Hola a todos!

Lo sé. Ha pasado bastante tiempo. Creo que un año... T.T Quiero pedir disculpas por eso. El tema es que el año pasado empece la facultad (universidad) y una carrera como Arquitectura tiene mucha exigencia en tiempo, por lo que comprenderan por que no pude continuar con esta historia. Sin embargo, aca vuelvo nuevamente para regalarles otro capitulo.

Quiero decirles que este es el ante ultimo capitulo de la historia. El proximo desarrollara lo que este anticipa y un poco más ^^ Pero creo que la historia ya no dá para estirarla más.

Muchas gracias a todos aquellos que la siguieron y me apoyaron desde los rvws!! :) Como saben, es muy importante para todo escritor saber que opinan de la historia.

Disfrutenlo! Y nos estamos viendo pronto!

Aclaro, ninguno de estos personajes son de mi autoría. Corresponde a la creadora de la Saga Crepúsculo: Stephenie Meyer.

Lore


Capitulo 8:

Esme Cullen

Es increíble como después de seis meses de lo ocurrido, todo lo que me rodea me siga sorprendiendo. El polvo. La luz… La piel de mí amado… Debo admitir que al principio fue bastante duro, y aun lo sigue siendo un poco. Sin embargo, la compañía incondicional de mi Carlisle hace que todo me resulte totalmente sencillo y menos escalofriante.

Recuerdo perfectamente mis primeras presas, las cuales disfrute muchísimo, pues la sed ya me era insoportable. Inclusive, me sorprendí a mi misma al darme cuenta que el ver sangre derramarse como torrentes no me era para nada desagradable. Eso fue al día siguiente de mi transformación.

Tras una presentación cordial con Edward, digamos, el primer miembro del clan, Carlisle me llevó hacia las áreas boscosas pero incómodamente pequeñas, por lo que el perímetro de casa era muy reducido y teníamos que tener especial cuidado en no toparnos con humanos. En realidad, era yo quien tenía que tener cuidado. Carlisle me comentó sobre su perfeccionamiento en no alimentarse de sangre humana y como había podido sobrevivir durante tanto tiempo a base de sangre animal. Me pareció una postura muy honesta y bondadosa de su parte, y no dude en apoyarlo y hacerle entender que haría el mayor esfuerzo por seguir su ejemplo.

En aquellas tierras reducidas, habitaban pequeños pumas. Carlisle me mostró primero como hacerlo y yo, obviando la sed (aun si poder creerlo como lo hice) lo observé embelezada: sus movimientos, rápidos, seguros, eran con tal delicadeza, que daba la impresión que estaba ejecutando algún tipo de Ballet romántico. Sus manos, fuertes, tomaron al animal, cuyos aullidos agonizantes de dolor se fueron apagando a medida que los dientes de mi Carlisle se apoyaron delicadamente sobre la vena yugular y succionaron con placer la tibia sangre.

¿Cómo alguien podía ser tan perfecto en todo? Ya en ese momento, la sed había tomado las riendas de mi mente y la ponzoña se acumuló en mi boca. Entonces, me tendió una mano, invitándome a su banquete, él cual acepte gustosa.

Jamás olvidaré nuestra primera caza, juntos.

Ahora, tras haber pasado meses, la he perfeccionado, aun que mis ojos se mantienen en su color borgoña. Ese es otro de los puntos en cuales no dejo de sorprenderme: mi irreal belleza. Nunca fui una joven donde lo físico fuera mi fuerte. Principalmente fui de tener curvas más bien redondeadas y mi cabello no era para nada excepcional. Pero ahora, mi piel era tan suave como la de Carlisle, y todos mis músculos se volvieron tenaces y fuertes. Mi amado me comento que cuando uno es neófito llega a ser realmente fuerte, más que un vampiro experimentado. Sin embargo, yo no le sentía tanta diferencia. Otra cosa era mi espectacular visión: podía ver cada minúsculo polvillo que había en el aire y la rapidez también me generaba mucho placer.

Después de todo… no era tan malo ser un vampiro.

Más cuando tienes a tu lado la persona a quien más ama.

En estos seis meses que transcurrieron, he conocido a Carlisle Cullen como nunca antes imagine hacerlo. Más cuando tienes a tu disposición horas y horas para hablar, compartir cualquier cosa… ¿Cómente que los vampiros no duermen? Otro punto que me genera sorpresa.

