DISCLAIMER: Los personajes principales son propiedad de JKR. La historia, así como alguno de los personajes secundarios son de mi cosecha.


CAPITULO 1


- ¡¡Nos quedan diez minutos!! ¡¡Veintiuno, date prisa!! –

- Hago todo lo que puedo, Cuatro, pero este mamón no para de sangrar -

- ¡¡Siete!!– gritó el hombre acercándose a otro que estaba manipulando unas cajas nacaradas- ¿Ya habéis guardado todos los órganos? -

- Si, solo nos falta que Veintiuno y Trece terminen con la sangre y Nueve y Doce con lo suyo-

Rápidamente se acercó a otros dos hombres que estaban arrodillados, llenos de sangre, intentando separar las vértebras del animal para poder trasportarlas con mayor facilidad. - ¿Se puede saber que os pasa hoy? ¡¡siete minutos!! – les dijo dándose un golpecito al reloj que llevaba en su muñeca derecha.

- No se – dijo Nueve – Parece que este tiene los huesos más duros que los otros -

- Deja de decir estupideces – y dándole un golpe se arrodillo al lado del esqueleto, y con su varita comenzó a hacer incisiones en los huesos. Cuando los tuvo todos separados miró su reloj.

- ¡¡Dos minutos con veinte segundos!! ¡¡Nos vamos de aquí ya!! Veintiuno ¿no me has oído? – le gritó al mago que estaba ocupado recogiendo la sangre.

- Ya, solo un segundo –

- ¡¡He dicho que ya!! – le respondió muy enfadado.

- Ya está, ya está – con un golpe de varita cerró el baúl lleno de frascos con sangre y todos los hombres salieron corriendo.


-¡¡Travis!! ¿Que demonios pasa con Oleg?-

- Joder, Fergus…lo han…des...descuartizado – dijo el mago entre arcadas.

El otro mago se acercó a la jaula donde dormía el dragón y observó el dantesco espectáculo. El dragón, o más bien dicho, lo que quedaba de él, en mitad de su jaula en medio de un enorme charco de sangre.

- Da la alarma, esto no es normal, ya es el tercer ataque -


Charlie Weasley resoplaba como siempre lo hacía cuando algo le agobiaba mucho, y esa era su situación actual. En dos horas tenía que cogerun traslador hacía Gales y no había terminado de recoger sus cosas y empaquetarlas para el viaje.

Le parecía mentira abandonar su hogar después de doce años viviendo en él, pero le habían ofrecido un traslado a Gales, con un buen aumento de sueldo y no se había podido negar, así podría estar más cerca de su familia, aunque iba a echar mucho de menos Rumania, a sus compañeros, especialmente a Otto y a Giancarlo, sus dos mejores amigos, que ingresaron el mismo día que el en la reserva, y a sus dragones, sobre todo a los que él había visto nacer y que los llamaba cariñosamente "drijos"

El motivo había sido que en los últimos cuatro meses habían aparecido tres dragones muertos en la reserva de Gales, más que muertos habían sido increíblemente descuartizados, sin duda había sido obra de algún grupo de magos altamente preparados, y desde la reserva estaban pidiendo refuerzos al resto de los campamentos europeos, y del de Rumania, Charlie había sido el elegido.

Todos los dragones habían sido jóvenes, fuertes y sanos, era lo único que tenían en común. El primero había sido una hembra de Bola de Fuego chino, el segundo un macho de Galés Verde Común y el tercero, también macho, Ridgeback Noruego.

Los informes de lo que les habían hecho a esos pobres animales habían sido tan espeluznantes que Charlie estuvo con el estomago revuelto durante tres días. Les habían desangrado y descuartizado, llevándose con ellos la sangre, el hígado, el corazón, sus cuernos, su vejiga y cualquier parte de valor, lo que en un dragón es prácticamente todo menos la carne y algunos huesos.

