06. Los negocios son como la brisa

Candy se despidió de Patty y su abuela, la mañana del domingo, ellas volverían a Florida para pasar la Navidad allí, cuando la muchacha regresó a su casa se sintió un poco sola, había pasado unos días muy divertidos en compañía de su amiga y de su abuela, en cierta manera había sido como formar parte de una familia. Sin embargo tenía que hacer los últimos arreglos antes de partir.

La tarde del domingo después de comer había vaciado la despensa de todo aquello que no eran conservas, como eran frutas, pan y algo de mantequilla, lo que había regalado al Sr. Thomas, había puesto sábanas sobre los muebles de la sala y del comedor, no estaba segura cuanto tiempo se iría, pero si el tiempo que pasaría fuera se extendía, lo último que deseaba era regresar a limpiar todo.

El baúl estaba repleto y amenazaba con no cerrar, a pesar de que Candy había cambiando de posición todo lo que había dentro y había comprimido lo más que había podido cada prenda, y de que había decidido no llevarse algunas cosas para poder hacer espacio a la caja de música. Si, sabía que era algo que además de espacio hacía que el equipaje fuera más pesado, pero estaba determinada a llevarlo, por esa caja de música había decidido hacer ese viaje, no podía dejarla, así tuviera que dejar la mitad de las cosas que quería llevar consigo.

Al finalizar el domingo por fin había dejado listas las dos maletas y el baúl que llevaría con ella, por un momento dudo en su decisión de haber rechazado la oferta de Neal de mandarle al cochero, pero antes de dormir pensó que era mejor así, no deseaba despedirse de nadie y era lo mejor.

A la mañana siguiente antes de irse tomó una hoja de papel y escribió una nota, la dejó sobre la mesa y sobre ella un candelabro, había llamado desde temprano al carro de sitio, el conductor ya había subido el equipaje a la carroza, dio un suspiro y una última mirada antes de cerrar la puerta, bajó los escalones rápidamente y subió al carruaje que la llevaría hasta la estación de trenes. Una vez allí se percató que Neal le había conseguido boletos para viajar en primera clase, aunque era de los trenes que solían no ir muy rápido y que paraban prácticamente en cada pueblo que se cruzara por las vías. Entonces entendió porque le había reservado desde tres días antes para asegurarse que por más que tardará el recorrido, ella pudiera llegar a tiempo para abordar el barco.

Candy buscó su asiento y miró con sorpresa que era un compartimento privado, nunca había viajado de esa manera, así que se sintió satisfecha, aunque le gustaba conversar con los demás pasajeros cuando solía viajar sabía que la experiencia de viajar en privado tampoco le molestaría. Cuando se sentó y miró por la ventana vio que comenzaba a nevar.

- Hará mucho frío hoy – dijo para sí.

Cuando comenzó a moverse el tren pensó en la nota que había dejado en su apartamento, era una nota para Albert, eran tan solo unas pocas palabras, no le decía a donde iba ni cuánto tiempo tomaría en regresar, sin embargo sabía que Albert apreciaría el detalle, aunque si le hubieran asegurado que las posibilidades de que el joven Andley encontrara la nota eran prácticamente nulas, Candy sabía que cuando notaran su ausencia Albert iría a buscarla. Ni siquiera podía decir porque aún guardaba esa confianza en alguien a quien apenas había visto en los últimos meses, pero dentro de ella estaba segura de que tarde o temprano encontraría la nota.

Mientras el tren avanzaba camino a New York, Candy no pudo evitar pensar en la última vez que había estado en la cosmopolita ciudad. Las cosas en aquella ocasión habían resultado muy dolorosas y se había separado definitivamente de Terry, al mismo tiempo había roto todas las ilusiones que se había hecho para el futuro, casi dos años habían transcurrido desde esa vez y ahora, volvía aunque no pensaba pasar mucho tiempo allí.

A través de la ventana habías visto como el sol había descendido y como al pasar por algunos poblados la nieve comenzaba a acumularse, era el invierno que parecía que sería mucho más frío que en años anteriores. Cuando se detuvieron 30 minutos por séptima ocasión el reloj marcaba las once de la noche. Candy acomodó el camastro del privado para pasar la noche, sabía que el tren se detendría otras tres veces antes del amanecer, le pidió al encargado de los boletos que no la molestarás para poder dormir.

El día siguiente fue similar, las paradas fueron continuas, tuvieron un retraso de un par de horas por una fuerte tormenta de nueve por lo que tuvo que pasar otra noche en el tren antes de llegar a su destino final.

