Reconciliación: Capítulo 9:

"El amor es el flujo inmortal de energía que nutre, se extiende y preserva. Su meta eterna es la vida." Smiley Blanton

Se sentía tonta. Increíble y totalmente tonta mientras estaba allí parada, esperando. Katara podía escuchar las gotas de lluvia que golpeaban el techo. La mayoría de la gente no podía, pero eso la hacá sentirse más segura de sí misma. Le gustaba la lluvia, personalmente prefería la nieve, pero le gustaba como sonaban las gotas al tocar el suelo, otro cuerpo de agua estancada, incluso cuando tocaba su piel como miles de besos helados. Katara adoraba como olía el mundo luego de la tormenta, todo estaba dulcemente limpio. era un nuevo comienzo. Pero ahora, mientras la lluvia golpeaba el techo y los truenos sonaban a la distancia, encontró que sonaba bastante parecido a su corazón martillante; inestable e impredecible, dos cosas que odiaba.

Ya que Zuko era ahora la escolta de Katara, se suponía que ella debía venir con Iroh, Ursa, Sokka, Suki Toph y Aang, como invitada de honor. Sin embargo, Zuko estaba, lo que se podría decir, perdido.

"¿Lo viste en alguna parte?" Katara le preguntó a Aang por milésima vez. "Dijo que estaría aquí hace diez minutos..."

"No," Aang estaba tratando de arreglar el complicado cuello de su camisa, pero se detuvo cuando Katara quitó sus manos y lo arregló ella misma.

"¿Puedes escucharlo, Toph?"

"Hay demasiadas personas allá abajo," Indicó las escaleras que dirgían al salón en donde el resto de los invitados esperaban. "es difícil concentrarse en solo un par de pisadas con tanta gente."

Ursa estaba igual de preocupada. "Se va a perder su propio cumpleaños..." Miró a Iroh, quién le ofreció su brazo justo después de que la última pieza antes de la entrada llegara a su fin.

Iroh, quien había subido de peso desde la llegada de Katara, se veía más saludable que antes. Pero Katara podía ver que las sombras debajo de sus ojos se rehusaban a irse; su piel pálida natural estaba incluso más blanca, tanto que casi parecía papel. Mientras sonreía, Katara olvidó todo eso. "No te preocupes, si conozco a mi sobrino tanto como creo que lo conozco, adora hacer entradas dramáticas." Le aseguró a Ursa. Con una señal procedieron a bajar las escaleras con el sonido de aplausos cubriendo el salón.

Justo cuando Sokka y Suki comenzaban a bajar las escaleras luego de que sus nombres fuesen anunciados y Toph y Aang estaban haciendo ajustes de último minuto, Zuko entró corriendo por la esquina. Estaba usando su traje formal color sangre, con un patrón de rojo y dorado, muy parecido al traje de Iroh. Su largo cabello negro fue recogido en una cebolla, pero Katara, a pesar de su furia por haber sido obligada a esperar tanto tiempo, pensaba que se veía mucho mejor con una simple túnica, pantalones y su cabello suelto alrededor de sus hombros. Aunque mantuvo ese pensamiento en secreto.

"¿Dónde has estado?" Katara siseó. "¡Se suponía que debiste haber llegado hace diez minutos!"

Él simplemente la miró, una pequeña sonrisa apareció en sus labios. "Te ves hermosa..."

"Gracias... Y eso no era una explicación-" Fue interrumpida, sin embargo, mientras Toph y Aang fueron anunciados y desaparecieron en las escaleras. "Venimos nosotros."

Zuko le ofreció su brazo como era de costumbre y ella lo aceptó. "Recuerda," le susurró, como si se tratara de un milenario secreto. "Sólo respira."

"No me dejes caer," Katara susurró de vuelta mientras recogía la gema de su kimono.

"No lo haré." Prometió mientras sus nombres estaban siendo anunciados y descendieron las escaleras dentro de un millar de gritos de slegría y regocijo, colores s volando por doquier, risas y música. Katara estaba agradecida, por primera vez, de estar tan fuertemente agarrada del brazo de Zuko; sin él, ella se hubiese perdido en medio de un alguebrío caótico. Y ni una sola vez durante la noche la dejó ir, al menos no voluntariamente. Una que otras veces se separaría de él para saludar a un ministro o a un viejo amigo, pero siempre regresaría a la misma posición a su lado, en donde él le tomaría de la mano o pasaría su brazo por su cintura.

