Capítulo seis

Perla

-¡Pluma, ven!

Con todo el sigilo que poseía, el carrito azul le dio alcance al Cabús Rojo por el pasillo.

-No deberíamos estar haciendo esto.- susurró preocupada -¿Estás consciente de lo que pasaría si nos descubrieran?

-No lo harán, no te preocupes.- contestó el Cabús -Todo está perfectamente calculado.

Muy despacio, los dos coches llegaron a la escaleras.

-Solo vamos a mirar.- le indicó él haciéndole señas a Pluma de que lo alcanzara y se asomara.

La escalera daba una vista perfecta a la sala de la casa, donde en un rincón se encontraba un enorme pino lleno de adornos e iluminado por una infinidad de lucecitas de colores. Bajo él, varias cajas forradas con papel de colores y ataviadas cada una con un moño esperaban a ser abiertas.

-Al menos en una de esas cajas viene un compañero nuevo.- explicó el vagón rojo, con la arrogancia de saberse completo conocedor del asunto mientras Pluma miraba sorprendida y embelesada.

-Sí, El Jefe me explicó un poco.- asintió la chica recordando -He estado tan contenta aquí que no había sentido el tiempo, pero ahora recuerdo que por estos periodos de tiempo se llevaban muchas más cosas de la tienda.

-¡Pues mira! ¡No has pasado otra Navidad sola en un estante!- dijo el Cabús alegremente -Estás con nosotros. Ahora volvamos si quieres dormir un poco.

Pluma asintió sonriendo antes de seguir a su compañero, en silencio regresaron a la habitación de Control y se acomodaron para dormir.

-¡Control! ¡Aquí Control!

El carrito azul abrió los ojos sintiendo que no había dormido ni cinco minutos, y se sorprendió al percatarse de que ni siquiera había amanecido. Control estaba emocionadísimo, los formó a todos en cuatro filas, la alegría que Pluma sintió al ser acomodada en la fila de las mercancías, encabezada por Ferro, se esfumó cuando Bacha se acomodó justo a su izquierda; de buena gana le hubiera lanzado su más fiera mirada si El Jefe no le hubiera enseñado que debía portarse bien con todos los demás frente a Control.

-¡Muy bien!- exclamó el niño echando un último vistazo para asegurarse de que todos estuvieran derechitos y atentos, junto a él estaba El Jefe, el lugar de honor para el primer tren que Control había recibido en su vida; y del otro lado había un carro que Pluma nunca había visto, era notoriamente femenino, de pronunciadas curvas y colores rosa y negro, pero a diferencia de ella y los carros de servicio, lucía como una adulta.

-¡Meme, no te duermas!- reclamó Control enderezando un poco al carro rosa, que comenzaba a cabecear -¡Voy a presentarles a dos nuevo compañeros!

Ante la expectación de todos el pequeño puso frente a él un par de cajas, destapó la primera y un impresionante motor blanco y rojo salió de ahí, tenía un diseño aerodinámico y de orillas apenas suavizadas.

-¡Él es el tren bala japonés!- anunció Control emocionado mientras el aludido hacía una reverencia como si se encontrara al principio de un encuentro de artes marciales -Te llamarás… mmm… ¡Nintendo!

El tren bala sonrió y fue a acomodarse en la fila donde estaban los demás motores internacionales, recibiendo algunos saludos cordiales y sonrientes, excepto de la fila encabezada por un motor de estilo moderno, azul y rojo brillante, a quienes anteriormente Pluma había visto solamente de lejos.

-Sí, claro.- susurró el Cabús Rojo al oído de Pluma -Cualquier coche que no se pueda poner a su servicio es un estorbo, ese Electra es todo un divo.

-¡Shhhhh!- siseó Tabicón, más bien para molestar.

-¡Y ahora!- la fuerte exclamación del niño hizo que Meme diera un brinquito, comenzó a abrir la caja, y todos los presentes miraron admirados al carrito de servicio plateado que salió de la caja, nadie dudó que la acomodarían con las demás chicas, era el carro femenino más hermoso que todos habían visto.

-¡Por fin tenemos un vagón mirador!- dijo Control contento -Tu nombre será Perla.

La acomodó en la fila donde estaban las demás chicas de servicio, que la recibieron gustosa.

Pluma hizo un pequeño puchero, Perla era aún más bonita que las demás. ¿A dónde la dejaba a ella? Ahora tendrían más razón para llamarla "carro simple y feo". Miró a sus compañeros y se dio cuenta de que la nueva les importaba tanto que mirar a cualquier punto en la nada les resultaba una mejor opción.

Sonrió al comprender el poco interés de sus amigos, perdiendo tal sonrisa completamente y darse cuenta de que Ferro miraba a la recién llegada con la mirada más ensoñadora que le hubiera notado jamás.

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Lo cual, obviamente, no es bueno…

Cabús: ¡Pues no le veo lo maravilloso a la tal Perla!

Lexell: Yo menos… por cierto, ¿porqué no me extraña que seas el primero en aparecer por aquí?

Cabús: ¿Porque soy adorable?

Lexell: -_-

Ah… y logré meter a Meme! Chacháaan!

Cabús: No es que haga la gran diferencia…

Lexell: Calla ¬¬