CAPÍTULO 1

El alegre cielo azul que cubría todo Washington D.C. contrastaba con la tristeza y la desolación del grupo de personas que estaba reunido en una de las parcelas del cementerio de Arlington, donde acababa de dar comienzo el funeral del ex militar y agente del FBI llamado Seeley Booth.

Dos semanas atrás, el valiente agente se había interpuesto en el camino de la bala que disparó Pam la gorda contra Brennan mientras ésta se divertía cantando en el karaoke, tiñendo de rojo sangre la que prometía ser una velada fantástica.

Diez angustiosos días fueron los que Booth se mantuvo con vida, aunque en estado de coma inducido y con pronóstico muy crítico, tanto que nunca permitieron la entrada de ninguno de los 'mirones', a pesar de las súplicas de éstos. Tras esos diez días el médico les dio la mala noticia, dejando a todos consternados.

Y ahora se encontraban allí, en el cementerio de Arlington, donde la armada le habían concedido a Booth un lugar de descanso junto a los últimos héroes de guerra, por su servicio al cuerpo en el pasado, cuando era francotirador.

A decir verdad no había mucha gente. Tras la cabeza del féretro se encontraban Zack, Hodgins, Ángela, Cam y el doctor Sweets, y en los alrededores algunos amigos y conocidos del agente. Sólo faltaba una persona, ella, Temperance Brennan.

A la derecha, Caroline Julian, comenzaba a pronunciar su discurso de despedida:

- Yo conocía a Seeley Booth. Era un buen hombre, que se ganó mi respeto y mi afecto. Pocas personas me caen bien – hizo una pequeña pausa y miró a los presentes -. Booth siempre se entregaba de lleno a su trabajo, primero en el ejército y luego en el FBI. Hace dos semanas realizó el mayor de los sacrificios: dar su vida para salvar a su compañera, y con este valiente acto nos demostró que todos somos capaces de hacer algo muy grande.

- No debimos haber dejado sola a la doctora Brennan en el laboratorio – comentaba el doctor Sweets por lo bajo -, no es nada bueno que reprima su dolor.

- ¿Y qué querías que hiciera? – preguntó Ángela - ¿Qué le trajese a rastras? Ya viste que me fue imposible convencerla, le rogué que viniese pero ni yo pude hacerla entrar en razón.

- Lo sé, yo también intenté convencerla, pero no hubo manera. Aunque la doctora Brennan se muestre tan fría en estos momentos, la verdad es que esto le afecta y mucho, para ella no sólo ha sido perder a un compañero, para todos nosotros es evidente que ellos eran más que eso.

- Sí, y no hace falta ser psicólogo para ver eso – dijo Ángela -. Ya Brennan no volverá a ser la misma después de esto.

- Que la compasión de Dios y su amor acojan a Seeley Booth al ocupar su lugar frente al señor – añadió Caroline terminando su discurso mientras depositaba una rosa blanca sobre el ataúd.

Una Ángela muy compungida no pudo evitar derramar unas lágrimas, contagiando su llanto también a Cam, que durante toda la ceremonia intentaba aparentar fortaleza.

Tras ellos, una fila de unos siete soldados ataviados con su uniforme de gala, esperaban perfectamente alineados a recibir las órdenes del comandante para rendir honores al fallecido. Lo que nadie sabía ni se imaginaba era que entre esos militares estaba el propio Booth, más vivo que nunca.

Todo resultaba ser un montaje organizado por la NSA (National Security Agency) para poder detener a un peligroso delincuente que había desaparecido por culpa de Booth hacía ya unos meses y el cual había jurado que sólo volvería a aparecer en el entierro del agente.

Cuando Booth resultó herido por el disparo de Pam la gorda, el FBI supo que era la oportunidad perfecta para detener a ese hombre y contactaron con la NSA para planearlo todo al detalle en cuanto Booth se pusiera bien.

El FBI fue quien dio órdenes expresas a los médicos que atendían a Booth para que no dejasen que nadie entrara a verlo.

La realidad fue que Booth llegó al hospital inconsciente y con un pronóstico grave, pero en cuanto llegó, lo llevaron al quirófano y le sacaron la bala, salvándole la vida. Tan sólo le hicieron falta cinco días tras la operación para recuperarse por completo, tiempo en el que unos miembros de la NSA lo visitaron y le pusieron al corriente de todo lo que debía hacer de ahora en adelante.

A Booth no le quedó otro remedio que aceptar colaborar con ellos, pero no sin antes exigirles que debían comunicar a sus seres queridos que él no estaba realmente muerte, o de lo contrario no habría trato. Los miembros de la NSA aceptaron, pero le dieron un límite de únicamente tres personas a las que contarlo, las cuales debería escribir en una lista, de la que el FBI se haría cargo.

Booth no dudó ni un minuto a quienes pondría en dicha lista y comenzó a escribirla. La primera figurante de la misma era Temperance Brennan. Después de todo lo sucedido no había dejado de pensar en ella ni un solo instante. La angustia, el miedo y el dolor que vio en los ojos y el rostro de su compañera rogándole que aguantara antes de que la oscuridad se apoderase de él tras el balazo recibido, había quedado grabado en su mente para siempre.

Esa última imagen que tuvo de ella le destrozaba el alma, y el solo pensamiento de lo mucho que estaría sufriendo en esos momentos le desgarraba el corazón. Por nada del mundo permitiría que su querida compañera sufriese, por eso fue la primera persona de su lista.

En segundo lugar apuntó a su madre. Ella se lo diría a su padre y así serían más de tres personas las que sabrían la verdad.

Y en último lugar pero no por ello menos importante, puso a Rebeca, su ex y madre de su hijo. Ella informaría a Parker, y con ellos las personas que sabrían la verdad serían cinco y no tres, las cinco personas más importantes de su vida.