Cuando por fin llegó a New York se percató del frío que hacía, pero que no estaba nevando. Candy ayudada por un guardia había podido bajar su equipaje, el puerto quedaba prácticamente al lado, sacó sus papeles y miró las indicaciones, después de leerlas unos minutos se dio cuenta de que tenía que registrar su equipaje.

Caminó por el muelle hasta que llegó a donde el barco que zarparía ya estaba siendo preparado para el viaje del día siguiente, la muchacha miró la ventanilla de registro y se acercó donde un hombre con cara de pocos amigos atendía.

- Buenas tardes

- Buenas – respondió el hombre como si le fastidiará tener que contestar.

- En las indicaciones decía que tenía que registrar mi equipaje.

- ¿Nombre? – preguntó el hombre

- Can – guardó silenció unos segundos y se rectificó a sí misma – Bonnie, Bonnie Sanders.

- Camarote 305 ¿verdad?

- Si – dijo Candy verificando la información con el boleto.

- Bien, veo que su esposo ya registro parte del equipaje, y que dejo dicho que llegaría más tarde con el resto.

- ¿Mi esposo? – preguntó Candy extrañada.

- Si… de hecho estuvo aquí hace como una hora, preguntando por un restaurante…

Candy lo miró indecisa y el hombre dibujo una pequeña sonrisa en su cara, cosa que asombró a la muchacha que pensaba que ese hombre era incapaz de sonreír.

- Le indicamos el restaurante que esta al final de esta calle – dijo señalando un oscuro callejón.

- Gracias – mencionó la chica antes de caminar por donde le había indicado el hombre.

Mientras caminaba, no dejaba de pensar en que todo aquello era muy extraño, no terminaba de cuadrarle, y una especie de ansiedad comenzó a recorrer su cuerpo. Cuando llegó al restaurante entró mirando hacía todos lados como tratando de encontrar una respuesta. Sin embargo no miraba nada que se la diera cuando finalmente en la mesa de la esquina la encontró. Apretó los labios muy enojada y se dirigió a esa mesa.

- ¿Qué haces aquí?

- ¿Tuvo retraso el tren?

- Te hice una pregunta… Contéstame Neal.

Neal le devolvió la mirada sonriendo desafiante.

- Shss – dijo al tiempo que hacía un ademán con el dedo que indicaba que guardará silenció – Mi nombre es Peter.

- ¿Qué significa todo esto? – preguntó enojada Candy

- Cálmate y siéntate – le ordenó Neal.

La muchacha dudó unos segundos en si sentarse o no, pero al ver la cara un tanto suplicante del muchacho, así que decidió sentarse.

- No pongas esa cara – mencionó calmadamente el joven –te hace ver fea

- No tengo otra – respondió Candy enojada - ¿Dime qué haces aquí?

- ¿No creerías que te iba a dejar hacer sola un viaje tan largo y por la situación en la que estamos viviendo, tan peligroso?

- No te pedí que me acompañaras

- Ya lo sé – respondió Neal – es algo que yo quería hacer

- Estoy furiosa contigo

- Pues enójate todo lo que quieras, no vas a ganar nada con eso.

- ¿Qué quieres decir con eso? – inquirió Candy-

- Que es simple, ya registe mi equipaje, y tengo en mi mano el boleto

- ¿y cuando pensabas decirme algo de esto?

- Te lo estoy diciendo ¿no?

- Esto no es lo que habíamos quedado.

- Tampoco es algo que hubiéramos dicho que no sucedería

- Es que jamás imaginé – espetó Candy

- ¿Y qué vas a hacer? – preguntó Neal

Candy giró su cabeza hacía otro lado, estaba muy molesta, comenzaba a comprender lo que Neal le había dicho sobre que nunca perdía en los negocios y que tal como lo había expresado ella era solo una ingenua enfermera que poco entendía de ellos.

- Pues está claro – dijo después de unos minutos – si tú no piensas quedarte, lo haré yo.

- Muy bien – mencionó Neal – entonces supongo que viajaré solo a Europa.

La rubia apretó los dientes y frunció la boca, no podía creer que hubiera sido tan tonta como para caer en otra de las trampas de Neal, tenía que ir de vuelta al muelle para cancelar su boleto, y tendría que cambiar el boleto regreso del tren para poder tomar el siguiente tren de vuelta a Chicago.

Suspiró profundamente, no tenía nada que hacer en Chicago había pedido permiso en el Hospital, además Annie le había dicho que Albert había regresado a la ciudad, lo que significaba que su esfuerzos tendrían que duplicarse y al final terminaría viéndolo nuevamente, y probablemente le preguntaría el porqué de su ausencia en la fiesta de acción de gracias. Toda esa situación era algo que se quería ahorrar.

