Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia es mía.

Gracias por su apoyo y sus reviews.

CAPÍTULO 13

Me encontraba en el departamento de Alice, estaba ahí desde las ocho de la mañana y eran las cuatro de la tarde. Faltaban menos de dos horas para ir a la graduación. Alice estaba muy emocionada, incluso más que yo que era la que me graduaba. Había comenzado a peinarme desde el medio día, mi cabello lo había acomodado en una forma elegante pero atractiva al mismo tiempo. Una parte estaba recogida y otra no. Me había puesto como cinco mascarillas y la mayoría olían feo.

-Vamos Bella, pruébate tu vestido – me lo había estado pidiendo desde que llegamos de recogerlo.

-Alice por favor basta, me lo pondré hasta que sea la hora – me encontraba recostada en una silla especial para salón, la cual Alice había comprado. Esta chica estaba loca, tenía tres departamentos uno en Connecticut otro en Phoenix y otro en Chicago. Y cada uno de ellos tenía un cuarto especial que parecía salón de belleza.

-Está bien – dijo sentándose en un sillón a mi lado y cruzando los brazos en su pecho. Se veía como una niña pequeña.

-¿Ya me puedo quitar esto? – traía una mascarilla de pepino con aguacate con quien sabe que más, puras cosas verdes.

-No, aun faltan diez minutos más. Y no te muevas porque arruinarás tu peinado.

Me quedé ahí el resto del tiempo pensando en cosas sin sentido. Una cosa llamó mi atención, estaba a punto de graduarme y después casarme pero no tenía casa fuera de la universidad. ¿Cómo diablos le haríamos? Íbamos a tener que desalojar la casa para el fin de mes y aun no habíamos empezado a ver casas, ni mucho menos sabíamos dónde íbamos a querer vivir. Esto era serio y tenía que hablarlo con Edward inmediatamente. Pero después de pensarlo un rato decidí que lo haría después de la graduación.

Era un momento especial para los dos, después de cuatro largos años de habernos esforzado por conseguir lo que queríamos, lo habíamos logrado. Ambos seríamos médicos cirujanos y trabajaríamos en el mismo hospital. Después de unos años de ejercer, probablemente tendríamos hijos.

-Bella ya solo queda media hora para que te pongas tu vestido y nos vayamos al hotel – Alice interrumpió en hilo de mis pensamientos. El baile de graduación tendría lugar en un elegante hotel de cinco estrellas con un gran salón, pero la entrega de diplomas sería en otro lugar.

Alice me llevó en su carro y dijo que Edward nos encontraría allá. No lo había visto en todo el día y cuando me despedí en la mañana él estaba dormido. Mi vestido se veía bastante bien, de nuevo Alice había hecho maravillas y había quedado presentable.

-Cuando Edward te vea se va a quedar sin palabras, te lo aseguro – me dijo Alice mientras manejaba camino al lugar donde entregarían los papeles.

Me estaba comenzando a poner nerviosa, nunca me había arreglado tanto. No sabía qué pensaría Edward, ¿le gustaría? ¿Creería que es demasiado?

-Alice… - bajé la mirada a mis manos - ¿Qué pasa si no le gusta? Estoy muy nerviosa.

-Tienes que estar bromeando Bella, ¿acaso no vez como te ve Edward? El te ve como la cosa más hermosa del mundo, no tienes porque tener miedo. El te ama como nunca amó a nadie – tomo una de mis manos – Nunca sabrás lo mucho que cambiaste a Edward, porque desde el momento en que te vio lo cambiaste completamente. Él me lo dijo, no solo te estoy dando sermones.

-Gracias Alice – ya habíamos llegado y parado el auto – Gracias por todo lo que haces por mí, por nosotros. Te quiero mucho. – me acerqué a ella y la abracé.

-Por nada, ahora sal del auto que Edward te espera. Nos veremos más tarde en el baile.

