9. La guerra todo lo destruye.

Que contradictorio era el tiempo, pensaba Candy, y como corría de forma distinta a los deseos. Cuando se sentía abrumada por no haber tomado una decisión el tiempo le había parecido que había corrido de forma sumamente lenta, y después que había tomado una determinación sobre la propuesta hecha por Terry, por la ansiedad que le causaba tener que enfrentarlo, o en su caso escabullirse para no hacerlo los minutos parecían desvanecerse junto con el viento. Con gusto había accedido a quedarse dentro del camarote los días que faltaban para llegar a tierra. Quería prevenir cualquier encuentro con Terry.

Y tal vez también el hecho de tener que estar enseñando primeros auxilios a alguien totalmente inexperta en esos quehaceres hacía que el tiempo pareciera que volara.

Neal por su parte después de la fiebre de Candy, poco había hablado con ella, parecía rehuirle, la chica no quería hacer preguntas, porque quería evitar dar respuestas. Sabía que si enfrentaba al joven Leegan, él no desaprovecharía la oportunidad para interrogarla sobre su escapada. Y Candy quería evitar cualquier contratiempo sobre todo cuando estaban a punto de llegar a puerto.

Fiona también había dejado de preguntar sobre Terry, sabía que Candy había hablado con él, sabía que algo había sucedido entre ambos, pero no quería curiosear más al respecto. En cierta forma se sentía un tanto responsable por lo que le había ocurrido a Candy y no quería formar parte de alguna otra mala decisión. Suficiente tenía con la suya. Cada vez que la joven enfermera la retaba por no haber entendido sus explicaciones pensaba en aquel pasado lleno de opulencia, aunque también pensaba en aquel futuro que le impediría ser feliz.

El acuerdo tácito de no hablar entre ellos sobre todo lo que había sucedido en el viaje parecía haberse establecido y cada uno estaba preocupado por sí mismo, por lo que iba a suceder dentro de unas horas que llegarían a puerto.

La noche anterior a la llegada a Europa mientras todos cenaban en el camarote, en silencio como lo habían hecho las pasadas noches Neal se levantó de su asiento antes de terminar su cena, entró a su habitación y regresó con un pequeño cofre.

- No me gustaría arruinar la última buena cena que tengamos – dijo él – pero tampoco podemos postergar esto por más tiempo.

Candy levantó la vista y miró a los ojos castaños del muchacho, entonces sintió un ligero escalofrío, Neal nunca se había caracterizado por la valentía y en ese momento no era la excepción, se miraba el miedo reflejado en sus ojos.

- Mañana llegaremos a Puerto – advirtió – algo que no necesito decirles porque lo saben igual que yo, el problema como habíamos tratado anteriormente es que llegando, estaremos por nuestra cuenta. Ya no hay nada pagado, y el dinero que tenemos no nos durará mucho.

- Podemos trabajar – señaló Candy con la misma vehemencia con que lo había dicho hacía unos días antes.

- Si, ya lo has dicho también, pero aunque normalmente te sería algo difícil conseguir un buen empleo no llevando referencias. Lo es más en la situación que se está viviendo en este momento.

- ¿Hablas de la guerra? – le interrumpió Fiona.

Neal asintió al tiempo que palidecía un poco.

- La guerra ha desestabilizado la economía de todos los países involucrados. Así que no podemos esperar a que los trabajos nos caigan del cielo.

Candy quiso refutar, pero sabía que hacía unos años cuando había tratado de conseguir trabajo para juntar dinero para su pasaje de regreso a América la situación no había sido fácil, más difícil lo sería en ese momento.

- Yo se que le había dicho – mencionó Neal dirigiéndose a Fiona – que no había vuelta atrás tomando el barco, pero la verdad es que si la hay. Puede regresar a su casa y yo daré mi palabra de caballero de que usted ha estado segura y que nada le ha pasado durante este tiempo. Una vez llegando a puerto con hacer una sola llamada su vida puede regresar a ser lo que era.

Fiona lo miró con indecisión y Candy comenzó a sentirse un poco débil. Nunca había pensado en hacer el viaje acompañada. Pero en cierta manera tener compañeros de viaje le habían hecho sentirse segura de que lo que hacía era lo correcto y no una locura como la que había emprendido en contra de todo buen razonamiento.

- ¿Y qué vas a hacer tú? – inquirió Candy queriendo saber con quien contaba para el resto del viaje.

Neal no le contestó, aunque la miró fijamente. Giró la cabeza hacia Fiona y espero inquietamente.