Carlisle es simplemente… único. Un ser, que a veces pienso que no puede permanecer a este mundo tan corrompido… no. Es un ser excepcional, bello en todo sus sentidos. Amable, cordial y siempre paciente. Lo más hermoso de esto, es que me sigue generando las mismas sensaciones que cuando lo conocí por primera vez hace ya bastante tiempo. Inclusive, esas sensaciones se han incrementado. Lo siento con mayor intensidad. Y con estos nuevos ojos, es como si lo hubiera visto por primera vez. Está claro que jamás con mis ojos de humana podría haber detallado tanto su rostro… cuan angelical era realmente.

Con respecto a nuestra relación… nos estamos "conociendo". Lo digo así por que para mí es como si lo conociera de toda la vida. Como ser respetuoso, me permite tener mi espacio, mi propia habitación, mientras él tiene su alcoba al frente. Disfrutamos de nuestros momentos, aun que tratamos de hacerlo cuando Edward no se encuentra muy cerca, ya que su condición de lector de mentes, a veces es algo vergonzosa.

Todo este tiempo me ha ayudado a creer, no mejor dicho, a confirmar, que siempre se ha tratado de él. Siempre ha sido él. En mis sueños… en mis pensamientos. Jamás dejé de pensar en esa persona bondadosa que me atendió cuando apenas tenía 16 años. Jamás lo deje de amar.

Lo amo demasiado. Tal vez de una manera ya irracional, obsesiva. Y me aferro a ese amor lo más que puedo… por que es lo único que me ayuda a mantenerme cuerda entre tantos…cambios y dolor…ya que aun mi mente me dicta las antiguas memorias humanas, aquellas que ojala se hubieran quemado cuando creí estar en el infierno…

En fin…

Apoyé delicadamente mi mano sobre el vidrio de la ventana de mi habitación y miré aburrida el exterior. Observé como un par de ardillas jugueteaban y como sus correteos generaban un sonido agradable contra las hojas secas del suelo. Aquel día no lo había visto desde que se fue a trabajar. Y eso me ponía un poco ansioso y pendiente del tiempo, lo cual… pasaba más lento, por supuesto.

Tampoco quería interrumpir a Edward para molestarlo con mis tontas charlas. El muchacho se pasa la mayor parte del tiempo en su habitación, leyendo. Es un buen chico. Le he tomado mucho cariño y lo considero como un hijo. Me gusta creer que somos una familia. Carlisle, el bondadoso padre, Edward, el hijo prodigio y Esme… ¿la madre?

¿Sólo la madre? – me sobresalté un poco al escuchar su voz provenir de mis espaldas. Tan absorta en mis pensamientos había estado que no me percate de su llegada. Edward se encontraba apoyado contra el marco de la puerta, con sus ojos borgoñas oscuros y su sonrisa misteriosa – Lamento asustarte Esme…

- Oh, no Edward, no es ninguna molestia – le dije con una sonrisa más relajada. Aun que Edward era un buen muchacho, aun me ponía tensa con su habilidad de leer la mente – Pasa por favor – le dije con calidez y él avanzó con gesto más tenso y se sentó en uno de los pequeños sillones.

- Esme, se que lo hemos hablado antes, pero si prefieres que yo me vaya por un tiempo… - no permití al joven seguir hablando, así que elevé una mano en señal de silencio.

- Tranquilo Edward. Solo concédeme un poco más de tiempo hasta que mi mente termine de procesar todo esto… - le dije mientras me sentaba al frente suyo, aun que hubiera estado perfectamente de pie - Tu más que nadie tienes que estar aquí. Al igual que vos en tu momento, imagínate que no es fácil todo esto…

- Lo sé – contestó el muchacho más relajado y me sonrió con cierta ironía implícita en su gesto – Quien lo hubiera dicho… o predicho, que nuestras vidas cambiarían tan drásticamente – por un momento sus ojos me observaron - ¿no estás molesta realmente con Carlisle por la dedición que tomó por nosotros?

Aquello me había tomado de sorpresa, pero aun así me mantuve en calma.

