohibido; quería resistirse y lo sabia por la expresión tensa de su rostro. Su brazo tomó de la cintura del chico, obligándolo a estar más apegado a él. Un leve jadeo se escuchó por parte del niño cuando su entrepierna rozo el muslo del moreno.

Estaba mal. Era conciente de ello, pero ¿tenia las fuerzas para oponerse? ¿Serviría toda la rabia que tenía hacia aquel ser por haberle arrebatado lo que más amaba en la vida?

La respuesta era evidente, y Tyki la daba a demostrar.

Le sujetó de los cabellos de la nuca para inclinar su rostro hacia arriba. Ahora esa bífida lengua se paseaba por sus mejillas. Estaban saladas; seguramente habría llorado la noche anterior y parte del día. Allen se enrojecía inevitablemente por el contacto y daba leves hipidos, como si quisiese volver a llorar. Mal. Las lágrimas no salían y el moreno empezaba a impacientarse con el chico.

- Podría pasar toda la noche en esto… pero veo que no debo darte el tiempo para que te vuelvas a rebelar… - susurraba contra su oído derecho. Su aliento le erizó la piel y le hizo estremecer con levedad, más aun cuando una lamida a su oreja selló en contrato. Un gemido como respuesta.

Contra la pared nuevamente. Su rodilla hacía presión en la entrepierna del niño que no dejaba de dar sonidos de desesperación mientras el mayor lo callaba con besos salvajes. Estaba aterrado. La mano que sujetaba su cintura lo empujaba contra sí para que su miembro rozase contra la superficie del muslo. Aquello fue un vuelco en el corazón de Allen, estaba perdiendo la razón.

Mientras él se desesperaba, el moreno le violaba la boca con incesantes juegos con su lengua. Evidentemente la de él era más grande que la del niño y por ende tendía a atraparla al punto de ahogarlo, asfixiarlo, como si quisiera atravesarle la garganta. La otra mano que le sujetaba por detrás de la nuca lo presionaba para que sus labios no se despegasen. El niño se resistía y se quejaba mientras que el mayor se deleitaba y se impacientaba más. La mano que sujetaba las nalgas del albino lo presionó contra su rodilla y muslo nuevamente. Tyki se separó del niño sin soltarlo para escuchar su gemido entrecortado.

- Uh, veo que te gusta la cosa, chaval… - susurró con una sardónica sonrisa, y cierto aire sensual en sus palabras.

- Et….e…estás demente… - jadeaba el pequeño, aun con los espasmos que le producía el simple contacto con una parte tan sensible.

- Sólo un poco, pero estoy enloqueciendo…

Lo empujó de nuevo contra sí, esta vez con más intensidad. El albino volvió a gimotear y los movimientos contra su entrepierna se hicieron en seguidilla, causando que el niño se estremeciese de placer y desesperación a la vez, por no saber que hacer. Estaba harto, si iba morir que lo matase ya, pero no quería que su dignidad fuese ultrajada tan bajamente…

-Ehg….agh…aaagh...¡agh…!

- ¿Uh? ¿Decías algo chaval? – preguntó con sarcasmo el sujeto sin detenerse.

Esta vez la desesperación le brindo un último aliento por escapar de las garras de Tyki. Con ambas manos lo empujó de los hombros. No tan fuerte como la última vez, pero con mayor rechazo, con mayor negación. Había más valor en el niño de lo que el mismo Noé se imaginaba.

Lo había vuelto a hacer.

- Vaya… parece que he sido muy compasivo contigo…

-…

- Eso… esta por acabarse. Chaval…

Para sorpresa de él, de la espalda del hombre se desprendieron dos tentáculos espinosos, semejantes al de las plantas carnívoras. Era como los de la otra vez cuando había sido consumido por su Noé interior, pero esta vez se veía consiente, parecía haberlo dominado. La misma sensación de aquella vez recorría a Allen, el gélido aliento en su boca y el leve temor que le inspiraba la criatura.

Los ligamentos se aferraron al cuerpo del niño, sujetándole por la cintura y las muñecas por encima de su cabeza. Embistió su espalda contra la pared en un solo movimiento, dejándolo totalmente a merced del mayor quien nuevamente se aproximaba a él con paso confiado, sin prisas, sabiendo hacer esperar el momento.

En su punto, como una fruta madura, ni muy dulce ni muy agria, en la flor de su vida; a punto de ser comido. Tyki se relamía los labios de tan solo imaginarlo.

- Ahora podemos estar mas cómodos no es así…

- Habla por ti mismo… - replicó con aire despectivo. Aunque no pudiese fruncir su ceño, era evidente por la forma en que le miraba, en lo profundo de esos ojos carentes de luz, que no se rendiría hasta ser destrozado.

