Aquí ando yo con esta nueva locura de Fic, es obvio que no la voy a actualizar muy temprano, ya que tengo un Fic más y otro que traducir y échenle encima exámenes finales, preparación para la Universidad y con eso obtienen una bomba atómica jaja. Pero bueno, les dejo la Introducción y el primer capítulo, estos desde el punto de vista de Bella.

Twilight pertenece enteramente a Stephenie Meyer, yo sólo me divierto cambiándoles la vida a sus personajes.

Disfruten…

Crecí en un pueblo pequeño,

Y cuando la lluvia caía

Miraba desde mi ventana

Soñando con lo que podría ser

Y si al final sería un final feliz.

"Break Away" Kelly Clarkson.

-INTRODUCCIÓN-

¿Qué sucedería si un día todo lo que creías conocer no era más que pura mentira? Tu vida daría un giro de ciento ochenta grados, eso es seguro. Lo difícil sería… ¿Seguirías adelante o renunciarías a aquello nuevo a lo que estas destinado?

SANGRE AZUL.

Hoy era el día de mi décimo octavo cumpleaños. El día estaba lluvioso. Nunca lo hubiera tomado como un presagio, al contrario, estaba acostumbrada al clima lluvioso de la Península Olímpic, y es que en Forks los días soleados son pocos sino es que a veces escasos.

Mi nombre es Isabella Marie Swan, pero prefiero simplemente Bella, sólo Bella. Odio mi nombre a muerte, este fue lo único que heredé de mi madre, a parte de algunas apariencias físicas, antes de que se fuera para siempre de nuestras vidas, de la de Charlie y la mía. Charlie es mi padre, trabaja como el Jefe de Policía del pequeño Forks, el pueblito en donde me críe desde los cuatro años, según recuerdo. Aquí conocí a mi mejor amiga: Angela Webber, la única que tengo, por cierto. Ya que no soy el tipo de chica con alta vida social, si me llevo con todos, algunos se meten conmigo, pero no me importa. Muchas chicas de mi colegio piensan que por tener el pelo rubio, ojos azules y un cuerpo de infarto son capaces de tener al mundo a sus pies, un ejemplo… Lauren Mallory. Esta chica me odia a muerte, desde que tengo uso de razón no para de propinarme insultos o criticarme sobre mi forma de vestir o por si soy muy torpe, lo cual es cierto, pero no tengo intención alguna de cambiar. Por eso me trago lo que me dice y sigo mi camino.

-¡Feliz Cumpleaños!- exclamó Angela en cuanto me bajé de mi trasto. Una camioneta Chevy de los años 50.

-Ni me lo recuerdes- gruñí, por lo que ella rió.

Angela al igual que yo es el tipo de chica promedio, ya saben cabello castaño, ojos cafés y tez pálida. La diferencia es que ella tiene rasgos más indígenas, el cabello enchinado y es un poco más morena que yo, debo agregar que soy un poco más alta que ella, pero su cabello esponjado lo arregla todo. Yo por mi parte mido un metro sesenta, mi cabello es castaño oscuro siempre con frizz por la humedad, ojos castaños ocultos tras mis gafas de lectura que llevo la mayoría del tiempo y pálida cómo un vampiro, cómo suele decirme Angela.

-Anda ya señorita cumpleañera, vamos que sino el profesor Mason nos va a mandar a detención antes de que se terminen las clases.- bufé una vez más y maldije internamente a mi profesor de Lengua y Literatura con el que teníamos por lo menos dos horas esa mañana.

¡Arg, menudo regalo de cumpleaños!

Al llegar al salón de clases había un gran grupito de chicas reunido alrededor de Lauren Mallory, esta sostenía la última revista del momento. Rodé los ojos, no entendía que le veían de bueno a las revistas de chismes… ¡Siempre mienten!

-… y así una vez más falsa alarma para el heredero al trono inglés- escuché leer a Lauren.

-¡Qué suerte!- rió Jessica Stanley a su lado- El príncipe de Inglaterra debe de estar aterrado cada vez que se presenta una impostora en Mónaco- añadió.

Reí internamente, ¡cómo si fuera a conocerlo algún día! Lamentablemente los príncipes más cercanos son siempre los de los cuentos de hadas, eso siempre lo supe. Papá me contaba muchas de niña, incluso me llamaba princesita, y a veces aún lo hace, lo cuál es horrible. Créanme.

