Hola a todos. Bienvenidos al capítulo final de mi fic más largo y querido.

No les diré muchas cosas salvo que ha significado mucho para mí el que hayan leído esta historia hasta hoy. Muchas gracias a las 169 personas que tienen esta historia en sus favoritos y a las 157 que la tienen en sus alertas (por lo cual me espero por lo menos 157 reviews XD).

Debo agradecer también a personitas especiales que me llevan leyendo desde hace mucho como beautyfly92, Dark Layom, Jos Black y otras que ahora olvido y por los que le pido perdón. Muchas gracias a Todas!

Infinitas gracias les doy a Irene Garza (apoyo incondicional), Karix7 (éxitos con tu tesis), y Andreaeb182 (Gracias por la super idea!), sin ellas no hubiese podido salir de este atolladero que llamo final.

Debo decir que me da mucha nostalgia terminar este primer long fic y les quiero decir con todo el corazón: Gracias a todos de verdad…y por último, escribiré un pequeño epílogo para cerrar todo lo que dejé un poco abierto :P Así que: ESPÉRENLO!

Besos

Londony

Disclaimer:Harry Potter, sus Personajes, Lugares y todo lo demás son una marca registrada de nuestra querida J.K Rowling y de Warner Bros


27

SIN DISCRECIÓN

PARTE II

Un par de claros y soñadores ojos azules le escrudiñaban intimidándolo un poco. Ella le sonrió tranquila y procedió a hablar disfrutando en secreto su cara de desconcierto:

-¿Qué planeas, Theodore?

-Yo… nada-el muchacho sonrió confiado pero Luna lo hizo aun más. Theo tragó en seco y suspiró-. Vale, vale. Te lo contaré, pero vamos a otro lugar.

Era cerca del mediodía y ambos chicos acababan de entrar al aula vacía de Historia de la Magia, Theodore no había podido evitar que Luna le convenciese de revelarle sus planes con detalle por lo que ahora, apoyado en el escritorio que el profesor Binns estaba incapacitado para utilizar desde hacía muchísimos años, miró a su novia que le observaba tranquilamente de pie frente a él.

-¿Y bien?-dijo ella sin quitarle la vista de encima. Él, sin embargo, apartó sus ojos de los de ella. Y es que no era para menos, desearía poder estar haciendo mil cosas diferentes con Luna que comenzar a hablar acerca de las vicisitudes amorosas y públicamente conocidas de Draco y Granger.

De hecho, si lo pensaba seriamente, desde que había comenzado su relación con ella habían sido muy pocas las veces que habían hecho cosas de parejas, y cuando se refería a cosas de pareja no era precisamente sentarse a la orilla del lago luego de que terminaran las clases.

Luna le fascinaba, todo en ella lograba llamarle poderosamente la atención y no pudo haber un momento más feliz en su vida que aquel cuando logró convencerla de darle una oportunidad.

Pero ahora… ¡Ahora estaba demasiado ocupado trabajando como Doctor Corazón para aquel par de idiotas! ¡Ahora cuando finalmente estaba con ella no podía disfrutar su relación por los absurdos castigos que imponía el loco del director!

Suspiró abatido mientras Luna se le acercaba un tanto preocupada:

-¿Está todo bien?-él, aun sumido en su retahíla mental en contra de aquellos que le habían arrebatado su pacífica vida, no le respondió nada ni se percató de su cercana presencia-. Oye, Theodore ¿Te encuentras bien?

Alzó su vista muy despacio, como despertando de un sueño largo, y se encontró con sus ojos claros mirándole de cerca, había tan poca distancia entre ellos que podía sentir su cálida respiración golpearle con delicadeza el rostro y sus narices rozarse un poco. Se inclinó hasta ella logrando que sus labios se unieran y cerró los ojos tratando de disfrutar al máximo aquel inocente roce.

Lento, suave, pausado. Así eran sus besos con Luna, en los que se dedicaba a degustarla y a imaginar cómo sería poder mover sus labios hasta su cuello y probar la suave piel de su clavícula. Llevó sus manos hasta su pequeño cuerpo, logrando que se estremeciera un poco, pero aun así se acercó segura y se dejó rodear por el abrazo del Slytherin que comenzaba a aumentar la pasión del momento.

Theo sintió como sus poros se erizaron al sentir el suave contacto de las manos de Luna cerca de su nuca mientras dejaba que él profundizara su beso tanto como quería. Movió demasiado despacio sus manos por la espalda de la chica que se permitió soltar un muy pequeño suspiro que logró confirmarle que aquello le gustaba. Se separó tan sólo un par de centímetros de ella y la pudo observar: aun tenía los ojos cerrados y las mejillas sonrosadas.

No había otro momento, no podría esperar más que un solo segundo para comenzar a conocer la piel de su Luna. Hizo que se voltearan suavemente para apoyarla en el escritorio, cosa que logró que ella abriera los ojos y le mirara a la vez que él le devolvía media sonrisa que la hizo sonrojar aun más. Se acercó nuevamente a ella pero sus labios se movieron directamente a su cuello tomándola por sorpresa y haciendo que sus grandes ojos azules se abrieran en su totalidad antes de dejar escapar algo parecido a un gemido, porque Luna nunca había experimentado nada parecido a ello.

Sentía como los labios de Theo se movían lentamente marcando besos en su cuerpo y logrando que buscara apoyo en la mesa tras ella. Por los Snorkacks y todos sus cuernos arrugados, estaba segura que ningún trance ocasionado por Skirles subacuáticos podía siquiera compararse a lo que ella estaba sintiendo en ese momento.

-Theo…-escapó de sus labios antes de siquiera proponérselo. Él levantó su cabeza y le dedicó por unos instantes una mirada encendida que ella nunca le había visto antes.

-Dime, Luna-susurró él escondiendo ahora su cara entre el cuello y la cabeza de su novia, logrando que su aliento le acariciara con suavidad.

-No creas que besándome vas a hacer que olvide que me tienes que contar que es lo que estás tramando.

Él sonrió ligeramente por encima de la piel de su cuello y se permitió ir dejando suaves besos en su recorrido hasta las mejillas de Luna que se estremecía con cada toque y agarraba cada vez más fuerte la mesa donde se apoyaba. Ella rehuyó de su mirada y él, sonriendo mitad malvado y mitad divertido, la tomó por el mentón y se acercó a ella hasta que le dejó un último y apasionado beso que hizo flaquear las piernas de la Ravenclaw, que lo único que podía hacer era acariciar con algo de torpeza y ansiedad el cabello de Theo.

-Tal vez no puedo hacer que lo olvides…-murmuró dejando un pequeño beso en la punta de su nariz y dando unos cuantos pasos hacia atrás-. Pero al menos puedo intentarlo…

Luna sonrió ante aquello y de un brinquito se sentó en la mesa del profesor Binns balanceando sus pies en el borde como una niña pequeña. Movió su cabeza a un lado, logrando que sus aretes de rábanos se menearan al compás, y le sonrió enigmática a Theodore, que comenzaba a acercarse nuevamente, mientras sus dedos se movían alrededor del dije que siempre guindaba de su cuello.

