Dislcaimer: No, no vivo en Inglaterra- por lástima-, ni soy dueña de este chico con lente y maravillosos ojos verdes. Pero a veces uso el personaje por entretención, sin otra intención… ¡gracias JK Rowling!.


Gracias por leer!!!

La canción que le puso el nombre al capítulo es "Antología" de Shakira.

Espero que les guste el cuarto capítulo.

Un beso,

Ember.


OoOoO

"Paseando entre fantasmas"

OoOoO


Capítulo cuatro: "Antología"

El sonido del tren sobre los rieles me parecía una armoniosa melodía ahora que por fin un problemático cuarto año terminaba. El paisaje verde que decoraba el camino de mi ida nunca antes me había parecido tan bello, fresco y renovado, como si en cada hoja que volaba con el viento yo pudiera leer un "hasta luego". La verdad era que nunca antes le había prestado tanta atención.

Aún sostenía sobre mis manos el pergamino que la lechuza negra me había entregado antes de subir al Expreso, y no podía evitar sonreír cuando veía la firma de aquella nota. Viktor aún se acordaba de mí.

La puerta del compartimiento se abrió, y de inmediato escondí la nota al interior de mi mochila.

- ¡Herms, te estaba buscando!- exclamó Ginny sentándose junto a mí-. ¿Oíste el último chisme?-.

Yo negué. No tenía ánimo para chismes. Mejor dicho, nunca he sido muy chismosa.

- No, Ginny… ¿qué pasó?-

El rostro pecoso de mi amiga se iluminó al saber que ella sabía algo que yo ignoraba. Y sus manos buscaron las mías, apretándolas con fuerza por la emoción.

- ¡Harry ha vuelto al mercado!- exclamó, soltando mis manos y tapándose su boca por el grito lanzado.

Suspiré, no mostrando emoción alguna. Claro que Harry estaba soltero, eso yo lo sabía desde el mismo instante en que confesó su terrible error. Aún podía recordar sus ojos brillosos, su tristeza, la determinación de sus palabras al decir que nunca más sería infiel.

Harry podía ser un imbécil la mayoría de las veces, con sus comentarios fraternales que me hacían desesperar. Pero era bueno, preocupado, amable y el mejor amigo que cualquier chica podía desear… cualquiera, exceptuándome.

- ¿Ya lo sabías?- me cuestionó Ginny decepcionada con mi falta de entusiasmo.

Asentí, y entonces la puerta del compartimiento se abrió, trayendo consigo una risa suave, casi ronca, parecida a lo que yo escuchaba cada vez que me proponía dormir, y que ya conocía a la perfección. Era esa risa una de las cosas que yo más amaba en este mundo.

- ¿Ya pasó por aquí el carro con dulces?- preguntó Ron sentándose frente a su hermana y desparramando su mochila junto a él.

Harry se volteó hacia mí y me sonrió. Se sentó en el puesto junto a la ventana, frente mío, y ladeó la cabeza para admirar el paisaje que yo contemplaba hace unos minutos. Sus ojos verdes se reflejaban en el vidrio mimetizándose con las hojas que parecían pintadas en el exterior, haciéndolo a él parte de un todo. Así como cada día que pasaba yo lo reconocía más parte de mi corazón.

- No, Ron, aún no- respondió Ginny sonriendo cómplice. Seguramente para ella no pasaba desapercibido mi rostro poseído cuando miraba Harry.

Un suspiro se escapó de los labios de Harry. Su mente parecía abstraída del mundo que lo rodeaba; y eso era otra cosa más que me encantaba de él, que a pesar de que yo era la persona que más lo conocía, habían muchas ideas en su cabeza que me dejaban varada sin saber qué podía pensar o sentir en un momento determinado. Sus ojos solían reflejar la gran mayoría de sus sentimientos, brillantes espejos, pero en otras ocasiones ni sus ojos podían decirme qué pasaba por su mente de héroe, de niño… de hombre que tenía un gran peso que soportar.

- ¿Irás a la madriguera este año, Harry?- preguntó Ron, buscando dentro de su bolso la última rana de chocolate que le quedaba de su reserva mensual.

Harry negó, mirando a Ron y luego posando sus ojos en mí.

- Me quedaré en Privet drive, aunque tengo la intención de escaparme a Londres cada vez que pueda- aseguró.

Ginny me miró, y en su sonrisa pude notar que un plan se había formado en su cabeza.

- ¿Y tú, Herms, vendrás a vernos?-.

Yo también negué. Sabía muy bien a qué quería llegar Ginny, y no iba a permitir que comenzara con sus sugerencias. Por lo general no se le daba bien eso de andar siendo disimulada en sus intenciones.