Candy estaba tan ensimismada en sus pensamientos que no notó cuando Neal pidió cena para ella, después de pagar la cuenta, el muchacho se retiró. Cuando vio que él se levantó de la mesa fue cuando la chica se dio cuenta de la cena que tenía delante de ella, también se percató del hambre que tenía. No quería tomar más favores de Neal, y menos después de lo que le estaba haciendo, había sido una ilusa al pensar que había cambiado, que con el tiempo había madurado. Sin embargo miró el plato con el corte de carne que por mucho que no quisiera comerlo emanaba un olor que le abría el apetito, tomó el tenedor y se llevó un pedazo a la boca. Pensó por un segundo que era mejor no desperdiciar la comida.

Candy tardó más de lo normal comiendo, ya era bastante noche y no quería pagar por una noche de hotel, tampoco quería regresar a Chicago, quería seguir con su idea de ir a Francia, tenía ganas de golpear a Neal. No podía pensar en cómo había el muchacho imaginado que ella aceptaría a hacerse pasar por su esposa.

Cerca de medianoche Candy salió del restaurante, caminó por el oscuro callejón cuando sintió que alguien la seguía, asustada giró la cabeza y solo vio una silueta, caminó más aprisa hasta llegar a la luz del farol.

- No deberías de caminar solar por callejones oscuros – señaló Neal.

- ¿Por qué me has asustado?- le reclamó la chica – ¿es que pretendes matarme de un susto?

- Solo quería hablar contigo…

- Ya hemos hablado… - dijo Candy pensado que ahora lo único que quería era propinarle unos buenos golpes al muchacho.

- Candy –dijo él calmadamente –no pretendo hacerte enojar, pero siempre has demostrado ser imprudente.

- ¿Qué quieres decir?

- Estamos hablando en medio de un callejón oscuro, bajo la única luz que hay aquí, quisiste correr pero no lo hiciste, eres demasiado temeraria… quien sabe lo que podría pasarte en un viaje así.

- ¿Crees que no he viajado sola antes?

- Sí, yo se que lo has hecho, pero no de esta manera, yo te ofrecí un pasaje de primera clase…

- Pero ¿Por qué fingir? ¿Por qué hacerte pasar por mi esposo?

- Por muchas razones, pero la principal me la ha dado la persona que me consiguió los papeles…

- Podrías explicarme esas "buenas" razones – preguntó con un dejo de sarcasmo

- Si los Andley llegaran a buscarte, podrían llegar a imaginarse que te tienes la posibilidad de cambiarte el nombre, pero jamás imaginarían que irías como una mujer casada… y menos aún si lo haces con alguien como yo…

- Pero…

- Candy, armaste un escándalo cuando quise casarme contigo, ni locos imaginarían que viajas conmigo.

La muchacha se ruborizó un poco y esbozó una ligera sonrisa.

- Utiliza el boleto - prosiguió Neal – no fueron nada baratos…

- Lo siento, - mencionó con un dejo de ironía - no hubiera querido que gastaras tu asignación…

- Mi padre jamás me hubiera dado dinero para algo así…

- ¿Cómo? – exclamó Candy un tanto incrédula

Neal guardó silencio unos segundos como escogiendo las palabras correctas para darse a entender, mientras que la muchacha lo miraba a la luz mortecina del farol bajo el cual estaban apostados.

- Cada vez que alguno pide dinero en la familia Andley tiene que dar explicaciones… es decir tienes que decir en qué vas a utilizar el dinero…

- ¿Entonces? ¿Cómo conseguiste el dinero?

- Bueno, como esta situación se ha dado desde que éramos niños, nos hemos vuelto un tanto mañosos, pedimos dinero para cosas que sabemos que si nos autorizan…

Mientras hablaba, Neal comenzó a caminar y le ofreció el brazo a Candy, a quien a pesar de estar aún un tanto enojada, le parecía extraño que Neal quisiera compartir algo con ella.

- Por ejemplo – dijo con una sonrisa, que para sorpresa de Candy era bastante honesta – Elisa siempre pide dinero para perfumes y vestidos y con ese dinero se compra otras cosas… increíble las cosas en que malgasta… se compra antigüedades o de repente protege a algún artista en ciernes, al menos es lo que dice ella. A Archie antes de que comenzará a trabajar siempre pedía para ropa, pero muchas veces gastaba ese dinero para comprar obras de arte… y yo… bueno yo siempre pido para algo del carro… y bueno ese dinero es el que utilizó en las apuestas y otros negocios

- Candy río ligeramente.

- Nunca lo imagine….

