Protagonista: Lavender Brown

Libro: Harry Potter y el Principe Mestizo

Curso: sexto año

Quisiera ser ella

—Lavender, ¿puedes dejar ese cuaderno de una buena vez? Llevas encerrada aquí toda la tarde; los profesores se van a dar cuenta de que no te quedaste estudiando en la biblioteca...

Pero la rubia apenas levantó la mirada hacia su mejor amiga. Parvaty estaba preocupada, sí, pero ella no la entendía. De hecho, no creía que nadie pudiera hacerlo. Todos creían que sus sentimientos se habían esfumado, que se habían desvanecido en el aire en el preciso instante en que los vio, a su novio y a su "mejor amiga" bajar juntos por las escaleras. Pero no había sido así... Sus verdaderas dolencias se encondían bajo esa máscara de felicidad y desinterés infinito, haciendo creer a los demás que Ron ya no era nadie en su vida... pero no era verdad. A ella misma no podía mentirse, menos a su única y condescendiente mejor amiga.

—Enseguida bajo, ¿me esperas en la sala común?

La morena no hizo más que asentir con la cabeza, y —aunque de muy mala gana— se retiró de la habitación dejándola nuevamente con su anotador, el único medio de salida que tenía, la única vía de escape. A través de él, expandía sus sentimientos plenamente, sin necesidad de ocultar... sin necesidad de fingir.

Releyó cuidadosamente las líneas escritas momentos atrás, después de regresar de la biblioteca.

Otra vez me sorprendo
Mirándote a ti.
Sé que no debo,
Mas si no te miro, creo morir.

Quiero mirarte,
Mas no me debes ver.
No puedes imaginarte
Cuanto duele el querer.

Sé que si te miro
Voy a sufrir mucho más,
Pues, amor mío,
A ella no dejas de buscar.

Entiendo que la quieres,
Comprendo tu amor.
Pero lo que duele es que no entiendes
Que al verlos me arde el corazón.

Quisiera ser ella.

Aún sabiendo que hace daño,
Yo te miro sin parar
Pues, pelirrojo de mis sueños,
Tu nunca me has de mirar.

Tus amigos si me ven,
Y se ríen a escondidas
Me miran con desdén,
Y en las clases me vigilan.

¿Cuándo el amar
se convirtió en ofensa?
¿Cuándo, por mirar,
todos atacan tus defensas?

Y tú, sin darte cuenta,
Haces tus deberes y atiendes.
Al fin y al cabo, ¿qué importa
Una chica a la que no quieres?

Quisiera ser ella.

Una lágrima recorrió su mejilla, pero la dejó expanderse, libremente, sin contenerla. Allí podía estar tranquila. No había nadie más en la habitación; Hermione aún no había regresado... Hermione seguramente seguiría en la biblioteca, y él, Ronald Weasley, seguramente seguiría a su lado, mirándola con el amor desbordándole el alma.

N/A: Ojalá les guste, gracias infinitas a mi Betty por la ayuda que me prestaste a pesar de estar super ocupada.