2. Visiones en Lakewood

El rosedal del enorme jardín de los Andley expedía un delicioso aroma que se acrecentaba con el frío ambiente. Las rosas parecían darle la bienvenida a aquel solariego lugar. Y Candy no pudo evitar sorprenderse de ver aquel lugar tan lindo como siempre, con el jardín tan bien cuidado como lo había estado cuando Anthony aún se encargaba de las rosas.

Candy suspiró, se sentía un poco agotada por el viaje y pensó que lo mejor sería dirigirse a la casa para dejar su pesada maleta, giró su cabeza hacía todos lados tratando de divisar a alguien, a lo lejos un joven jardinero regaba las rosas.

- Buenas tardes – saludó la muchacha casi a gritos

- Buenas tardes – dijo el joven moreno que al levantar la vista se había percatado de su presencia. - ¿Busca a alguien?

- No, yo... – Candy se sintió un poco tonta, no le había avisado a nadie que iría a Lakewood y era muy seguro que no le dejaran pasar, ya que nadie la conocía por allí.

El muchacho dejó de regar las rosas y la miró expectante, y Candy se sonrojó un poco.

- ¿Señorita Candy? – escuchó una voz detrás de ella.

Candy volteó la cara y se encontró con la cara radiante de Dorothy.

- Dorothy, - Candy respiró Aliviada - ¡Que alegría verte!

- Hace tanto tiempo ¿no?

- Si – dijo la chica rubia.

- No la esperábamos – mencionó un poco atribulada - ¿va a quedarse?

- Esa era mi intención, pero por favor Dorothy no me hables con tanta propiedad...

Mientras conversaban las dos caminaban hacía el umbral de la mansión. Candy observaba de reojo a Dorothy tratando de encontrar en ella algún cambio, sin embargo, Dorothy parecía ser la misma de siempre, con su peinado en trenzas y su mandil impecable, sobre su austero y abrigador vestido. Dorothy sin embargo se limitaba a caminar ya un poco delante de ella.

- Pasa – le dijo cuando hubieron llegado junto a la puerta.

Candy sonrió, para después entrar a la mansión. El amplio vestíbulo se extendía frente a ella, tan majestuosa e imponente como lo había sido siempre. El pulido piso de mármol reflejaba las fastuosas escaleras con su pasamanos de bronce brillante que llevaba a la segunda planta donde las habitaciones se distribuían por las alas sur y norte. Su corazón latió con fuerza al ver que todo estaba igual a como recordaba.

- ¿Sucede algo? – preguntó Dorothy.

- Es que todo es igual a como recuerdo – confesó Candy – tan limpio y elegante.

- Así lo tenemos que mantener – apuntó Dorothy

- Supongo que pensaba encontrar todo sucio y polvoriento como si todo … bueno... es que en realidad pensé que la mansión estaba sola

- Y lo ésta, - aseguró Dorothy - aunque bueno, el joven Archie viene al menos una vez al mes, así que todo se tiene que mantener como siempre...

Candy sonrió pensando en lo torpe que había sido al creer que una casa de los Andley no la iban a conservar en buen estado solo por no vivir en ella.

- Tienes suerte – continuó Dorothy - el joven Archie vino la semana pasada, así que hay bastante leña...

- ¿De verdad Archie viene tan a menudo?

- Si, a veces viene con su esposa, pero en ocasiones como la semana pasada vino solo...

Candy no supo que decir ¿con Annie? ¿Por qué Annie no le había comentado nada? No sabía porque, pero se sentía un poco traicionada. Dorothy le sonreía con esa sonrisa que ella recordaba y entonces la guió por la mansión. La muchacha rubia la siguió aun cargando su pesada maleta, subieron las escaleras hasta llegar al que algún tiempo fuera su cuarto.

Candy entró un poco vacilante. Todo allí estaba igual a como recordaba, los encajes, el dosel con sus cortinas de terciopelo, y los cojines mullidos. Abrió el ropero y se encontró con aquellos viejos vestidos que la tía Elroy había confeccionado para ella. Si, parecía que en ese lugar el tiempo se hubiera detenido.

- Bueno, me retiro, pero antes de irme tengo que preguntarle – Dorothy pareció dudar unos segundos pero después le preguntó - ¿quiere algo especial para la cena?

- ¿La cena?

- Si – respondió la sirvienta – La cocinera estará esperando por órdenes.