- Edward, creo que mi mente te lo hace saber clarito – lo miré y tras una sonrisa le hice recordar lo cuanto que amaba a aquel hombre – Realmente mi vida como humana no tenía sentido… Una miserable. No te voy a negar que al principio de todo, hubiera preferido seguir con esa miseria, pero ahora… siento que es lo mejor que me ha pasado en la vida – algo en el joven cambió. Su expresión se volvió irritante, como si aquellas palabras no tendrían que haber sido mencionadas – Carlisle me comentó tu caso. Creo que él también nos necesitaba Edward…

- Aun así, no tenía derecho… - masculló molesto, desviando la mirada – Era esto o morir. Y te juro que hubiera preferido morir.

Le miré por un segundo. Hasta el momento no me había percatado el gran dolor que él llevaba en su interior. Tal vez la frustración de viejos deseos. O el hecho que todavía no puede hallarse en esta nueva identidad, naturaleza. Cual quiera que fuese la causa, Edward sufría. Y me di cuenta que él ya me estaba observando nuevamente con sus ojos implacables…

- A nadie le interesa de todas formas… - me contestó bruscamente y amago con levantarse pero yo me adelante, siendo más rápida y tomé con calidez sus manos. No sabía que decirle, como calmar ese dolor… solo sabía que quería abrazarlo, hacerle entender que yo estaba con él para cualquier cosa que necesitara. Por lo que entrelace mis brazos alrededor de su espalda armada.

- A mi me interesa muchísimo y a Carlisle también. Él quiere lo mejor para ti… pero entiende que como a nosotros, para él esto también es nuevo y todavía no sabe bien como actuar. Ten paciencia Edward… - me separé de él y tomé sus manos para mirarlo con cariño – Las cosas para algo suceden. Yo pienso… que todo esto tiene a su debido tiempo, un sentido. No pierdas las esperanzas.

Ensanché mis labios para darle una sonrisa cálida que el me correspondió con tan solo una sombra de lo que podría haber sido una mueca. Titubeo pero al final, contestó.

- Gracias Esme…- me soltó y caminó hacia la salida pero antes de irse se volteó hacia mi, no muy seguro – Emm… hay algo que Carlisle quiere preguntarte, no te preocupes si actúa algo raro contigo.

Le miré sorprendida. ¿Qué será aquello que tan traumado tiene a mi Carlisle?


Esperé sentada sobre el sillón de mi habitación. Estaba ¿nerviosa? Y no sabía bien la razón. Sin embargo, mi mente tenía ya una lista de especulaciones con respecto a lo que Carlisle quería preguntarme: tal vez era una pregunta tonta como "¿Quieres que vayamos de viaje?" o "Esme… ¿cuál es tu color favorito?"

En definitiva, mis ansiedades iban a ser colmadas pronto, por que percibí su aroma a tres quilómetros de aquí. Perfecto. No faltaba tanto.

¿Quieres quedarte tranquila? No es nada para asustarse o por ahí si… - me dijo Edward entre risas, mientras caminaba por el pasillo. Refunfuñe por lo bajo, por el hecho que él ya sabía que era. Y si había algo que me molestaba eran los secretos. – Créeme, le costará preguntártelo…

¿Tan complicado era el tema?

- Buenas noches Edward – le escuché saludar desde la entrada a su hijo adoptivo, cuyos pasos ya se habían alejado hace un par de segundos del pasillo. No quise prestar atención a lo que conversaban, pues mis nervios tampoco me dejaban concentrarme demasiado.

Si mi corazón latiese, estaría desbocado. Retorcí los dedos de mi mano y me levanté del sillón, comenzando a caminar impaciente por la habitación. ¿Por qué se tardaba tanto…?

- Buenas Noches Esme – oh, por fin. Ahí estaba. Su perfecta imagen de medico sensual y sus cabellos dorados desprolijos por el viento. Llevaba el uniforme desabotonado dejando entrever una exquisita camisa color azul claro y sus pantalones oscuros. Definitivamente era el hombre más guapo y a quién más deseaba.

- Carlisle! – exclamé emocionada, con una sonrisa de oreja a oreja y me abalancé sobre sus labios, besándolo con pasión, mientras lo rodeaba con mis brazos. Pero tras unas risitas furtivas por parte de Edward, me separé y lo miré avergonzada. – Lo lamento… ¿cómo ha estado el día?

- Atareado, pero bien por suerte – me dijo y capte al instante por que Edward me había dicho que no me preocupara si actuaba extraño. Al momento de su contestación, no me miró y aludió mis ojos. Observé lo más tranquila posible como dejaba el uniforme aun costado y su maletín, para luego sentarme y aparentar equilibrio.

