Hello there strangers!

¿Me extrañaron? Yo sí. Aunque sé por sus comentarios que a varios les molesta mi tardanza tanto que por ello han llegado a insultarme, a esa(s) persona(as) déjenme decirles que solo me dan lástima, insultándome no llegaran a hacer que actualice ni de casualidad, ya les había comentado que por este tipo de insultos que hay a grandes cantidades en el fandom decidí tomar distancia durante un tiempo el año pasado, ¿quieren que vuelva a hacerlo? Por mí no hay drama, no me molestaría dejar todo en ascuas si eso significa que no me van a insultar. Valoro que les guste lo que escribo, con creces y me hacen inmensamente feliz, pero… háganlo con respeto. ¿O es que acaso yo les he faltado el respeto? ¿No procuro actualizar aunque tarde la vida? La vida real no es fácil, todos tenemos problemas, igual que a todos nos gusta leer, pero… respeten. Por algo se creó el Team ACIF.

Lamento demasiado mi tardanza, la vida real a veces puede ser abarcadora y lo malo de esto es que quiero tener tiempo de escribir tanto mi novela como mis fics y no lo encuentro.

Por ello decidí darme un tiempo libre, porque este mes se me viene con muchas presiones –me acabo de mudar y voy a empezar el tercer año de la facu. Así que decidí distraerme un rato escribiendo de mi princesa favorita y su príncipe "encantador" XD

Recuerden lo siguiente: nunca voy a dejar de escribir hasta llegar al final. Adoro demasiado a estos personajes como para dejar su historia varada en la nada. Y por si fuera poco, me encanta saber que están allá atrás de la pantalla disfrutando de las palabras que hacen jugar a los fantásticos personajes de Stephenie Meyer y que son simplemente producto de mi imaginación desbordada.

Agradezco su tiempo y espera, gracias por estar.

Enjoy!


Disclamer: Los personajes de Twilight© son propiedad de Stephenie Meyer, yo sólo soy la dueña de… ¿mi póster de Robward? Pfff… Lástima que sólo es un póster.


"[…] Edificios con centenar de pisos,

Oscilando alrededor de puertas giratorias,

Que tal vez no sé a dónde me lleven, pero

Tengo que seguir, tengo que seguir

Y volar, escapar… […]"

–"Breakaway" by Kelly Clarckson, the original soundtrack from the "Princess Diarie's 2".


NAVIDAD EN MÓNACO

BPOV

El banquete de Noche Buena se encontraba en su máximo esplendor, el Gran Comedor estaba arreglado de manera inmaculada y majestuosa, con luces y guirnaldas navideñas decorando las paredes crema, algunos con muérdago. Mónaco no se toma a la ligera la época de Navidad.

Dentro del menú venía el tradicional pan casero con ramos de olivo –el vino incluido, la Tía Emma dirigió unas palabras en torno a esta tradición, que se suponía se hacía en torno al hogar, luego de ello armó votos entre los presentes de amistad, fe y paz, todo esto alzando un cáliz de oro con el mejor vino, (una tradición muy cristiana, si me lo preguntan) a los que todos presentes respondieron– y por supuesto el plato principal: brandamincium, que por lo que me explicó la abuela con anterioridad consistía en bacalao salado golpeado con ajo, a la crema, rodeado por salsa bechamel

¡Qué rico!, nótese mi sarcasmo aquí. Por algo Ed… el Príncipe Inglés parecía famélico aquella noche en el McDonald's.

Suspiré con algo de tristeza. ¿Por qué me había visto así?

—¿Bells, estás bien?— susurró a mi lado Emmett, mi corazón latía con una fuerza sobrenatural, si seguía así en cualquier minuto terminaría por hiperventilar.

