¡Cuánto tiempo! Bueno, sigo por aquí, con un fic muy cortito en capítulos –no en páginas- serán sólo dos. Después de exámenes superados y todo el lío de septiembre, ya tengo tiempo y por aquí voy a estar dando el follón.

¡Espero que os guste!

Disclaimer: aunque la historia es mía, Bleach pertenece a Tite Kubo, así como los personajes. El IchiRuki es también suyo –lo quiera o no- yo sólo lo desarrollo un poco…

No Reply.

"If I were you'd realise that I

love you more than any other guy,

and I'll forgive the lies that I

heard before when you gave me no reply."

The Beatles.

"Al final no fue tan malo hacerle caso a nii-sama" pensó mientras se mecía lentamente en un balancín y se acariciaba la barriga. La mansión Kuchiki estaba muy tranquila en aquella época, los árboles de cerezo que tanto gustaban a su hermano ya estaban en flor, y el sol se oteaba en el horizonte fuerte pero no tan brillante como para causar ceguera. Una pequeña brisa le rozaba la cara mientras barajaba nombres, futuros nombres, que esa misma noche expondría ante su familia.

Hacía ya más de un año que Kuchiki Rukia se había casado. Y menos de ocho que estaba embarazada. Era una alegría para toda su familia, ya que ellos necesitaban sangre nueva, tanto como agua un sediento. No temían por la extinción del Clan, pero si por la falta de gente joven en sus filas.

Al estar en un estado tan avanzado, le prohibieron asistir a las prácticas de su Escuadrón, ya que ella y su cabezonería estaban dispuestos a eso y a más. Así que la trasladaron a la mansión de su hermano para tenerla vigilada y que no hiciera esfuerzos.

Hacía ya más de seis meses que su marido había muerto en una incursión a Hueco Mundo, y menos de dos que ya no llevaba luto. Pues la mayoría de sus amigos le habían aconsejado quitarse la tristeza de encima en pos de la nueva vida que iba a tener. Pero Rukia no se sentía sola, en ningún momento, y estaba contenta con su nueva condición.

Se casó con el beneplácito de su hermano y de todo el Clan Kuchiki, nadie se opuso a su matrimonio, y durante un tiempo hasta ella misma creyó ser feliz al lado del que era su marido. Pero un mal día un maldito arrancar lo dejó sin vida en el frío suelo de arena del hogar de todos los hollows: Hueco Mundo. Lloró durante mucho tiempo su pérdida, pero en ningún momento creyó poner en peligro al bebe. Ya que el padre del niño estaba entusiasmado con la idea, y ella misma se hacía poco más consciente de lo que estaba pasando.

Todo el mundo pensó que ella culparía a su hermano de la desdichada muerte de su marido. Todo el mundo menos ella misma. Era bien cierto que había sido Kuchiki Byakuya quien había instigado en una reunión de Capitanes que su cuñado era el ideal para esa tarea. Pero claro, el estado de Rukia era sólo conocido por unos pocos –entre ellos su hermano- y el Capitán General no dudó en enviar a un shinigami de su valía a una importante misión a Hueco Mundo, eso si, acompañado de varios Oficiales de su Escuadrón.

Rukia jamás pensó que su hermano enviara a su esposo intencionadamente. No, su nii-sama había cumplido con su deber como Capitán de Escuadrón y envió a quien pensó más capacitado. Y si eso no era así, si ella se estaba auto engañando ¿quién podía culparla? No quería perder a casi toda su familia por un solo incidente, y prefería pensar en la buena fe de su hermano.

El Seretei entero lloró la muerte de un personaje tan ilustre, se había hecho un pequeño hueco en los corazones de muchas personas, y nadie habría querido que le ocurriera algo así. Al fin y al cabo luchó en la Primera Gran Guerra contra el traidor Aizen Sousuke, y fue un gran combatiente. Pero lo que nadie podía entender era la reacción de su viuda, apareció altanera, sin derramar una sola lágrima en público, tan sólo sus mas allegados lograron saber cuan alto era su dolor, y no estaban del todo seguros de si fingía o no. Es más, a los pocos meses, aconsejada para bien o para mal, dejó el luto y comenzó su vida normal. Para los shinigamis no era una reacción lógica, y miraban con lupa a Kuchiki Rukia ¿sería capaz que esa mujer de hielo nunca hubiese querido a su marido? Era una de las preguntas que pululaban por el Seretei.

