Autora: La Gran Hana

Todos los derechos reservados: Ninguno de los personajes que aquí se mencionan de Saint Seiya me pertenecen.

Advertencia: [ShakaXOc] [Romance] [Lime] [Lemon]


CAPÍTULO VII

Bajo tu ropa

-------"But you own the place

Where all my thoughts go hiding

And right under your clothes

Is where I find them"-----

(Underneath your clothes- Shakira)

::::::------------------------

"Me gusta cuando me abrazas suavemente y como una lapa te pegas a mi, si pudiera no me separaría nunca porque esos momentos son solo nuestros, sintiendo placeres que encienden mis sentidos…"

Su masculino torso, su cuello y su cara se enrojecieron instintivamente por la enorme presión en la que se encontraba. Los latidos de su corazón se incrementaron, su ritmo respiratorio se aceleró y las manos grandes que tocaban a la chica, ahora sudaban sin parar.

Dhara tragó saliva con dificultad mientras apretaba con fuerza sus ojos, en el silencio de la habitación, solo podía sentir su corazón golpeando con fuerza, amenazando con salirse en cualquier momento de su pecho.

Una noche: solo sería una noche que Shaka le regalaría, una noche en la que se entregaría toda y solamente la luna sería la acompañante de la pasión de ambos cuerpos ardientes de deseo. La chica yacía en la cama, entregada al arte de sus caricias, de su roce, de sus besos, de sus mordiscos, de su mano que ahora masajeaba constantemente la parte interna de sus muslos mientras que la otra subía peligrosamente seguida de su respiración acelerada, hasta parar en uno de sus senos ya endurecidos, provocando que un gemido se le escapara de la boca…

Esto era un sueño…o pensándolo bien, no lo era, ninguno de sus momentáneos sueños mojados que la asaltaban de noche y la hacían ruborizar por aquellos lúgubres pensamientos, se podían comparar con lo que estaba pasando justo en esos momentos. La chica tragó nuevamente, mientras sentía que sus bragas se humedecían considerablemente por el contacto de su amado que la tocaba como si tuviera miedo de lastimarla, pero con mucha pasión. El fuego de sus cuerpos calientes aclamaba por debajo de la tela por ser saciado, extasiándolos con fuertes ansias, advirtiendo con hacerlos perder la razón.

No lo podía creer: Allí estaban ellos, jadeantes y bellos, en una noche eterna donde el cansancio solo sería el vencedor, intentando saciarse de ganas de pasión y locuras, cubriéndose la piel solo con su piel, con el dulce néctar de sus labios embriagándola, rompiendo las reglas del Santuario, de su legado, de su religión, de todo. Bien dicen que un acto vale mas que mil palabras, y ahora Shaka tiraba todo por la borda solo para estar con ella, apostaría su valiosa Armadura Dorada de Virgo, sus años de preparación y hasta su vida entera y santa, solo para estar con ella. Aunque nunca se lo dijera, él la amaba, ¡Cielos, estaba dispuesto a arriesgar todo por ella! Dhara sintió un nudo en la garganta y batalló internamente con su emotividad para que no la hicieran llorar en esos momentos. No pensaría mas en el futuro, por ahora el tiempo se había detenido solo para los 2, ya nada importaba, ya no quería pensar en nada mas, ya podía morir en paz.

Tomó el rostro de Shaka y besó sus labios con ternura, para que el hombre no notara las expresiones placenteras en su rostro, a pesar de todo, Dhara tenía algo de timidez, no quería que Shaka notara la perturbación que provocaba en su cuerpo, aunque esto era casi inútil. El caballero sonrió entre besos y le correspondió, pero ahora el beso se volvía mas apasionado y húmedo, Dhara ahogaba su nombre entre sus labios bajo el cuerpo cálido y seguro de Shaka, sintiendo una fuerza endurecerse cerca de su muslo "¡Oh Cielos!". La chica ahogó un grito al sentirlo tan cerca, movió un poco sus piernas para acomodarse al peso de Shaka que estaba sobre ella, y sin querer su rodilla rozó su miembro haciendo que el hombre gimiera como un animal. Movido por su impulso, bajó sus labios por el femenino cuello de Dhara, lamiendo y chupando, dejando a pasos unas marcas escarlatas por la presión de su succión, que se hacía cada vez más ruda con cada gemido de la chica. Dhara sostuvo entre sus manos los cabellos dorados del hombre que bajaban lentamente por su cuerpo y ahora se entretenía en el valle entre sus redondos y firmes senos, provocando leves espasmos en ella, que se transformaba en bestia con cada segundo que pasaba.

