INTRODUCCION: CONDENA

Aún desconocía hacia donde me llevaban. Sentía miedo, pero había en mayor concentración una furia desgarradora que me impulsaba a atacar a mis apresaros. Sin embargo, sabía que si me oponía, acabarían con mi vida en cuestión de segundos como lo hicieron con mis compañeros. Eran demasiados y claramente no había posibilidades, así que me resigné a obedecer lo que me habían impuesto sin ninguna oposición, aunque estaba casi segura que solamente estaba prolongando unos cuantos minutos más mi existencia.

Llegamos a un pueblo, el cual había escuchado tenía el nombre de Forks, un lugar el cual, pese a mi irritación, me agradó. Jamás antes había visto un lugar tan magnifico, tenía un cielo completamente nublado y un clima húmedo el cual le daba a la tierra un olor realmente sensacional. Por un momento se me olvidó que seguramente ese bosque tan hermoso sería el lugar donde yacerían mis cenizas. Me sorprendió que las dos fuertes manos me arrastraban más y más adentro y que aun nos seguían los otros tres vampiros que venían detrás, comandados por el anciano, ¡rayos! Definitivamente no tendría opción de sobrevivir, y aunque era imposible que me cansara, la situación se estaba tornando cada vez más irritante y la paciencia era algo que no se me daba bien.

Di un suspiro y les dediqué una mirada envenenada a los "gentiles" vampiros que sostenían tan "delicadamente" mis ambos brazos

"Hemos llegado" – dijo uno de ellos dirigiéndose a su amo, un vampiro anciano de cabello negro y largo, el cual respondía al nombre de Aro.

Dirigí mi vista hacia delante para ver el lugar en el cual mi existencia se desvanecería: un grupo de cinco vampiros llamó mi atención, ¿mas vampiros? ¿De que se trataba todo esto? ¿No eran ya suficientes los seis que venían junto a mí? Los analicé en cuestión de un segundo.

Uno de ellos alto, con el cabello rubio que parecía un sol, sostenía de la mano a una vampira pequeña con cabello castaño y ondulado. A su lado, estaba otra pareja de vampiros, el joven tenía el cabello largo y del color de la miel mientras su compañera se veía frágil, con el cabello negro peinado en rebeldes puntas y, por ultimo, un chico de estilo desgarbado, con el cabello color bronce, alto y de figura estética. Por un momento se me olvidó que me quedaban solo unos segundos; aunque los cinco eran hermosos, con ojos de color oro liquido, él era más que eso. La palabra hermoso no le hacía justicia a ese rostro tan perfecto.

Nos miraba con cierto recelo, con una duda crispada en sus ojos, que se dirigían rápidamente al rostro de cada uno de los hombres que me encarcelaban. Su cabello despeinado se movía por el viento que soplaba, y vi como sus manos se cerraban en un puño cuando poso su vista en mí.

"Aro" – saludó el vampiro de cabello rubio mientras se dirigía hacia el anciano con una sonrisa que trataba de ocultar cierta intriga en su rostro

"Carlisle" – dijo el interpelado mientras avanza con las manos extendidas hacia delante – "me da tanto gusto el verte después de tantos años" – dijo mientras lo cubría con un abrazo y este era correspondido. Después de la bienvenida Aro continuo hablando

"Estimado amigo, sabes que no dejo mis tierras al menos que sea algo de suma importancia, vengo a pedirte un favor el cual puede perturbar la estabilidad de tu ya gran clan" – explicó mientras miraba a las cuatro figuras completamente inmóviles que estaban a espaldas de quien suponía yo, era su líder

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"Disculpa mi falta de educación" – dijo Carlisle – "te presento a mi familia" - ¿familia?. Extraño. Era la primera vez que escuchaba a un vampiro emplear esa palabra para referirse a su clan – Eella es Esme, mi esposaE – dijo mientras caminaba hacia su compañera y la tomaba de las manos – "y ellos son Alice, Jasper" – continuó mientras señalaba a la otra joven pareja quienes asintieron en forma de saludo – "y él es Edward"– señaló al joven vampiro de cabello cobrizo. Aro se acercó a los antes mencionados y con un gesto apestosamente cordial les tendió la mano a cada uno de ellos.

"Me da gusto que mi querido amigo haya tenido la fortuna de encontrar a seres quienes al igual que el, estén dispuestos a reprimir su sed".