- No, pero todo depende…- solté al aire-. Aún no sé qué sorpresas me puede traer este verano-.

Los ojos de Harry se detuvieron en mí, y yo me vi, como otras veces, reflejada en ellos…

¡El verano podría traer muchas sorpresas!

--

El puré de mi plato estaba a la mitad, mientras jugueteaba con él sin verdadera hambre.

- Pollita, ¿por qué no comes?- me preguntó papá, ingiriendo la quinta cucharada de puré.

- No tengo mucha hambre- respondí, tomando un poco de puré con mi tenedor y llevándolo a mi boca. En todo caso el puré hecho por mi mamá no se comparaba al del castillo. Mi madre era una reina de la cocina, igual que la Sra. Weasley.

Mamá negó con el ceño fruncido, acercándome la fuente de ensaladas para que me sirviera.

- No está bien que no comas, Hermione- me espetó. Sí, mi madre era algo obsesiva con el asunto peso-salud-. No te digo que comas hasta reventar y engordes, pero está mal que no comas las comidas diarias correspondientes-.

Yo asentí y tomé lechuga y tomate de la fuente.

Llevaba dos semanas en mi hogar y ya estaba algo aburrida. Durante aquellos días me había dedicado a leer todos aquellos libros entretenidos que no podía leer en el año: Tolstoi, Shakespeare, Faulkner, Dumas y Wilde; y también había aprovechado de profundizar mis conocimientos en poesía: Becquér, Octavio Paz, Huidobro, Neruda y Rubén Darío.

Con los años me había vuelto una romántica empedernida, suspirando con cada frase emanada de esas plumas sabias y sentimentales. Cuando leía aquellos versos pasionales no podía evitar sonreír y llorar, pensando en unos ojos verdes que escrutaban mi semblante desde lo más profundo de mis emociones, rozando con sus manos mis mejillas, besando mi alma a través de mis sueños. No me hacía falta verlo para pensar en él, porque Harry era lo único que rondaba en mi cabeza durante todo el día.

¡Ring!, ¡Ring!, ¡Ring!

El sonar del teléfono rompió el silencio del comedor, y mi nana- aquella que me había cuidado antes de entrar a Hogwarts- salió de la cocina para responder.

- Permiso- dijo la mujer, limpiando sus manos en el delantal blanco que cubría su ropa-, pero llaman por teléfono a Hermi-.

Yo la miré extrañada. El teléfono jamás era para mí, exceptuando a mi prima Nelly que me llamaba durante las vacaciones y a mi tía Eugine, la hermana mayor de mi padre, que le gustaba cuestionarme acerca de ese extraño internado irlandés al cual asistía.

Con una mueca de hastío me levanté. Mi madre me leyó el pensamiento: ella también creía que era tía Eugine, y miró mi plato con decepción. Si nuestra intuición era cierta se me iba a enfriar sobre la mesa.

- ¿Aló?- pregunté al tomar el auricular. La bocina de un auto se escuchó desde el otro lado.

- Herms, ¿eres tú?-.

Mi corazón saltó en mi pecho al escuchar aquel tono de voz… pero no, no podía ser cierto, no podía ser él.

- ¿Harry?- mi voz sonaba, aunque no quisiera, asombrada.

- El mismo- rió… con aquella seca y amada carcajada-. Sabes, estoy en el centro, frente al cine, y se me ocurrió que te gustaría ver una película conmigo, ¿qué te parece?-.

Abrí mis ojos de la impresión. ¿Acaso Harry me estaba llamando para invitarme a salir?. Eso parecía aún más absurdo de lo que yo había pensado.

En aquellas dos semanas que yo había pasado leyendo en mi cuarto, no había recibido ninguna carta de él, ni siquiera una pequeña. A mi ventana sólo llegaban lechuzas negras enviadas por Viktor, y una que otra despistada que traía notas de Ron y Ginny, sobretodo de esta última. Pero Harry no había dado señales de vida… ni siquiera había respondido la nota que yo le había enviado para saber si había llegado bien a la casa de sus tíos.

- ¿Ahora?-.

Por el tono que usé al responder él pareció dudar, o por lo menos eso creí al escuchar un largo "mmm…" de su parte. Otra bocina más sonó cerca de él y una alarma de ambulancia se alcanzaba a distinguir sobre los ruidos de la ciudad.

- Si no puedes, no importa- me dijo de inmediato-, entiendo que debes estar ocupada en otra cosa. Yo entraré solo, no es que tenga mucho más que hacer…-.

