Antes que nada quiero agradecer sus comentarios y amenazas de muerte n.n han sido de gran ayuda para lograr definirme en lo que va para este muy esperado capitulo final.

Al final la historia acabo por conmoverme en lo más profundo, en especial en el capitulo tres que aunque no tuviese contenido para adultos puedo decir que fue el que más disfrute hacer y el que más me costo.

Muchisimas gracias por los reviews n-n no soy de esas autoras que reciben taantos comentarios y sinceramente eso me ayuda a valorar cada palabra de ustedes mis lectores .

Este capitulo carece de nombre... no tiene sentido que lo tenga la verdad.

Sin más aquí vamos y hasta una próxima vez.

Disclaimer: D. Gray-man no me pertenece os digo u.u de ser así Allen morirá en manos de Tyki x3 así como en el cap anterior. Un final muy fangirl xD.

…Enjoy

Whispers in the Dark


Domingo 19 de Julio

Después de la tormenta, siempre llega la calma.

La mañana de aquel día, el cuerpo del exorcista Allen Walker es encontrado.

Tendido en el césped teñido del carmesí de su sangre, dormido placidamente, helado como un témpano y pálido como la nieve que abrigo a Lenalee en su partida.

Ese pensamiento aturdió la mente del Jr.

No hay rastro de la herida mortal que causase su sueño, solo la mancha que determinaba el asesinato del menor pero nada más, el rostro del albino refleja paz, como si solo durmiese, tal cual como encontraron a la china. Lavi apretó los puños nuevamente.

- Deja eso ya, aun respira – dijo el japonés después de varios minutos de silencio. Este sujetaba al chico en sus brazos.

- ¿¡Lo dices enserio Yu!?

- ¿Tengo alguna razón para mentir ahora, estupido conejo? – replico este con sarcasmo. No le hacía la menor gracia.

- Pues… pero, parece que ha perdido mucha sangre… y no hay heridas que expliquen eso… - dijo el pelirrojo observando el cuerpo del pequeño. Ni un solo rasguño que explicase lo sucedido.

- Se lo explicaremos después a Komui, puede que encuentre la respuesta a esto – el samurai hablaba con voz fría y pensante – de lo que podemos estar seguros es que al parecer no lo quieren fuera de esta guerra… - sonaba más para si mismo que para su oyente. También lo meditaba.

- Entiendo – sonrió más tranquilo – nee me alegro que Allen este con vida… al fin esta pesadilla terminó.

- Che… estupido brote de habas… ya vera cuando despierte, me las pagara por todo el barullo que armo su descuido en la Orden – espeto Kanda irritado, girándose para emprender camino hacía el cuartel.

Él nipón también estaba feliz de haberlo encontrado. A su manera claro.

--

Una semana después del regreso de Allen a la Orden… Domingo 26 de Julio.

Al principio todo es borroso, no tiene noción del tiempo ni de la realidad misma. Siente como si hubiesen pasado siglos mientras estaba… un minuto ¿realmente estaba vivo?: esa era la pregunta correcta.

Arrugo los parpados varias veces mientras recuperaba la visión y esta se hacía más nítida. Un techo café oscuro se alzaba arriba y bajo su cuerpo una superficie blanda relajaba sus aun entumidos músculos, también encima de su cuerpo una suave frazada le abrigaba desde el pecho. Cuando sus sentidos lograron despertar lo suficiente, pudo caer en la cuenda de donde se encontraba.

"La enfermería de la Orden"

Y efectivamente seguía con vida.

Con incredulidad causada por sus propias conclusiones, se reincorporo con dificultad hasta quedar sentado y miro hacía la zona del pecho donde debía de estar la herida fatal responsable de su muerte. No estaba.

Entonces al acordarse del golpe, también llegaron con ello imágenes de las escenas vividas la noche del escape. Claramente lo veía, tomándole como si nada valiese y haciéndole sentir en las nubes como un esclavo que al creerse rey va muriendo alegremente en su vicio por saciar la sed de su amo. Sacudió la cabeza ante ese pensamiento, le dolía tener que recordar así, pero al buscar otra alternativa era peor. Su abrazo en sueños, su calor… sus besos.

"Ya basta ¡Es suficiente!" – chilló mentalmente.

Se llevo las manos al rostro cubriéndose los ojos, tratando de apartar esos recuerdos de su mente.

- ¡Allen kun, has despertado!