Pero, vamos, si alguien estuviera en mi lugar en estos momentos, ¿no hubieran reaccionado igual? Es decir, aquí estoy yo siendo expuesta a toda la realiza más habida y por haber, sintiendo como el mundo se vuelve inexistente y sin sentido a mi alrededor por pensar que nunca volvería a ver a cierto chico al cual mi mente y corazón pertenecen, pensando en la oscuridad del camino que me espera –lo cual es un tanto cursi lo sé–, cuando… ¡Boom! Dicho chico no sólo reaparece frente a ti sino que también esta metido en el embrollo de la realeza y no cualquier realeza, sino la misma con la que tu abuelo hizo un pacto de matrimonio con futuros hijos o nietos. Una vez más pregunto…

—¿Ashton Kutcher está entre los invitados?— le susurré como respuesta a mi primo que ahora me ve como si fuera a necesitar un chaleco de fuerza en lugar de una corona.

—¿Eh, quién?

Suspiré con fuerza.

—Nada… olvídalo— intenté sonreírle—, sólo cosas locas que pasan por mi cabeza, eso es todo.

—Bells, sé que Edward no es un completo caballero— el solo escuchar su nombre hizo que mi vista se posara en él, hacía ya bastante rato de la presentación en el salón del trono—, pero si de algo sirve, él siempre ha sido así. Nunca le han gustado este tipo de eventos, creo que si por él fuera dejaría la corona…

—¡No!— mi respuesta debió de haber sido demasiado fuerte, porque la mitad de los presentes se voltearon a mirarme de manera curiosa. Mi rostro ardía de la vergüenza, estoy segura que la nariz de Rodolfo el Reno envidiaba mi color rojo en estos momentos.

Emmett solo atinó a reírse, lo que distrajo la mayoría de la atención, dejando sólo a Alice mirándome de manera extraña.

Mi nueva amiga se sentaba demasiado alejada de dónde nos encontrábamos los Grimaldi, muy para mi displacer. Sólo me quedaba seguir por el resto de la noche con veinte mil preguntas rondando en mi cabeza, principalmente referente a cierto Príncipe Inglés que se encontraba al lado de cierta prima rubia-anaranjada mía, la cual le estaba tomando demasiado el brazo para mi gusto. Nunca en toda mi corta vida había tenido ganas de lanzarle un cucharón a alguien como sentía en estos momentos.

—¿En serio estas bien?— suspiré, si seguía con esta actitud Emmett no pararía.

—Si, estoy bien.

—Me alegro, porque necesitarás fuerza para lo que viene a continuación…

—¿Qué…?

Antes de que pudiera decir nada Tío Rupert se había puesto de pie copa en mano, pero nadie le escuchaba, todos estaban en sus propias conversaciones. Por lo que no me quedó más que otra que seguir el protocolo que me habían enseñado: tocar suavemente con la cuchara la copa.

—Atención— dijo el Tío. Aún nadie le miraba, así que tomé cartas en el asunto…

¡Clan, clan! ¡Clan… CRASH!

La copa se había roto en mil pedazos, a mi lado Emmett intentaba contener su risotada, mientras que mi abuela y el Tío Rupert me miraban con expresiones mezcladas por la sorpresa, la fascinación y el pánico. Si, lo sé soy imán para el desastre. Debí de haber sabido que algo así pasaría… al fin y al cabo soy mil veces peor de torpe que la Princesa Mía de Disney. Lo único que me consolaba era que ahora todos miraban expectantes a mi Tío, seguramente muchos querían escuchar como yo era una impostora y sólo me estaban cuidando por pena –desafortunadamente había escuchado a la hija mayor de Caius Volturi (Heidi) hablando de ello con su prima Jane Volturi, hija de Aro Volturi, uno de los Archiduques italianos.

—Bien, como ustedes saben hoy es Noche Buena, dentro de unas horas estaremos festejando la Navidad, y por ello quería hacer un brindis— mientras mi tío hablaba, un sirviente recogió lo que quedaba de mi copa y la reemplazó por otra.

