¡Lamento la tardanza, en serio! Es que con la cabeza que tengo no recordaba que tenía que hacer la segunda (y última) parte de este fanfic. Espero que la disfruten. (La acabo de terminar uOu - así que está recién salidita del horno).

(Gracias, again, a Makiko Lime por betear este capitulo, ahora te debo dos)

Disclaimer: Vale, no soy Meyer, los personajes no me pertenecen. Soy fangirl de Twilight y adoro a Edward y Carlisle Cullen, ¿qué más se puede pedir? /irónica.


"La mejor manera de sacar provecho de la tentación, es, simplemente, sucumbiendo a ella."

Anónimo.

ii. Adicción

(Edward's POV)

·

Heroína. Mi marca perfecta de heroína.

¡Maldición!

No tenía palabras para describir aquel líquido que corría ahora por mis labios. Era perfecta, como si hubiera sido creada especialmente para mí. Tan cálida y reconfortante como una botella de whisky para un alcohólico en rehabilitación fallida. Y, de cierto modo, aquél ejemplo me representaba con más detalle de lo que podía soportar.

Mis manos yacían como jaulas alrededor de ese cuerpo al que se le iba la vida a cada gota. Deliciosa y adictiva. Mi propia mente estaba ocupada como para poder pensar con la coherencia que necesitaba, pero poco me importaba, por no decir nada.

¿Cullen, Edward? —la voz de mi víctima vino a mi fuero interno como tempestad, sin vuelta atrás y sin que la convocara.

Por aquí, Bella.

Me veía a mí, sentado en el capó de mi Volvo, esperándola cuando ya no quedaba casi nadie en el estacionamiento. Yo miraba en todas direcciones, buscando miradas curiosas, pero nada. Hoy, en definitiva, había sido mi día de suerte.

Ya poco comenzaba a importarme que no pudiera leer su mente, era página de otro libro.

La vi una vez más, se acercaba a torpes zancadas, con la mochila sobre su hombro izquierdo y un cuaderno rojo sobre el pecho, sujeto por su mano. En cierto modo, esa chica era adorable a su manera; nada de lo que yo había visto –o esperaba ver–. Sonreí inconscientemente cuando ella ya hubo estado lo suficientemente cerca. Nuevamente su olor se abalanzó sobre mí sin la más mínima piedad, pero ya de a poco comenzaba a disfrutar masoquistamente de la sensación que se producía en mi lengua cuando inhalaba aquello…

"Jazmín y fresias. Se me hace agua la boca…"

No quise pensar en nada más que en mí. De un momento a otro, las cuerdas que alguna vez me ataron a mi dieta vegetariana desaparecieron. Los casi noventa años que me dediqué a alejarme de los humanos, se esfumaron. No pensé en ella. En su familia, sus amigos y todos que sufrirían por su muerte; y no me importó en lo más mínimo. Mis años de rebeldía volvieron como si corrieran a millones de años luz. Y, sobre todo más importante, la fragancia de Isabella Swan no abandonaba mi mente en ningún momento.

Y… el rostro de Carlisle fue guardado en una caja que abriría más tarde, mucho más tarde.

La ponzoña ya no quemaba con ese calor que intoxicaba toda mi garganta, que la quemaba y la reducía a nada. Ahora ardía con la intensidad de un fuego que no quemaba, y que me era placentero. Por pequeños segundos sentí que aquel calor se expandía por todo mi cuerpo, y que mi piel se sonrosaba un poco, como si volviera a ser humano una vez más. No abrí los ojos para comprobarlo, no quería enfrentarme con la realidad de que todo fuera una simple idea de mi imaginación.

Mordí más fuerte, buscando más de esa droga.

Perforando esa piel.

Creo que en mis párpados se formaron figuras que nunca antes creí posibles, y colores que ni mi vista de la nueva vida me podía ofrecer. Escuché sonidos que antes creí nunca haber oído. Pero sólo un aroma, y no dejaba de volverme loco.

¿Qué… qué hacemos aquí? —era nuevamente la voz de Bella Swan en mi mente.

Nada especial —le respondí encogiéndome de hombros, mientras, en ese momento, ideaba más de diez planes por segundos, preguntándome por dónde correría más deliciosa aquella sangre.

Ed-Edward… ¿P-Por qué me miras así?

No respondí. Di un paso hacia adelante, ya decidido y con la locura nublando mis pensamientos.