-Estoy esperando, Theo-dijo inclinándose un poco hacia adelante esperando por una respuesta. Sin embargo, Theodore no pudo reprimir una leve carcajada ocasionada por lo que veía: Sí, era ella. Era Lovegood. Ni más ni menos que Lunática Lovegood. Era esa chica rubia un poco despeinada, de grandes y saltones ojos azules, con amuletos contra nargles, rábanos por aretes y todo un zoológico imaginario atrás de ella. Pero era justo ella la mujer de la que había decidido enamorarse, y en ese momento sólo estaba seguro de una única cosa: No se había equivocado, Luna había sido la mejor elección de su vida. No había duda de ello-. ¿Sabes? Me podrías contar el chiste y así nos reiríamos los dos-comentó ella comenzando a mirar por la ventana del aula al momento que Theo, secándose unas cuantas lágrimas que se le habían escapado de tanto reír, se acercó a ella, apoyó sus manos sobre la mesa rodeándola y dejando sus piernas atrapadas por sus brazos, se inclinó un poco y sonrió confiado taladrándola con una mirada verde y clara.

-Claro, el chiste es de dos payasos: uno se llamaba Malfoy y el otro Granger, y trata de cómo ayudé a ese par de tontos a salir de sus problemas sólo porque gracias a ellos pude finalmente conseguir a la mujer de mi vida…-Luna le miró con sorpresa y observó como Theodore se alzaba de hombros y le guiñaba un ojo-. Sé que te gustará la historia, aparecen algunos nargles y una cría de Snorkack de cuerno arrugado…


Caminaba apresurada por los pasillos desolados y con el estómago pidiéndole comida. Eso es lo que se llama estar en el momento equivocado en el lugar equivocado, pues si no se hubiese cruzado con Luna y Nott, éste último no le hubiese pedido que le llevara ese recado urgente a la enfermera y que le recogiera un "pequeño e insignificante paquete" que ésta le tenía.

Bufó desesperada mientras trataba de recordar porque había aceptado hacerle un favor a un Slytherin altanero y sarcástico, entonces supo que era porque Luna, muy especialmente, se lo había pedido y le había dicho que ellos dos tenían algo muy importante que hacer.

Sí, lo había hecho por Luna y porque desde que la conocía, era la primera vez que la había visto más interesada en un humano que en un bicho mágico, y ese era un logro obtenido 100% por Theodore Nott.

Ginny empujó suavemente la puerta de la enfermería y entró al desierto lugar llamando a Madame Pomfrey que nunca contestó. Caminó por entre las camas tendidas perfectamente con sábanas blancas y resopló al imaginar que, como es común, la enfermera debió haber ido al comedor por su almuerzo.

Dio una patada fuertemente sobre el piso y se giró furiosa hacia la puerta por haber perdido de semejante manera su valioso tiempo, por lo que su largo y brillante cabello rojizo se meció como una cortina. En ese momento fue cuando lo escuchó:

-Ay…Ay…-Ginny se detuvo al escuchar el bajo gemido y trató de identificar de donde venía-…Ay…Ay…Malditas plantas escurridizas…-Alzó una ceja un tanto desconcertada y se comenzó a acercar a paso lento y con cuidado hasta una de las camas más alejadas de la entrada-. ¡Jamás volveré a entrar a esa clase! ¡Jamás como que me llamo…!

-Blaise Zabini…-murmuró la pelirroja luego de haber corrido la cortina y observando un poco divertida al Slytherin en calzoncillos acostado en la cama blanca y lleno de un ungüento que lucía pegajoso y poco agradable.

Él la miró lo más dignamente que su triste condición le permitió y comenzó a sentarse en la cama mientras Ginny comenzaba a hacer esfuerzos para contener la risa. A Blaise no le gustó para nada aquello por lo que afiló la lengua y soltó:

-¿Qué es tan gracioso, Weasley?-ella sólo lo miró un instante más y soltó la carcajada que había luchado por contener.

-¡¿Fue que te caíste en un tanque lleno de excremento de dragón?!-soltó entre risas mientras se apoyaba en la cama-¡¿O acaso preferiste tomas un baño de lodo para hidratar tu piel?!

El muchacho se sintió profundamente indignado, por lo que ignorando las burlas de aquella Gryffindor-brutalmente sexy Gryffindor si le pedían su opinión- la miró fijamente y dijo con malicia:

-Procura dejar de reírte si valoras tu integridad, Weasley. Además, ¿Se puede saber que haces por estos lares tan solitarios?-Ginny se dejó reír unos instantes, cosa que él aprovechó para contraatacar-. ¿Acaso escuchaste el rumor que estaba incapacitado y no pudiste esperar para venir a verme?

-Ese…-enfatizó con odio Ginny-. Es el peor chiste que he escuchado en años.

El chico se permitió sonreír de medio lado al observar el claro disgusto de la pelirroja y el leve sonrojo que decoraba sus mejillas. Fue en ese momento que divisó un sobre de color verde que ella sostenía con su mano derecha. Alzó una ceja pensativo y le preguntó a la chica, mientras se ponía de pie para caminar hacia las duchas de la enfermería:

-¿Qué llevas ahí, Weasley?-dijo a la vez que se acercaba a ella que se puso a la defensiva.

-Nada que te interese, Zabini-escupió cortante-. Y si quieres acercarte a mí, sácate toda esa porquería de encima.

El Slytherin se hizo el de oídos sordos ante esa última aclaración y, tomando una toalla que colgaba de la cabecera de la cama, se acercó aun mas a Ginny que contuvo la respiración mientras él se inclinaba hacia ella para susurrar a milímetros de su cara:

-Para acercarme a ti, no necesito tu permiso, Weasley. Y, por tu propio bienestar, abstente de darme órdenes-su voz sonaba tan cortante como una espada y, luego de darle la espalda se dirigió hasta la puerta que llevaba a los baños-. Una última cosa, ese sobre que traes es para mí, así que no te vayas a mover de ahí.

Y Ginny Weasley, aun sin saber que responder a las agresivas palabras de Blaise Zabini, se quedó en ese lugar obedeciendo la orden que le acababan de dar, sin poder salir de su asombro.

En tanto, Blaise debía tratar de no dejarse escuchar por la Gryffindor desde fuera del baño mientras se carcajeaba. Pudo observar la cara de estupefacción de la chica al oír sus palabras: finalmente había encontrado la forma de dominarla, porque aunque pareciera una leona enjaulada e indomable, al parecer sólo debía tratarla con dureza. Jamás hubiese pensado que Weasley era ese tipo de chicas.

Tomó sus ropas, luego de darse una ducha- bueno, múltiples duchas-para quitarse el ungüento que Madame Pomfrey colocó para sanar las heridas ocasionadas por aquella planta endemoniada en clase de Herbología. No estaba seguro si aun podía renunciar a esa clase.

Suspiró terminando de secar su cabello y se acercó hasta Ginny que lo esperaba sentada en una de las camas tendidas. Le observó sumisa, casi indefensa, por lo que sonrió auto complacido. Dio un par de pasos más convencido de que podía dar su estocada final, cuando ella alzó la vista y su mirada lo congeló de puro y físico pavor:

-Zabini…-siseó en tono amenazador mientras se ponía de pie y le apuntaba peligrosamente con su dedo en el pecho haciéndole retroceder-. No sé quién rayos te crees para hablarme así, pero te informo que la próxima vez que siquiera lo intentes, cuando abras los ojos luego de parpadear, te encontrarás colgado de tus pelotas en una de las ramas del Sauce Boxeador… Así que, cuida tu lengua, pequeña serpiente, cuida tu lengua.

Bueno, tal vez no era muy acertada esa idea acerca de la sumisión de Ginny Weasley.

La chica se regodeó mentalmente por el triunfo recientemente obtenido, pues de otra forma pagaría muy caro esa demostración de debilidad de un rato antes. Sonrió confiada y malvadamente para luego esperar lo que el moreno Slytherin tenía que decir… Pero al parecer no tenía nada que decir.