Me bajé del auto y me fui por la puerta trasera a recoger la toga y el birrete. Me los entregaron y me dirigí a donde se encontraban los demás formados en parejas. Vi como Lauren y Tania iban con los inadaptados. Ambas iban con un ridículo vestido rosa chillante. Sentí como alguien me abrazaba por atrás. Me giré y lo vi.

-Hola – me dijo con una sonrisa tan grande que creí que me dolería a mí.

-Hola – dije algo atontada. Se veía más que guapo, no había palabras para describir tanta belleza. Y lo peor es que no fui la única en notarlo; ya que Lauren y Tania empezaron a chiflarle y gritarle de cosas cuando lo vieron. Me molesté tanto que agarré a Edward por el cuello y lo besé.

-Wow, ¿y eso porque? – dijo cuando nos separamos. Entonces bajó su mirada y me vio de cuerpo completo – Em…A…No…

Comencé a reír. Me encantaba cuando se quedaba sin palabras. – Gracias, tú te vez hermoso también.

-Lo siento Bella, pero en serio que te vez… - se quedó callado y me volvió a mirar, yo me sonrojé – hermosa te queda corto amor, no hay palabras para describir como te vez. Tendré que cuidarte de todos los idiotas que te rodeen esta noche.

-Y yo de las IDIOTAS, que te rodeen – le dije remarcando la palabra idiota mirando a Lauren y Tania. El rió por lo bajo y me besó.

-No tienes idea de lo encantadora que te vez celosa.

El profesor nos llamó y nos puso en filas; separados los hombres de las mujeres, por apellidos. Comenzaron a llamar y poco a poco me fui acercando a la salida, cuando dijeron mi nombre me puse nerviosa. Salí y miré al público, ahí se encontraban mis padres, Ángela, Jacob, el padre de Edward, Carlisle, Esme, Alice y Jasper. Escuché como todos gritaban y me daban ánimos. Me fui a sentar a mi lugar designado. La entrega de papeles se acabó y se empezaron a dispersar todos. Me quedé de pie buscando entre la gente para ver si veía a alguien pero no los vi. Entonces sentí como me abrazaban por la cintura. Me giré y Edward me besó antes de que pudiera decir nada. Estuvimos un tiempo ahí, hasta que nos interrumpieron.

-Bien, no es por ser entrometidos pero queríamos felicitarlos. – dijo mi padre con el ceño fruncido.

Me sonrojé y fui a abrazarlo – Gracias por venir.

-Por nada pequeña, sabes que estamos aquí para lo que quieras. – dijo mi madre mientras me abrazaba por atrás dejándome atrapada entre ella y Charlie.

Cuando me separé de ellos, Jacob me tomó de la cintura y me abrazó tan fuerte que me dejó sin aire.

-Felicidades Bella, lo lograste. Sabía que podrías. – me dijo después de que me soltó.

-Gracias por estar aquí Jacob, es muy lindo de tu parte – le di un beso en la mejilla.

Ángela se acercó y me abrazó – Muchas Felicidades Bella, por tu boda y por tu graduación.

-Gracias Ángela

Carlisle, Esme y Edward (el padre de Edward), me felicitaron con un abrazo y un beso. Carlisle y Esme me regalaron un pequeño brazalete con un dije de un estetoscopio. Alice y Jasper nos regalaron a Edward y a mí un pequeño maletín de primeros auxilios, todos reímos cuando nos lo estregó.

Nos fuimos al baile, Edward y yo en mi auto; Jacob, Ángela y mis padres se fueron en un auto que habían rentado y Carlisle, Esme y Edward se fueron en el auto de Carlisle. Jasper y Alice se fueron en el auto de Alice.

-Bella, tengo algo que decirte, solo espero que no te moleste que haya tomado la decisión sin decirte. No sabía que darte de graduación y boda. Es lo que se me ocurrió. – en su voz se notaba su nerviosismo.

-Edward, no te preocupes. Todo lo que tú hagas me parece bien. Aunque bien sabes que no me gusta que me des regalos caros, no me gusta que gastes dinero en mí.

