Disclaimer: Nada de esto me pertenece, todos los personajes son de la mente de S. Meyer, sólo los adapte a una historia.

Summary: Había tres cosas de las cuales estaba completamente segura: Una, soy la persona con menos suerte del instituto. Dos, estoy enamorada de Edward Cullen. Tres, él me ve como su mejor amiga…

Capítulo 24: Sin título (porque no tuve cerebro para un título decente, I'm sorry)

Suspiré y miré por enésima vez la pantalla de mi notebook esa noche, eran las tres y media de la mañana y aún no terminaba el informe que se suponía tenía que presentar a las ocho, tenía algo así como cuatro horas para hacer milagros. Restregué mi cara y tomé un sorbo de la milésima taza de café de la jornada. Me sentía agotada, débil, enferma y sin ánimos…

Me hubiese encantado decir que mis primeras semanas en Londres habían estado llenas de anécdotas, personas lindas, lugar hermosos y momentos felices, pero nada de eso había pasado, estar en el Trinity College de pronto parecía una idea demasiado absurda, ¿qué hacía yo en un lugar como ese? El nivel era altísimo, mis compañeros de clase -la mayoría- chicos parcos y demasiado metidos en sus cosas y por si fuera poco, por alguna razón mi cuerpo no se adaptaba al clima y me la había pasado de resfrío en resfrío, y como guinga de la torta mi compañera de habitación era una rusa que tenía la misma simpatía que una muralla (una muralla sin pintar). La soledad sumado al nivel de estrés me estaba matando y no sabía cómo lidiar con todo.

Me las arreglaba para lucir contenta cada vez que hablaba con Charlie, lo menos que quería era preocuparlo, lo que menos quería era desilusionarlo y hacerle ver lo difícil que estaban siendo las cosas para mi en Londres; cuando se trataba de Alice y Rose fingirlo todo era más difícil, pero casi siempre la mejor excusa para mi cara demacrada era el estrés extremo y parecían creérsela…y con Edward… producto de mi estupidez –o sensatez- había tratado de comunicarme lo menos posible, era demasiado doloroso hacerlo, las ansias de dejarlo todo y volver se intensificaban cada vez que hablábamos, aunque él lucía y parecía estar bien y feliz, le gustaba Yale me había contado, le gustaban sus profesores, se hacía ya amigo de sus compañeros, parecía que comenzaba a encajar demasiado rápido y no me había extrañado que así fuese, ¿era posible acaso que un ser humano tan perfecto como él no encajase en un lugar como ese? Y aunque me alegraba de corazón de saber que estaba llevando las cosas bien una parte de mi se destruía por completo ante la constatación casi total de saber que tarde o temprano Edward me olvidaría y encontraría alguien más… ¿Cómo no hacerlo estando en un ambiente que lo reconoce como su lugar?

Y no es que todo para mi fuese extremadamente malo, realmente amaba la carrera, tenía mis asignaturas preferidas, profesores con los que alucinaba, pero era el nivel de exigencia y el de competencia de mis propios compañeros lo que hacía que todo el panorama se tornase gris, debía reconocer que no estaba preparada para entrar en una carnicería sanguinaria al comenzar la universidad. Prácticamente todos los días me despertaba a las seis de la mañana para terminar haciendo informes, análisis, investigaciones hasta las dos de la madrugada, y debía obligarme a estar en la carrera, era impensable quedarse atrás, sobre todo porque todos luchaban por aquellos tres puestos que ofrecía el Trinity para el siguiente verano para trabajar en una de las galerías de arte y música más importantes de Londres bajo el alero nada más y nada menos que de András Schiff, doctor en Estética del Arte y Jefe del Departamento de Artes Plásticas en el Trinity. Ganar uno de esos tres puestos era abrirte el paso directo a conocer de cerca (y por dos meses) a una de las mentes más geniales que había tenido la oportunidad de conocer cualquiera que estudiase en los mismos salones que yo; los seminarios que había dictado en el Trinity llenaban las aulas. Y no era sólo eso, si ganabas el puesto en esa galería era innegable la cantidad de contactos y experiencia que ganarías, por esos pasillos se paseaba toda la vanguardia inglesa y europea, cuadros, esculturas, charlas… el paraíso para cualquier aspirante a artista, y tan conciente estaba de todo ello que incluso yo estaba luchando con todo por ser uno de esos tres, incluso aunque tuviese que sacrificar mi verano en Seattle…

Sin ver a Edward.