Allí estaba él, otra vez su boca insensata había caído, nuevamente estaba rendido ante aquel aroma embriagador y ante aquel cuerpo absurdamente débil y a la vez tan magnético. No fue fácil tomar aquella decisión, (pensándolo bien, ni siquiera optó por alguna decisión, simplemente se dejó llevar…) después de mucho pensar en las consecuencias de aquel pecaminoso acto, después de intentar vagamente anteponer su sentido moral y racional por encima de su impulsividad como siempre había sido, después de regañarse mentalmente porque era la primera vez que no lograba mantenerse en sus casillas, después de hacer mil millones de esfuerzos y meditaciones por alejar esas ideas (que según él) eran solamente transitorias, después de mentirse una y otra vez diciéndole a su dolido corazón que aquella chica le era indiferente y mintiéndole a su cuerpo alegando que su presencia no lo afectaban en lo mas mínimo, y por último, después de intentar sin éxito conservar con la poca dignidad que ya le quedaba, sucedió lo que temía venir desde aquel único momento en el que logró obtener un encuentro íntimo con Dhara: cedió ante ella.

Aún podía dar marcha atrás como aquella vez, dejarla jadeando en su cama y huir como un cobarde, mientras sus manos quemaban aún recordándole el tacto en aquel cuerpo, e internamente su conciencia le reprimía por tal acto obsceno y su inconciente le reprimía por ser tan jodidamente complicado. No era complicado, solamente era realista…y debía mantener su integridad intacta. Aquel olor, tenía su piel tan cerca, tentativa y entregada solo a él, que aunque en ese preciso momento se arrepintiera, su olor no lo dejaría en paz ni un solo segundo y tarde o temprano caería nuevamente… ¿Desde cuando se había vuelto tan sumiso? Cielos, nunca había sentido tanto anhelo por algo, ni siquiera por obtener su solemne armadura dorada, y ahora que lo tenía todo a su disposición sentía un enorme remordimiento.

Anhelo, del más pasional y frenético, tanto que ahora solo lo sucumbían… no era sexo, era amor. No tendría sexo con Dhara, le haría el amor: extrañas palabras concluidas que vagaban por sus pensamientos abstractos. Sin embargo ¿Qué pasaría después de que consumiera sus deseos en ella? Si, de seguro le quitarían la armadura que con tanto trabajo logró conseguir y que al parecer ahora ya no valía nada y lograrían salvar a la tierra, o tal vez el mundo colapsaría en un Apocalipsis sanguinario y espeluznante y él era el culpable de su destrucción y de Athena (por la que alguna vez luchó por encima de cualquier cosa o persona). El peso de su responsabilidad era enorme, pero mayor era su sangre articulándose en una parte baja de su cuerpo…y cómo decir que 'no' a esas lagunas oscuras que lo miraban con el mismo amor pasional.

Se incorporó de rodillas y con una agilidad única, logró deshacerse de la poca tela que tapaba el torso de Dhara, dejando sus pechos al aire, expuestos solo para él. Sus ojos azules bailaban por el cuerpo de la chica, apreciando su semi desnudez, contemplando alucinado cada fibra de aquel virginal cuerpo. La chica tenía su rostro sonrojado, sus ojos ahora intentaban mantenerse abiertos pero era casi imposible, el placer los inundaba en esos momentos. Sus senos ascendían y descendían con cada bocado de aire que respiraba, sus ojos oscuros lo miraban para darle toda su aprobación y en sus labios entreabiertos ahora se dibujaba una pícara sonrisa de complicidad, contrario a su vergüenza aparente. Shaka sonrió: estaban decididos, era ahora o nunca. Aquella fuerza interior y brutal le agobió la razón y lo obligaba ahora a penetrarla de una vez, sin embargo, él se contuvo…no quería que acabara rápido, tenían toda la noche a su disposición.

Dhara enredó sus manos en el cabello rubio de Shaka, que masajeaba, lamía, succionaba y besaba con insistencia los pechos de la chica, provocando que sus convulsiones fueran cada vez mas fuertes, respirando cada vez mas aprisa, sintiendo como el calor se le subía a la cabeza y la motivaban a gemir, a gritar. Shaka trabajaba con su paciencia, temblaba en un vago intento por controlarse un poco, cada gemido de Dhara lo enloquecía considerablemente y solo hacía que su excitación creciera y su cordura bajara. La chica ronroneaba quedamente, frotando su cuerpo contra la piel del hombre, haciendo que Shaka se estremeciera por aquel simple gesto, que le encendía toda la pasión.