- No importa, puede preparar lo que sea, si requiere ayuda yo podría hacer mi propia cena.

- Señorita Candy – exclamó alarmada Dorothy.

- ¿Qué?

- ¿Cómo puede hablar con tanta naturalidad sobre eso? Espero que no haya olvidado que sigue siendo la hija de los Andley…

Candy sonrió, esa era una de las cosas que había olvidado, la insistencia por parte de Dorothy para que ella aprendiera a comportarse.

- Es bueno tenerte aquí para que me lo recuerdes – dijo Candy con una sonrisa en su cara – Dile a la cocinera que haga de cenar lo que sea que se le facilite, y que lamento darle problemas

- Yo me encargaré de que este enterada. Con su permiso

Dorothy dio media vuelta y salió de la habitación.

La muchacha volvió a sonreír para si. Lakewood seguía siendo el lugar solariego que ella recordaba, con sus protocolos y sus costumbres, y ella seguía sin encajar perfectamente en esa vida llena de lujos que conllevaban demasiadas obligaciones y demasiadas limitaciones.

Candy se sentó en la mullida cama y observó por unos minutos la que antes había sido su habitación. Para ella que vivía sola y con apenas el dinero suficiente para sostenerse, era fácil olvidar lo ostentosos que eran los ricos que tenían más dinero del que necesitaban. Los doseles de terciopelo y encaje caían finamente a los lados de la cama, las cortinas hacían juego con las cortinas que enmarcaban los ventanales que daban al jardín. Los distintos adornos de porcelana y cristal que estaban dispersos por el cuarto dejaban a la vista lo mucho que habían costado. La muchacha pensó con desazón que con lo que costaba una de esas piezas ella podría comer sin problemas quizá hasta por dos meses.

Realmente le resultaba difícil ser como el resto de los Andley cuando ella tenía que ganarse el sustento. Si bien era cierto que Albert y Archie se habían ofrecido en distintas ocasiones para darle dinero, Candy los había rechazado. Había decidido no aceptar su ayuda. Había decidido ser independiente. Había decidido no ser más parte de los Andley aunque de nombre lo siguiera siendo, en la practica ella no era más que una simple enfermera.

Candy se levantó, por un momento sintió que estando allí estaba rompiendo a su promesa de no aceptar ayudar, estaba utilizando el nombre de los Andley para quedarse en la lujosa mansión. Seguramente Albert se reiría de ella al saberlo y eso la hizo enojarse un poco. Miró hacía la mesilla donde Dorothy había colocado su maleta, se acercó a ella y la abrió, dudo unos minutos antes de sacar la ropa, finalmente lo único que tomó fue la hermosa caja de música, la admiró unos segundos ante de hacer girar la pequeña llave que estaba debajo de ella para darle cuerda, las notas del vals comenzó a sonar, cerró sus ojos y recordó aquel día en que había bailado por primera vez con Anthony, en aquel entonces la mansión le había resultado aterradora, pero ahora sentía el lugar como el único fuera del hogar de Pony donde en realidad se había sentido feliz.

La música paró de nuevo y Candy pensó que era una lástima tener que estar dándole cuerda para que la melodía sonara.

Si antes de salir de Chicago la memoria de Anthony la había acechado, estando en Lakewood era aún más fuerte, dando un suspiro se acercó a la enorme ventana que daba al jardín. Observó el gran terreno finamente sembrado que colindaba con el bosque. Aguzó la vista pero no pudo mirar más allá de unas estatuas colocadas a mitad del jardín. Aunque nunca había estado allí sabía que el mausoleo de los Andley estaba al final del jardín, cerca del bosque. Allí estaban los restos de Anthony, tendría que ir a visitarlo antes de ir a cenar si no quería que su imagen la acosara durante su estancia en Lakewood.

El sol se había ocultado ya, dejando esa exigua luz que hacía resaltar las sombras más que los colores. El cielo matizado entre rosa y púrpura indicaban el final de día. Candy sintió que el corazón le volvía a latir con fuerza, el mausoleo estaba allí afuera, no podía esperar más, tenía que ir, tomó la caja de música en sus manos y salió al jardín.

El jardín estaba bien cuidado, sin embargo había algo que le hacía falta, sin embargo no se detuvo mucho tiempo a pensar en eso, se acercó al mausoleo, desde fuera parecía una pequeña Iglesia, Candy tocó la reja que rodeaba el lugar, estaba algo nerviosa, no obstante no tenía nada que ver con que fuera un cementerio o que ya no hubiera luz, era algo más, era parte de esa sensación con la que había despertado esa mañana.