- Necesito saber la respuesta ahora – le encomió a Fiona – para poder tomar una decisión.

Fiona lo miró al mismo tiempo que se restregaba las manos. Sus ojos deambulaban por toda la habitación y siempre terminaban en su regazo.

- No quiero regresar – dijo débilmente.

- ¿Segura? – insistió Neal.

- Sí – dijo mientras asentía con la cabeza.

Neal giró su cabeza hacía Candy, tomó aire y comenzó a hablar.

- Tú y yo tenemos un trato – le recordó a Candy.

- Sí, pero…

- Llegando a Europa no podemos olvidarnos de eso – aseveró el muchacho.

- Es que…

- Sé que quieres echarte para atrás – dijo Neal.

- No, eso nunca – respondió Candy enfáticamente.

El muchacho la miró con incredulidad. Pero no quiso refutar más.

- Está bien, entonces seremos los tres viajando – apuntó el joven Leegan – seguiremos con nuestras identidades hasta que sintamos que es seguro.

- ¿Y si nunca sentimos eso? – preguntó Fiona.

- Pues entonces no podremos cambiarla

Fiona apretó ligeramente los labios.

- Entonces, llegando a puerto ¿a dónde nos dirigiremos?

- A París – dijo Candy.

- Tendremos que conseguir transporte. No sé si los trenes sigan funcionando para civiles.

. Los trenes son muy caros – señaló Candy – y si tenemos poco dinero, podemos viajar caminando.

Fiona abrió los ojos asustada ante esa declaración.

- Queda muy lejos si vamos caminando – dijo a forma de desaprobación Neal – no podemos hacerlo.

- Sí podemos, no es algo del otro mundo.

- ¿Y cuanto tiempo nos llevaría?

- El que sea necesario – dijo Candy - ¿o es que alguno tiene prisa?

- Es que entre más tiempo duremos en llegar a donde quieres ir más dinero consumiremos, ya que lo necesitaremos para comida y hospedaje.

- Podemos dormir por allí. – comentó Candy

- ¿Estás sugiriendo que durmamos en el campo? ¿Es que estás Loca? Si no somos animales.

Candy frunció el entrecejo.

- Pues si no es un viaje de placer.

- Sí bueno, tampoco estoy seguro de que sea, tus indicaciones encriptadas no están ayudando mucho que digamos. – explotó Neal.

- No puedo decirte mucho…

- Al parecer no puedes decirme nada – espetó Neal – pero no vamos a dormir a la intemperie.

- Pues lo siento… yo no te obligue a acompañarme – dijo Candy casi gritando.

- ¡Basta! – exclamó Fiona – dejen de pelear, así no vamos a ir a ninguna parte. A mí no me importa, si es necesario que durmamos en el campo pues eso haremos. Si es necesario que trabajemos pues eso haremos. No tiene sentido hablar de eso ahora, así como tampoco las circunstancias en cómo hemos llegado aquí, ya estamos aquí y hay que tomar decisiones… pero hay que tomarlas cuando llegue el momento.

Candy y Neal miraron a Fiona, apretaba los puños y las palabras le salían atropelladamente de la boca, pero aún así los dos se sentaron y dejaron de pelear.

Todos se fueron a dormir temprano, aunque Candy no pudo conciliar el sueño, al día siguiente todo sería más real de lo que había sido hasta el momento.

A la mañana siguiente el barco llegó al puerto de Burdeos, la excitación dentro del barco era la normal después de un viaje tan largo, por los pasillos se veía a la gente que iba de un lado para otro, las mucamas pasaban cargando paquetes, muchos pasajeros a pesar del frío habían salido a cubierta para ver el puerto desde antes que el barco anclara, sin embargo en el camarote de Candy las cosas eran distintas, nadie parecía muy emocionado, el ambiente era tenso, Neal se disfraza y Fiona arreglaba a Candy, las maletas ya estaban hechas y desde muy temprano habían ido a recogerlas para llevarlas en uno de los carros de carga que bajarían en cuanto anclaran.

Los tres muchachos salieron muy bien abrigados hacía la cubierta principal de donde bajarían a puerto.

- Burdeos – musitó Fiona.

- ¿Has estado aquí antes? – preguntó Neal quien la había alcanzado a escuchar

- Hace unos años – dijo la muchacha – Claro que en aquel entonces era muy diferente.

- Se a lo que te refieres – mencionó el joven Leegan.