N-no… tú… ¿qué…? —balbuceó, y no pudo seguir diciendo nada, porque yo ya me había aproximado lo necesario. Entonces, sin su previo aviso, salté hacia su cuerpo, haciéndola caer al suelo, yo sobre ella, y toda la cordura lejos, muy lejos. Me miró con ojos espantados y llenos de miedo, no hice otra cosa que soltar una seca carcajada— ¿Qué haces, Ed…? —nuevamente no le permití seguir, mis dientes ya estaban perforando la piel de su cuello.

Un grito seco, ahogado y repleto de sufrimiento –tanto físico como mental, lo sabía, lo había escuchado antes, docenas de veces–. Mis manos cubrieron su boca, para callar su voz, que de a poco se debilitaba y no se transformaba en nada más fuerte que un simple suspiro. Sentí mi piel mojarse, y olí el oxido y la sal de las lágrimas que corrían por las mejillas de Isabella Swan, hacia mis manos, y adentrándose hacia su cabello, por el costado de su rostro.

Ahora, ella ya no era más que un cuerpo sin vida, sin sangre.

Sin heroína.

—¡Edward! ¿Qué mierda has hecho?

Mis labios lentamente se alejaron de la piel del cadáver de Bella Swan, despacio, incluso para los de mi especie. No quería darme vuelta, no. No deseaba ver los ojos de ella, de todos. Pero, su mente, ¡su malditamente!

"Maldición, llegamos tarde"

"Edward, tú…"

"No puedo creerlo"

"Él debe saberlo, él, Car…"

No pude soportarlo más.

—¡Cállense! —me gire, y vi los rostros de mis cuatro hermanos –todos ellos crispados en un sentimiento que sólo Jasper podría comprender–, me miraban como si fuera el peor ser de todo el mundo, y, quizás, tenían razón— ¡No lo pienses! ¡No digas su nombre, no! —ahora me dirigí únicamente a Rosalie, de quien fue el último pensamiento— ¡Él no lo sabrá…! ¡Jamás! ¿Me has escuchado?

Alice dio un paso hacia adelante, su rostro de duendecillo denotaba la preocupación, el temor.

La lástima.

—Edward… "Tú no…."

—¡No, Alice! ¡Basta!

—Edward… —ahora la voz de Emmett intervino en mi cabeza.

Di un paso hacia atrás, golpeando levemente con el pie el cuerpo inerte de la nueva estudiante; su rostro pálido, frío, con los ojos vacíos, sólo provocó un espasmo de terror dentro de mi organismo muerto. Los sentimientos enviados por Jasper tampoco ayudaban, sólo lograban hacerme sentir más confuso. En esos momentos, no sentiría sus oleadas de calma, me sentía levemente inmune a todo.

—No, Edward —dijo Alice, por segunda vez—. No lo hagas, él te perdonará.

—¡Carlisle me odiará, Alice! —le grité—. ¡Me aborrecerá! Yo, no puedo… yo…

—No…

No la escuché, a ninguno, sabía que no me seguirían, sabía que no podían seguirme; sólo en esos momentos me aborrecí menos, era bueno ser el más rápido de la familia. Bloqueé mi mente, buscando tranquilidad en mis pensamientos, no dejé que los de mis hermanos entraran en mi cabeza, no me torturarían, ¡ya no más!

Pero, de todos modos, lo sabía. Sabía que aquella última mirada al cuerpo de Isabella Swan, sería lo que me atormentaría para siempre. El rostro de Alice, Emmett, Jasper y Rosalie, contraídos por la lástima. ¡Mierda! Y, peor aún, el rostro de mi padre y creador, Carlisle Cullen, me perseguiría hasta el fin del mundo, donde, decididamente, quería llegar.

Aceleré el paso dejando todo lo que tenía, a mis espaldas.


¡Dios, sí! ¡Al fin!

Creo, con algo de sinceridad, que quedó bien. Aunque pudo ser mejor, ¿no? Esto, supongo, sería más o menos lo que hubiera pasado si... ejem, Edward hubiera matado a Bella el primer día (cosa que perfectamente pudo pasar, pero Meyer no quiso porque o sino hasta ahí llega nuestra novela y ninguna de nosotras estaríamos aquí, ¿verdad?).

En fin, ¡muchísisimas gracias por sus 21 reviews! Me alegra que les gustara la parte anterior, y ahora espero que disfruten esta. De verdad, le agradezco a cada una de las que se tomó su minutito para dejarme un comentario. Este capitulo (y el fic en sí) va dedicado a toda persona cuyo nick aparezca en la página de los reviews de Simple seduction, ¡las amo!

Reviews, please... para saber su opinión sobre lo (in)evitable. ;)

LasQuiere!Janelle/ex-Miu.

!~