Candy pisó los adoquines que rodeaban una de las fuentes que adornaban al bien cuidado jardín de la propiedad, si, incluso el jardín parecía haber detenido el tiempo, aunque allí pudo percatarse de que a pesar de estar en magnificas condiciones hacía falta esa calidez que los cuidados de Anthony le habían dado durante años a sus queridas rosas. La muchacha suspiró con nostalgia, ese lugar le traía demasiados recuerdos.

Miró de nuevo hacía donde estaba su objetivo, si aguzaba la vista alcanzaba a mirar el domo del mausoleo, la noche estaba por llegar, los últimos rayos solares se habían extinguido hacía ya un tiempo y el cielo solo estaba tenuemente iluminado en colores rosas y púrpuras, la visibilidad no duraría más de media hora, así que Candy apresuró el paso, apenas y se detuvo a mirar las flores o las distintas esculturas que adornaban el enorme jardín. Pronto llegó a lo que de fuera parecía una pequeña Iglesia, caminó hasta donde una reja que rodeaba un descuidado terreno donde estaba la construcción. La muchacha tocó la reja con algo de nerviosismo, no obstante no tenía nada que ver con que fuera un cementerio o que la luz fuera ya un tanto inexistente, era algo más, era parte de esa sensación con la que había despertado esa mañana.

Abrió la reja y con pasos un tanto inseguros se aproximó a la construcción, ella ignoraba si esta iba a estar cerrada o no. Pero al poner su mano sobre la manija se percató de que estaba abierta. Respiró profundamente, dándose algo de valor.

Candy empujó la puerta y vio que había un pequeño altar que daba a una ventana estilo gótico por la cual en el día debían de pasar rayos de distintos colores. Al estar cercana la noche, pudo notar la débil luz que emitía una veladora que estaba sobre el altar, al lado del mismo había una caja que contenía otras veladoras sin prender, lo que indicaba que día y noche había una de ellas que se consumía, y que en ese momento servía para alumbrar el pequeño lugar. Había un reclinatorio y unas flores secas en un jarrón, giró su cabeza y miró las paredes de piedra lisa, cualquiera que no supiera que la construcción era un mausoleo podría haber tomado esas paredes como las paredes de la misma, sin embargo los nombres que estaban en placas incrustadas en la pared indicaban lo que era. A la altura de los ojos de Candy estaba la más reluciente de las placas, era la última que se había puesto en ese lugar... en ella se leía el nombre de Anthony Brown Andley. La muchacha se acercó y tocó con la yema de los dedos la fría placa. En ese momento una fuerte ráfaga de viento le hizo dar un respingo y soltar la caja que traía en las manos, que al caer se abrió y comenzó a sonar.

- Ha sido solo el viento – se dijo Candy recuperando el aliento– no seas tonta.

La flama de la veladora osciló peligrosamente a punto de apagarse por el fuerte viento que había entrado. Duró varios segundos en recobrar la intensidad. Cuando lo hizo Candy se arrodilló para ver la caja que seguía sonando. Cuando vio que la caja estaba en perfecto estado suspiró aliviada.

- ¿Por qué has tardado tanto? – escuchó detrás de ella.

Inmediatamente giró su cabeza para mirar de donde provenía esa voz, Un muchacho rubio de ojos azules la miraba con tristeza. Candy soltó un gritó ahogado, frente a ella estaba Anthony. Pero no el Anthony que ella recordaba, sino un Anthony como se vería en ese momento si aún siguiera vivo. Sus ojos tenían un velo de profunda aflicción. El cuerpo de Candy comenzó a reaccionar temblando sin control. Aquello era inexplicable, ¿era acaso un fantasma? ¿Era en verdad era Anthony?

-Te estuve esperando todo este tiempo, cada segundo, cada hora, pero los días pasaron, los meses les siguieron a los días, -en la voz del muchacho había un dejo de reproche - y así se completaron años, y yo esperé... esperé para poder volver a verte.

Candy sintió que las fuerzas se le iban, sentía que la sangre se le agolpaba en la cabeza, su visión comenzó a desvanecerse, estaba a punto de desmayarse. Lo último que vio fue a alguien que estiraba la mano para sujetarla.

Cuando despertó estaba en su recámara y Dorothy estaba a su lado. Y los brillantes rayos del sol penetraban al cuarto a pesar de las gruesas cortinas que cubrían los ventanales.