Retiro las manos de su cara para girar la vista a donde provenía la voz, apenas notó que alguien había entrado a la habitación. Se trataba de Komui Lee quien sonreía aun lleno de la sorpresa de verle conciente y sobretodo a salvo. En su hogar…

- Ko-Komui san…

- Me alegro que por fin hayas despertado Allen kun, temí que te perdiésemos… - su voz estaba debatida entre la alegría y los restos de preocupación, hablaba algo entrecortado. Tomo asiento en la banca que daba junto a la cama.

- ¿Qué…qué fue lo que me pasó?

- Te encontramos en el bosque muy cerca de aquí, bueno fueron Lavi y Kanda quienes dieron contigo… - un breve silencio y su voz pareció un murmullo – ha sido una suerte…

Era de notarse que el chino aun estaba afectado por la perdida de su adorada hermana. Lo veía en las nuevas arrugas que se formaban inevitablemente en su rostro producto de la tristeza, el brillo de sus finos ojos no volvería jamás a ser el mismo.

- Komui san… ¿cuanto tiempo…llevo aquí? – preguntó.

- Una semana para ser exactos, has estado durmiendo desde que te encontramos o eso es lo que creemos, ignoro el tiempo que pasaste tendido en aquel bosque.

- … entiendo… así que es eso… pero… ¿cómo es qué aun estoy… con vida? – La voz del niño era débil, debatida en la confusión – yo… estaba seguro de que… iba a morir…

-Quizás fue cosa de tu inocencia Allen kun, en más de una ocasión ha demostrado el no quererte dejar morir… es como si su voluntad fuese…

- Quiere que siga mi camino. Lo entiendo – lo corto el menor con mayor claridad en su voz.

Este sonrío, lo importante era que el chico estaba a salvo, sea lo que fuese que le hubiera pasado.

- Me alegro que estés bien Allen kun… gracias…

- ¿Por qué…me agradece… Komui san?

- Por haber estado con Lenalee hasta el final…

A Allen se le hizo un breve nudo en el estomago, para luego sonreír con aire comprensivo. Tal como Lenalee lo hizo con él.

- Esta bien, yo se que ella… aun no nos ha abandonado… esta muy cerca de nosotros ahora… en un lugar… donde nadie la apartará de nuestro lado… - a medida que el chico hablaba a Komui se le desbordaban las lágrimas. Por un momento vio los ojos de su hermana en los de Allen.

Se acomodo los lentes después de frotarse los ojos con un pañuelo. Sonriendo como un niño que se disculpa.

- Je, creo que me ha entrado algo en el ojo.

- Si. – dijo correspondiendo con una cálida sonrisa.

Lastima que nadie se daba cuenta, a veces el dolor nos impide ver que los demás sufren incluso más que nosotros mismos.

La muerte de Lenalee sustituida por el regreso de Allen a la Orden eran sucesos que disfrazaban la verdad de los corazones. Sonrisas de esperanza y ánimos para continuar. Nadie se percataría jamás…

de que en la Orden había un muerto más…

Bajo ninguna circunstancia torcería su sonrisa por verlos tan dichosos de su vuelta.

No tenían porque llorar por lo que él lloraba.

"Una parte de mi… murió esa noche…estoy seguro" – ese pensamiento. Su única certeza y garantía de que todo fue real.

--

Miércoles 5 de Noviembre.

Pasaron los meses y al final nada se supo.

El chico se negaba a hablar.

Los interrogatorios constantes de su vigilante eran su pan de cada día, no había mañana en la cual no lanzase una pregunta disfrazada de sarcasmos o ironías, y le embaucase en una situación donde le obligara a hablar del asunto. El peliblanco se limitaba a guardar un sepulcral silencio y enfriar el semblante, se tornaba serio y distante de su entorno, recordando esos días de infierno… esos jodidos días que lo marcaron para siempre… luego seguía la cortante y se iba por la tangente.

El secretario Leverrier tampoco ayudaba mucho, también le tenía marcado con ese incidente desde entonces. Como no constaba de las pruebas suficientes no podía acusarle del asesinato de Lenalee como el Decimocuarto, y mucho menos de herejía. El milagro de hallarlo con vida opacaba por completo esa imagen y si lanzaba una declaración seria tendría a toda la Orden en su contra. No podía permitirse una revolución a estas alturas y perder a aquel que dominaba el arca.

Así pasaban los días, y las palabras del albino permanecían atrapadas en su garganta.