--Shaka…--pensó en voz alta Dhara, haciendo que el rubio no pudiera contenerse más. Se levantó de golpe y tomando el vestido lo partió con fiereza, haciendo lo mismo luego con las bragas de Dhara… la miró a los ojos, temiendo alguna reacción negativa por su parte pero para variar, aquella chica intrépida no se asustó. Se movía llevada por la pasión y se retorcía por las caricias, dominada por el deseo. Nunca imaginó que lugares de su cuerpo llegaran a ser tan terriblemente excitantes. El rubio bajó lentamente sus pupilas dilatadas por la figura completamente desnuda de Dhara, pausada y concisa, escaneando aquella imagen lo más detallado posible para mantenerla eterna en su memoria.

Una vez más, Shaka quedó pasmado contemplando ahora en su totalidad la perfecta y hermosa desnudez de la mujer que lo perturbaba desde hacía tiempo.

--Eres… hermosa…-- comentó asombrado el rubio, notando su color de piel nacarado, sus senos macizos y sus pezones rosados, sus curvas pronunciadas, sus caderas anchas, su abdomen homogéneo, sus muslos gruesos y la entrada de su intimidad ansiosa. Dhara se sonrojó aún mas por el comentario, y sin pensarlo se levantó para quedar de rodillas en frente de Shaka. Desató con sutileza los botones de la camisa y cuando terminó de hacerlo la lanzó lejos para que no estorbara, mordiendo sus labios provocativamente.

--Tu eres un dios…-- Dhara se asombró, no sabía si sería capaz de articular alguna frase coherente en medio de ese festín de placeres incontrolables. Shaka sintió su ego hincharse, al igual que su miembro que le recordó su apetito. Tomó entonces a la chica por los glúteos y la tumbó en la cama nuevamente, para calmar completamente su sed. Se veía tentativa a la vista, se sentía placentera al tacto, exquisita al olfato…y ahora quería probar la delicia con su sentido del gusto…quería probarla.

Empezó entonces a acariciar sus rodillas, pasando al interior de sus muslos, notando la piel erizada de la chica, que no era producto del frío de la noche. Procuró entonces, estimular con sus dedos previamente su clítoris, pasando por los labios de su tesoro y siguiendo mas abajo hasta llegar al centro, que recibió sus dedos en medio de húmedas paredes.

Dhara sintió una fuerte sacudida recorriendo todos sus huesos y una presión que le subía desde el vientre hasta el pecho, como un torbellino de aire caliente que le oprimían el diafragma y era expulsado en forma de gemidos. Arqueó la cabeza con fuerza hacia atrás, sintiendo que la respiración cada vez se hacía mas pesada e incontrolable, al tiempo que sentía a Shaka bajar peligrosamente hasta situarse entre sus piernas y se dedicaba ahora a pasar su lengua por su intimidad, estimulándola con movimientos rápidos y en todas las direcciones, que se hacían rápidos cuando mas alejado estaba de su clítoris y mas lento a medida que se acercaba a el. Estaba estática, oprimiendo con fuerza las sábanas de terciopelo y controlando vagamente su cadera que evidenciaba su alto grado de excitación que solo querían sentir a Shaka dentro de ella. Demonios, ¿desde cuando había pensado de esa manera? Si, era una pervertida que solo pensaba lujuriosamente en su maestro… "tonta Shaina", la culpa es de ella por meterle esas ideas sexuales en la cabeza… ¡pero cuánta razón tenía! Se sentía tan terriblemente bien ¿Pero que tenía de malo, si ella era mujer y el era un hombre? Pensándolo bien, estaba mal pensarlo y peor era hacerlo…como en esos momentos, en los que jugaban con el destino del mundo. Su preocupación se esfumó cuando una lamida fuerte la hizo gritar.