Bien. Ya estaba todo listo, tenía que irse, pero antes volvió a recorrer por última vez su casa. Quien sabe cuando iba a poder volver, tal vez el trabajo de Gales fuera sólo temporal hasta que encontrasen a las personas que estaban detrás de los ataques a los dragones y pudiese estar de vuelta antes de lo esperado.

Desde la puerta, echó un último vistazo, y a continuación la cerró de golpe.


Estaba en una zona montañosa y solitaria en mitad de alguna parte en Gales. No es que se esperase un comité de bienvenida, pero allí no había nadie. ¿Se habrían equivocado los del ministerio de Rumania al programar el traslador?

Notó como alguien llegaba corriendo y se puso en alerta, con su varita en alto.

- Ey ¿Eres Weasley? – dijo el hombre jadeando.

- Si, soy yo –

- ¿Cuál es tu sabor de grajea Bertie Bott favorita?-

- Bacalo en salazón – No es que Charlie se hubiese vuelto loco, esa era la contraseña.

- Tienes gustos peculiares, Weasley. Ahora te acompañaré para que conozcas la entrada – le dijo el hombre sonriendo.

La entrada, que estaba situada en la falda de una montaña. La puerta simulaba una pequeña abertura por la que solo cabría un conejo, pero eso sólo era una ilusión para que ningún curioso se acercara más de lo estrictamente necesario.

El mago que le había recibido le enseñó que era lo que tenía que hacer para pasar. Con un golpe de varita y una contraseña, el pequeño orificio de la pared se hacía lo suficientemente grande como para que lo pudiese atravesar cualquier persona. En ese momento y según iba avanzando por sinuosos y oscuros pasillos, una serie de velas se iban iluminando un metro delante de él para indicarle él camino.

A mitad del trayecto, Charlie giró la cabeza, las velas de detrás de ellos se habían apagado. Calculó que habían recorrido unos quince metros cuando por fin llegaron a una pequeña recepción, allí un hombre que estaba sentado detrás de una mesa de pino, con la mitad del rostro quemado les dio la bienvenida y le pidió a Charlie que esperase en una de las sillas, de pino también, que había alrededor de la pequeña habitación decorada con fotos de todo tipo de dragones y de sus cuidadores. Un par de minutos después, se levantó y comenzó a observar las fotos con detenimiento. Las escenas que en ellas veían le resultaban enormemente familiares.

- ¿Charles Weasley? –

- Soy yo – dijo volviéndose para mirar quien había preguntado por él. Por lo que pudo apreciar a primera vista, era un hombre de la edad de su padre aproximadamente, pelo rubio oscuro y de aparente textura estropajosa, con bastante canas. Llevaba una barba que a juzgar por su longitud se la había dejado crecer no hacía mucho más de un mes, de ojos azul claro y pequeños. Charlie se preguntó como era posible que entre ellos pudiera haber espacio para la nariz, pero lo había, ya lo creo, y vaya tamaño. Se acercó a él para darle la mano y comprobó que era algo más alto que él.

- Ni nombre es Earnest Fitzwilliam. Soy el responsable de todo esto. Bienvenido. Nos alegramos mucho que hayas querido venir a trabajar con nosotros en estos tiempos tan…difíciles -

- Por eso he venido, me gusta ayudar en todo lo que se pueda, y siéndole sincero, el estar tan cerca de mi familia y la considerable mejora del sueldo terminó por decidirme del todo –

- Me gusta la gente sincera, Weasley. Creo que tu y yo nos llevaremos bien – le dijo el hombre palmeándole con fuerza la espalda.

El mago le llevó a conocer las instalaciones. Justo detrás de la mesa del mago de la recepción, había una empinada escalera que conducía al piso de arriba, donde había despachos, incluido el de Fitzwilliam. Al lado de la recepción había un largo pasillo con varias puertas distribuidas una enfrente de otra, allí estaban el resto de las oficinas. Al fondo del pasillo, una puerta daba paso a un vestíbulo con forma de hexágono y que de cada lado salía otro pasillo de diferentes colores cada uno.

