Roberts era un pirata temido...

Hacía más de treinta años que surcaba los siete mares y su leyenda insistía en que era inmortal, pero sabéis.... ¡Sólo su nombre lo era realmente!

¡¡Y de veras que síi!!... El nombre de "Pirata Roberts" fue inmortal desde que el primero de ellos supo hacerse temer por todos los marinos que surcaban los mares... Y sobre todo, desde que cedió su identidad al siguiente pirata Roberts, que continuó surcando los océanos en su barco el "Venganza" y manteniendo la leyenda negra que se emparentaba con su nombre...

Pero ocurrió que una vez, uno de los "piratas Roberts" que existieron en estos treinta años de andadura, dejó en su puesto a un joven enamorado...

Y este joven, gano lo suficiente para retirarse y reencontró a su amor perdido. Fue entonces, cuando un espadachín español ocupó su puesto al frente de la leyenda: Y así, Íñigo Montoya, uno de los mejores espadachines de la tierra, se convirtió en el pirata más temido del mar...

1. Todo tiene un principio

Íñigo se reía ahora con todas sus ganas, cuando recordaba lo difícil que le había resultado al principio mantener cualquier cosa sólida (¡y aún líquida!) en su torturado estómago, la primera vez que puso los pies en la cubierta del "Venganza"... Por el contrario, Fezzik, el gigantón que ahora era su contramaestre, se había sentido muy feliz: La vida en el mar le gustaba, pues decía que le despejaba las ideas... Cosa que Íñigo dudaba, puesto que el forzudo que se había convertido en su mejor amigo, tenía un corazón de oro, aunque no demasiadas luces que despejar al viento marino.

Sea como fuere, Íñigo había aprendido a nadar, cosa indispensable para llegar a convertirse en el nuevo pirata Roberts de la leyenda.

Westley, el enamorado joven que le cedía el puesto, se quedó con él por un par de meses y finalmente, se separaron con lágrimas en los ojos para seguir con sus respectivos caminos.

Un año después, Íñigo era todo un capitán pirata y había añadido a la leyenda de Roberts, un profundo temor de todos los marinos hacia sus dotes de consumado espadachín.

Ni el más valeroso y plantado de los capitanes de barco era capaz de evitar sentir pavor ante la aparición del "Venganza" en el horizonte.

Y más de una dama que se hacía a alta mar, temía esperanzada poder contemplar con sus ojos al apuesto capitán pirata, cuando este abordara el bajel donde hacía su travesía...

***

El "Venganza" se mecía con suavidad en alta mar. Era de noche, pero no todos dormían. Habían quedado numerosos vigías, que velaban el sueño o la borrachera de los demás tripulantes. Roberts dormía en su camarote, el principal del "Venganza". Junto a él, roncaba ruidosamente Fezzik, su segundo al mando.

Y nadie notó lo que se les venía encima... Si se hubiese tratado de una flota de barcos o de una sóla embarcación incluso, los vigías la habrían divisado al instante, pero nadie esperaba que se acercase a ellos para abordarles una pequeña balsa de remos.

Una sombra se inclinó hacia delante, moviendo con precaución los remos hasta haberse acercado lo suficiente para distinguir los rostros adormilados y aburridos de los que vigilaban. La figura esbozó una sonrisa mientras recogía los remos del agua y se colgaba una pequeña mochila a la espalda. Después se tiró al agua, sin hacer apenas ruido ni levantar salpicones y se dejó deslizar hasta el barco pirata, por cuya quilla trepó sin aparente esfuerzo, agarrándose a una cuerda suelta.

Nadie vió nada mientras se escurría detrás de unas lonas y recuperaba el aliento, preparándose para su siguiente paso...

Y mientras la silenciosa figura se deslizaba al camarote de Roberts (Y es de suponer, por sus precauciones, que no albergase buenos propósitos hacia él), este seguía dormido. Y soñaba con su padre: Soñaba con Domingo Montoya.

"Íñigo, hijo mío", decía el difunto maestro espadero, "Gracias por vengar mi muerte a manos de ese traidor conde Rugen... Has cumplido con la tradición y ahora eres libre de vivir tu vida, pero Íñigo... ¿Crees que es buena forma de hacerlo ser un pirata?... ¿Robar y sembrar la destrucción y la muerte? En nuestra ilustre familia hubo herreros, hubo espadachines y hubo incluso nobles, pero ninguno fue un ladrón sin necesidad...Te lo ruego, hijo mío, busca tu camino de una forma honrosa. Íñigo Montoya, ¡tu padre que soy yo, Domingo Montoya, te lo pide!..."

Íñigo se agitó intranquilo en sueños, mientras la figura de su progenitor se iba borrando ante sus ojos y quedaba tan sólo una piadosa oscuridad.

