Disclaimer: Esta vez, nada me pertenece en absoluto. Primero, Twilight y todos sus personajes pertenecen a S. Meyer y esta historia pertenece a Daddy's Little cannibal, yo solo me adjudico la traducción. Los sidestories pertenecen a la historia original, Missing Moments de la misma autora.

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"Casarte por sexo es como comprarte un Boeing 747 por el maní que sirven gratis"

-Jeff Foxworthy.

Hasta que la muerte nos separe:

Pizza y cerveza.

Miraba fijamente la televisión. Nunca fui gran admiradora de la televisión y estaba segura que no había nada mejor en el mundo que sentarte a disfrutar del silencio absoluto; y eso era justo lo que estaba haciendo desde hacía hora y media atrás. Jake, tendido a lo largo del sofá y con la barbilla sobre mis piernas, no emitía sonido alguno. De seguro habría más ruido en un velatorio de casa que el que había en mi departamento en ese instante.

Edward estaba trabajando. El día anterior había cambiado turno con otro de los doctores para poder acompañarme a la cita con el médico; me había prometido que acosaría a la gente del laboratorio para que tuvieran como prioridad los resultados de mis exámenes, lo había dicho a modo de broma, pero yo lo creía bastante probable.

Jake soltó un ronquido fuerte y se movió; ahora yacía sobre uno de sus costados en vez de su estómago. Le observé. Era en momentos como aquellos en los que deseaba ser un perro; un perro, un gato o cualquier animal doméstico que llevara ese tipo de vida fácil. Todo lo que tenían que hacer era echarse en algún lugar de la casa y esperar a que sus dueños regresaran para que los alimentaran, los sacaran a pasear y jugaran con ellos. Toda la vida de ellos se limitaba a una eterna tarde de relajo. No tenían que preocuparse de los costos del doctor, de las citas con el doctor, de los maridos que son doctores, o de cualquier otra cosa de la que los humanos tenían que preocuparse.

Odiaba ser humana.

Me acomodé en uno de mis costados y apoyé la cabeza sobre el sofá; había algunas ventajas que los humanos teníamos y los animales no. Sonreí al pensar en aquellos beneficios, porque aunque no podamos hacer todo lo que queremos como un perro puede, nosotros no enamoramos, y era completamente seguro que yo me estaba enamorando de Edward.

No sé lo que fue, pero el tan solo estar en aquella sala de exámenes junto a Edward, viéndole ser mi protector y mostrando tanto interés y preocupación, hizo que algo encajara al fin dentro de mí. Nunca me había sentido así de segura.

Como cuando era niña, Edward era aquella cobija en la que me podía esconder debajo y la que me iba a proteger cuando estuviese asustada del monstruo que saldría del armario. Tal vez no era completamente perfecto y había cosas que me molestaban de él, pero eran muchas más las que adoraba. Edward era la persona con quién me veía pasar el resto de mi vida, incluso si eran décadas o tan solo un par de meses.

Me mordí el labio y me sonrojé. No sabía cuando iba a morir, ni nadie lo sabía. Tal vez los resultados me dijeran que solo me quedaban unos días, o tal vez mi camioneta podía quedarse sin frenos y tener un accidente, la vida era corta y no debía dejar que los momentos o las oportunidades pasaran.

No había nada malo en hacer el amor con tu marido, pero por alguna razón, no podía convencerme a mí misma de eso. Quería mucho a Edward, mi cuerpo reaccionaba a él, pero estaba demasiado nerviosa. Cuando era más joven, solía imaginar que mi primera vez sería con el hombre que amara.

Y aquí estaba yo, junto al hombre que amaba, pero aún no tenía el coraje suficiente para demostrarle cuanto significa para mí.

Tal vez estaba yendo demasiado rápido y no estaba enamorada de él en realidad. Tal vez solo deseaba estar enamorada de él, ¿quién sabe?, o tal vez era el efecto de estar en una situación que solo ves en las películas. Alice me había dicho una y otra vez que Edward era un eterno romántico, y quizás ambos estábamos buscando algo que no existía. Nadie se enamora a primera vista.

- ugh… - gruñí.