—Gracias…— le susurré, el joven se quedó estático, como si hubiera hecho algo malo, pero pronto se recuperó y despareció como llegó.

Sentí la mirada de algunos, mis primas D'Nali me miraban con desaprobación, las Volturi con burla y los Cullen… ¿con asombro?

—¿Qué hice de malo?— le susurré a Emmett.

—Agradecerle a la servidumbre— sonrió mi primo con orgullo—, es un acto de humildad y nadie de la realeza lo había hecho antes, sólo tu madre y la reina Esme Masen de Cullen.

—Oh— escuchar sobre mi madre me hizo sentir tristeza, esa noche estaba mi padre presente, fuera de su elemento, pero sabía como se sentía. Hoy mi realidad se hacía más presente…

—…por eso quiero brindar por el regreso de mi sobrina, presentándola ante ustedes como la Princesa de Mónaco, les pido alcen sus copas…

Para mi sorpresa todos se pusieron de pie, Emmett sonreía con orgullo, a lo igual que mi familia y algunos de los presentes, entre ellos Alice.

—¡Por Isabella Marie Swan de Grimaldi, quien mañana será presentada oficialmente ante todos como la Princesa de Mónaco!

—¡Por Isabella!— se alzaron muchas copas en el aire.

—¡Por Bella!— bramó Emmett a mi lado, haciendo que una sonrisa cubriera mi rostro.

Mi mirada se posó un instante en la familia real inglesa, todos me miraban de distintas formas, Rosalie, Rosemary y Leopold Hale con mezcla de duda y sospecha, Tía, Benjamín y Alice Brandon con real orgullo y alegría, mientras que los Cullen, Carlisle, Esme y Edward tenían expresiones distintas… de pregunta, orgullo… la de Edward era la que sobresalía: tristeza.

EPOV

Existen momentos en la vida en las que quisieras tener una máquina del tiempo y retroceder para mejorar aquello que hiciste mal. Éste era un momento de aquellos.

Por fin, hoy se había develado la verdad ante los ojos de Isabella, y aún no tenía la certeza de lo que podía estar pensando ella del secreto que le mantuve oculto. Ya que, siendo honestos, descubrir de pronto que la persona con la que saliste por unas semanas, y comenzaste a sentir cosas por ella, te estuvo ocultando que en realidad pertenecía a la realeza, y no a cualquiera, sino a la que estabas destinado(a) a pertenecer por medio de una promesa hecha por tus antepasados para el bien de ambos reinos.

Mi vida es peor que un cuento de los hermanos Grimm, una imitación pobre de las películas de Disney, sin duda.

Apostaba mi trono a que parte de mi vida sería llevada a una película dramática o sino sería adaptada para el público infantil convirtiéndome en una caricatura recordada por sus hazañas como tal y no por lo que yo habría hecho como persona. Sin duda me lo merecía.

El brindis no tardó en llegar. Y con él hizo acto de presencia la torpeza innata que Bella poseía, sonreí al recordar entre nuestros encuentros algunos de sus momentos "embarazosos" como solía decirles ella. El momento quedó suspendido en el aire cuando Tanya e Irina comenzaron a criticarla entre susurros para nada disimulados.

Todos sin excepción brindaron a salud de la Princesa Isabella, mi mirada se posó en ella unos segundos, era demasiado triste pensar que una mente libre, bondadosa y pura como la de Bella tuviera que pronto conocer la realidad de este mundo. De mí mundo. Un mundo donde la frivolidad era la primera amiga de todos, donde la corrupción y la avaricia podían más que la honestidad y el valor. Isabella no se merecía esto.

Hacía 14 años su madre la había apartado de este mundo, sabiendo que sería demasiado para ella. Bella creció alejada de esta realidad cruel y hoy debía conocer lo que era vivir en ella.

Eddie…— una voz chillona alejó mi mente de mis pensamientos, Tanya D'Nali, quien en toda la noche no me había dejado tranquilo, una vez más demandaba mi atención— ¿escuchaste lo que te dije?