Pero a ella las habladurías le daban más que igual. ¡Que hablaran! Tanto o más hasta que se les cayera la lengua y se les desencajara la mandíbula. Su vida era suya, privada. Y mientras tocaba su abultado vientre sabía que lo había hecho todo bien, que había tomado buenas decisiones y que su vida se encontraba ahora en un buen punto intermedio.

Mientras miraba atentamente las nubes que surcaban el cielo, en aquel patio central de la Mansión Kuchiki. Rukia escuchó como aquel escandaloso pelirrojo avanzaba a paso rápido hasta donde estaba ella ¿Qué querría ahora? Con lo tranquila que estaba, a punto de dormirse en una tardía siesta, pues la cena estaría en poco más de una hora.

-¡Rukia! –la llamó alegremente con un papel en la mano.

-¿Qué es tan importante –comenzó a bostezar pero se detuvo por ser una falta de educación- como para que interrumpas nuestra –señaló a su barriga- siesta?

-Lo siento –se rascó la cabeza- pero Unohana-Taicho me manda para que te los entregue.

Rukia frunció el ceño.

-¿Y por qué a ti? ¿Y no alguien de su escuadrón?

-No lo tengo claro, creo que porqué quería enviárselos antes al Taicho.

-¿Por qué iban a interesarle esos papeles a mi hermano antes que a mi, Renji?

-No lo se, pero lleva varios días mandando shinigamis al Cuarto Escuadrón para saber si están o no…

-¿De verdad?

-Está preocupado por ti… -le entregó el sobre- y no le culpo.

-¿Por qué? –alzó una ceja y se metió la carta en el bolsillo de su traje.

-No es normal que estés tan contenta, y seas tan feliz…

-¡Voy a tener un hijo!

-¡Pero hace sólo seis meses que se murió tu marido! ¡Das de qué hablar Rukia!

Eso ella ya lo sabía pero no podía hacer nada, sólo encerrarse en su mansión y no ver más que a sus más allegados. Seguro que si se hubiera vuelvo loca de dolor, hubiese perdido los estribos y se hubiese dejado de tal manera que pediera a su hijo, todo el mundo estaría más que contento con la actuación de Kuchiki Rukia. Pero parecía que no se podía avanzar en la maldita Sociedad de Almas.

-Lo se Renji… lo se… -miró tristemente el suelo, pero acto seguido sonrió mientras se levantaba de su asiento.

-¿Te encuentras bien?

-Claro que si –se cogió su dolorida espalada y comenzó a andar dirección a su cuarto- dile a nii-sama que me llame para la cena ¿te quedas no?

-Claro, como no hacerlo… -musitó.

Rukia recorrió los austeros pasillos de la mansión hasta encontrar su habitación, no aquella que compartió a veces con su marido, sino su habitación de toda la vida, la que abandonó el día que pasó a ser esposa de un shinigami.

La verdad es que el mismo día que él partió hacia Hueco Mundo ella se trasladó a esa habitación, se encontraba mucho más cómoda y era el lugar que consideraba más suyo de la mansión.

Una vez entró se dirigió a la cama para que ella y su molida espalada pudieran descansar tranquilamente hasta que la llamaran a la cena. Esa maltita cena, donde habrían fotos suyas por todas partes. Ya que era ese día, y no otro, en el que su cumplían seis meses de su muerte. Se instó a llorar, lo intentó, pero ni una sola lágrima cayó por sus mejillas. No es que no se las mereciera, ni es que no lo quisiera. No, ese no era el caso, la verdadera razón se encontraba dentro de ella.

Durante la siesta, soñó con uno de los momentos más importantes de su vida, aquella vez que ella recordaba como el día que engendró a su hijo.