Varios embajadores miraron a la pareja o a ellos, volviéndose a sus esposas o maridos para susurrar. Miembros redimidos de la "vieja nobleza", como eran llamados, de la Nación del Fuego; tales como la familia de Mai y Ty Lee no lo aprobaban y su desdicha era evidente. Ellos pretendían educación, pero Katara podía ver que sus sonrisas no alcazaban sus ojos. Solo visitaron a la vieja nobleza tanto como Zuko tenía que y luego se la llevó tan lejos como pudo, tan rápido como pudo.

"No parezco agradarles," Katara susurró luego de haber acabado una conversación con los padres de Ty Lee.

"Si te hace sentir mejor, tampoco les caigo muy bien que digamos." Le aseguró con una sonrisa. Luego, su sonrisa fue remplazada por una mirada de sorpresa mientras miraba a la pareja que charlaba con Toph y Aang. "Vino..."

"¿Quién?"

"Ty Lee..." Él la guió a través del salón y llegaron a donde estaban Ty Lee y Haru. Ty Lee se veía igual que como la recordaba, solo que esta vez estaba cerca de Haru, quien tenía su brazo bien puesto alrededor de su cintura; era un paisaje que Katara encontró extraño y agradable a la vez.

La sonrisa de Ty Lee se puso aún más radiante al ver a Katara y a Zuko acercárseles. "¡Zuko!" Chilló cuando él le daba un gran abrazo, cuando la liberó, Ty Lee vió detrás de él y al ver a Katara su sonrisa desapareció. "¿Dónde está Mai?"

Zuko se econgió de hombros. "está por aquí, en algún lado." Dió una paso hacia atrás y tomó la mano de Katara. "¿Seguro recuerdas a Katara?"

"Oh..." La misma sonrisa regresó a la cara de Ty Lee. "Oh, sí. ¡Haru me ha contado tantas cosas sobre ti que siento que ya somos amigas!"

"Así que," Katara tuvo que preguntar. "¿Cómo demonios se llegaron a conocer?"

Ty Lee se lanzó a contar historias dramáticas de sus viajes con Mai, embelleciendo la historia con locos movimientos y cambiantes expresiones faciales. "...y luego la piedra se levantó y mi Haru," miró a Haru con unos ojos tan llenos de amor y admiración que era difícil no estar conmovidos por ellos. "estaba ahí, preguntándome si estaba bien..."

"¿Levantó una piedra?" Toph levantó una ceja. "¿Eso es todo?"

"Ssshhhhh..." Aang siseó.

Pero ty lee no prestó atención; estaba muy ocupada explicando que, al principio, los padres de Haru e incluso la aldea completa estaba en su contra y que por primera vez pudo ver cuánto balance necesitaba el mundo. "Somos tan opuestos, pero..." Lo decía y se encogía de hombros, porque no era importante para ella. "Tan iguales. Haru es mi base, y yo lo mantengo en sus pies."

Ty Lee lo entendió. ¿Por qué nadie más lo podía ver? Katara, finalmente, podía poner en palabras lo que sentía por Zuko; una atracción inconfundible. Como la luna halando las olas en el océano, o el balance entre luz y oscuridad; ellos eran el uno para el otro. Katara sintió como la mano de Zuko apretaba la suya aún más fuerte, y supo que él también lo había entendido.

Katara sintió una mano en su hombro y se volteó para ver a Mai. "Necesito hablar contigo," ella susurró. Katara podía sentir a Zuko mirándolas así que le dijo en un suave susurro que pronto estaría de vuelta. Mientras seguía a Mai a una parte menos bulliciosa del salón, escuchó a Toph decirle a Aang: "Camina la muerta..."

"¿Qué?" Ty Lee la había escuchado y Aang golpeó su frente frustrado.

Mai de detuvo frente a una de las ventanas, donde se podía ver la lluvia cayendo uniformemente y casi serenamente. "Solo quiero que sepas que me rindo." Dijo Mai en una voz tan baja, Katara apenas pudo oírla por sobre la lluvia.

"¿De qué hablas?"

Mai subió sus manos como si fuese su bandera blanca. "He decidido que él no es el mismo chico del que me enamoré... Es todo tuyo. Pero," Sus ojos se tornaron amenazantes. "Si rompes su corazón, no dudaré en buscarte y matarte."