-¡Abre los ojos, Roberts!...- Oyó que susurraban en su oído. Y al mismo tiempo, la punta helada de un puñal le rozó el cuello. Íñigo hizo lo que había ordenado la voz y se encontró frente a frente con los ojos del que sostenía el puñal. Sólo esto le podía ver en la semipenumbra del camarote, puesto que llevaba el resto de la cara envuelta y una capucha le tapaba el pelo. Vestía de un marrón muy oscuro, ropas aún mojadas y ciertamente gastadas y sucias. El puñal que sostenía de forma tan poco amistosa, se clavó en el cuello de Íñigo mientras este se incorporaba.

-¡No hagas nada raro o acabo ahora mismo con la leyenda del terrorífico pirata Roberts!...

Íñigo echó una mirada de reojo a Fezzik, pero el gigantón permanecía roncando ajeno a sus dificultades. El misterioso encapuchado pareció sonreír bajo las telas que lo cubrían.

- Ese gigante no despertará hasta mañana... ¡La droga que le he hecho respirar es efectiva incluso para los elefantes!...

"¡Maldita sea!"... ¡Ese condenado bastardo había pensado en todo!

- Podría gritar...- Le amenazó Íñigo sonriendo a medias- Apuesto a que no has drogado a toda la tripulación del "Venganza"... Se lanzarán contra ti y...

-¡Yo que tu, no lo haría!...- Dijo su oponente presionando con más fuerza el puñal sobre su garganta- ¡No llegarían a tiempo para salvar a su capitán!... Sería una pena morir por semejante tontería...

-¿Qué diablos quieres de mí?- Preguntó rabioso Íñigo, sin decidir la mejor forma de salir de esa.

- Sólo quiero que vengas conmigo... Nada más.

***

Todo eso había sucedido anoche en su barco...Y ahora Íñigo, el actual pirata Roberts, permanecía atado a los remos de una pequeña balsa en medio de ninguna parte... El desconocido le había echo abandonar en silencio el "Venganza": Habían saltado a las frías aguas marinas y después Íñigo había sido obligado a nadar con el mayor sigilo posible, alejándose de su barco. Al final, había terminado en esa pequeña balsa, donde el desconocido le había atado con fuerza a los remos y le había obligado a alejarles de allí antes de que se hiciese de día. Sólo cuando no quedaba ni rastro del barco pirata, el extraño le había quitado las mordazas con las que había abandonado su camarote: ¡Para evitarle la tentación de alertar a su tripulación de que el capitán estaba siendo secuestrado!

El desconocido había permanecido en un silencio obstinado desde entonces, indicándole el rumbo que debía tomar mediante gestos bruscos.

Cuando se hizo de día, se puso en pié y se desperezó. Íñigo había estado esperando ese momento. Se agarró con fuerza al bote y lo empezó a balancear con todas su fuerzas. Al encapuchado le pilló de sorpresa y ahogando un grito se tambaleó y cayó por la borda, golpeándose en la cara.

-¡¡¡BIEN!!!- Gritó Íñigo mientras le veía caer. Pero de repente el pequeño bote se inclinó violentamente y antes de que pudiese reaccionar, Íñigo notó el agua fría y salada a su alrededor. El bote se había dado la vuelta e Íñigo se encontró atrapado debajo, sin conseguir soltarse de los remos. Su situación no era muy buena que digamos. ¡Sin embargo, no todo estaba perdido!: El bote al darse la vuelta, se había convertido en una especie de carcasa en cuyo interior se conservaba una cámara de aire donde consiguió salir a la superficie el inmovilizado Íñigo. Notó que alguien le rozaba bajo el agua y su captor salió a la superficie delante de él.

-¡Eres un condenado imbecil!... ¡Mira lo que has conseguido!... –Le espetó a la cara la chica que emergió del agua. Tenía un pequeño corte en la mejilla izquierda y los trapos que le habían cubierto las facciones hasta ese momento aún se le enrrollaban al cuello.

-¿¿Tú eres quién me ha secuestrado??... Una...¡Una mujer!- Íñigo estaba más que sorprendido.

-Si...Mi nombre es Aurora Vizzini... Creo que conociste a mi tío...

***

Pero ahora dejemos a Íñigo y a su secuestradora sólos en medio de ninguna parte y volvamos al "Venganza". Concretamente al camarote del pirata Roberts en su barco y a hace un par de horas, cuando aún no se había hecho de día...

El gigantón Fezzik abrió los ojos con un gemido. Se sentía como la única vez en su vida que se emborrachó, siendo apenas un niño. Parecía como si una manada de elefantes le pateasen las sienes con furia y tenía la boca más seca que una esponja escurrida. ¡Incluso se le había dormido la lengua!...

