Desde siempre me han gustado los AU de Bleach y uno de mis objetivos era lograr escribir uno, costara lo que costara.
Este es el resultado.

El título está sacado de una película ya antigua que, a pesar de que no tiene nada que ver con la trama, creí que le venía como anillo al dedo a esta pequeña historia.

Ni Bleach ni sus personajes me pertenecen, son de Kubo Tite.
Espero que os guste.


Trust

Aún no sabía cómo había podido acceder a esa petición. ¡Era una locura! ¿Cuánto hacía que no salía con nadie? ¿Semanas? ¿Meses? ¿Años?
¡Ni ella misma atinaba a acordarse!
Además, ni siquiera era el tipo de mujer que conocía el arte de la seducción o recibía con buena cara los piropos y coqueteos. Ella no estaba hecha para estas cosas. Y ahora no iba a ser la excepción.

Los nervios la estaban acribillando y algo similar a la ira comenzaba a fluir por sus venas sin ningún control, deseando ser exteriorizada. Ese estúpido vestido tan ceñido no la dejaba respirar y por si fuera poco, a los tacones les pareció divertido ocasionarle un sufrimiento extra. Maldijo interiormente al que se le ocurrió inventarlos. Estaba segura de que andar sobre los pinchos de un fakir era menos doloroso que aquello.

Tsk. ¿Cómo había podido aceptar ir allí? ¡A una cita a ciegas!

Sin dejar de lado ni un solo momento la rabia interior que estaba sintiendo, le lanzó una mirada al sujeto que, por así decirlo, la había obligado a ir a esa pesadilla.
Ahí lo tenía. Tan bien peinado, vestido, perfumado…Con esa estúpida sonrisa en la cara. ¡Y ella hecha un manojo de nervios y al borde de la taquicardia! Ver para creer.
Ese Renji…Algún día se las vería con ella, claro que sí. Le debía un favor muy pero que muy gordo.

—Rukia, ¿quieres tranquilizarte?—Los nervios de Rukia no pasaron desapercibidos por el pelirrojo. Bueno, ni por él, ni por nadie—. Toda la gente te está mirando. ¿De dónde has sacado esa manera de andar tan…tan…—buscó las palabras adecuadas—poco femenina?
Llevaba el vuelo de la falda recogido en sus manos —o en sus apretados puños más bien—, y andaba a grandes y sonoras zancadas con los brazos y las piernas abiertos hacia los lados en un extrañamente perfecto ángulo recto.
Rukia se sonrojó de la furia.
— ¡No me da la gana tranquilizarme! ¡Y es mi manera de andar! ¡A quien no le guste, que no mire!
Renji rió sonoramente. ¿Era su imaginación o andaba peor ahora? Parecía un elefante borracho.
—No te enfades Rukia. —Le pidió con gentileza—. Si es una tontería. Venga, ni siquiera tendrás por qué llevarle a tu casa.
La morena paró en seco y abrió los ojos como platos, intentando averiguar si lo que había oído era lo que en realidad Renji había dicho.
— ¿Cómo? ¿Es que tenías pensado que me lo llevara a mi casa?
— ¡No, claro que no!—le aclaró colocándose frente a ella antes de que estallara—. Es que no sé qué es lo que tanto pánico te da. ¡Por Dios, Rukia! ¡Es una cita!.—Agachó la cabeza hasta ponerse a su altura, y le sonrió con picardía a tan sólo unos centímetros de su rostro—. ¿Cómo puede asustarte algo así, Kuchiki Rukia?
Tragó saliva con dificultad. Era Renji, nadie más que Renji, pero estaba demasiado alterada como para reaccionar con normalidad. El sólo pensar lo que iba a tener que aguantar le estaba poniendo demasiado nerviosa.
—Sabes que odio estas cosas—fue todo lo que pudo decir.
Él suspiró.
—Mierda, Rukia. Es hora de que pases página, que te propongas hacer cosas nuevas, que te olvides de todo. No puedes pasarte la vida encerrada en ese viejo apartamento.
—Me gusta mi viejo apartamento—objetó aún molesta.
—Pero no es bueno que te pases tanto tiempo ahí. —Con cuidado, volvió a colocar uno de los tirantes del vestido de Rukia, que sin darse cuenta, había caído por debajo de su hombro—. Ya lo verás, tonta, lo pasarás bien.
—Sí, pero Renji…no quiero salir con nadie—insistió apesadumbrada—. No aún.
—Te lo he dicho, no tienes por qué sentirte obligada a nada. Tan sólo vas y me acompañas, sin compromiso. Le prometí a Tatsuki que irías y ahora estaría un poco feo no presentarte. Además, si te sirve de consuelo, me dijo que él tampoco es muy sociable. ¡Seguro que hasta os lleváis bien!—le dijo para reconfortarla.
—Sigue sin gustarme la idea en absoluto.
—Oh, vamos Rukia. Te necesito.
—Que no.
Se acercó aún más a ella y le obligó a que le mirara a los ojos.
—Sólo por esta vez…
—Pero Renji…—seguía resistiéndose, en vano.
—Hazlo por mí.
Las mismas palabras que la desarmaron poco antes. Ese pelirrojo se las sabía todas.
—Por favor.
—E-está bien—aceptó derrotada. No podía con esa expresión lastimosa.
— ¡Yay! ¡¡Rukia, eres la mejor!!
—Sí, claro…
El muchacho sonrió de oreja a oreja y agarró con fuerza el brazo de la confundida chica llevándola calle abajo, pasando absolutamente de su desánimo.
— ¡Vamos Rukia! ¡Llegaremos tarde si no nos apresuramos!
— ¡¡Renji!!—se quejó mientras era arrastrada—. ¿Qué coño haces? ¡Me voy a matar! ¡¡Renji!! ¡¡¡Renji!!!
Pero tan sólo obtuvo una carcajada por respuesta. Renji no estaba disponible en ese momento. Estaba demasiado ocupado en ser feliz.