Todos los del departamento científico, Komui e incluso sus camaradas: Lavi, Kanda, Miranda, Krory y los otros se negaban o resistían a hacerle preguntas sobre lo ocurrido.

Los generales permanecían indiferentes, no querían echarle más leña al asunto y darle motivos a la central de hacer las cosas más incomodas de lo que ya eran.

Silencio. Pero no era "ese" silencio el que atormentaba a Allen.

Link le observaba de forma cuidadosa, como si buscase en las facciones del chico alguna palabra, una señal o un presentimiento… lo que fuera menos ese impertinente silencio que imponía el peliblanco después de su cuestionario matutino. Nada, el niño seguía engullendo su plato indiferente a la penetrante mirada del inspector.

- ¿Hasta cuando piensas seguir con esto Walker? – preguntó repentinamente, irritado de tanto silencio evasivo.

- Pues… aun no termino de comer Link san, si me apresuro me atragantare – dijo con aire inocente, sonriéndole con amabilidad como si estuviese delante de un muchachito impaciente. El hombre no toleraría que le tomasen el pelo.

- ¡No me refiero a eso imbecil! ¡Hasta cuando seguirás callando el asunto! ¿¡O es qué acaso estas ocultando algo Walker!? – el rubio había hablado tan alto que los murmullos del comedor acallaron y los ojos curiosos rodaron a la mesa de ambos. Todos miraban al chico sobretodo.

- Oh no otra vez… - se escucho un susurro por parte de un buscador que pedía su almuerzo junto a un compañero. Curiosamente los amigos de Chaoji - ¿hasta cuando seguirán torturando al pobre chico? Que no ven que le duele hablar de eso…

- A todos, la verdad – dijo el otro.

El inspector estaba al borde de su rabia. Allen le observaba indiferente sin apartar el semblante del rostro furibundo de Link.

- Hey ¿Quieren echarme una mano con eso chicos? – soltó el cocinero con aire jovial a ambos sujetos que se volvieron hacía él. Curiosos y casi esperanzados de escapar de la incomoda escena.

- ¡Por supuesto Jerry san! – respondió el castaño del grupo.

- Solo díganos que debemos hacer – susurró el otro.

- Jijiji… verán…- ambos acercaron sus oídos a los labios del pelirosa que susurraba con rapidez su plan. Al final los buscadores asintieron al unísono.

Y cuando Link acabo por perder la poca cordura que le quedaba ante la inexpresividad del joven de cabellos blancos, estando a punto de ponerle una mano encima, causando que los presentes se alertaran para ir en su ayuda (en la del chico, el otro les valía madres lo que le pasase). La voz del buscador rubio se hizo escuchar ante el mar de discordia.

- ¡Hey, Allen kun! ¿Podrías venir un momento?

- Umm por supuesto – respondió con una carismática sonrisa que a los espectadores les desconcertó por completo, no más que a Link cuales ojos diminutos destellaban de enojo y frustración. Era increíble como el chico soportaba tan bien toda aquella presión que pese a que todos buscaban hacerle las cosas más fáciles, siempre existía la sombra del chisme y la curiosidad hirientemente entrometida.

¿No habría quedado algo tocado de la cabeza con la muerte de la chica o en sus días como errante en las sombras? – se preguntaban algunos en sus cabezas. A veces en voz baja muy… disimuladamente.

Nadie lo sabría.

El joven entró en la cocina acompañado de los dos hombres que le "salvaron" de las garras de ese lince mascota de la central. Adentro le esperaba el reconfortante olor de los hervidos, recetas que solo Jerry podía darle el punto que lograba derretir los paladares de la Orden. El cocinero dio un salto lejos de las ollas hasta ponerse frente al chico que se limitaba a mostrase amable.

- ¡Allen kun! Oh pero que bueno que llegas

- ¿Me necesitaba para algo, Jerry san?

- Si, si… justamente a ti mi querido muchacho – el excéntrico hombre se sitúo junto al chico de un salto, poniendo ambas manos sobre sus hombros – si no es mucho pedir, me gustaría que fueses a la ciudad por unos ingredientes para los guisos que como vez – señalando con la mirada recubierta por sus llamativos lentes oscuros las ollas hirviendo – estoy preparando. Los generales parten hoy a sus misiones después de almorzar ¡y quiero que se lleven lo mejor de mis caldos en sus estómagos!