La chica se giró coquetamente, haciendo que su cabello se meciera, y sin despedirse se giró a la puerta aun sonriendo por la cara de escreguto con estreñimiento que tenía Blaise en su cara.

-Espera…-escuchó mientras una mano se cerraba en torno a su muñeca para no dejarla ir. Se giró hecha una furia y exclamó:

-¡Pensé que no sería necesario aclararlo, pero la amenaza también incluía cualquier clase de contacto físico!

-No seas ridícula, Weasley. Te llevas algo que es mío-él miró el sobre y ella negó con la cabeza:

-Nott dijo que era para Madame Pomfrey…-alzó una ceja burlona y terminó-. Y al menos que hayas tenido una cátedra personalizada con McGonagall de hechizos transfiguradores, dudo que esa seas tú.

-Veo que tienes un pésimo sentido del humor…-comentó casualmente arrancando el sobre de las manos de la pelirroja que sacó su varita para apuntarle-. Y también noto que al parecer los no sabes leer porque mi nombre está escrito justo ahí.

Y diciendo eso, le enseñó a Ginny la parte trasera del papel verde donde se leía con una letra bastante estilizada el nombre de Blaise Zabini. La chica miró la hoja por un par de segundos, y a pesar que intentó evitarlo, no pudo dejar de sentirse algo tonta. Se guardó la varita murmurando cualquier cosa por lo bajo y siguió con la mirada el delicado movimiento con el que el chico removió el sello del sobre.

Bastó eso para que el papel se desdoblara mágicamente y tomara forma de boca, al igual que un vociferador, pero en lugar de sonar como un parlante mal sintonizado y a todo volumen, la voz de Theodore Nott se dejó escuchar, tranquila y calmada como siempre.

-Blaise, Weasley. Debo comentarles algo de suma importancia. Creo que saben que Draco y Granger deben estar en las cocinas en este momento y, también, que Pansy y Potter le entregaron el Veritaserum a Dobby para que éste se los hiciera beber de alguna forma. Bien, hasta hace poco creí que era la solución a nuestros problemas y la salida a nuestro castigo; pero McMillan ha hablado con el director hace unos minutos y este le ha dicho que el uso de pociones tan poderosas como el Suero de la Verdad está prohibido en el recinto escolar y éste es sancionado por el colegio y por el Ministerio. Bueno, creo que me he extendido un poco-la voz de Nott sonó indudablemente burlona-. Ahora, dada su baja participación en el plan les confirmo que deben correr como si su vida dependiera de ello, porque de hecho depende de ello, hasta las cocinas y eviten que ese par de tontos se tome esa poción… Si no logran evitarlo, todos estaremos en problemas, muy graves problemas.

Blaise y Ginny se miraron unos segundos antes de comprender el mensaje que acababan de recibir: ¡¿Cómo es que de un tonto castigo, las cosas se iban a convertir en un problema legal?!

Apenas reaccionaron se dieron cuenta que no había tiempo que perder, por eso antes de notar como la carta se carbonizaba frente a ellos emprendieron una carrera contra el reloj hacia los sótanos, tal vez así tendrían la oportunidad de hacer que las cosas no se pusieran peor de lo que ya estaban.


Luna observó fijamente el rostro de Theodore luego de haber escuchado ciertas trazas escalofriantes de su plan, sus claros ojos azules evaluaban la astucia de su novio Slytherin y finalmente se decidió por otorgarle un 100 sobre 100.

Se bajó del escritorio donde había estado sentada y le dijo, comenzado a mirar por la ventana el cielo algo nublado:

-No creo que eso haya sido muy honesto de tu parte-Theo alzó una ceja desconcertado y contestó a aquel reproche:

-Lo sé, pero si no hubiese sido de esa manera, estaríamos castigados hasta el día en que terminemos Hogwarts.

-En todo caso, y pase lo que pase, sé que tendrás presente en algún lugar de tu conciencia que las consecuencias de todo lo suceda hoy, correrán por cuenta tuya. Es decir: tendrás la culpa.

El chico pelinegro se indignó profundamente por aquellas palabras y comenzó a recriminarle:

-¿Sí?-soltó irónico-. ¿Acaso crees que es muy fácil conseguir Veritaserum estos días? Para tu información, no es sencillo robarla al profesor Snape. Y no basta con enviar una lechuza membreteada con el sello del Ministerio para que envíen una dosis doble de Suero de la Verdad a la escuela…-Luna abrió la boca para interrumpir pero él se le adelantó-. Y no me salgas con ninguna historia de la Conspiración de Warlock o Chalock, o como sea, porque eso no es para nada relevante en este momento.

Luna se quedó callada, mirando el rostro algo ofuscado de Theo que se había cruzado de brazos y la observaba con enojo. Si bien todo lo que había planeado era una completa locura-y luego decían que ella era la Lunática-, existía una pequeña posibilidad de que las cosas salieran bien, porque ella conocía a Hermione tan bien como Theodore conocía a Malfoy, y ambos tenía gran certeza sobre la torpeza de aquel par.

La Ravenclaw meditó las cosas un momento y se dedicó a confiar, a creer que esa pesadilla rosa que se vivía en Hogwarts iba a terminar ese día. Le sonrió con cariño a Theodore, que ablandó su expresión al instante, y poniéndole una mano sobre la mejilla, le acarició suavemente para decirle:

-Creo que tal vez puede que todo salga bien. Supongo que ya es hora que Hermione y Malfoy terminen con ese jueguito que tiene convertida a la escuela en un caldero hirviente de hormonas-la chica se detuvo a pensar un momento y prosiguió-Esa relación es tan problemática como el ritual de apareamiento de los Knattes Asiáticos-Theodore se permitió sonreír ligeramente sintiéndose otra vez feliz. Fue en ese momento cuando Luna prosiguió-. Y hablando de apareamiento… ¿Sabías que los investigadores del Concilio Mágico-Animal de Alaska descubrieron que los Sherkcles Rosados solo pueden ser vistos mientras los observadores están teniendo sexo?-Luna le miró como si acabara de decir la cosa más natural del mundo y terminó mientras un anonadado Theo no podía salir de su asombro-. Creo que estoy comenzando a interesarme en el estudio de esa especie…Pero creo que necesitaré de tu ayuda…-la chica se alejó de él dando brinquitos hacia la puerta mientras su largo cabello rubio se mecía de una lado para otro-¿Vienes? ¡Habrá un espectáculo grandioso en el Gran Salón!

Theodore, luego de reaccionar y digerir el mensaje de Luna, corrió hacia ella y le dio un fuerte abrazo por detrás sabiéndose el hombre más afortunado del mundo. Besó su mejilla y tras enlazar sus manos se permitió sonreír confiado: Su plan era a prueba de fallos, pues luego que Weasley y Blaise les gritaran a Draco y Granger que acababan de ingerir Veritaserum (porque estaba seguro de que lo harían), estos dos últimos desesperados (conocidos ampliamente por su falta de tacto, prudencia y discreción) no serían capaces de distinguir entre los verdaderos efectos de la poción aprendidos en clase y las inexistentes secuelas de las gotas de agua que Dobby añadió a su chocolate.

Bueno, aun cabía la posibilidad de que todo pudiese salir mal… No, imposible: Draco Malfoy y Hermione Granger eran un par de tontos.


Frente a un oleo pintado de frutas, Ginny y Blaise se detuvieron sin ni siquiera tomarse un segundo para recuperar el aire perdido por la carrera desde la Enfermería hasta los sótanos. Se miraron a las caras, pensando que podrían no haber llegado a tiempo, y a la vez le hicieron cosquillas a la pera que, luego de retorcerse un rato de la risa, les dejó pasar a las cocinas.