- ¡No!- grite con horror. Era primera vez que iba a estar sola con Harry en el mundo muggle, y no me quería perder esa oportunidad. Quizás por algo más él me había llamado-. Dame cuarenta y cinco minutos, entre el taxi y el metro me demoraré eso, ¿te importa esperar?-.

Esa maravillosa risa volvió a inundar mis oídos tras mi pregunta.

- No, Herms, te espero cuanto haga falta. Un beso, nos vemos-.

- Nos vemos- respondí antes de colgar con mis ojos perdidos en la muralla que daba al final del pasillo: Harry me había invitado- de cierta forma- a salir… y yo aún no era capaz de salir del asombro que una cosa como esa significaba.

Sacudí mi cabeza y corrí hacia el comedor. Mi padre ya había terminado su gran plato de puré y mi mamá me miraba con una ceja alzada, seguramente algo sospechaba. Sí, las madres adivinan todo. Me acerqué a mi plato y me hice en dos grandes bocanadas de parte importante del plato. Luego dejé los cubiertos a un lado y me puse de pie.

- ¿A dónde vas, hija?- me preguntó mi mamá, sin sacarme la mirada de encima.

Me puse colorada y bajé la mirada un poco, lo suficiente para no delatar mi vergüenza.

- Voy a salir con Harry, él me llamaba- respondí caminado hacia la puerta-. Tomaré un taxi hasta el metro y de ahí me iré en metro hasta el cine. Estaré aquí antes de las siete, ¿está bien?-.

Mi padre asintió, había visto a Harry muy pocas veces, pero por lo que me había dado cuenta le caía bien, incluso podría decir que le tenía cierta lástima por toda su historia. Mi madre en cambio no pensaba igual, ella sabía- no sé cómo- que Harry era mi todo desde que entré al colegio, y siempre cuando recibía mis cartas melancólicas y nostálgicas le echaba la culpa a él. Me conocía tanto que sabía que cada vez que yo lloraba era porque Harry algo había hecho, y no me era extraño que por lo mismo sintiera un poco de renitencia hacia él. Sabía que Harry era el causante de las mayorías de mis tristezas.

- Cuídate- me dijo, con aquella voz grave que ponía cuando algo no le gustaba, voz que, al parecer, yo había heredado.

Yo sonreí y corrí rumbo a mi habitación. Tenía sólo minutos para quedar medianamente presentable, y sin Ginny ni mi prima Nelly ahí, sería difícil lograrlo en tan poco tiempo. Pero en verdad eso no me importaba tanto, después de todo Harry ya me había visto en mis peores pintas y no había nada que yo pudiera hacer para que olvidara eso. Ahora sólo era cuestión de jugar, de arriesgarse, y de demostrarle que yo era lo suficientemente buena para él.

En mí estaba todo para ser la futura novia de Harry Potter.

--

Las personas me apretujaban mientras salía de la boca del metro. El viaje había sido desesperante, con tanta gente que respiraba a mi alrededor y tantos cuerpos que rozaban el mío. Nunca me habían gustado mucho las multitudes, y en el caso del transporte público mi fobia a las grandes masas de gente aumentaba. Pero de todas formas yo no podía dejar de sonreír… soportaría aquel calor asfixiante y esos olores humanos con tal de verlo. Sacrificaría más de lo creíble por él.

Mis ojos se detuvieron en su figura delgada y despreocupada sentada sobre una banca frente a la fachada del cine. Su cabello despeinado se veía algo más ordenado que de costumbre, sólo algo, y su vestimenta muggle lo hacía pasar desapercibido entre los muchachos que caminaban a su alrededor. Nadie diría que ese chico de gafas era el elegido.

Caminé hacia él y me detuve a contemplarlo con una sonrisa. Yo ya sentía como mi corazón galopaba en mi interior, como una máquina viva e intranquila, dando retumbadas que asaltaban mis oídos y mi pecho… ¿Harry lo escucharía también?

- Hola- murmuré, tomando asiento a su lado-. ¿Me demoré mucho?-.

Ladeó su rostro para contemplarme. Sus orbes verdes parecieron analizarme, deteniéndose en el vestido que llevaba puesto y subiendo hacia mi rostro, hasta que finalmente sus ojos sonrieron junto a sus labios curvados.

No pude evitar mi sonrojo.

- Te ves muy linda- me comentó, con aquel brillo especial en sus pupilas que yo había visto un par de veces-. Y te demoraste menos de lo que pensé que demorarías, aún estamos a tiempo para la función- reconoció, poniéndose de pie y esperando que yo lo siguiera.

