Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, y la historia obedece a un artículo que leí hace poco en una revista. La trama se me hizo muy tierna, y aquí me tienen, haciendo esta adaptación.

Esto… Sí, soy la peor persona del planeta, y peor aún, sin vergüenza. Cuatro meses sin actualizar. Me patearía a mí misma si pudiera, enserio, pero espero que me disculpen, y me comprendan si les digo que estaba muy bloqueada y no sabía qué escribir. Sin embargo, ayer mismo me llegó la inspiración… y pude terminar el último capítulo de esta historia. Así que espero que no las haya decepcionado.

Les doy muchas gracias a las personas que muy amablemente me dejaron reviews los capítulos pasados. A saber:

Kahia-chan

Fran Ktrin Black

KarymCullen

christti

riona25

Glambicion

Natalia H

-Steph-Midnight-

MariaSimmenthalBlack

Victoria Everglott

Erika

Cami

camii granger

3llis Cullen Black

caty cullen

Mane mellisas

Jane Vulturi

Kat Black

KibaPGG

rOmiiinaah

ALE WITHLOCK

YareLi Cullen Withlock

day-withlock

an

gabbitahCullen

tityscaya

Luna-Tsuki-Chachi

ALE (¡¡por fin he actualizado!!)

Gaby Hale Cullen + 31

Y sin más preámbulo, los dejo con la historia.



Jasper POV

Tiempo después

Hoy era un día extraño… Y triste. Mañana se cumplirían tres años del día que la pequeña Elizabeth falleció mientras dormía. A pesar del tiempo —y de que no llegué a conocer bastante a la dulce niña—, seguía extrañándola y guardando su recuerdo en un lugar especial de mi corazón. Físicamente, lo único que tenía de ella era —aparte de las fotos— su peluchito de ovejita, un vestidito rosa con crema que nunca le vi puesto más que en fotografías y uno de los regalos que no le di aquella navidad. Era todo lo que quedaba del corto paso de Lizzie por la tierra, pero era nada comparado con los recuerdos que guardábamos cada una de las personas que la conocimos y la amamos.

En estos momentos estaba solo en mi estudio, y sin que lo pidiera, vino a mi memoria todo lo que pasó después de ese espantoso día. El funeral fue... Era imposible creer que la muñequita que estaba dentro de la caja blanca era una bebé muerta. Más parecía un juego macabro ideado con los juguetes de una niña, que un funeral. Todos lo sufrimos. James, Victoria, Edward, Bella, yo... y Alice; mi pequeña era quien más me desgarraba el corazón. Alice estaba deshecha, tanto física como emocionalmente. Yo sabía que un poco del brillo de sus ojos nunca más aparecería en ellos. Más que una joven madre que había perdido a su bebé, parecía una niña que lo había perdido todo. El día que llegó al orfanato y me habló, convirtiéndose en la primera persona que me trató bien luego de la muerte de mi mamá, yo no la habría imaginado triste por nada, ni siquiera cuando me contó de la muerte de sus padres. Sin embargo, al verla ahí tan triste, tan indefensa, pude percibir que así había lucido aquel día. Mi pobre Alice. ¿Cuánto más podría soportar perder? Sus padres fallecieron, su tía la dejó en el orfanato y se olvidó de ella, yo la abandoné casi diez años, y la personita a quien más quería en este mundo se marchó. Y yo, ¿yo qué podía hacer por ella? Me sentía inútil, sin poder hacer nada para aliviar su dolor. Tan sólo podía acercarme a ella y prometerle que nunca más me alejaría de ella, consolarla y estar ahí por ella, nada más.

Como era obvio y digno de esperarse, nuestra boda se canceló, y pasamos Navidad y Año Nuevo sin festejar nada. Lo único interesante fue que me instalé permanentemente en su apartamento y arrendé el mío. Pedí permiso en la escuela, y el director, comprendiendo la magnitud, me disculpó todo ese semestre. Así fue como cuidar de Alice se convirtió en mi única prioridad. Nuestros amigos nos visitaban regularmente, para apoyarnos e intentar distraer a Alice un poco, pero ella seguía ida y muy desmejorada. En dos semanas bajó de peso, su piel adquirió un tono cetrino, las ojeras amenazaban con alcanzar el tono oscuro de su cabello. Mi pequeña se negaba a comer; lo más que lograba que consumiera era té y un que otro suplemento alimenticio, no más. No dormía, permanecía la mayor parte del tiempo sollozando, admirando las cosas de Elizabeth o con la vista fija al frente. Actuaba como una muerta viviente.