- Entiendo, no hay problema Jerry san puedo hacerlo – afirmo el albino con una sonrisa condescendiente.

- Waaa ¡sabía que podía contar contigo Allen kun! – Chilló emocionado sin contar con aturdir brevemente los tímpanos del muchacho por la cercanía – ve ahora mismo, uno de los chicos te acompañara a la entrada por si tienes problemas para salir por la ausencia del inspector cascarrabias.

Allen rió brevemente por el comentario del cocinero y abandonó la habitación. Dejando solos a un par de pilluelos que se cobrarían caro el mal rato que le hicieron pasar al peliblanco exorcista.

- ¿Me pasas el wasabi amigo? – pidió el pelirosa con peligrosa afabilidad al buscador.

- Claro Jerry san… seguro eso le dará "mucho" picor a la comida del señor inspector – la malicia destello en sus ojos. Era idea mía ¿o repentinamente Lavi intercambio cerebro con el cocinero?

- Por supuesto, por supuesto… seguro le gustara tanto que "gritara de alegría" - decía mientras vertía el peligroso condimento en el postre del hombre, cuidadosamente para que no notase la diferencia.

Más adelante se escucho un grito. Pero no precisamente de felicidad.

--

Logro salir sin muchos problemas, los guardias se limitaron a advertirle que no se demorará mucho al o que el chico agradeció cortésmente. El buscador se despidió con un gesto de la mano y Allen se lo devolvió con una sonrisa, más difícilmente forzada que las anteriores.

Entendía como se sentían todos con respecto a su negativa a hablar sobre su desaparición, pero no podía hacer más que ahorrarles el dolor de comprender la cruda realidad que Allen enfrentaba con una sonrisa todos los días, al menos solo de afuera. Por dentro era un caos. No hay necesidad de angustiarlos por algo pasado, el sobrellevaría ese pesar y el tiempo seguiría pasando, puede que jamás lo olvide pero, al menos el peso de los sentimientos se iría aligerando. O terminaría acostumbrado a ello. Daba igual.

Caminaba por la calle del mercado sin fijarse bien a donde se dirigía, nuevamente ensimismado en si mismo y sin Tim para orientarlo en caso de perderse. Llevaba tiempo sin salir de la Orden aun no se acostumbraba del todo a la ciudad de Londres ni a sus inmensos lugares. Hacía un día precioso, el cielo brillaba animado y las personas de clase humilde hacían sus compras en lo puestos callejeros: Un ambiente lo suficientemente cálido como para que Allen se aventurara a sonreír solo para sí, como no lo hizo en tanto tiempo.

Los condimentos (la excusa se Jerry para sacarlo de la Orden un rato) los encontró en un abasto pequeño de esos donde pides por la ventanilla lo que deseas y esto te lo traen en un abrir y cerrar de ojos embolsado para llevar. Hasta que estuvo allí esperando su pedido no se percato de lo mucho que extrañaba hacer esas pequeñas labores diarias, era relajante y ayudaban a no pensar tanto. Cancelo a nombre de la organización como todos los gastos que le involucran, tomó la bolsa color barro con todo y partió.

- Puff... Jerry san esta vez si que se esforzó, a estas alturas deben de estar comiendo… je… - decía para si mismo mientras tomaba el camino más largo para llegar, muy a pesar de las advertencias anteriores. A sabiendas de que los condimentos no harían falta en lo absoluto, un cocinero tan ávido como el señor Jerry sabe apañárselas en las peores situaciones. Sobretodo a la hora de fingir la falta de algún artículo.

Elevo un poco el rostro hacía arriba para apreciar el cielo despejado de Londres, nada en comparación con el que le abrigo en su escape. Aun recordaba con detalle las escenas e imágenes, y las pesadillas por la madrugada eran quienes las remarcaban en su memoria. Suspiró cansado, en menos de lo que se dio cuenta ya estaba pensando en eso. Tentado en verlo de nuevo aunque fuese de reojo, o por equivocación.

Sacudió la cabeza obligándose a apartar esa tentación, un solo error y toda su determinación se iría a pique.

Pero los peores errores se cometen cuando estos se ponen en bandeja de plata. Cual propuesta inocente y casual.