Bien por él.

El sonido de un cierre ahogado al abrirse alertó a Allen, poco a poco el moreno iba teniendo acceso a su parte más sensible que por aquellos roces ya estaba hecho todo un endurecido bulto en la entrepierna. Se alteró y antes de que sus piernas buscaran siquiera moverse, otro par de tentáculos se desprendieron de la espalda del Noé para atar sus tobillos y separarlos a los lados, para dejarlo totalmente abierto para él.

Sudaba. Su labio inferior temblaba nerviosamente mientras Tyki se deshacía de su pantalón arrancándolo a tirones. Poco tardaría si ya la tela estaba hecha un asco, solo era cuestión de remover ruinas hasta que no quedase nada. ¿Qué más tendría que destruirle?

Su dignidad de exorcista, por supuesto.

Dio un alarido desesperado, que luego se entrecortó con un repentino gemido por el contacto de cierta mano con la delicada zona que a todo hombre hace retorcer.

La mano de Tyki sostenía su miembro a campo abierto, también le había arrancado la ropa interior.

-¡D-detente por favor! – imploró una vez más.

En respuesta otra sonrisa llena de satisfacción. Los dedos del Noé empezaron acariciando con levedad la superficie del falo con la intención de descubrir los puntos débiles de este. Allen se estremecía y arqueaba su espalda inevitablemente como si una descarga le recorriese la espina dorsal, cuyo gesto le pareció muy tierno al moreno.

Lentamente las caricias tomaban un nuevo ritmo algo frenético: el pulgar trazaba círculos en la punta haciendo que el niño gimiese aun más fuerte. No era fluido ya que su garganta estaba irritada y le lastimaba el hecho de tener que gritar para él. La otra mano del Noé se desvió a una parte más profunda donde Allen sintió que lo reventarían a espasmos ahí mismo.

Su pecho parecía un sube y baja, y Tyki sonreía despreocupadamente mientras sus ojos dorados se clavaban en la expresión casi suplicante del niño.

- ¿Te gusta?

-… - no hubo respuesta.

En reacción a eso, el moreno comenzó a mover su mano de forma más frenética en su miembro, frotándolo continuamente, cambiando drásticamente la velocidad y la calma de dichos movimientos. A Allen le dolía un poco pero a la vez le era difícil negar que le gustaba. Sus gemidos continuos eran un coro de suplicio y petición de misericordia, casi divino, algo que en sus adentros excitó a Tyki. Poco a poco fue incrementando la intensidad de aquella masturbación y con la otra mano llegó a los testículos del joven, al sujetarlos Allen creyó que el mundo se le vendría encima, y chilló ahogadamente.

El líquido preseminal comenzaba a manar de la punta del falo, empapándolo. Quiso saber que sabor tendría el fluido de un exorcista. Así, la punta de su lengua se deleito por los alrededores y degusto del néctar que manaba: agrio como la cerveza pero levemente adictivo. Lo peor para Allen, era que al mirarlo hacer todas aquellas cosas sin el menor pudor - aunque no quisiera - le excitaba.

Le provino de leves masajes en aquella parte prohibida, y sintió que todo su cuerpo tenía un único centro y eran aquellos movimientos que le hacían perder el control. Eso le daba miedo, era peor que cualquier tipo de tortura hasta morir que pudiese imaginar; ¡Oh Dios! ¡¿Por qué me has abandonado así?!

- No sigas… por favor…

- ¿Mh? …

- No…sigas… deten… ¡¡AHG!!

Había presionado sus testículos sin ninguna contemplación para acallarlo. De verdad que era lindo que le suplicase, y era aun más el verlo gemir y retorcerse en aquella postura sadomasoquista, pero todo tenia su límite. Hizo sus cálculos y dedujo que ya era hora de pasar a otro nivel antes de que ese payaso volviese a su plan de oponerse a su voluntad.

Aquí el rey soy yo, chaval.

No se detuvo, no hubo tregua ni nada que pudiera hacer. Simplemente lo frotaba sin piedad alguna y masajeaba aquella parte delicada como si buscase exprimirla. Sonoros gritillos salían de la áspera garganta del pequeño quien también empezaba a dar leves sollozos acompañados de gemidos entrecortados. Estaba que perdía la noción del tiempo y el espacio y que su poca conciencia se reducia de escombros a polvo.

- Por favor… por…fa…vor…n…no… no… ¡AGH… AHHH!