No entendí lo antes dicho, mas bien, no entendía que pasaba, pero mi mente no estaba para descifrar acertijos, tenía poco tiempo antes de que me volviera ceniza y me estaba preparando psicológicamente para hacerme a la idea

"Y bien, Aro" – prosiguió Carlisle – "Continúa. Tenías algo que pedirme, y estaré gustoso de ayudarte si esta en mis manos."

Aro camino hacia mí con gran elegancia y ordenó a sus acompañantes que me arrastraran más hacia delante.

"Carlisle, vengo de un juicio ejercido hacia un clan de vampiros rebeldes" – dijo el líder mientras se acercó hasta estar a mi lado – "se alimentaban ya no por necesidad, si no por diversión. Acabaron con aldeas enteras, alimentándose diariamente" – prosiguió con tono molesto – "como sabes, mi buen amigo, es la obligación de Los Vulturius ejercer justicia ante este tipo de actos ya que respetamos la vida humana lo mas que podemos. Si bien también hemos arrancado vidas humanas es por necesidad y no por placer, como éste clan solía hacerlo, sin embargo, esta chica es inocente de alguna manera" – posó su mano en mi rostro y yo la rechacé con un movimiento brusco de mi cara. Aro continuó, haciendo caso omiso de mi rechazo – "con la falsa esperanza de encontrar una justificación a tal acto, comencé a leer la mente de cada uno de ellos y, para pena mía, todos sabían perfectamente lo que estaban cometiendo. Todos provenían de clanes distintos, los cuales habían abandonado ante la expectativa de no tener limitaciones al saciar su sed, todos, querido amigo, menos esta jovencita. Pude leer en la mente de su ya fallecido líder, Daniel, que fue él quien la convirtió y no le dio a saber ninguna de nuestras reglas. Desde su nacimiento como vampiro solo se le enseñó a saciar su sed tal y como la sentía, a no tener ningún tipo de sensibilidad hacia la especie humana. Estarás de acuerdo conmigo de que no tiene conciencia de todo esto y que lo correcto es darle una oportunidad, además de que tiene cierto don el cual ha despertado en mí un gran interés.

"¿Un don?" – lo interrumpió el vampiro de cabello color miel. El comentario de Aro se le había hecho extraño, al igual que a mi. ¿Yo un don?

"Así es joven Jasper, así como tú, tú bella pareja y tu hermano, Edward, esta chica posee un don."

Seguía sin entender, ¿de que dones hablaba este tipo? Me estaba irritando mas y un leve gruñido salio de mi pecho provocando que las manos que estaban aferradas a mi brazo me apretaran aun más

"Se que lo que te voy a pedir es una locura amigo mío" – prosiguió Aro dirigiéndose a Carlisle – "ella necesita obtener un autocontrol, sin embargo, dudo mucho que con nosotros lo logre ya que consumimos sangre humana a diferencia de ustedes, talvez si la dejáramos un tiempo bajo su tutoría, lograran establecer algo del control que ustedes manejan…"

"¡¡De ninguna manera!!" – la voz me sobresaltó, ya que salió con un rugido del pecho de alguien, giré mi rostro para averiguar quién se había negado de tal forma y me di cuenta que era el chico de cabello cobrizo – "Carlisle, no puedes aceptar esta locura, es un riesgo para todos nosotros."

"Edward, hijo" – le respondió calmadamente el rubio vampiro – "¿Por qué pones objeciones?"

"No le puedo leer la mente, no se lo que piensa, no podemos arriesgarnos de tal manera" – contestó el interpelado presionando los puños y mirándome con una ira la cual me puso tan nerviosa que le gruñí.

"Edward" – llamó Aro calmadamente mientras con una mano me hacia una señal, con la cual intento tranquilizar mis gruñidos – "sé que es mucho lo que les estoy pidiendo a ti y a tu familia, pero no encuentro otra manera, esta jovencita no logra controlarse en cuanto huele la sangre humana, mi clan no podrá controlarla siempre y somos pocos pacientes, la única salida que queda ante su rechazo será el matarla."

Me tensé ante estas palabras, y no se que vio Edward en mi rostro que deshizo sus puños e inclinó la cabeza para ya no ver a nadie.

"¿Y bien?" – preguntó Aro al no obtener respuesta de ninguno de los vampiros.

"Intentaremos ayudarte" – respondió Carlisle – "sin embargo, no asumimos la total responsabilidad si no logramos tenerla en control".