La tercera vez que fue rechazado por Rukia, Renji supo que eso del amor correspondido no era lo suyo. Tres veces tuvo que pasar por esa bochornosa situación antes de darse cuenta de ello.

¿Y por qué tantas? Bueno, puede que influyera su carácter persistente, que pensara que tenía alguna opción o quién sabe…puede que se dejara llevar por la idea de que a la tercera va la vencida. Fuera cual fuera la razón por la que se guiara, el caso es que lo hizo. Y aunque le puso mucho empeño y originalidad, a pesar de que se comió todo el orgullo que tenía, nunca consiguió que Rukia le diera la respuesta que él esperaba. Entonces, tras una dura depresión post-rechazo, se dijo a sí mismo que jamás volvería a enamorarse de alguien.
Puede que actuara sin pensar y que en ocasiones se comportara como un cafre, pero no era masoquista. Y tenía muy claro que no quería volver a sufrir de nuevo, no como lo hizo entonces.

Un par de años habían pasado de todo eso, y aunque el pelirrojo había superado su desastre afectivo con Rukia y habían vuelto a ser buenos amigos, seguía sin haber rehecho su vida.
Había estado con algunas chicas, sí, pero nunca nada serio. Lo máximo que había conseguido en todo ese tiempo era una relación de un par de meses con una chica que conoció en la oficina de su amigo Kira. Y eso fue antes de enterarse gracias a su colega de que llevaba a cabo escarceos amorosos con el chico de las fotocopias. A todo esto, ¿qué demonios tendrán esos chicos que a todas las traen locas?
Ninguna de las mujeres que había conocido le interesaban, no como le había interesado Rukia en su día. Ella era diferente, única. No se parecía a la mayoría de las chicas, y estaba completamente seguro: jamás encontraría a nadie igual.
Pero como siempre pasa en esta vida, se equivocó.

Poco después, y por cuestiones azarosas del destino, conoció a la chica que desde hacía unos meses había derruido por completo su monótona vida.
Fue por pura casualidad, ni siquiera él tendría que haber acudido al encuentro. Sin embargo, Kami quiso darle una nueva oportunidad.

