Disclaimer: FMA no es mío.

Advertencias: Spoilers capítulo 77 del manga/episodio 41 de Brotherhood.


#04. Intercambio equivalente

Edward volvió a tocar su cicatriz de nuevo. No, no estaba tocando aquella que le quedó en su hombro derecho por tantos años en que estuvo usando el automail sino aquella que estaba cerca de su cintura; aquella que le quedó después de su pelea contra Kimbley. Había sido mortal y si no habría sido porque recordó a Al, Winry, Hawkeye, y a todos sus amigos, y si Donkey Kong y Rey León no hubieran estado allí para ayudarlo, entonces sabía que no habría sobrevivido.

La sola idea de que hubiese muerto en aquel instante lo aterraba. Si hubiera muerto entonces habría dejado a todos atrás, habría roto su promesa con Winry y la habría hecho llorar de tristeza, y no sólo a ella, la abuela Pinako, Mustang, la Teniente Hawkeye, el Mayor Armstrong… todos sus amigos se habrían puesto muy tristes; y lo más importante, habría dejado a Al atrás. No sólo habría roto otra promesa, la de devolverle su cuerpo, sino que también lo habría dejado solo. Sabía que en un tiempo no le habría importado morir si con eso su hermano recuperaba su cuerpo, pero todo eso había cambiado a lo largo de su búsqueda de la Piedra Filosofal. A lo largo de los años fue conociendo personas y fue formando lazos fuertes de amistad, a pesar de las diferencias étnicas y de edad que había. Él se había vuelto muy querido para ellos así como ellos lo eran para él. Su muerte los habría dejado marcados así como lo hizo la de Hughes. Además, le había prometido a Al también que no lo dejaría solo (por lo cual no sólo habría roto dos promesas, sino tres). Y no sólo Al, también tenía a su familia, Winry y la abuela, siempre esperándolo, ya sea en Resembool o en Rushvalley para darle la bienvenida.

Ahora, mirándolo después tantos años, Ed seguía sin arrepentirse de su decisión. Sabía que había acortado su período de vida para sanar su herida, pero todo eso no importaba. Gracias a eso había logrado casarse con la mujer que amaba, vio nacer a sus dos hijos y ahora, mirando la gran barriga de su hija, que crecía y se hacía más grande cada vez que la veía, no podía estar más feliz que nunca. Porque el haber no muerto en aquella fatídica pelea y haber sobrevivido no sólo le había dado sus dos más grandes regalos, sus hijos, sino que también ahora le daría otro regalo: nietos. Edward Elric nunca había estado tan feliz en toda su vida. Intercambio equivalente o no, había valido la pena.


Hacía un montón que no actualizaba este fic... ¡Espero que les haya gustado!

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