- Sí, bueno, realmente cualquier cosa que le pida para el carro no es tan cara como los boletos…

- ¿Entonces como hiciste para conseguir el dinero?

- Este…pues tuve que…

- ¿Apostaste?

- No tengo tanta suerte – dijo Neal – cualquiera puede decirte eso…

- Oh

- Tuve que recurrir a métodos extremos…

- ¿Te endeudaste?

- No, no podría haber eso hecho eso sin que los Andley no se hubieran dado cuenta

- Entonces….

- Vendí mi carro…

- ¿Qué? - exclamó la muchacha

- No pongas esa cara – dijo Neal – que bastante mal sentí cuando lo vendí, pero obtuve una oferta sin par… ha sido el mejor regalo que pudieron hacerme mis padres.

- No debiste hacerlo…

- Eso es lo de menos… ya lo hice y no puedo dar marcha atrás… así que espero de verdad que aproveches los boletos, porque no creo que pueda volver a conseguir unos boletos así… si te arrepientes ahora, quizá en un mes vas a querer volver a hacerlo y no podré ayudarte.

Candy no pudo evitar sonreír, no podía odiar a Neal, no después de saber lo que había sacrificado… pocas veces lo había visto con su carro, pero sabía que lo adoraba, y que realmente haberlo vendido debía de haber sido muy difícil para él .

- Ven – le dijo Neal

- ¿A dónde?

- Reservé unas habitaciones en el hotel del Muelle, no pensarás quedarte aquí hasta el día de mañana…

- Supongo que no – dijo Candy, quien comenzaba a sentirse incomoda al saber a qué grado podía llegar el joven Leegan.

A la mañana siguiente muy temprano Candy y Neal mientras esperaban para subir al barco comenzaron a perderse entre la gran cantidad de pasajeros que se congregaban para subir también.

- Pensé que nadie iba a Europa en estos días….

- Así es – señaló Neal

- ¿De dónde salió esta gente entonces?

- Olvidas que los barcos hacía Europa son mucho menos que antes. En este mes solo saldrá este barco fuera de donde los Andley tienen acciones, antes de la guerra salían de esta naviera barcos casi cada día…

- Oh

- ¡Por fin te encuentro! – dijo una voz femenina detrás de Candy.

La chica volteo y miró a una joven a la que nunca había visto en su vida. Abrió la boca para preguntar quién era, pero Neal se le adelantó.

- No esperaba volver a saber de usted – dijo el joven Leegan.

- Lo pensé demasiado… - mencionó la muchacha.

- Entonces ¿ésta decidida a hacerlo?

- Todavía no estoy muy segura…

- En unos minutos no habrá marcha atrás – dijo Neal muy serio

Fiona miró detenidamente el barco y después sonrió débilmente, Candy la observó sabía que había visto a la chica en alguna parte pero no pudo recordar con exactitud dónde.

- No habrá marcha atrás – aseguró Fiona

- Está bien, ahora hay que abordar, porque este barco ésta a punto de zarpar.

Candy no sabía a dónde iba Neal con todo, no sabía qué papel jugaba esa muchacha allí, sin embargo prefirió no hacer más preguntas, porque si las hacía sabía que podría terminar arrepintiéndose de subir a aquel barco que era su última oportunidad para llegar a Europa.

Mientras subían al barco Candy se percató de la suntuosidad de aquel barco, quizás no era el más lujoso, pero era mucho más de lo que ella había esperado. Cuando llegaron a la cubierta principal miró el tumulto de gente que pasaba con maletas y que buscaba sus camarotes. Otras personas se habían apostado en algún sitio cerca de la barandilla para mirar mientras el barco empezara su viaje.

- Neal – dijo.

- Shssst – le reprendió el muchacho – soy Peter, recuerda…

- Cierto – señaló la muchacha algo sonrojada.

- ¿Qué querías?

- Quería preguntarte si podía quedarme un rato aquí en la cubierta en vez de ir de inmediato al camarote.

- Sí, me parece bien, Coraline… - Neal tocó a Fiona en el hombro – Coraline…

- Ahh, sí, yo soy Coraline – dio la muchacha de ojos miel un tanto alterada – esto es algo raro.

- Acostúmbrense, todo podría echarse a perder si no pueden seguir estas simples reglas…

- Si – dijeron al unísono las chicas

- Bien, solo quería preguntarle si quiere acompañar…

- Si – respondió emocionada antes de que Neal pudiera terminar la pregunta – me gustaría mucho quedarme en cubierta. - ¿Podrías llevarte la maleta?

Neal no contestó pero tomó la pequeña maleta que la chica traía consigo.

- Bien queridas damas, yo me haré cargo de lo demás… no se separen mucho en un rato cuando todo éste listo vendré a buscarlas.