El puerto que por lo general lucía bastante romántica, estaba repleto de soldados, enfermeras ayudaban a subir a unos soldados malheridos, la joven Crone se sintió sobrecogida y se arropó más en el abrigo que llevaba puesto, Candy miraba todo, a pesar de los soldados encontraba el puerto bastante bonito y no pudo evitar sonreír.

Las maniobras para anclar duraron más de una hora, y fueron de los primeros en bajar.

Candy alcanzó a ver de reojo a Terry quien parecía mirar hacía todos lados, se le veía bastante nervioso. La muchacha dudo unos segundos , sin embargo ya había tomado una decisión, no quiso mirarlo directamente, siguió de frente sin levantar la mirada para después bajar del barco, estando una vez en tierra firme no volvió la vista, sabía que si lo hacía volvería a dudar y suficientes interrogantes tenía en su cabeza, no podía darse el lujo de aumentarlos.

El joven Leegan parecía más preocupado, Candy caminó junto a él y Fiona para recoger sus equipajes. Para medio día Neal había conseguido informes en una taberna y se habían hospedado en una vieja casona que atendía una anciana, el servicio era malo, no había agua corriente o energía eléctrica, las camas eran incomodas pero era bastante barato.

- Podríamos vender algo de lo que traemos de equipaje, creo que si vamos a ir caminando tendríamos que reducir las cosas que vamos a cargar – sugirió Fiona una vez que estuvieron instalados en la posada.

- Sí, creo que tienes razón. – dijo Candy que pensaba con cierto temor que la caja de música era de las cosas que más pesaban.

- Voy a salir un rato… traten de no salir hasta que llegue… - dijo Neal quien se miraba muy serio.

Las chicas asintieron con la cabeza, Neal salió de la habitación. Fiona se sentó en un desvencijado banco que estaba cerca de la puerta, Candy caminó hacía la venta y por ella alcanzó a ver como la silueta del muchacho desaparecía al dar la vuelta en la esquina.

- Esta muy raro ¿no? – mencionó la chica de ojos castaños.

- Creo que todos estamos raros – dijo Candy – este lugar no es muy acogedor y hace mucho frío.

- Ni siquiera tiene una chimenea – señaló Fiona - ¿Iremos a estar mucho en este lugar?

- No deberíamos detenernos mucho en un lugar, el invierno ya comienza y va a ser difícil trasladarse… sería mejor llegar a París lo antes posible.

- Creí que habías dicho que no había prisa – apuntó Fiona

- Sí, eso fue antes de saber que haría tanto frío, no pensé en eso – dijo la muchacha.

- Sería bueno hacer un inventario y ver qué cosas no nos serán útiles aquí y cuáles no. Así podríamos saber si hay algo que podemos vender.

Candy asintió, no quería pensar mucho en que por seguir ese impulso había dejado escapar quizá su última oportunidad para poder estar con Terry, que por seguir ese impulso había dejado su aunque humilde casa, un lugar acogedor al cual llegar después de una jornada de trabajo, y que además había arrastrado a otras personas en su locura, haciendo que ellos también pasaran malos ratos. Comenzaba a creer que realmente debería de ser examinada. Tal vez si estaba volviéndose loca, y ahora también se estaba volviendo peligrosa para los que la rodeaban.

Aún continuaban evaluando si unos vestidos de fiesta serían necesarios o no cuando Neal entró a la habitación sonriendo ampliamente.

- ¿Sucedió algo? – preguntó Candy mirando con extrañeza a Neal.

- He resuelto nuestro problema.

- ¿cuál de todos? – quiso saber Fiona con mordacidad.

- La manera en cómo vamos a llegar a Paris.

- ¿En serio? – le interrumpió Candy - ¿Conseguiste trabajo?

- No, es que tuve una idea, pague este cuarto que la verdad, seamos honestos – dijo Neal con una cara de desprecio – es horrible, ni siquiera nos resguarda del frío, además de que no incluye comida, así que pensé que debería de haber una manera más barata de llegar hasta allá.

- Sigo sin entender – mencionó Candy.

- Vengan, mejor se los enseño.

Neal salió escaleras abajo y las dos chicas se miraron, las dos reflejaban extrañeza en sus caras, Fiona soltó el vestido que aún sostenía en su mano y decidió seguir al muchacho. Candy los siguió por el estrecho y mal iluminado pasillo hasta llegar al descuidado patio donde ahora había una carreta tirada por un caballo mal alimentado.

- Aquí esta – anunció Neal al tiempo que señalaba la carreta.

- Es una carreta – dijo Candy mencionando lo que era evidente.

- Si, por eso – sonrió Neal.