Shaka no sabía hasta donde era capaz de llegar su cordura, pero ahora estaba en su punto máximo. Los deliciosos gritos de Dhara no lograban apoyar mucho su paciencia, la quería penetrar YA y punto. Se incorporó entonces encima de ella, sosteniéndole las piernas para alzarlas un poco, preparándola para lo que venía. Shaka besó a Dhara mientras empujaba duro dentro de ella, haciendo que la chica saltara de dolor, pero sosteniéndola aún para mantenerla firme. Movió su lengua apasionadamente como una distracción mientras continuaba un ritmo lento y continuo, esperando a que la chica se acomodara a su tamaño. No quería lastimarla y rogaba mentalmente para que sus quejidos de dolor se convirtieran en unos de placer, de esos que tanto le encantaban.

Dhara se sacudía con cada embestida, aferrándose a la espalda desnuda del hombre, clavando sus uñas violentamente en su piel tersa, mordiéndolo en el hombro para intentar reprimir algún grito de dolor o de placer, con las lágrimas brotándole de los ojos, sintiendo la virilidad del hombre desgarrando la barrera de su pureza y un estirón de dolor la hizo sollozar en alto. Fue después de un incómodo doloroso minuto, que las caderas de Dhara se acercaban pidiendo mas al cuerpo de Shaka que la penetraba con suavidad…ya había pasado la peor parte.

Antes Shaka había hecho gentil cada empujón, sin embargo ahora podía embestirla a su libertad para saciarse. Pronto sus movimientos se aceleraron y se profundizaban cada vez mas, Shaka le jadeaba al oido, repitiendo su nombre muchas veces, sintiendo como la estrechez de la nueva mujer le aprisionaban el pene, que entraba y salía bañado con la humedad del paraíso divino que lo recibía. Dhara empezó a gritar cada vez más fuerte, casi a punto de llorar otra vez, sintiendo el aliento de Shaka en su oído y los gemidos que a ratos hacía. Ella contraía y relajaba sus caderas cada vez que él entraba y salía, haciendo que Shaka gritara en alto por aquel sueño que alguna vez fue una utopía, penetrándola con mas vigor y sacudiéndola, haciendo que su cuerpo se retorciera por el placer que sentía y su mente se abría a un mundo olvidado, al tiempo que la agarraba de la cabeza para evitar que se golpeara con la cabecera de la cama y con la otra la tomaba de la cadera para marcar el ritmo acelerado. Miraba su expresión entre dolor y placer con su ceño fruncido, el movimiento de sus senos con cada embestida, la forma en que mordía sus labios y sus gemidos como melodía solo lo hacían desearla aun más. Casi al instante, Dhara dejó escapar su nombre en un grito, inundada por una sensación dolorosamente placentera, que la hizo temblar frenética en ese fantástico instante, que hasta le parecía pecaminosa…y le gustaba.

Ambos empezaron a gemir fuertemente y fue entonces cuando escuchó su nombre en un grito placentero, que Shaka no pudo aguantar más y apretando los glúteos, se derramó dentro de Dhara, que convulsionó entera al sentir el líquido caliente que la bautizaban como la mujer de Shaka. Lentamente se relajaron en el lecho, a pesar de que parecía que el aire se les acababa.

Dhara no pudo pensar en nada. Después de sentir aquella inexplicable y placentera sensación, no le quedó mas fuerzas que suspirar y cerrar sus ojos, sintiendo como su respiración y su ritmo cardíaco volvían a la normalidad. Lo último que vio antes de cerrar los ojos fue a aquel hombre que amaba desde hacía tiempo, tendido a un lado de ella, sonriendo victorioso y seguro tan cansado como ella…había sido un día muy largo para ella, desde el disgusto con Shaina, la alarmante noticia que le dijo Camus sobre ese horrible secreto, el enfrentamiento agotador cuerpo a cuerpo con los discípulos de Shaka, el encuentro encantador con la imagen de su maestro después de mucho tiempo sin verlo, las lágrimas que caían con cada verdad hiriente que salía a flote, las acusaciones verbales…todo eso valía la pena, todas aquellas fuertes sensaciones se disipaban con lo que acababa de pasar…simplemente era feliz, muy feliz.

::::::------------------------

El caballero de Aries retrocedió unos pasos al darse cuenta de lo que estaba pasando ante sus ojos. "¿¡Por un demonio! Que es…?"