Habían dado aviso de que uno de los bloques de pisos de la Urbanización Este del barrio de Karakura se había derrumbado, y casi medio centenar de personas se encontraban bajo los escombros esperando ser rescatados.
Renji se había cogido una semana de permiso, lo cual implicaba que estaba libre de desastres inmobiliarios, aparatosos incendios y de rescates gatunos esporádicos. Tenía toda una semana para vaguear lo que a él le diera la gana y sus servicios no serían requeridos hasta que ésta pasara. No obstante, al oír la terrible noticia sobre el derrumbamiento y conocer que existía una escasez de personal y dispositivos de emergencia, antes de que nadie le avisara ni dijera nada, él acudió sin más.
En aquel desastre, conoció a Tatsuki Arisawa, la penúltima víctima. La que salvó con sus propias manos.

Renji nunca dijo nada abiertamente, pero Rukia no era tonta. Sabía que desde el principio sintió una atracción inusual por esa muchacha, pues si no, no habría ido tantas veces al hospital para cerciorarse de su estado de salud ni le habría dado su número de teléfono entre otras cosas.
Puede que en un principio fuera una bonita y simple amistad, pero ella sabía que su amigo sentía algo más por Tatsuki, y siempre intentó animarle para que diera el siguiente paso.
Con lo que no contaba era con que esa iniciativa que tanto deseaba la llevaría de cabeza a una indeseada cita con un completo desconocido. Mandaba narices. Ella misma había participado en esa locura.
Toda la culpa la tenían la estúpida amistad y la confianza. Eran sentimientos hermosos, sí, pero en ocasiones eran un verdadero asco.


—Esto es una auténtica pérdida de tiempo.
Tatsuki resopló. Era por lo menos la vigésimo primera vez que oía esa frase en lo que llevaban de noche por parte de su compañero.
— ¿Quieres dejar de quejarte, Ichigo?
—Sinceramente, no sé a qué aspiras. ¿Pretendes que salga de esta noche con novia? ¿Que me enamore perdidamente de una desconocida? ¿Que me líe con ella, quizás?
—Pretendo que tengas algo de vida social. Entre tu hostilidad, la ausencia de tacto, de habilidad para entablar conversación y tu obsesión por los exámenes, acabarás siendo un solterón viejo y cascarrabias.
El chico hizo una mueca.
—Estoy satisfecho con mi modo de vida, gracias.
—Pues a mi no me gusta, y estamos aquí para cambiarlo.
Él, sin embargo, seguía empeñado.
—Deberías haber quedado con tu novio a solas, y hacer una despedida en condiciones. Ni yo ni esa chica que piensa traerse Abarai pintamos nada aquí.
—No es mi novio.
—Si no lo es, poco os falta.
Tatsuki se sonrojó y frunció el ceño en un intento de disimulo.
—Sólo somos amigos.
—Ya, siempre dices eso. —Sonrió pícaramente—. Pero la realidad es que desearías que no fuera así.
—Cállate—le dijo la morena aún colorada con cierto enojo.
—Venga Tatsuki, no seas así. Sabes de sobra que tengo razón. Le echarás de menos cuando te vayas.
—También a Orihime y a ti.
—Pero de manera distinta—apuntó mientras se llevaba un pedazo de pan a la boca—. Todo lo que pensarás será: Renji, Renji, Renji, Renji…
—Cállate.
El muchacho rió entre dientes mientras cambiaba su mirada al vacío plato que descansaba frente a él.
—Le echarás de menos—repitió.
—Lo sé.
— ¿No le dirás nada?
Tatsuki agachó la cabeza e imitó a su compañero al mirar el plato.
—No.
—Eres tonta.
Tatsuki suspiró de nuevo y apretó sus puños bajo la mesa.
Él tenía razón, era tonta…Pero su relación con Renji era tan especial, la apreciaba tanto, que no quería estropearlo. No por un capricho.
Además, a ella no se le daban bien las relaciones amorosas. Siempre había sido una mujer independiente, con carácter. ¿Cómo sería su vida con Renji de ese modo? No lograba imaginarlo.
Iba a ausentarse de Karakura durante bastantes meses y había acudido a aquella extraña cita doble guiándose por su deseo de ayudar socialmente a un amigo eternamente irritado y ya de paso despedirse de su otro buen y querido amigo Renji y aclararse para sí misma sus sentimientos hacia él. Sin embargo para su desgracia, haber ido hacia allí tan sólo había conseguido liarla aún más. ¿Por qué tenía que ser todo tan complicado?
— ¡Tatsuki!
— ¿Eh?
—Baja de la parra y hazme un poco de caso, joder.
La chica se sorprendió al oírle. ¿Había estado llamándola? No le había oído.
—Disculpa Ichigo—apoyó sus brazos en la mesa y hundió la cabeza en sus manos—. Estoy un poco…
— ¿Ausente?
—Llámalo como quieras. Acertarás de igual modo—le respondió ella con pesar, frotándose la sien con las yemas de sus dedos—. ¿Qué querías decirme?
—Nada, que cuándo quedaste con ellos. ¿No deberían estar aquí?
La morena arqueó una de sus cejas y le echó un vistazo a su reloj en la muñeca derecha. Ichigo estaba en lo cierto.
—Sí, quedamos hace más de media hora. Qué extraño…
— ¿Me asomo a la entrada?
—No, no hace falta…Le llamaré al móvil, a ver qué les ha pasado. Deben estar al caer.
—Como quieras. —El chico se encogió de hombros y acto seguido se levantó y señaló una de las puertas situadas al fondo de la sala—. Yo iré al servicio un momento, si no te importa, claro.
— ¿Por qué iba a importarme?
—No sé, igual te da un ataque de histeria o de ansiedad en mi ausencia, te sube la tensión…En tu estado actual cualquier cosa es posible.
Tatsuki bufó molesta.
—Me encuentro perfectamente, Ichigo.
— ¿Seguro? Mira que si luego ocurre una tragedia…
—Ve al baño y déjame en paz—masculló aún con cierto enojo. ¿Qué le habían dado a su amigo para que estuviera así de irritante? Normalmente era ella la que le hacía de rabiar a él y no le gustaba nada que los papeles hubieran cambiado.
El chico la observó durante un par de segundos detenidamente antes de marcharse para después, sacudir la cabeza con una sonrisa.
Estaba hecha un manojo de nervios, y le resultaba bastante divertido.
Era la primera vez que veía a Tatsuki así y seguramente, no habría ocasión igual.