- Así es chaval… córrete… córrete todo…

Y como si se tratase de una orden, el niño se vino en su mano entre espasmos y delirios frenéticos. Jadeaba empapado de sudor, con la cabeza baja y sollozando a escondidas; al contrario de su agresor, que sonreía y se deleitaba con la semilla del exorcista como si lamiese miel de abejas.

- Ya… ya es suficiente… ya no más… ya no…

- ¿Ah? ¿Cómo que ya no más?... si ni siquiera llegamos a la mejor parte… - susurró con cierta crueldad lasciva que hizo estremecer a Allen – mira que esto también es tu culpa chaval… tienes que reponerlo…

Bajó la vista para comprender de qué se trataba. En el pantalón de Tyki había un apretado bulto, de la cual el niño podía deducir que toda aquella tortura le habría dado un placer enorme, al punto de causarle dicha erección; pero el albino no lo comprendía aun. Él no sabía nada del sexo entre hombres.

- Ya…no… ya…no…

- Me aburres.

Los ligamentos obligaron al niño a colocarse de espaldas al mayor, otra vez contra la jodida pared que era cómplice del abuso a su integridad. Ligeramente aquellos tentáculos lo obligaron a abrirse de una forma un poco diferente a la anterior, con su trasero levemente inclinado hacia arriba.

Allen aun no deducía la tortura que le esperaba.

- Espero que estés cómodo, porque será una larga noche para ambos…

- ¿Qué piensas… hacerme?... – susurró entrecortada la voz del peliblanco.

- ¿Eh? ¿Aun no lo adivinas? – ironizó el hombre mientras la hebilla de su correa cedía y tanto el cierre como el botón de su pantalón le daban un respiro al erecto miembro de Tyki.

Se recostó de él, muy suavemente, ocultando sus oscuras intenciones. El contacto con el torso de aquel hombre brindo cierto terror e incertidumbre al corazón del niño, quien por mero razonamiento sabía que lo que le esperaba no era nada agradable, aunque no pudiese adivinarlo…

- Te va a gustar, vas a ver…

Fue lo último que se escuchó de momento, para abrir el telón con un desgarrador grito que escapó de la ya gastada voz del pequeño.

Había entrado en él de una sola embestida, profanando su único punto virgen que quedaba en su cuerpo, ensuciándolo con un falo desgarrante, más grueso y largo que el del niño por razones obvias. Era desesperante. Le angustiaba sentirlo dentro de sí. Era como si pudiese atravesarlo cuando quisiese, partirlo en dos, reventarlo, hacerlo llorar…

- Sal… sal… ¡SAL DE AHÍ! ¡¡SAL!! – chillaba con desespero, no soportaba seguir sintiéndose así. Sólo como su juguete.

- No, créeme que sería peor. Te dolería más y yo quedaría muy irritado…

Sin darle tiempo a más quejas comenzó a moverse dentro de él de forma pausada, dejando que el niño sintiese aquel cañón dentro de su cuerpo, su fidnes no se como se escribe xP iba dilatándose poco a poco con el roce interno, mientras el chico se retorcía en gemidos y sollozos, dándole a Tyki mas placer del que había imaginado.

- Mh… me gusta… eres deliciosamente estrecho ¿sabias?

- Ve…te al… infierno… - agregó como último arranque de rabia.

- No, es que para allá vamos, y yo te llevare a mi ritmo…

Chaval…

Lo sintió mas adentro, había rozado algún punto que había hecho que las piernas de Allen temblasen. Un punto débil, qué oportuno. Y el niño aun no se hacia una idea de cómo lo haría trizas…

- ¿Te gusta ahí?...

-…

- ¿eh?... – dio una nueva embestida en ese sitio, haciendo que Allen gimiese de placer y agonía – bueno, una imagen vale mas que mil palabras… - replicó para sí mismo con cierto aire bufonil.

Continuó embistiéndolo en aquel nuevo punto que hacia que el niño delirase y entrecortase sus lamentos, logrando que este se sumergiese en un mar de sensaciones que jamás había experimentado. Sus sentidos poco a poco se iban embriagando y alejándose de la realidad, era como si todos resonasen en un solo ritmo, al ritmo que Tyki lo destruía.

- Ah…aaaaahhhh….

- Mh… veo que ya le estas cogiendo el gusto…

Esas palabras… lo estaban provocando. Lo regresaban a la escena en la cual estaba siendo violado. ¿O no?

Entonces sintió que la presión en su trasero aumentaba. El moreno se estaba moviendo con más afán, con mayor profundidad. Sus manos sujetaban las muñecas atadas por sus tentáculos mientras lo follaba con más brutalidad. Parecía que extrañaba oírlo gritar.