Volví al presente y miré el párrafo que acababa de escribir, lo releí un par de veces antes de darme cuenta que era un desastre.

Suspiré.

"Ahora ve a Londres y demuéstrate a ti y a todos que eres una artista…"

Por alguna razón las palabras de Alice aparecieron en mi cabeza y casi por inercia las lágrimas comenzaron a aparecer.

- Si supieras lo patética que estoy siendo, Al…- susurré escondiendo mi rostro entre mis manos.- Si supieras…

Me levanté del asiento del escritorio y me dirigí hacia una de las esquinas de la habitación donde una caja aún no abierta descansaba bajo un montón de papeles y libros, tenía suerte que mi compañera no se encontraba en la habitación esa noche y podía moverme sin problemas. Saqué todo de encima y arrastré la caja hasta un costado de la cama donde me senté, observé la letra de Alice y no pude evitar sonreír: "Abrir sólo cuando sientas que es el momento". Era el momento, me sentía triste, perdida y cansada… tomé una tijera, rompí la cinta adhesiva y abrí la caja al fin, casi tres meses queriendo ver su contenido, por fin lo haría… lo primero que vi fue un sobre amarillo nuevamente escrito con la letra de Alice "Leer antes de abrir la caja". Con dedos temblorosos rompí el sobre y saqué la carta de su interior, me reí incluso aún cuando seguían lágrimas mojando mis mejillas, distinguir las letras de Alice y Rose a simple vista me trajeron la innegable sensación de calidez.

Querida Bella:

Rose dice que si has abierto la caja es porque ahora mismo estás llorando y quieres volver a vernos, ¿es cierto? porque yo creo que en verdad sólo las has abierto por curiosidad, bueno, en el caso hipotético que Rose tenga razón, debes dejar de hacerlo, ¿sabes por qué? porque estás en una de las mejores universidades del mundo, estudiando lo que tú amas, y sí, apuesto a que el nivel de exigencia debe ser mucho y apuesto también que has dejado de usar las cremas que te recomendé para las ojeras en caso de que tengas que desvelarte mucho; el caso es que queremos recordarte que de entre cientos que postularon te escogieron por una razón, y no debes olvidarlo, por eso te obligo (Rose dice que te ordena) dejar cualquier actitud negativa que puedas tener en este momento, sabemos que eres una mujer fuerte (incluso aunque a veces tú no te lo creas) y también sabemos que eres demasiado talentosa y brillante.

Sonreí al ver el cambio de letra, esa era Rose.

Aduéñate de Londres, la ciudad es tuya Bella, barre por los pasillos del Trinity, demuéstrales a esos ingleses estirados que la chica de Seattle tiene más huevos y más aguante y personalidad que ellos, cómete la ciudad y déjate de lloriqueos maricones porque sabes que eres la mejor, muy dentro tuyo sabes que si quieres puedes ser la mejor. Olvídate de extrañar porque estamos contigo en todo momento, olvídate de pensar en los que estamos en este lado del globo, piensa primero en ti. No me obligues a viajar a Londres (aunque no estaría mal ese viajecito) a recordarte la genial persona que eres.

Alice dice que por favor comas, creo que sabe que cuando te estresas dejas de comer, no queremos verte llegar a Seattle convertida en un zombie. ¿Has dejado de llorar? Espero que sí, era la idea, porque yo sigo postulando que si has abierto la caja es porque te dio un bajón, en realidad ojala estuviese equivocada pero supongo que Londres puede ser un poco duro al principio, mi tío Leo estudió su magistratura ahí y creo que le costó un poco adaptarse, pero ¡animo! apuesto que si lo intentas de corazón lograrás todo lo que te propongas allá.

Alice pregunta si hay chicos guapos, si los hay y son muchos creo que deberías avisarnos…

Te amamos y te mandamos un abrazo fuerte desde donde estamos cada una.

P.S: Alice y yo esperamos que sonrías al terminar de leer esto.

P.S.S: El resto del contenido de la caja es una mezcla de cosas que entre Rose y yo creemos que necesitarás.

P.S.S: Por favor, diviértete un rato. Rose.