A esas altas horas de la tarde, las calles del centro de Karakura eran todo un hervidero de gentío, ruido, coches y bolsas y más bolsas repletas de compras de lo más variadas.
Viernes por la noche, víspera de las fiestas de Navidad…No se necesitaban más excusas para acudir a los Grandes Almacenes e ir llenando la despensa para las grandes cenas que les esperaban un par de semanas después.
Los dueños de las mejores tiendas ya lo tenían todo preparado, pues como viene siendo habitual en estos tiempos, se habían adelantado unos cuantos días a la Navidad para intentar sacar el mayor provecho de ello. El dinero manda.
Los escaparates, engalanados a más no poder y embellecidos con lazos y guirnaldas, pedían a gritos clientela y dinero fresco para sus respectivos dueños.
Los precios estaban por las nubes y todo el mundo era consciente de ello, no era ningún secreto. Sin embargo…

…era Navidad.
¿Cómo escatimar en gastos si tan sólo son unos días al año? ¿Qué mal puede haber en eso?
Parecía ser que ninguno.

Parados frente a un semáforo en rojo, ante una de las avenidas más amplias y atestadas de la ciudad, la pareja de amigos esperaba con ansia que aquella fatídica noche acabara pronto.
Cada uno por supuesto con sus propios y fundados motivos.
Abarai no soltó a la ojiazul de su agarre imposible, pero disminuyó levemente la presión para que pudiera volver a circularle la sangre hacia la mano. Tampoco quería dejarla lisiada.