Caminamos hacia la boletería, uno avanzando junto al otro. Mi corazón se aceleraba con el roce eventual de su mano en mi brazo desnudo, haciéndome estremecer, al ver su sonrisa en su cara y su cabello revuelto, esencia de su alma indómita.

Yo insistí en pagar mi boleto, pero él se negó, pidiendo dos boletos de una comedia que estaba de estreno. "Yo te llamé, Herms, yo invito", me dijo, regalándome una sutil sonrisa al pasarme mi entrada. Y yo podría haberme quedado para siempre contemplando el velo de misterio que se ocultaba tras esa frase.

- Entonces yo me pongo con las palomitas de maíz- insistí. Tal como siempre sucedía cuando yo insistía con algo, él asintió. Sabía que por más que se negara ya tenía la batalla perdida.

La sala estaba apenas iluminada por unas suaves ampolletas a los lados de las altas murallas. Los asientos subían en pendiente frente a la pantalla blanca que aún no se hallaba contrastada con la proyección de la película. Yo caminaba tras Harry, observándolo ascender hacia la penúltima fila. Tomó asiento en el centro y yo me senté junto a él.

- ¿Quieres?- le ofrecí palomitas, mirando la bolsa en donde se rebalsaban.

Él asintió y sacó un puñado. Unas cuantas se perdieron bajo el asiento, pero eso era normal, siempre me había preguntado cuántas palomitas se extraviaban en la proyección de una película.

- Que bueno que hayas venido, Herms- me comentó, con sus ojos perdidos en las personas que llenaban la sala-. Habría sido muy aburrido venir a ver la película solo-.

Sentí mi corazón apretarse en mi pecho al escuchar sus palabras. Algo debía estar escondido tras esa confesión, una idea, un sentimiento. Toda la situación era de por sí extraña, pero las palabras que él agregaba al asunto era lo que más me hacía dudar.

- Y yo no podía dejar de que vinieras solo- le respondí.

Él me sonrió…. Justo antes de que las luces del cine se apagaran y se diera inicio a la función.

Estaba expectante, nerviosa, contraída en mi asiento mientras las primeras imágenes de la película se proyectaban en la pantalla. A mi lado podía sentir el calor que emanaba el cuerpo de Harry, como una hoguera que me llamaba a quemarme con ella, a fundirme en sus llamas invisibles y arrojarme como una estrella fugaz al cielo estrellado que significaba toda su persona, una masa oscura repleta de puntos brillantes.

Su mano rozaba casualmente la mía cuando se acercaba al paquete de palomitas y sacaba. A veces yo creía que me la iba a tomar, tal como suele suceder en las citas que van acompañadas de cine, pero mi ilusión se rompía cuando lo veía sacar un puñado de palomitas que luego era seguido por una carcajada cuando al protagonista de la película le sucedía una desgracia.

¿Y a mí qué me importaba una película cuando la escena más importante de mi vida se llevaba a cabo en ese momento?. Mi corazón estaba acelerado, como si corriera en círculos dentro de mí. Mis manos sudaban por la espera de un gesto por parte de él. Y así como no sabía quién rayos era el antagonista de la historia que había ido a ver, mi vista se desviaba al perfil de Harry una u otra vez, idealizando la curvatura de su nariz, el largo de sus pestañas, el color de sus labios…

- Pobre tipo…- me murmuró, acercando sus labios a mi oído.

Yo me estremecí.

- Sí, que triste su vida…- le respondí, sin saber bien de qué hablaba. Mi atención llevaba cuarenta minutos preocupada de todo menos de la película, y claramente no sabía a qué se debía específicamente su comentario.

Pero luego él volvió a reír y sus ojos se desviaron nuevamente a la pantalla, pasando a rozar mi mano al sacar las palomitas casi intactas en el paquete.

Después de minutos eternos sumida en la oscuridad de ese cine, con la risa de Harry a mi lado y los latidos de mi corazón en mi pecho, suspiré al ver como las letras blancas de los créditos ocupaban la pantalla, dándome a entender que aquella hora tan bizarra de mi vida había terminado.

Harry en ningún momento había tomado mi mano como yo esperé durante el transcurso del tiempo. Sus comentarios chocaban junto al aire tibio de su aliento que golpeaba mis mejillas, pero tampoco intentó acercarse más. Aquella salida era tan inocente como nuestras charlas en Hogwarts, y con ello sentí un peso parecido a la decepción… yo esperaba algo más que carcajadas y palomitas.

Salimos del cine sin hablar mucho, intentando no tropezar con el tumulto de gente que salía de la sala. Afuera el sol estaba más bajo, tornando en ese tono anaranjado que acompañaba las tardes de verano en un cielo despejado. Sentí la calidez de la brisa chocar bajo mi vestido y acariciar mi mejilla. Eso me hizo sonreír… podría jurar que Harry llamó esa brisa para que me mimara.