Y sí, sonreía, sonreía de nostalgia pero también de felicidad, felicidad por saber que había logrado conocer a personas tan maravillosas como Alice, Rose… y Jasper y Emmett, Jake, Edward… incluso Michelle, fue lindo abandonar Seattle sabiendo que una buena chica haría compañía a alguien tan valioso como Jacob.

Dejé la carta a un lado y me incliné sobre la caja, había algo envuelto en papel violeta, algo que resultó ser…

- ¿Un abrigo? ¿Un abrigo, Alice? – hablé al aire mientras me reía y miraba la prenda en mis manos con una sonrisa, un pequeño papel salió de entre medio y fue a dar al piso, nuevamente la letra de Alice.

"Supuse que era la única forma de obligarte a llevar algo con mucho estilo, y sí, a Rose y a mi nos salió carísimo pero QUEREMOS que lo uses, ¿vale? te servirá para los grises días de Londres. Y para asegurarnos que lo llevas queremos fotos tuyas con él puesto, o si no me enojaré terriblemente y Rose también."

El resto de la caja se compuso de un set de películas de Audrey Hepburn, un set de maquillaje con una nota de Rose en su característico estilo "Permítete ser una perra por una noche en tu vida y vete a romper corazones a Londres, usa la sombra verde oscura, te va bien". Un álbum con muchas fotos y algunas más extra "para que decores tu parte de la habitación". Y sí, esa pequeña cajita fue como quitarme una de las tantas espinas que sentía en esos momentos, y lloré y reí, y me sentí finalmente más aliviada y en paz, tenía a gente maravillosa que confiaba en mi, ¿por qué yo no podía hacerlo por mi misma?

Terminé el dichoso trabajo y aunque apenas fueron dos horas de sueño las que alcancé a tener, nunca se habían sentido tan plenas y placenteras…

OoOoOoOoOoOoO

- Isabella…

Me detuve y volteé al escuchar la voz del profesor Kavanagh llamándome. Era un tipo de cincuenta años, canoso pero sin dudas atractivo, mirada astuta y rasgos interesantes, no era secreto que más de alguna estudiante se sentía atraída por él, incluso había escuchado rumores que un par había logrado algo más que una buena calificación con James kavanagh, aunque eran sólo rumores, para mi sólo era mi –alucinante- profesor de Taller de Artes y Plástica, sí, mi asignatura favorita concretes.

- ¿Estás ocupada? – preguntó, negué con la cabeza mientras comenzábamos a caminar por los transitados pasillos.- He estado observando con detalle tus bocetos del último trabajo que les pedí… son bastante buenos…

Me sonrojé, juro que no quería hacerlo pero lo hice, el que alguien que admiras te halague por algo en lo que has invertido mucho tiempo es... por decir lo menos lo mejor que me hubiese podido pasar en ese momento.

- En...- me aclaré un poco la garganta- ¿En serio?

- En serio, me gusta tu estilo…- replicó serio mientras cambiaba de mano su acostumbrado maletín de cuero.- No se si sabes, probablemente lo has escuchado ya por los pasillos que todos los años destino una sala de mi galería para exhibir algunos trabajos de mis estudiantes más destacados, me gustaría saber si puedo tomar alguno de tus… ¿Isabella? ¿Estás bien?

De pronto todo parecía un poco borroso y confuso, ¿James Kavanagh acababa de decir que quería exponer algunos de mis dibujos en su galería? ¿Acababa de llamarme "estudiante destacada"? Sentí que me tomaba del brazo y me sentaba en una banca que jamás creí ver antes.

- ¿Estás bien? – volvió a repetir mientras me miraba con una mueca extraña- Vaya, si lo hubiese sabido te hubiese sentado antes de preguntarte… ¿En serio, estás bien? – preguntó arrugando el ceño.

Asentí.

- Sí, lo siento, yo…

- Mira, no es una gran galería.- dijo de pronto- pero la visitan personas que podrían servirte, se que estás interesada en la pintura y el dibujo mucho más que en las otras ramas que podrías expandirte, ¿me equivoco?

- No…

- No suelo considerar a alumnos de primero en mis exposiciones pero creo que contigo podría hacer una excepción, aunque los tuyos no están firmados…

- No, señor.

- ¿Los vas a firmar?