En el distrito dos del Rukongai había un hermoso parque donde antaño los estudiantes de la Academia acudían a pasar el día y practicar tanto su arte con la espada, como el kidoh. Pero ese día estaba nublado, el cielo amenazaba tormenta y les habían avisado de que un hollow andaba por la zona. "¡Estúpido y loco Hollow que anda por el distrito dos!" pensó Rukia mientras caminaba al lado de su compañero de Escuadrón, con el que siempre había hecho todas las misiones: Kurosaki Ichigo.

-No pongas esas cara, Ichigo –el chico la miró atentamente.- No va a llover aún.

-Pero nos pillará en el camino de vuelta ¡maldito hollow! Sabes que odio la lluvia…

-Y yo también.

-Lo se ¿Dónde dice ese maldito trasto que nota la energía del hollow?

-Sígueme.

Matar al pobre hollow no fueron más que un par de espadazos. Evidentemente no sabía lo que hacía el pobre loco. Así que el hecho de que fueran los dos shinigamis juntos no era más una costumbre que una necesidad. Pero lo más interesante de la sesión fue corroborar un hecho que Ichigo sospechaba desde hacía mucho: Kuchiki Rukia no era adivina. Pues en escasos quince minutos tras su predicción comenzó un leve repique de gotas, así que cuando el chico fue a gritarle alguna insensatez ella le dijo que eso no era nada. Pero cuando al poco tiempo comenzó una verdadera lluvia no se pudo callar.

-¿Con que no iba a llover eh? –dijo guareciéndose como pudo debajo de un árbol.

-¡Quien podía imaginar semejante chaparrón! –comentó Rukia mientras se ponía a su lado.

-Desde luego tú no…

-¡Cállate y haz algo útil! No podemos quedarnos todo el día debajo de un árbol…

-¿Inútil yo? ¡Haz algo tú enana mal criada!

-¿Todavía estas enfadado imbécil? ¡Si lo acordamos los dos!

-¡Pero vivir en casa de Byakuya!

-¡No había otra opción…! –le miró con recelo, pero le sonrió.- Vamos busquemos un lugar donde guarecernos hasta que esto pare…

-Con Shumpo estaríamos allí enseguida Rukia, no quiero líos.

-Ningún lío, Ichigo, el hollow –dijo mientras caminaba buscando algún lugar medio seco- se nos hizo más pesado –sonrió.- ¿O prefieres volver ya?

-Está bien –difícilmente él le diría que no.

Encontraron el lugar perfecto para ellos, una pequeña cabaña que sabían vacía, pues antes se habían pasado por ella y habían observado que estaba abandonada. La gente ya no solía pasear por ese triste bosque inanimado.

Abrir la puerta no fue complicado, y hacer un fuego con kidoh fue más que pan comido. Pronto estaban ya hablando animadamente y disfrutando del tiempo solos.

Rukia se despertó de su sueño entre sollozos, puso sus manos en su cara y al ajetreo que había tras su puerta grito: "ya voy". No estaba preparada y lo sabía, pero no le quedaba más opción. Se sentó lentamente en la cama y miró la foto que tenía en su mesilla de su marido, que le sonreía desde esa foto. Lo sentía por él, pero ella debía continuar.

La mayoría de la gente de la casa no entendía que era llevar un embarazo de ocho meses adelante con el cuerpo y la estatura de Rukia, era sencillamente, horrible. El mayordomo de su hermano no paraba de llamar a la puerta, al parecer había dormido más tiempo de lo necesario y reclamaban a la viuda en el salón.

No quería ir. Pero debía ir.

Se arregló lo más decentemente que pudo, y se dirigió al comedor. Ese maldito sueño le había dejado muy triste, hacía meses que no soñaba con ese momento, ni lo recordaba, ni quería acordarse.

Al entrar, tal y como se imaginaba, había un altar con una foto que la iba a observar toda la maldita cena, al igual que todas las personas invitadas ¿qué estaban esperando? ¿un numerito quizás? ¡Ja! Muy poco o nada conocían a Kuchiki Rukia si pensaban que eso podía ocurrir. La foto que había elegido su nii-sama, que había dejado a la chica fuera de todo ese asunto, no era la que más le gustaba. Pues no salía tal y como era él… ¡salía sonriendo! Eso había ocurrido en tan pocas ocasiones que tuvieron que tomar una instantánea del momento. Bueno, realmente fue Yachiru cuando pasó por un momento crítico la Asociación de Mujeres Shinigamis y decidió hacer un archivo de todas las personas a las que podía molestar… y sí, lo pillo sonriendo.