Los hechos eran estos, yo era la esposa virgen y Edward mi esposo virgen; estaba lista para estar con él, y él estaba listo para estar conmigo. Solo tenía que armarme de valentía y tomar la iniciativa, lo deseaba tanto como él me deseaba a mí, tal vez más.

Solté el aire que contenía. Había decidido perder la virginidad con mi marido esa misma noche.

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Golpeé la puerta; temblaba de nervios y mi estómago era un nudo. Tomé varias bocanadas de aire mientras esperaba que alguien abriera.

Jake lamió mi mano y le observé. Tenía el ceño fruncido y miraba de la puerta hacía mi con expresión preocupada, ya no movía la cola de lado a lado.

- no te estoy abandonando - le prometí. Revoleé los ojos cuando no me veía. Mi perro era demasiado paranoico.

La puerta se abrió. Mi cuerpo se tensó y apreté el puño sobre la correa de Jake. Jasper estaba allí, llevaba una camisa sin mangas de color blanco y unos pantalones de color café claro. Traté por todos los medios no mirar las cicatrices en sus brazos. Frunció el ceño.

- hola Jasper – le sonreí con timidez.

Parpadeó. - ¿Bella? – preguntó.

Asentí. – les hubiese llamado antes de venir, pero no tengo celular y Edward está en el trabajo, ¿está Alice?... necesito pedirle un favor. –

Jasper negó con la cabeza. – No, fue de compras. ¿hay algo en lo que pueda ayudarte? – abrió la puerta aun más, revelando la entrada del departamento. - ¿quieres pasar? – se hizo a un lado.

Jake tiró de la correa con fuerza y no tuve la fuerza para retenerlo. Trastabillé hacia adelante y caí de bruces cuando Jake corrió hacia el sofá. Aterricé en la mullida alfombra de color blanco. Olía a Lysol.

- ¿estás bien? – preguntó Jasper, se apresuró en ayudarme.

- estoy bien – estaba completamente avergonzada. Le di una mirada rápida a mis brazos y piernas y pedí con todas mis fuerzas que no quedaran magulladuras después de esto – es que está un poco emocionado, eso es todo… - defendí a Jake antes de que Jasper pudiera agregar algo más.

Él me soltó y encontré el valor para mirarle. Observaba a Jake fijamente. – Tiene el tamaño de un caballo pequeño, no entiendo como lograste traerlo hasta aquí… – caminó hacia él y le acarició detrás de las orejas. Jake le sonrió y lamió su mano.

- usualmente no es así de hiperactivo – dije –…es que está emocionado por salir del departamento de Edward. –

Observé a mí alrededor. Había fotografías por todos lados, la mayoría eran de su boda con Alice o de Jasper en su uniforme, también había medallas y galardones sobre la chimenea que estaba a un lado del sofá.

- ¿cómo estuvo Iraq? – pregunté de pronto. Jasper alzó el rostro y enarcó una ceja. Me ruboricé – eso no sonó bien… - agregué rápido.

Reprimió una sonrisa. – está bien… - negó con la cabeza – Iraq estuvo bien – no emitió mayor emoción.

Asentí. – debe ser genial, ser parte del ejército. Desearía haber podido ingresar… - me movía de adelante hacia atrás, equilibrando mi peso sobre los pies. Era horrible en estas charlas de relleno.

- tiene muchos beneficios – asintió Jasper - ¿querías un favor? – preguntó.

- ¡ah, sí! – los colores se me fueron al rostro – sí…me preguntaba si Jake podía pasar la noche aquí, contigo y Alice. Será solo por hoy y lo pasaré a recoger mañana primera hora, solo necesito que… -

- claro – me interrumpió.

- ¿de verdad? – pregunté sorprendida. No conocía a Jasper lo suficiente como para haber predicho su respuesta.

Asintió. – Llamaría a Alice para decirle, pero estoy seguro que ya lo sabe. – me sonrió.

Le sonreí de regreso. – gracias – dije – muchas gracias, no tienes idea cuanto significa esto… - titubeé incómoda; esa era la única razón por la que había ido hasta allí. – em… ¿te importaría si uso tu baño? – pregunté – no tenemos agua en el departamento y no he tomado una ducha apropiada desde hace unos días… -

Jasper parpadeó. – Claro – dijo. Era obvio que esto estaba resultando tan incómodo para él como para mí. – el baño es la primera puerta de la izquierda, al final del pasillo. – apuntó el corredor.

