Disclaimer: No me pertenecen los personajes de Naruto.

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¡Hola a todos! ¿Cómo están? Como siempre, espero que bien. Yo acá de regreso y con una nueva historia. En el mismo justo día que el cumpleaños de Shikamaru. Como dije su regalo será, el final de mi otra historia, y un nuevo inicio en esta. Que realmente espero que les guste. Ya saben, si no es demasiada molestia, realmente me gustaría saber su opinión. Bueno como siempre me parece relevante decirles, a los que no saben, y recordarles, a los que si, que YO ACTUALIZO TODAS LAS NOCHES. Es una promesa que hago y pienso cumplir. Así que dicho y aclarado esto me gustaría, desde ya, agradecerles por tomarse la molestia de leer mi humilde historia. Espero que les guste... ¡Nos vemos y besitos!


Rosa y celeste

I

"¿Qué es una mujer?"

"¿Qué es una mujer?" Era la intrínseca pregunta que atosigaba su ávida mente desde el inicio de aquel turbulento día. La complejidad de ser tan semejante a él y sin embargo tan diferente nunca le había importado demasiado. De hecho nunca había considerado siquiera el intentar comprenderlas. No se había detenido siquiera un segundo a pensar en el tema y es que intentar descifrarlas hubiera requerido esfuerzo, quizá demasiado, y eso era algo que él no estaba dispuesto a hacer. Sacrificar su paz y tiempo libre por una causa que tampoco le requería interés.

Y no era que él tuviera demasiada experiencia en materia de mujeres tampoco, no, quizá inclusive se lo podría llamar inexperto. Al menos en lo que refiere al romance. Sin embargo su vida entera había transcurrido rodeado de ellas. Y si tuviera que definirlas en una única palabra, el veredicto sería unánime y no podría concebirlas de otra forma que no fuera: problemáticas. En toda su extensión y manifestación.

Complicadas a más no poder. Absurdamente contradictorias, indescifrables. Insaciables. Siempre intentando controlarlo todo a su alrededor. Extremadamente ruidosas y de exageradas reacciones desproporcionadas. Ciertamente incomprensibles.

No, Shikamaru habitualmente no solía preguntarse por la naturaleza de la mujer, habitualmente las miraba pasar y trataba de mantenerse lo más alejado de ellas. Evitando conflictos innecesarios (que irónicamente eran inevitables) e intentando convivir lo más pacíficamente con ellas. Entonces se preguntaba que había cambiado ¿Qué había sucedido para que la dichosa cuestión se hubiera colado en su cabeza? Quizá fuera el hecho de que el tiempo había pasado para ellos. Y con 17 años, las cosas habían cambiado también para él, después de todo era un hombre. Y también tenía necesidades y deseos. O quizá fuera el hecho de que, aquel particular día, las situaciones problemáticas con féminas habían sobrepasado con creces su nivel de tolerancia. Y eso que él solía ser paciente, pero aquello había sido demasiado. Simplemente intolerable.

Empezando con su madre. Esa misma mañana, durante el desayuno.

—¡Shikamaru! —la oyó gritar, desde la planta baja. Irritada.

Lentamente abrió los ojos y contempló su habitación, tras haber mirado el reloj y comprobar que efectivamente era temprano. Quizá demasiado, al menos para estar despierto. Pero una vez más la mujer no daba tregua.

—Voy —contestó con pereza incorporándose lentamente en la cama. Muy lentamente, lo sabía. Lo supo cuando oyó los pasos rápidos y fuertes en los escalones. Y lo comprobó cuando la vio en la entrada, allí parada. Con su rostro severo y manos en las caderas. Aquella típica postura femenina que sólo significaba problemas. Y que él era el único a quien culpar. Ino también la hacía, al parecer era algo común de ellas. Adoptar ese porte cuando algo de ellos, los hombres, no les gustaba. Y tenían que hacerlo saber. Obviamente tenían que hacerlo saber, esa era otra de sus características. Ellas jamás callarían o dejarían algo pasar, no, todo adquiría una importancia descomunal cuando se trataba de asuntos con mujeres.

—¡Shikamaru Nara! Te dije que te levantaras, hace quince minutos que te estoy llamando —chilló, la ferocidad emanaba de cada uno de los poros de Yoshino. El Nara retrocedió, como sabía debía hacer. Si no quería que las cosas resultaran peor.

