¡Holas!

Hacía mucho que tenía este auto-reto planteado, pero no me atrevía a hacerlo. Bueno, por fin he sido bendecida por la inspiración y he aquí el resultado.

Disfrutad de la lectura.

Disclaimer: Crepúsculo y todos sus personajes no me pertenecen. Son propiedad de Stephenie Meyer. Yo sólo se los tomo prestados para pasar el rato.

PLAY

Edward sonreía, pero Jasper sólo le devolvía una expresión vacía e inmutable, como cincelada en mármol.

Se miraban fijamente desde extremos opuestos del cuarto. Estudiándose, empapándose de reflexiones y observaciones sobre los movimientos del otro. La espontánea intuición de Edward contra la fría analítica de su hermano. Aquella tarea hubiera aburrido a cualquiera, pero ah, ellos tenían todo el tiempo del mundo.

Y Edward ensanchaba su sonrisa y Jasper seguía sin moverse, quieto como una estatua de excepcional belleza.

Era un juego hipnótico y adictivo, lento y elegante. Un ritual previo que jamás se permitían saltarse.

Y era el turno de Edward. Él movía ficha.

Saltó de forma literal en el aire y sus manos se cerraron en apenas un parpadeo sobre los hombros de Jasper, con la tenacidad de unas garras. Éste permaneció inmóvil en todo momento, aún cuando aquella fuerza huracanada le tumbó de espaldas sobre su propia cama y la distancia entre ambos se redujo bruscamente. Las comisuras de los labios de Edward se curvaron de nueva cuenta y un aliento de hielo impactó en el rostro de Jasper. Pero no lo sintió, pues todo él estaba eternamente preso de aquel frío impalpable.

Los dedos de Edward, ágiles y controlados, inspeccionaron el pálido cuello de Jasper, como si fuera un nuevo juego, uno cuyas reglas él elegía y podía cambiar a su antojo. Eligió, y sus dedos se cerraron firmemente entorno al pelo de Jasper, alzándole bruscamente el mentón. Un sonido gutural se despertó por un instante en el pecho de éste.

Jasper odiaba que Edward le cogiera por el cabello color miel, con aquella fiereza de lobo, obligándole a exponer el cuello como si de una corriente víctima humana se tratase.

No lo soportaba, y en aquellos instantes gruñía de indignación. Le recordaba demasiado a María, a su risa melodiosa y sádica susurrándole al oído hasta hacerle estremecer, a sus acerados colmillos de letal precisión eligiendo cuidadosamente dónde morder para dispersar la ponzoña con mayor efecto y más dolor...

Edward aflojó el agarre. Él y su todopoderoso don que le permitía entrever la mente de Jasper como un libro abierto. Él y su inexplicable habilidad para borrar la imagen de aquella vampiresa de la memoria de su hermano.

Él y sus labios de frío mortal besando los hombros desnudos de Jasper.

Cuando su voz de seda susurraba palabras innombrables en su oído, Jasper se permitía soñar en bosques sombríos por el cercano otoño, donde la sed de sangre no era más que un espejismo y una pareja de vampiros podía vivir al margen de las normas sociales y del influjo de los Vulturi.

Pero sólo era eso. Un sueño, un juego casi pueril del que se arrepentiría tan buen punto Edward se alejara de él y dejara atrás su habitación. Era un ciclo irrompible, una sucesión lógica y ordenada de pecado y deseo de redención.

–Alice lo sabrá –musitó Jasper quedamente, atrapando la nuca de Edward con ferocidad.

Éste se limitaba a dibujar una sonrisa de diversión y todas las dudas de Jasper se disipaban como el humo. Al menos por el momento.

Y mientras se deslizaban bajo las sábanas, perdiendo el mundo de vista y aislándose en un pequeño rincón únicamente suyo, no podían evitar preguntarse...

...¿quiénes eran ellos para dejar un juego inconcluso?