- ¿Es nuestra? – preguntó un poco extrañada Fiona

- Si – dijo Neal sin dejar de sonreír.

- ¿Compraste una carreta? – espetó Candy.

- Si… - asintió el muchacho

- ¿Cuánto gastaste en eso? – preguntó la chica rubia muy asustada.

- ¿No te agrada? – preguntó Neal.

- Es un poco vieja ¿no? –comentó Fiona.

- Pues no tanto – le respondió el joven Leegan.

- No debiste hacerlo – exclamó Candy – esta cosa por vieja que se vea debió de costarte lo que un mes de estancia aquí.

- Por eso – dijo Neal – este lugar es horrible, apesta a no sé qué y además no tiene servicio ni de limpieza, no digamos comida.

- Pero creí que te oponías a dormir a la intemperie –señaló la chica rubia – si no tenemos dinero tendremos que buscar un trabajo de inmediato.

- Creo que no me he dado a entender – dijo Neal – para eso es la carreta, será donde dormiremos

- ¿En la carreta? – inquirió Fiona no muy convencida.

- Si miren.

Lo primero que vio fue la estructura de madera vieja, el asiento del conductor parecía que se sostenía por arte de magia, las riendas eran de piel gastada que llegaban hasta el arnés del caballo que parecía un poco enfermo. La parte de atrás de la carreta estaba cubierta con una gruesa lona, le recordaban a Candy a aquellas carretas de caravanas que había visto algunas veces cuando era niña, desató las partes de la lona que hacían función de puerta por la parte trasera, al abrir dentro se miraba unos cojines y varias cobijas y un banco que se extendía a lo largo de la carreta.

- Creo que con la cubierta extra que me vendieron quedara más cálido que el cuartucho ese de esta pocilga.

- Calla – sugirió Candy – que podrían escucharte

- ¿Y? – dijo Neal alzando una ceja

- Pues que no estás diciendo cosas agradables – agregó Fiona.

- Ellos no entienden, solo hablan francés – apuntó Neal.

Candy soltó un resoplido, era cierto que la mujer dueña de la posada solo hablaba francés al grado que Neal había sido el que había hecho la transacción, otro detalle que no había cavilado antes de aventurarse en semejante viaje, durante su estancia en el San Pablo había tenido clases de francés pero nunca había sido muy buena estudiante y apenas y recordaba algunas palabras.

- ¿Y bien? ¿Qué piensas?

- Tal vez funcione – contestó Candy no muy convencida

- ¿Dormiríamos allí? – preguntó Fiona mirando dentro de la carreta.

- Pues esa es la idea – dijo Neal.

- Pues al menos parece más acogedor que la habitación de la posada.

- Tengo que poner la segunda cubierta hoy dormiremos en la habitación pero mañana nos vamos para Paris.

- ¿Qué tan lejos estamos de Paris? –pregunto Candy

- Creo que tendremos que atravesar la mitad del país

Al día siguiente después de que Neal colocara la segunda cubierta y acomodaran los baúles y maletas, las chicas subieron a la parte de atrás de la carreta mientras que Neal tomó las riendas. Fiona había ido a hacer algunas compras de último momento. Estaban a punto de empezar el viaje a Paris.

- No soy muy bueno leyendo mapas – dijo el muchacho mirando el que había comprado – además me advirtieron que podría haber caminos cerrados, así que tendremos que improvisar si alguno está cerrado, además por la nieve algunos pueden estar intransitables

- ¿Crees que el caballo aguante? – preguntó Candy más para sí aunque lo hizo en voz alta.

- No lo sé – dijo Neal mirando detenidamente el equino – nunca había visto un caballo en tan malas condiciones, me dijeron que cargara comida para él y pues llevo un lío de paja en una rejilla que hay en la parte de debajo de la carreta.

- Tenemos que llevar agua también, para eso es el barril que está a un costado. – aseveró Candy – quizá deberíamos cubrir el barril con paja de otra manera podría congelarse.

- ¿Cómo es que sabes esas cosas? – preguntó el muchacho, ya que él no sabía que las preparaciones tomarían tanto tiempo.

Candy sonrió al tiempo que sacaba paja del lío y la acomodaba alrededor del barril.

- Pásame aquella cuerda – le ordenó la chica – Si no hacemos esto el agua se puede congelar, está haciendo mucho frío. Quizá sería bueno llevar algo de leña también…

- Ya llevamos demasiadas cosas, el caballo no podrá jalar el peso.