Por un breve lapsus de tiempo lo vio, entre la gente que pasaba junto a él, vestido de vagabundo con el ligero cambio de su nueva melena al aire como un hombre salvaje. Se le paro el corazón por unos instantes cuando sus ojos cruzaron "por equivocación" con su rostro, disfrazado vanamente de blanco y esos lentes pesados de garabato. El olor que dejaba su estela al pasar junto a él lo mareo brevemente aturdiéndolo después. Era demasiado, empezaba a creer que era más difícil mirarlo como blanco que de negro.

Y se alejo, caminando entre las personas como uno más de la población humana. Sin mirarlo.

¿Habría sido un delirio mental?

Apretó los ojos y se los restregó un par de veces con las manos hechas puños. Le temblaba el pulso y no controlaba el grado de presión que ejercía en estos, hasta que noto que era demasiado al ver la mano humana enrojecida y una pequeña herida en la izquierda, la sangre no se hizo esperar.

Después de tanto tiempo sentía esa sensación de contrariedad entre salir huyendo o perseguirlo.

Lo que nos diferencia de los demás son nuestras decisiones, unos caminos son más frecuentados que otros. En este caso Allen siempre se destaco por marcar esa diferencia.

Se cubrió la herida con un pañuelo blanco que fue pintándose se carmesí levemente. Luego emprendió su persecución sin saber bien que haría una vez que ya no hubiese vuelta atrás, si solito se metía a la boca del lobo. No importaba, la decisión estaba tomada y a medida que se acercaba a él entre la gente -cuidándose de no ser visto- sus sentimientos tomaban forma en su interior y revivían aquello que murió el día del escape. ¿Cómo? No se lo explicaba, los muertos no pueden regresar a la vida.

En un momento le perdió de vista, parecía que doblo calle abajo. Al zafarse con respeto y prisa a la vez de las personas que hacían el trafico más lento para continuar, siguió por la ruta que prometía el reencuentro… que lejana sonaba esa palabra ahora que no lo veía. Miro a ambos lados y nada, solo una estrecha calle con algunas tiendas y pocos transeúntes. Empezaba a desesperarse ¿se esfumo o nunca estuvo allí?

Como aviso del cielo (o del infierno pero igual alivio para nuestro moyashi x3) la silueta del moreno apareció ante sus ojos saliendo de una de las tiendas, despidiéndose con aire muy jovial del encargado. Por un momento creyó haber sido descubierto con esa repentina aparición. Al parecer no, se dio la vuelta sin mostrar la más minima señal de sospecha.

Por el momento, podía seguirlo.

Empezaba a notar que a medida que se acercaba aquel radiante cielo se nublaba, dejando un contraste de blanco-oscuros que le recordaban ese día. Si, ese era el aspecto que la calle empezaba a tomar mientras avanzaba más y más: despacio, ansioso, apretando los puños por la inquietud que le producía la quietud del lugar para ser un escenario publico. Lo poco que se escuchaba eran los pasos en el pavimento de piedra y el susurro del viento. Todo le parecía mudo.

Ahora otro giro inesperado. Tyki sabía vuelta en un estrecho callejón que quien-sabia-a-donde-llevaba. Sin dudar cruzo con cautela de que sus botas no fuesen tan ruidosas, ya en ese desvío no había más ser vivo que fuesen ambos personajes y los animales del basurero. Sería demasiado fácil escucharlo y probablemente no tardaría en descubrirlo.

Nada, el moreno no daba señales de darse cuenta.

Así empezó a caer en la cuenta, Tyki no era ningún idiota. Sabía que le seguía y si lo había visto en aquella multitud, quizás mucho antes. Su encuentro nunca fue una casualidad, estaba planeado y como siempre el peliblanco hacía lo que exactamente esperaba el Noé. Los pasos de ambos individuos resonaban en el pavimento, manteniendo un silencio incómodo solo para Allen, pues el otro parecía disfrutarlo en verdad. Se estaba desesperando.

- ¿Hasta cuando seguirás fingiendo que no sabes nada, Tyki Mikk? – rompió el silencio abruptamente. Ambos se detuvieron.

- ¿Are? Oh, chaval ¿hace cuanto que estas ahí? – dijo este girándose para verlo con cara de a quien le dan una sorpresa nada esperada, tomándosela con habitual calma. Nuevamente Allen sentía que el mayor se burlaba de él.

- No estoy para bromas, la verdad – replico con aire notablemente irritado. Tyki mostraba no comprender su actitud. Otro insulto más a la inteligencia del albino.