- gracias – me ruboricé como tomate – no demoraré mucho, lo prometo -

- úsalo todo el tiempo que necesites – dijo.

- espero no estar interrumpiendo nada… - agregué, tratando de retomar la charla de relleno.

Negó con la cabeza. – está bien, solo estaba viendo un poco de televisión. –

- gracias otra vez - no lo miré cuando pase por su lado y alcancé el baño, olvidando el pequeño detalle de que mi ropa aun estaba en mi camioneta.

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Alice apareció justo cuando terminé de ducharme; y con mi ropa. Jasper había tenido razón al creer que ella ya habría tenido una visión de Jake. Le había traído comida, e incluso había comprado una cama para perro diciendo que la había encontrado en oferta. Insistí en devolverle el dinero, pero se negó rotundamente a aceptarlo.

Gasté más tiempo del que había pronosticado en la casa de Alice. La quería muchísimo, pero la chica tenía una grave tendencia a hablar demasiado. Ahora todos mis planes de preparar una cena romántica para Edward estaban arruinados, así que terminé comprando pizza camino a casa, y cervezas, porque no me gusta el vino.

Nada podía ser menos romántico que pizza y cerveza, y para volver aun peor la situación, no iba vestida bonita. Lo único que había llevado a la casa de Alice eran la blusa de mi uniforme y una par de jeans gastados que usaba cuando hacia la limpieza de la casa. El plan inicial era que después de tomar una ducha, iría a casa y me arreglaría el cabello, me maquillaría un poco y entonces buscaría un vestido lindo para usar.

Pero para cuando llegué a casa, Edward ya estaba allí.

- amor, llegué – llamé al entrar en el departamento, llevando la pizza y las cervezas con dificultad - traje pizza y… cerveza. –

Edward apareció detrás de la esquina con su teléfono celular en una mano. - ¿dónde estabas? – demandó, angustiado – llegué a casa, y tú y Jake habían desaparecido –

- lo llevé a casa de Alice – dije entregándole las cerveza – luego pasé por algo de cenar… - le mostré la pizza.

- ¿por qué? – frunció el ceño.

- necesitamos comer, Edward; eres doctor, ya deberías saberlo a estas alturas. -

- no, me refiero a por qué llevaste a Jake a la casa de Alice… – preguntó.

Me encogí de hombros. – ella quería verlo – mentí –…además, creí que eso nos daría un tiempo para nosotros. - le sonreí mientras pasaba por su lado y caminaba a la cocina. Dejé la pizza sobre la mesa y me acerqué a la alacena para sacar dos platos.

- te duchaste – dijo Edward, sentándose y tomando una de las cervezas.

Asentí. – Alice me dejó tomar una en su casa – dije poniendo los platos sobre la mesa y tomé una de las cervezas. Me sorprendió que Edward no comentara nada. Lo miré y alcé una ceja.

- ¿qué? – preguntó.

- ¿no vas a comenzar con el discurso de cinco horas acerca de cuan malo es el alcohol para mí? –

Negó con la cabeza y tomó un sorbo. – una cerveza te dañará – tomó otro sorbo – de hecho, estoy bastante sorprendido de verte beber, creí que habías prometido no tomar alcohol nunca más en la vida, ya sabes, la última vez que bebiste terminaste casada… – se rió.

Revoleé los ojos. – No podré beber nada cuando empiece a tomar los medicamentos, así que pensé, por qué no tomar algo una última vez… – abrí la lata y tomé un sorbo. Hice una mueca. La cerveza era realmente amarga. –…además, no he comido pizza y cerveza en mucho tiempo. – abrí la caja de la pizza y tomé un trozo.

Edward rió. - ¿alguien te ha contado la historia en que Emmett le dijo a uno de sus pacientes que beber demasiada cerveza causaba herpes genitales? - preguntó tomando un trozo.

Negué con la cabeza mientras mordía y me sentaba frente a él.