- Pues si no jugaremos carreras, mientras avance despacio será suficiente… y además tenemos que comprar algo para comer nosotros durante el camino, no sabemos cuánto tardaremos en llegar al siguiente pueblo, y si allí tienen algo para comer.

- Esto está resultando más complicado de lo que pensé inicialmente – Neal suspiró - ¿todavía piensas que puede ser una buena idea? ¿no será mejor viajar como lo habíamos dicho inicialmente.

- Creo que es mejor que caminar, en cuanto a dormir allí, habría que ver que tan buena idea es eso – Candy le respondió – pero pues hay que esperar con que no sea tan malo.-

- Tengo una idea…

- ¡Otra más! – exclamó con sarcasmo Candy.

- De hecho tú me la diste – contestó el joven.

- Esto tengo que oírlo – mencionó Candy con incredulidad.

- Tendré que ir por otra paca de paja.

- ¿Para que la quieres?

- No he puesto la segunda cubierta de Lona que compré, está en mejor estado que la que lleva puesta.

- Pues podrías cambiarla, supongo que las partes roídas dejan pasar algo de viento, pero si la cambias ya no pasará eso – señaló la chica.

- No, podríamos hacer lo que hiciste con el barril… Armar una especie de cubierta de paja y sobre esa cubierta poner la segunda de lona, creo que servirá de aislante para el frío que hace.

- Podría funcionar – dijo Candy pensando que tal vez no sería tan mala idea.

- Pero no puedo hacerlo solo

- Yo te ayudo…

Los dos muchachos comenzaron a colocar la paja amarrada por lazos, les llevó más tiempo de lo que pensaban y se veía bastante desprolijo, pero una vez que acomodaron la segunda lona se veía si no bien al menos no peor que al principio.

- Tenías razón – dijo Candy entrando a la parte de atrás – se siente muy cálido aquí dentro.

- Supongo que allí podremos pasar las noches… - comentó Neal sintiéndose un poco satisfecho de sí mismo.

- Toma esto – la muchacha le pasó una cobija vieja.

- ¿Es para mí?

- No… es para el caballo, ¿crees que el pobrecito no siente frío? Trata de colocarlo debajo del arnés, al mismo tiempo le servirá para amortiguar los jalones.

Neal abrió la boca, pero decidió callarse, mientras le colocaba la cobija al caballo entró Fiona seguida por un muchachillo que llevaba una carretilla.

- Miren lo que encontré – dijo Fiona sacando un gran bulto.

- ¿Qué es eso? – preguntó Neal alzando una ceja

- Es una colchoneta… para poder dormir bien.

- Además – dijo emocionada la muchacha – compré unas ollas y platos y unos pocillos, cuando llegue a ese comercio el hombre que lo atendía me hizo una buena oferta por ese ostentoso vestido de fiesta… además me dio unas botellas de vino… y conseguí dos colchonetas y más cobijas. Y me dio también este farolillo, dijo que si íbamos a viajar de noche nos serviría mucho. Compré más soga y todavía me dio algo de dinero.

- Cada vez se parece esto más a una caravana gitana – señaló de mala gana Neal.

- Pero si fue tu idea – le refutó Candy - ¿acaso no estabas muy emocionado?

- Solo digo lo que es, aunque sigo creyendo que es mejor que quedarse en hoteles de quinta, quien sabe lo que se le puede pegar a uno allí.

- No tuve necesidad de vender mis joyas – mencionó Fiona – si quieres…

- No, tenemos que guardar eso para lo que pueda suceder – interrumpió Candy

- Podrían dejar de esperar lo peor… - dijo Fiona – esto no tiene porque ser un mal viaje.

- Está bien, ya no mencionaré nada de lo que pueda ocurrir, espero que lleguemos pronto a Paris – mencionó Candy

Neal miró a Candy con dureza, la tomó del brazo y la alejó de Fiona lo suficiente para que no escuchara lo que le iba a decir.

- ¿Quieres dejar de alimentarle sus sueños románticos? – susurró el muchacho – no te pongas de acuerdo con ella para decirle que todo saldrá bien.

- Es que todo puede salir bien.

- Hemos solucionado el no pasar mucho frío, pero pues de todas maneras el caballo esta en malas condiciones, ni siquiera tú puedes refutarme eso… tal vez no sea capaz de llegar hasta Paris.

- Pero aún así, podría ser que llegue y que todo salga bien.

- No, no es así – siguió Neal con la voz muy baja – ella acaba de dejar la casa de sus padres, nunca ha tenido que pasar por algo así en su vida, está acostumbrada a dormir en sedas y vestir encajes, ¿no te das cuenta de todo lo que dieron por un vestido? – Candy apretó la boca y Neal continúo- nunca en su vida ha trabajado… ¿crees que alentándola le haces algún provecho?