Entraron intempestivamente al lugar, tropezándose en la puerta angosta y redonda, y cayendo uno encima del otro aparatosamente ante la mirada impávida de las únicas tres almas que estaban en ese lugar.

Ginny se paró de un brinco, ignorando el quejido de un adolorido Blaise que aun no se recuperaba del todo de sus heridas, y se acercó rápidamente a donde estaba su amiga junto a Draco Malfoy.

-¡Hermione!-exclamó frenando su carrera justo junto a Dobby que sostenía entre sus manos una bandeja con dos tazas de humeante y espeso chocolate-. ¡Gracias a Merlín que no hemos llegado tarde!-entonces señaló a Dobby y terminó- ¡No pruebes esa cosa!

La chica alzó una ceja desconcertada y abrió la boca para hablar cuando Zabini se acercó al grupo y le dijo amenazante al elfo:

-Llévate eso de aquí inmediatamente-la pobre criatura asintió asustada y tuvo intenciones de irse inmediatamente pero un reclamo de Draco llegó hasta sus oídos.

-¡¿Será que primero podrían decirme qué hacen ustedes dos aquí?!-exclamó perdiendo la paciencia y poniéndose de pie de un salto.

Ya Draco había tenido bastante. Primero, Blaise y la comadrejita llegan corriendo y armando un alboroto terrible en las cocinas donde se suponía que debía estar solo con Granger. Sin embargo, interrumpir era algo que les podía perdonar puesto que ya Dobby lo había hecho antes…Pero que luego se atrevan a decirle al elfo que se lleve el chocolate caliente que justo acababa de preparar para él era una cosa muy diferente: ¡La cosas eran entre él y su chocolate caliente! ¡Nadie tenía derecho a interponerse entre él y una humeante, dulce, caliente y espumosa taza de chocolate recién hecho sólo para él!

-Mi amigo, creo que debes calmarte-murmuró Blaise claramente incómodo ante la actitud de Draco, que era la misma de cada vez que había chocolate de por medio-. Te estamos haciendo un favor aunque no lo creas.

Las piernas del elfo comenzaron a temblar inexplicablemente, previendo lo peor. Hermione notó extrañada la actitud del par de chicos por lo que, poniéndose de pie junto a Draco, le pregunto a Ginny enarcando una ceja:

-¿Podrías por favor explicarme qué está pasando aquí, Ginevra?-su voz sonaba amenazante por lo que la pelirroja se permitió dudar al escoger por qué lugar de la complicada historia comenzar.

-Verás…-soltó una risilla nerviosa que sólo hizo que aumentara la sospecha en la castaña que puso los brazos en jarra-. Nott nos envió aquí para que evitáramos que tomaran ese chocolate…

-¿De qué rayos están hablando?-soltó Draco confundido-. ¿Nott? ¿Qué tiene que ver mi chocolate con Theodore?

-En todo caso, si lo que querían era que evitar que bebiéramos el chocolate, creo que no importa porque…

-¡Esto es realmente importante!-gritó Blaise desesperado sacando su varita y apuntando en dirección a Dobby que tembló como una gelatina - ¡No quiero que me expulsen! ¡Así que escuchen con atención! ¡No deben tomarlo y punto! ¡Órdenes del director!

-¿Dumbledore?-dijo Hermione confundida.

-Sí, Granger. A menos que conozcas otro director-respondió con sarcasmo poniendo los ojos en blanco.

-¡Yo no entiendo nada!-exclamó Draco mientras Blaise trataba de recordar el nombre de ese hechizo…-¡No me interesa saber que tienen que ver Nott y Dumbledore con todo esto, porque lo único evidente es que no afecta en nada que yo tome o deje de tomar mi chocolate! ¡Igual nosotros ya…!

-¡Cállate, Malfoy, por amor a Merlín!-exclamó Ginny desesperada-¡Y tú date prisa, Zabini!

-Como diga su majestad Comadreja…-murmuró para luego exclamar-¡Evanesco!

Y así, sin más las tazas, las bandejas y el chocolate desparecieron de las manos de un perplejo Dobby con los ojos llenos de lágrimas que trataba de pronunciar algo pero no lograba decir nada.

-¡¿Qué has hecho?!-gritó Draco como si acabasen de quitarle una parte de su alma-¡Mi chocolate!

-Deja el drama, Hurón Botador…-comentó Ginny rodando los ojos-. Ya Dobby podrá hacerte otro poco.

-¡Precisamente es eso!-dijo Draco acercándose furioso hasta la pelirroja- ¡Esa era nuestra segunda taza!

Blaise y Ginny se miraron por segundos antes de gritar al unísono un ¡NO! Que pudo haber hecho temblar el castillo. Retrocedieron asustados y sorprendidos a la vez Dobby no sabía dónde meterse en medio de tanta confusión y porque tenía el presentimiento que pudo haber empeorado la situación.

-¡¿No qué?!-exclamó Hermione finalmente perdiendo los estribos, a la tiempo que Draco los amenazó una última vez. Ginny desesperada, le sonrió con una mueca descompuesta a Hermione, que inconscientemente se acercó a Draco.

-Creo… Creo que sería mejor que ambos se sentaran… y no salieran de aquí en un buen rato…


Harry Potter se dirigía a paso lento hacia el Gran Salón, no tenía prisa en absoluto pero sí una gran y bobalicona sonrisa pintada en su rostro. Se reprendió a sí mismo pero no pudo hacer mucho por quitarla de ahí, porque antes de habérselo propuesto Pansy Parkinson había entrado a su vida de manera violenta y al parecer no tenía intenciones de retirarse pronto.

Acomodó un poco sus lentes al llegar al vestíbulo y se dio de frente con el bullicio habitual del comedor. Entró ignorando algunas miradas posadas sobre él y se dirigió hasta la mesa de Gryffindor tratando de no escuchar como la pasión de Hermione por los libros se extendía hasta aprender el Kama-Sutra de memoria y que Draco Malfoy utilizaba a su amiga únicamente para averiguar la debilidad del Niño-Que-Vivió y decírsela a su amo.

Se sentó en medio de Ron y Lavender porque estaba demasiado distraído para notar que ambos se encontraban a punto de caramelo. Saludó a su amigo despreocupadamente, ignorado la radiación de odio que emanaba la chica rubia y procedió a tomar un poco de pollo frito y puré de papas.

Harry levantó su vista, la pasó tranquilamente por el lugar buscando rostros familiares en las otras mesas y le pareció extraño que a esas alturas del plan aun no se hubiesen aparecido por el comedor.

Sólo pudo divisar a Ernie, tomando un poco nervioso algo de jugo y a Pansy entrando coqueta al lugar…

Pansy... la chica se veía tan increíblemente inalcanzable y hermosa que nadie hubiese podido adivinar que hasta hace una hora estaba hincada de rodillas y no precisamente rezando. Suspiró atontado pensando que sólo él, ella y Merlín saben qué cosas pasaron en ese nicho pequeño y oscuro…

Pero volviendo a lo importante, y alejando de su mente la imagen de la pelinegra Slytherin, no pudo divisar a Nott ni Luna, tampoco a Zabini y, ahora que lo pensaba, Ginny tampoco estaba por ahí…

Alzó una ceja desconcertado mientras volvía posar los ojos sobre su comida, para escuchar al rato la voz de Ron preguntarle:

-¿Crees que todo va a salir bien?-él miró a su amigo a la vez que Lavender hacía el intento por escuchar lo que este iba a responder a aquella enigmática pregunta que ella no entendió.