- ¡AAAHGG!...

Oh, ya sentía que por su entrepierna se escurría un líquido fresco que manchaba su blanca piel de carmesí. Parecía que ya lo había desgarrado y ahora si que lo había desvirgado con sello de garantía.

Para Tyki ya era mas cómodo, ahora estaba húmedo por dentro y no le costaría nada moverse; a diferencia del chico que chillaba por el ardor de los frotes en sus paredes internas ¿quien lo mandaría a ser tan estrecho?

Unas saladas lágrimas se escurrían por los parpados del albino, quien tenía los ojos perdidos en el techo, buscando ignorar la realidad, tratando de escapar de aquel dolor y agonía al cual había sido sometido ¿de verdad estaba en el infierno?

Que pregunta tan tonta, claro que lo estaba.

- Ah…chaval…

Y él solo disfrutaba, del niño y de su dolor.

Tomó sus nalgas por ambos lados y comenzó a empujarlas al compás de cómo lo penetraba, haciendo que Allen llegase al borde de sus delirios. Ya el dolor no conseguía entumecerlo, era latente, en todas partes de su cuerpo, como una vibración que se extendía hasta el borde de su alma herida.

- Si… así mismo te quería tener… - susurraba a su oído con sadismo.

- Ya no puedo… ya no puedo más…

- ¿Mh?... quiero oírte mas…

Lo azotó más fuerte contra sí, nada le costaba pues estaba tan liviano como un juguete de palo. El niño le brindo una nueva nota musical aun más agonizante, cosa que excito los sentidos del Noé del placer.

- Tyki… - dijo agonizando en un gemido.

- Mm vaya, eso si me ha gustado… - susurró nuevamente con aire extasiante sin detenerse. Aquello le había encantado totalmente, el haber escuchado su nombre de los labios del joven de esa forma… pidiendo misericordia. Le parecía incluso sensual su expresión.

-Aaaahhh… - susurró el pequeño suavemente.

- Jm… así me gustas mas chaval… - replicó con voz sensual mientras lamía el lóbulo de su oreja.

- Ty-Tyki… aaahhhh – no podría mas dentro de poco. Era demasiado para un niño de 15 años apenas.

Para finalizar, aumentó la presión al punto de parecer bestial. Lo azotaba con mayor violencia contra sí y la pared que ya estaba empapada de sangre. El niño chillaba por el dolor de los golpes y las embestidas, como si lo raspase más en su interior, ¡Oh! que mal, estaba sangrando más…

Un tentáculo más suave que los anteriores se desprendió de la espalda del Noé, y fue a parar al sexo del niño en el cual se enrosco. Comenzó a frotarlo con frenesí hasta endurecerlo de nuevo. Allen juraba que Tyki terminaría matándolo de esa forma, volviéndolo loco.

- Ya casi… ya casi chaval. Mhjmmmm – gimió el Noé cerca de su cuello, mordiendo su hombro. Él también estaba a punto.

- Ya no… ya no puedo… más… ¡Agh!... ahhh…

El niño se había corrido de nuevo, pero esta vez había optado por manar una pequeña porción de orina reprimida. En su interior también estaba húmedo y sentía al mayor estremecerse en su espalda. Tyki también se había venido dentro de él.

Salió de su interior y Allen suspiró aliviado. Increíblemente sólo tenía la camisa empapada de sudor y parte del pantalón húmedo, pero de ahí nada más. No le seria difícil pasar desapercibido, como si no hubiese hecho nada; claro a diferencias del albino que estaba totalmente hecho nada.

Lo soltó sin contemplación en el suelo, como abandonándolo a su suerte. Al final había ganado la partida, sin trampas, limpio de toda culpa. Ya que toda recaía ahora sobre el niño, a quien acababa de destrozar lo último que le quedaba, mas que palabras.

Su honor.

Sus parpados no tardaron en caer y su cuerpo en dejarse vencer por el cansancio, por el dolor, por toda la suciedad que ahora cargaba como mancha imborrable del acto prohibido, ahora si estaba acabo. Al fin Tyki Mikk había conseguido destruirlo.

Al fin, había logrado ser detenido en su andar.

- Que tengas dulces sueños, chaval… - fue lo último que alcanzó a escuchar de él.

El destructor de lo que más amaba.

Pero seguía habiendo algo… que incomodaba.

¿Qué era?


Por ahora acabamos, solo por hoy. Regalo para Lavi, Marje, Esme, Thaus, Sora y sobretodo para mi satisfacción personal n n

Re: Documento corregido - - disculpen el anterior era un esbozo.

Bye Bee

Et in Arcadia ego – The rise of clown