Pero un día todo cambió. Después de tocar fondo, una mañana me levanté y Alice no estaba en cama. Intentando alejar ideas terribles de mi cabeza, la encontré en la habitación de Lizzie, guardando todo en cajas de cartón. Con un apagado murmullo me pidió que la ayudara y lo hice, sintiendo que por fin ella vencería el dolor. Y lo hizo. Ese día fue cuando me apropié de las pertenencias de la bebé que aún conservo, y todo lo demás fue directo a una iglesia cristiana de la zona. Mi pequeña parecía satisfecha, y aunque sus ojos se humedecieron cuando salimos del lugar, una leve —muy leve— sonrisa afloró en sus labios.

—¿Podríamos ir a tomar un café?

Para mi fue como si hubiera dicho que la llevara al buffet más famoso de la ciudad. ¡Ella quería alimentarse de algo que yo no la obligara a consumir! En cuestión de segundos llegamos a una cafetería y ordenamos capuchinos y rebanadas de pastel. Alice no terminó su café y dejó la mitad del pastel, pero fue un comienzo. Y para mi lo fue todo. Regresamos a casa y ella decidió que era momento de platicar, algo que no habíamos hecho en algunas semanas.

—Jasper, de verdad te agradezco todo lo que has hecho por mí desde... en este tiempo —yo sabía que ella luchaba por no llorar, y que quería mantenerse lo más estable posible en el sofá frente a mí.

—Ha sido sólo lo que haría cualquiera por la persona que ama. Porque no lo has olvidado, ¿verdad, pequeña?

—Claro que no, Jasper. Te amo tanto como esta pena me lo permite, pero no sé cómo puedes seguir queriéndome después de todo lo que ha quedado de mí —y se señaló a si misma. Ciertamente no había quedado mucho de ella. La ropa le venía muy grande, y eso que siempre había sido pequeña y delgada; ahora estaba en los huesos.

—¿Qué ha quedado de ti, cielo? Una joven que ha sufrido una pérdida terrible, que tiene un corazón quebrado; una bella chica que está más delgada que nunca, que tiene una ojeras y una palidez que hasta los vampiros envidiarían —hizo un conato de sonrisa—. Pero, sobre todo eso, le ha quedado a su lado a un hombre que la ama muchísimo más que el día que la conoció y que está dispuesto a todo por hacerla sonreír a la vida una vez más, como antaño.

—¿Aunque tarde mucho? Ahora mismo sabrás que no estoy muy contenta con la vida y el destino que me ha tocado vivir... —su voz tembló un poco—. Y no pretendo hacerlo pronto.

—Tendré el resto de mi vida para intentarlo y lograrlo, cariño. Si tú me lo permites, claro está. —Me arrodillé frente a ella tal como lo hice aquella vez, y tomé su mano en las mías y la besé—. Alice querida, no hoy, ni mañana, ni la semana siguiente, o puede que incluso tampoco el mes que entra, sino cuando tú lo desees ¿Aún quieres casarte conmigo?

—Claro que si, amor. Claro que sí.

Le di un pequeño beso en los labios y luego la abracé, la abracé tan fuerte como pude; pero en esa ocasión no para consolarla, sino para mostrarle cuánto la amaba y la adoraba. Desde siempre y para siempre.

Unos días después, cuando James y Victoria nos hicieron una visita muy agradable, también nos dieron una noticia no muy buena, por lo menos para Alice. Se iban del país. Siempre habían dicho que planeaban casarse y quedarse a vivir en América, pero por razones familiares de Victoria y asuntos en el trabajo de James, se vieron obligados a decidir mudarse a Irlanda. Por supuesto que les pesaba mucho marcharse, siendo que eran casi familia, pero tampoco podían quedarse. Alice demostró su tristeza claramente, e incluso yo, que pretendía hacer un mayor esfuerzo para llevarme con James, no oculté mi desilusión. Pero no había nada que hacer. En una semana los despedimos en el aeropuerto, junto con Edward y Bella. Prometimos asistir a la boda. Y ellos a la nuestra.