"¡Claro que no!" – dijo con asombro el anciano – "no amigo mío, claro que no, en dado caso que esto no funcione, sabes donde localizarme y nosotros nos haremos cargo sin que ustedes tengan ningún tipo de responsabilidad en ello".

"Todo saldrá bien" – afirmó la pequeña vampiro de cabello oscuro dedicándome una sonrisa.

"En realidad les agradezco su ayuda" – mientras decía esto Aro hizo una señal para que me soltaran y yo caí de rodillas – "nos retiramos, muchacha" – dijo mientras se inclinaba para hablarme – "trata de ser conciente en todo esto, recuerda que es tu única oportunidad para salvarte" –

Dicho esto, se marcharon. No me molesté en mirarlo, simplemente seguí con las manos enterradas en la tierra reteniendo un gruñido de furia. Una mano pequeña toco la mía y acto reflejo mi separé y me preparé para atacar, pero una sonrisa despreocupada y calida me calmo.

"Tranquila, no te haremos daño" – dijo mientras la que se llamaba Alice, se acercaba y me tenida la mano – "ven, vamos, te mostraremos la casa y te instalaremos en ella."

Giré mi cabeza para ver a Carlisle y Esme, quienes me miraban con una sonrisa de bienvenida pero había cautela en sus ojos. También vi con el rabillo del ojo a Edward quien estaba con gesto serio y me seguía observando con cierta desconfianza. Me levanté rechazando la ayuda de Alice quien a pesar de ello, no había borrado la sonrisa de su pequeño rostro. Me dirigí hacia ellos viendo hacia todos lados, desconfiando de todos, concentrada en mis sentidos para prevenir cualquier ataque. Cuando entré, se me hizo extremadamente raro el lugar. La casa parecía la de cualquier humano, grande y amueblada, toda pintada de color blanco y muy limpia.

-"Edward, ¿Podrías llevarla a conocer la casa por favor?" – preguntó Esme mientras me dedicaba una sonrisa. Edward solo se limito a asentir.

- "Vamos" – no fue una pregunta. Era una orden, lo cual me molestó, más no lo di a demostrar, al menos no con palabras. Lo seguí, pero no me dio la espalda. Hacia bien, estaba conteniéndome para no atacarlo, sabia que si hacia eso, mi existencia ya no tendría otra oportunidad. Subimos unas escaleras de caracol hasta llegar al tercer piso de esa enorme casa, nos detuvimos al final del pasillo y Edward abrió una enorme puerta.

- "Esta será tu habitación" – me dijo mientras yo veía asombrada el cuarto con una enorme ventana al fondo. No hablé. De hecho, no había dicho nada desde que me habían capturado. Solo caminé, por puro instinto, al deleitarme con el hermoso paisaje del bosque que se podía apreciar desde ese lugar.

- "¿Edward?" – llamaron desde afuera, recocí la voz, era la de Alice quien había abierto ya la puerta y asomado su rostro – "¿interrumpo? Solo vengo a traerte un poco de ropa para que te cambies esos harapos" – dijo mirando con repugnancia mi vestimenta, ¿Qué tenia de malo? Una ventaja de ser vampiro era que nuestro cuerpo no sudaba y no le veía nada repugnante a mis pantalones, camisa de manga larga y botas negras. Si bien estaban un poco desgastados, aún no veía la necesidad de cambiarla, me había gustado mucho, se la había quitado a una de mis presas tenía ya cerca de un mes y aun no había encontrado a otra con la misma simetría, o al menos parecida.

- "Aquí te dejo esto" – dijo mientras colocaba sobre un sofá unos pantalones negros y una blusa morada – "te lo puedes poner después de darte un baño, te sentirás mejor" – dijo con una sonrisa. ¿Un baño? ¿Desde cuando los vampiros se bañan? Nosotros no teníamos las mismas necesidades de los humanos. No sudábamos, no llorábamos, no comíamos, no teníamos necesidad de ir al baño, ni de dormir, ¿estaba esta vampira en su sano juicio? Sin embargo, no estaba de humor para ponerme a discutir el tema, agarré una toalla la cual me tendió y me dirigí hacia donde se suponía estaba la regadera

"Espera" - exclamó mientras se adelantaba y abría la llave del agua caliente y el agua fría – "el agua tibia te relaja los músculos" – me limite a mirarla mientras me desvestía. Aunque desde mi nacimiento como vampira no me había bañado, sabía lo que se tenía que hacer y me ofendió su comportamiento, me trataba como si no supiera como usar siquiera una lámpara.