- Gracias – dijo Candy.

Neal las miró como se acercaban a la barandilla y se acomodaban allí. Desde lejos cualquiera podría decir que aquellas dos muchachas eran amigas de toda la vida, ya que las dos reían y conversaban con naturalidad. El joven Leegan sonrió ligeramente mientras caminaba con el boleto en mano. Paso por varios pasillos hasta llegar a su camarote, cuando abrió la puerta vio que el equipaje de él y de Candy ya estaba allí. La habitación era grande y muy lujosa, estaba a punto de sentarse cuando escucho a unas mucamas que gritaban en el pasillo. Neal se acercó a la puerta y giró la cabeza hasta ver a tres mucamas que cotilleaban al fondo del pasillo.

- ¡Qué buena suerte! – exclamaba una con una voz unos decibeles arriba de lo normal.

- Si, y yo que había renegado por tener que trabajar en este barco… - dijo otra

- Si ya se… con lo peligroso que es estar viajando a Europa en estos momentos.

- Pero esto es una gran sorpresa….-dijo la tercera

- De haberlo sabido antes no habría dicho nada… pero es que poder atenderlo… tan guapo que es…

- Si, es aún mejor en persona que en las revistas…

- Una de ellas sonrió con complicidad con otra.

- Pues yo tuve la oportunidad de ir a verlo actuar…

- Ohhh Broadway

- Si, es maravilloso, todo lleno de luces. Pero lo mejor fue verlo actuar….

- ¿Es tan bueno como dicen?

- Es mejor – rió la chica.

- Ohhh que emoción

- Más sabiendo que estará aquí en los próximos días….

- ¿Viaja solo? – preguntó una con picardía

- Eso parece.

Neal cerró con cuidado la puerta, se recargó unos segundos contra ella, tan ocupadas estaban las mucamas que la presencia del joven Leegan había pasada desapercibida. Y aunque afuera continuaban chismorreando esas chicas, dentro del cuarto el muchacho se sentía intranquilo, como le había dicho a Candy no hacía mucho su suerte nunca era buena, así que eso podría no cambiar.

Mientras tanto en la cubierta Candy y Fiona miraban hacía el puerto.

- ¿Cómo es que alguien como tú ésta haciendo un viaje como este? – preguntaba la chica a Candy.

- ¿Me preguntas eso? – dijo extrañada la rubia – creo que yo debería hacerte esa pregunta a ti.

- Claro que te lo pregunto, ¿acaso crees que no reconocería a la heredera de los Andley? Sé que solo te he visto en un par de ocasiones pero eres un poco inconfundible.

- Eso es una mala noticia entonces – señaló con el rostro ensombrecido la chica

- No, no, no te preocupes, aquí no hay nadie que nos conozca – se apresuró a decir la chica de ojos miel.

- Eso espero, digo pretendo que nadie me reconozca hasta que hayamos zarpado.

- Lo que ésta a punto de ocurrir. – mencionó emocionada Fiona al escuchar el silbato del barco que anunciaba la partida.

Mientras comenzaban a alejarse del puerto comenzó a nevar. Pero ni el frío espantó al gentío que observaba lentamente como avanzaba el barco. No obstante el gélido aire comenzó a enfriar duramente la cara de Candy.

- Creo que es momento de irnos al camarote – dijo la chica

- Si, supongo que por más que nos quedemos aquí el resultado será el mismo, New York quedara borrado en el horizonte ¿verdad? – mencionó Fiona.

- Sí, eso creo…

Las dos chicas caminaron por la cubierta buscando la habitación que les correspondía. Candy se sentía un poco agobiada por lo que estaba pasando, iba camino a otro continente, ya no había marcha atrás, había hecho hasta algo tan impensable como pedirle ayuda a un truhan como lo era Neal. Pronto llegaron al camarote donde Neal estaba tomando una copa de vino.

- Mucho frío afuera – dijo sin mostrar alguna preocupación en su rostro.

- Lo normal – contestó Candy – asumiendo que ésta nevando.

- Entonces, qué bueno que decidieron entrar, aquí hay un buen fuego.

- Fantástico – exclamó Fiona – tenemos una chimenea.

- Y bien ¿dónde vamos a dormir?

- Bueno, de acuerdo con los boletos de cada una, el cuarto de sirvientes es de Coraline y el de nosotros la suite nupcial.

- Candy dejó escapar una risa un tanto escéptica.

- Éstas bromeando ¿verdad?

- ¿Solo hay dos habitaciones? – inquirió Fiona.

- ¿Qué te hace pensar que estoy bromeando? – mencionó Neal después de dar un ligero sorbo a la copa que sostenía en su mano.