Como Alice y yo técnicamente no teníamos nada qué hacer ese semestre libre, nos dedicamos a nosotros mismos y a planear la tan ansiada boda; iba a ser pequeña pero elegante. Bella y Edward nos ayudaron en sus ratos libres, y podría decirse que nos hicimos muy unidos. Edward era un tipo muy agradable, y me alegró poder contar pronto con su amistad. Veíamos los partidos en la casa de uno u otro, y nos hacíamos mutua compañía cuando Alice y Bella salían. O en el centro comercial, cargando las bolsas y esperándolas fuera de las tiendas. Era casi como el hermano que nunca tuve ni pensé en tener, pero al igual acepté con suma alegría. Bella era... Bella. No hablaba mucho con ella, pero no era porque no nos tolerábamos, sino que ella era un poco tímida, al igual que yo, y eso nos impedía platicar como yo lo hacía con su esposo, o ella con Alice. Pero era agradable, y sabía que podía contar con ella para cualquier cosa.

Con Ann perdí algo de contacto, puesto que no la podía ver mucho después de lo de Lizzie. Después ella decidió darle una oportunidad al profesor que había desairado en el baile, y resultó que congenió con él a las mil maravillas. Me alegré mucho por ella, y Ann, después de pedirme disculpas una vez más por el incidente en su casa y ofrecer su pésame por la pérdida de Alice, se mostraba feliz de haber encontrado eso que ella llamaba 'algo parecido al amor'. Nuestro medio de comunicación era el correo electrónico y una que otra rápida llamada. Nuestra amistad seguía en pie.

Sin embargo, dicen por ahí que las cosas pasan cuando menos lo esperas, y en esa ocasión fue algo malo, según el punto de vista con que se viera. A un par de semanas de la boda de Victoria y James, y a un mes de la nuestra, Edward y Bella nos invitaron a su casa a una parrillada, como siempre lo hacíamos los sábados o domingos. Todo fue bien, agradable. Edward y yo nos turnamos para vigilar la carne compartiendo un par de cervezas por ahí, las chicas prepararon la ensalada y el té helado, y comimos y reímos a gusto. Hasta hubo cheesecake de frambuesas, el favorito de Alice. Entonces, la bomba:

—Jasper, Alice —comenzó Edward, tomando la mano de su esposa entre las suyas, Alice estaba debajo de mi brazo, completamente relajada y contenta—. Hay algo que Bella y yo les queríamos comentar desde hace tiempo, pero por muchas razones hasta ahora se ha presentado la oportunidad.

En ese instante sentí que Alice se tensó, y vi a Bella pasar casi inocentemente su mano por su vientre.

Oh, oh. No.

—Alice querida, ¡vas a ser tía! —anunció alegremente la castaña sonriente—. Nacerá entre julio y a...

Sabía que reaccionaría, pero no de esa forma. Se zafó de mí y salió corriendo al auto, llorando a lágrima viva y audibles sollozos. Me incorporé, mascullando un 'lo siento' a un Edward paralizado y confuso, y a una Bella llorosa. Tomé el bolso de Alice y avancé dando zancadas al auto. La encontré sentada en el piso, recargada en la puerta del copiloto. Sus delgados brazos la rodeaban y temblaba violentamente por el llanto. Dejé la bolsa sobre el cofre y me incliné a recogerla, manteniéndola segura en mis brazos. Le acaricié el cabello, la espalda, tratando de calmarla para poder irnos, y por la ventana vi a Edward consolando igualmente a Bella. Me sentía muy apenado con ellos, pero también me sentía muy mal por Alice. También a mí me había dolido la noticia, sin embargo, sabía que no era justo culparlos y enojarnos con ellos. Así se habían dado las cosas. Al fin mi querida se calmó y pudimos entrar al auto. En el trayecto fijó su mirada en el parabrisas, aunque yo sabía que no miraba para nada el exterior, y se sumió en el silencio.

Al llegar a casa, el llanto la tomó de nuevo, y se arrojó a mis brazos.

—¡Jasper! ¿Por qué...? ¡¿Por qué...?! —"¿por qué ellos sí y yo no?" era lo que en realidad quería decir, y lo decía a la mitad porque le dolía pronunciar lo demás. Se derrumbó totalmente, y después de tanto llorar, se quedó dormida poco antes del anochecer. La dejé con cuidado en la cama, y la observé dormir. Su carita... Hacía apenas unas horas que creía que estaba completamente repuesta, que aunque no sería la de antes, por lo menos había podido manejar al fin la muerte de la bebé. Y ahora la feliz noticia de su amiga, de su casi hermana, la había sumido de nuevo en la tristeza. En su carita ya no había más paz, sino sufrimiento. La dejé un instante para ir a la sala a llamar a Edward y disculparme.

—¿Diga?