-Parece que el Príncipe Inglés nunca va a encontrar a su Princesa- rió Angela mientras nos sentábamos- ¿Te imaginas vivir en un palacio?

-Seguro- le dije- Y también me imagino siendo perseguida a muerte por los paparazzis- ambas reímos, Angela dio un suspiro.

-Pero admítelo el Príncipe ese esta muy guapo- me miró con ojos de ensueño, me reí.

-Nunca en mi vida he visto una foto de él- le aseguré- No acostumbro a leer revistas y menos ver noticias- Angela me miró como si tuviera tres ojos en la cara y manos palmeadas.

-Es broma ¿cierto?

-No lo creo- le dije.

-¿No conoces al Príncipe E…?- la frase de mi amiga quedó inconclusa en cuanto el Profesor hizo acto de aparición.

-Buenos días clase- llamó con su odioso acento sureño.

-Buenos días Señor Mason.

-Hoy veremos Romeo y Julieta- anunció, gemí por lo bajo.

Me sabía casi de memoria aquella bendita obra. Me gustaba, pero nunca me gustaba lo que Mason pensaba sobre la trama de la obra y menos sobre el tema del romanticismo en esta.

-¿Quién me puede decir por qué el fraile accedió a semejante barbaridad de casar a estos dos jóvenes?- preguntó rodé los ojos mientras este miraba a la clase.

Sus ojos por suerte se posaron en Mallory, quien no fue lo suficientemente rápida para guardar su bendita revista con información de aquél principucho de cuarta,

-Señorita Mallory ¿Podría decírnoslo usted?- hice nota mental de pedirle a Charlie de regalo un celular con cámara, para que la próxima vez pudiera por lo menos tener una fotografía de Lauren con la cara roja de ira y vergüenza.

-Porque… por… ¿Por qué no mejor se lo pregunta a Swan?- me miró con odio- Al fin y al cabo ella se sabe todas y cada una de las novelas de Sheakespire- apreté mis puños para contener las lágrimas de ira que se iban apoderando de mí, Angela me miraba con preocupación.

-Por ello tiene un uno señorita Mallory- a la idiota se le cayó la mandíbula al oír su nota, tuve que hacer un esfuerzo muy grande para no brincar y gritar a todo pulmón en la clase.- pero tiene razón… señorita Swan, demuestre que usted si ha leído a Sheakespeare.

Maldije internamente y tomando una bocanada de aire, para aliviar mi tensión pasada, comencé mí… discurso.

-El fraile accedió a casarlos porque veía que con este matrimonio los problemas de Verona se verían solucionados…

El resto del día fue el clásico de siempre. Una hora en Trigonometría, la muerte para mí. Historia, luego el almuerzo donde el grupo de Mallory y Stanley se la pasaron hablando de los últimos chismes del colegio, haciendo sentir mal a bastante gente, incluso a mí. Biología no estuvo tan mal, pero lo que acabo siendo mi martirio personal fue Gimnasia. Odiaba gimnasia a muerte debido a mi falta de coordinación y a la tendencia de lastimar a los que se ponían en un radio de un metro de distancia cerca de mí. Gracias a Dios Ben Chenney, el novio de Angela, siempre estaba ahí para cubrirme, pero aún así nunca cazaba una.

Ben es un tipo muy bueno, en cuanto se puso de novio con Angela supe que terminarían lejos, me sentía feliz por mi amiga, pero aún así no podía dejar de sentir un poco de celos ante ello. Es que yo nunca en toda mi vida había tenido a alguien a mi lado, y no es que lo necesitara, pero… creo que leer demasiadas novelas termina afectando el cerebro de uno.

-¿Qué vas a hacer mañana?- quiso saber Angela en cuanto nos alcanzó a Ben y a mí fuera del gimnasio.

-No lo sé. Tal vez hacer la colada…

-¿Quieres ir al cine?- me preguntó- Así celebramos tu cumple…

-¡Oh, qué encantador!- la voz nasal de Lauren resonó en el pasillo que daba a la salida- La Ugly Swan cumple años…- apreté los puños para no saltarle encima.

-¿Se te perdió algo Mallory?- quise saber.

-No, sólo quería decirles lo patéticos que se ven las parejitas que invitan a los amigos solteros a acompañarles al cine…- me miró con fingida lástima- ¡Me dan tanta pena!

