Hola! aqui les presento el último capitulo de esta tierna historia de amor. espero que realmente les guste.

Subió por las únicas escaleras del edificio. Su paso era apresurado, ¿cómo no? Había esperado todo el día por ver a Tai y por fin iban a estar los dos solos. Llegó a la puerta del apartamento y la abrió.

-¿Tai? Ya llegué. ¿Dónde estas?- esperó por una respuesta pero no llegó ninguna. Reviso todas las habitaciones y nada. Tai no estaba por ningún lado. Esto si que era extraño. ¿Acaso lo habría olvidado? No, era imposible. Todos los años lo recordaba y era imposible que este año lo hubiese olvidado.

Se acercó al teléfono y levanto el auricular. Estuvo a punto de marcar el número de Tai cuando encontró una notita roja pegada a los números. La despegó y la leyó:

No me llames.

Solo busca en la cocina.

Con amor, Tai.

No esperó más y buscó en la cocina. Encontró otra nota roja pegada a la refrigeradora. Hizo lo mismo que con la anterior.

Torturar a Matt todo

El día, debió

Darte hambre

Come un poco de pie

De limón. Se que

Te encanta.

Abrió la puerta de la refrigeradora y lo único que encontró fue una tajada de pie de limón, la cual se notaba que fue hecha a mano. En la crema estaba escrito: ¡cómeme! Se sentó en la mesa del comedor y comió la tajada como fue indicada. Estaba delicioso. Al terminar encontró otra nota cubierta de plástico, para que el postre no borrara lo escrito en ella. La limpio y leyó.

Tomate una

Relajante ducha.

Compré tu shampoo

Favorito.

No pudo evitarlo y rió. Se dirigió al baño y encendió la ducha. Pasó un minuto y entró. El agua estaba caliente y realmente era relajante sentir como se deslizaba por su cuerpo.

Salió de la ducha, y se dirigió al cuarto. Estaba cubierta con una bata y se sentó momentáneamente sobre la cama. No pasaron ni 20 segundos y el despertador sonó. Se inclinó para apagarlo y encontró otra notita pegada a el.

Es hora de jugar

A las escondidas.

Yo me escondo,

Tú me buscas.

Para eso necesitas

Estar vestida.

Busca la caja negra

En el closet.

La sonrisa que llevaba en el rostro era imborrable. Se levantó y busco en el closet, la caja. No tardo mucho, ya que era lo único que había en el. En la caja había un hermoso vestido color rojo. Mera casualidad, todo era rojo. Las notitas, el vestido. ¿Que mas?

Se vistió y miro en el espejo detrás de la puerta. Encontró otra notita pegado en el.

Te ves hermosa.

Ahora ponte las sandalias

Negras y arréglate

Como gustes. Luego baja

y pregunta recoge

Un libro en la librería

De al lado.

Cada vez se volvía más y más interesante. Se maquilló, peinó y terminó de alistar los últimos detalles. No esperó más, tomó el bolso que estaba colgado en la manecilla de la puerta, el que llevaba una notita, que decía llévame y bajo las escaleras por las cuales subió. Entró en la librería del costado y se acercó al mostrador. Estuvo a punto de preguntarle a la señorita, pero la verdad no sabía que libro tenia que recoger. Reviso nuevamente la nota y contemplo el vació de la pared.

-¿En que puedo ayudarla?- preguntó la señorita mirándola.

-Vengo a recoger un libro. –Dijo sin convicción. ¿Qué más podía hacer? No sabía nada acerca del libro.

-¿Bajo que nombre ha hecho la reservación?

-No lo se.

-¿Sabe que libro?

-No.

-¿Sabe el autor del libro?

-No.

-¿Cuándo hizo la reservación?

-No lo sé.- La señorita sonrió y desapareció bajo el mostrador. Mimi se sentía tan ridícula. ¿Cómo se le ocurrió a Tai esto? Tras unos minutos, reapareció la señorita con un paquete en la mano, sonriendo.

-Aquí tiene. – perpleja, Mimi lo recibió y le agradeció. ¿Cómo demonios había sucedido esto? Miro el paquete y llevaba otra notita roja pegada en el.

¡SORPRESA!

Lo abrió y encontró la novela que había intentado comprar hacia tiempo que había estado agotado en todas las librerías de la ciudad. Su corazón latió fuertemente. ¿Dónde estaría ese enamorado suyo? Se sentía tan niña y tan feliz. Revisó el libro, pero no encontró nada en el que le indicara que debía hacer. Salió de la librería y se sentó en una banca al lado de la pista.

El bolso que llevaba consigo, vibro. Automáticamente sacó de el celular que estaba sonaba. Era un mensaje de texto.

Para: ti

Enviado: 19:39hrs

No es tiempo de

Sentarse a descansar.

En la pileta

Algo interesante

Encontraras.

De: mi

Recibido: 19:40hrs

Se levantó y cruzó la calle. Entró al parque y se dirigió directamente a la pileta. Llegó al cabo de diez minutos, pero no encontró a Tai. Se sentó al borde de esta y encontró una notita pegada al suelo.