—Edward, soy Jasper. De verdad siento mucho lo de esta tarde, es sólo que...

—No hay problema, amigo. Sabíamos que podría pasar, por eso es que lo postergamos lo más posible. —me sorprendió que sonara casi tan apenado como yo, siendo que él no tenía porqué sentirse así—. Así que discúlpanos tú también, Jasper. Bella está tan arrepentida...

—No, no está bien, Edward. Ustedes tienen todo el derecho de decirnos, no tienen porqué disculparse. Es sólo que Alice está todavía... triste, y le duele la mención del bebé después de lo de Lizzie.

—Lo sé, por eso...

—Por eso es que les pido que no juzguen a Alice, y que le den un tiempo para reponerse, ¿Sí? Ustedes saben que ella los adora, y si está triste y enojada, no es por ustedes, sino por las circunstancias.

—Está bien. Nosotros también la queremos, es nuestra querida duendecilla —se rió, y continuamos platicando de algunas otras cosas. Finalmente nos despedimos y quedamos en ponernos en contacto luego—. Dile a Alice que no hay de qué preocuparse.

Mi pequeña anduvo unos días muy triste. La noticia de Bella claramente la afectó, y más aún porque el cumpleaños de Lizzie se acercaba, pero pronto comprendió que sus amigos no tenían la culpa de lo que pasó. En los días que estuvo afectada dijo tantas cosas tan injustas —por suerte que sólo yo la escuché— cómo que ellos habían tenido la culpa de la muerte de su hija, o que ellos se regodeaban porque tendrían un bebé cuando ella ya no tenía a la suya. Así que aún cuando ya no estaba molesta por ellos, se avergonzaba de su actitud y de las cosas hirientes que llegó a pensar, y eso le impidió hablar con Bella y Edward. Se dedicó a terminar los detalles de la boda contando sólo con mi ayuda, y el día que tuvimos que tomar el vuelo para ir a Irlanda, les pidió disculpas en el aeropuerto antes de subir al avión, y como tenían tanto de que hablar ella y Bella, a Edward y a mí nos tocó viajar juntos para darles su 'tiempo de chicas'.

La boda fue como una boda debe ser. Nada malo ocurrió en la ceremonia y todo se llevó a cabo como había visto en las películas. Nunca antes había asistido a una boda, y me sirvió de experiencia sobre qué hacer, ya que la mía sería en un par de semanas. Victoria se veía muy bella y feliz, tan radiante que hasta su cabello se veía más rojo y brillante que de costumbre. Como no conocía a nadie por allá, me mantuve pegado a mis amigos, hasta que en cierto momento de la fiesta, después de bailar con Victoria, James me llevó a parte para hablar conmigo.

—Jasper, sé que no somos los mejores amigos, ni nada. Desde que supe de tu existencia te odié, y supongo que igual tú a mí —asentí—. Pero te quiero pedir disculpas por lo mal que te traté. —Hice ademán de querer responderle, pero me calló con un gesto—. Verás, te odié porque al principio yo creía amar a Alice y ella me rechazó por ti; luego porque pensé que me arrebatarías su amistad y el cariño de mi hija. Y entonces pasó lo que pasó, y al ver cómo actuaste, cómo te condujiste en medio de la crisis, supe que tú más que nadie tenía derecho de merecer a mi Alice y a mi hija, de no haber... haberse marchado. Sé que la amas tanto como yo amo a Victoria, y sólo quiero pedirte dos cosas: que me disculpes, y que hagas a Alice lo más feliz posible.

En ese instante me cayó bien, y lamenté haberle tenido todo ese coraje por tanto tiempo. Y a fe de que fue sincero conmigo, yo traté de serlo igual con él.

—Eso no tienes que pedirlo. Por supuesto que haré feliz a mi pequeña a cualquier costo. Y te disculpo, pero yo también quiero pedirte una disculpa. Tienes razón: aquel día que fui a buscar a Alice, después de todo el tiempo que había pasado sin verla y de soñar con el día en que la encontrara, me topé con que ella ya tenía a alguien más, y ese alguien eras tú. Me enojé, pero te odié cuando te vi con ella en el centro comercial, acariciándole el vientre. Sin embargo, cuando Alice me contó lo que había pasado, yo decidí dejar atrás mi odio, y quedó tan sólo la incomodidad de que tú la hubieras querido antes y que fueras el padre de una bebé que al verla, supe que quería que fuera mía. Ahora ya sé que todo pasó por una razón, así que discúlpame por mi comportamiento.

