Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, ni la historia ni los personajes. Son propiedad de J.K. Rowling.

Reto para LMF.

Oneshot un poco dramático sobre mis adorados gemelos Wesley. ¿Advertencias? Ninguna, tan solo un levísimo GeorgexFred. La verdad es que no me ha quedado exactamente como yo quería, pero en fin, espero que lo disfruteis.


Dormido

Lo ves caer ante tus ojos. La explosión ha sido fuerte, te ha cegado. No ves nada. Solo humo, fuego y cenizas. Oyes gritos y algunas risas sarcásticas venidas de los mortífagos.

Cuando recuperas un poco la visibilidad lo ves. Tumbado en el suelo, con la cara medio quemada y los ojos cerrados. Chillas y las lágrimas brotan de tus ojos sin control. Le llamas, gritas su nombre entre el caos pero no contesta. Está dormido, sí, eso es. Dormido. Quieres creerlo, con todas tus fuerzas. No puede estar muerto, sencillamente es imposible. Imposible que tu otra mitad haya caído.

Aún así, aunque no quieras verlo, hay una parte de ti, la más sensata, que te dice que huyas. Puedes correr la misma suerte que él.

-¡Fred!

Tu grito queda ahogado entre el ruido y la confusión. Corres hacia él, sorteando los múltiples obstáculos que hay en el camino. Te caes, estás débil y confuso. Vuelves a levantarte con entereza y te arrodillas frente a él. Ha cerrado los ojos y una sonrisa está pintada como fantasiosa en su pálida faz. Golpeas el suelo, con furia. Le agitas, le chillas al oído, posas tus labios en los suyos como muchas otras veces. Así siempre deja de jugar a hacerse el dormido.

Sonríes.

-¿Fred? Oh, vamos despierta. Vamos a jugar al Quiditch con Ron.

No hay respuesta y mantienes la sonrisa sin parar de llorar.

-Venga, sino te quedarás sin pastel de zanahoria. Rápido, ya sabes como devoramos la comida en casa.

Le coges entre tus brazos y su cabeza se deja caer sobre tu pecho. Tiene el cabello medio encrespado, la cara sucia y una parte de su cara está quemada. Sigues sonriendo aunque tu voz suena temblorosa al volver a hablar:

-Mamá te va a matar, mira como estás. Vamos a ducharnos antes de que te pegue con la escoba.

Hundes la cabeza en su pecho y lloras sin pudores. Sollozas y le coges la mano, con fuerza. No oyes los latidos de su corazón. No están, simplemente ya no están. Ahora lo ves claro, tienes que abrir los ojos. Fred está muerto.

No es como otras veces, como cuando jugáis al Quidditch y se cae de la escoba. Cierra los ojos y se tumba sobre la hierba un rato, parece dormido aunque en seguida se levanta y echa a correr hacia la casa. Justo cuando huele las deliciosas galletas que prepara mamá.

Tampoco es como cuando no se quiere levantar de la cama y se hace el dormido. No se mueve, ni se inmuta. Tienes que besarle para que se ponga en funcionamiento y, aunque primero se siente un poco cohibido, siempre quiere más.

No es parecido a aquella vez que mamá le pego con la escoba en la cabeza y, para hacerla sentir culpable, Fred se quedó un rato tumbado en el suelo haciéndose el inconsciente. Cuando ella se agachó preocupada y Fred se levantó de golpe, asustándola, os echasteis unas buenas risas.

Porque él es tu hermano gemelo, tu otra mitad, y siempre sabéis lo que hace el otro. No podéis estar separados mucho tiempo. Incluso cuando discutís por tonterías siempre acabáis por olvidarlo a la media hora.

Pero tienes muy claro que nada de esto va a pasar está vez. Fred no se va a levantar con su sonrisa traviesa de siempre y tampoco va a echar a correr hasta casa. No. Está vez no es así. Fred no volverá a sonreír, no volverá a besarte, no volverá a tu lado. No, está vez no se levantará. Porque está muerto.


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