-Te voy a decir algo – sonaba muy serio – nunca necesité dinero, nunca lo pedí porque no quería gastar en cosas sin importancia para mí. Nunca quise gastar el dinero que Carlisle me daba, durante el tiempo que estuve con él nunca le exigí nada. – Tomó mi mano y me miró a los ojos por un corto momento – Nunca tuve una razón para gastar mi dinero, tengo mucho. Nunca te lo dije, y sé que debí. No te preocupes en que gaste dinero en ti porque no lo voy a dejar de hacer, ahora que sé que eres mía voy a darte todo lo que quieras y lo que no quieras también. Tú eres mi mundo y te quiero darte el mundo a ti. ¿De acuerdo?, así que no quiero volver a escuchar reclamos o quejas por el dinero.

-Gracias Edward, no es necesario porque lo único que quiero y necesito, hoy y siempre es a ti.

El auto ya se había detenido y Edward se giró para mirarme. Puso una mano en mi mejilla y se acercó. – Te amo, gracias por todo lo que me has dado. Los colores que has puesto en mi vida. Solía pensar que éste mundo era como las películas antiguas, sin color ni sonido. Hasta que llegaste tú como una gran nube de colores. Sé que sueno cursi, pero eso es lo que me haces sentir.

Se acercó más y me besó – Yo también te amo como a nada en el mundo.

Nos bajamos del auto y entramos en el gran salón. Lo había visto antes pero ahora se veía totalmente cambiado. Las luces de todos colores, globos y flores por todas partes. Edward me tomó de la cintura y como la última vez que salimos me susurró al oído – No te alejes, por favor. – Eso me trajo el recuerdo del incidente de las vacaciones pasadas, me puse seria y me giré.

-No planeo hacerlo, por favor tú no te alejes – notó que me puse nerviosa, me besó y me abrazó.

-¡Chicos! ¡Por acá! – escuchamos a Alice llamarnos y fuimos a sentarnos en la mesa que había apartado, al parecer los padres se habían marchado con la escusa de sentirse muy viejos. Seguro que mi madre nunca hubiera dicho eso, lo más seguro es que Charlie la hubiera sacado de ahí a fuerzas.

Edward fue por unos refrescos y regresó pronto, todo el tiempo que estuvo conmigo no me soltaba. Varios chicos se acercaban a pedir si podían bailar conmigo, a lo que Edward siempre respondía con un no y un gruñido por lo bajo.

-Oye, ¿y qué pasa si quiero bailar con uno de ellos? – le dije tratando de no sonreír. Pero la broma no me salió bien porque él puso una cara de susto y tristeza.

-Lo siento Bella, si quieres bailar con alguno solo dímelo

-Sí, si quiero bailar con alguien – él giró su mirada pero pude ver el dolor – es muy guapo, con ojos verdes, cabello color bronce y lo más importante… – Giré su cara y lo besé – Es mi prometido y lo amo.

El inmediatamente cambió su cara y sonrió de oreja a oreja. – Entonces vamos a bailar antes de que otro idiota se acerque y no pueda evitar golpearlo.

Me llevó a la pista y acomodó sus manos en mi cintura, yo puse mis manos en sus hombros. Comenzamos a bailar a nuestro propio ritmo, a pesar de que no era el ritmo adecuado. Estábamos en nuestra propia burbuja.

-Disculpe, ¿me permitiría bailar con ésta bella señorita? – nos giramos y vi que era Jacob.

-Lo siento Jacob, pero es mía – dijo Edward con una sonrisa en el rostro. – Estoy bromeando, puedes bailar con ella tanto como ella lo desee.

-Gracias – le dije a Edward dándole un beso en los labios y yendo con Jacob.

Comenzamos a bailar Jacob y yo, no le quitaba la mirada de encima a Edward. Vi como Lauren se le acercaba y él le decía que no, entonces Lauren se giró para mirarme y sonrió maliciosamente. Le dijo algo a Edward y él cambió su cara. Se veía realmente enfadado. Entonces vi como le decía algo a Lauren y ella se quedaba callada y con cara de asombro.