Nos tendimos la manos y las estrechamos, sino como amigos, por lo menos amablemente como conocidos. Sin rencores ni nada.

La fiesta fue divertida —me tocó bailar con Bella por lo de la liga y el ramo, y por suerte no me pisó más que en dos ocasiones—, y como eran las vacaciones de primavera, nos quedamos unos días más en el verde y mágico país irlandés, olvidándonos por un momento que nuestra boda estaba en puerta. Salimos de compras, y cuando las chicas fueron a comprar ropa femenina, Edward y yo nos detuvimos a comprar un par de libros: él de música y unos de literatura para Bella, y yo de historia y alguno lindo para Alice. Me fui a la sección donde vi libros románticos y no me pude decidir por alguno en especial. Al final escogí dos: "Where the rainbow ends" y "If you could see me now", los dos de una joven autora irlandesa, decía la sinopsis. Sentí una mirada sobre mí y giré esperando encontrarme a Edward. Pero era una joven rubia que me parecía familiar. Sonreía.

—¿Te gusta esa autora? —me preguntó, señalando los libros con la vista.

—De hecho no la he leído, pero espero que a mi prometida le gusten. Son para ella.

—Ya veo —asintió—. ¿Me permites que te diga algo? Pareces muy enamorado de ella.

—Lo estoy —repuse con una gran sonrisa, y le conté una versión resumida de mi historia con Alice. Sé que era una desconocida, pero por alguna razón no pude evitar platicar con ella, su actitud era amable y atrayente. Cuando terminé, ella estaba visiblemente emocionada, y Edward aún dialogaba con el dependiente, preguntándole por algunos otros libros.

—Es muy bella, y casi increíble. Debes estar contentísimo de tenerla a tu lado.

—Ya lo creo. Y lo estaré aún más dentro de unos días, en nuestra boda.

—Pues muchas felicidades, en serio. ¿Puedo? —extendió una mano hacia los libros, y los tomó—. Con lo que me has contado, puede que este le guste más —se refería al de "Where the rainbow ends"—. ¿Podría dedicárselo?

Mi cara de confusión provocó una sonrisa en ella. —Soy la autora, Cecelia. —Le estreché la mano.

—Un placer, soy Jasper.

Sacó una muy elegante pluma de su bolso, y dedicó ambos libros, aunque la del libro que señaló fue más larga. Me tendió los libros y se despidió de mí, deseándome nuevamente muchas felicidades por mi boda. Fui a pagar los libros, y esperé unos minutos más a Edward. Proseguimos con las compras, y cenamos en el hotel. No dije nada de los libros hasta el día siguiente, cuando estuvimos en el avión. En el viaje de regreso Alice sí se sentó conmigo, y mientras volábamos el Atlántico le di la bolsa.

—Espero que te gusten, pequeña.

Los sacó y al mirar el nombre de la autora, dio un gritito de emoción. —¡Jasper! Gracias, muchas gracias... Sólo he leído un libro de ella, y me encantó, así que gracias por los dos libros —en ese instante deseé que hubiera estado presente en la librería. Abrió el libro y se quedó sin habla mientras leía las dedicatorias—. .. ¡¿Conociste a Cecelia Ahern y ella me dedicó mi libro, y me desea suerte para mi boda?! —no le importó que la mitad del pasaje nos mirara curiosos y me abrazó, besándome en la mejilla. El resto del viaje leyó el libro, riéndose y llorando intermitentemente. Se veía adorable.

Me alegré de verla tan contenta luego de lo que había pasado, pero si fui feliz al darle esa pequeña alegría, no fue nada comparado con la inmensa felicidad de hacerla la mujer más feliz de la tierra el día de nuestra boda. Se veía tan divinamente bella con su vestido de novia color blanco perla, discreto y elegante, y una lluvia de delicadas florecitas en su oscuro cabello. Parecía todo un ángel, un hada. Mi Alice. Mi pequeña amiga. Mi dulce amiga. Por mi parte, tan sólo me vi una vez en el espejo —cuando me estaba vistiendo—, pero Alice, Ann e incluso Bella dijeron que estaba muy apuesto, que la corbata azul hacía resaltar el color de mis ojos. Lo único que me interesaba es que Alice me viera como el más guapo de los chicos —aunque no lo fuera—, ya que ella era la novia más hermosa que había visto jamás; las actrices tenían que quitarse el velo frente a ella.

