Hola a todos!!! Bueno, ¿que puedo decir? No suelo escribir muchos fanfics, pero cuando lo hago me inspiro y me exijo al máximo!! Esta vez presento mi fanfic de Saint Seiya (mmm hombres guapos *¬*) y saliéndome un poco de la 'moda' aclaro que mi fanfic no es Yaoi. Hago énfasis en Shaka no Virgo, un caballero dorado, la personificacion de Buda, el omnipotente y el mas sabio y poderoso de todos, un rubio apacible que puede hacer que se te ilumine el dia con una sonrisa, o que te corran escalofrios por la columna con un ceño fruncido. Mi gran incógnita es ...Si tienes los ojos tan hermosos, ¿por que los esconde? Creo que mi reflexión va mas alla de lo que muchos dirian (¡obviooo! para meditar y todas esas cosas) pero ahora este significativo gesto toma valor, al convertirse en un 'ayuno' con la realidad que lo rodea, para no toparse con las multiples tentaciones del mundo. Sin embargo, ¿hasta donde puede llegar su fuerza de voluntad? Nada ni nadie esta excepto.

No pretendo ofender a nadie, en especial al genero masculino, es solo que me he visto obligada a exagerar al maximo las emociones y necesidades de las personas, si por algun motivo te sentiste ofendido te pido disculpas y te recuerdo que en un fic todo es valido...

Sin mas que agregar (por ahora), los dejo con mi fanfic...


Autora: La Gran Hana

Todos los derechos reservados: Ninguno de los personajes que aquí se mencionan de Saint Seiya me pertenecen.

Advertencia: [ShakaXOc] [Romance] [Lime] [Lemon]


Capítulo I

Deseo Contenido

-"Lo unico que diferencia al hombre del animal es que el primero puede controlar sus instintos." -

Personalmente, pensé que eras mas listo. Y no te lo discutí solo para no llevarte la contraria mi querido Shaka. Bueno, hoy quiero decirte que estas completa y absolutamente equivocado y a partir de ahora tu mismo lo comprobarás...

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--Dios le da pan al que no tiene dientes—comentó despacio Camus, el caballero dorado de Acuario y su mirada se posaba en la sensual chica que entraba junto a un alto caballero rubio a la casa de Virgo. La oscuridad de la noche escoltaba a la joven pareja hasta que entraron a la casa. Los ojos azules y fijos de Camus desviaron su mirar con indignación y se dirigió hacia los demás –Aun no entiendo, ¿como es posible que Shaka pueda vivir tan tranquilo teniendo esa tentación tan cerca de el?—dijo esta vez haciendo un gesto de irritación y probaba un bocado mas de su coñac, que le quemó la garganta y le propinó un calor exquisito en todo el cuerpo en esa fría noche.

--Daría mi armadura por follármela solo una vez—dijo sin tabú Shura, el caballero dorado de Capricornio, haciendo un ruido extraño con sus labios, expresando su sentido de lujuria innata. En medio de la penumbra titilaban azules los astros a lo lejos, y aquellos caballeros dedicaban la noche a descansar después de sus extenuantes jornadas de entrenamiento.

--No eres el único caballero que piensa de esa forma—señaló Milo, el caballero de Escorpio con los brazos cruzados para darse calor a él mismo. –Desde el mas bajo caballero, hasta los de mas rango, pasando por los de Asgard, y hasta los de Hades piensan igual…-- tosió y escupió a un lado, arrugando un tanto el ceño.

--Deben estar concientes de que sus sentidos morales están por encima de cualquier otra cosa…o persona, diferente de Atenea.—dijo Mu algo irritado, levantándose para irse a su casa de Aries. Cualquiera que los escuchara diria que esos caballeros eran unos adolescentes quisquillosos... y Mu no era como ellos a comparación, sin parecer modesto él era uno de los pocos que mantenía sus estribos al margen y su boca prudente. Hablar de la 'chica protegida' se había convertido en el tema de conversación de todos los días en el santuario.. Y no era para menos, Dhara, como se llamaba la chica, emanaba tal cantidad de sensualidad que era casi imposible no desearla. Y a pesar de que era tan sobreprotegida por el Patriarca y por Shaka, su cuerpo era una fuerte ráfaga que atizaba toda clase de llamaradas. No era de piel pálida, su tez cobriza y nacarada hacía juego con su cabello oscuro y realzaban sus ojos igual de oscuros pero insinuantes. Cualquier ropaje que portaba la hacía ver incontrolablemente atractiva, todo lo que usaba se ajustaba a sus caderas con firmeza, realzando cada parte voluptuosa de su cuerpo de una manera casi indecente, exaltando también sus expresiones eróticas, y sus labios cortos y carnosos que permanecían entreabiertos sugiriendo cualquier clase de acción. También su voz era sensual: un único padrón profundo, sinuoso y femenino. Era una belleza original y libre, que muy pocas veces se podía apreciar en aquella fortaleza en la que las únicas mujeres (que por lo general eran amazonas) portaban máscaras, cancelando cualquier clase de apreciación hacia su belleza natural. Pero para fortuna de todos, Dhara no era una amazona, era algo mas especial y misterioso, que guardaba con recelo la única persona que no sería capaz de ponerle un solo dedo encima, ni siquiera de tener malos pensamientos hacia ella.