Y ella sonrió también mirando esa antigua foto.

Nada más sentarse, su hermano, Byakuya, le echó una mirada inquisitiva. Ella sabía perfectamente a qué se refería ¿cómo había tenido el valor de invitarle a él? ¡Con todos los problemas que había causado! Pero Rukia, simplemente, medio sonrió, ya que nadie estaba a gusto en esa cena.

Comenzaron recordando un poco al fallecido. Rukia creyó que era algo más que sobrado, pero se resignó como a tantas cosas en su vida. Le pareció algo gracioso, incluso cómico, ser la única mujer que estaba sentada a la mesa, y que además, la presidiera. Siendo ella la viuda, era algo de esperar.

Todo fue tedioso, tremendamente tedioso, ¡y ni tan siquiera le dejaron hablar del nombre del bebé! Y eso, que según nii-sama, era el tema principal. Para no aburrirse más que nada. Así que, cuando la conversación llegó a extremos extenuantes para ella, se retiró lo más elegantemente posible –con una barriga de ocho meses- retirándose a un patio interior de la mansión a ver el cielo.

Como era normal en ella en las últimas semanas, sonreía como una tonta mientras se tocaba la barriga. Había superado la muerte de su marido, y sabía perfectamente porqué. No le importaba en absoluto que el padre de la criatura no estuviera con ella. Se veía perfectamente capacitada para criarlo ella sola. Y ni tan siquiera que sus infidelidades –si podía llamarlas así- que eran más que sonadas por el Seretei, le molestaban. Tampoco podía culparlo. Aunque eso ahora, ya daba más que igual.

Se predisponía a levantarse para irse a la cama, últimamente andaba muy cansada aunque jamás lo admitiese. Así que buscaba la mejor manera de hacerlo sin caerse, cuando escuchó unos pasos a su espalda.

-¿Cómo estás? –le dijo sin más, cómo si nada hubiese pasado.

-Bien, gracias –su sonrisa de felicidad despareció.

-Hace mucho que no te veo.

-Desde el funeral… unos seis meses.

-Ah si –se rascó la cabeza, mientras se sentaba a su lado.

-¿Cómo ha ido todo, Ichigo?

Era una pregunta absurda ¿cómo no iba a saber lo que hacía o deshacía Kurosaki Ichigo, el único shinigami humano de toda la Sociedad de Almas?

-Bien, bien -dijo sin pensar mucho.- Veo que estás recuperada.

-Claro ¿cómo iba a estar si no?

-No se… quizás apenada o algo así, al fin y al cabo era tu marido.

-Oh, Ichigo… -suspiró, recordando su última conversación.- Sabes porqué me casé con él. No empecemos otra vez, y menos aquí, con nii-sama tan cerca.

-Ya, pero no dudaste ni un momento en quedarte embarazada.

-No, no lo dudé.

El silencio se hizo profundo, pero a Rukia no le importó. Había superado ya todo eso y creía haber luchado lo suficiente. Así que sin más siguió hablando.

-Llevará el apellido Kuchiki –susurró- así se lo he hecho saber a nii-sama, es absurdo que tenga otro.

-Como quieras –al no saber qué más decir sólo se le ocurrió una cosa.- ¿Qué esperas que sea?

-¡Quiero que sea niño! ¡o niña! –dijo feliz- ¡cualquiera de los dos!

-Eso está bien, porqué va a ser una cosa o la otra.

-Tienes razón.

-Bueno, Rukia –le dirigió una mirada triste- veo que estás bien, y creo que es hora de irme.

-Claro, como quieras –pero no se pudo reprimir.- ¿Vendrás a verme?

-No, no lo creo.

-¿Podría cambiar eso yo de alguna manera? –al escucharse decir eso, se dio cuenta que no estaba todo tan superado como pensaba.