- Me alegro cariño – le dije con ternura para relajarlo un poco y relajarme también yo. No quería parecer una desesperada, no sería de buena educación exigir la pregunta. Entrelace mis dedos, sin siquiera darme cuenta en el movimiento, y clave mis ojos en él.

Carlisle dudo en mirarme y luego desvió sus ojos dorados hacia la puerta. En ese momento pareció relajarse un poco y se arrodilló a mi lado.

¿Y como estuvo tu día? Lamento que te deje tanto tiempo sola… - acarició mi cabello y el tacto me pareció totalmente cálido. Suspire y le sonreí.

- La he pasado muy bien. No te preocupes con mi, entiendo tus obligaciones y no me molesta… además, he estado pensando algunas refacciones para esta casa – eso era cierto. El hecho que sea ahora una vampiro no significa que haya dejado aun lado mi hobbie por remodelar las cosas. Carlisle ya era conocedor de esto: se lo conté la primera vez que nos vimos.

- Eso no será necesario mi querida Esme… - me contestó sonriendo de costado. Me pregunté por qué no sería necesario, sin embargo, la pregunta en mi cabeza fue acallada por su voz de terciopelo – Cariño… quisiera hacerte una pregunta… - su voz apenas sonó como un susurro. Agradecí tener la audición tan aguda, sino hubiese sido imposible escucharlo.

- Pregúntame… - para sorpresa mía, mi voz también sonó como un campanilleo suave. Nuevamente el manojo de nervios se abrió a flor de piel sobre mí. Los ojos de Carlisle todavía no me miraban, y de sus labios se escapan furtivos suspiros de ansiedad. En un acto de reflejo por no aguantar más, le tomé las manos y lo miré - ¿Carlisle?

Esme, querida… ¿Quisieras casarte conmigo?

Mis ojos se abrieron como platos ante su pregunta. No me llegó a sorprender, por que era justamente la pregunta que había esperado todo este tiempo y que mi mente no se animaba a formular. Estallé en risas y me levanté abrazando fuertemente a Carlisle, cuyo estado parecía estar en shock.

- Si! Si! Claro que si! – lo besé una y otra vez, mil veces en menos de un minuto – Quiero casarme contigo…

Entonces pude ver como sus ojos, maravillosamente de un oro líquido, brillaban a más no poder. Como si se hubiesen formado lágrimas en ellos, aun que era claro que no podía llorar. Su sonrisa fue la más hermosa que vi. en mi vida, y su rostro brilló. Jamás había visto una expresión de felicidad tan genuina como la que este hombre me estaba regalando. Y francamente, no pude evitar sonreír de la misma forma.

De manera solemne nos tomamos las manos y juntamos nuestras frentes, para disfrutar del momento y sentirnos el uno con el otro. Era una conexión única, un torrente de sensaciones, una carga eléctrica que nos embriagaba a los dos.

- Te amo… - aquellas palabras salieron de sus hermosos labios como poesía y se quedaron grabadas en mi mente. Suspire, totalmente emocionada, pero sin poder obviamente, expresarla en llanto. Por lo que me acerque y saboree como nunca antes su boca. Acaricie su cara y recorrí con mi mano derecha su musculosa espalda.

- Yo también te amo… más que nada en este mundo – le dije totalmente convencida de lo que sentía y de la decisión que había tomado.

- Puaj! Realmente son empalagosos… - la voz monótona de Edward se escuchó desde la puerta. ¿En que momento había llegado? Para responder mi pregunta, rodó los ojos escéptico – Felicitaciones – dijo con una forzada sonrisa, acercándose a nosotros para saludarnos.

Lo abracé con fuerza y le agradecí sus felicitaciones. Mientras que con Carlisle, solamente se limitó a estrecharle su mano, en un gesto respetuoso.

No pude evitar reírme por debajo ante la escena. Sabía que Carlisle hubiera preferido que lo abrace, pero entendí también las limitaciones de Edward.

Tal vez pueda ser que nuestra pequeña familia tenga sus defectos, sus secretos pero en definitiva yo la siento así. Una familia. Aquella que siempre soñé y nunca llegue a concretar. Con el hombre de mi vida, con un hijo…

Como me dijo Edward esa tarde, quien hubiese predicho que nuestras vidas iban a cambiar tan drásticamente…