-¿Qué paso? – preguntó con un hilo de voz al tiempo que se llevaba la temblorosa mano a la cabeza

-Señorita Candy, por fin ha despertado... – dijo una voz que emanaba alivio - estaba nerviosa pensé que tendría que llamar al doctor.

Trató de incorporarse pero le fue imposible. Su corazón latía rápidamente...

-¿Dónde ésta?

-¿Dónde ésta que? – preguntó Dorothy un tanto alarmada.

-¿Dónde ésta Anthony?

-Señorita Candy – dijo la sirvienta mientras se llevaba la mano al pecho – No me asuste por favor...

-¿Dónde esta Anthony? – volvió a repetir con desesperación

-Señorita Candy – espetó Dorothy – el joven Anthony esta muerto, el falleció hace años... ¡¡No juegue con eso!!

-No, no esta muerto... yo lo vi, lo vi…

-Fue un milagro que Ted la haya encontrado anoche en el jardín, estaba allí desmayada, creo que se ha imaginado cosas...

-No, no, él estaba allí, - exclamó la muchacha - no estoy bromeando

-Señorita Candy, me esta asustando... el joven Anthony murió, por favor no siga diciendo eso.

-Pero yo lo vi – dijo en voz muy baja

-Creo que debe de descansar – apuntó la sirvienta.

Dorothy dejó el cuarto, mientras que Candy trataba de calmarse, ¿acaso su cabeza le estaba jugando una mala pasada? ¿Es que se había imaginado a Anthony? En ese momento recordó la caja de música y volteó la vista para buscarla por el cuarto pero no la encontró.

Candy se levantó y comenzó a rebuscar por los cajones. Al no encontrarla se vistió apresuradamente y salió de la recamara.

-Dorothy ¿viste mi caja de música?

-No, no he visto ninguna caja de música – contestó ella mirándola extrañada

-Es de madera y tiene una rosa blanca grabada en la tapa.

-No, lo siento señorita...

-La llevaba anoche... quizá esta allá…

-¡¡¡Señorita Candy!!!– exclamó Dorothy - ¿No pensará volver?

-Tengo que recuperar mi caja...

-Espera, deja le pido a Ted que salga….

Pero Candy no quería esperar, y definitivamente no iba a esperar a Ted a que saliera, mientras que ella podía ir perfectamente por la caja, haciendo caso omiso de las advertencias de Dorothy, Salió de la casa y tomó el camino hacía el mausoleo, iba muy aprisa, prácticamente corriendo, atravesó el jardín, el sol lastimaba un poco sus ojos, se colocó la mano a manera de visera pero al llegar a la reja vio que estaba cerrada y tenía una larga cadena dando varías vueltas asegurando así las puertas de la entrada al terreno, las cuales estaban selladas con un fuerte candado.

Candy miró con estupor las cadenas y el candado, unos segundos después Ted y Dorothy que jadeaban por la carrera por fin la habían alcanzado.

-¿Por qué le pusieron un candado? - les reclamó Candy bastante enojada

-Señorita Candy – dijo Dorothy suavizando la voz – esa reja siempre tiene puesto ese Candado, la última vez que vino el joven Archie quiso entrar pero jamás encontramos la llave que abre ese candado... y dijo que en su próxima visita vendría con un cerrajero para poder abrirla.

-No Dorothy – dijo Candy incrédula al tiempo que señalaba la puerta del enrejado – esta reja estaba abierta ayer y yo entré al mausoleo y allí dentro debe de estar la caja de música.

-Eso no es posible, - sostuvo la sirvienta - el mausoleo solo se abre cuando alguien muere y van a sepultarlo, es decir que la última vez que se abrió fue cuando falleció el joven Anthony, desde entonces nadie lo ha vuelto a abrir...

-No estoy bromeando Dorothy, allí dentro deje mi caja de música...

Dorothy la miró recelosa, Ted se miraba un poco asustado. Candy sin embargo estaba algo alterada, observó con cuidado la reja y decidió saltarla...

-No, - gritó la mucama – Señorita Candy no haga eso, se va a lastimar...