-No, es imposible. Hay una shinigami…

-Oh, comprendo –y por primera vez, en tiempo, sintió que volvía a tener ganas de llorar ¡malditas hormonas!

-Debes conocerla, es de nuestro escuadrón.

-No me interesa Ichigo, cuando nazca el niño, seguramente, me trasladarán al escuadrón de nii-sama. Es algo que me lleva pidiendo tiempo, y creo que es lo mejor.

-Sí, parece buena opción.

-Nos vemos Ichigo –dijo mientras se levantaba tambaleante, el chico lejos de ser desconsiderado decidió ayudarla.

-¡Estás tremenda! Es como si te hubieras comido una sandia enorme…

-¿Ahora te das cuenta? ¡Nadie entiende lo que es llevar un niño de ocho meses con este cuerpo!

Ichigo sonrió. Pensó en lo que hubiera dado porqué Byakuya no la hubiese casado con otro, o en si ella hubiera seguido su pacto ¿qué habría pasado? Él podría haber cuidado de ella, y comprender lo que es llevar una sandia en la barriga. Habría atendido a sus antojos, y la hubiese querido como antes.

-En fin, -dijo la chica robándole así, a Ichigo sus pensamientos- es hora de irme a la cama.

-Claro.

Al ver cómo se alejaba, se preguntó a sí mismo si podría cuidar al niño de otra persona, si podría estar todavía con ella. Ahora si le daba igual el Clan Kuchiki, y sobre todo lo que ella opinase. Pero estaba demasiado resentido.

Si tan sólo Rukia hubiese seguido con su plan.

Pero no pudo salir tan fácilmente de la mansión Kuchiki. Renji y su Capitán le llamaron a una pequeña salita para hablar. Principalmente de Rukia, de cómo hacerle todo más fácil. En ese momento Ichigo pensó que Byakuya bien lo podría haber hecho antes. Aún así, la conversación parecía no tener fin, y en el justo momento en que Ichigo rogaba porqué algo pasase, como una buena inundación, un buen incendio, algo que lo sacara definitivamente de esa casa, para no volver jamás, un criado entró corriendo en la salita sin el más mínimo decoro o protocolo.

-¡Kuchiki-sama! ¡Kuchiki-sama! –al ser el más mayor de todos, una persona que había visto crecer al líder del Clan, se le permitía tener más libertad que a otros.

-¿Qué ocurre? –dijo tranquilamente.

-¡Su hermana! –gritó sin más.

-¿Qué le ocurre a Rukia? –replicó hastiado, mientras Renji e Ichigo se levantaban como si tuvieran un resorte.

-¡Sangra mucho! Y no sabemos…

-Renji –dijo lentamente su Capitán- llama ahora mismo al cuarto escuadrón.

-Voy –y salió corriendo como alma que lleva el diablo.

-Podría haber ido yo, soy más rápido con él –se quejó Ichigo que sabía usar perfectamente el shunpo.

-No, tú no, Kurosaki, acompáñame a ver a Rukia.

El chico se quedó totalmente extrañado ¿qué se traía entre manos Byakuya?

Nada bueno.

Aún así le siguió, hasta la habitación de Rukia, que le traía muchos recuerdos. Sobre todo de cuando él se colaba para verla, ocultando lo más posible su reiatsu. Pero al verla, todo se desvaneció y fue a su lado.

-¿Qué ocurre? –preguntó sin mirar a nadie que no fuera la chica, ella estaba empapada en sudor, y al parecer sangre.

-No lo sabemos –dijo un criado muy asustado.

-Pronto vendrán a atenderla.

-I-Ichi..go –dijo la chica.

-Estoy aquí –le giró la cara.

-No para de llamarlo –le susurró un sirviente a Byakuya, él ni se inmutó.

-Todo está bien –siguió diciendo el que antaño fue su shinigami sustituto- todo va a salir bien –le sonrió mientras le cogía la mano.

Pero cuando la chica intentó hablar, un profundo dolor en su vientre le hizo chillar y levantar la espalda. Ya que estaba tumbada en la cama. El chico, con la mano que le quedaba libre, le cogió el cuello y la atrajo hacía si.