Rodé los ojos y seguí caminando, Angela y Ben me siguieron a la salida. El aire fresco golpeó de lleno mi rostro, aliviando el enojo que traía encima.

-¿Qué rayos ha sido eso?- exigió saber Angela- Por primera vez en años no saltaste a Lauren como un león a su presa diciendole todas sus verdades en la geta…

-Me cansé de sus niñerías- dije encogiéndome de hombros.

Pero aún así Angela y Ben me miraban como si estuviese loca. No es que no lo estuviera ya ¿verdad? Pero… hoy debía de estarlo más que de costumbre. Nunca abandonaba el colegio temprano después de gimnasia, menos si Lauren estaba cerca, debido a las múltiples detenciones que me ponían por gritarle a la oxigenada esa o a su séquito de zorras andantes. Pero hoy todo parecía vuelto al revés.

Me despedí de mis amigos, asegurándoles que iba a ver si mañana saldría con ellos a Port Angeles. Pero muy dentro de mí sabía que eso no iba a suceder, odiaba con ganas ser la amiga metida.

Llegué a casa antes de que empezara a llover de nuevo. Me extrañó ver el carro de Charlie en la puerta y más aún el Mercedes estacionado junto a este. Tenía un mal presentimiento, algo no andaba bien.

Lentamente caminé hacia la puerta, me sentía como en una película de terror, más por el ambiente lloviznoso y el trueno que resonó a mis espaldas en cuanto abrí por fin la puerta de casa.

-¿Papá?- le llamé.

-¡Bells!- Charlie apareció precipitándose hacia mí, me abrazó como si la vida se le fuera en ello.

-Esto… papá- le llamé, me estaba extrañando el comportamiento de Charle, ya que nunca ninguno de los dos mostrábamos tanto nuestras emociones. Se podría decir que teníamos una mente personal- aire…- fue lo único que pude decir.

-Lo s…siento- miré a mi padre confundida, lo que vi me dejó sin habla ¡Charlie estaba llorando!

-¿Papá que…?

-Tu debes de ser Isabella Marie Swan de Grimaldi- una voz formal dijo detrás de nosotros.

Una mujer mayor, aproximadamente rayando en los sesenta, con el pelo castaño claro, un tanto bajita, ojos color miel y piel pálida arrugada en algunos lugares. Tenía toda la pinta de ser una de esas viejas de la alta sociedad.

-Si- dije sintiendo mis mejillas arder, la mujer sonrió aún más.

-Isabella…- suspiró- Ha pasado tanto tiempo- la miré confusa- Isabella yo…

-Bells esta mujer es tu abuela, la madre de Renée- esbozó una mueca al decir el nombre de mi mamá. Una ola de ira se apoderó de mí.

-¿Qué quiere?- pregunté con el mejor tono que pude.

-No te enojes Isabella, yo se que vas a entender una vez de que te explique…

-¿Qué me explique que?- pregunté irónica -¿Por qué mi madre nos abandonó?

-Bella…- papá me apretó el hombro, yo le miré sin podérmela creer- escucha a tu abuela, es hora de que te enteres de toda tu historia familiar…

-Pero…

-Escucha- con su mano libre me acarició la mejilla, su rostro denotaba tristeza infinita.

-Cómo recordarás fuiste separada de tu madre a los cuatro años- comenzó la señora- Verás Isabella tu madre se escapó cuando tenía tu edad, se casó en secreto con tu padre, pero luego de cuatro años decidió volver con su familia…

-¡Nosotros éramos su familia!- la interrumpí, con lo que gané un apretón en el hombro, nada agradable, por parte de mi padre. Bufé para dejarle continuar

-En diciembre del año en que cumpliste cuatro años,- siguió la mujer- tu madre por fin se digno a regresar, cuál fue la sorpresa de la familia que tu madre nos había bendecido con tu nacimiento. Tu padre y tú la acompañaron…

-No lo recuerdo- murmuré enojada. La mujer me miró fijamente- No puede esperar que no diga nada si suelta algo así- añadí en mi defensa.

-Es cierto Bells, acompañamos a tu madre a Mónaco.

¿Mónaco? ¡Eso queda en el Mediterráneo! ¿Por qué la única salida que tuve del país no la recuerdo para nada? La vida si que no es justa.

