-¡Ya dije que no! – grité azotando la puerta del cuarto.

-Bella, por favor – dijo Edward tratando de abrir la puerta – No entiendo porque esta discusión cada vez. Somos adultos y yo creo que podemos discutir sin necesidad de gritar y llegar a una decisión – no dije nada y él siguió intentando abrir la puerta – Bella abre la puerta, también es mi habitación.

No respondí, me fui a la cama y me recosté. Ya teníamos dos años de casados, todo había sido maravilloso hasta hace unos pocos meses. Edward y yo teníamos un trabajo en el hospital principal de Phoenix, estábamos juntos para todo. Nos gustaba lo que hacíamos y éramos buenos en ello. Pero los últimos meses Edward no dejaba de insistir en que tuviéramos un hijo, no es que me desagradara la idea; es solo que no me sentía preparada para ser madre, para tener la responsabilidad de una vida. Tal vez era que trabajaba con niños doce horas diarias. Yo estaba en el área de Pediatría y Edward en medicina general.

Todo comenzó cuando Edward conoció a Elizabeth, la segunda hija de Alice y Jasper. El primero había sido hombre y le habían puesto Anthony en honor a Edward. Debía admitir que era la bebé más hermosa que había visto jamás, pero no estaba lista para tener hijos.

-Bella abre la puerta ahora mismo o te juro que dormiré en la sala para siempre – su amenaza era la misma de todas las noches.

-¡Pues hazlo! – le grité ya muy irritada.

-¡Bien! – Edward nunca gritaba, debía estar realmente enojado. Pero mi orgullo era más grande como para dejarlo ganar.

Habíamos estado teniendo la misma discusión desde el mes pasado que nació Elizabeth. Siempre terminábamos del mismo modo: quitaba el seguro de la puerta, él entraba unos momentos después y se disculpaba. Por lo general terminábamos haciendo el amor o cuando estábamos cansados solo nos abrazábamos y dormíamos.

Me metí a la ducha tratando de relajar mis músculos, a lo lejos escuché como Edward acomodaba el sillón para dormir en el. Me puse mi pijama y antes de acostarme quité el seguro de la puerta. Me quedé despierta esperando a que llegara. Pasaron dos horas y él no llegó, por lo general no tardaba más de media hora. Pensé en ir por él, pero de nuevo mi orgullo era más grande; después me venció en sueño y me quedé dormida.

Cuando desperté vi que Edward no se hallaba a mi lado. Salí de la cama y lo busqué, pero tampoco estaba en el sillón. Las cosas que había utilizado estaban en orden encima del sillón. Comencé a buscarlo en la casa.

-¿Edward? – me asomé en la habitación de estudio y en el baño y no estaba - ¿Edward?

Mi mente comenzó a trabajar rápidamente y empecé a pensar en la opción de que se hubiera cansado de insistirme y que hubiera ido a buscar a otra mujer para que le diera los hijos que yo AUN no le quería dar. Cuando no lo hallé en ninguna habitación comencé a respirar pesadamente, el aire me faltaba. Me senté en el sillón donde él había dormido. Me dejé caer y cerré los ojos. Mis lágrimas comenzaron a salir junto con mis sollozos.

-¿Bella, que tienes? ¿Te sientes más? – oí como cerraba la puerta y se acercaba a mi – Bella dime que te pasa, ¿Te duele algo? – el corazón pensé para mí.

Abrí los ojos y lo vi frente a mí con el ceño fruncido tocando mi frente. Lo abracé por el cuello y comencé a sollozar más fuerte. – Oh Edward lo siento tanto, te daré los hijos que quiera pero por favor no me dejes.

-¿Por qué crees que te voy a dejar? – dijo abrazándome por la cintura con un brazo, con su mano libre comenzó a hacer círculos en mi espalda.

-Porque no quiero tener hijos aun – se sentó en el sillón y me puso sobre su regazo. Escondí mi cara en su pecho.

-Eso es una estupidez Bella, no te dejaría por eso – guardó silencio por un rato. Me abrazó mas fuerte contra él – No te dejaría por nada en el mundo. Me entristece un poco el hecho de que no quieras tener hijos conmigo, pero no por eso te voy a obligar a nada. ¿Me perdonas por ser tan insistente? Cuando creas que estás lista me dices, solo ten en cuenta que tengo 25 año y quiero ser padre antes de los 30. – Dijo tratando de bromear.

