Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, y la historia obedece a un articulo que leí hace poco en una revista. La trama se me hizo muy tierna, y aquí me tienen, haciendo esta adaptación.

De entrada les informo que no va a ser una historia larga. Aún no defino cuántos capítulos van a ser, pero seguro menos de diez.

Espero que les guste.

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Alice POV

-Este es el cuarto de juegos, cariño. Aquí podrás hacer amigos -la señora me dejó en esa habitación, donde había por lo menos otros 20 niños más, jugando entre ellos, sin prestarme atención, ni yo a ellos. Mi atención estaba fija en un niño rubio y pálido que estaba solo, en una esquina. Me dirigí hacia él.

-Hola -lo saludé. Mi voz sonó algo alegre, pero no era alegría por estar aquí, sino porque era mejor estar con otros niños y no sola en la calle, como había visto en televisión. Además presentía que este niño y yo seríamos amigos.

El niño rubio levantó su rostro y me miró. Tenía unos ojos azules muy lindos, pero su expresión era algo triste, y poco confundida.

-Hola -me saludó también, pero con algo de inseguridad en su voz.

-Me llamo Alice, ¿tú cómo te llamas?

Frunció el ceño.

-Jasper.

-Jasper… –de algún modo, ese nombre me gustaba, pero no sabia por qué-. Me gusta tu nombre. Es muy bonito -el hizo una mueca, un poco apenado, y se sonrojó-. ¿Cuántos años tienes?

-Casi doce.

-¡Vaya! -ahora yo fui la que puso mala cara. Casi tenía doce, lo que significaba que pronto se convertiría en lo que mamá solía llamar adolescente, y que no les gustaba jugar con niñas pequeñas.

-¿Y tú?

Oh, tal vez podría mentir un poquito.

-Once -traté de parecer lo más segura posible.

-No es cierto. Eres muy pequeña -no lo dijo como una acusación o burla, sólo la constatación de un hecho. Y tenía razón: era una mentirosa y era pequeña. Decidí mejor decirle la verdad.

-Está bien. Tengo diez, pero pronto cumpliré once.

-Oh -me observó detenidamente, y yo a él. Observé que tenía muchas cicatrices, como las que quedaban si te cortabas. Yo tenía algunas pocas, y sólo en los codos y en las rodillas por jugar, pero él tenía en la cara, en el cuello y en los brazos. Tal vez por eso los otros niños no querían estar con él. Pero no es que sus cicatrices lo hicieran ver feo, sólo que resaltaban, pero no mucho.

-Jasper, ¿quieres ser mi amigo?- le propuse, y sonreí.

Su expresión se endureció y me miró como a la defensiva.

-¿Por qué?

-¿Por que qué?

-¿Por qué quieres ser mi amiga?

-Porque tu estás aquí solo, así que pienso que no tienes amigos, y yo soy nueva y tampoco tengo amigos, y tú me caes bien.

Se rió. Tenía una risa bonita y contagiosa. Yo también me reí.

-¿Te caigo bien? Pero no me conoces…

-Pero creo que eres amable, y yo creo que seremos mejores amigos. Además, cuando llegué te veías triste, y ahora que estoy contigo hasta te ríes, y se supone que los mejores amigos hacen que sus amigos se rían. ¿Ves? Por eso debemos ser amigos.

Se quedó callado y puso una expresión dura. Luego me miró.

-Vale, si soy tu amigo- le extendí una mano. Él la observó un rato, y después me dio su mano-. ¿Y ahora qué?

-Pues los amigos juegan. ¿Vamos a la resbaladilla? ¿O a los columpios?- miró los juegos e hizo una mueca.

-¿Y si mejor jugamos a la pelota?

-¡Claro!- sonreí. ¡Iba a jugar con mi nuevo amigo Jasper!

Jasper se levantó y fue por una pelota. Era muy alto. Apenas si le llegaba al hombro. Me sentí pequeña, pero a la vez emocionada. Tenía un amigo alto, así que si la pelota se atoraba en un árbol o se quedaba en un lugar alto, él podría bajarla. Jasper volvió con una pelota naranja y comenzamos a botarla, pasándola y atrapándola.

-Al que se le vaya de las manos pierde un punto. Al final, el que tenga menos puntos pierde, ¿vale?- le expliqué.

-Si sé jugar -dijo, pero después de un rato estaba claro que no, ya que él iba perdiendo. Nos entretuvimos y de pronto un niño rubio mas bajito que Jasper se empezó a burlar de él.

-Oh, el fenómeno tiene novia…. Miren, qué tiernos se ven… ¡Uuuyy! "El raro y la enana sentados en un árbol, se besan, se abrazan, se toman de la mano…" -canturreó y empujó a Jasper. Otros niños también lo empujaron. Jasper sólo se mostraba firme, pero no se defendía ni decía algo. Eso me molestó.