Pero Candy ya estaba trepando por la reja, al llegar a la parte más alta dio un gran salto y cayó con un poco de inseguridad que tuvo que detenerse de la reja para no caer. Candy suspiró aliviada, después fue directamente hasta la construcción, que al igual que la reja estaba cerrada por no decir sellada, parecía que habían pasado años desde que alguien había estado allí por última vez, Candy desesperada, miró a través de la pequeña ventana de la puerta, pero vio que el piso estaba cubierto de polvo, en el altar no había ninguna veladora ardiendo o ningunas flores, las placas con nombres estaban deslucidas y ni siquiera se alcanzaba a leer una letra. Candy miró todo horrorizada... eso no podía ser cierto, ella había estado allí dentro la noche anterior.

Algo no estaba bien, la caja de música había desaparecido eso era imposible, las cosas no se desaparecían de la nada. Sintió que la sangre se le iba a los pies, su cara estaba lívida, no podía pensar con atino, ¿acaso había soñado todo? ¿acaso se estaba volviendo loca? Candy se quedó parada varios minutos pegada a la puerta sin decir una sola palabra.

-Señorita Candy – escuchó a sus espaldas y fue como si la hubieran regresado de un lugar y tiempo que no existían. – Venga para que la ayudemos a salir de allí.

Candy volteó hacía el jardinero que le hacía señas para que se acercara a la reja y estaba acomodando sus manos a forma de escalinata. Candy no sabía que había pasado, pero no podía irse, sabía que si salía de allí todo cobraría un sentido real y sabría que todo lo había soñado, y que algo le había hecho a la caja de música, quizás era cierto que se había quedado dormida afuera del pequeño cementerio y la caja podría estar en cualquier lado si es que algún animal la había tomado... quizá la había destrozado, ella ya no sabía que pensar.

Con ayuda de Ted había salido de allí, y después se había encerrado en su habitación muy consternada por todo lo que había pasado. El resto del día pasó lento y rápido a la vez, sentía que no podría volver a conciliar el sueño mientras estuviera allí. Esa noche se sentó en al sofá que daba a la ventana y comenzó a mirar las estrellas a través del cristal. Candy suspiró profundamente cuando a sus oídos comenzaron a llegar notas musicales, pero no cualquier tipo de notas, sino aquellas que en su conjunto formaban la melodía del vals de su caja de música. Candy abrió abruptamente la ventana y el sonido llegó claramente hasta sus oídos. Sin pensarlo dos veces salió corriendo de la habitación, bajó las escaleras precipitadamente, siguió corriendo hasta llegar a la terraza, bajó las escalinatas desesperadamente siguiendo el sonido, sabía que por allí estaba su caja, ella lo sabía.

En el jardín la música se dispersaba y era mucho más difícil seguir el rastro de la misma, sin embargo Candy no desistió, y comenzó a caminar por el lugar aguzando el oído para encontrar de donde provenía la música. Finalmente después de un rato de caminar pudo percatarse que el sonido se hacía más nítido cerca del rosedal.

Estando ya cerca del portal de las rosas se detuvo de repente, en medio del rosedal estaba Anthony, el mismo que había visto una noche anterior , Candy bajó la mirada unos segundos.

-Es una alucinación – se dijo para sí.

Levantó la cabeza y Anthony había desaparecido pero la música continuaba, Candy miró hacía las losetas que formaban el camino hacía el portal y pudo ver la caja de música intacta. La muchacha corrió hacía ella, miró a todos lados, pero no vio a nadie, la música acaba de termina de sonar, Candy tomó la caja con sus manos y lentamente regresó a su habitación. De vez en vez, mientras caminaba giraba su cabeza como tratando de descubrir a alguien detrás de ella. Sin embargo nadie apareció. Llegó a su cuarto y se sentó sobre la cama. Se sentía sumamente confusa, ahora no solo escuchaba voces sino que veía algo que no estaba realmente frente a ella, una ligera sensación de miedo comenzó a inundar sus pensamientos, ¿acaso estaba volviéndose loca?

Se recargo en las almohadas que estaban colocadas sobre la cama y miró de reojo la caja de música, sin saber exactamente porque la giro para ver la inscripción que había debajo de la misma.

"Hecho en Francia" leyó Candy, allá estaba Albert en esos momentos, con la yema de los dedos tocó la caja y se llevó la otra mano hacía su barbilla.

- ¿Y si…? – dijo para sí muy pensativa

El alba estaba llegando, las luces de los faroles del jardín, se estaban opacando antes la brillantez de la luz matinal. El sonido de un automóvil llegó a los oídos de Candy, quien levantó la cabeza un poco sorprendida, no sabía quien pudiera estar llegando en ese momento a la mansión. Se levantó de la cama y se acercó a la ventana, pero desde allí no podía ver de quien se trataba, así que se apresuró a cambiarse para poder salir a averiguar.