- ¿Por qué también siempre hemos de suponer lo peor?

- Estamos en medio de una maldita guerra, como bien dijiste hace rato, no sabemos que podemos encontrar más adelante, aquí en Burdeos hay de todo porque es un puerto, llegan barcos de todo el mundo. Pero una vez adentrándonos en los campos, podemos encontrarnos con malas noticias.

- Suenas como todo un conocedor – espetó Candy – pero que yo sepa tampoco has trabajado en tu vida, ¿Qué te hace pensar que todo saldrá mal?

- ¿Piensas que se conoce el mundo solo trabajando? – preguntó el joven Leegan indignado – trata de vivir en medio de truhanes y sobrevivir…

- ¿Qué quieres decir?

- Si, tú has trabajado, eso no te lo puedo negar, pero ¿sabes que mis amigos de la casa de apuesta no son ricos?

Candy negó con la cabeza

- Pues sí, ellos son gente que vive sin trabajar, viven de hacer fraudes a la gente a ellos no les importa si la gente a la que le quitan el dinero lo tiene a manos llenas como lo sería yo o si no lo tienen, he escuchado cosas con ellos que no creerías… tal vez nunca he trabajado, pero sé lo que es la maldad humana.

- No toda la gente es mala – musitó Candy.

- Si bien dicen que "el león piensa que todos son de su condición" – el muchacho torció una sonrisa.

La rubia lo miró frunciendo el ceño.

- Solo hazme caso… - le dijo Neal – trata de no ser tan optimista, ni tan confiada… hay que tratar de llegar a Paris lo más pronto posible, creo que mientras más pronto salgamos de Europa será lo mejor.

- ¿Qué quieres decir?

- Salir de aquí, a algún lugar donde no haya guerra.

- ¿A dónde piensas ir?

- Tengo que pensar… pero bueno… una vez que termines tus asuntos aquí hay que ver que vamos a hacer, por mi parte regresar a Chicago por el momento no será una opción…

- ¿Por qué? – preguntó Candy

- Me gustaría pensar que haces esas preguntas porque te preocupas por mí, pero en realidad pienso que eres más inocente de lo que pareces. –El muchacho miró la cara de la chica – Porque si el padre de Fiona hizo bien su tarea sabrá que ella huyó conmigo.

- Pero ella vino sola. – alegó la rubia

- ¿Crees que eso le importará a su padre? – inquirió el joven Leegan - Para ellos sería un buen cambio, quizá no sea un noble ni tenga título, pero la familia Leegan tiene dinero y poder, a ellos no les importaría forzar una boda.

Candy abrió la boca un tanto sorprendida.

-De nada habrá servido ofrecerle un cambio de vida a Fiona si al final iba a terminar igual, con un matrimonio forzado…

- ¿Entonces qué vas a hacer? – preguntó Candy con preocupación.

- ¡Vaya! ¿Es eso preocupación?

- Yo… solo…

- Así tu regreses a Chicago, - le dijo sonriendo – ella y yo tenemos que ver que va a pasar en el futuro.

- ¿Qué piensas hacer?

- Tal vez pedir ayuda a los padres de Archie

- ¿Los padres de Archie?

- Si… ¿nunca te ha dicho que hacen sus padres?

- La verdad no… nunca se los he preguntado, creí que se dedicaban al comercio como el Sr. Brown.

- No, el Sr. Brown es diferente a ellos, los Cornwell son diplomáticos, el padre de Archie es embajador en la India.

- ¿Pero ellos no te obligarían a volver?

- ¿Bromeas? – río Neal – los Cornwell no han podido hacer que Archie vaya ni siquiera a visitarlos en los últimos años, claro que la tía Elroy tiene mucho que ver con eso, pero si yo se los pido accederán a ayudarme y a cubrirme, y tal vez puedan ayudar a Fiona.

- Siempre pensé…

- No todos en la familia Andley siguen las ordenes de la tía – señaló el muchacho – muchos siguen sus vidas, aunque ella les castigue por eso…

- ¿Qué quieres decir?

- Bueno, los Cornwell decidieron aceptar vivir en el extranjero así que la tía los castiga negándoles la visita de su hijo… yo no quiero trabajar así que me niega dinero…

- Pues…

- Ni te asombres, así son las cosas y todos aceptamos que así sean.

