Los hombres siempre se empeñan en ser el primer amor de una mujer. Las mujeres prefieren ser la última novela de un hombre.
- Oscar Wilde

Odio los Ángeles. Simplemente nunca cumplirá mis expectativas, es una ciudad arribista, llena de farsantes, llena de vicios, llena de maldad. Exactamente todo lo que representa ella, por eso no debería sorprenderme que escogiera este patético lugar para nuestro encuentro.

Casi amanece cuando llego a Beverly Hills y nunca me había sentido tan sola. Las tarjetas de crédito con las que acabo de pagar el hotel están sobre la cama más confortable del mundo y, buenas noticias, él aún no se ha enterado que he viajado hasta aquí. Me alegro de haber tenido esta estúpida visión después de que él partiera de caza con los chicos, sino, jamás pudiera haberle mentido. Me alegra que Emmett se tan inocente, y que a pesar de los años aún no me conozca. Bastó con una simple llamada para que se tragara un cuento chino, y me facilitara las cosas con Jasper.

Contemplo el amanecer y pienso que L.A es una porquería que supera mis locuras, y que no necesito salir de mi habitación para comprobarlo. En otras circunstancias y en otra ciudad no me importaría el Sol, y saldría a de compras-siempre me anima- pero aquí, donde los diseñadores mandan lo peor y más ridículo de su colecciones, no me entran las ganas.

Me concentro en encontrar más detalles sobre nuestro futuro encuentro, pero ella es de los seres más impredecibles que he conocido. Una razón más para odiarla – como si la necesitara- pero simplemente, detesto cuando no pudo confiar del todo en mis habilidades.

Jasper sigue cazando en los bosques, sin la más remota idea de mi paradero. Es un ser tan encantador. Me duele ocultarle esto, pero es mejor no involucrarlo. Estoy segura del amor que siente por mí, pero no quiero averiguar ni ser testigo del amor que aún pudiese sentir por ella.

Doy de vueltas por la habitación como león enjaulado, pero no puedo hacer nada más hasta que oscurezca. Ella está cerca, puedo verla, lo mejor será encontrarme en su camino esta misma noche.

Reviso mi maleta, escojo un atuendo que no me haga ver como la niña débil que siempre aparento ser. Quiero que al verme sienta respeto, y no simpatía.

Camino sin rumbo alguno, intentando captar su esencia en el aire cargado de perfume barato, cortesía de las mujerzuelas de Rodeo Drive. Y hablando de mujerzuelas, a lo lejos veo a la única que me interesa.

La pobre está seduciendo a un pobre diablo, creí que después de haber tenido a Jasper, buscaría a mejores presas. Mantengo mi distancia, y observo su patético festín. Es salvaje, desesperada, como una yegua sin control. Eso debió ser lo que Jazz amaba de ella, siempre se ha sentido atraído por el peligro, y ella sin duda es un sinónimo de la palabra.

Me acercó aprovechando que se encuentra en éxtasis. No tomo precauciones, sé que en cualquier momento notará que mi cuerpo está impregnado por la esencia de aquel al cual alguna vez llamó mi amor.

Esa es mi tarjeta de presentación, no necesito más para despertar su furia.

-¿Qué haces aquí?, ¿Viene él contigo?- Pregunta con desprecio a la vez que lame de la comisuras de sus labios las últimas gotas de sangre que puede obtener de su víctima.

-No, soy sólo yo. – Le respondo indiferente, y veo como ella fríamente arroja el cuerpo a un contenedor de basura, con la misma discreción con la que un humano arrojaría al mismo lugar una chicle usado.

Nos miramos por primera vez a los ojos, y ella emite un gruñido invitándome a pelear. Y luego dicen que la loca soy yo, ¿Acaso cree que vengo a pelear por un hombre que ya es mío?

-Supe que tenías planes de hacernos una visita. Así que preferí ahorrarte el viaje.- Digo amablemente, demostrándole que sólo quiero hablar.