- Neal, no pienso compartir el cuarto contigo.

- Mi nombre es Peter…

- Pues Neal, Joseph, Peter o como quieras hacerte llamar, es lo mismo…

- Claro que no es lo mismo – dijo al tiempo que dejaba la copa sobre la mesilla que estaba al lado del sillón donde estaba sentado.

- Si, ya estando en altamar no importa el nombre. – señaló Fiona

- ¿Pero qué es lo que tienen en la cabeza? – explotó Neal - Las dos tan frescas, estuvieron allá afuera, den Gracias a Dios…

- Pensé que no creías en Dios – comentó con sarcasmo Candy.

- Pues, a pesar de lo que puedas pensar tienen que dar gracias a Él por qué nadie las haya reconocido…

- Estamos a miles de kilómetros de Chicago – espetó Fiona – ¿quién nos iba a reconocer por aquí?

- No lo sé, puede haber más de uno que nos reconozca….

- Entonces no entiendo, si alguien puede reconocernos de solo vernos, el que te llame Neal no debería tener inconveniente. – dijo Candy.

- También tiene importancia… aquí sobre el barco puede haber gente que conozca a los Andley…

- Creí que habíamos tomado el único barco donde no tenía nada que ver con ellos – apuntó la chica rubia.

- Sí pues eso creía, pero después me di cuenta de que en este barco hay demasiada gente y si tan solo una de esas personas llegara a conocer a los Andley o a los Crone… - Neal se quedó en silencio un momento – O puede que haya entre los pasajeros que si bien no nos conozcan cara a cara, hayan escuchado hablar sobre nuestras familias, si esto sucede, en el peor de los casos podrían mandar un telegrama para avisar y tal vez cuando lleguemos nos estén esperando para traernos de vuelta.

- ¿pero cómo van a avisar?

- Porque todos desaparecimos sin avisar – musitó Fiona

Los tres muchachos se miraron y se quedaron callados dejando escuchar los murmullos de la gente que pasaba por el pasillo.

- Está bien – dijo Candy después de unos minutos – no volveré a llamarte N… digo te llamaré Peter.

- Solo queda pendiente como dormiremos. – mencionó Fiona.

- Pues es evidente yo dormiré aquí en la sala – señaló desafiante Candy

- ¿pero cómo vas a dormir aquí? – preguntó la chica de ojos castaños

- Bueno ya que no les parece que alguien duerma aquí en la sala, estoy dispuesto a hacer un intercambio de habitaciones… pero como bien sabes – dijo Neal mirando a Candy – esto tendrá un precio.

- No quieras cruzar la línea – espetó la muchacha rubia

Neal levantó la cara con altivez, después giró su cabeza hacía Candy para mostrarle su sonrisa torcida. Mientras que Fiona los miraba sin comprender a que iba todo aquello.

- No te voy a pedir nada el otro mundo – mencionó pausadamente Neal - ¿o es que acaso no me he portado como un caballero contigo?

- ¿Quieres que te diga la verdad o que mienta? – mencionó con acidez la chica rubia.

- ¡Vamos! No puedes quejarte, hasta el momento has obtenido lo que has querido y estas a punto de quitarme la mejor cama para dormir, así que en vez de estar enojada deberías estar satisfecha.

- Si de verdad pensara que todo lo que has hecho ha sido por tu bondadoso corazón, - apuntó Candy -la historia sería diferente, pero en todo esto como me lo hiciste notar con anterioridad, tú ganas igual o más que yo.

- Nadie dijo que yo fuera un estúpido como para ser "bondadoso" – dijo dando una entonación de burla en la última palabra – como tú quisieras, no soy un santo, ni pretendo serlo, solo quiero lo que es justo.

- ¿Y qué es lo que consideras justo?

- Por el intercambio del cuarto, algo simple… - Neal sonrió y enseguida continuó – Un beso.

- ¿un beso? – preguntó Candy quien pensaba que había alguna trampa, ya en una ocasión le había pedido uno y le había besado la mano – Me parece bien. Dámelo

- No, estás equivocada si crees que te lo voy a dar aquí donde nadie nos ve…

- ¿Y yo estoy pintada en la pared acaso? – inquirió indignada Fiona.

- No querida señorita… o mejor dicho Coraline, su presencia es muy importante, pero no es lo que estoy pidiendo.

- Entonces señala las condiciones para valorar. – mencionó Candy.

- Será un beso en la boca – dijo mirando fijamente a Candy, quien apretó los labios un poco molesta – y yo determinare, cuando y en donde.