Del que él venía era de color amarillo, el que estaba de frente suya era rojo y llevaba directamente a los comedores de los empleados y a las cocinas. A la derecha, en color verde césped estaba el pasillo que conducía al campo donde vivían los dragones. Entre el pasillo verde y el amarillo, estaba el de color violeta, que conducía a los vestuarios y a los cuartos de baño. A su izquierda se encontraba el de color naranja, el de los almacenes, y el azul, que llevaba hacia el pequeño hospital que tenían. En todas las reservas de dragones había uno, ya que normalmente casi todos los días algún cuidador tenía que visitarlo por algún motivo u otro.

"Wow" pensó Charlie, en ese momento miró hacia el suelo, un enorme mosaico en forma hexagonal lo cubría por completo.

- Desde aquí abajo no se aprecia muy bien, pero el dibujo es el de un Galés Verde. Más tarde, te subiré a mi despacho para que firmes el contrato, y desde allí lo podrás ver con claridad – El hombre señaló hacia arriba, lo colorido del momento no le había dejado ver que unos tres metros por encima de sus cabezas el primer piso estaba distribuido alrededor del vestíbulo en forma de hexágono y se asomaba a través de una enorme balconada con sus correspondientes colores, para que siempre supieras en que parte estabas.

La visita por las instalaciones continuó. Charlie pudo comprobar que eran más modernas que las de Rumania, pero el centro era más pequeño, aún así había algo en el ambiente que le hacía sentirse cómodo, sobre todo al ver los dragones a los que tendría que cuidar. Había un Hocicorto Sueco al que cogió cariño nada más verle, ya que le recordaba a uno de su "drijos"

Conoció a un par de compañeros, la mayoría de ellos eran mayores que él, alguno mucho mayor, pero estaba seguro que se terminarían por llevarse bien.

- Bueno, pues esto es todo. Si te parece bien mañana comienzas a trabajar -

- Me parece perfecto, señor -


- Disculpe. Ya sé que lo hemos hablado antes, pero creo que sería bueno que me dejase entrar en la reunión con usted y así exponer mis argumentos personalmente. No es que piense que no lo va a hacer bien, pero…-

- Señorita Granger. No se lo pienso volver a repetir, usted no va a entrar en esa reunión conmigo. Yo expondré al consejo su propuesta sobre los derechos de los elfos domésticos a cobrar un salario, pero usted se va a quedar en su mesa, tranquilamente y va a dejar a los demás hacer su trabajo. ¿Está claro?

- Si, señor. Muy claro – Hermione se dio la vuelta y se dirigió a su mesa. Estaba muy molesta. Había trabajado meses en esa propuesta y esa era la oportunidad perfecta para exponerla y defenderla ante el consejo para que la aprobasen.

Llevaba cerca de tres años trabajando para el Departamento de Criaturas Mágicas y seguía intentando que sus ideas fueran escuchadas, pero su jefe, el señor Mortimer Lawson Wyman, no estaba muy dispuesto a que eso pasara, pero si creía que sus negativas la iban hacer desistir en sus propósitos, estaba muy equivocado, si hoy no había podido conseguir que la escucharán, ya lo harían, tarde o temprano lo tendrían que hacer.

No a muchos metros de allí daba comienzo la reunión del consejo de los altos cargos del ministerio.

- Tenemos que hacer algo, toda la prensa se nos está echando encima – dijo un mago bajito y calvo.

- En el departamento de aurores estamos trabajando para encontrar a los responsables. Estamos seguros que esto es cosa de una banda organizada y que tienen un topo dentro de las reservas de dragones, pero todavía no sabemos quien es esa persona – dijo otro mago, moreno y de pelo rizado.

- Yo opino que deberíamos mandar a alguien del ministerio a la reserva para que la prensa y la población vea que nos preocupamos por lo que está pasando. Alguien que tenga buena imagen y que genere confianza a la gente – dijo una bruja con una túnica de color berenjena.