Varios minutos después escucho en el vestíbulo la familiar voz de Archie.

- Pensé que sería mejor llegar temprano por si requiere de mucho tiempo.

Dorothy lo miró un tanto dubitativa, mientras Candy observaba todo desde el rellano de la escalera.

- El invierno parece que va a llegar antes este año – señaló Archie.

Dorothy volvió a abrir la boca como queriendo decir algo, en esta ocasión el gesto no pasó desapercibido para el muchacho.

- ¿Sucede algo? – preguntó

- Es que – vaciló la sirvienta.

Candy estaba a punto de revelar su presencia cuando la cocinera entró al vestíbulo.

- Dorothy, ¿la señorita Candy querrá desayunar ya? – dio un respingo cuando se percato de la presencia de Archie. – ¡Oh! – Exclamó – No esperaba verlo señor, ¿desea desayunar?

- ¿Candy? – preguntó a Dorothy

- Si joven Archie, la señorita Candy llegó hace dos días – le informó Dorothy.

La cocinera se quedo expectante y Archie sonrió como recordando que le había hecho una pregunta.

- Puedes servir el desayuno – le contestó al tiempo que la mujer se enfilaba hacía la cocina, después giró su cabeza para volver a mirar a Dorothy – No sabía que tuviera planeado venir

- No dio aviso joven. – dijo la muchacha aunque su cara denotaba cierta preocupación.

- No te preocupes… ella puede venir cuando quiera…

- No es eso.

Candy retrocedió unos pasos, quería saber exactamente lo que Dorothy pensaba decirle a Archie.

- ¿Hay algo más?

Dorothy parecía un poco aturdida, quizá un poco nerviosa.

- Anteanoche sucedió algo…

- ¿Qué? – preguntó Archie, pero Dorothy miraba el suelo como buscando las palabras apropiadas para contestarle - ¿Qué sucedió?

Dorothy respiró profundamente para envalentonarse.

- Servimos la cena de la señorita, pero cuando fuimos a buscarla a su habitación, vimos que no estaba allí, Ted salió a los alrededores para ver si la encontraba.

- ¿La encontraron? – preguntó Archie con un dejo de preocupación en la voz.

- Si – contestó la chica – estaba desmayada por el jardín.

- ¿Pero ella ésta bien?

- Pues…

La sirvienta guardó silencio mientras que Archie la miraba con escrutinio.

- ¿Candy ésta mal? ¿ésta enferma?

- Ella… bueno, cuando volvió en sí, comenzó… yo no sé que ocurrió, porque empezó a decir que había visto al joven Anthony…

Dorothy respiró, lo había dicho, Candy apretó la boca un poco enojada, sabía perfectamente la reacción que estas palabras provocarían y lo último que quería era que los demás pensaran que se estaba volviendo loca.

- No es gracioso – espetó el muchacho

- No estoy bromeando joven, no sería capaz de bromear con algo tan serio.

- ¿dónde ésta?

Aún no baja, quiere que la llame…

- No, yo voy…

Candy pensó que era suficiente, tenía que salir y fingir que todo estaba perfecto. "¡Qué poca lealtad!" pensó, Dorothy la había puesto en una posición muy incómoda.

- Buenos días – saludó con la voz que a su parecer era la más alegre y despreocupada que tenía.

- Hola Candy

Dorothy se puso un poco nerviosa y escapó hacía la cocina

- ¿Qué haces aquí? – preguntó Candy

- ¿No debería de ser yo quien hiciera esa pregunta?

- ¡Vaya! Pensé que esta también era mi casa.

- Y lo es – respondió Archie – pero me resulta difícil de creer que hicieras valer ese derecho que tienes como miembro de los Andley cuando últimamente desprecias todo lo que tenga que ver con nosotros.

- Yo no los despreció – se apresuró a decir Candy

- ¿Entonces porque no accediste a ir a la temporada de ópera?

- No tenía tiempo Archie – se excusó la muchacha – te recuerdo que tengo un empleo muy demandante

- Esa es otra cosa – añadió el muchacho un poco indignado – no quiero sonar como la tía Elroy, pero ten en cuenta que como miembro de los Andley no tienes necesidad de trabajar.

- ¿En serio? – preguntó Candy levantando una ceja.