Debo admitir que la chica tenía razón, la ducha fue relajante, el agua caliente provocaba una sensación agradable en mi frío cuerpo. No tardé mucho, en cuanto terminé de vestirme con la ropa que me habían dejado colgada en el perchero, me cepillé el cabello y me maquille de forma habitual, salí, Alice estaba sentada en el sofá y Edward se había retirado.

"Vaya, la ropa que te quedo justo a tu medida" – dijo orgullosa – "ven, Carlisle nos esta esperando en el comedor, quiere tener una platica con todos nosotros"

La seguí sin decir palabra alguna aun, en el primer piso, había una división de la casa, la cual tenía un enorme y lujoso comedor redondo en el cual se hallaban Carlisle, Esme, Jasper, Edward y dos vampiros mas a los cuales no conocía. En cuanto entramos Carlisle se levanto y amablemente fue a mi lado y me invito a sentarme, se me hizo extraño el que un grupo de vampiros tuviera un comedor, pero ya no me sorprendió tanto, había caído en la cuenta de que no era un clan de vampiros normales; ya que estaba sentada, Carlisle comenzó a hablar con sus manos cruzadas sobre la mesa.

"Aún no conoces a mis otros dos hijos" – comenzó – "ellos son Emmet y Rosalie" –el primer mencionado era un enorme vampiro con unos músculos que me pusieron nerviosa, se notaba a simple vista que era demasiado fuerte, tenia el cabello rizado, pero a pesar de su aspecto fornido, me dedico una sonrisa enorme y amistosa, la cual me hubiera gustado corresponderle, pero no pude, ya que en ese momento gire mi cabeza para observar a la que respondía por el nombre de Rosalie, solo una palabra la describía mejor: magnifica, los vampiros por naturaleza resultábamos atractivos pero ella era mucho mas que eso, de cabellera rubia y ondulada que le caía hasta su esbelta cintura, de ojos seductores aunque a mi me miraron con ira.

"Esta es mi familia" – prosiguió – "y tu ahora formas parte de ella" – me sorprendió lo que había dicho pero no lo di a notar – "sabemos que todo esto es nuevo y extraño, y que has tenido una mala formación como vampira, lo cual casi te cuesta la vida, sin embargo, estamos dispuestos a ayudarte para que tengas un mejor autocontrol, sabemos que será difícil ya que estas acostumbrada a beber sangre humana, pero confiamos en que serás conciente y pondrás mucho de tu parte. Ya te habrás dado cuenta que no somos como los vampiros que conoces y has convivido, pero, independientemente del lugar donde vivimos y que no somos nómadas, hay una diferencia mas marcada aun: nosotros no nos alimentamos de sangre humana, y convivimos con ellos" – mi cara no pudo ocultar la sorpresa y la incredibilidad y Carlisle sonrío ante mi expresión – "sé que es difícil de creer y comprender, pero así es, nos alimentamos de sangre de animales, estoy conciente de que a ti no te va a causar mucha gracia ya que sabemos que el olor y el sabor no se compara con la de los humanos, sin embargo, mi familia y yo nos negamos a dar caza a lo que alguna vez fuimos y fue nuestra familia y tu te limitaras a hacer lo mismo… Por ahora, no nos arriesgaremos a que mantengas contacto con los humanos ya que tu autocontrol no te lo permitiría, sin embargo en cuanto veamos que es prudente, te pondremos a prueba" – todos esperaron a que dijera algo, sin embargo, la única reacción que tuve ante todo esto fue empuñar mis manos, no lograba comprender que hacia aquí sentada con unos vampiros dementes, beber sangre de animales, convivir con humanos, ¡rayos! Jamás imagine tales casos.

"Nos gustaría que nos dijeras tu nombre" – dijo Esme con un tono empalagoso. No respondí – "será cuando tu quieras" – repuso con amabilidad. Oi como Rosalie se levantaba bruscamente de la silla y se marchaba azotando la puerta.

"Pues bien, espero hayas comprendido y estés dispuesta a aceptar nuestras reglas muchacha" – dijo Carlisle mientras se levantaba – "siéntete en tu casa, por el momento estarás bajo vigilancia de Edward, así que no intentes nada de lo que te puedas arrepentir, recuerda que los Vulturius no son pacientes".

Observé callada y con las manos aun en puño como todos desalojaban la sala y me quedaba sola, sentí que me ardían los ojos, no sabia que hacer, deje de respirar para contener la ira que había en mi y pude sentir como mi garganta ardía, tenia sed, habían pasado ya tres días sin beber sangre alguna. Me erguí de la silla, dispuesta a salir a cazar cuando alguien me bloqueó el paso.