- Eso es muy buena idea, Selma. Tal vez podríamos enviar a Harry Potter. ¿Qué os parece?- dijo un hombre de cabello canoso.

- No, imposible, es uno de los que está investigando el caso y le quiero centrado al cien por cien en la investigación, no haciendo el papel de títere del ministerio – dijo enérgicamente el hombre de pelo rizado.

- Creo que yo tengo a la candidata perfecta. Hermione Granger- dijo Mortimer Lawson Wyman – Tiene buena imagen, y no sólo porque sea una mujer joven y bonita, si no porque es una de las heroínas de la guerra, amiga íntima de Harry Potter y conocida por su defensa de los elfos y otro tipo de criaturas. De hecho, antes de entrar a la reunión había insistido en entrar conmigo para explicar una nueva propuesta sobre los derechos de los elfos domésticos. A decir verdad, me está volviendo loco con ese tema y no me vendría nada mal mandarla una temporadita a trabajar fuera -

- Es una idea estupenda, Morti. ¿Votos a favor? - dijo el mago que habló en primer lugar.

Mayoría absoluta.

Hermione Granger tenía un nuevo trabajo.


Una semana después Hermione llegaba a la recepción de la reserva de dragones en Gales. Earnest Fitzwilliam se encargó de enseñarle las instalaciones y la ayudó a acomodarse en su mesa.

Venía con indicaciones del ministerio de cuales debían ser sus funciones especificas, la comprobación de las normas de seguridad en todo el recinto, tanto como para los animales como para los empleados, la revisión de los informes sanitarios de todos los dragones, de su alimentación, condiciones de su hábitat, y que el crecimiento de los cachorros y su desarrollo sea adecuado, entre otras muchas cosas.

Estaba entretenida leyendo unos informes sobre los sistemas de seguridad que se habían tomado después de los ataques cuando una masculina voz la asustó

- ¿Hermione? -

Era Charlie Weasley. Estaba delante de ella sudoroso y con barro por algunas partes de su cuerpo.

- ¿Charlie? No me lo puedo creer ¿Qué haces…? -

- Yo te podría decir exactamente lo mismo. ¿Qué haces tu aquí?-

- Me acaban de trasladar del ministerio, por lo de los ataques, quieren que haya alguien del Departamento de Criaturas Mágicas que supervise esto – le respondió gesticulando con las manos, señalando a la montaña de papeles que se acumulaba en su mesa. – En realidad creo que querían librarse de mí –

- ¿Porqué? -

- Les estaba presionando mucho con el tema de los derechos de los elfos – le respondió con algo de resentimiento en la voz. La había dolido mucho que se quisiesen deshacer de ella. Aunque nadie le había dicho que era ese el verdadero motivo de su traslado, ella de alguna manera sabía que era por eso.

De pronto Hermione se dio cuenta de que seguía sin conocer porque Charlie estaba en allí - ¿Pero tú qué haces aquí? ¿No se supone que trabajas en Rumania? -

- Más o menos como tú. También me han trasladado por lo de los ataques. Han traído a gente de todas las reserva de Europa, y de la mía yo fui el afortunado – le dijo metiendo las manos en los bolsillos de sus vaqueros.

- Entonces…ahora somos compañeros ¿no? – le dijo sonriendo.

- Eso parece – la contestó devolviéndole la sonrisa. – Eh…ummm…creo que voy a darme una ducha primero y después rellenaré el papeleo. Nos vemos Granger – dicho esto se marchó y la dejó sola con sus papeles.

¿Quién la iba a decir a ella que iba a coincidir con Charlie? Para ser sinceros se había alegrado de que así fuera, siempre la había caído bien, y en ese lugar lleno de gente desconocida era un alivio para ella tener alguien con quien poder contar.

Volvió a prestar atención a los documentos de su mesa y entre ellos encontró los informes de los ataques.

"Oh, dios. ¿Qué clase de persona es capaz de hacer algo así?" pensó Hermione sintiendo como se la revolvía el estómago.

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