- Ahm… te noto algo molesto ¿seguro que todo anda bien? – preguntó con un timbre preocupado que Allen no se trago. Ese sujeto jugaba de nuevo con él.

- ¿Qué haces por estos lugares? – interrogó como a quien acusan de un crimen. El vagabundo se encogió levemente de hombros dándose por desentendido.

- Solo paseaba, ¿acaso esta mal, en un día tan esplendoroso?

Esplendoroso, ya. La verdad el día estaba hermoso hasta que reapareciste ante mis ojos grandísimo idiota… - pensaba el menor echando chispas.

- Bueno si no vas a responder esta bien, será en otra ocasión chaval – dijo finalmente con tono relajado y una fresca sonrisa. Después de unos instantes de silencio el menor se dispuso a hacer lo que su corazón le dictaba hacer.

- ¿Por qué me dejaste con vida?... ¿por qué…?

- ¿Uhm? – la atención de Tiki fue captada inmediatamente, más por el timbre de voz del peliblanco que por la misma pregunta.

- No lo comprendo… llevo meses preguntándome porque… no lo comprendo… ¡y te exijo que me lo explique ahora! – sentenció, más que una petición era una orden.

Sin embargo, a diferencia del rostro compungido del pequeño y sus palabras desesperadas por salir del hoyo en el cual las enterró. Tyki sonreía con sencilla jovialidad, para nada afectado con las reacciones del niño. Este se acerco.

- Yo también tome una decisión ¿recuerdas?... efectivamente, dije que iba a tomar tu vida, pero, nunca dije que fuera "esa noche" el momento en que lo haría – sonrió complacido con la impresión del chico ante esas palabras que sonaban tan tranquilas en la boca del moreno – mucho antes dije que te acabaría a mi ritmo, chaval…

Allen quedo sin aliento, con la mente en blanco. No lo vio situarse junto a él colocándolo sin brusquedad contra el muro de ladrillos, apegando su cuerpo contra el de él, acercando sus labios peligrosamente a los suyos mientras la punta de sus dedos tocaba estos con suavidad, delineando su contorno y haciéndole perder la noción. Su respiración se entrecorto, por un momento dejo de sentir el aire entrar en sus pulmones. Los lentes se deslizaron por la perfilada nariz del moreno, dejando entrever sus ojos castaños brillando con intensidad.

- ¿Lo comprendes?

- No… - su voz era un murmullo jadeante, embriagado por el aliento del mayor que no dejaba de aturdirle, poco a poco fue tomando autocontrol para proseguir – la verdad… - una leve sonrisa se curvo en su rostro de póker, a lo que Tyki entorno los ojos de la sorpresa – yo también… decidí algo…

Las cosas cambiaron de lugar tan rápido para Tyki que apenas pudo comprender lo que acontecía. El chico aprovecho su confiada postura y la distracción del momento, para tomar con la mano de la inocencia (curiosamente la mano donde guarda una gran fuerza física) las muñecas del mayor y atarlas en un rápido y resistente nudo. Luego fue traspuesto con la espalda contra el muro (tal cual como al menor), frente al chico quien esta vez era el que arrinconaba.

Aquello no le hacía ni una pizca de gracia al Noé del placer, quien fruncía el entrecejo obstinado apenas notando que con el movimiento sus lentes había caído al suelo. Intento traspasar sus ataduras pero fue en vano, la sangre de la inocencia se negaba a liberarlo. Su rabia fue escasa ya que inmediatamente fue sustituida por una chispa de incertidumbre ¿Qué iba a hacer el muchacho con él ahora? ¿Qué era esa sonrisa dibujada en su rostro? ¿Tanto se regocijaba por haberle tendido una trampa?... curiosamente… una trampa justamente dentro de su propia trampa… maldición ¡el chico lo tenía planeado desde un comienzo!

El niño poso ambas manos en las mejillas del moreno, no sin antes reclinarse en el cuerpo del mayor tal cual como lo había hecho hace unos segundos. Sintió su piel estremecerse minúsculamente con el contacto que el menor le brindaba… cálido, reconfortante, con cierto aire de sensualidad. Hermoso, era de admitir que parecía un ángel el que lo aprisionaba y no el demonio blanco como lo catalogo hace mucho. El brillo de los ojos de Allen cegaban sus pupilas, obligándolo a perderse en ellas por primera vez… por primera vez Tyki sentía eso que dicen de… ¿miedo a caer?

Caer en la cuenta de lo que de antemano sabía.