-El problema, Ron, es que aun no sabemos qué es lo que tiene que salir bien…Y muchísimo menos que es lo bueno ni que es lo malo-el pelirrojo asintió atribulado-. Creo que en estos momentos sólo resta esperar que hayamos hecho lo correcto…porque sino todos estaremos en graves problemas.


-Ve…ve… ¡VERITASERUM!-exclamó Hermione azorada con ganas de convertir en polvo a las dos figuras que tenía en frente- ¡¿Acaso están locos de remate?! ¡Yo no puedo creer…!

-¡Deja el escándalo, Granger! ¡Esperemos que terminen de decir lo que tienen que decir!

-¡Tú no me das órdenes, pequeño hurón!-dijo mirándole con furia para sorprenderse un instante después y arrepentirse en el acto de lo dicho. Él, a su vez, le vio ofendido y atacó:

-Claro que puedo darte órdenes, el que me pertenezcas me da ese derecho.

-Yo no te pertenezco, Malfoy-terminó ella poniendo énfasis mortal a cada sílaba.

-Yo creo que sí-y añadió malicioso entrecerrando los ojos-. O al menos eso me gritas cuando estás debajo de mí.

Hermione se enrojeció hasta la punta del cabello, mientras que Ginny y Blaise observaban asombrados el espectáculo.

-Cállate, Malfoy-dijo ella apretando sus puños hasta hacerse daño-. No presumas tanto que sé perfectamente que no quieres tener ninguna otra mujer debajo de ti.

El chico abrió sus ojos grises intentando ocultar la sorpresa que sintió al escuchar tal seguridad en las palabras de la chica y antes de poder evitar que su lengua se moviera, soltó:

-Y creo que eso no es algo que te disguste…-dijo cruzándose de brazos sin poder reprimir un ligero sonrojo-. Antes de que me fijara en ti, no eras más que una pelo de escoba comelibros que el colegio ignoraba por completo.

Bien, esa fue la gota que rebosó el caldero.

-¿Ah, sí?-dijo ella avanzando hasta Draco y apuntándole fieramente con un dedo cerca de la cara-. Pues tú no eras más que un patético intento de hombre con fama de calentar mucho y hacer poco.

El rubio se tensó de furia y escupió:

-¡Eso no es cierto!

-¡Claro que lo es! ¡No puedo mentir!

Blaise y Ginny se acercaron un poco, y la pelirroja trató de sonar conciliadora:

-Creo que…deberían bajarle un poco el tono a la conversación. Digo, está tomando rumbos inadecuados que…

-¡Ustedes dos, lárguense de aquí!-gritaron al unísono los dos prefectos mientras los otros dos, temiendo por su vida corrían hasta afuera del lugar, buscando a Nott y a los demás para encontrar una solución a este nuevo problema.

Draco respiró profundo, tratando de no develar demasiadas verdades en lo siguiente que iba a decir. Trató de calmarse un poco y por fin habló:

-Granger, mejor déjenos las cosas así y vamos a encerrarnos cada uno en nuestra habitación hasta que se pasen los efectos de la poción. No quiero discutir contigo.

Hermione, un tanto enternecida por la declaración, se relajó un poco y le respondió alzándose de hombros:

-Me parece bien. Yo tampoco quiero discutir contigo, Malfoy-el chico sonrió confiado y abrió la boca antes de poder evitarlo:

-Exacto. Discutir contigo es perder el polvo que tengo asegurado todas las noches.

Hermione dejó que la furia comenzara a correr por sus venas y se acercó amenazante hasta él que retrocedió inconscientemente al oler el peligro.

-Tú no eres más que una pequeña rata asquerosa y traicionera…-comentó dolida-. Es increíble que después de todo esto sólo me veas como un trozo de carne para satisfacer tus necesidades básicas. Realmente me has decepcionado…-el chico alcanzó a sorprenderse un poco con ese discurso tan extraño por lo que se permitió alzar una ceja desconcertado-. No me dejas más alternativa que contarle a toda la escuela que escondes bajo tu almohada un hermoso, blanco y tierno osito de peluche.

-¡¿Cómo sabes eso?!-fue lo único que atinó a gritar sin poder negar lo que ella acababa de decir. Mientras, Hermione no quería revelar su fuente pero no logró contener su lengua.

-Fue el día que estuvimos en tu habitación. Lo vi por casualidad. No creas que me puse a fisgonear tus cosas.

-¡Claro que lo creo! ¡Y sólo para tu información: debo dormir abrazando algo! ¡Aunque últimamente remplazo a Peluchín con chicas!

Hermione rompió en una carcajada incontenible mientras en su cabeza se repetía el peculiar nombre. Draco, por su parte, tomó una tonalidad rosa en sus mejillas y nariz por la vergüenza: ni siquiera su madre sabía nada acerca de Peluchín.

-¡Oh vamos! ¡Después que Harry y Ron se enteren de esto, se reirán de ti por lo que te resta de vida!

-¿Les piensas contar?-exclamó indignado-. Y yo que guardé como mi secreto personal todo lo que me dijo tu personalidad de dominatriz sexy y matadora. Bueno, creo que el mundo debe saberlo, todos merecen conocer esa agresiva faceta tuya…

-¡Eso no es cierto! ¡Estaba bajo la influencia de un hechizo…!-Draco negó con la cabeza mientras se regodeaba por dentro por la pequeña victoria. Hermione pateó fuertemente el suelo, roja hasta las orejas e indignada como nunca, sólo para hacer una declaración que dejó a Draco Malfoy de una sola pieza-. ¡Eres ruin, Malfoy! ¡Siempre lo he sabido! ¡Y sin embargo no pude evitar comenzar a quererte! ¡Pero es que cómo voy a impedirlo si tienes detalles como ese del libro…!-Draco abrió sus ojos grises sorprendido y retrocedió un paso-. ¡Dime cómo evito querer besarte y golpearte a la vez si me regalas la primera edición de un libro histórico que puede llegar a costar millones de galeones!

Draco Malfoy sabía que los magos, en sí, son una fuente de magia. Y, sobretodo él, tenía muy claro que cada mililitro de sangre que corría por sus venas era de una pureza absoluta y un linaje exquisito. Es por ello que estaba consciente, que así como se podía luchar contra la maldición Imperio, debía existir una forma de luchar contra la maldita poción suelta-lenguas, también conocida como Veritaserum. Maldijo a Theodore y sus tontas ideas, a Dumbledore y sus ridículos planes, a Granger y sus estúpidas intervenciones, porque por lo que estaba a punto de decir, condenaría el resto de su existencia… y si no salía bien librado, también la de sus descendientes, porque sin duda esa leona furiosa se encargaría de castrarlo para eliminar el virus Malfoy del planeta.

-No creo que debas hacerte malas ilusiones-comenzó descrestando a Hermione y caminando hacia ella negando con la cabeza, en un intento vano de su cuerpo de ocultar la verdad que salía por sus labios-. Tuve que darte ese libro como un castigo que me impuso McGonagall, según ella debía recompensarte de algún modo por haberte hecho aquella bromita en el Gran Salón-las mejillas de Hermione se encendieron al recordar aquel incidente, sin embargo no había ningún indicio que le hiciera perder las esperanzas... aun-. No lo pensé mucho, en ese momento me hubiese dado igual regalarte una pila de excremento de dragón, fue Dobby quien sugirió que te diera un libro-para ese momento, ya Draco estaba frente a frente con Hermione, completamente seguro que lo mandaría a volar más lejos que un hipogrifo, sin embargo, extendió su mano hasta su mejilla tratando de acariciarle mientras decía-. Debo admitirlo: en ese momento no significabas para mí nada diferente a la amiga sangresucia de san Potter y la comadreja Weasley, algo así como un palo de escoba con falda y un cerebro súper desarrollado.