- Necesito saberlo ahora…

-Lo único que puedo decirte es que será en público…

Candy se quedó pensativa. Al mismo tiempo Neal se colocaba encima el saco.

- Voy a salir un momento, cuando regrese espero una respuesta.

Neal salió del camarote. Dejando a las dos chicas un tanto disgustadas.

- Disculpa que te pregunte ¿pero que fue todo eso?

- Señorita Crone..

- Shssst… aquí soy Coraline ¿recuerdas?

- Ay – exclamó Candy – me voy a volver loca con eso del cambio de nombres.

- Si, y aunque lamente decirlo, él tiene razón, tenemos que ser precavidos al respecto, el que estemos en altamar no impide que nuestras respectivas familias puedan tomar cartas en el asunto.

- Debo de estar perdiendo la razón. Desde hace unos meses he estado actuando irracionalmente. Ahora me embarque en este viaje con alguien a quien detesto.

- Ahora entiendo menos…

- El y yo tenemos una larga historia, durante mucho tiempo el sentimiento fue mutuo, yo lo detestaba y él me detestaba a mí, pero hace unos años él cambió lo que sentía por mí.

- Jamás lo imaginé.

- Y yo debo de estar tonta por haberle pedido ayuda con esto. Necesitaba hacer este viaje y solo se me ocurrió pensar en él.

- Pero siendo una rica heredera, ¿Por qué recurriste a él?

- A diferencia de lo que muchos creen, hace ya un par de años que renuncié a ser parte de los Andley así que el dinero que tengo el cual es realmente escaso, lo tengo que ganar trabajando como cualquier persona normal.

- Entonces….

- Si, él ésta pagando mi viaje… pero me ha cobrado por ello.

- ¿pero no dices que no tienes dinero?

- No es dinero precisamente lo que me pide, cómo pudiste darte cuenta, pide cosas más bien personales.

- ¿Y qué piensas hacer?

- Supongo que accederé, esta sala se ve un poco incomoda para dormir…

- ¿podrías dormir conmigo? – le sugirió Fiona.

- Es que por una tontería, la habitación que te reservo es la de servidumbre por lo que no es muy cómoda que digamos, además podríamos dormir bien las dos, así que creo que le daré el beso que tanto quiere.

- ¿Estás segura?

- Pues no estoy segura de nada, ni siquiera de este viaje, así que supongo que un beso no le hará mal a nadie.

- ¿y qué hay del amor?

- Es un beso, no le voy a pedir que se case conmigo – mencionó Candy alzando las cejas.

- Pero ¿no hay nadie por allí?

- Si lo que quieres saber es si tengo novio o si estoy comprometida, no, no lo tengo y no estoy comprometida con nadie, lo cual facilita en cierta manera el poder darle un beso a alguien, ya que no estoy traicionando a nadie…

- Bueno te traicionas a ti misma…

- Estoy empezando a creer que él tampoco te agrada mucho.

Fiona río un poco, se removió el sombrero que llevaba puesto y lo colocó sobre una mesilla.

- Su familia, en especial su hermana no formaba parte de mi círculo de adeptos… ella es…

- No necesito explicaciones, la conozco desde hace mucho así que puedes ahorrarte las palabras…

- Pero, bueno él me ayudó, estoy escapando de un terrible destino.

- ¿cómo es eso? – preguntó Candy.

- Realmente no eres como esas chicas, todas lo sabían… estaba prometida por interés con un hombre muy rico al que no amaba. Y de la nada apareció en mi puerta, me ofreció ayuda, un medio para librarme de ello.

Candy miró detenidamente a Fiona, realmente no parecía el tipo de mujer que corría riesgos, sin embargo estaba frente a ella huyendo de una cruel realidad para quizá embarcarse en otra igual o peor.

- Pero ¿de qué vas a vivir?

- No lo sé – contestó Fiona con desaliento – tú me has dicho que has actuado irracionalmente, pues yo puedo decirte lo mismo. Mis pocos ahorros se han ido en este boleto y muy bien sé que este boleto es de servidumbre, pero es todo lo que he podido pagar, quizá deba acostumbrarme ya que de ahora en adelante será así.

- De eso no puedes estar segura – comentó la chica de ojos verdes.

- Si, tal vez tengas razón, pero tampoco volverá a ser como era, porque no puedo regresar a mi casa, simplemente no puedo.

- Pudiste escoger un mejor destino – señaló Candy.

- Si, en eso también tienes razón, pero sé que la última vez que fui feliz fue aquel verano que pase en París. Tengo que regresar allí, es probable que allí encuentre algunas respuestas para lo que estoy buscando.

- Por lo que escucho nos dirigimos al mismo lugar.