La ceremonia fue en el jardín de la casa que compramos, una bella casa de principios de siglo que estaba a las afueras de la ciudad, con un jardín grande que nos costó casi dos días comprender que necesitábamos ayuda profesional. Asistieron alrededor de treinta personas, entre ellas la señora Cope, quien nos pidió una vez más disculpas. Pero el asunto estaba olvidado. Ya nada importaba. Después de nueve años de espera, después de nueve años de búsqueda incesante… luego de que pasaran nueve años de que nos dejamos de ver, por fin íbamos a cumplir la promesa que una niña pequeña y un jovencito rubio se hicieron un día del niño en el patio de un orfanato.

¿Aceptas a esta joven para amarla y cuidarla, quererla y protegerla, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y la pobreza, en las buenas y en las malas, hasta que la muerte los separe?

—Si, acepto —repuse con toda la alegría del mundo.

¿Aceptas a este joven para amarlo y cuidarlo, quererlo y apoyarlo, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y la pobreza, en las buenas y en las malas, hasta que la muerte los separe?

—Sí, acepto. —la sonrisa de Alice iluminó mi mundo.

Y de esta forma, mi pequeña y yo fuimos declarados marido y mujer.

Sonreí al recordarlo, y tan ensimismado estaba que no me di cuenta que Alice había llegado y me observaba desde el umbral.

—¿Soñando despierto, cielo?

Sonreí y extendí mis brazos para recibirla en ellos, sentándola en mi regazo.

—¿Cómo te fue? ¿Qué dijo Ricky?

—Dice que está encantado con la idea de tener una hermanita a quien defender, y dice que quiere llamarla Claire. Y sobre Emmett —continuó, adivinando lo que iba a preguntar—, dice que ya quiere jugar con su primo.

La abracé, recargando mi mejilla en el pequeño vientre de Alice, donde estaba la pequeña Claire, nuestra hija, que nacería en julio. Estaba seguro que Ricky la cuidaría, y la querría, como lo hubiera hecho con su hermanita Clare. Ricky era el único sobreviviente de un accidente de carretera que Alice y yo presenciamos cuando íbamos a la ciudad vecina. Sus padres y su hermanita de un año falleció, y él, de apenas cuatro años quedó sólo en el mundo. Desde antes de que lo subieran a la ambulancia Alice y yo decidimos adoptarlo, e iniciamos los trámites. En un par de semanas sería nuestro hijo.

Como si lo hubieran cronometrado, Bella y Edward llegaron con su pequeño Emmett —quien se arrojó a mis brazos—, y nos encaminamos al comedor para cenar.

Sí, definitivamente mi vida era mejor a cómo la hubiera podido planear. No cabía duda de que los sinsabores de la vida hacían más dulces los momentos felices de la misma, y lo sabía de sobra. Era feliz. Tenía una preciosa y bella esposa, a quien amaba con todo mi ser, iba a ser padre de los dos niños más queridos del planeta, tenía a los mejor amigos que se pudiera desear, y un genial fututo esperándome.

Alice y yo éramos como dos caminos separados y que nunca podrían llegar a estar siquiera paralelos, pero cuando el destino los une, no hay nadie que pueda osar separarlos, ni la muerte, ni las intrigas ni nada. Simplemente estarían juntos, para siempre.


Y así es como termina la historia. Es el fin. Luego de diez meses, desde que comencé a escribir la historia, por fin ve su final. Espero que les haya gustado, y que me dejen su opinión.

También aprovecho para decirles que puede que la edite, porque a la luz del conocimiento que me ha dado diez meses de lecturas, me he dado cuenta que tiene algunos errores, así que con ayuda de mi beta la mejoraré, así que si ven alguna actualización por ahí, ya saben que será para bien.

Mis agradecimientos especiales a Tephy, quien se convirtió en mi beta y junto con Midnight estuvieron apremiándome a que la terminara. De igual forma a Kahia-chan, quien en cada oportunidad me decía que la terminara, y a ALE por estar muy al pendiente y recordarme que tenía ciertas obligaciones por aquí.

Pero en general, les agradezco que la hayan leído, y más aún si les gustó.

Les mando muchos saludos, y les deseo lo mejor.

Pronto estaré aquí de nuevo, y por mientras, les recomiendo que pasen por una pequeña historia que escribí mientras mi bloqueo persistía. Se llama La nostra historia d'amore, y es un Jasper/Alice. Pueden encontrar el link en mi perfil.

¡¡Besos!!

Ciao!