-Si no mal recuerdo, mis intenciones no eran verte a ti, sino a él.- Declara impositivamente, a la vez que intenta tomarme por el cuello con la clara intención de estamparme en la pared.

-Lo sé, por eso estoy aquí- Le contestó, sin la menor emoción. Cuando en realidad por dentro me encuentro muy divertida por su indignación y sorpresa al descubrir que puedo esquivar muy fácilmente sus ataques.

-¿Estás celosa?- me sonríe - No te culpo- Me dice irónicamente, intentando recobrar un poco de la dignidad perdida en ese inútil ataque.

-Estoy segura de lo que tengo, de mi presente, y de mi futuro. Jamás he dejado que el pasado me perturbe. Tú perteneces ahí, así que no hay ningún problema.

-Entonces ¿qué haces aquí?

-Más que ver a Jasper, tú querías verme, querías saber quién te había sustituido, a quién ahora le entregaba su amor todas las noches. Bien aquí estoy, y como puedes ver no represento ninguna amenaza para él. Jasper es libre de regresar a ti, si es lo que desea, no tiene ataduras. ¿Te preguntas qué es entonces lo que lo retiene a mi lado? La respuesta es muy simple: Amor.

-Yo lo amaba…

Su respuesta me deja helada, parece sincera, pero no tengo tiempo de analizarla, pues había estado tan absorta en nosotras dos, que olvidé vigilar al personaje principal de esta conversación ,y tal descuido está a punto de cambiar el desarrollo de esta noche.

-Tú no me amabas, lo tuyo era una farsa. – Su llegada es tan sorpresiva tanto para ella como para mí. Sé que el ocultarle esto me causará problemas, pero aún así me alegra verlo. Su mirada es vaga, llena de tensión, puedo asegurar que es producto de su concentración en los sentimientos de ambas.

-Te equivocas, yo siempre te ame, desde el primer momento en que nuestras miradas se cruzaron. – Ella se abalanza a él, quiere abrazarlo, pero él se lo impide tomándola sin ninguna delicadeza por las muñecas. Su frase es tan cursi. No me sorprendería que la hubiera robado de alguna telenovela.

-Tú no me amabas, jamás lo hiciste. Tú me deseabas. Pero en aquel entonces era muy joven y tonto para entender la diferencia, y me duele mucho que tú a pesar de tantos años, aún no conozcas el valor de dicho sentimiento.

-Entonces ¿me odias? – Le cuestiona ella, en su idioma materno, haciendo la pregunta más personal.

-Ya no más. Te mentiría si te dijera que nunca lo hice, pero así fue. Cuando te abandoné estaba lleno de furia, de rencor. No podía concebir que yo te hubiera puesto mi vida a tus pies, y tú sólo me vieras como un arma en tu guerra. María, tú me quitaste toda mi humanidad, me convertiste en un monstruo, no puedo culparte, para ti eso es lo que somos. No puedo odiarte porque también me diste el regalo más grande que jamás alguien pudo darme jamás, me diste la inmortalidad. Si tú me hubieras matado esa noche, nunca hubiera podido conocerla a ella.

-Tú fuiste más que un simple soldado para mí- Le refuta ella con desesperación.

-Lo sé, María, lo sé, pero jamás fui tu amor. Hubiera sido injusto permanecer juntos viviendo en esa farsa, pues yo tampoco llegué a amarte verdaderamente. Te admiraba, te anhelaba, te deseaba desesperadamente como a la misma sangre, pero no te amaba. Lo entiendes, por eso es que jamás regresaría a ti.

De ser protagonista, me convertí en una espectadora, y con gran interés veo como ella tranquilamente se libera de sus manos, y lo acaricia suavemente en una de sus mejillas. No puedo evitarme sentirme celosa, y no me preocupo de que Jasper pueda darse cuenta, a fin de cuentas sé que él sentiría lo mismo si un viejo amor- en caso de que existiera- me estuviera acariciando.

-Gracias por aceptarlo. No te odio María, y quiero que sepas que si algún día me necesitas sin duda acudiré a ti. – Le promete él tomando y alejando compasivamente la mano de su mejilla.