- este chico no tenía más de dieciséis años y tuvo un accidente de auto junto a uno de sus amigos. Ambos habían estado bebiendo. El amigo tuvo que ingresar a cirugía, pero el chico salió solo con lesiones menores, unos rasguños y unas magulladuras. Emmett decidió tener una charla de hombre a hombre con él; no conozco la historia completa, pero para el final de la charla, Emmett había convencido al pobre muchacho de que el exceso de alcohol en menores de edad causaba herpes genitales. –

Solté una risotada. Edward se rió conmigo. Pasamos unos tres minutos riéndonos de cuan ridículo sonaba que pudieras contraer herpes genitales por beber siendo menor de edad. No me habría gustado ser aquel chico, no solo había estado en un accidente de auto, también le habían dicho - y estoy segura que fue cuando aún estaba borracho - que era bastante probable que tuviera herpes genitales.

- fue horrible… - traté de sonar seria, pero no podía dejar de reír.

- fue ridículo – rió Edward.

Tomé otro trozo de pizza y otro sorbo de cerveza. No sé que tienen la pizza y la cerveza, pero saben excelentes juntos.

- es extraño que estemos solos en la casa – dijo Edward – aun estoy esperando que Jake aparezca y me gruña, o me haga mal de ojo… –

Solté una risita tonta. – lo siento, pero si ayuda en algo, creo que estás comenzado a agradarle. –

Edward dejó escapar un sonido incrédulo. – cuando estás cerca – revoleó los ojos – pero cuando estamos solo él y yo… - negó con la cabeza.

Sonreí. – al menos no es tan hostil como al principio. –

- eso es cierto, no es tan hostil… – Edward asintió tomando otro sorbo – te ves linda – mordió un poco de su pizza y tragó – luces casual… cómoda. – agregó.

Me sonrojé. – gracias, aunque fue lo primero que encontré – admití.

- siempre me han gustado las chicas en uniforme – sonrió.

Solté otra risita tonta y agaché el rostro. – la blusa es lo único que llevo del uniforme… – no entendía cómo estaba logrando hacerme sonrojar tanto esa noche.

Edward sonrió.

Pasamos toda la cena bromeando y enviándonos indirectas. Para cuando terminamos la pizza, todos mis nervios se habían ido y lo único que deseaba era lanzarme sobre él. No supe si había sido la media lata de cerveza que había bebido, o si tan solo era porque ya me encontraba completamente lista. Fuera lo que fuera, nunca me había sentido así, ni siquiera cuando le pedí que se casara conmigo.

- Jake no está, ¿qué quieres hacer ahora? – preguntó Edward dejando los platos en el fregadero. Yo puse la pizza y la cerveza en el refrigerador.

- ¿quieres… quieres ir a la cama? – pregunte mordiéndome el labio. Mis manos temblaban, pero estaba más ansiosa que nerviosa.

Edward me observó. - ¿estás cansada? – preguntó. Caminó los pasos que lo separaban de mí y colocó una de sus manos sobre mi frente - no tienes fiebre, ¿te sientes bien? –

- estoy bien – prometí.

Él frunció el ceño. – claro, si eso quieres, vamos a la cama – apagó las luces de la cocina. Tomé su mano entre las mías y lo guié hacia nuestra habitación. Mi estómago estaba hecho un nudo y estaba literalmente temblando de ansiedad.

- ¿estás segura que te encuentras bien? – preguntó cuando llegamos a la pieza.

- nunca he estado mejor… – cerré la puerta detrás de nosotros y tomé aire varias veces. Inspirar y exhalar, inspirar y exhalar. No debía sentirme tan nerviosa por algo que era natural.

Edward se quitó la camisa y desabotonó sus jeans. Nunca estuve más agradecida de que solo usara bóxers para dormir.

Me saqué el sujetador por debajo de la blusa y me quité mis propios jeans. Me ruboricé por completo al recordar la ropa interior que usaba; era linda, pero no sexy. No tenía ropa interior provocativa, pero pude haber usado algo menos infantil.

Edward rió.

Alcé el rostro hacia él, estaba mirando mi ropa interior.

- cállate – me sonrojé – olvidé que traía estas – admití.

- no… - negó con la cabeza – me gustan, son tiernas. -

Me mordí el labio. – gracias – no sabía que mas contestar – a mí también me gustan tus… bóxers. – creo que por un momento olvidé como se llamaban.