—Lo siento Tanya, mi mente se ha ido a otra parte…— me excusé.

—No hay problema— me sonrió divertida, tomando de nuevo mi brazo poniendo una sonrisa que se me antojaba escalofriante. Si así intenta seducir a alguien, pobre del bastardo que se case con ella…—, solo te recuerdo que el primer baile me lo debes desde la vez pasada.

Fruncí el ceño, la última vez que hubo una gala real había estado descompuesto, con altas temperaturas, a causa de haber caído en un arroyo congelado mientras íbamos de caza.

—Te expliqué que eso fue a causa de…

—De todos modos, me lo debes— me cortó—. Además, escuché que Emmett se reservará el primer baile para nuestra querida prima.

—¿Por qué dice eso?

—Porque es verdad, yo escuché…

—No, no— la corté—. La forma en la que lo dijiste, ¿por qué lo hiciste?

—Fácil, Eddie— gruñí para mis adentros, no estaba dentro del protocolo de un príncipe aventarle la sopa de espárragos a una duquesa—. Mi hermana Irina y yo –porque Kate no tiene tanto ceso como pensamos– sabemos muy bien que Isabella Swan sólo está aquí de manera falsa, algo trama y nosotras vamos a averiguarlo. Detrás de su disfraz de la inocente oveja que le vende a todo mundo, se esconde el ser más…

—Detente ahí, Tanya— le corté, no era justo que hablara así de Bella— ¿A caso la conoces como para estar completamente segura?

—Tengo mis dudas, por ejemplo…— me miró con confianza en sí misma— Ayer a la noche, se escapó del palacio. No tenía ninguna enfermedad…

—¿Cómo…?

—La vi a la noche atravesando los jardines con demasiado sigilo, si me lo preguntas, es una actitud digna de desconfianza. ¿Por qué saldría del Palacio a altas horas de la noche, sin guardias? Algo no cierra, porque su padre y su gente— explicó mientras su mirada se posaba en la esquina derecha de la mesa, unos asientos al lado de Isabella y Emmett, donde se encontraban el padre de ella y la chica con la que había estado la noche pasada en los Jardines—, estaban aquí en el Palacio, habían arribado hacía cuestión de unas horas. Lo sé porque…

—Basta— gruñí—. Eso no justifica lo que dices.

—¿Tú también caíste en su juego, Edward?— me miró con mezcla de horror y sorpresa— ¿Tú, quien desde un principio dudaba desde la misma sombra de la que decía ser la Princesa Monegasca? ¿Qué te ha hecho esa… bruja?

—Con permiso— me levanté de la mesa bruscamente, sin importarme las miradas de reproche que iban saltando hacía mí. Alice fue la única que me miró con pena, había escuchado todo lo que Tanya había dicho.

BPOV

Edward se levantó de la mesa de manera brusca, provocando miradas de reprobación y enojo entre los más altos mandatarios y gente de la realeza. Emmett, a mi lado, meneaba la cabeza.

—Nunca cambiará— susurró.

—¿Es normal su actitud?— le pregunté con curiosidad.

—Normalmente aguanta— fruncí el ceño—. Nuestra prima Tanya, siempre ha querido llamar la atención de Edward, quien nunca se ha mostrado interesado en ella solo de manera amistosa… La cosa es que todas las veces que se hace una gala real y ambos comparten mesa, Tanya lo saca de quicio. Unas veces Edward lo soporta como un caballero y otras… no tanto.

Mi cara debía de ser un poema, porque Emmett rió por lo bajo.

—Es sólo con Tanya, a las demás… las ignora. La diferencia es que Tanya sabe donde clavar su aguja, pensando que Edward le responderá…

—Vaya— murmuré.