-El es una buena persona – me dijo Jacob, me giré para verlo y me topé con sus ojos. – Supe lo de la boda, felicidades.

-Gracias – es lo único que podía decirle.

Estuvimos bailando un rato más hasta que se acabó la canción – ¿Te llevo con Edward o quieres bailar otra?

-Mejor me voy con Edward – le dije sonriendo.

-Está bien, solo que ría decirte que te vez hermosa esta noche – en eso Edward llegó y me tomó de la cintura. – Gracias – le dijo Jacob a Edward algo sorprendido.

-Por nada – escuché su voz algo fría, pero supuse que era por lo de Lauren.

Edward comenzó a jalar de mi brazo y vi que nos dirigíamos a la salida. - ¿Ya nos vamos? ¿No piensas avisarles a Jasper o Alice?

-No, quiero estar a solas contigo.

Salimos y fuimos a la parte trasera del hotel, donde se encontraba la piscina. Me sentó en una de las sillas que se encontraban ahí. Me tomó de la cintura y puso su cara en mi cabello.

-Edward, ¿Qué ocurre? ¿Qué tienes? – dije algo preocupada.

-Nada, solo quería estar contigo a solas – vi que respiraba profundo y se relajaba.

-¿Dijo Lauren algo que te molestó? – le pregunté en un susurro.

-Sí, pero no quiero hablar de eso.

Levanté mi cara y lo miré a los ojos – Te amo, lo sabes ¿verdad? – sonrió y vi como su enojo se iba.

-Si lo sé, yo también te amo. Lo siento pero soy débil, y con cualquier cosa me hacen dudar y volver a creer que no te merezco – me dijo algo triste.

Entonces se me ocurrió una idea para aliviar su enojo y dispersar sus dudas, lo mejor es que estaba dentro de los límites que él mismo había puesto.

-Edward, ¿confías en mí? – le pregunte poniéndome de pie y jalándolo.

-Sabes que si – dijo un poco a la defensiva y frunciendo el ceño.

-Bien – le quité el saco negro que traía sobre una camisa blanca. Después deshice su corbata y comencé a desabrochar los botones de la camisa. Cuando estaba a medio camino tomó mis muñecas.

-¿Qué estás haciendo? – preguntó viéndome a los ojos.

-Dijiste que confiabas en mí, así que guarda silencio no voy a hacer nada malo. – me soltó las manos y seguí con los botones de su camisa. Cuando terminé la deslicé por sus hombros – Edward eres tan hermoso – le susurré mientras pasaba mis manos por su pecho, sentí como temblaba y sonreí. Le di un beso en su pecho y después puse mis manos en su pantalón y deshice el botón. De nuevo agarró mis muñecas y me dio una mirada de advertencia.

-Bella, si no te detienes te aseguro que te arrepentirás.

-Shh – puse uno de mis dedos en su boca, después acerqué mi boca a su oído – confía en mí.

Le quité sus pantalones y él se quitó sus zapatos y calcetas quedado solamente en bóxers. Después le di la espalda. – ¿Puedes deshacer el zíper por mí? ¿Por favor? – sus manos se posaron en mi cadera y me acercó a él.

-¿Qué estás haciendo? – susurró en mi oído.

-Solo hazlo por favor, ya lo verás y no te arrepentirás – sus manos se movieron de mi cadera al zíper. Poco a poco lo deshizo, cuando terminó lo bajé hasta que quedó en el suelo. Lo levanté y lo puse en la silla donde estábamos antes sentados. Traía puesto un top blanco sin tirantes y ropa interior de un tamaño suficiente para cubrir lo necesario del mismo color. Me giré despacio para verlo de frente.

Vi en su cara la sorpresa y después la emoción. Me pegué a su pecho y lo abracé, él hizo lo mismo. – Solo quiero que nademos – dije empujándolo poco a poco hacia la orilla de la alberca.

-¿Qué? ¿Y si alguien nos ve? – dijo nervioso, pero al mismo tiempo siguiendo con mi juego.

-No me importa, solo verá a una pareja de jóvenes nadando en la piscina.