—Lo siento —fue lo único que atinó a decir. Al parecer aquellas eran las palabras más adecuadas para decir cuando se trataba de una chica enfadada.

—¡Ahora vístete y baja a desayunar! —ordenó.

—Bien —él bajo la cabeza, sumiso. Sin dejar de mirarla a los ojos, temía que un nuevo planteo surgiera por tan solo bajar la mirada. Si había algo que había aprendido con los años era que las mujeres eran como bombas. Debían manejarse con cuidado o fácilmente explotaban en tu cara.

Entonces la mujer desapareció una vez más por las escaleras y tras haberla perdido de vista suspiró tranquilo. Y rápidamente se dispuso a vestirse, como su madre se lo había ordenado.

Tendió la cama, como debía. Ya que se suponía era su obligación, según Yoshino. Y bajó. Lenta y pausadamente, hasta llegar a la cocina. Donde ya se encontraban sus dos padres desayunando. Al verlo su padre lo saludó alegre.

—¡Buenos días Shikamaru! —el chico hizo un ademán con la mano y se sentó.

—¿Te lavaste las manos?

—Pero mamá, recién me despierto ¿Cómo es posible que ya las haya ensuciado?

—¡Shikamaru! —le advirtió.

—Bien, bien. A lavarme las manos… —suspiró pesadamente y se dirigió al lavamanos. Su padre sonriéndole todo el trayecto, como si se burlara de su situación.

—¡Y con que me digas una vez "bien" está bien! ¿Me oíste?

—Si —secó sus manos y volvió a la mesa, ocupando su característico lugar frente a su padre. Con una sonrisa su madre le sirvió el desayuno y se sentó junto a su marido. Ahora su tono era distinto, suave y alegre. Lo que indicaba que por el momento el peligro se había despejado.

Ciertamente aquello no era extraño, sino la simple y vana rutina en la residencia Nara. Tanto él como su padre sometidos a la tiranía femenina que Yoshino ejercía sobre ellos.

Ahora que lo pensaba, nunca lo había comprendido. El porque su padre se había casado con mujer tan estricta. O el porque siempre repetía que algún día comprendería la necesidad del hombre, de la mujer. Así que volvería a preguntar, a menudo lo hacía, esperando una respuesta más clara. Que pudiera echar luces sobre asunto tan oscuro. Como lo era la mujer.

—Oye, papá —susurró viendo que su madre se encontraba distraída lavando algunos platos que se encontraban en el lavabo.

—¿Qué quieres? —replicó el hombre de forma cansina. Terminando su desayuno.

—¿Por qué te casaste con una mujer tan estricta? —Shikaku arqueó una ceja.

—¿Por qué sigues preguntándome lo mismo Shikamaru?

—Porque sigo sin entenderlo —respondió de forma perezosa, relajando los hombros.

Shikaku cerró los ojos lentamente, meditando sobre el asunto y la mejor respuesta que podría darle a su hijo con respecto a la cuestión. Sin embargo el que el pequeño Nara no entendiera nada tenía que ver con la calidad de respuesta del padre.

—A ver… —meditó unos segundos y luego respondió— Tal vez lo sea, pero hay días que tiene una sonrisa en su cara. Y es por eso que me casé con ella.

—¿Una sonrisa? ¿Eso es todo? —ciertamente aquella era la cosa más absurda que jamás le había oído decir a su padre. Y lo que no entendía era porque seguía repitiéndola, más aún como si aquello resolviera el enigmático asunto. En fin, quizá nunca lo entendiera.

—¡Shikaku! Levántate de una vez o llegarás tarde y tienes una misión —sumisamente el hombre bajó la cabeza, tal cual su hijo.

—Que problemático… —murmuró Shikaku.

—¡¿Qué hablamos?! —le reprochó la castaña. El hombre sonrió levemente y con suavidad contestó:

—Lo siento querida.

Shikamaru no pudo hacer nada más que observar, no eran un misterio las actitudes femeninas de dominación hacia el hombre. No lo eran en absoluto, sin embargo él no podía hacer otra cosa que delinear los gestos pero nunca comprender las causas. Y como era que esa dominación funcionaba verdaderamente, cuando se suponía el hombre era un ser completamente racional capaz de elegir.