Mu se había dirigido a la casa de Shaka para entablar una pequeña pero trascendente conversación con el caballero de Virgo. Tenía que recordarle su labor como anfitrión y el importante hecho que se realizaría en 5 días. Pero esa no era la principal razón por la que iba a visitarlo, tenía que mostrarle lo que había estado pensando últimamente…

Lo admitía, temía que Shaka cayera derrotado ante sus instintos: Mu siempre fue una persona bastante observadora y analítica y su sentido de indagación le señalaban que algo no estaba del todo bien con el caballero dorado de Virgo. Si, para fortuna de Shaka solo Mu había notado cómo el rubio cambiaba con el paso de los días y la confusión rondaba su semblante antes inmutable, a pesar de que éste tuviera los ojos cerrados. Sabía que aquella jovencita estaba logrando perturbar al único caballero que supuestamente no se alteraba con nada, debía hablar con Shaka y mostrarle su preocupación…

Pero desgraciadamente, había llegado tarde…muy tarde.

Mu bajó la mirada con decepción mientras negaba con la cabeza lo que acababa de ver, dio media vuelta dejando atrás la imagen del caballero más casto y auto-dominante, penetrando con fuerza a la chica de cabellos oscuros que se retorcía y bañaba la habitación con su olor y sus gemidos. La pareja estaba tan ensimismada en su acto impúdico que para su suerte no detectaron la presencia de un asistente.

Casi llegando a su casa, la primera de todo el Santuario, logró por fin articular palabra después de que un enorme sentimiento de lástima lo hubiera escoltado hasta la entrada de su casa.

--Shaka… Todos envidiaban tu fuerza de voluntad y mira hasta donde te llevó— suspiró el caballero de cabellos lila y deseó que no amaneciera nunca. Un error, Shaka había cometido el error más grande y maldito de toda su vida.

::::::------------------------

Él tampoco quería que amaneciera. A pesar de lo agotado que estaba, no podía o no quería dormir, por varias razones: quería disfrutar de ese último sueño hecho realidad, el último de su vida, si es que saldría vivo de ésta. Sus sienes le palpitaron y evitó pensar nuevamente, mañana sería otro día y podría ahora si, hacerse responsables de sus actos…de sus insensatos y veleidosos actos. Maldición…

Rodó a un lado de su cama y los pensamientos pasaron a un segundo plano al notar que no estaba solo, que no era un traicionero sueño lo que había pasado minutos atrás. Allí estaba Dhara, con su espalda desnuda para el y el olor de sus cabellos oscuros como esa noche filtrándose por sus sensibles fosas nasales. Acercó tímidamente su mano por uno de sus costados y se permitió acariciarla nuevamente. Inconcientemente su cuerpo se plegó al suyo, sintiendo nuevamente su necesidad latente.

Dhara se despertó confundida, no había nadie delante de sus ojos, sentía unas suaves caricias, un aliento en su nuca, el aroma varonil y la imponente anatomía acercándose con peligro y ansia. Pensaba tal vez que de seguro era una vez mas aquellos caprichosos y fraudulentos sueños, pero no, era la realidad, sentía a Shaka mas vivo que nunca detrás de ella, que hermosa y dulce realidad que era solo entre ellos y para ellos, sin nadie alrededor, sin ningún tabú o castidad, sin un mañana y sin consecuencia alguna.

No supo en que momento su cuerpo independiente de cualquier pensamiento tomó la pierna de Dhara hacía atrás para penetrarla sin mas con fuerza, actuando impulsivamente como pocas veces lo hacía, solo mientras estaba con ella. Dhara se quejaba, no tan adormecida, convulsionando al ritmo de las embestidas que se iban tornando rápidas a medida que la pasión del caballero crecía. No negaba que aún le eran dolorosas, hacía poco había dejado de ser una niña y aún no lograba acomodarse al tamaño de Shaka, pronto comenzó a gritar de placer y algo de dolor, sintiendo el cálido roce en la entrepierna que comenzó a latirle de tanta fricción. Shaka le tomó la cintura y la aprisionó mas hacia el, mordisqueando su hombre y cuello, a la vez que le golpeaba los glúteos con su pelvis cada vez mas brusca al embestirla. Aún no había terminado lo que había pasado entre ellos hacía un momento y viendo que Dhara no protestaba, continuó con sus acometidas. Su instinto animal lo movían como una bestia endemoniada, por la pasión, por el deseo, por todo lo que alguna vez fue deshonroso y prohibido en él. Ya eso no importaba, Dhara era suya, era su mujer, le pertenecía de ahora en adelante y ni la propia muerte los separaría, desafiaría a quien fuera por repetir aquel acto las veces que quisiera.