"¿A dónde crees que vas?" – preguntó Edward. Le gruñí, enseñándole los dientes, en forma de amenaza, más no se movió – "te hice una pregunta" –recordó, mientras me dirigía una mirada fría la cual fue correspondida de la misma manera. Me ardieron las manos, por un momento pensé en arrancarle la cabeza, pero el fuego de mi garganta me quemo de tal manera que me caí de rodillas frente a él, con la mano debajo de mi barbilla.

"¿Te sientes bien?" – lo miré con fuego en los ojos, dispuesta a, mínimo, desgarrar su piel con mis uñas pero su mirada me detuvo. Su rostro estaba muy cerca del mío y el oro liquido de sus ojos me hipnotizo por un momento - "¿tienes sed verdad?" – preguntó mientras me tomaba la mano con la que sostenía fuertemente la garganta y me ayudo a ponerme de pie – "sígueme" – ordenó, mientras me dirigía fuera de la casa.

Salimos al bosque, la brisa de la noche acariciaba mi rostro y la belleza de lo que mis ojos veían, por un momento, calmo mi sed, seguimos caminado, después de unos segundos, oí como una manada de ciervos estaba del otro lado de un río

"Nosotros podemos aguantar hasta una semana sin beber sangre, pero en tu caso es diferente…Esta noche será tu primera caza herbívora" – informó con una sonrisa

En ese momento sentí un olor, el cual no se me hizo apetitoso en lo absoluto, pero prometía aliviar el ardor de mi garganta, así que me entregue a mis instintos y me limité a cazar. La sangre de esos ciervos no sabía ni la mitad de bien que la de los humanos, pero calmo mi sed, Edward cazo conmigo pero, a diferencia, le bastaron nada mas tres ciervos mientras yo devore alrededor de unos seis.

-"¿Qué tal?" – preguntó cuando nos dirigíamos de regreso a la casa. No contesté. Iba con la vista dirigida hacia el suelo, si bien ya no sentía el fuego arder con fuerza en mi garganta, eso no quitaba lo poco agradable que me parecía el tener que regresar a ese extraño lugar.

Edward no dijo nada después, pero antes de llegar a la casa se paro frente a mí bloqueándome otra vez el paso. ¿Y ahora qué?, pensé

-"¿Cuánto tiempo piensas estar callada?" – reprochó con tono irritado, lo cual no me gusto, ¿Qué se creía el para hablarme de ese modo? – "Contesta" – abrí más los ojos ante esta palabra. Era una orden, y si algo me molestaba era eso: recibir órdenes, lo cual había hecho desde hacía ya tres días y no estaba dispuesta a recibir ni una sola más. Y menos por un estupido vampiro vegetariano.

- "Quítate de mi camino" – solté con voz afilada y con la mirada fija en la suya. Al oír eso, sus labios se le curvaron hacia arriba lo cual me hubiera hecho cambiar de color por el coraje de haber podido. ¿Qué tenia de gracioso? Fruncí el seño ante su reacción y eso le pareció divertir aun más

- "Lo siento" – dijo mientras contenía claramente una carcajada – "no me esperaba que esas palabras fueran lo primero que ibas a decir"

Era un estupido. En la mañana me había rechazado, en la tarde se había comportado distante, tenía horas había sido amable, hacía minutos se había creído mi patrón y ahora se reía de mí. Era demasiado, pero, aunque quise que me furia creciera de tal modo como para tener el valor de atacarlo, está no apareció. Había cierta indignación, pero su sonrisa había provocado algo en mi, que reprimía el deseo de hacerle daño, así que lo único que fui capaz de hacer fue empujarlo para que dejara de bloquear mi camino y entrar a la casa.

Entré en mi supuesta habitación y azote la puerta, estaba furiosa, pero no con él, si no conmigo y no sabia exactamente el por qué. Pasaron unos cuantos minutos antes de que alguien tocara la puerta, ¿Qué diablos querían ahora?, me levanté bruscamente y abrí la puerta de tajo y ahí estaba otra vez el con rostro divertido.