--No puedo creer que tanta belleza cause tantos estragos—continuó analizando Camus –No puedo creer que nadie será el afortunado de poseerla tan siquiera alguna vez—apretó los puños con fuerza y golpeó la roca con la que se apoyaba.

--¡Al demonio con todo esto!—grito exasperado Shura, levantándose precipitadamente y bajando un poco el tono de la voz para no ser escuchado –Ya han pasado 2 años, no es posible que ella aún siga siendo virgen—

--Aún lo es, estoy seguro de eso—respondió Milo –A Atenea no le conviene que no lo siga siendo, y sabes muy bien el motivo—

--Hmph, si es asi entonces me conformaría con verla desnuda…--procedió Shura perdiendo su mirada en la profundidad de la noche. El canto de los grillos se esparcían en el amplio camino hacia las 12 casas doradas, y la luna iluminaba vanidosa, proyectando sombras de las bien talladas columnas que adornaban cada casa. El silencio acompañó a los 3 caballeros hasta sus respectivas casas y siguió su curso junto con la luz de la luna.

--Tonto Shaka y su poderosa fuerza de voluntad…-- gruñó Milo entrando a su casa y cerrando la puerta con vigor, envidiaba tanto a el caballero de Virgo, que dentro de su castidad y principios sería incapaz en hacerle algo a aquella chica que se había convertido en la fantasía sexual de todos los caballeros y no caballeros, aun si la tuviera desnuda y en su propia cama.

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"¿Que podía pensar ahora? Sus grandes pestañas guardaban celosamente sus hermosos ojos azules, evitando que otros ojos lo conocieran. Me pregunto si algún día podré apreciar toda su magnitud…y si fuera así ¡sería realmente tan feliz! ¿Y es que no te has dado cuenta que solo tengo ojos para ti? Que manía se me ha convertido el estar a tu lado, así sea un minuto que luego hago eterno.

Que diablos voy a hacer con este peso tan grande, que no me cabe en mi pecho, que viaja en mi interior y se ahoga en mi garganta, fruto del miedo, de la cobardía, que me quema la piel y me hierve la sangre, que me parte la razón…¡No pido mas nada Shaka! Solamente quiero permanecer en tus brazos y huir de todo el mal y de todos mis miedos infantiles.

Quiero confesarte que soy tu esclava, que has sido el único que ha podido amarrar mi alma libre y rebelde, que muero cada vez que te acercas por cortesía y te vas, que tomas mis manos inocentemente pero hieres mi alma, que haces que me impaciente cada vez que te siento tan cerca y un gran temor me evita besarte, tocarte, sentirte…"

Dhara carcajeó como signo de nerviosismo, pensar en Shaka era algo que se había convertido en su mayor obsesión. Cerró los ojos, dejando atrás la imagen de Shaka levitando, llevaba mas de 5 horas en aquella posición y Dhara ya estaba algo aburrida. No supo en que momento sintió rendirse en el piso, presa del sueño y de la pesadez.

El cantar de los grillos resonaba en el fondo y el cansancio en su cuerpo no la hacía reaccionar ni dormir. De repente unos fornidos brazos la sujetaban firmemente y la llevaban hasta su habitación. Su piel se erizó hasta el punto de poder apreciar cada poro, su respiración se trozó y su corazón latía con cada segundo eterno para ella. Se hundió entonces en aquel pecho blando que la sostenía, para no alejarse nunca de él, esa manía de tocarlo en cada oportunidad que se presentaban era incontrolable, sus párpados temblaban en un intento por fingir estar dormida.

Shaka entró a la habitación, acomodándola en la cama y preparándose para irse, pero un chillido lastimero resonó en sus oídos. Shaka se estremeció por aquella reacción, abriendo los ojos y vio como la chica se retorcía en la cama de dolor.

--¿Que paso?—preguntó Shaka desconcertado, sin entender nada de lo que ocurría.