--Dhara…-- intentó hablar en medio de su perturbación, con su respiración entre cortada, aferrando firmemente la pierna de su mujer hacía atrás para consumar toda su pasión en una última, profunda y dolorosa penetración que hizo gemir a Dhara hasta sacarle algunas lágrimas de los ojos. Sin poder contenerse más, soltó un último grito al momento de eyacular dentro de la chica, que convulsionó entera al momento de terminar.

Dhara intentó abrir los ojos pero no puedo. Se tocó cuidadosamente la entrepierna, notando como chorreaban los jugos de ambos y le ardía como fuego. Estaba muy agotada como para voltearse y besar a Shaka, aunque tenía muchas ganas de hacerlo. Y ahora parecía que el hombre le leyera la mente, porque la ayudó a voltearse y posó un último beso en esos tiernos labios que se rendían presa del cansancio y el sueño.

Y Shaka por fin pudo dormir, aunque no quería hacerlo porque definitivamente la realidad era mucho mejor que en sus sueños.

::::::------------------------

La mañana había llegado. Los primeros rayos despertaron a el caballero dorado de Virgo, sin embargo, aún no quería levantarse de la cama y evitar el calor de aquella figura que permanecía inerte a su lado, en su pecho, cerca de su costilla izquierda para ser igual, debajo de su brazo para ser protegida y justo encima de su corazón para ser amada.

Casi con desconsuelo sintió aquel cuerpo levantarse paulatinamente de su letargo. Simuló seguir dormido, a pesar de todo no quería asumir el nuevo día que había llegado…el día después.

--Te amo Shaka— susurró impredecible casi en una súplica, y no pudo evitar sonrojarse al caer en cuenta de lo cursi que sonaron sus palabras. Aquellas palabras se colaron dentro de la coraza de Shaka y le movieron hasta el último sentimiento que encontró dentro de si: miedo a amarla, miedo a perderla, miedo a todo. Le dolía su sinceridad, saber que desgraciadamente las cosas no suelen salir como una las espera después de todo. Sintió como unos finos dedos acariciaban su brazo, haciendo que solo se sintiera peor. No sabía si lo que hizo fue lo correcto o no, solo sabía que no se arrepentía a pesar del miedo inmenso que sentía en su interior. No podría verla a los ojos y saber que moriría…en 4 días y que él solo imponente veía su destino incierto. ¡Que difícil era todo esto! Solo tenía 2 opciones: intentaría mostrarse insensible e indiferente con ella para que su partida no le afectara tanto, o simplemente disfrutaría los últimos momentos a su lado…

Dhara dejó de acariciar su brazo, encontrándose con que él tenía los ojos cerrados, pero aun no dormía. Shaka extrañó el contacto que le fue negado en su momento y procedió a hablar, para desconcierto de Dhara

--Anoche me odiabas—afirmó Shaka volteando su rostro inconciente hacia donde Dhara. Ella sonrió

--Eso fue anoche…-- respondió en un tono aparentemente inocente. Shaka se acercó y la besó levemente, dándole la espalda para dormir. Dhara arqueó las cejas indignada--Cielos Shaka…--- susurró la chica afligida, viendo como el hombre se encerraba nuevamente en su impasible y categórica coraza. Frunció el ceño, sentándose en su cama y cubriendo tenuemente con las cobijas de terciopelo sus senos desnudos. –Eres tan frío…-- no podía creer cómo ella era tan sincera y abierta con el, y sin embargo el no era así. ¿Qué le costaba decirle esas reconfortables palabras? Ahora tristemente se convencía de que Shaka no sentía absolutamente nada por ella. Shaka soltó una pequeña risa por el comentario y se incorporó en la cama. Abrió los ojos y pudo ver la espalda descubierta de Dhara que era tapada por las suaves hebras de su cabello negro. Shaka posó su mano en la espalda y alejó sus cabellos, mientras se acercaba y comenzaba a dar tiernos besos siguiendo un camino desde abajo hasta arriba por toda su columna. La piel de la mujer se erizó con cada beso depositado. Sus besos ahora llenaban sus hombros y su cuello, haciendo que ella se echara hacia atrás involuntariamente.

