Antes de que terminara de desaparecer lo abracé y bese por ultima vez, este había sido el mejor regalo que la vida me había da

Antes de que terminara de desaparecer lo abracé y bese por ultima vez, este había sido el mejor regalo que la vida me había dado, después de todas las tristezas, incertidumbres y de mas había amado de verdad a alguien.

Él me separo y me susurró:

Nunca había amado a alguien o algo como te ame a ti, aunque mi cuerpo desaparezca hoy mi corazón seguirá atado a tu cuerpo, mi corazón llegara a estar con el tuyo algún dia te lo prometo.

Yo asentí ante sus palabras.

-Prométemelo, nunca me abandonaras.

-No te lo prometo te lo juro.

Me abrazo de nuevo y volvió a tocar mis labios con los suyos fríos aterciopelados, de repente termino, abrí mis ojos y él ya no estaba.

Caí en el suelo y llore, no llore como lo hacia con mamá, llore como si una mitad de mi vida hubiese desaparecido y no la pudiese recuperar, pero Simón me había jurado que estaría conmigo y yo debía de ser fuerte. Fui a casa y dormí.

Al despertar camine escaleras abajo y cogí un tazón de cereal lo llene hasta el tope y lo comí todo. Mi mente estaba en ese sueño hecho realidad, recordaba los besos de Simón, sus abrazos, su pecho descubierto la primera noche que estuvo en casa, recordé su voz, su extraño pelo, la forma en que sus brazos tocaban mi cara de vez en cuando y mis labios mas a menudo la noche pasada.

Papá llego cuando yo aun seguía sumergida en mis pensamientos y se quedo mirándome asombrado.

-¿Estas comiendo?-pregunto sorprendido.

-Si, no puedo – tenía un poco de ira reprimida.

-Para nada, solo me extraño, me voy a tomar una ducha.- subió las escaleras y oí el agua de la ducha.

No debía descargarme con él, solo quería ser escuchada, ya extrañaba a Simón quería volver a unas horas atrás y decirle que lo amaba mas que nadie, que no me dejara que lo necesitaba que no me importaba condenarme si me podía quedar a su lado, pero sabia que era una cobarde y que aunque se lo pidiese el se negaría.

Subí a mi habitación y me encerré y llore como había llorado hacia unas tres horas por Simón lo volví a hacer.

No salí de casa ese dia, tenía desaliento y sentía que cada que me paraba me caería, estaba mas palida de lo normal y tampoco comí más.

Pare de llorar al dia siguiente, tenía que ser fuerte, tenía que vivir por Simón, por mi madre, por Loreine, por mi padre y por mí.

Me arregle y escribí una carta a Loreine para saber de ella, después la lleve al buzón y volví a casa, papá me esperaba para llevarme a ver a mamá.

Aquí no termina, aun falta por terminar la historia de Simón y Sofía.