Edward sonrió. – a mí también me gustan. – se recostó en la cama y colocó los brazos debajo de su cabeza. Estuve segura que él esperaba que me pusiera el pijama.

Me mordí el labio con más fuerza y tomé una bocanada de aire. – es ahora o nunca – pensé.

Caminé hacia la cama y me tendí a su lado. Quise poner mi mano sobre su abdomen, pero la detuve en el aire. Vacilé. ¿Cómo iba a hacer esto?. ¿Cómo la gente hacía esto?.

Dejé mi palma caer sobre su estómago y acerqué mis labios a su cuello. Cerré los ojos y pretendí saber lo que hacía. Deslicé lentamente mi mano hacia abajo, acariciando, mientras mordía con suavidad su cuello.

- Bella… - susurró Edward.

No dije nada y me apreté contra él. Mis dedos se habían deslizado tanto, que habían alcanzado el elástico de sus bóxers. Sentí el calor en mi rostro y dudé.

Entonces la mano de Edward se introdujo debajo de mi blusa y acarició la aparte baja de mi espalda. Sentí que me enroscaba de placer y enfoqué mi atención en su cuello mientras mi mano seguía su recorrido hacia abajo. Ahora le tocaba a través de la ropa.

Esperé alguna reacción.

Edward gruñó. – Bella… - mi corazón saltó hasta la garganta y mi cuerpo reaccionó a su voz. Alcé una de mis piernas sobre él y atrapé su cintura, mis labios encontraron otro punto en su cuello.

Sus manos acariciaron mi espalda y viajaron por mi cuerpo, hasta que rozaron mi pecho. El aire se atoró en mi garganta. Edward atrapó la mano que descansaba sobre sus bóxers.

Aparté mis labios de su cuello y alcé el rostro para mirarle. Quería preguntarle que había hecho mal, pero antes de que pudiera decir algo, sus labios estaban sobre los míos.

De un movimiento rápido giró nuestros cuerpos, de modo que ahora él se encontraba sobre mí. Sus piernas atraparon mi cintura con decisión y pude sentirlo contra mi muslo. Soltó mi mano e introdujo las dos debajo de mi blusa para acariciar mis caderas. Luego se deslizaron por mi vientre e iniciaron un recorrido hacia arriba; un escalofrío me recorrió por completo cuando acarició mis pechos.

- te amo – susurró en mi oído. Su pulgar dibujaba trazos sobre ellos. Arqueé la espalda para darle un mejor acceso y me mordí el labio. Me besó en el cuello mientras su otra mano jugueteaba con mi pecho.

Solté un gemido ahogado y mis dedos se enroscaron en las sábanas. Mi cabeza era una nebulosa. Ya no podía pensar. Apenas podía respirar. Toda mi atención y mi vida se limitaban a Edward y a lo que él me hacía.

Comenzó a alzar mi blusa y me ayudó a quitármela. Ahora ambos yacíamos solo en nuestra ropa interior el uno frente al otro. Apretó los labios contra mi cuello mientras sus manos seguían atendiendo y acariciando mi pecho.

Por instinto alcé mis caderas. Edward soltó un gruñido cuando mi muslo rozó contra él. Me sonrojé y traté de hacerlo otra vez, pero él detuvo mis caderas con una de sus manos. Me mordió el lóbulo de la oreja y susurró en mí oído – si sigues haciendo eso Bella, no creo ser capaz de seguir jugando contigo… –

Me ruboricé y musité un "lo siento".

Edward rió y me besó en el cuello. Sus dedos juguetearon con los tirantes de mi ropa interior antes de deslizarlas hacia abajo. Gruñí cuando el aire helado me golpeó. Me sentía tan afiebrada por él, que era agradable sentir algo frío en contacto con mi piel. Edward continuó deslizándola por mis rodillas hasta los pies y la quitó.

- eres tan hermosa – susurró mirándome. Comencé a sentirme avergonzada – es como mirar una pintura. -

- no me mientas, Edward… - susurré de regreso, ruborizada por completo.

- yo no miento, Bella – se agachó hacia mí y atrapó mi cuello otra vez. Sus manos aferraron mis piernas y las separaron con suavidad. Mi respiración se detuvo. - ¿estás lista? – preguntó.