Hermione se apartó de repente, quitando con brusquedad la mano de Draco de su cara. Antes de proponérselo, sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas, por lo que clavando su mirada miel y dolida en Draco Malfoy, exclamó:

-Siempre lo he sabido. No eres más que una basura. Pero aun así peleé con mis amigos por ti, me castigaron por ti y me metí en muchísimos problemas por ti. Gracias, Malfoy. No has hecho sino confirmar que tengo un pésimo gusto para escoger a los hombres.

La chica se giró rumbo a la puerta, dispuesta a abandonar aquel lugar de inmediato, a la vez que se recriminaba lo tonta que había llegado a ser al pensar que Draco Malfoy había podido sentir algo por ella antes de ese accidente en el Baño de los Prefectos.

Porque su vida había sido fácil, sencilla y tranquila (si obviaba cada una de las aventuras en las que se había visto envuelta por culpa de Harry). Sí, su vida había sido envidiable, justo hasta unas tres semanas atrás, cuando el Magnífico Hurón Botador entró a su vida, para ponerla patas arriba. Deseó nunca haber llegado a ese baño, ni haber tenido ese hechizo encima; de esa forma nunca habría discutido con Harry, habría pasado un cumpleaños más feliz, probablemente tendría una cita con Ron y todo el colegio no la tendría de boca en boca comentando sus hazañas sexuales con el príncipe de pacotilla de Slytherin.

Ahora notaba que todo lo que le sucedía no era más que una cadena de malas decisiones enlazadas una tras otras y que habían explotado de una manera catastrófica: ahora Draco Malfoy era alguien importante para ella y cada alma del castillo creía que su vida sentimental era un buen tema para comentar a la hora del té.

Ahogando las lágrimas que comenzaban a resbalar por sus ojos, dio un paso para tomar rumbo hacia la puerta, pero una mano la agarró firmemente por el antebrazo y ese par de ojos claros y grises, tan brillantes que lograban casi hipnotizarla, se clavaron en los suyos haciéndole caer cualquier barrera que ella hubiese querido montar.

-Deja el drama, Granger-sí, aunque pareciera increíble, Draco aun tenía la capacidad de empeorar más las cosas. Trató de zafarse de su agarre, lo que logró que la sostuviera aun más fuerte-. ¿Qué te importa lo que pensaba de ti antes? O aun mejor ¿Por qué haces como si te importara? Si en realidad tomarás en cuenta todo lo que pasó entre nosotros antes…-esbozó media sonrisa que logró hacer que a Hermione se le acelerara el corazón-. Bueno, creo que ahora no estaríamos teniendo esta conversación.

Ella se acercó aun más a él, dejando que sus alientos se confundieran mientras sus mejillas se ponían aun más rojas. Se puso de puntillas para igualar un poco su altura y mientras le miraba fijamente le habló muy despacio:

-No es justo-él la miró confundido-. No es justo que tengas esta capacidad para hacerme ceder tan fácilmente, para hacer que te perdone todas las marranadas que me hiciste en el pasado. No es justo…

Draco movió nuevamente su mano hasta la mejilla de Hermione y le guiñó un ojo lográndola hacer sonreír. Le acaricio suavemente mientras movía sus labios hasta su oreja derecha y susurró tan bajo que nadie más que ella pudo escucharle:

-Juro darte un beso por cada marranada que te hice, por cada insulto que te dije, por cada lágrima que derramaste. Te juro que a partir de hoy no recordarás más ese pasado…

Y Hermione no creyó nada de lo que escuchó porque todo era demasiado hermoso, demasiado romántico, demasiado anti-Malfoy como para pensar que era cierto. Pero no tuvo tiempo de decirle nada, porque su boca atrapó la suya y sus manos de perdieron en el cuerpo del otro y las caricias se convirtieron en palabras que no necesitaban ser dichas.

Hermione era feliz y Draco también lo era. De eso no había duda.

Pero ambos se habían olvidado de una figura pequeña y temblorosa que los observaba desde la esquina. Un par de ojos verdes como pelotas de tenis que llenos de lágrimas observaba conmovido la escena y lamentaba el final que tendría.

Porque mientras Draco y Hermione se besaban apoyados en una de las largas mesas de la cocinas, Dobby comenzó a golpearse la frente con un enorme y pesado sartén, siendo ignorado por la pareja:

-¡Dobby no quiere hacer esto!-Boing-. ¡Dobby sabe que el joven Malfoy se enfadará con él y que la señorita Hermione no le tejerá más suéteres! -Boing-. ¡Dobby sabe que todo es su culpa! -Boing-. ¡Dobby sólo lo hace porque es una orden de Harry Potter! -Boing-. ¡DOBBY LO SIENTE MUCHO!

Y sin más el pequeño y siempre servil elfo dejó caer el sartén al suelo y, luego de tambalearse un poco, chasqueó los dedos llorando de culpa.


Luna y Theodore iban llegando al Gran Salón tomados de la mano y creando a su paso una fuerte oleada de comentarios mal disimulados acerca de su extravagante relación. Harry, un tanto preocupado, se acercó hasta ellos volando por encima del banquillo de la mesa de Gryffindor y dejando su postre a la mitad.

Pansy, que también divisó a la pareja, se puso de pie raudamente, y fue en búsqueda de ellos. Había estado un poco inquieta porque según el plan original ya debía haber pasado algo.

-¿No crees que es algo tarde?-dijeron los dos al mismo tiempo al frente de Theodore que alzó una ceja al escucharlos.

-Vaya, noto que están algo…sincronizados-respondió con burla a los dos chicos que se sonrojaron un poco-. Sí, es un tanto tarde-dijo ignorando su propio comentario y mirando su reloj de pulsera. Pero supongo que si algo hubiese salido mal, ya nos habríamos enterado.

Luna asintió al escuchar las palabras de su novio y dijo dando suaves golpecitos de apoyo en el hombro de Harry:

-Eso es cierto. Después de todo, las malas noticias son las primeras en saberse.

Bastó que la risueña rubia dijera esas palabras mágicas para que dos personas llegaran corriendo desde los sótanos como si los hubiese estado persiguiendo una manada de Cola-Cuernos Húngaros.

Blaise y Ginny se detuvieron de sopetón frente al grupo de chicos, apoyaron sus manos en sus rodillas mientras trataban de recuperar el aliento perdido y miraron llenos de pánico a sus compañeros de castigo.

-¡No lo logramos!-exclamó Ginny acongojada y apoyándose en el brazo de Blaise que se tambaleó un poco-. ¡Llegamos demasiado tarde!

Theodore esbozó su característica sonrisa malvada mientras sentía que Luna apretaba el agarre de sus manos.

-¡Rayos! ¡No pudimos evitar que se tomaran en Veritaserum!-terminó Blaise abrazando, como quien no quiere la cosa, a una agotada Ginny.

Sin embargo, y ante esas últimas palabras, Harry y Pansy no pudieron ocultar su sorpresa: ¿De qué diablos estaba hablando ese par?

-¿Evitarlo?-preguntó Pansy confundida-¿Por qué querrían evitarlo? Teníamos que hacer que se gritaran las verdades en su cara. Ese era el plan.

Harry asintió fervientemente, pero entonces escuchó pasos atrás de él por lo que volteó enseguida.