- Se muy bien que Albert te ofreció darte una mensualidad…

- ¿Y vivir de la caridad?

- ¿Ves lo que te digo? No es vivir de la caridad, eres Candy White Andley, aunque no te agrade, y por el simple hecho de poseer el apellido tienes derecho a esa mensualidad.

- Perdona si no quiero ser una carga. – dijo empezando a enojarse con Archie.

Porque cada vez que se veían tenían que discutir sobre lo mismo. Sin embargo escucho que alguien colocaba los platos en el comedor y recordó que tenía que mantener su sonrisa no podía enojarse con Archie, al menos hasta estar segura de que no la creía un caso para un hospital mental.

- Entiendo tu punto de vista – dijo Candy volviendo a sonreír – pero tienes que entender que cuando escogí ser enfermera, sabía lo que implicaba, trabajar en mi carrera me da lo suficiente para poder vivir cómodamente, sin necesidad de ser una carga…

- El desayuno ésta servido – anunció Ted

- Muchas gracias – respondió Archie al tiempo que le ofrecía su brazo a Candy.

Ambos entraron al comedor y se sentaron uno frente al otro.

- La verdad Candy, me gustaría que pudieras perdonarnos por lo que sea que te hayamos hecho…

- No es eso – dijo Candy un poco indignada

- ¿Entonces?

- La gente crece y cambia – dijo ella

- No entiendo entonces

- ¿Qué no entiendes? – inquirió Candy

- ¿Qué haces aquí? Dices que has cambiado, pero aquí estamos en Lakewood, tal como hace muchos años

- Las cosas han cambiado mucho en estos años

- Te refieres a que hora dices que ves fantasmas

- ¿De que hablas? – preguntó Candy quien no esperaba la pregunta de forma tan abrupta

- Dorothy me comentaba algo sobre que viste a Anthony.

- Dorothy exageró las cosas – aseveró la chica

- Así igual como yo exagero diciendo que no quieres tener nada que ver con los Andley.

- No es lo mismo… y no es eso… ya te lo dije

Archie parecía enojado, Candy también estaba un poco alterada, el muchacho tomó el tenedor y tomó un pedazo de fruta que le habían servido al lado del pan, Candy por su parte cortó el tocino, pensando en que podía decir para que Archie se contentara.

- Solo estoy preocupado – le dijo a Candy como adivinando sus pensamientos

- ¿Por qué?

- Por ti – dijo el muchacho

- Ya te dije que Dorothy exageró…

- ¿Entonces no es cierto? ¿No viste a Anthony?

- Fue un sueño, fue muy real eso es todo… estaba muy cansada por el viaje y me quede dormida en el jardín… cuando me desperté estaba en la cama… me desconcerté eso fue todo…

Archie la miró desconfiado.

- De verdad, no tengo porque mentirte, supongo que fue el hecho de volver a Lakewood después de tanto tiempo.

- Y volvemos a la primer pregunta ¿Qué te hizo venir aquí?

- Pues realmente quería aprovechar unos días que me dieron en el trabajo.

La cara de Archive volvió a contraerse.

- ¿Qué ocurre?

- Pues que también estoy preocupado por eso.

- ¿Por mi trabajo?

- Si – dijo Archie– la guerra, todos hablan de la guerra, y yo se que a los doctores y enfermeras les tocará ir al frente tarde o temprano…

- No voy a ir a la guerra – espetó la chica

- La única manera de estar seguros es que renuncies

- Archie, no voy a renunciar a mi empleo…

- Candy por favor tienes que prometerme que no irás a la guerra… que si llega ese momento, preferirás dejar el trabajo…

- Pero…

- Por favor tienes que prometerlo… no soportaría perder a más gente… ya he perdido suficientes seres queridos como para darme el lujo de perder más…

- Archie – musitó la muchacha – no tienes nada de que preocuparte… en serio

Archie la miró, y sonrió débilmente.

Terminaron el desayuno y Candy subió a su recamara, hacía solo una hora que había tenido una gran idea, para ello en parte había decidido ir a buscar a Archie, ahora sabía que no podía contar con él para llevarla a cabo… necesitaba de alguien más, de alguien que no tuviera escrúpulos y pudiera burlar incluso a los Andley…

Se sentó descorazonada en la cama al lado de la caja de música. La miró unos segundos antes de sonreír… sabía a quién podía recurrir…

- Neal – susurró para sí.