No te aburras,

No te decepciones

Aun de mí.

Las flores

De cereza, están

Floreciendo por aquí.

No estés triste,

Pronto esto llegara a su fin.

Sigue los pétalos, te

Guiaran a mí.

Buscó con la mirada los pétalos. Se levantó y miró los caminos. Entonces vio un camino que atravesaba los árboles y estaba hecho de pétalos de flor de cereza. Su corazón se alocó. Camino, mas bien corrió por el sin salirse del camino. Le pareció familiar el camino. Tras unos minutos se topó con una escalera de piedra que subía una colina. Era el pequeño templo sagrado, que hacia años, se había convertido en mirador. Subió las escaleras lentamente. Era en aquel lugar que se conocieron por primera vez. Era aquel lugar en donde fue su primer beso. Era aquel lugar donde miraban los atardeceres juntos los domingos en enero. El mar se encontraba del otro lado. Recordaba que había una pequeña escalera que permitía bajar a una pequeña playita asilada 20 metros mas abajo. También sabía que encontraría a Tai ahí. Lo que no sabía, lo que la intrigaba, era el porque. Llegó a la cima, su corazón latía fuertemente en su pecho. Pero al instante ceso. No había nadie. No había nada. ¿Qué era esto? ¿Una broma?

El celular sonó otra vez. Esta vez era una llamada, era Tai.

-¿Dónde estas?- preguntó ella sin saludar. Se estaba frustrando.

-¿Recuerdas nuestro primer beso?- preguntó ignorando su pregunta. -¿Recuerdas el lugar?

-Si –dijo sin discutir el porque de todo esto.

-Muy bien. Ya sabes a donde ir entonces.

-¿Vas a estar ahí esperándome?- preguntó.

-Tal vez sí, tal vez no. depende de si sigues las reglas.- no pudo evitarlo y rió ante su cometario.

-Estás loco.

-Loco por ti. –corrigió, mientras ella caminaba hacia el susodicho mirador, cerca de la escalera a la playa. Una vez ahí se detuvo al borde, se apoyo con una mano en la baranda y preguntó:

-¿Y ahora?

-Dime que es lo que ves. –Ella suspiró al teléfono y observó su alrededor.

-Veo el cielo, las estrellas, el templo –dijo girando. – Árboles, piedras, el mar, la escalera, la play…- no pudo terminar. Estaba clavada mirando la playa desde arriba. No podía ser, o ¿si? Había millones de velas. Que formaban palabras y signos en la playa. La verdad, mas bien, formaban una simple pregunta. Su corazón se precipito tanto que sentía que su pecho iba a estallar en mil pedazos. El celular se cayó de su mano al suelo y su mente seguía contemplando aquella pregunta escrita en la arena. Las velas iluminaban en la noche que oscurecía más y más. Y la pregunta resplandecía sobre la arena. Estaba sin palabras, había esperado todo menos estos.

Sintió una mano en su desnudo hombro, y unos labios que besaban su cuello. Cerró los ojos e intento pensar. Necesitaba decir algo. Necesitaba poder articular alguna palabra pero le era imposible. Estaba demasiado emocionada. La mano que reposaba en su hombro la obligó a darse la vuelta.

-Tai- como susurro escapó su nombre por entre sus labios.

-¿Entonces…?- se arrodillo ante ella. Podía sentir como su corazón estallaba de alegría de solo pensar en lo que venía después. Tai buscó en su bolsillo y sacó una pequeñita caja de felpa. A Mimi se le dificultaba cada vez más respirar.- ¿Me aceptas? –dijo abriendo la cajita y mostrándole un anillo con un hermoso diamante en el. Sentía como su mundo giraba a su alrededor. ¿Acaso esto era real? ¿Realmente le estaba proponiendo matrimonio?

Lo contempló por un instante, luego contemplo sus ojos. Sus labios formaron una sonrisa y se abalanzo sobre el y lo besó en los labios antes de responderle.

-¡Sí! ¡Sí! ¡Claro que sí! ¡SI! ¡SI! ¡SI!- lágrimas de felicidad brotaban de sus ojos, mientras él le colocaba en el dedo índice la respuesta a su pregunta. La besó de nuevo, una y otra vez.

-Te amo.- le susurró en el oído. Ella lo miró llena de amor. Ambos estaban arrodillados uno frente al otro.

-Yo también te amo.- añadió ella. Luego se abrazaron y se recostaron sobre el piso a contemplar las estrellas.

-Son hermosas- dijo ella, sin dejar de contemplar el cielo, aun tomados de la mano.

-No más bellas que tu, mi futura esposa. - dijo él, observándola y sonriéndole. Nuevamente se abrazaron y se mantuvieron así por mucho tiempo, pero nunca demasiado.

Bueno, como estuvo? la verdad no estoy muy segura del final, pero asi es como es cuando uno escribe. por favor, mandenme una pequeña critica, diciendome que les parecio.

muchas gracias por leer esta historia hasta el final. lo aprecio mucho.

con mucho cariño,

-M