-Sí, bueno, ese era el plan original… hasta que no pudimos conseguir Veritaserum- la voz de Ernie McMillan se dejó oír por encima del barullo del comedor en pleno que estaba muy ocupado comentando acerca de los detalles que Lavender y a su grupillo de cotilleras amigas habían dado acerca de la relación de los prefectos de moda.

-Gracias por aclararlo, McMillan-dijo Theodore sonriendo como sólo él sabía hacerlo-. Ahora, supongo que ustedes dos le mencionaron a Granger y a Draco lo que acababan de consumir ¿O no?

Ginny y Blaise asintieron frunciendo el ceño lentamente, sin comprender del todo lo que ese par trataba de decir.

-Bien, y supongo que se pusieron a discutir comentándose una que otra verdad dolorosa en la cara ¿Cierto?-terminó Ernie cruzándose de brazos y sonriendo a su vez.

Los otros dos volvieron a asentir, pero ahora más lentamente terminando de entender todo y chillando de indignación. Harry se escandalizó ante la osadía de esos Nott y McMillan y les acribilló a preguntas:

-¿Entonces que se supone que le entregamos a Dobby? ¿Cómo creen que Hermione no se va a dar cuenta? ¿Qué pasará si todo esto sale mal?

-A Dobby le entregaron un poco de agua inofensiva envasada en un frasquito elegante. Granger no se va a dar cuenta ni Draco tampoco, estarán demasiado sofocados. Y nada va a salir mal, Potter, mis planes son a prueba de fallos.

Harry apretó los puños con rabia mientras sentía la enorme necesidad de estamparle un puñetazo a Nott en medio de la nariz, pero en ese momento sintió la mano de Pansy sobre su antebrazo mientras le susurraba muy despacio:

-Tranquilízate, aunque no lo parezca, Theodore sabe lo que hace-y por eso, y sólo por eso, Harry se calmó un poco.

-Hola, chicos. ¿Me he perdido de algo importante?-la voz de Ron llegó desde las espaldas de Pansy, a la vez que todos ponían los ojos en blanco al verlo llegar, luego de que lo peor había sucedido.

-Para nada, Ron-comentó Luna adelantándose hacia el interior del Gran Salón y llevando a su novio de la mano-. Sólo algo relacionado con el Veritaserum falso que le dieron a Hermione y Malfoy, que era un secreto para ustedes y que el mejor espectáculo que Hogwarts ha visto en sus mil años de historia está a punto de comenzar.

El pelirrojo apenas tuvo tiempo de dibujar en su rostro gran confusión cuando sobre la mesa de Hufflepuff y para la sorpresa de todo el alumnado y el profesorado, Draco Malfoy y Hermione Granger aparecieron besándose de pie entre los platos de comida como si el único requisito para seguir existiendo fuera no despegarse nunca.

-¡OH POR MERLÍN!-fue el grito generalizado de todo el que pudo articular palabra.

-Te lo dije, Potter. Mis planes son a prueba de fallos.

Hermione y Draco se separaron como si una cuerda invisible los halara al verse en medio del Gran Salón. No podían comprender como los habían podido enviar como si fueran platos de comida hasta el lugar en el que, literalmente, querían comérselos a punta de miradas acusadoras y curiosas.

Un silencio mortal reinó en el lugar, nadie podía pronunciar palabra acerca de lo que acababa de pasar y fue por eso que Theodore comenzó a ver su reloj, sólo faltaba un detalle, un ínfimo y pequeño evento que si no ocurría…bueno, ya vería como se las arreglaría. Sólo faltaban tres, dos, uno…

-¡Hermione! ¡No digas nada!-gritó Ron corriendo hacia su amiga en medio del lugar-. ¡El Veritaserum te hará decir cosas de las que después te arrepentirás!

Harry abrió los ojos sorprendido siendo incapaz de creer semejante brutalidad cometida por su mejor amigo, porque si había alguna persona en el comedor que no sabía lo que era el Veritaserum, en ese momento se había enterado por la lluvia de comentarios que ocasionó el grito de Ron.

-¿Oyeron eso?

-Veritaserum…

-¿Qué es Veritaserum?

-Una poción poderosa, luego de beberla no puedes mentir…

-¿Veritaserum? ¿Será posible? Escuché que sólo se hace en los EXTASIS…

-Su uso es extremadamente regulado…

-Imposible

-¿Oyeron eso…? ¿Será posible entonces que Malfoy y Granger no pueden mentir ahora?

Theodore sonrió complacido mientras Harry suspiraba derrotado: ese Weasley nunca lo decepcionaba.

-Señor, de verdad en algunas ocasiones, suelo dudar seriamente de la capacidad de raciocinio del señor Weasley…-comentó Snape escondiendo su cara por una mano mientras negaba suavemente con la cabeza, haciendo sonreír levemente a Dumbledore.

-Odio admitirlo, pero estoy completamente de acuerdo con el profesor Snape-murmuró tristemente la profesora McGonagall-. Sólo por ese gran acto de estupidez, podría restarle a mi casa 20 puntos… Pero los chicos no se lo merecen-terminó tristemente recibiendo asentimientos por parte de Flitwick, Sprout y el resto de los docentes.

-Oh, vamos. No sean tan duros con el señor Weasley-comentó paternalmente Dumbledore mirando por encima de sus gafas de medialuna como todo el alumnado comenzaba a reunirse en torno de la mesa de Hufflepuff, encima de la cual se encontraba la pareja más desafortunadamente escandalosa que había pisado Hogwarts desde los tiempos de James Potter y Lily Evans. Cómo extrañaba esos tiempos-. Hay que darle crédito a ese revoltoso grupo de estudiantes que planearon todo esto, pero si no fuese por el señor Ronald, dudo que eso pasara-y dicho eso, señaló con su cabeza la turba enardecida que comenzó a gritar:

-No pueden mentir, ¿cierto?

-¿Es cierto que están saliendo?

-Claro que es cierto, ¿No ves como se estaban comiendo hace un rato?

Las voces sólo iban en aumento, cada vez más y más fuertes, se mezclaban unas con otras mareando a Draco y Hermione que se hallaban en el medio de ellas y que a pesar que contestaban inconscientemente a algunas de ellas, nadie podía escuchar con claridad sus respuestas para alivio de ambos.

Cada vez la horda de gente aumentaba, hacía más calor y había más ruido, no se podía entender casi nada, mientras que los dos principales involucrados, se presionaban espalda con espalda aun de pie sobre la mesa, tratando de evitar caer y ser devorados por una multitud ávida de historias y chismes inconclusos.

"¿Ya tuvieron sexo? ¿Y fue en la biblioteca? ¿O en la Torre de Astronomía? ¿Cuándo es su matrimonio? ¿Cuántos meses de embarazo tienen? ¿Algún buen hechizo anticonceptivo que recomienden? ¿Qué tan cómoda es la sala de torturas de las mazmorras? ¿Cuándo es el ataque de los mortífago? ¿Sí será Granger el sacrificio humano? ¿Es cierto que con sólo besarlo puedes tener un orgasmo? ¿Ya hallaron la fortuna de Rowena? ¿Quién será el padrino de los mellizos…"

-Profesor…-comentó Snape desesperado y a punto de lanzarse un Avada Kedavra a sí mismo puesto que el director no les dejaba hacer nada-. Por favor, haga algo con estos chicos.

-Ya que insistes, Severus…-contestó él anciano y poniéndose de pie habló a toda la audiencia, que de repente pareció recordar a dónde se encontraba-. Muchachos no es correcto atosigar a sus compañeros de esta manera…-Hermione y Draco suspiraron aliviados hasta que escucharon al profesor hablar nuevamente. El viejo Dumbledore sonrió pícaramente y término-. Por favor, uno a la vez…

Pudo haber sido peor. O al menos eso pensó el profesor que se divirtió de lo lindo al ver la cara anonadada de todos los profesores presentes. Sí, pudo ser peor, porque sólo faltaban menos de 5 minutos para que acabara el efecto de la poción y en ese poco tiempo no era mucho lo que alcanzarían a decir.