- ¿Y a que vas?

Pero Candy no pudo responder porque en ese momento Neal abrió la puerta y las dos chicas guardaron silencio.

- ¿Me tienes una respuesta? – inquirió Neal.

- Acepto, así que Fi… digo Coraline y yo dormiremos en la habitación.

- Ésta bien – dijo el muchacho al tiempo que esbozaba una débil sonrisa en su rostro – prepárense, vamos a ir a la cena en el restaurante.

- Pensé que querías que pasáramos desapercibidos.

- Y eso haremos, pero tenemos que echar un vistazo para ver a quienes conocemos de los que están en el barco, así que si puedes cambiar un poco – mencionó Neal mientras señalaba el cuerpo de Candy – tu aspecto es el de una vulgar pueblerina.

- Pues toda mi ropa es similar – espetó la muchacha enfadada.

- Me lo imaginaba – suspiró – en la habitación encontrarás un baúl que preparé para ti.

- ¿Un baúl?

- Si, allí hay ropa de buena calidad que podrás utilizar, trata de no romperla, podría sernos de utilidad llegando a Francia.

- Pero no se arreglarme de otra manera – refutó Candy.

- Si lo que quieres es acabar con mis nervios, lo estás consiguiendo… - murmuró Neal ahogando las ansias de gritar.

- Fiona viendo el peligro se adelantó a la situación.

- Yo le ayudaré… también traigo conmigo algunas joyas, solo las que me pertenecían a mí, pensé igual, que podrían ayudarme en algún momento de necesidad.

- Bien, hazte cargo de ella – dijo Neal, mientras se dirigía al baño.

Candy y Fiona entraron a la habitación nupcial, donde estaba el equipaje que ella había armado así como el baúl que Neal había mencionado. Las dos se acercaron y lo abrieron, dentro había varios vestidos nuevos y de excelente calidad, eran tan hermosos como los que en alguna ocasión Albert había hecho comprar para ella.

- Esto es hermoso – exclamó Fiona – la verdad creo que si le interesas, nadie gastaría tanto dinero en alguien que no le importa.

- ¿Qué usarás tú?

- ¿Estás bromeando? – preguntó la chica de ojos cafés - Yo no voy a ir a la cena.

- ¿Por qué?

- Porque la cena es para la gente rica y la servidumbre no ésta invitada.

- ¡Oh no!, tienes que ir, ¿cómo voy a usar esos vestidos y tus joyas, mientras te quedas aquí encerrada?

-No quieras pasarte de ingenua, así son las cosas, a mi me mandaran mi cena, es lo normal. Y la verdad no me interesa asistir, prefiero quedarme aquí acomodando la ropa, además…. Tengo que aprender, ya que tal vez esto vaya a ser lo que haga por el resto de mi vida. Así que Señora Sanders permítame arreglarle el peinado.

Candy se sintió un poco incómoda ante las atenciones de la señorita Crone, pero prefirió no discutir más con ella, quien además de haberse portado muy bien con ella, había escogido uno de los vestidos más elegantes, después había sacado de su maleta un juego de aretes, gargantilla y anillo de zafiros que hacían juego a la tela azul marino del vaporoso vestido. Recogió el cabello de la chica en un apretado moño y le había aplicado aún bajo su protesta maquillaje.

- Te hará ver diferente – le había dicho para convencerla.

Algo de lo cual no estaba muy equivocada, ya que cuando Candy se había mirado al espejo realmente parecía una persona distinta. Cuando salió de la habitación se sentía un poco cohibida, pero esa sensación se le había pasado ligeramente cuando miró a Neal utilizando un bigote falso que le hacía parecerse un poco a su padre solo que mucho más joven.

Neal al verla, asintió con aprobación y le ofreció su brazo.

- Recuerda que somos marido y mujer – le advirtió antes de salir – Hice que te mandaran la cena.

- Gracias – contestó Fiona.

Los dos salieron al pasillo hasta llegar al restaurante principal del barco, el lugar estaba bastante concurrido, sobre todo en un lugar cerca de la que era un tablado donde un trío de cuerdas amenizaba la estancia. Había cerca de diez mujeres rodeando una mesa. Candy sintió una natural curiosidad de saber que pasaba allí. Debía de ser un personaje importante, quizá un político, un rico heredero o tal vez alguien de la realeza, ya que era lo que sucedía cuando Albert llegaba a algún sitio.

Las mujeres poco a poco comenzaron a regresar a sus lugares correspondientes entonces Candy pudo ver de quien se trataba, sentado al fondo de aquella mesa estaba alguien a quien jamás habría pensado encontrarse en aquel viaje.

- Terry – musitó.