En medio de todo el barullo, los pitidos y el alboroto, una pequeña sacudida en el bolsillo derecho de su pantalón acompañado de un estridente y extraño sonido, alarmó a un increíblemente soñador Renji.
— ¿Qué demonios es eso?—exclamó Rukia pegando un salto al oír aquello.
—Es el vibrador de mi teléfono—explicó soltando una risita—. Lo puse un poco fuerte para no pasarlo por alto.
— ¿Sólo un poco? Pensé que se acercaba un diplodocus.
—Anda, anda…—Sin desdibujar la sonrisa de su rostro, sacó del bolsillo su teléfono y ojeó el nombre para ver quién era—. Tatsuki—murmuró con cierto deje de sorpresa. Sin apartar la vista del teléfono, con un rápido gesto lo abrió y contestó—. ¡Hey Tatsuki! Sí, sí, no te preocupes…Estamos justo en la calle de enfrente. No pensábamos retrasarnos tanto…—se rascó la barbilla y miró de reojo a la morena—. Es que mi amiga sufrió una crisis y…
— ¿Perdón?—soltó la aludida ofendida.
—No, está bien. Tranquila. Unas palabras y como nueva. —Entrecerró los ojos y movió la mano libre hacia arriba y hacia abajo, como si quisiera restarle importancia al asunto—. Sí, claro… Id pidiendo lo que queráis. Venga, está bien. Hasta luego.
Enarcó una ceja al contemplar el rostro enrojecido de su amiga y cerró el aparato mientras volvía a guardarlo en su bolsillo y comenzaba a apurar el paso de nuevo.
El semáforo volvía a estar en verde.
— ¿Qué es eso de que sufrí una crisis?—exigió saber.
—Sacas las cosas de quicio, Rukia—opinó con un pequeño suspiro, mirando hacia los lados de la carretera.
—No saco nada de quicio, Renji. Hablas como si me hubiera dado algo gordo en medio de la calle.
—Estás histérica, Rukia, y no es propio de ti. Haces una montaña de un granito de arena. Deberías tranquilizarte.
—Yo estoy muy tranquila—repuso ella haciendo un mohín.
—Estás peor que yo, y que yo sepa soy el único de los dos que piensa confesarse y echar por tierra una bonita y entrañable relación de amistad.
—Pues cualquiera lo diría.
— ¿Te parece que estoy tranquilo?
Pararon en seco nada más pisar la acera.
—Estás hiperactivo, extrañamente contento, insoportable…Pero paradójicamente tranquilo.
El chico sonrió.
—Estoy muerto de miedo.
Rukia abrió por un momento los ojos por la sorpresa ante sus palabras, agachando su rostro poco después, un tanto avergonzada. Después de todo, estaba siendo egoísta.
Es cierto. Odiaba tener que estar allí, odiaba que la obligaran a acudir a esa extraña cita no oficial para tratar de emparejarla con un completo desconocido el cual seguro le desagradaría, sabía que en un futuro le estaría reprochando a su amigo todo esto, pero en ese instante él la necesitaba.
Se quejaría cuando volvieran a casa.
Suspiró sonoramente y alcanzó la mano de Renji con la suya, apretándola fuertemente mientras le dedicaba una tierna mirada.
—Todo saldrá bien, ya lo verás. —Le miró de arriba abajo e hizo una mueca de aprobación—. Estás simplemente perfecto. Creo que hasta yo caería rendida—comentó con una pequeña risa.
El chico rió con ella.
—A buenas horas, Rukia.
La morena le sonrió nuevamente y él no pudo hacer más que corresponderla.
—Gracias Rukia.
—No tienes por qué darlas.
—Ya pero bueno…Estás aquí, conmigo, aun cuando sé que te mueres por largarte y salir corriendo a tu casa a pintar conejos.
—Y lo haría ahora mismo Renji, pero me sujetas demasiado fuerte.
Renji soltó una carcajada.
—Entonces entremos antes de que huyas.
Rukia cogió aire y resopló con una media sonrisa, procurando pensar positivamente.
Quizás el pelirrojo tuviera razón y no fuera tan malo. Estaba acompañando a su mejor amigo en un día muy especial, y conocería a un chico guapo y atractivo —o eso había dicho Tatsuki en boca de Renji— sin compromiso alguno. ¿Qué podía salir mal?

Continuará...


Comentarios, críticas, insultos o sugerencias son todas completamente bienvenidas. =)

Pido paciencia con las actualizaciones, la universidad me tiene tremendamente ocupada y lamentablemente apenas tengo tiempo para escribir nada.
Pero no os preocupéis que no la abandonaré.

Besos y de nuevo,¡gracias!
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