Katara sonrió, sabiendo que la amenaza, no importaba lo real que fuera, venía con buenas intenciones. Agradeció a Mai. "No te preocupes; estará a salvo conmigo."

Y luego Mai hizo algo que Katara pensó nunca vería; sonrió una pequeña, pero honesta sonrisa, y le agradeció de vuelta. Mientras Mai se ponía derecha y desaparecía entre la gente, Katara escuchó a alguien venir hacia ella. Se volteó y allí estaba Zuko, con una mano extendida hacia ella y una sonrisa en su rostro.

"¿A qué vino todo eso?" Él preguntó cuando Katara tomó su mano.

"Mai y yo hemos llegado a un acuerdo," Katara le informó. "Eso todo."

"Nunca he visto a Mai llegar a un acuerdo sobre algo." Bromeó.

"De alguna manera, no creo que fue todo sobre mí," miró directo a sus ojos.

"¿Qué? ¿Yo?" Se señaló a sí mismo. "¿Crees que tengo algo que ver en esto?"

Katara cruzó los brazos y se quedó esperando una respuesta honesta, su pie golpeaba el suela impacientemente. "No creo, lo sé."

Zuko suspiró. "Bien, te lo diré con una condición."

"¿Cuál condición?"

"Ven conmigo."

"¿Ir contigo a dónde? Es tu fiesta, no podemos irnos." Hizo ademán de molestarse por los invitados, pero Zuko no lo creyó.

Simplemente se encogió de hombros. "Ya he hablado con todos aquellos con los que necesitaba hablar y además, ni siquiera conozco a la mitad de estas personas. Nadie nos va a extrañar."

"¿A dónde vamos?"

"Es una sorpresa."

Katara lanzó una mirada rápida hacia donde sus amigos hablaban y reían. Si se iba ahora, Sokka le daría una larga charla sobre ser responsable. Pero también, estaban tan metidos en lo que estaban haciendo; Katara dudaba que los extrañarían a ella y a Zuko del todo. Le sonrió. "Muéstrame el camino."

Zuko tomó su mano y se escaparon por una puerta trasera y pasaron por la atareada cocina cuando Katara oyó una voz familiar.

"¿Mi lady?" Hoshi asomó su cabeza por la puerta de la cocina con la pequeña Yuuna a su lado. Yuuna, decidiendo que quería mucho a su tía, salió corriendo y alzó sus brazos hacia Katara. Ella simplemente se agachó y cárgó a la pequeña.

"¿Mi lady? Había pensado que usted y..." salió de la cocina para ver que Zuko estaba con ella. "Oh..." Sonrió; una mano en su cadera. "Ya veo."

"Hoshi... No es lo que crees..."

"Por supuesto que no lo es, Mi Lady." Hoshi tomó a Yuuna de los brazos de Katara. "La veré mañana en la mañana. Buenas noches, Su Alteza," Se agachó lo más que pudo y regresó a la cocina.

Katara suspiró. "Esto nunca va a terminar."

"¿Qué no va a terminar?"

"No importa," Le aseguró. "Te lo diré más tarde. Ahora, ¿a dónde íbamos?"

"Sígueme," respondió él con una sonrisa generosa y corrieron por el pasillo porque podían. Pasaron por el corredor donde estaban las habitaciones de Katara, Toph, Sokka y Aang, también pasaron por el pasillo en donde Zuko, Iroh y Ursa vivían, pasaron el jardín y subieron unas cuantas escaleras hasta que llegaron al comienzo de lo que parecía un balcón. Una cortina roja los protegía de la ahora suave llovizna y mientras ella la apartó un poco pudo ver que la vista cubría todo el Palacio y las tierras que lo rodeaban, incluyendo el camino e incluso los bosques a través de los cuales ella y Zuko habían montado a caballo-avestruz.

"Esto es increíble," Dijo, moviendo la cortina para ver incluso más allá.

"Era una torre de guardia, pero no se podía ver mucho desde aquí así que se olvidaron de ella. Cuando era pequeño, subía para acá para contemplar al mundo." Salió al balcón, una mano extendida frente a él, probando a ver que tanto llovía.

Katara tomó el cepillo de loto de su cabello y lo dejó caer suelto, lo dejó en la baranda de la escalera y se le unió. Cerró sus ojos y miró a hacia el cielo, sintiendo las pequeñas gotas de lluvia caer sobre sus mejillas y cabello. De alguna manera, cuando llovía así, le recordaba a su madre. Subió la mano a su cuello y luego la dejó caer, el collar no estaba ahí. "Sokka tuvo una torre de guardia una vez." Katara dijo. "Antes de irnos de casa. Se destruyó."