—Ni que lo digas. Desde hace años es como si ella tuviera un complot contra nuestro principado. Nunca le parecen bien las cosas, nos critica, critica a las primas de Edward, especialmente a Alice, y piensa que con eso se ganará el corazón y la atención de Edward— rió ente dientes mi primo—. Lo que ella no sabe, es que la única forma de ganarse a ese león indomable es que la oveja se rebele en su contra y le muestre que no todo lo que él piensa es la realidad.

—Es decir… ¿El príncipe Edward es pesimista?

—¿Pesimista? ¡Eso se queda corto!— Emmett negó con la cabeza— Edward tiene una forma de ver al mundo, bastante inusual. Para él todo es negro o blanco, pero nunca gris.

Eso explicaba muchas cosas que había logrado captar en él desde el segundo encuentro que tuvimos.

—¡Su atención, por favor!— anunció de pronto la voz del Tío Rupert— Es hora del baile.

¡Mátame!

—Me lo prometiste— me miró divertido mi primo, dejando a un lado su cuchara con la que había terminado de repetir por cuarta vez su postre.

Los invitados comenzaron a ponerse de pie para regresar, una vez más, al Salón del Trono, donde se había montado una pequeña tarima al costado del árbol de Navidad, en donde tocaría la Orquesta Sinfónica Monegasca junto al Coro de la Catedral.

Habían agregado unas mesitas redondas con sillas alrededor del Salón, generando que el centro, frente a los tronos, se creara el perfecto espacio para una pista de baile.

Sorpresivamente los acordes de la melodía con la que nos recibieron eran del todo familiares para mí. Escuchar Jingle Bell Rock era como tener un pedacito de casa conmigo. Mayor fue mi sorpresa cuando Tío Rupert y Emmett comenzaron a cantar con el Coro, generando un ambiente armónico y de diversión, sin dejar de lado el protocolo.

Jingle Bell, Jingle Bell, Jingle Bell Rock

Jingle Bells swing and Jingle Bells ring

Snowing and Bowling Up bushels of fun

Now the jingle jop has begun…

—Esta canción siempre me recordó a mi primita perdida— anunció Emmett antes de empezar a cantar, mis ojos ardieron por las lágrimas que querían asomarse por mis ojos—, así que con papá, decidimos que cuando volvieras a casa… te la cantaríamos— dicho esto tomó el micrófono y con Tío Rupert se unió a cantar.

Jingle Bell, Jingle Bell, Jingle Bell Rock

Jingle Bells chime in Jingle Bell time

Dancing and Prancing in Jingle Bell Square

In the frosty air…

La abuela, apareciendo casi de la nada, me abrazó fuertemente.

—Te quiero— me susurró—. Tu madre estaría feliz de que estuvieras aquí, has crecido tanto mi niña…

What a bright time, it's the right time

To rock the night away

Una lágrima rodó por mi mejilla sin darme tiempo a contenerla.

—Yo también te quiero. Estar aquí es… un honor, un sueño… prometo ser la Princesa que necesita Mónaco, hasta que el tiempo lo decida— mi abuela entendió lo que había dicho.

Jingle Bell time is a swell time

To go gliding in a one-horse sleigh

Giddy-up jingle horse, pick up your feet

Jingle around the clock

Mix and a-mingle in the jingle feet

Ambas miramos con sigilo a la familia real inglesa, que parecía estar teniendo una charla un tanto acalorada con Alice y Rosalie, Edward se veía melancólico. Lo que daría por leer tu mente, sacudí mi cabeza de esos pensamientos, solo el vampiro Lestat podría hacer algo así o el guapísimo de The Mentalist, sería algo demasiado loco ser princesa y leerle la mente a la gente.

That's the jingle bell,

That's the jingle bell,

That's the jingle bell rock!

La gente aplaudió con gran alegría a mi Tío y a Emmett, quien corrió a abrazarme como un niño chiquito, levantándome en el aire y provocando que tanto como la abuela como la Tía Emma le regañaran con un típico: "¡Emmett Alexander Grimaldi McCarty!"