—Y es así que vemos hombres que son nada teniendo mujeres a su alrededor…

Obviamente el comentario le valió un buen golpe por parte de su madre, sin embargo no importó. Y pronto estuvo fuera de su casa, lejos, en la paz de la azotea que él solía usar, como lugar favorito para ver las nubes.

Justamente era allí donde se encontraba en esos momentos, meditando sobre la escena entre sus padres y lo complejo de la mente femenina. Sin embargo antes de poder llegar a la pregunta "¿Qué es una mujer?", hubo un evento más que lo condujo a esa cuestión.

Llamémosle; Ejemplo 2 de "Porque las mujeres son problemáticas": Ino.

—Ino…

Ciertamente tenía que tratarse de ella. Aquella rubia muchacha que parecía ser tan problemática, sino más, que su propia madre. Y es que desde que la había conocido no le había significado más que problemas y dolores de cabeza.

Y aún recordaba el evento de minutos antes, y sin embargo, por más que lo repasara una y otra vez. Cada hecho, cada palabra, no podía descifrar que era lo que había hecho mal. Porque obviamente había hecho algo mal. E Ino se lo había hecho saber.

En el momento en que había pisado la azotea. En silencio, llegó y se sentó junto a Shikamaru, quien se encontraba recostado contemplando las nubes.

El moreno lentamente abrió los ojos y la contempló junto a él, con las rodillas contra el pecho, los brazos rodeándolas y la mirada perdida en el vasto e inmenso firmamento de color azul intenso.

Entonces, en el ínfimo silencio, suspiró. Él volvió a mirarla más no dijo nada. Y para añadir rarezas a la conducta de ella, volvió a hacerlo. Esta vez de forma mas sonora y notoria. Así que finalmente decidió preguntar.

—¿Qué sucede Ino? —ella bajó la mirada y respondió, en un enigmático tono:

—Nada.

—Oh.

Así que lentamente el Nara se volvió a acomodar y tras poner los brazos detrás de la nuca, cerró los ojos y se dejó reposar. En el plácido silencio. Hasta que Ino habló, su voz sonaba extrañamente irritada.

—¡¿Qué clase de amigo se supone que eres?! —si, definitivamente había algo mal.

—¿Qué?

—Ni siquiera me preguntas ¿Qué me pasa? —aquello ciertamente era increíble porque el moreno recordaba haberlo hecho segundos atrás.

—Recién lo hice y me respondiste "Nada" ¿Recuerdas? —ella se puso rápidamente de pie y llevó las manos a sus caderas, mirándolo de esa forma. Si, esa postura que él sabía significaba: discusión.

—¡Pero que poco tacto tienes Shikamaru! ¡Es obvio que "Nada" no significa "Nada"!

—¿Qué? Hasta donde yo se "Nada" sí significa eso. Que problemática eres.

—¡No lo soy! —chilló molesta. Bien, ciertamente había cometido un error porque la había hecho enfadar ¿Dónde estaba el error? No tenía idea. Sin embargo era obvio que la discusión era su culpa, o eso decía Ino.

—Como quieras… —replicó dejándose nuevamente caer.

—¡Bien! —gritó, sabía que con esa palabra estaba insinuándole algo. Sin embargo no lo comprendió. Como todo lo relativo a ella. Un completo enigma— ¿Sabes qué? Me rindo.

Y sin decir más, se marchó. Dejándolo allí, solo y confundido. Sin siquiera poder comprender la magnitud de sus actos. Sin saber cual fue el paso en falso que había dado. Porque obviamente algo había detonado aquella discusión, que él jamás hubiera podido prever. O prevenir.

Y así fue. Fue de esa forma que llegó a formularse pregunta de tal magnitud. Y es que cada vez se le hacía más difícil comprenderlas. Para él, ellas eran un misterio. Uno que había llegado la hora de descubrir. Por su bien y el del futuro de su clan. Porque ciertamente, si algún día pensaba convivir con una mujer, algunas cosas deberían aclararse para él. Empezando por "¿Qué es una mujer?"

Ya lo descubriría, y aunque aún no tenía idea de cómo lo haría. Sabía que por fin las comprendería. Algún día, quizá cercano. Las mujeres dejarían de ser un misterio para él. Y quizá, sólo quizá, todo sería menos problemático.