-Bueno señorita, puede que a usted no le importe que la vean en ropa interior pero a mí sí me importa que la vean así. Usted es mía y no quiero compartirla.

-Imagina que es como un traje de baño ¿de acuerdo? – llegamos a la orilla y él me frenó.

-¿Estás segura?, no tendremos con que secarnos.

-Shh – tapé su boca con mi dedo de nuevo y lo aventé a la piscina. Él me tomó por la cintura y caímos los dos. Comenzamos a nadar hacia la superficie por aire. Cuando nos recuperamos él me tomó de la cintura y me pegó a una pared.

-¿Por qué haces esto? – me preguntó mirándome a los ojos y muy serio.

-Mi inseguridad es que no sea lo suficientemente atractiva para ti, pero quería tratar de romper ese miedo que tengo. Sé que me has dicho muchas veces que soy hermosa, pero no me habías visto como hasta ahora. ¿De verdad crees que sigo siendo hermosa? – dije bajando la mirada.

El tomó mi barbilla y subió mi cara para toparme con su mirada – La más hermosa, maravillosa, espléndida que hay en el mundo. Bella yo no te quiero por tu físico, sino por quien eres por dentro. O mejor aún, te amo por quien soy cuando estoy contigo – bajó su cara y me besó.

Nos quedamos un rato más nadando y besándonos hasta que el tiempo se empezó a poner algo fresco. Nos vestimos y entramos de nuevo en el hotel, aún había gente pero no tanta como antes. Comenzamos a buscar a Alice y Jasper para avisarles que nos marchábamos. Cuando los encontramos les dijimos y de inmediato nos marchamos.

Llegamos a la casa pronto, y la verdad es que estaba muy agotada. Me cambié pronto y me puse mi pijama. Me fui a la habitación de Edward y vi que me estaba esperando recostado en la cama, me vio y me hizo una seña para que me recostara a su lado. Lo hice y nos acomodamos como siempre lo hacíamos. Esa noche tuve tantos sueños felices que dormí plácidamente.

Estábamos a dos días de que se acabara el mes, lo que significaba que tendríamos que desalojar la casa. No había hablado con Edward de donde viviríamos. Nos encontrábamos en la casa empacando, no sabía que decirle. Es decir, yo quería vivir en Phoenix al lado de mis padres pero tal vez él preferiría en Chicago con Esme y Carlisle o con Edward su padre aquí en Connecticut. Tendríamos que ver los pros y los contra para poder tomar una decisión. Temía que pudiera acabar en una riña.

Estaba metida en mis pensamientos, guardando mi ropa sentada en mi habitación. Entonces sentí los brazos de Edward en mi cintura, se sentó detrás de mí con las piernas a mis lados y comenzó a besar mi cuello.

-Te extrañé – me susurró al oído.

-Edward no tenemos ni quince minutos separados – mi tono sonó grosero, pero no era mi intención.

-Lo siento, te estoy hostigando – me dijo mientras intentaba ponerse de pié. Me giré y lo abracé por la cintura, lo empujé para que quedara recostada en el piso y yo sobre él.

-No te vayas, perdón. Es solo que tengo que hablar contigo de algo importante y estoy nerviosa.

-De no ser porque no nos hemos acostado pensaría que estás embarazada, ¿Qué pasa? – dijo frunciendo el ceño y pasando su dedo por mi mejilla.

Reí nerviosamente y bajé la mirada – He estado pensando, nuestra boda será en un mes y medio en Phoenix, pero ¿Qué pasará después? ¿Dónde vamos a vivir?

-Donde tu desees – me tomó de la cintura y nos giró de forma que yo quedara debajo de él – Si tú eres feliz yo soy feliz.

-Eso no es justo, sabes que yo quiero vivir en Phoenix por mis padres. Pero ¿Qué hay de tus necesidades? Yo no quiero ser la causante de que te separes de tu familia.

-Pero no me separaría para siempre de ellos, podríamos venir a visitarlos. No somos tan unidos como tú y tú familia. – Me miró a los ojos y sonrió – Aparte te tengo una sorpresa, me alegra mucho que hayas dicho que querías vivir en Phoenix porque la habrías arruinado.