Sabes que así como el amor por algo llena, destruye.

Entonces es en ese punto donde tu mano asesina opta por el placer de la sangre.

Y acabas con lo que amas…

Por miedo a ser destruido… por el amor de esos humanos…

Eso ya lo sabía. Desde esa noche lo supo, mientras observaba como el niño moría en la tormenta.

Empieza a sentir algo muy cálido, reconfortante, delicioso. Una sutil caricia tan tierna y delicada como un copo de nieve rozando su mejilla. Le desgarra en sus adentros y se deja matar, solo por esta vez.

Allen le besa como nunca fue besado, con la inocencia de un niño que da su primer regalo con la mejor de las intenciones… esa era la diferencia. Los labios del albino apenas se mueven en los suyos, degusta lentamente de ese calor que solo él puede brindarle. Poco a poco el le corresponde adaptándose a ese ritmo tan frágil, le cuesta al inicio pero va acoplándose como una hábil pareja de baile en un vals. Cierra los ojos y deja de mirar su rostro por unos momentos.

Y poco después se entrega al vacío.

--

El chico solo tardo dos horas y media en regresar, menos de lo que todos se esperaron. Amablemente deposito en la mesa la diminuta bolsa con los condimentos, pero no fue eso lo que alegro el semblante de Jerry al ver que el chico regresaba. Notaba en su rostro que su pequeño plan de despeja había funcionado.

La sonrisa del menor ya no era tan forzada.

- Buen trabajo Allen kun, ¡muchísimas graaaacias! – Exclamó encantado – parece que el aire fresco de la ciudad te hizo bien ¿eh?

- Pues si, e de admitir que si Jerry san, jeje – agrego sonriente – ne, muchas gracias, la verdad… tiene razón… necesitaba aire fresco.

- Si, lo sé muchacho. Cuando quieras te aviso para otro encarguito ¿vale? – inquirió a modo cómplice.

- Si – asintió.

La noche que Allen paso fue menos agitada que las anteriores, esa vez solo soñó con palabras y escenas cortas de aquella mañana. Era como revivir por última vez el episodio final de un libro para después cerrarlo y guardarlo en su memoria.

El hecho era que no hubo pesadillas ni desvelos.

Pudo dormir por primera vez en tanto tiempo, con una sonrisa en el rostro. Bajo la satisfacción de haber decidido por él, por sí mismo.

--

Sea lo que fuese que el milenario le decía, no lo escuchaba ni un ápice. Lo único que pudo entender era que se trataba de otro trabajo.

Colgó el auricular, se dio la vuelta para disculparse con sus amigos por abandonarlos en mitad de un viaje, le tendió un nuevo botón al pequeño Ezze color plata que rezaba en el dorso: Lenalee Lee.

- ¿Regresaras verdad?

- Naturalmente, cuenta con eso.

Después la corrida efusiva hasta que ya no puedan verle cambiar.

Ya era hábito.

Tras unos árboles su lado negro reapareció ante los ojos del Conde quien amablemente le tendía el sombrero de copa alta. Lo atrapo en el aire para colocarlo sobre su cabeza, siempre elegante.

Todo eso no era más que un par de acciones y reacciones producto de la costumbre. La mente de Tyki se hallaba muy lejos desde hacía unos días. En aquellas palabras.

Pase lo que pase… mi deber es proteger a los akuma y humanos, por igual

Y eso te incluye…

Juro que salvaré tu alma, te sacare de esta guerra Tyki.

- Va a salvarme… suena molestamente irónico.

Suspira y se interna en lo profundo del bosque dando pasos cortos y pasirmoniosos.

Llego la hora de trabajar.


Lo termine wiwiwiwiwiwiiiiii - ¡¡ALELUYA!!T0T

Fue tan lindo tan x33 awww a mi me gusto ¬/¬ me enamoré de este fic. Bueno más bien de la pareja ya que de Tyki eso viene de antes ¬¬

Muchas gracias a todos de nuevo. Próximamente me estarán leyendo, tengo otro proyecto más largo y prometedor. También un TykixAllen PEro con otras parejas o mejor dichos insinuaciones que pueden llegar a ser más sólidas si la trama así lo dicta.

Se les quiere, besos y abrazos.

Bye bee

Et in Arcadia ego - The rise of clown -.

Su memoria esta en los besos que recibió...

En sus labios él vivirá...

... y en su olvido él morirá.