Candy guardó silencio por unos momentos, después trató de sonreír.

- Deberíamos regresar a la carreta…. Nos está esperando Fiona

- Si, vamos

Los dos muchachos regresaron a donde estaba la carreta donde Fiona había hecho que el muchachillo que le había ayudado a llevar las cosas hasta allí las subiera a la carreta. Mientras Candy y ella aseguraban las cosas dentro de la misma amarrándolas con soga, Neal había ido a buscar víveres. Más tarde había regresado con un hatillo de leña que había acomodado en la rejilla, un saco de harina, y una canasta con más comida.

- ¡Vaya! – dijo Neal al ver el interior de la carrera que se veía muy bien organizado – Todo en su lugar y esas colchonetas dan una sensación de que es un cuarto.

- ¿trajiste velas? – preguntó Candy.

- Si, si las traje, están dentro de la canasta.

- ¿Te sobró dinero?

- Muy poco, tal vez para comprar algo más de comida, pero pues creo que estamos listos para partir.

- Sí eso parece – señaló Candy. Subió a la parte de atrás junto con Fiona mientras Neal tomó el lugar de conductor.

El caballo dio un fuerte tirón pero apenas y se movió la carreta, Candy supuso que era lo más rápido que se moverían, tardaron más de una hora en salir de la pequeña ciudad de Burdeos. Mientras lo hacían la nieve comenzaba a caer lentamente de nuevo. Candy dejó caer la lona y la amarró para que no dejara pasar los copos, solo a través de la abertura que aún no cerraban por la parte del frente donde iba Neal la habían dejado abierta.

- Una vez que habían entrado al campo, Candy pudo darse cuenta de que había muchos cultivos echados a perder, otros terrenos que parecían no haber sido movidos en mucho tiempo, aquel panorama no era muy alentador.

- Esto se ve muy diferente a como recordaba – dijo Neal

- ¿Ya habías estado aquí? – preguntó Candy

- Si, hace unos años, antes de que empezara la guerra.

- Tienes razón – señaló Fiona.

- ¿También has estado aquí?

- Sí, hace como cinco años pase una temporada en casa de una amiga, de hecho es cerca de estos rumbos… aquí fue donde aprendí francés.

Candy continuó mirando el paisaje desolado, ella nunca había estado en Francia. No obstante podía decir por lo solitario de los campos que no era buen augurio de lo que encontrarían mientras se adentraran más al país.

Los paisajes solitarios siguieron pasando durante el transcurso del día, apenas hicieron una pausa para comer, y la nieve comenzó a acumularse a lo largo de la carretera.

- Se está haciendo de noche – dijo Neal – debemos parar por estos rumbos para pasar la noche.

- ¿Sigue nevando? – preguntó Fiona quien acababa de prender un fanal y lo había colocado sobre uno de los baúles que servían de mesa.

- Si, hace mucho frío – contestó el muchacho.

- Hay que tapar bien al caballo - sugirió Candy.

- Pásame esa manta – dijo de mala gana Neal quien no quería regresar al gélido clima.

Neal salió a tapar al caballo y regresó después.

- Sentí que se movió un poco la carreta – dijo Candy

- Si, lo moví hasta cerca de unas grandes piedras, creo que allí hará menos viento que donde estábamos inicialmente, y no me sonrías así, que no lo hice por el jamelgo, sino que si se muere después tendremos que caminar.

Candy torció un poco la sonrisa.

- Toma tu cena – le pasó un plato con queso y pan

- ¿Esto es la cena? – inquirió enojado

- ¿Qué esperabas? ¿Un bistec?

- Al menos algo caliente, llevó todo el día afuera, mis manos parecen carámbanos de hielo – rezongó el muchacho.

- ¿Quieres un poco de vino? – preguntó Fiona.

- Hablas de ese vino barato que compraste en Burdeos ¿no?

- Es lo que hay – dijo la muchacha un poco avergonzada

- Me estas poniendo de los nervios – añadió Candy – deja de quejarte, si tanto te molesta mañana yo conduzco.

- No quise decir eso – susurró Neal.

- ¿Entonces? – quiso saber la muchacha

- Hace mucho frío y el caballo no da para ir más rápido – apuntó el joven Leegan – a este paso llegaremos a Paris para la primavera.

Fiona sonrió.

- No me burlo, solo que creo que Candy tiene razón, podríamos turnarnos para conducir, de esa manera estaría más equilibrado.