--Me duele--susurró Dhara, posando su mano en la parte baja de su espalda –Me caí hace unos días…-- la chica enmudeció al ver aquel brillo en los hermosos ojos de su maestro, que muy pocas veces lo mostraba. Shaka la observaba tan dulcemente colocando su mano encima de la de ella y retirándola suavemente, viendo como la piel de Dhara estaba maltratada y raspada, coloreada por una gran mancha morada.

--¿Por que no me habías dicho?—preguntó el caballero alejándose de la habitación y dejando a Dhara con la palabra en la boca y el corazón en la garganta. Juraría que podía escuchar cada latido de su corazón y sintió un cosquilleo por todo su cuerpo, el tiempo transcurrió lento y pesado, y se detuvo aun mas con la llegada de vuelta de Shaka a la habitación. Volvió a los pocos minutos con un envase especial y se acomodó en la cama, cerca de Dhara, que yacía de costado, dándole la espalda a Shaka.

Su cuerpo tembló violentamente al sentir aquellas manos osadas alzando sutilmente su blusa y surcando su espalda. La joven cerró sus ojos y mojó sus labios, sinónimo de nerviosismo e impaciencia –Voy a curarte—dispuso el hombre aplicando el ungüento en la piel herida de la chica.

Y el también se tensó.

Sus movimientos eran circulares y firmes, haciendo leves presiones con sus dedos en la lesión. Dhara cerró aun mas sus ojos con fuerza, evitando soltar algún gemido que no fuera de dolor, mientras su mente trabajaba por no salir de casillas. Mordió sus labios casi al punto de hacerlos sangrar, tragó saliva haciendo un ruido extraño, sus manos empuñaban con fuerza las sábanas de terciopelo rojo y agradeció que se encontraba de espaldas y que Shaka no podía ver las expresiones placenteras de su rostro, que no eran para menos, al sentir el tacto de aquellas manos recorriendo su ardiente piel que pedía a gritos por mas. Fue una dulce e interminable tortura, que a pesar de que no duro lo necesario, marcó un espacio en la piel de Dhara.

Shaka deslizó una mano con fuerza desde la mitad de la espalda hasta llegar al punto en que ésta perdía su nombre, y fue justó allí cuando Dhara botó un gemido que los sacudió a ambos brutalmente. Dhara se sonrojó mientras se acomodaba en la cama, notando que Shaka había terminado con su curación.

--Gracias—sonrió la chica dulcemente, bajó su blusa y lo miró casi hechizada a sus fijos ojos celeste. Shaka sonrió igualmente y cerró los ojos en un movimiento lento e hipnotizante.

--Dhara…--susurró despacio aquel hombre de cabellera dorada con su voz serena. Hubo silencio y la chica no contestaba –Dhara…-- volvió a decir el rubio, volteando su rostro apacible por costumbre, aun manteniendo su monótona expresión con los ojos cerrados resguardados por sus largas pestañas, notando como su asistente al parecer estaba perdida en la inmensidad de la noche. Desde la llegada de Dhara a su casa, todo cambió. Aquella jovencita de mirada intimidante, y de actitud magnética y desconcertante, un tanto altanera, impulsiva y agresiva para lidiar con una persona como Shaka, pero sobre todo una persona muy especial…tan especial que el Patriarca lo había encargado a su cuidado personal.

--Dime Shaka…-- la chica que no había hecho mas que observarlo detenidamente y suspirar, contestó involuntariamente, saliendo luego abruptamente de su trance. –Digo, Mande usted Maestro—comentó la joven de cabello oscuro, carraspeando un poco para disimular su imprudencia. El caballero dorado por su parte sonrió a medio lado, a pesar de que no la estaba viendo sabía que se encontraba algo avergonzada.

--Mañana por la mañana me iré por un tiempo a entrenar a un grupo de aprendices— dijo el dorado dirigiéndose a ella

--¿Cuanto tiempo demoraras?—preguntó sin parecer ansiosa

--Un par de dias—contestó Shaka con su voz tan normalmente pacífica, levantándose del piso y dando la vuelta para marcharse. Como siempre, Shaka hablaba las cosas puntuales, nunca usaba palabras innecesarias y siempre intentaba ser claro en lo que decía, haciendo alegoría a su sabiduría, producto de muchos años de meditación. –Buenas noches— el hombre no esperó la respuesta de Dhara, necesitaba guardar energías y ahorrar tiempo, caminó hasta que sus cabellos como cascadas de oro se perdieran en la penumbra. Dhara vio alejar al caballero dorado y sintió algo de vacío. Suspiró cuando desapareció por completo y cerró los ojos, apoyándose en la helada pared, rodeada de la inmensidad y ostentosidad de la casa, haciendo un recuento de su rutina diaria en esos últimos años de su corta vida:

Se despertaba al alba con los primeros rayos del sol y el canto de las exóticas aves. Se bañaba en los amplios baños de marfil y acompañaba a su hospedero en su diaria e inmortal rutina de meditación. Aunque en un principio odió aquella posición de flor de loto, el silencio y la completa desconexión con el mundo la impacientaban (por su propia rebelde ansiedad), con el tiempo se acostumbró a ello y pudo encontrar algo de serenidad y tranquilidad consigo misma y aunque eso era algo muy difícil de lograr, Shaka le enseñó paulatinamente las bondades de la meditación y a decir verdad tenía mucha razón...