--Así que…--habló el rubio, lamiendo sutilmente con la punta de la lengua el cuello de Dhara --… ¿Soy frío? –besó lenta y tortuosamente su espalda, sin dejar ningún rincón libre de sus cálidos labios, Dhara cerró los ojos y sintió debilitarse con cada beso que se tatuaba en su piel, por eso no contestó. El hombre subió sus labios y su lengua por toda la espina dorsal de la chica, haciendo que se estremeciera y una descarga eléctrica se disparara. De un tirón quitó las sábanas que la cubrían con pudor, enroscando un brazo en su cintura y acercándola por detrás, para lamer nuevamente su cuello, pero ahora con mas pasión y mordisqueaba su lóbulo izquierdo. Ella permanecía esclava de sus caricias entre tiernas y calientes, entre suaves y fuertes, entre lentas y rápidas, Santo Cielo, ¡cómo la enloquecía, cómo lo deseaba!

Dhara se volteó para besarlo, sin embargo él la esquivó, aún quería tenerla presa de su tacto. Tomó su rostro con su mano libre y la miró fijamente a los ojos, notando su impaciencia, que horas atrás el mismo había sentido. Sonrió dulcemente, rozando apenas sus labios con los de ellas, Cómo le gustaba verla así, tan desesperada, rogando por sus besos, haciendo que lo desee mas, teniéndola a su disposición, así como ella solía hacerlo con el: era una venganza, una dulce y placentera venganza. Besó su mentón y se aferró a su labio inferior con ansia, besando luego sus mejillas, sus ojos, su frente, rozando la nariz con la suya y desesperándola aun más. Sin embargo ahora el desesperado era él, Shaka se dejó besar de ella, que lo atraía con firmeza, para no dejarlo escapar, soltando uno que otro quejido, sin dejar de desprenderse de aquel beso, en la que querían compenetrarse en cuerpo y alma, sintiendo un calor y una fuerza endurecerse en su entrepierna, sintiendo cómo la sangre de su cuerpo fluía para concentrarse especialmente en esa zona.

La deseaba, la amaba, la necesitaba, quería hacerla suya, nunca pensó encontrarse en esos momentos tan gratificantes e intensos con ella, se sentía feliz, realmente feliz. Dhara pasó sin querer una mano por el duro, palpitante y erecto órgano de Shaka, haciendo que rugiera incontrolablemente. Ambos se tensaron y sus respiraciones se agitaron nuevamente, se vieron a los ojos fijamente y comenzaron a besarse, inundados de la pasión, olvidando el pudor y la castidad. El húmedo contacto de su lengua agravó el deseo del caballero en vez de apaciguarlo. Shaka masajeó arduamente los senos de la mujer, mientras ella gemía su nombre en tono de ruego, ¡Como le gustaba cuando le imploraba de esa manera! Y cuando la sentía temblar y gemir, solo lo hacían descontrolarse y despertaba la bestia dormida del placer. Entonces, antes de que el deseo la inundara nuevamente, Dhara se puso frente de él, obligándolo a tenderse de espaldas en la cama.

--Lo eres…--Dhara respondió después de largo tiempo en tono de burla, con esa sonrisa traviesa tan particular y única que solo ella usaba, mientras mordía sus labios insinuantes y el cabello caía erótico sobre su rostro y sus pechos. Se montó entonces encima del absorto hombre que la detallaba con la vista, para besarlo profundamente, mientras acariciaba su duro y bien tallado pecho que respiraba con dificultad. Shaka recibió las caricias sin oponer resistencia, sintiendo como su cuerpo entero se estremecía mientras Dhara bajaba por su cuello y su pecho, mordisqueando todo lo que había a su paso, acariciando con sus manos los muslos del caballero. Shaka cerró los ojos con fuerza y se mordió el labio pero le fue imposible evitar gemir. No sabía cuanto tiempo permanecería cuerdo, y casi como si Dhara le leyera el pensamiento empezó a probar su miembro que mostraba toda su grandeza y majestuosidad. Shaka se contuvo para no acabar en ese momento, aferrando sus manos al colchón con todas sus fuerzas, la sensación de placer era demasiado intensa, mientras la muchacha sin pudor seguía con sus lamidas de arriba abajo, de abajo hacia arriba, algunas veces con la punta y otras con toda su lengua, haciendo ruidos para provocarlo a que la mirara. Shaka jadeaba fuerte y arqueaba la espalda con cada roce, ahora sentía que Dhara le estaba pagando todo el placer de la noche anterior. El sudor corría por su rostro, y fue una gota la que cayó en su ojo y lo indujo a abrirlos completamente y mirarla: la sola escena de la chica entre sus piernas, intentando introducir todo su miembro en su sensual boca lo hizo temblar incontrolablemente, deseando poder levantarla y penetrarla de una vez por todas, estaba tan pasmado que ni siquiera podía hablar, ni moverse, solo emitía ruidos ahogados e incomprensibles. Quería decirle que se detuviera, que ya no podía soportarlo más pero no era capaz de hacerlo. Dhara se detuvo, ella tampoco quería que todo acabara tan rápido. Cruzaron las miradas mientras Shaka intentaba normalizar su respiración, fueron unos segundos en los que sus ojos expresaban lo mucho que se necesitaban, Shaka no aguantó más y se abalanzó hacia ella, acostándola en la cama e incorporándose encima de ella, ya no podía mas, la haría suya nuevamente…

