K- Somos lo que somos, tómalo o déjalo.

Edward POV

Corría desesperadamente alejándome de la zona residencial de la ciudad donde estaba el hotel, zigzagueaba por las calles de los bajos fondos en las que la miseria y la desesperación eran palpables en cada esquina. La preocupación me invadía pero otra sensación iba adueñándose de mi… una furia implacable e irracional… como diantres se le había ocurrido ir sola a ese lugar… en que estaba pensando la muy tonta… es que acaso no me necesitaba, no confiaba en que tuviera la voluntad de ayudarla… ¡mierda!... ¿habría decidido alejarse de mi? ¿Prefería a las pequeñas antes que a mi? La chispa hiriente de los celos tomó protagonismo y encendió aún más mi enojo.

Estaba ya cerca del lugar que la pequeña mucama nos había indicado cuando escuché los gritos y me lancé hacia el oscuro callejón como un rayo. Me obligué a detenerme y no actuar impulsivamente... no quería precipitarme y que ellas salieran lastimadas... una auténtica tortura.

Bella estaba tirada en la acera, algo golpeada y con el hermoso vestido desgarrado y manchado, cubría con su cuerpo el de la pequeña que se mantenía inmóvil apenas sollozando, el bastardo empuñaba un arma dispuesto a disparar mientras vociferaba:

- Y tu que te crees, ramera barata, no serás tú la que me arruine- bramó- otros ya lo han intentado y te juro que antes de levantar un dedo en mi contra te pudrirás en el fondo del río, como la estúpida mujer que pario esa criatura indolente que tratas de proteger.

- ¿Como puedes ser tan cruel?- le preguntó alzando su cabeza y mirándolo directamente a los ojos- Las niñas son sangre de tu sangre, eres su padre, hasta los animales hacen más por sus cachorros- el bruto enfurecido pateó sus costillas con violencia. Bella soportó el dolor y eso lo enfureció más aun.

- No significan nada para mi, como yo no signifiqué nada para mis padres- una sorda ira se traslucía en su voz mientras apoyaba el cañón de su arma en la sien de Bella- Son el producto de un polvo mal cuidado, el precio por una noche de lujuria, nada más.

Me sentía atado, temía hacer un movimiento y que el mal nacido le volara la cabeza… ni yo mismo convirtiéndola podría reparar un daño tan grande. Me acerqué sigilosamente esperando la oportunidad para saltarle encima... me sentía impotente y el odio comenzaba a embargarme.

- Déjame llevarlas, déjame cambiar sus vidas- le imploró- tienes en tus manos la posibilidad de lograr que vivan una vida mejor que la que ha ti te ha tocado, puedes detener la rueda y hacerla girar en otro sentido- podía sentir como temblaba mientras hablaba- ¡Libéralas por Dios! Puede que sea tarde para ti, te has envilecido demasiado… pero ellas son inocentes.

- ¡Inocentes!- una risotada cargada de maldad salió de su garganta- No, de hecho he invertido mucho en ellas como soltarlas así como así. La coja no sirve demasiado, está fallada, pero no tienes idea lo bien que pagan ciertas personas por manosear a la pequeña- El rostro de Bella se crispó con una mueca de horror - Creo que es mejor negocio que el de manejar mujeres más grandes... en verdad deberia formar una camada de preciosas pequeñas dispuestas- el tipo se burlaba y disfrutaba al hacerlo. Mi estómago se revolvió de solo pensarlo. Bella hizo un pequeño movimiento y al instante comprendí lo que iba a suceder. Ella se levantó con violencia y golpeó el estómago del mal nacido con su cabeza, sorprendiéndolo por unos segundos pero el mal nacido fue rápido como una cobra y descargó un golpe seco con el arma sobre su cabeza. Ella se desplomo pesadamene en el suelo, cayendo al lado de la pequeña que estaba inconciente.

El momento de actuar había llegado... conozco mis instintos animales y las consecuencias cuando ellos se desatan, por eso hago lo imposible por contenerme… pero la furia se había liberado con cada palabra que el mal nacido había pronunciado, cada agresión que Bella tuvo que soportar y mi propia impotencia. Con un bramido que helaba la sangre salté delante de él y literalmente lo destrocé con mis manos…

Bella POV

Cerré los ojos presa del dolor, el golpe me había dejado atontada, mi corazón latía desbocado y me costaba mucho esfuerzo llenar mis pulmones. Sentí un dolor agudo en el costado cuando inhalé una bocanada de aire un poco mayor. En el recuento de daños seguramente tendría algunas costillas rotas. Trataba de no moverme para no alertarlo pero tantee con mi mano el cuerpo inerte a mi lado para ver si sentía su pulso. Tomé una bocanada de aire y juré que la álejaría del monstruo asi me costara la vida. Empecé a deslizarme por ese estado de semi inconciencia que tan bien conocía… que me conectaba con quienes estaba destina a tratar de ayudar...mi mente se nubló… rojo… todo se veía rojo… como tantas veces esperé observando la escena que se desarrollaría delante de mi… en la que no podría intervenir… de repente la imagen se aclaró y el horror se desató ante mis ojos.

Edward se encontraba erguido delante del hombre que nos había lastimado… parecía un ángel vengador... sus ojos habían perdido el dorado que los caracterizaba, estaban negros como el azabache, como la noche que nos rodeaba y como la furia que lo corroía. Un aura oscura lo rodeaba e iba apoderándose de todo a nuestro alrededor... podía percibir cada una de sus emociones.