Aunque claro, ella no madrugaba solamente por el ejercicio de la meditación y la paz interior…lo hacía solo para mantener contacto con su rubio anfitrión. No podía negarlo, aquella actitud tan apacible le llamaba la atención poderosamente y la inquietaban por no decir que a veces le molestaba, aquel equilibrio, paciencia, perfeccionismo y disciplina, sin exteriorizar lo que lo perturba o lo hace rabiar o entristecer (si es que había algo), tan culto, discreto, amable y generoso que la había aceptado a pesar de que ella nunca se comportaba de la mejor manera. Era tan agradable mantener así fuera una corta conversación con el, descubrir el silencio de sus ojos y las delicias de sus palabras capaces de calmar cualquier tormento.

Dhara da media vuelta y se acomoda mejor en su cama, buscando sus besos y solo encuentra la almohada, recordando una vez mas su soledad. Suspira amargamente y espabila sus ojos, en un intento por sobrellevar su tristeza. Mira directamente a la ventana y pudo apreciar la inmensa luna, que se exponía en toda su majestuosidad…y eso fue lo justo para pensar nuevamente en el.

Sus movimientos agraciados, su sonrisa sincera, su rostro fileño, su piel tersa, su cabello largo que denotaba su majestuosidad, su cuerpo tallado por manos divinas, sus ojos que pocas veces los ha visto abiertos y el dia en que lo hizo, pudo contemplar la profundidad de sus ojos azulados o verdosos, no tenía nada que envidiarle a Adonis ni a Apolo ni al mejor fruto de Afrodita, el era un dios, un sensual dios cuya presencia la atormentaba y la hacía cada vez mas dolorosa e irresistible.

Shaka era estricto con ella, como un padre que desea educar de la mejor forma a su hijo, y tenía que admitir que si bien se quejó muchas veces por sus enseñanzas, al final le estaban sirviendo de mucho, para aprender a controlarse y mantener adentro, muy adentro todos esos deseos que tenía hacia su maestro…y ahora le tenía tanto respeto que no se atrevía a desacatar ninguna de sus órdenes, todo por el hondo miedo de perder el contacto que parcamente mantenían. Una extraña mezcla de amor, respeto, adoración y tambien de mucha impaciencia y rabia al saber que el nunca se fijaría en ninguna mujer del universo y que ella había perdido las agallas para apostar el todo por el todo.

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Llevaba menos de 2 años viviendo a merced del orden de los Caballeros Dorados y aun pudo recordar como si fuera ayer todo lo que había pasado. Recordó la primera vez que fue a parar a Grecia, y para su fortuna (o su desgracia) el Gran Patriarca la acogió al parecer sin interés alguno, en aquel enorme santuario de 12 casas. Recordó también como todos esos hombres que representaban un signo zodiacal, que no hacían mas que 'entrenar', perfeccionar sus técnicas y otras babosadas que a ella no le importaban, reñían entre ellos por ella como si fuera un pedazo de carne en una plaza de mercado. Peleaban por 'hospedarla' en su casa, con la excusa de darle el mejor de los cuidados. Como si ella no conociera a los hombres: solamente la veían como un objeto sexual llegado en el momento indicado para saciarlos a todos de su abstinencia. Algunos de esos 'honorables caballeros' la miraban con ojos de lujuria en los que se reflejaban sus ideas retorcidas y pervertidas, otros la miraban sin importancia, y uno en especial simplemente no la miraba porque no podía.

¡Genial!, había salido del bullicio de la civilización para entrar en la boca de los lobos libidinosos. Por unos momentos, su 'normal' ira creció mas de lo común. Había llegado a ese lugar por pura casualidad, porque su intención no era ni entrenarse para ser una machorra ofuscada Amazona, ni mucho menos para ser una infeliz puta. Tal vez era algo extremista al sacar absolutas conclusiones, pero la vida le habia dado tantas vueltas que ahora no sabía como lidiar con los hombres. Y bien dicen que la culpa de uno la pagan los demas.