Así estuvieron, ante la atenta mirada de Byakuya y de algunos criados, los escasos minutos que tardaron los integrantes del Cuarto Escuadrón en llegar. El líder del Clan Kuchiki se asombró, pues Unohana no había ido. Pero lo que él desconocía es que llegaría instantes después, junto con Renji. Pero no lo supo hasta tiempo después, pues los echaron a todos de la estancia y él quiso hablar a solas con Kuorsaki.

El silencio era lo único que quería compartir Ichigo con aquél noble, y más en una situación así, donde cada pocos minutos se escuchaba un quejido de Rukia. Estaba realmente nervioso y preocupado, y eso que su padre era médico y había atendido varios partos en su casa cuando él todavía vivía en ella.

-Kurosaki –dijo con cadencia.

-¿Qué?

-Es inútil seguir con esta farsa, aunque Rukia haya actuado con cabeza en los últimos meses al separarse de ti, le insté a quitarse el luto por algo.

-¿De qué hablas?

-Os casaréis con la mayor prontitud posible –dijo asustando al muchacho- ya me encargaré yo de hablar con el resto del Clan. Y espero que tus devaneos acaben esta misma noche, si escucho que andas con otras, serás hombre muerto.

-¿Por qué debería casarme yo con Rukia? –preguntó totalmente enfadado.- Porqué el absurdo maridito que tu le habías buscado haya muerto dejándola embarazada, no significa que yo tenga que hacerme cargo de todo. ¡Haberlo pensado antes!

-Comprendo –dijo algo molesto, él que pensaba que entendía toda la situación.- Por lo tanto, tú no eres el padre…

-¿No debería serlo su marido?

-No, pero eso ya no importa, Kurosaki, olvida lo que hemos hablado, y más te vale no ir contando esto por ahí.

-Jamás lo haría.

-Puedes marcharte.

-No.

-Haz lo que quieras, pero no molestes –se levantó y fue directamente a ver cómo estaba su hermana con un montón de incógnitas en la cabeza, que resolvería pronto.

Ichigo se quedó en la habitación conjunta a la que estaba Rukia, muy preocupado, y sin poder dejar de darle vueltas a la conversación que acababa de mantener con Byakuya ¿a que se refería? ¿De quien era el bebé de Rukia? En ese momento la puerta se abrió con un Renji extenuado.

-Es niño –dijo mientras sonreía y se sentaba a su lado.

-Me alegro ¿Rukia está bien?

-No, pero mejorará o eso dice Unohana-Taicho. Al parecer –comenzó a decir sin que nadie le preguntase- se le adelantó el parto y fue complicado, ha sido extraño pues había tenido un buen embarazo, según nos ha dicho, pero puede pasar.

-¿Puedo entrar a verla?

-No creo que haya problema, pero quizás deberías esperarte un poco.

Pensó en preguntarle a Renji, pero seguramente él estaría más perdido aún, y tampoco quería dar a entender que Rukia se hubiese acostado con todo el Seretei. Así que pacientemente esperó hasta que un chico del Cuarto Escuadrón les dijo que podían pasar.

Cómo no, estaba Byakuya viendo al niño, y por la cara de cansancio y enfado de Rukia, no había ni tan siquiera respetado su periodo de descanso para interrogarla insistentemente.

-¡Felicidades! –Renji fue el primero en decir algo coherente.

-Gracias –un hilillo de voz salió de su garganta.

-¿Has pensado en el nombre Rukia? –su hermano lo soltó con un gran enfado en su voz.

-No todavía.

-Date prisa, tengo que avisar al Clan, y cuando lo presente más vale que tenga un nombre –y acto seguido salió de la habitación con una mirada matadora hacía Ichigo, él no lo entendió muy bien. Todavía seguía en la puerta algo apabullado.

-¡Voy a ver al niño! –dijo el Teniente feliz.- ¡Oh!

-¿Qué ocurre Renji? –preguntó la madre muy preocupada mientras se levantaba de la cama torpemente.

-Nada –la instó a sentarse otra vez- ¿lo has visto ya no?

-Si, me lo han dado envuelto en una sábana –sonrió.