- "Déjame recordarte que soy tu vigilante esta noche" – dijo mientras entraba a la habitación y despreocupadamente se sentaba en el sofá. Se tenía que aburrir de un momento a otro. No pensaba dirigirle una palabra más, esa era mi decisión, la cual flaqueo cuando vi lo que sostenía en sus manos, era una recopilación de unas obras de William Shakespeare, me acerqué instintivamente para comprobar mis sospechas

"Es una recopilación de algunas obras de William Shakespeare" – explicó con tono casual sin dirigirme la mirada.

"Ya lo sé" –

Giró su rostro con los ojos más abiertos. Supuse que se debía por la sorpresa – "¿Lo conoces?" – Preguntó con un tono de incredibilidad en su aterciopelada voz, que me molestó – "vaya, no me esperaba eso" – dijo regresando la vista a las paginas del libro, con gesto desinteresado..

"Parece que aquí todos piensan que soy una clase de cavernícola" – dije. Sonrío ante el tono que había empleado y lo miré con desaprobación

"Lo siento" – el tono de su voz sonaba amable – "no es que pensemos eso, simplemente… tu falta de comunicación no nos permite el conocerte, por ejemplo, aun no se cual es tu nombre" – dijo con una voz aterciopelada la cual me desconectó de mis sentidos por un segundo.

"Bella" – murmuré en mi trance de deslumbramiento y me arrepentí automáticamente expresando mi descontento empuñando mis manos y girando mi rostro para no verle más.

"Bella" – repitió – "me imagino que sabes lo descortés que estas siendo con mi familia al comportante de una manera tan tajante" – soltó de repente con tono de reproche. Eso me molesto, ¿ahora me iba a decir que hacía bien y que no? Ya no me podía quedar callada, quería gritarle al menos a él lo que sentía.

"No me interesa el como se sienta tu familia, fue decisión suya el aceptarme, yo no los obligué absolutamente en nada, además, ¿como quieres que me comporte? ¡¿Que les aplauda la extraña obsesión que sienten por los humanos?! ¡¿Que les haga reverencia por beber la asquerosa sangre de venados?! – su expresión se había tornado seria, en su mirada había una chispa de ira la cual estaba intentando contener. Sin embargo, no me detuve – "no veo el por que tenga que preocuparme por ser o no cortes con unos vampiros absurdos que juegan a ser humanos" – dije alzando la barbilla en tono desafiante a su mirada.

"Nos debes la vida" – siseó – "si no fuera por la bondad de Carlisle ahora fueras ceniza."

"Preferiría ser ceniza a arrastrarme por la tierra bebiendo sangre de animal" – esas palabras finalmente desataron su furia. Sentí como Edward rugía y medio segundo después, me tenía encarcelada entre sus brazos y la pared.

"Así que prefieres ser ceniza que llevar en tus venas sangre de animales" – retó mientras sus labios bajaban a mi cuello. No contesté, su aliento me había dejado pasmada en ese momento, era tan dulce y fresco que me hizo estremecer – "¿Tienes miedo?" –preguntó amenazante y no sé si, conciente o inconcientemente, su voz tenía un toque demasiado seductor

"¡Suéltame!" – exclamé cuando pude poner mis ideas en orden y empecé a forcejear inútilmente contra sus duros brazos – "¡Suéltame!" – ordené de nuevo mientras le enterraba las uñas en los antebrazos

"¡No te voy a soltar!" – discutió, sin hacer gesto de dolor alguno – "te voy a hacer un favor: no permitiré que vuelvas a rebajar tu ego de vampiro bebiendo sangre de venado" – su voz era furiosa e indignada, claramente mis palabras le había hecho enojar. Sus dedos acariciaban mi cuello y sus labios rozaban suavemente mi garganta. En ese momento, no sentí miedo, solo un deseo y una satisfacción enorme, como nunca la había sentido antes por el roce de una piel.

Cerré mis ojos por la oleada de emociones y respiré con mas rapidez, en ese momento, sentí como su aliento se fusionó con el mío y al abrir mis ojos tenía su rostro a menos de dos centímetros de mi

"Dices que prefieres dejar de existir que a respetar la vida humana y ¡mírate!, tiemblas como una chiquilla miedosa y cobarde"

"No te tengo miedo" – contradije entrecortadamente. Tenía suerte que había mal interpretado mi reacción con miedo y no con lo que en realidad sentía – "ya déjame en paz" – pedí mientras otra vez empezaba a empujarlo y como antes, de nada servia mi esfuerzo.

Después de dos segundos se retiró sin decir palabra alguna. Confundida por lo que había sentido hacía segundos me senté ocultando mi cara entre mis piernas y sin verle a los ojos