—Lo siento— sonrió apenado—. Es que es irreal después de catorce años, vuelve Bells a casa y para Navidad. Es mejor que ir a Disney.

Me reí de las tonteras de mi primo.

—¡Oh, hijo!— Tía Emma lo miró con lágrimas en los ojos.

Hoy todo mundo está con los lagrimales en función.

—Bueno, basta de ser cursis, eso se lo dejamos a los productores de Disney— me sonrió, haciendo que sus hoyuelos se pronunciaran aún más— ¿Me concede este baile, princesa?

Me crucé de brazos y le lancé una mirada asesina al verle hacer una reverencia.

—Emmett…— gruñí por respuesta.

—Bella…— se mofó mi primo intentando imitarme.

Rodé los ojos, sabía que esta sería una batalla que jamás ganaría.

Así empezó el baile. Mis tíos giraban graciosamente al compás de la música. Con algo de incertidumbre tomé la mano de mi primo tratando de recordar las clases de baile con la abuela y Charles durante su estadía en la Embajada Monegasca en los Estados Unidos. Tiempos aquellos…

—Presta atención Bella— me recalcó mi abuela—. La danza no es solamente movimiento, es la expresión del alma a través del cuerpo, debes dejar que la música te lleve.

—¿Cómo, así?— le pregunté haciéndome la graciosa, moviéndome cual chango al ritmo de una cumbia imaginaria.

Reí al recordando la cara de susto de Charles, quien después de varias sesiones de peleas y enojos, me pudo enseñar a "bailar decentemente" –palabras de mi abuela y de él, no mías.

—¿Lista, primita?— Emmett me guiñó el ojo.

—No, pero sé que no hay escapatoria— le respondí.

—Entonces rompamos la pista— rió él.

Tomándonos la mano como indicaba el protocolo, nos hicimos una reverencia y comenzamos a bailar al compás del vals. Emmett sabía guiar muy bien, por lo que me pregunté si mi primo habría recibido clases de baile también, de sólo pensarlo me daban ganas de echarme a reír a carcajadas en medio de la pista de baile, hice nota mental para preguntarle luego.

—¿Me permite?— mi tío interrumpió luego de unas cuantas vueltas.

—Encantada— respondí sonriente, me sentía cual quinceañera en su fiesta.

Fui pasando de mano en mano durante todo el vals, unos eran buenos bailarines, mientras que otros… seguramente me dejarían ampollas en los pies. Conocí un poco más de cada invitado presente. El duque Peter Whitlock y su hijo Jasper fueron los más amables, si al principio me pareció que irradiaban una confianza casi nata, esta vez era incluso palpable.

Lord Leopold Hale –según lo que me había dicho Emmett– era la réplica exacta en versión masculina de su hija. Un perfecto egocentrista, quien no paraba de hacer comentarios sobre sí y su familia. Unos pocos segundos bastaron para que supiera casi todas las comodidades de su Casa en Devonshire. A la cual, ni siquiera tuvo la amabilidad de invitarme. Digo, si el tipo te habla de su espectacular palacio… ¿no es porque parece que quisiera invitarte?

Los que fueron oscos y fríos fueron Lord Stephan de Avery, su hijo mayor Laurent Avery, pero el que dio escalofríos realmente fue el menor, James Avery. De sólo recordar sus escurridizas manos sobre mi cadera me ponían la piel de gallina y el estómago se me revolvía del asco.

El premio a los más misteriosos y de actitud sospechosa de la noche, sin duda, se lo llevaron los Volturi. Lord Aro y su hijo Alec podían poner el ambiente tenso con sus preguntas constantes y respuestas sarcásticas, parecía como si supieran todos los secretos de tu alma con solo verte. Por un momento temí que supieran de mi primera reacción ante la noticia de ser Princesa, esa negación y mis dudas sobre mi capacidad parecían haber sido leídas al pie de la letra por estos dos hombres crípticos. Pero lo que me heló completamente fueron las palabras con las que el Lord me pasó a la mano del Rey Guillermo –o Bill, como me dijo que le llamara después de un rato de baile.