-¡Me encuentro muy enfermo, Íñig... Roberts!...- Se quejó el gigante volviendo los ojos hacia el camastro de su amigo español. Pero él no estaba allí. Fezzik se frotó los ojos sorprendido y volvió a mirar con más detenimiento... No, sin duda Íñigo no estaba allí. Así que se incorporó lentamente y le llamó con insistencia mientras revolvía el camarote de cabo a rabo. Sin éxito.

"Tal vez se haya ido afuera a tomar el aire". Se dijo a sí mismo sin estar muy convencido, ya que desde que subieron al barco pirata por primera vez, Íñigo le había prometido solemnemente por el honor del alma de su padre muerto y vengado, que no iba a volver a beber. Por eso, para evitarse de tentaciones y sufrimientos innecesarios, no pisaba la cubierta o se mezclaba con la tripulación y sus jarras de alcohol sin el apoyo de su compañía. Fezzik lo sabía y por eso, le resultaba muy, muy extraño que Íñigo no le hubiese despertado para ir a la cubierta. Sin embargo, y para intentar despejarse ese condenado zumbido en los oídos, Fezzik salió del camarote cerrando la puerta tras él y se encaminó pesada y lentamente al exterior. Tampoco allí descubrió rastro alguno de Íñigo y nadie supo decirle dónde se encontraba, ni vigías ni borrachos. Tan sólo después de que todos en el "Venganza" estuviesen al tanto de la desaparición de Roberts, un viejo pirata, de nombre Pierre, cojo y aficionado a la bebida desde su más tierna infancia, supo dar alguna pista de su ausente Capitán.

-¡¡Yo le ví bajar por la borda y tirarse del barco!!... La muerte del mar iba con él... ¡Ella se lo llevó!... Os digo que el pirata Roberts ha muerto.

Todos le miraron sonriendo: El viejo Pierre era el borracho del barco... Nadie le creía. Pero cuando por fin se hizo de día completamente y por más que buscaron de cabo a rabo por todo el barco, les fue imposible encontrar a su capitán, más de uno hizo señas contra las maldiciones y el mal de ojo. Fezzik estaba bastante desesperado a estas alturas y cómo tan sólo el viejo Pierre parecía tener alguna pista sobre el paradero de Íñigo, le hizo pasar al camarote de Roberts y le sirvió una copa de ron para animarle a hablar.

-¿Cómo sabes que la muerte del mar se llevó al Capitán Roberts?... ¿Dónde se lo ha llevado?... ¿Y Quién es la muerte del mar?

El viejo Pierre tardó en contestarle. Le indicó que llenase un par de veces más su copa antes de soltar prenda. Dijo que necesitaba infundirse valor y antes de decir nada del asunto, se santiguó como si fuese la criatura más devota de esta tierra y sobre la superficie del mar.

- La Muerte del Mar es la criatura que vendrá a buscarnos alguna vez a todos los marinos... Dicen que es pariente de la otra, la que se ocupa de patrullar la tierra para ir recolectando de entre los que allí habitan a aquellos a los que llega su hora... Ella vino anoche a buscar a nuestro capitán para llevárselo y ahora Roberts no tiene salvación. Nadie volverá a verlo navegando sobre el mar... ¡Descanse en paz, capitán!

Y diciendo esto, alzó su copa como si brindase, vació de un solo trago todo el contenido y alargando el brazo se volvió a servir, derramando sobre la mesa tanto líquido como el que echaba dentro. Fezzik le miró con curiosidad y se dijo a sí mismo que debía resolver las dudas sobre el asunto que le ocupaba antes de que Pierre estuviese demasiado achispado para responder.

-¿Y donde se ha llevado a Íñ... Roberts la muerte del mar?

Tardó un poco en entender las palabras del viejo marino, pues el alcohol ya había hecho efecto y Pierre canturreaba cosas incomprensibles mientras se mecía al compás del barco, tambaleándose sobre la silla de forma peligrosa.

- La muerte del mar se ha llevado a nuestro capitán a un sitio muy al norte, donde incluso el mar esta muerto y congelado... ¡Y allí es dónde Roberts permanecerá por toda la eternidad!...

Después de gritar un par de frases inconexas y sin sentido, el viejo Pierre se derrumbó de su silla quedando tendido en el suelo, dónde empezó a roncar ruidosamente.

Durante un momento, Fezzik se quedó mirándole sorprendido y decidió que no iba a poder decirle nada más. Pero ya sabía lo suficiente: ¡Si la muerte del mar se había llevado a Íñigo al norte, él tendría que ir a buscarle allí!...

CONTINUARÁ...