Podía sentirlo allí, cerca de mí. El aire se atoró en mi garganta. Quería decirle que sí, pero no pude lograr que mis labios se movieran, así que asentí. Me aferré a sus hombros y tomé varios respiros de aire.

Edward me besó en los labios al tiempo que entraba en mí. Mis dedos se hundieron en su piel y mi cuerpo se contrajo. Era una sensación tan desconocida. Nada que hubiese experimentado antes podía describirlo, era como si cada uno de los nervios de mi cuerpo estuviese en éxtasis. No tenía idea de que pudiese existir un sentimiento como ese.

Ambos respiramos con fuerza y jadeamos cuando dejó de besarme. Apoyó su cabeza en mi hombro y lo besó. Sus manos sostuvieron mis caderas. No podía moverme. No quería moverme.

- ¿te hice daño? – preguntó.

Negué con la cabeza.

Movió sus caderas, apartándose de mí una fracción de centímetro. Ambos soltamos gemidos de placer al mismo tiempo. Se alejó otro poco y entonces volvió a entrar en mí. Dejé escapar un sollozo ahogado y aferré con mayor fuerza sus hombros. Fue cuidadoso en sus movimientos mientras establecía un ritmo entre nosotros. Me mordí el labio y traté con todas mis fuerzas no gritar.

Sentía como si cada músculo de mi cuerpo estuviese acalambrado. Mi respiración se había vuelto jadeos descontrolados y mis uñas se hundían en los hombros de Edward. – más rápido – supliqué con voz ahogada.

Él aceleró el ritmo y soltó mis caderas. Por el rabillo del ojo, pude ver sus dedos enterrarse en las sábanas. Mi ego se aceleró cuando me di cuenta que era yo quién causaba que él aferrase con tal fuerza las sábanas. Yo era la razón por la que él se sentía así.

- Edward… - jadeé cuando encontró un punto sensible. Mi cuerpo temblaba y estaba hiperventilando. No tenía idea de cómo se sentía un orgasmo, pero estaba segura que estaba a punto de saberlo.

- Bella – gruñó Edward. Su cuerpo comenzó a sacudirse y las sábanas se desgarraron por la presión de sus manos.

Algo en el hecho y la forma en que gimió mi nombre mientras él convulsionaba y se estremecía, me llevó hacia el cielo. Mi espalda se arqueó, mi uñas se clavaron en su piel con tal fuerza que estaba segura le había hecho sangrar, y no pude respirar.

- Edward – grité, mientras era yo quien me estremecía. Había tenido mi primer orgasmo.

Edward se quitó de encima de mí, estaba sudoroso y respiraba con dificultad. Atrapó mi cintura con los brazos y me besó. Yo respiraba con la misma dificultad que él y estaba igual de sudorosa. Sentía mi cuerpo pesado, como si me hubiesen recién aplicado un tranquilizante. No me podía mover. Estaba tan relajada.

- te amo, Bella – Edward me acercó aun más a él.

- y yo te amo a ti, Edward – sonreí y me acurruqué contra él. Cerré los ojos y mi sonrisa se amplió. Me aferré a él entre sus brazos y lo besé – de verdad, realmente te amo… –

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Hola a todos!... creo que este capítulo muchos de ustedes lo esperaban. Jamás había escrito un lemon, por eso me demoré un par de días en subirlo, creo que es demasiado importante e intenté traducirlo lo mejor posible y espero que haya quedado bien, de verdad. Personalmente, creo que fue lindo como Bella se dio cuenta que está enamorada de Edward, y en su nota de autor, daddy's Little canibal asegura que Bella no quedará embarazada.

Por otro lado, en cuanto a Sol de mediodía, por supuesto no la he dejado. Jamás. Hay varios que me han preguntado, pero que ni siquiera pase por la cabeza de alguno de ustedes eso. Esa es mi historia y le tengo demasiado cariño para dejarla. Esta semana estaré actualizándola, lo que sucede es que la universidad me está volviendo loca, pero "loca" en el sentido literal de la palabra. De todas formas, ya todo está mejorando, al menos en lo que se refiere a mis historias, así que nos estaremos leyendo esta semana, en sol de mediodía.

Besos para todos, Annie.