Miró de reojo al grupo de estudiantes que aun se encontraba cerca de la puerta y se preguntó si sería posible que el señor Nott ya hubiese sido capaz de descifrarlo todo. Observó con cuidado la manera en que el rostro del chico Slytherin iba mutando al escuchar las sinceras respuestas de la señorita Granger y el señor Malfoy a quienes les preguntaban detalles de su amorío secreto. Al parecer no se esperaba algo así. Sus ojos azules brillaron de picardía al notar que todo había salido como lo había planeado, porque modestia aparte, todo había sido como se los dijo aquel domingo en su despacho: el único castigo que funcionaba con los jóvenes era la opinión pública.


El Gran Salón estaba vacío, las clases de la tarde habían sido canceladas pero en su lugar debían entregar un pergamino de treinta y cinco pulgadas de largo acerca de por qué la discreción era una virtud que se debía cultivar en la juventud mágica de hoy en día.

Los chicos que aun se encontraban en el comedor esperaban que Theodore Nott diera señales de vida, pero al parecer el muchacho no tenía intenciones de moverse de ahí. Les había dicho que no se marcharan, porque para su completo desconcierto algo no estaba bien.

-Ríndete-dijo Zabini por décimo tercera vez-. Debemos ir a hacer ese tonto ensayo.

-Calla. Sé que hay algo que se me escapa.

-¡Harry! Yo me voy. Quiero ver a Hermione en la enfermería.

-Y yo quiero ver a Draco.

Ambos tuvieron que ser internados puesto que el stress logró que se les bajara la presión y no se encontraban en las mejores condiciones para enfrentar a sus compañeros del colegio.

-Dije que se callaran-terminó Theo mirándolos con rabia. Aun no se podía explicar la extraña actitud de Granger y Draco. No entendía cómo habían respondido tan sinceramente cada pregunta si no había nada que los obligase… O al menos eso pensaba él.

-Buenas tardes, jóvenes-El profesor Dumbledore acababa de llegar al lugar donde ellos se encontraban sentados esperando por la respuesta de Theodore y les miraba paternalmente, escondiendo una pequeña sonrisa tras sus barbas plateadas-. Creo que hay alguien que quieres decirles algo.

En eso, y tras la larguirucha figura del profesor aprecio Dobby con los ojos enrojecidos por el llanto y la cabeza llena de chichones. El director le dio un par de palmaditas de aliento, el elfo se sopló la nariz y habló entre sollozos:

-Dobby…Dobby no quiso. Pero el frasco que el señor Harry Potter le dio a Dobby se partió por accidente-todos abrieron los ojos por la sorpresa-. Y Dobby sabía que necesitaban el Suero de la Verdad y por eso Dobby…Dobby…-el pequeño elfo rompió en llanto mientras el profesor acarició suavemente su cabeza.

-Entonces Dobby me pidió ayuda a mí…-completó el sonriente anciano-. Es por eso que las cosas no salieron del todo como planeó señor Nott-el aludido frunció el ceño ligeramente mientras Dumbledore se retiraba llevando a Dobby consigo-. Creo que deben ir a sus salas comunes a terminar ese ensayo que les dejaron sus jefes de casa. Escuché algo acerca que por no entregarlo, se les penalizará prohibiéndoles la salida a Hogsmeade el próximo fin de semana-les guiñó un ojo y siguió caminando-. No les recomendaría que se la perdieran…algo me dice que será simplemente genial.

Los chicos se quedaron en silencio mientras el profesor desaparecía por un pasillo y Theodore apretaba los puños pensando que ese viejo barbón ya se la había hecho dos veces.

-Creo que las cosas si salieron un poco mal, Theodore Nott-comentó con algo de sorna Harry mientras todos se comenzaban a dispersar-. Creo que después de todo, tus planes no son a prueba de fallos…

Lo único que logró tranquilizar a Theo fue un suave beso de Luna mientras las carcajadas de todos se perdían a la vez que se separaban para ir a sus salas comunes en medio del castillo vacío.

Luego de un rato, todo el castillo quedó en silencio. Parecía que finalmente, ya no quedaba nada acerca de lo cual hablar.


Hermione se despertó en medio de sábanas blancas y siendo observada de cerca por un par de ojos grises que conocía bien.

-Mira donde terminaron todas nuestras tonterías…

Ella asintió quedamente y se sentó para quedar un poco más a la altura de Draco que se encontraba de pie frete a ella.

-No pudo haber sido peor-terminó ella la frase suspirando.

-Pero creo que así será mejor…

-Ya no tendrán nada de qué hablar…

-Y nos dejaran tranquilos de una vez…

Ambos sonrieron ante aquel pensamiento en medio del abrumador silencio de la enfermería.

Draco se inclinó hacia ella, y sin perder tiempo enfrascándose en un tonta discusión sobre quien había tenido la culpa, la beso degustándola completa, redescubriendo sensaciones, abandonándose a los sentimientos que le producía estar a su lado y poder tocarla sin pesar en ocultárselo a todos pues ya todos lo sabían.

Hermione sonrió ligeramente al sentir sus labios sobre los suyos y agradeció el hecho que no empezara a discutir con ella por cualquier tontería, porque antes que nada quería grabarse a fuego la textura de esa boca que le hacía perder el sentido. Se sabía afortunada, de eso nadie negaba una palabra, y mucho menos ahora que todos lo sabían.

Ella le hizo un espacio en su cama y mientras se observaban frente a frente, descubrieron que sólo había sido una pérdida de tiempo tratar de ocultarlo a todos, ya nada malo podría pasar y sólo les restaba quererse y que el resto del mundo se acostumbrara a ello.

Draco la abrazó posesivamente y cerró los ojos ignorando como ella le reñía porque la enfermera podía llegar en cualquier momento:

-Sólo cierra los ojos y cállate, Granger. Disfruta de este delicioso silencio.

Y así hicieron. Permanecieron juntos y abrazados, sintiendo la respiración del otro y escuchando los latidos de sus corazones hasta que madame Pomfrey llegó y tumbó a Draco al suelo en medio de un gran escándalo acerca de la decencia de los chicos de hoy en día.

Él se movió hasta su cama guiñándole un ojo a Hermione que estaba roja hasta la punta del cabello.

No les importó lo que les dijo.

A ninguno de los dos.

Porque habían tratado de ser discretos y nunca funcionó.

Ahora estaban juntos, gustase a quien le gustase, y nada les haría esconderse otra vez.

Cerraron los ojos al tiempo y se durmieron un rato sin pensar en el largo ensayo que esperaba ser escrito, sin embargo ya ambos tenían el tema perfecto, porque ambos estaban seguros que el problema no es de los jóvenes de hoy en día.

Simplemente hay cosas que no se pueden mantener en secreto, como el amor prohibido que nació entre una sangresucia y el heredero de una familia pura.

Es tan sencillo como que existen situaciones que no se pueden tratar Con Absoluta Discreción. Y su relación era una de ellas.


Espero que les haya gustado. Pero aun queda el mini epilogo por publicar ^^ aunque este puede ser considerado perfectamente como el final de la serie.

Los dejo con prisa y muchos besos, a la vez que su pequeño rr diciéndome si todo el trasnocho y el dolor de cabeza para acabar esto valió la pena.

Besos

Londony