-Bien, ¿podríamos pasar a sentarnos a la sala?- preguntó la vieja a mi padre, que asintió levemente.

Todo este tiempo habíamos estado parados en el pequeño recibidor. Me senté al lado de Charlie en el único sillón de dos plazas mientras la señora se sentaba en la vieja mecedora, que por cierto era ocupada siempre por…

-¡Jake!- mi perro llegó desde la cocina batiendo su enorme cola en señal de bienvenida, no sin antes mirar con recelo a la señora que le había quitado su lugar.

-Bueno…- suspiró la mujer, al parecer Jake le ponía incómoda y no era para menos, mi perro parecía un lobo enorme- Te decía que ese diciembre nos bendeciste con tu llegada. Debes saber que nuestra familia no es precisamente una familia normal…- me miró seria.

-Ya lo creo- dije irónica- ¡Somos los Locos Adams!- papá hizo un esfuerzo considerable para confundir su risa con una tos.

-No es una broma Isabella- me reprendió la mujer- ¿Has oído hablar del Principado de Mónaco?- la miré confusa- Isabella… ¿Sabes de qué color es tu sangre?

-¿Roja?- pregunté sin pensarlo, Charlie estaba tenso.

-Tu sangre Isabella es sangre pura- seguía sin entender a qué se refería- Nosotros los Grimaldi somos los encargados de llevar adelante a Mónaco.

-Sigo sin entender.

-Isabella eres la princesa de Mónaco- me quedé quieta unos segundos acariciando a Jake detrás de las orejas, para luego empezarme a reír.

-¡Qué chiste tan malo!- reí- Casi me la creo, ¿dónde están las cámaras papá?- miré a Charlie, estaba serio- ¡Oh, vamos papá, sabes que muero por ver a Ashton Kutcher! ¿Dónde metiste a los de MTV?

-Bells- me llamó- No es una broma, no hay cámaras de MTV, eres la princesa de Mónaco.

-Mierda- solté sin siquiera preocuparme por la presencia de la… de mi abuela.

-Isabella sé que es algo inesperado, pero tu madre fue la que no quiso que supieras de esto hasta este día. Por catorce años te buscamos, sólo tu madre sabía tu paradero…

-¿Pero cómo…?

-Tu madre falleció hace unos meses atrás, en su testamento venía tu paradero- la mujer sacó del bolsillo de su saco negro un sobre blanco, la caligrafía era pulcra y tenia mi nombre- Quería que tuvieras esto, en ella explica el por qué se alejó de ustedes.- tomé la carta con cuidado, mi cuerpo temblaba ligeramente, pero era debido a la mucha información y poca asimilación que estaba teniendo sobre esto que me estaba pasando.

-Simplemente no puede ser, se debe de estar equivocando yo no…

-Eres una Grimaldi- me aseguró de nuevo mi abuela- si no me equivoco en tu muñeca izquierda posees una extraña marca de nacimiento- yo me tensé, era cierto, ahí en mi muñeca izquierda tenía una extraña marca en forma de media luna que siempre me había gustado, de chica pensaba que me había mordido algo- todos los Grimaldi la poseemos- se remangó su abrigo y me mostró su muñeca izquierda, ahí tan clara como la mía estaba una media luna perfecta.

-Yo…- mi voz tembló, pero no pude seguir, las lágrimas comenzaban a amenazar con salir de mis ojos.

De un brinco me incorporé y salí corriendo de allí, necesitaba aclarar mis ideas. Por ello ni me molesté en volver mi vista atrás cuando Charlie y aquella mujer me llamaban a gritos. Corrí por la senda del bosque que daba a mi casa. Charlie me había enseñado desde chica cada nombre de los árboles y a distinguirlos para no perderme, pero ahora bajo la incesante lluvia y la mortecina luz del Crepúsculo no me importaba seguir o no la ruta, sólo quería aclarar mis ideas, entender lo que pasaba.

Pronto me detuve junto a un árbol caído, me dejé caer encima de él y con manos temblorosas abrí el sobre que mi abuela me había entregado.

Para mi Principessa Bells.

La letra de Renée era prolija, sabía que era de ella pues tenía aún la carta que me había escrito cuando se marcho. Esta constaba de un párrafo carente de emociones y sentimientos donde lo único que me pedía era no olvidarla, estar a salvo y que algún día la perdonara cuando entendiera el motivo de su marcha.

Se me formó un nudo en la garganta.