-¿A si? ¿Por qué? – dije estirando mi cuello y besando su mandíbula.

-Ya lo verás – me besó en los labios y después fue bajando por mi cuello.

-Edward, tengo que empacar – estaba empezando a hiperventilar.

-Aún tenemos dos días – dijo mientras seguía besando mi cara y mi cuello.

-Eso dijiste desde que nos quedaba una semana y aún no terminamos – lo empujé y me puse sobre él – Con su permiso señor Cullen – le di un último beso en los labios y me puse de pié.

Terminé esa misma noche de recoger todo. El siguiente día limpiamos el lugar a profundidad, aunque nos tomó el doble de tiempo ya que estábamos jugando. Nos tuvimos que cambiar en dos ocasiones, cuando lavamos los platos y cuando trapeamos, porque terminamos empapados.

Al día siguiente tomamos un avión a Phoenix para terminar los detalles de la boda, que la verdad no eran muchos gracias a que Alice se había hecho cargo. Nos recogieron mis padres y nos llevaron a su casa para poder dormir ahí.

Estábamos a una semana y media de la boda, y una noche me invitó a cenar. Alice me ayudó a prepararme y cuando terminó me llevó a la planta baja donde estaba Edward. Bajé con cuidado las escaleras y él estaba ahí extendiéndome su mano. La tomé y cuando estuve a su altura me tomó de la cintura y me besó.

-Te vez absolutamente maravillosa.

-Gracias. – Me llevó hasta el auto y me abrió la puerta. Me pidió que me pusiera una banda en los ojos y de mala gana acepté.

Después de un rato sentí como el auto se detenía – Bien, ya estamos aquí.

Se bajó y después abrió mi puerta, me tomó en brazos. Oí como sacaba unas llaves y abría una puerta. - ¿Dónde estamos? – pregunté algo nerviosa al no saber bien donde estábamos.

Cerró la puerta detrás de él y me bajó – Ya te puedes quitar la banda.

Poco a poco me fui descubriendo los ojos. Frente a mi había una pequeña casa con tres puertas al fondo, una cocina y una salita con una televisión grande. La cocina estaba adornada con velas y había comida sobre la mesa. Edward me jaló del brazo y me llevó frente a una de las puertas.

-Este es el cuarto de estudio, o si prefieres puedes utilizarlo como cuarto de huéspedes. – me llevó a otra habitación – Este es el baño, no es gran cosa pero espero que te guste – me llevó a la última habitación y abrió la puerta – Ésta es nuestra habitación.

Era enorme, tenía una cama matrimonial y dos mesitas de noche al los lados. Un enorme closet y una puerta que conectaba al baño. Eso era hermoso y grandioso, pero no tanto como la enorme fotografía que se encontraba colgada en la pared arriba de la cama. Era una foto de nosotros dos, yo con mi cara en su pecho y el con la suya en mi cabello. Ambos teníamos cerrados los ojos, por el vestido reconocí que era la boda de Alice. Supuse que era la foto que Alice nos tomó sin avisar.

-¿Te gusta? – me preguntó algo nervioso. Me giré y lo miré a los ojos.

-No – lo dije muy seria y su cara se descompuso inmediatamente.

-Podemos cambiar lo que gustes Esme me… - tapé su boca con mi dedo.

-No me gusta, me encanta. Lo adoro es hermosísimo Edward, gracias – lo besé en la boca y pude sentir su sonrisa en mis labios.

Me llevó a la cocina y me sentó en una de las sillas. – Te preparé la cena, espero que te guste.

Comimos y todo estaba delicioso. Cuando terminamos nos fuimos de nuevo a casa de Charlie y Reneé. Nos acostamos temprano y casi estaba a punto de quedarme dormida en sus brazos.

-Alice y Esme ayudarán con lo que haga falta para la casa. En cuanto nos casemos nos mudaremos para allá – en su voz podía notar su emoción.