-Gracias – me separé de él para verlo a los ojos – Te amo

Él sonrió un poco, pero en sus ojos se reflejaba su tristeza – Yo también te amo

Normalmente en estos momentos era cuando me besaba y todo quedaba olvidado, pero no lo hizo sino que me puso sobre el sillón y él se fue hacia el baño. – Tomaré una ducha, tenemos trabajo.

-¿Quieres que te acompañe? – le dije lo más seductoramente posible mientras lo abrazaba por la cintura.

-No, está bien. Tenemos algo de prisa, ya es tarde. – se soltó de mi agarre y se metió en el baño.

Nunca antes había rechazado una ducha conmigo, de verdad estaba molesto. Mis lágrimas comenzaron a caer de nuevo, pero me las limpié antes de que saliera del baño. Nos subimos al auto, que era un volvo (regalo de bodas de parte de Carlisle), y nos fuimos en silencio al hospital. No dijo nada en el camino y me estaba volviendo loca, así que decidí romperlo.

-¿Dónde estabas esta mañana?

-Fui a comprar un café – dijo algo tajante.

-Edward ¿Qué tienes? No me gusta que estés molesto conmigo – le dije mientras ponía mi mano en su mejilla.

-No estoy enojado, solo… - trató de buscar la mejor palabra – sentido, supongo.

-¿Por qué?, ¿es acaso por lo del bebe?

-En parte – creí que iba a continuar pero no lo hizo.

-No te entiendo Edward, dímelo

-Es sólo que veo lo feliz que es Jasper, y lo envidio. Y no puedo creer que pongas tus prejuicios delante de mis necesidades. Sé que esto suena realmente egoísta de mi parte, pero nunca había querido algo tanto como ahora. Claro aparte de casarme contigo.

-Pero… - no sabía que decir, tenía razón.

-Ya no tiene importancia, hablaremos después ¿de acuerdo? – se bajó del auto y después abrió mi puerta. Entramos en el hospital y cada quien se fue a su sección. Normalmente nos despedíamos con un beso, pero esta vez de nuevo el me evadió.

El día fue bastante largo, sin mencionar que no vi a Edward en todo el tiempo. Siempre solíamos desayunar en el tiempo libre que teníamos, pero al parecer ese día el amigo de Edward le había pedido que lo sustituyera. Estuve todo el día pensando en lo de los hijos, decidí que era hora de tener uno. Me fui temprano del hospital sin que Edward se diera cuenta, le dejé una nota en su escritorio. Llegué a casa y nos pusimos a alistarla como quería, puse velas y me puse el vestido más sensual que tenía. Esa noche trataría de embarazarme. Edward me estuvo llamando el resto de la tarde, supongo que para preguntarme que me había sucedido, pero no le contesté porque no quería arruinar la sorpresa.

Estaba preparando la cena cuando escuché que alguien abría la puerta - ¿Bella? – era Edward – Amor ¿Qué paso, te sentiste mal?

Salí de la cocina, cuando me vio tragó saliva sonoramente - ¿Te gusta? – le dije dándome la vuelta para que me viera.

-Te ves hermosa, ¿a qué se debe? Si puedo preguntar

-Estuve pensando todo el día acerca de lo que hablamos esta mañana, y he decidido que quiero intentarlo. No sientas que eres egoísta porque no lo eres, yo sé que lo deseas y por eso te lo voy a dar. Yo también lo quiero.

Se acercó a mí y me tomó de la cintura – No tienes que hacerlo por mí, solo cuando creas que estás lista.

-Lo estoy – lo abracé por el cuello y lo besé. Poco a poco lo fui jalando hasta introducirlo en la habitación. Lo recosté en la cama y quedé encima de él.

El se separó y me miró a los ojos - ¿estás segura Bella?, recuerda que no es cosa de juego, en serio no me importa esperar.

-Shh, solo hay que intentarlo. – Lo besé y continuamos nuestra labor de engendrar un hijo.

¡Hola! Estoy de vuelta, lo se lo siento mi tonta escusa es que: SOY HUMANA. No puedo dejar de escribir cuando las ideas están tan frescas y rebotando en mi cabeza. Lo más seguro es que no actualice tan seguido como con el de Amor en la escuela de Medicina, pero no lo botaré, juro que lo terminaré pero pido paciencia.

Espero que les haya gustado el primer capítulo. Dejen reviews.

Los personajes son de Stephenie Meyer.