- Tengo que irme- le dije una vez cruzamos la calle, cerca del metro-. Le prometí a mi madre que estaría antes de las siete en la casa-.

Sus ojos se veían más brillantes con el arrebol de fondo, como si fueran una estrella verde, tal como Venus, la primera en salir. En un sutil movimiento se acercó a mí, abrazándome de la cintura y dejando caer un beso suave en mi mejilla.

- Gracias por venir, Herms- me murmuró al oído-. Me encantó verte-.

Yo podía sentirme una hoja endeble entre sus brazos. Podría desmayarme ahí mismo y dejarme caer sobre él…

- A mí también me encantó verte, Harry. Ha sido genial pasar la tarde contigo-.

Se alejó de mí y tomó mi mano. Me observaba con aquellas miradas que ocultaban muchas cosas, pero que develaban muchas otras. Lo sabía, lo podía presentir… ahí había algo. De eso estaba totalmente segura.

- Espero que nos estemos viendo más seguido- me comentó, sin soltar la punta de mis dedos-. Me gusta estar contigo…-.

Y con esa frase yo me alejaba, sintiendo como sus dedos se resbalaban de los míos… como mi cuerpo se enfriaba sin el contacto de su piel. Su sonrisa y sus ojos enmarcados fueron lo último que vi cuando me volteé para entrar al metro. Pero con ese último recuerdo yo me sentía totalmente feliz… más de lo que cualquiera pudiera creer

Llegué a mi casa cerca de las siete. Aún mis padres no llegaban, aunque seguramente en un momento u otro escucharía el motor del auto estacionando en el garaje. Dejé mi cartera en el mesón de la cocina mientras sacaba un vaso de uno de los estantes.

¿Cómo había terminado así, sonriendo después de ver a Harry en el cine?. Muchas veces me había preguntado qué me había llevado a enamorarme de él, y nunca le encontraba una respuesta totalmente lógica a esa pregunta. El amor era así, tonto, absurdo, revuelto, embustero, maldito, jodido y maravillosamente genial. Era un tobogán sin salida, una culebra envenenada y una maldita tuberculosis que podía llevar a la más estúpida ilusión o a la más horrible de las pérdidas.

Llené el vaso con agua y tomé un sorbo, el cual debí dejar a medias al escuchar el picoteo en la ventana.

¿Será Hedwing?, me pregunté ilusionada.

Abrí la ventana y dejé entrar una lechuza negra y de un tamaño considerable. El ave dejó que le deshiciera el nudo de su garra y se fue, volando sin más. Miré la caligrafía y una sonrisa amarga se dibujó en mis labios… la sonrisa de orgullo que acompaña la tristeza de hacer sufrir a alguien: Viktor Krum me volvía a escribir.

La desenrollé y me pude imaginar sus dedos gruesos tomando la pluma y trazando esas líneas. No sabía qué había visto Viktor en mí; pero esa era otra pregunta sin respuesta. Probablemente Viktor había experimentado conmigo lo mismo que yo había vivido con Harry… algo absolutamente irracional.

El ruido del motor estremeció desde afuera. Rápidamente oculté la nota dentro del bolsillo de mi vestido y me acerqué a la puerta, donde entraba mi mamá con una mirada escudriñadora.

- Hermione, hija, ayuda a tu padre con las bolsas- me dijo, pasando junto a mí sin preguntarme nada de mi cita.

Yo asentí y salí a buscar las bolsas que papá estaba sacando de la maletera del vehículo.

Por alguna razón extraña esa reacción de mi mamá me parecía sospechosa, como si ella supiera algo que yo ni me imaginaba. Y bueno, en ese momento yo no estaba tan lejos de la realidad...

… mi mamá sabía que el viaje de las emociones recién empezaba. Me había enamorado, hace un tiempo ya, pero la obsesión recién comenzaba a nacer… esa obsesión que me llevaría a cometer muchas locuras.

Y sí, me volvería loca por culpa de Harry Potter.

Absolutamente loca.

&

Disculpen la tardanza!!!, pero les puedo decir que por fin salí de vacaciones, así que ahora podré escribir.

Un agradecimiento especial a:

Joyce Alexa Malfoy Black, Jose, blackangel, Makarva, Ashrriel, alastor82, catagranger, ahomean, camila92

Este chap es algo más positivo, como ya saben... en el amor siempre están los altos y los bajos. Pero ojo con lo que dice Hermione al final: ¿qué tan loca se volvió después?.

Un beso,

Ember