Todos aquellos hombres debatían con argumentos sobre quién atendería a la pobre jovencilla, todos excepto aquel hombre de temple sereno y pacífico, que captó su mirada curiosa por unos instantes.

--¡No me voy a quedar con todos estos salvajes!—chilló la adolescente de manera desafiante, desconcertando a todos los presentes por su rebeldía y su impertinente honestidad. Si ella desde un principio hubiera sabido quien era el Patriarca, seguramente no hubiera mencionado aquellas palabras con tanta insolencia. Sin embargo, el Patriarca reconsideró el pensamiento de la chiquilla y aunque estaba confiado de que sus ilustres caballeros dorados eran un ejemplo de fortaleza, sabiduría y lealtad, en el fondo seguían conservando aquella parte humana…y todo ser humano tiene deseos y es vulnerable a múltiples tentaciones. El olor a feromonas descontrolaban y hacían trabajar la testosterona de cada hombre, de todos menos de uno, el único del que estaba seguro que no caería nunca en las debilidades humanas, aquel caballero que era lo más cercano a un dios, y que era considerado inmaculado y perpetuo: el caballero dorado de Virgo. Y asi empezó todo… se hospedó en la casa de Shaka, como era llamado el caballero dorado, y no tuvo queja alguna de el. Nunca se propasó con ella, ni la incitó a hacer cosas indebidas, ni nada por el estilo. Shaka estaba tan encerrado en si mismo que a veces hasta ella pasaba desapercibida, por no decir que no existía.

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Dhara se tumbó en su cama, con la boca semiabierta, sintiendo aun el delirio de sus manos y el encanto de sus ojos. Cierra los ojos y saborea, casi como un vidente cada una de esas sensaciones, para guardárselas y deleitarse en sus sueños, donde solo podían existir los dos, entregándose a los brazos de Morfeo junto con sus mayores sueños.

Sin embargo Shaka no podía dormir aquella noche. Se acomodó varias veces en la cama y al no lograr descansar decidió que dar un paso por su enorme casa podría ser un alivio para el. Se levantó, entonces, y caminó a pie descalzo afuera de su habitación, sintió que todo estaba oscuro y siguió caminando cuidadoso de no tropezar con ningún objeto. Tomó un vaso de agua y antes de entrar otra vez a su habitación pensó en dar una vuelta en los alrededores de la casa, para cerciorarse de que todo estuviera en orden.

Y fue allí cuando sus pasos lo llevaron a la habitación de su inquilina.

Silencio.

Agudizó mucho mas sus sentidos, buscando alguna presencia alrededor aparte de ella pero no encontró nada. Suspiró aliviado, ya había terminado con su rutina nocturna de vigilancia. Todas las noches se aseguraba de que ningún intruso ni fuerza maligna, ni hombre, ni siquiera algún caballero merodeara por su casa. Shaka sabía los comentarios que lanzaban acerca de Dhara, y él tenía que vigilar que nadie fuera capaz de tocarla: esa era su misión. Una misión algo fácil para algunos, sin embargo no era así, la misión era más compleja y comprometedora, debería cuidar la virginidad intacta de ella sin que Dhara se diera cuenta de la aparente importancia de su castidad. Además, con el paso del tiempo ella se hacía cada vez mas hermosa y se notaba mucho más su condición de mujer. Despertaba en todos los hombres cualquier cantidad indeterminada de sensaciones que eran difíciles de controlar, y muchas veces Shaka estuvo envuelto en conflictos con otros caballeros por sus atrevimientos.

Nadie debía tocarla, ni siquiera mal pensarla. Nadie.

Pero el mas que nadie lo sabía, sabía que ella era como un tren cargado de dinamita pura, era magnética y difícil de ignorar.

Shaka lo sabía, y al pararse en la puerta de la habitación de Dhara, él mismo sintió la urgencia de la carne al mirar las torneadas piernas desnudas, su cuerpo perfectamente plegado en la corta bata, con sus brazos sensibles al tacto y la oscuridad sedosa y excitante de su pelo. Se acercó nervioso a ella y la conciencia lo detuvo a pocos pasos de la cama.

Más silencio.

Su mano grande intentó posarse en su cintura, su respiración se aceleró en una milésima de segundo pero antes de tocarla cerró su mano en un puño y la alejó de ella, casi como si quemara en brasas. Tomó la sábana de los pies de Dhara y la cubrió toda hasta el cuello, para evitar que su figura lo siguiera atormentando. Cerró sus ojos y salió de la habitación, agradeciendo todos esos años de meditación y autocontrol que si no fueran por ellos, de seguro habría hecho algo terrible.