Bella:

Han pasado muchos años desde mi marcha, eso es seguro pues sino no poseerías esta carta. Me dolió mucho no poder verte crecer, pero debía hacerlo. No quería que tuvieras una vida como la mía, quería que fueras libre, capaz de decidir lo que querías de tu vida. La última Navidad que pasamos juntas fue en Mónaco, pensaba que mi familia me apoyaría con tu nacimiento y que se olvidarían de todo el tema en que la sangre de la realeza era lo primordial, pero me equivoqué una vez más. No dispuesta a perderte le pedí a Charlie que se fuera contigo y yo me quedaría en Mónaco, con un poco de suerte las cosas se olvidarían.

Seguro te preguntarás por qué no quería que vivieras lo que yo. Verás tu tío y yo crecimos rodeados de riquezas y lujos. Por suerte mi hermano, tu tío Rupert, sería el heredero de la corona, dejándome a mí en segunda línea; pero la historia no acaba ahí. Como en toda corona los príncipes y princesas no pueden decidir sobre sus vidas, cuando yo tenía tu edad me enteré de que mi familia tenía una especie de arreglo con la corona inglesa, donde ellos aceptaban casar a una de sus princesas con el futuro soberano de Inglaterra. Por ello huí con tu padre, tenía miedo de que me obligaran a hacer algo que no quería, a pesar de haber sido en algunas cosas feliz en Mónaco.

Cuando naciste Dios me bendijo. Eras mi tesoro, mi sol. Por ello cuatro años después cuando regresé a Mónaco contigo mi familia vio en ti lo que buscaban: la alianza con Inglaterra, ya que como sabrás Mónaco es un país sumamente pequeño en el Mediterráneo, ya nos habíamos independizado de Francia por completo, pero países vecinos nos siguen viendo con ojos expectantes, de ahí que necesiten la alianza con un país algo más poderoso.

Hija, sé que cometí error tras error. Pero sé que serías una buena princesa, creciste con otros principios, eres tan terca como Charlie y yo juntos. Eres una Swan Grimaldi.

Tu destino según elijas pueden ser dos opciones, y no quiero que decidas bajo presión, porque si mi madre llega a presionarte juro que me levanto de mi tumba y la mato. Tienes dos caminos o seguir con tu vida (en la que yo confié a Charlie, para que crecieras como una joven normal) o cumplir como una Grimaldi apoyando a la familia y a tu primo (próximo Rey), la decisión será tuya.

Siempre te quise. Siempre te querré. Te amo.

Mamá.

PD. Si algún día decides ir a Mónaco encárgate de buscar en la Biblioteca del palacio el viejo libro de "Cumbres Borrascosas", mi favorito, en él encontrarás algo que he dejado para ti. Nunca me olvides.

Una lágrima rodó por mi mejilla. El viento frío me pegaba en la cara y me hacía temblar, debido a que estaba mojada por la lluvia.

Así que mi destino… Era irónico, esta mañana me había levantado siendo la nerd Swan o la Ugly Swan como me decía Mallory, y ahora era… ¿la princesa de Mónaco?

Me sentía como salida de una película de Disney. Para ser exactos ahora entendía a la perfección a la pobre Princesa Mía del Diario de la Princesa, esto de enterarte que tienes que dirigir un país, que lo tienes que salvar… porque eso es lo que tengo que hacer… es algo fuera de serie.

La cabeza me daba vueltas. ¿Qué debía hacer? No me querían presionar, no me querían hacer decidir mal. Pero… ¿Cómo saber que es lo correcto? En mis manos estaba el futuro de un pequeño país, al cual habré oído mencionar pocas veces en la clase de Historia, que necesitaba de esa alianza con Inglaterra. Entonces me puse a pensar en los acontecimientos del día y recordé… ¡Hoy habían hablado de el Príncipe de Inglaterra! Habían dicho que varias impostoras habían llegado a Mónaco haciéndose pasar por… mí.

Fue entonces que tomé mi decisión. Una vez que tomo mis decisiones nunca hay vuelta atrás, lo sé soy cabezota. Pero este es un peso muy grande, y un futuro depende de mí. Es irónico saber que la sangre que corre por mis venas haciéndome sentir tan segura, sea azul.

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Bueno… ya saben qué hacer para que continúe ¿cierto? ¡REVIEWS!

XOXOX

Aye436