"¿Pasaba mucho tiempo allí?"

Katara asintió. "Pero no yo, siempre me escapaba y caminaba cerca del océano, oír las olas golpear el hielo, sentir el halar y el tirar y solo pensar. Era tan pacífico."

"Lo extrañas. Puedo escucharlo en tu voz."

Asintió de nuevo. "Mucho, pero no era lo mismo en el Polo Norte."

"Siempre puedes regresar, tú y Sokka parecen haber arreglado las cosas."

"Sí, lo hicimos pero, me quedaré aquí... Hasta que..." su voz se fue acallando. "Se que estás preocupado por él."

"Pensé que si te llamaba lo suficientemente rápido, podrías salvarlo." Miró al suelo. "Pero... Está empeorando. Puedo verlo."

Katara asintió una vez más. "Lo está. No le queda mucho tiempo."

"Lo sé," Su voz guardaba tanta tristeza que hacía que su corazón se encogiera. Tratando de mejorar las cosas, tomó su brazo en el de ella. "Después de todo lo que he hecho, todo el caos que he causado, pensé que podría mejorar las cosas." Se acercó a ella. "Después de todo lo que te he hecho pasar, tenía que intentarlo. No sé si ya te he dicho lo mucho que lo siento. Por todo."

"No fue completamente tu culpa. Todo estaba tan... Enredado en ese entonces." Ella suspiró. "Yo también lo siento, por todo lo que te dije de como no podíamos confiar en ti y que nos darías la espalda en cualquier momento."

"Fue mi culpa."

"Basta." Apretó aún más su brazo. "Si no nos dejamos de culpar por cosas que ya pasaron, no iremos a ningún lado."

"Supongo que tienes razón..." estuvo en silencio por un rato.

"¿Así que, qué le dijiste a Mai exactamente?" Katara trató de distraerlo.

"Bueno, sabes desde que volvió, hemos pasado bastante tiempo juntos. Pensó que quizás podríamos darle otra oportunidad a lo nuestro, pero yo le dije que no podía."

"¿Por qué no?"

Él la miró a los ojos. "¿En serio tienes que preguntar?"

"Sí, tengo que. Has estado actuando tan extrañamente estos últimos días que ya ni se donde estamos parados. Tenías una decisión que tomar y yo no iba a interferir."

"Cuando viniste a cenar esa primera noche con tu kimono azul, no tuve opción," le informó. De repente, su brazo estaba al rededor de su cintura y la estaba halando más cerca, sus manos cayeron en sus codos, y ella lo miró a los ojos. "¿Q-Qué estás haciendo?"

"¿Qué crees?" Él le preguntó sonriendo para sí mismo. Se acercó un poco más a ella y-

"¡MI LADY!" Hoshi estaba en la entrada. "¡Mi Lady Katara!"

"Por el amor de Agni, esto no puede estar pasando. Es la persona más puntual que he visto," Zuko dijo sarcásticamente y se alejó sabiendo que habiendo pasado eso unos segundos más tarde, los hubiesen atrapado. Katara suspiró y tomó el cepillo de nuevo. Ambos salieron a través de la cortina e interceptaron a Hoshi antes de que ésta terminara de subir las escalera, quien también parecía tener un ataque.

"Hoshi, ¿qué sucede?" Katara le preguntó a la muchacha, tomándola por los hombros.

"¡Lord Sokka me mandó a buscarla! ¡Lady Suki está en trabajo de parto, la necesita!"

"¡¿Qué?! ¡Todavía le falta un mes!"

"Bueno, obviamente el bebé no sabe eso," Zuko agregó.

"¡No ayudas!" Katara siseó. "¡Hoshi ve y toma tantas toallas encuentres en tu camino y búscame en la habitación de Sokka y Suki!"


Como una hora antes del amanecer, Katara sostuvo a su nueva sobrina bebé mientras Hoshi y otra ama de llaves limpiaban la habitación. Suki se quedó dormida rápidamente con Yuuna y Sokka a su lado. Bebé Yori parecía disfrutar el toque de Katara y por ahora estaba muy callada. Sacó a su sobrina al pasillo, tarareándo la canción de cuna suavemente. Yori dió un pequeño bostezo y cerró sus brillantes ojos azules.