-¡Oye tú!- le pegué al niño que se burló-. ¡Deja en paz a Jasper! ¡No le digas fenómeno! ¡Déjalo! -no me hizo caso, así que le agarré el brazo y se lo mordí. Se quejó y me aventó. Me caí.

-¡Awww! ¡La enana defendiendo a su noviecito! –siguió burlándose, mientras seguía molestando a Jasper. Me levanté y volví a tratar de alejarlo de Jasper, y me empujó de nuevo, haciendo que me cayera, pero esta vez me golpeé en la cabeza con la pared y comencé a sangrar. Lloré. Jasper me vio sorprendido, y luego se puso muy enojado, y golpeó al niño burlón. Dos mujeres vinieron: una agarró a Jasper y se lo llevó a la dirección, regañándolo injustamente, y la otra me llevó a la enfermería.

-¡Pero… Jasper es bueno… me defendió… El otro niño lo molestó primero!- chillé.

-Calma, cielo. Ahorita que te curen me dices- trató de calmarme.

En la enfermería me curaron, y me pusieron una gasa en la cabeza.

-Cielo, intenta no moverla, porque si no te vas a lastimar -asentí. Ya estaba calmada, pero no quería que le hicieran algo a Jasper.

-¿Verdad que no castigaron a Jasper?- le pregunté a la mujer que me llevó.

-Por supuesto. Estaba golpeando a Mike, y eso merece un castigo.

-Pero… -le conté lo que había pasado.

-Ya veo… -dijo cuando terminé-. Bueno, aunque te haya defendido, está mal que se haya peleado con Mike. Así que lo que haremos será sólo llamarle la atención. Y al que castigaremos será a Mike -yo sonreí.

No fuimos al cuarto de juegos, sino al comedor ya que era hora de cenar. Vi a Jasper en una mesa, alejado de los demás ocupantes. Fui con él.

-Hola otra vez.

-¿Qué te hicieron? ¿Ya no te duele?- me preguntó.

-Me pusieron una gasa. Ya casi no me duele.

-Se te ve chistoso el parche en la cabeza.

-Uuuyy si -nos sirvieron y comimos.

-¿Por qué me defendiste? -le pregunté. Jasper me miró confuso.

-Porque tu me defendiste primero. ¿Por qué me defendiste? –repitió mi pregunta.

-Porque eso es lo que hacen los amigos.

-¡Vaya!- se sorprendió.

-Jasper, ¿cómo es que no sabes cómo son los amigos? ¿Qué no tenías amigos antes? -me extrañaba que alguien no supiera que hacían los amigos. El se puso incómodo.

-Yo tenía una amiga, se llamaba María… -murmuró.

-¿Y jugabas con ella? ¿Te hacía reír? ¿A qué jugaban?

-Pues no jugábamos. Ella me decía que molestara a los otros, y que les quitara sus cosas. Y si nos veían, ella le decía a la maestra que yo era el culpable -se veía triste. Me enojé mucho. ¿Por qué María era tan mala con Jasper?

-Jasper, los amigos no hacen eso. No te hacen que hagas cosas malas, y hacen que te regañen. María no era tu amiga.

-Pero ella era la única que se juntaba conmigo.

-Mi mamá me decía que tenemos que tener cuidado con los amigos, y que mejor era estar solo que mal acompañado. Y si María era así, no era tu amiga, sino una mala persona.

-Pues yo ya estaba solo, y con ella ya no lo estaba. Pero de nuevo me quedé solo.

-¿Dónde esta María?

-Pues las maestras dijeron que se portó muy mal y se la llevaron a otro hospicio.

-¿La extrañas?

-A veces, porque cuando ella estaba conmigo, no me molestaban.

-No te preocupes, yo no voy a dejar que te molesten otra vez.

Me sonrió. Se veía muy lindo cuando sonreía. Tal vez era porque como casi nunca lo hacía, uno se acostumbraba a verlo serio.

-¿Vas a morder a todos los que me digan de cosas?

-¿Y tú vas a golpear a los que me peguen?

-Si.

-Bueno, pues como ya somos amigos, nos vamos a defender. ¿Si?

-OK -se quedó pensativo un momento-. Oye Alice, ¿qué más hacen los amigos?

-Pues mira… -empecé a decirle, pero una maestra nos interrumpió y anunció que era hora de alistarse para ir a dormir, y nos separaron-. Te digo mañana Jasper. Hasta mañana.

-Hasta mañana Alice -se despidió con la mano y se fue con los niños. A mi me mandaron con las niñas, y nos fuimos a los dormitorios.

El dormitorio era un cuarto grande con muchas camas. Iba a extrañar mi cuarto de color rosa, con muchas muñecas y peluches. Pero luego pensé en mi amigo Jasper. Me acosté en la cama que me dieron. Cerré los ojos y sonreí. Ya no estaba sola. Y me dormí soñando que jugaba con Jasper en un campo donde no había otros niños que nos molestaran.

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