--SHAAKAAA, ¿estas ahí? – una voz chillona diferente de la de Dhara se escuchó cerca de su habitación. El rubio abrió los ojos lo más que pudo, mientras que Dhara lo miraba asustada, empujándolo al lado para que se tendiera en la cama. Dhara rápidamente tomó la sábana y se cubrió de pies a cabeza, y Shaka se ponía torpemente los pantalones de lino blanco, para levantarse y colocarse junto a la puerta sin abrir. Refunfuñó molesto, ¿quién era el imprudente que los estorbaba a las esas horas de la mañana? Y mas aún, que lo interrumpían cuando estaba a punto de…

--¿Que necesitas Kiki? –preguntó no muy amable, desde la puerta de su habitación, notando que aquel discípulo revoltoso de la casa de Aries podría llegar a ser una completa molestia.

--Bueno…es solo que… ¿estás bien? –preguntó el chiquillo pegando su oído del otro lado de la puerta que aún permanecía cerrada –Es solo que te he escuchado quejarte mucho y gritar, como cuando Aioria grita cuando está con Marín…--se mostró preocupado y reflexivo el pequeño, haciendo que Dhara a pesar de lo enojada que estaba, tapara su boca evitando reír por su inocencia –'Que está caliente, que esta ardiendo, que no puede mas'—hablaba el pequeño imitando la voz del caballero de Leo, y suspirando preocupado --Pobre Aioria, Marín como que no es buena enfermera y no sabe controlarle la fiebre—el chiquillo no paraba de hablar y Shaka gruñó algo fastidioso, a lo que Kiki decidió no alargarse mas en las explicaciones –¿Seguro que estas bien? –

--Si, fue solo una pesadilla—contestó sin muchas ganas el caballero 'Si mi única pesadilla eres tu mocoso inoportuno' --¿Qué necesitas Kiki? –preguntó nuevamente Shaka, tenía asuntos mas que importantes para arreglar.

--Es que hoy es la reunión con el Patriarca, y están preocupados porque es la hora y aún no has llegado…—Shaka puso una mano en su frente con dificultad, había olvidado aquella cita tan importante.

--Dile al Patriarca que voy enseguida, puedes retirarte—comentó Shaka preocupado, y a pesar de lo asustado que estaba (diablos, era la primera vez que llegaba tarde a algún evento, y encima de eso los castigos por impuntualidad no le gustaban para nada) aún así su lujuria no había bajado en lo mas mínimo. Volteó su rostro y vio que Dhara entristecida envolvía su cuerpo en las sábanas, para irse de aquel cuarto. Sabía que el tema principal de la reunión era ella, su maldición, su muerte…y por primera vez en toda su vida, Shaka le esquivó la mirada, agachando el rostro con aflicción, para no tener que toparse con sus acusadores ojos oscuros. Dhara sintió sus ojos nublarse, pero volteó el rostro para salir de la habitación sin verlo, sin ver los ojos azules de su asesino.

Shaka quedó inactivo recostado al marco de la puerta, notando el reflejo de la mujer que le pasaba por al lado… ¡Cómo le dolía todo esto!, ahora que había descubierto lo mas cercano al paraíso ya no le importaba ser la reencarnación de Buda, ni de Mahoma, ni de cualquier otro Mesías, solamente ansiaba estar en un universo alterno, en el que él viviera junto con Dhara por toda la eternidad. Salió de sus pensamientos abruptamente, sintiendo un dolor en su parte baja, debía darse prisa para llegar pronto a la reunión y darse un rápido baño con agua fría que lograría calmar sus ansias, o al menos hasta que volviera.