"Cuando el sol se ponga,

Cuando el día llegue a su fin.

Cuando las estrellas ya no estén,

Recuerda que me quedaré aquí...

Cuando la tormenta ataca,

Y toda tu luz ya se fue,

Contra en viento y la montaña,

Aquí estaré para verte crecer..."

Las palabras vinieron fácilmente a los labios de Katara mientras mecía a su sobrina para dormirla pero seguía cantando mientras las palabras seguían llegando. Habría un punto en donde Katara no podría seguir cantando la canción de cuna, no solo porque no recordaba que venía después de eso, su voz se ahogó cuando se dió cuanta de que ambas hijas de Sokka crecerían con una madre, y con tanta familia que no sabrían que hacer con ella.

"Conozco esa canción," Zuko apareció a sus espaldas; ella se volteó y lo tomó de la mano con una mano libre. Se había cambiado a ropas más relajadas, igual que ella. Había dejado su pelo suelto y con una mano libre se lo arreglaba. "Mi madre solía cantarme esa canción."

Ella sonrió. "Eso es todo lo que recuerdo... Pienso que debe haber más pero..." sacudió su cabeza y ahogó un bostezo.

"Te vez exhausta."

"Lo estoy," Admitió. "Pero, esto hace que todo valga la pena," le ofreció el bebé.

"Oh no...no no no..." Pero Katara le dió a Yori de todos modos y la expresión de pánico absoluto en su rostro no tenía precio.

"Sostén su cabeza con tu mano y mantén la espalda con la otra, " Katara ordenó gentilmente, posicionándolo de una manera para que fuese imposible que Yori se cayera de sus brazos. "Ahí, ves... Eres natural." Sonrió cuando vio la cara de Zuko suavizarse mientras él miraba a Yori. Había algo en su mirada que hacía que Katara sintiera que se resbalaba en cerámica, sin posible escape, iba cayendo y ella no podría estar más contenta con el resultado.

"Es tan pequeña... ¿Son todos así de pequeños?" Preguntó él.

"No, Yuuna era enorme. Normalmente son los primogénitos los que nacen pequeños y el segundo es el que nace grande, pero," Katara se encogió de hombros y ahogó otro bostezo.

De repente, Zuko empezó a tararear. La misma melodía, el mismo tono y luego Katara pudo oírlo cantar el resto de la canción de cuna.

"Duerme mucho y bien, mi bebé,

Bajo la luna, las estrellas y el Sol.

Que todos tus sueños se hagan realidad,

Mientras el cielo esté claro y azul, amor.

No importa a dónde vayas,

Solo cierra tus ojos, ya debes saber

De mi corazón no te irás.

Mientras yo vivo esté..."

"Deberías ir a la cama," le aconsejó, aún mirando a Yori.

"Tú también."

"¡Ambos deberían!" Sokka apareció en la puerta. "Pensé que ambos se habían ido a la cama hace una eternidad." Tomó a su hija menor en sus brazos y con un brazo empezó a mecerla.

"Dice el mayor," Katara sonrió mientras se apoyaba en Zuko, quién la escoltó a su habitación. Justo cuando llegaron a la puerta y ella estaba a punto de decir 'buenas noches', Zuko alzó sus manos y capturó su rostro entre ellas. Movió sus pulgares sobre sus pómulos, y luego la acercó a el mientras sus manos abandonaban su cara.

"Así que, ¿vas a terminar lo que empezaste?" Ella preguntó muy suavemente.

"Soy un hombre de palabra,"

Ella habría hecho un comentario inoportuno, pero su cerebro se derritió y dejó de pensar cuando sintió sus labios sobre los suyos en una manera tan dulce y gentil que hizo que Katara prácticamente de derritiera bajo su cuerpo. Sus manos subieron por su amplio pecho y se colocaron detrás de su nuca, una mano jugaba con los cabellos de su cuello.

Las manos de él se movieron por su espalda, acercándola, más cerca hasta que él era lo única que ella podía ver y sentir. Mientras intercambiaban beso por beso, Katara trató de contarlos; uno, dos, cinco, doce... Perdió la cuenta. Algo que había dicho ty Lee hace rato aún seguía retumbando en su mente, incluso ahora; "Somos tan opuestos, pero... Tan iguales" era completamente verídico en cuanto a ella y Zuko mientras se pararon ahí, besándose, hasta que salió el Sol.