-Gracias de nuevo Edward – entonces el entendimiento golpeó mi cabeza. Me giré y lo miré a los ojos – Espera, ¿Cómo la vamos a pagar?

-No te preocupes por eso, la terminé de pagar el mes pasado. Estuve buscando casas desde que te fuiste a Londres. Cuando nos comprometimos empecé a pensar en el futuro y decidí que necesitaríamos un hogar. Alice me ayudó, como también me ayudó a comprar tu anillo. Espero que no te moleste que la haya comprado aquí, no pienses que quiero ser tu jefe o algo por el estilo. Sólo que pensé que preferirías estar cerca de tú familia.

-No te preocupes, estoy muy agradecida por todo. No me importa que tomes el control o que tomes decisiones por mí. Te amo y todo lo que decidas está bien.

Nos quedamos dormidos después de un rato y soñé con mi casa, mi nueva vida y sobre todo con Edward.

Ahí me encontraba de nuevo, frente a las puertas de madera. En esta ocasión Alice estaba frente a mí y yo vestida de blanco. Mi padre me tenía agarrada de un brazo. La música comenzó a sonar y Alice salió por el pasillo. Me agarré más fuerte a mi padre y comenzamos a caminar. Miré al frente todo el tiempo, vi a mi familia sentada, mi madre llorando mientras mi padre las sostenía. Vi a Jasper al lado de Edward, entonces centré toda mi atención a él. Edward era lo único que importaba en esos momentos. Cuando llegamos a donde estaba él, mi padre le entregó mi mano y le sonrió.

-Cuídala – le dijo mi padre.

-Más que a mi vida – le contestó Edward viéndome a los ojos.

La ceremonia comenzó y se pasó rápido. Edward y yo nos encontrábamos en nuestra propia burbuja.

-Los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia – concluyó el sacerdote

Edward puso una mano en mi cintura y otra detrás de mi cabeza, me acercó a él y me beso. Escuché como la gente empezó a gritar y aplaudir. Nos fuimos fuera de la iglesia y nos subimos a una limosina que nos esperaba y nos llevó al restauran donde cenaríamos. Habíamos decidido eso; ya que no era mucha gente.

Cenamos bromeando y riendo. A la hora del postre Edward tomó un poco de betún de su pastel y lo puso en mi nariz, para después lamerlo. Yo le embarré en los labios y lo limpié, solo que lo besé de pasada.

Cuando terminó todo, salimos del lugar y todos nos despidieron. Nos subimos al auto y nos fuimos a nuestro nuevo hogar, ya habíamos trasladado todas nuestras pertenencias allá. Llegamos y antes de que pudiera hacer algo, Edward abrió mi puerta y me cargó. Entramos a la casa y me puso sobre mis pies.

-No te había dicho lo hermosa que te vez, ¿cierto? – me susurró al oído

Me giré y lo abracé por la cintura – No, pero no es necesario. No me verás con éste vestido mucho tiempo más – le dije en el tono más seductor que pude.

-Es cierto – me volvió a tomar en brazos y a caminar camino a nuestra nueva habitación – Ahora señora Cullen, si no le importa la llevaré a nuestra habitación a estudiar y aprender su anatomía completa.

Me llevó a la habitación donde comenzaría una nueva etapa de nuestra relación y nuestra nueva vida juntos.

Bien, este es el fin de la historia. La verdad tengo muchas ideas para su vida de casados, así que considero hacer una continuación pero hasta que termine de estudiar.

Espero que les haya gustado, puede que la boda no haya sido la más romántica, pero es solo que nunca me he casado jaja. Espero que dejen muchos reviews para saber que opinan.

Por si algunos se preguntan porque son tan pocos años en medicina. Bueno pues eso es porque solo están estudiando para Médicos Cirujanos y no para Médicos Cirujanos Parteros. Esa si son como siete años más residencias o algo así.

Muchas gracias a los que me han dejado reviews y siento mucho ser tan floja como para no contestarlos. Les juro que los leo todos y se los agradezco enormemente.