—Ha sido un placer— sonrió fríamente Lord Volturi—, esperemos y pronto haya nueva fiesta, al fin y al cabo el casamiento de herederos de principados, es sin duda un motivo de dicha…

Casi no pude concentrarme en el baile con el Rey Bill. Mi cabeza me daba vueltas, sabía que tarde o temprano alguien tocaría el tema del compromiso, aquél pacto que hizo mi abuelo con el abuelo de… el Príncipe Edward.

De más está decir que lo único que capturé de la conversación con el Rey de España fue que su esposa Raquel (Rachel), estaba esperando a su primer hijo, que iba a ser varón y al que le pensaban poner Jacob. Oh, si mi perro estaría feliz de saber que un príncipe se llamará igual que él. Ironías de la vida…

Luego, bailé con mi tío Eleazar D'Nali. Podía percibir cierto grado de incomodidad con él. Seguramente estaba dividido entre pensar que yo era una impostora –al fin y al cabo la mayoría de sus hijas pensaba eso–, mientras que por otro lado pensaba que realmente… era yo.

—¿Puedo?— una voz suave y ligeramente aterciopelada interrumpió el incómodo baile con mi tío. Se trataba del Rey de Inglaterra, Carlisle Cullen.

¡Vaya, hola Inglaterra!, me pregunto que les dan a los jóvenes ingleses de comer, ¿o es que sólo la realeza parece sacada de las esculturas griegas de la época de Platón?

—Hace años que no se vivía una Navidad así en Mónaco— fue lo primero que me dijo en cuanto empezamos a bailar, yo solo le ofrecí una media sonrisa a forma de respuesta. Pues al fin y al cabo… ¿qué podía responderle? —. Tu madre siempre habló mucho de ti. Es bueno saber que has regresado a casa.

—Lo sé— mis ojos se llenaron de lágrimas—. Es una alegría estar aquí, a pesar de que en un principio…

—No te agradaba la idea— me cortó con una sonrisa de entendimiento —. A todos en un momento dado nos cuesta asumir nuestro papel, entender que somos lo que somos porque nuestros antepasados fueron lo que fueron, y aunque seamos humanos con defectos debemos dar lo mejor de nosotros para crear un mundo mejor, o al menos un país unido.

Me pregunto si el Rey Carlisle ha ganado un Premio Nobel de la Paz…

—Es cierto— respondí simplemente—, solo que no es fácil el asimilar que de ser una simple ciudadana norteamericana pasé a ser… alguien de la realeza.

—Muy cierto— rió el Rey, su sonrisa me recordó a la de su hijo.

Suspiré. Si alguien me iba a dar dolor de cabeza seguro iba a ser Edward, ¿qué demonios le pasaba? O sea, entiendo su reticencia a contarme que él es el Príncipe de Inglaterra –yo misma no le dije a nadie quién era–, pero de ahí a ignorarme olímpicamente. ¡No señor! Por lo que me llamo Isabella Marie Swan de Grimaldi que voy a averiguar que rayos…

—¿Me permite?— su voz tiró mis pensamientos por la borda, mi mente se nubló completamente…

¡Paff!

De repente me vi cayendo al suelo, había resbalado y seguramente no sería una caída digna de una Princesa, solo esperaba que la abuela no se enojara demasiado.


Espero lo hayan disfrutado.

Espero sus opiniones, recuerden hacerlo con respeto. Los autores apreciamos más las críticas que respetuosamente señalan nuestras fallas que las que nos mandan derechito a pelar espárragos a la loma de la China.

Para saber acerca de mis fics, qué hago en mi vida, etc. Síganme por twitter: Aye436.

Los leo pronto.

XOXOX

Aye436