- A mí me parece bien – agregó Candy

- Pero…

- Que seas el único hombre no te obliga a hacer todo el trabajo – comentó la rubia – podemos turnarnos, y así podrías descansar dentro, la idea de la paja fue muy buena, aquí no hace nada de frío.

- De hecho después de almorzar tuvimos que quitarnos los abrigos…

- Además estamos juntos en esto, y en cierta manera por mi es que vamos hasta Paris, - dijo Candy – de no ser por mi estarías camino a la India.

- ¿La India? – inquirió Fiona.

- Sí es una idea – respondió Neal – quizá allí podamos conseguir ayuda… pero pues por el momento lo primordial es llegar a Paris y ya después veremos, mientras pásame el vino malo…

Después de la escueta cena, Fiona se acomodó en el banco, Candy en una colchoneta y Neal en otra, todo quedó en silencio, como había sido todo el trayecto, solo que durante el día de repente ese silencio se rompía cuando alguna otra carreta o incluso algún automóvil pasaban a su lado.

Para Candy dormir allí era más de lo que habría podido esperar, de hecho comenzaba a agradecer que Neal hubiera ido con ella, esa carreta aunque vieja y en mal estado estaba resultando un buen lugar para pasar la noche.

Al día siguiente, continuaron el camino, había una ligera capa de nieve sobre toda la vereda, Fiona comenzó con el turno, se había despertado de muy buen humor, Neal durmió hasta más tarde. A medio día Candy después de detenerse para almorzar tomó su turno, cuando cerca de las 6 de la tarde se encontraron con un grupo de personas que parecía que huían.

- Neal – dijo Candy – vienen unas personas caminando, pero la verdad es que el francés no se me da muy bien.

- Para, voy a preguntar – dijo el muchacho intrigado por ver tanta gente que caminaba en sentido contrario al que ellos llevaban.

Neal caminó hacía ellos mientras que Fiona y Candy esperaban en la carreta. Después de unos minutos Neal regresó con cara de preocupación.

- ¿Qué sucede? – preguntó Fiona

- El camino está cortado unos kilómetros adelante..

- ¿Quién es esa gente? – inquirió Candy

- Son habitantes del siguiente pueblo, son viejos, mujeres y niños…atrincheraron el pueblo hace tres días, el ejército cree que esta noche llegará el enemigo así que desde ayer se les pidió que evacuaran el poblado.

- ¿Quiere decir que no podremos pasar?

- Quiere decir que si seguimos por este camino nos encontraremos con disparos y muertos – agregó Neal – no podemos hacerlo, si es que queremos llegar con bien a Paris.

- ¿Qué hacemos entonces? – preguntó Candy.

- Pásame el mapa, hay que ver si podemos tomar otro camino…

Candy le acercó el mapa a Neal, el muchacho tardo varios minutos leyéndolo, mientras tanto las dos chicas vieron como una caravana de personas pasaban caminando por la carretera, algunos llevaban algunas carretillas o un burro para ayudarles a cargar algunas de sus pertenencias. Candy no pudo evitar pensar en que la guerra no solo había destruido los campos, sino que estaba destruyendo los hogares de esa gente, ¿terminaría aquel pueblo destruido también? ¿Podrían aquellas personas en algún momento regresar a sus casas? El espectáculo de toda esa gente peregrinando para encontrar un lugar donde sobrevivir era algo que recordaría toda su vida.

- Tendremos que rodear, - dijo Neal despertando a Candy de sus cavilaciones - hay un camino un poco más atrás, regresaremos y lo tomaremos, tardaremos más tiempo, pero creo que es lo más prudente.

- Estoy de acuerdo – señaló Fiona

- Si, está bien.

Neal tomó las riendas de la carreta, regresaron hasta tomar el camino que estaba señalado en el mapa. La noche volvió a alcanzarlos, pero en esta ocasión se quedaron al lado de unas ruinas, de algo que parecía haber sido un silo o algo similar. Pudieron dejar al caballo debajo de un pequeño techo que sobresalía de un lado del edificio destruido. Lo que fue una gran ventaja ya que esa noche había azotado una tormenta de nieve. A los tres les había costado conciliar el sueño. Aunque también había sido causante el ruido que provocaban algunos sonidos de cañones que se alcanzaban a escuchar muy a lo lejos. Por primera vez Candy pensó que aquello era real, que aunque en América todo estaba tranquilo allí se estaba llevando a cabo una guerra. Y sintió miedo, de haber seguido un impulso que podía poner su vida y la de sus acompañantes en peligro. Junto sus manos y durante toda la noche oró en silencio. Implorando que aquella guerra, no destruyera todo lo que tocara.