- No.- respondí. Entonces le vi sonreír y asentir.-

- Anónima, me gusta tu estilo, Isabella. ¿Entonces tengo tu autorización para tomar algun…

- Los que quiera…- respondí sintiendo cómo esa llamita de felicidad parecía encenderse al fin luego de meses extinguiéndose…

Se levantó del banquillo y me miró.

- Estamos en contacto, Isabella… - dijo a modo de despedida.

- Gracias por considerarme para…

- No agradezcas tu arte.- dijo interrumpiéndome y con una mueca muy típica de él- ¿Estás segura que si te dejo en este pasillo no te desvanecerás?

- Segurísima…- respondí sonriendo al fin.

- Bien.

Y entonces, cuando sentí sus pasos alejarse, cuando me vi casi sola en ese inmenso corredor de piedra comprendí y tomé el real peso de lo que acababa de sucederme, por primera vez en toda mi vida algo hecho por mi se expondría en una galería, en una galería de verdad…

Me levanté de un salto y por alguna razón lo primero que quería hacer era encontrar un teléfono y llamar a Edward, para variar yo y mi torpeza habitual había terminado asesinando a mi teléfono en un charco de agua en plena lluvia, así que para llamar no tenía más remedio que acudir a los teléfonos del campus.

Salí al exterior, recordaba muy bien uno ubicado en uno de los pasillos interiores, saqué rápido dinero de mis bolsillos y a los pocos segundos escuchaba ansiosa el tono de llamada en el auricular.

- ¿Bella?

Me sorprendí, no sólo de escuchar su perfecta voz que de pronto me parecía no haberla escuchado en años, si no que además supiese inmediatamente que se trataba de mi y no de otra persona.

- ¿Cómo sup…

- Por la numeración…

- Ah…

Y de pronto me encontraba demasiado ansiosa y nerviosa por estar hablando con él por teléfono.

- Te extraño…- fue lo primero que dijo él rompiendo el silencio, cerré los ojos y apreté el teléfono con fuerza.

- Y yo a ti…- repliqué- ¿Cómo estás?

- Bien… ¿y tú? Hace mucho que no hablamos…- y sí, no fue imaginación mía, sentí reproche en su voz y no pude evitar sentirme mal.

- He estado demasiado colapsada por las clases…

- Lo se, Alice me ha dicho.

- ¿Has hablado con Alice?

- Me llama prácticamente todas las semanas…-respondió de carrera.

¿Eso también era un reproche? Me mordí el labio.

- Quería contarte algo.

- ¿Cómo han i… - sentí su respiración contra el auricular y sonreí al imaginarlo en ese instante- ¿Qué cosa?

- Van a exponer algunos de mis trabajos en una galería aquí en Londres, un profesor de mi universidad acaba de preguntarme si estaba de acuerdo y yo…

- ¡Eso es grandioso! – escuché su risa al otro lado del teléfono y no pude evitar reírme yo también- ¡O sea que lo estás haciendo muy bien allá! – exclamó haciendo que una parte de mi cerebro dijese "La verdad, no". Aún así la ignoré.

- Se hace lo que se puede…

- Te felicito…

- Aún no me felicites, aún no están mis trabajos ahí…- repliqué sintiéndome más anhelante que nunca de verlo, de tener no sólo su voz por el teléfono.

- Pero estarán…

- Espero…

- ¿Así que ya te adaptas a Londres?

- Sí.- mentí, la aseveración salió automática de mi boca, tantas semanas de responder de la misma forma a la misma pregunta.

- Genial…

Nos quedamos en silencio unos segundos.

- ¿Y qué me dices de Yale? ¿Qué tal to…

- Edward…

Me quedé muda al escuchar una voz femenina al otro lado del teléfono.

-Bella, no quiero cortarte, en serio, pero estoy apunto de entrar a una clase y si…

- Entiendo…- dije tratando que mi cerebro no malinterpretara el haber escuchado ese llamado femenino por una cosa que realmente no era. Podía ser sólo una compañera, ¿por qué demonios tenía que imaginar lo peor?

- Te llamaré más tarde, oh, cierto, Alice me contó de tu celular, ¿qué hay de skype?

- Trataré de conectarme…- otra vez la respuesta autómata para algo que no haría. De pronto me sentía demasiado mal.