Sin siquiera inmutarse por sus pedidos de clemencia, realizó veloz y metódicamente su tarea de destrucción, eliminando de la faz de la tierra cualquier resto de lo que había sido ese hombre cruel…

Cuando terminó, totalmente empapado en sangre se detuvo un instante y clavó su mirada en el vacío. De alguna manera percibió mi presencia… supo que lo había visto todo...

Presa del horror y el cansancio perdí totalmente la conciencia.

Edward POV

- Dime hermanita, cuando me diste esperanzas de que ella estaría en mis brazos esta noche, ¿era esto lo que habías visto? Porque te aseguro que esperaba algo distinto- Alice encogió sus hombros con cierto recelo al percibir la amargura de mi voz.

- La noche no terminó Edward- me dijo crípticamente.

- Es que no te das cuenta- le dije con un susurro helado- ella lo sabe- me estremecí repasando mentalmente las escenas en el callejón- sentí su presencia como la primera noche- sentí la desesperación apoderarse de mi, no tenía ninguna chance, no después de lo que había sucedido.

- Edward- me dijo mi hermana abrazándome- Aunque lo detestes y te resistas, también es parte de lo que eres- apoyó su cabeza contra mi hombro- Yo creo que lo entenderá… y si me equivoco, no sería la mujer que creo que es y que necesitas a tu lado.

- Como voy a enfrentarla, Alice- gemí- como voy a hacerlo después de lo que hice.

- Ya encontrarás la forma o ella lo hará - me replico- Te dejo solo, tardará solo unos minutos en despertar y tienen mucho que hablar- asentí, mientras mi hermana se alejaba cerrando la puerta.

La llegada al hotel había resultado un poco caótica… en realidad, más que un poco… pero las ya estaban encaminadas. Bella estaba recostada en su dormitorio, el mal nacido le había provocado un par de moretones pero no tenía ninguna herida de gravedad, mi padre se había asegurado de ello. Nos costó mucho alejar a su amigo de la cabecera de la cama pero le asignamos la tarea de cuidar a las pequeñas junto a Leah… cuando comprendió que las niñas lo necesitaban y Bella estaría bien, se marchó.

- Edward- me llamó abriendo despacio sus hermosos ojos

- Te sientes mejor- le pregunté inquieto, esperando el vendaval de reproches.

- Ven- me pidió- recuéstate a mi lado. Ya sé que los vampiros no se cansan mucho pero hoy fue un día difícil para todos- me acerqué lentamente, tratando de no horrorizarla aún más.

- Te duele algo- le pregunté acariciando con la punta de mis dedos su rostro, tratando de atesorar la sensación de su piel en mis dedos. Me recosté a su lado.

- No, estoy bien- me dijo- ¿las niñas?

- Ellas están bien, Jake y Leah se hicieron cargo- sonrió con ternura.

- ¿Sabes lo que les hizo?- me preguntó quedamente.

- Si, lo sé- le respondí tratando de dilatar todo lo posible lo que vendría después.

- Abrázame- pidió girando su cuerpo hacia mi. La tomé en mis brazos suavemente, tratando de no romperla o lastimarla aún más. Una extraña sensación de calor y un suave cosquilleo subieron por mi médula.

- ¿Te lastimo?- le pregunté

- No, estoy bien- me respondió quedamente.

Me costaba horrores contenerme y resistir la tensión… deseaba abrazarla... protegerla... la posibilidad de perderla me abrumaba.

- ¿Sabes lo que le hice al mal nacido?- le pregunte- Lo viste- más que una pregunta fue una afirmación. Ella movió su cabeza asintiendo mientras gruesas lágrimas corrían por su rostro. Guardé silencio esperando su sentencia mientras las secaba una a una distraídamente con mi pulgar.

- Antes de conocer a Margaret esta noche había decidido marcharme a casa con Jake- me dijo suavemente- Era la opción más cómoda y más sencilla, una vida que conozco, un trabajo que me agrada, la posibilidad de cambiar la vida de un puñado de pequeños- tomó aire- mi corazón custodiado bajo siete llaves, sin correr el riesgo de amar a otro, sin que pueda romperse – suspiró- hay tanta maldad en el mundo… tantos que necesitan ser ayudados… pero esa ya no es una opción para mi, Edward… desde que te conocí todo cambio… creo que me he enamorado de ti como una colegiala inexperta.

- Aun después de lo que hice- le pregunté incrédulo, tratando de sosegar la esperanza que empezaba formarse en mi.

- Nadie es perfecto Edward- me susurró mientras acariciaba mi rostro- todos y cada uno de nosotros tenemos una cuota oscura dentro… yo conozco la tuya… se como te esfuerzas en refrenarla… lo que sufres a causa de ello… nuestras almas están conectadas… me gustaría que algún día descubrieras las mías y me ayudaras a lidiar con ellas.

- Te amo Bella.

- Lo sé- me contestó, pero pude vislumbrar una sombra de inquietud surcando su mirada.

- ¿Me temes? – me resultaba imposible considerar otra posibilidad

- No, no es a ti a quien temo- me respondió suavemente- Me da mucho miedo el mañana… cuando llegue el día en que me vea obligada a alejarme de ti- tomo una de mis manos entre las suyas y la sentí vibrar.

- Entonces déjame amarte por toda la eternidad - le supliqué, mientras posaba mi boca sobre la suya y volcaba en ese beso todo el amor y la pasión que esta mujer despertaba en mi. Ella se entregó sin dudarlo y en ese instante mágico, unidos en cuerpo y alma, sellamos un pacto de amor que nos hizo uno y perduraría eternamente.

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Muchas gracias a todos los que han seguido la historia y a quienes la han incluido dentro de sus favoritas o me han dejado su comentarios.