-Pues la sábana se ha caído un poco… -dijo muy flojo, tanto que nadie lo escuchó.- En fin, voy a acompañar al Capitán, seguro que me llama pronto.

-Pero Renji…

Aún así, el chico se había marchado como alma que lleva el diablo, cerrando la puerta a su paso. Rukia se acercó al bebé ¿qué demonios le pasaba a su amigo? Sí, le faltaban semanas para la fecha señalada y podía ser algo pequeño, pero… Y se dio cuenta. La sábana en la que estaba envuelto se había separado un poco de él, dejando ver unos pelitos graciosos en su cabeza. De color naranja chillón. En ese momento miró a Ichigo asustada, y sin saber bien porqué le volvió a colocar la sábana en su lugar ¿cómo demonios iba a ocultar eso?

El chico se acercó a la cuna tranquilamente, y sólo pudo ver un pequeño niño durmiendo apaciblemente. Sonrió.

-Te ha costado trabajo –le dijo sin tacto alguno.- Llevo horas esperando.

-¿A qué esperabas? –le dijo enfadada mientras se sentaba en una silla para mirar bien a su niño.

-¡A ver como estabas! ¿qué sino?

-Gracias, ya te puedes marchar, tu shinigami te estará esperando.

-Rukia…

-¿Qué? –sólo alcanzó a decir mientras mecía poco a poco la cuna.

-No hay tal shinigami –se rascó la cabeza- bueno, si, pero no cómo crees.

-¿Y por qué me has dicho…?

-No lo se –se paró para preguntar lo que quería.- Tu hermano, me ha hecho una proposición muy extraña.

-¿Cuál? –le preguntó algo cansada de su titubeo.

-Me dio a entender, que el niño no era de tu marido –omitió todo lo demás.

-¿De quién sino? –dijo sin pensar.

-No lo se, tienes razón ¿de quién sino? –agachó la cabeza.- Es perfecto Rukia, un niño perfecto.

-Gracias.

-Me voy.

-Adiós, Ichigo.

Y sin más se fue, ella sabía que sería la última vez que lo vería. Sabía que las cosas eran mejor así. Con suerte volvería al mundo humano y ella no habría sido más que un recuerdo. Tras todo lo que había pasado, atarlo a su lado no le parecía justo. Se casó por orden de su nii-sama, sin rechistar, como debería haber hecho, pero al fin y al cabo era un matrimonio concertado de una familia noble y ella poco más podía hacer, por mucho que gritara o pataleara. Cómo hizo Ichigo cuando se enteró. Pero ella le prometió fidelidad, y una separación física de su marido.

No fue posible. Se fueron a vivir a la mansión Kuchiki, y tras su encuentro en aquella cabaña, su relación se había acabado con una gran pelea. Fue entonces, cuando Rukia se dio cuenta de todo el daño que había causado sin querer, y lo dejó ir. Jamás le dolieron sus aventuras y desventuras con otras shinigamis, que tanto se relataban por el Seretei, tan sólo le dolió no estar cerca de él.

Si su hermano estaba seguro de la paternidad del bebe, era simplemente porqué el noble con el que la habían casado andaba malhumorado por la casa todo el día, quejándose de su esposa en todos los sentidos. Y una noche, incluso, hasta le levantó la mano, entrando Byakuya con Senbonzakura en la mano dispuesto a cortarle el cuello, pero ideó algo mejor, mandarlo a Hueco Mundo y buscar un divorcio rápido. Pero no hizo falta, pues murió en esa misión.

Así que el embarazo de Rukia, fue una sorpresa mayúscula. Y su nii-sama no se atrevió a preguntar, pues sabía bien clara la respuesta. En el fondo, no quería escucharla.

Rukia vio bostezar por primera vez al pequeño, y sonrió. ¿Qué haría con ese escandaloso pelo que había heredado de su padre? Quizás, tintarlo.

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La verdad, el fic acababa aquí, pero gracias a la PRDHA cambié de opinión y tiene una segunda parte. ¿Qué os parece? Quizás sea un buen final después de todo… A mi no me parece tan malo.

¡Gracias por leerlo! Espero que me contéis que os ha parecido. La segunda parte en muy pocos días, ya que está casi casi hecha.