Del cielo al infierno en un solo segundo.

Miré el auricular colgado y no supe si sentirme miserable o feliz al imaginar que seguramente él si estaba siendo completamente feliz en lo suyo…

¿Por qué todo tenía que ser tan difícil?

- ¿Bella? – me volteé, era Tristan, el mismo Tristan que se había sentado junto a mi en esa clase de Estética del Arte que habíamos tenido en el tiempo de postular, meses atrás.

- Hola…

- He oído lo de Kavanagh.

Lo miré sorprendida, sin dar crédito.

- ¿Cómo? – pregunté incrédula- ¿Ya se supo que Kavanagh…- entonces Tristan se echó a reír, haciendo que callase de pronto.

- ¿Estas hablando en serio? Todos hablan que eres la única alumna de primer año que ha logrado impresionar a Kavanagh en los últimos diez años… Eres algo así como la comidilla de todos los envidiosos de por acá.- comentó en su acostumbrado humor desenfadado. Lo miré alzando una ceja.

- ¿Bromeas?

- Con esto no, todos te envidiamos, me incluyo.- respondió sonriendo- Si, Kavanagh me hubiese dado la noticia de que mis trabajos estarán en su galería, ¿sabes lo que estaría haciendo? – negué con la cabeza, esperando de por si su bizarra respuesta- Estaría emborrachándome en el bar más tránsfugo de Londres, celebrando… ahora la cuestión es, ¿por qué no estás tú haciendo lo mismo en vez de estar con cara de muerto junto a un teléfono?

Y por alguna razón le encontré sentido a sus palabras, costó, pero la sonrisa salió de mis labios.

- ¿Me acompañas entonces? – pregunté, lo cierto es que fuimos ambos los sorprendidos al oírme hacer esa pregunta, para Tristan no era una novedad el hecho que si bien nos llevábamos bastante bien, yo rehuía todo trato con él más que lo estrictamente relacionado a estudios… y no es que pensase rápidamente en otro chico para olvidarme de Edward, eso no pasaría, pero ¿por qué no abrirme a conocer gente nueva?

Por favor, diviértete un rato.

Y quizás sí, quizás Rose tenía razón.

- Vamos… ¿Y si llamo a Muray, Noelle y Colin? – comentó comenzando a sacar su celular del bolsillo.

- ¿Quiénes? – me miró como si tuviese tres cabezas.

- En serio, Swan, a ti te hace falta convivir con el mundo, no es todo estudios y encerrarse en la biblioteca a leer…- comentó como quién no quiere la cosa- Vale, entonces con mayor razón los llamaré, te caerán bien, van en segundo y tercer año… apuesto a que Murray querrá asesinarte al saber que Kavanagh te escogió pero será divertido ver a ese cabrón cuando sepa que alguien de primero consiguió lo que él no ha podido en tres años.

Me reí, quizás, después de todo, era cuestión de abrir mejor los ojos y aceptar la realidad. Edward estaba bien, si yo quería podía también estar bien.

Incluso aunque la mitad de mi corazón estuviese al otro lado del océano.

OoOoOoOoOoO

Ya, lo prometido es deuda…

se que las tuve mucho tiempo abandonadas y pido unas sinceras disculpas a cada una de ustedes, las lectoras de esta historia, no se merecían que dejase de lado tanto tiempo la historia, pero me han sucedido cosas, entré a trabajar (ya renuncié a uno de mis trabajos), me mudé de casa, luego volví a mi casa, no tuve Internet, en fin, un sin fin de cosas que han hecho de todo un caos, además de la falta de inspiración, supongo que no quería ni me nace forzar las palabras, menos con esta historia que siempre me fluyo, pero hoy desperté inspirada, inspirada con la vida y ya ven, salió este capítulo, el siguiente lo tendrán muy pronto, lo prometo.

¿Qué tal andan ustedes? Quiero saberlo…

¿Qué les pareció el capítulo? Se que parece todo ambiguo y disperso pero necesitaba escribir cómo iba la vida de Bella en Londres… quería y lo creí necesario para la historia, como ven sí, ha sufrido, le ha costado, pero también quise darle un poco más de crédito y rematar con este final… un poco de realismo no estaba mal.

Un abrazo y nos leemos en los reviews?

Magda.