-¿Prometes que jamás le harás daño? – Me pregunta ella, incluyéndome de nuevo en la conversación.

-Así que era eso lo que te preocupaba- Le respondo, pasmada por su pregunta- No, querida, jamás lo dañaría en ningún sentido. Él es lo más valioso de mi existencia. Él es mi razón de ser, sin él simplemente seguiría perdida.

Se queda en silencio, nos da un último vistazo, no sé si convencida o vencida por nuestras palabras, y sin decir más se aleja dejándonos solos. No me atrevo a mirar a Jasper, sé que está molesto. No es común que nos ocultemos las cosas, y en esta ocasión me he pasado de la raya. No me habla, está esperando a que haga el primer movimiento, como buen caballero, primero las damas.

- ¿Cómo supiste que estaba aquí? La última vez que te vi, estabas entretenido con unos linces. - Lo cuestionó, tranquilamente sin dejarle ver mi remordimiento ni el miedo que tengo a que se enfade conmigo.

-En verdad pensaste que engañando a Emmett me engañarías a mí. Creí que me considerabas un poco más perspicaz.

-Todo iba bien, ¿no sé que falló?- Le indico, acercándome a él e invitándolo a alejarnos de aquel sucio lugar.

Estabas tan preocupada, que pasaste en alto que fecha es el día de hoy, ese fue tu error en tu plan "perfecto". Por cierto ¡Feliz Aniversario Cariño!

-No puede ser , hoy es…..

-Si cariño, hoy es el día de San Valentín. Ahora puedes entender mi preocupación al llegar a casa, y ver que no estabas ahí en nuestro aniversario. Tú quien cada año se encarga de hacerlo único y especial.- Dice exagerando sus movimientos- Al principio pensé que tu ausencia era parte de la sorpresa, por lo que empecé a seguir tu pista, por medio de tus tarjetas de crédito. Sabes, me imaginaba que tal vez me esperabas en algún hotel lujoso en Nueva York, o Londres, pero mi corazón se llenó de miedo al ver que estabas en los Ángeles. Tal vez a veces sientas que no te presto atención, pero no es así, y por eso mismo sé que jamás pondrías un pie en esta Ciudad si no fuera algo realmente importante.

Sonreí. Él tenía razón, me conocía lo bastante bien.

-En cuanto llegué me dediqué a buscar tu rastro. Me intrigaba el porqué me habías ocultado que vendrías, pero al encontrarte en plena confrontación con María comprendí todo.

-¿Estás enojado?- Le preguntó, tomando su mano y mirándolo directo a los ojos.

-Sí, molesto de que no confiaras en mí, de que tuvieras miedo de que cayera de nuevo a los brazos de María, de que no pudiera controlar al monstruo que llevo dentro.

-Lo siento.

-Lo sé. Ahora prométeme que jamás dudarás del amor que te profeso.- Lo dice a la vez que deposita un tierno beso en mi frente como acostumbra.

-Lo prometo.

-Muy bien, pero sólo te perdonaré si aceptas ir a celebrar lo que resta de nuestra noche.

Encantada de hacerlo. Sólo espero que en tu equipaje hayas incluido el precioso vestido de Carolina Herrera que tenía previsto para la ocasión.

No lo sé, si quieres averiguarlo tendremos que regresar al hotel.

La habitación aún se encuentra en penumbra. La luz del día apenas se adivina afuera. Los primeros rayos del sol asoman tímidamente por entre las cortinas, sin iluminar nada aún. Sin embargo, los cuerpos entrelazados de los amantes inmortales irradian el lugar, y llenan la perversa Ciudad de un infinito sentimiento de amor que hace feliz a todos sus habitantes aunque sea por una mañana.


Este es el último fic de este reto. Les agradezco infinitamente haberme acompañado en esta aventura, gracias como siempre por leer mis locuras y apoyarme en todo sentido.

Un gran abrazo y nos estamos leyendo pronto.