Disclaimer, nada de esto es mío, si así lo fuera de seguro estaría en una isla del Caribe disfrutando de un licuado de durazno.

Sé que ustedes me dirán ¿qué diablos hace esta mina publicando una nueva historia? si ni siquiera terminó de escribir Sávame la vida.

Hace rato que tengo esto empezado y creo que es hora de que vea la luz. Antes que nada quiero darles las gracias por estar ahora leyendo esta nueva ocurrencia mía.

Veamos, ¿por dónde empezar? sé que este primer capítulo, digamos prólogo, dejará sembradas cientos de dudas en sus cabezas. Poco a poco se irán aclarando. Como dicen por ahí, algunos personajes de esta historia se hallarian en OCC (out of character), no entiendo por qué usan tanta terminología, pero para los entendidos yo lo considero así. Por supuesto guardan una increíble relación con los libros sin embargo hay varias modificaciones que ya desde un principio se van notando.

Quiero agradecer a varias personas, primeramente a Joanne, que siempre me apoyó con respecto a esto, que fue la que bautizó la historia y que además fue la primer lectora de este capítulo. En serio, muchas gracias por todo lo que siempre hacés. Luego quiero agradecer a Rose que también estaba al tanto de la presente y se mostró muy entusiasmada con ella, gracias a ti también por los hermosos ánimos que me has dado. Y por último también a Karla que estaba impaciente por leerla. Las quiero mucho a las tres, y adoro la relación que he entablado con cada una

Y bueno los dejo leer tranquilo, ya me darán sus opiniones al final. Nos vemos abajo.


Prólogo.

Si le daban a elegir entre el desierto o la selva, se quedaba con la selva. Sentada frente al espejo una joven pelirroja se peinaba suavemente el cabello. En sus manos untaba una especie de aceite, adecentando todo el largo de su cabellera a medida que pasaba el ancho cepillo de cerdas. Una pequeña ventana iluminaba la minuciosa habitación. El sol entraba sin escrúpulos, el calor se metía por los poros de su piel haciendo que su mal humor, normal en esos días, se vea incrementado. Bufó al notar las puntas de un mechón de su cabello florecidas. Arrojó el cepillo sobre la cama, apoyó sus codos sobre la lustrosa madera, enterrando su rostro en las manos. Repiqueteó los pies con impaciencia, como rogando que algo milagroso le quitara ese mal humor. Una sonrisa a sus espaldas la sacó de sus pensamientos.

Levantó la vista hacia el espejo, y volvió a bufar al notar la persona que se veía reflejada en él. Un joven chico estaba apoyado en el marco de la puerta. Sonreía divertido mientras tenía los brazos cruzados sobre su pecho. El cabello rubio le caía como una cascada hasta los hombros. El celeste de sus ojos se veía transparente por la incipiente luz del astro rey. Ella desvió la vista, mirándose a si misma. Acarició su cabello, mientras volvía a untar ese extraño aceite.

- Noto que estás de mal humor…- dijo el chico con sorna.

- Te agradecería que desaparecieras de mi vista.- respondió ella con el peor de los tonos.

- Epa...- rió – Como nos levantamos hoy…- se mofó.

- No estoy para soportar tu espectacular sentido del humor.- la pelirroja se dio vuelta mirándolo por sobre su hombro – No tengo ganas de pelear contigo, así que si serías tan amable.- señaló la puerta con su mano – Me encantaría que te fueras.

- Lamento tu encantador estado anímico.- se acercó a ella sentándose en la cama – Pero estoy aburrido, y necesito hablar con alguien.

- Prueba aparecerte en la ciudad.

- Sabes que ella no quiere que merodeemos entre tanta gente.- dijo él con precaución.

- A veces me harta.

- A mi también. Pero la conoces, siempre anda muy precavida.- la miró untarse el cabello -¿Qué te estás poniendo?

- ¿No ves?- se señaló la cabeza – Aceite de almendras, pero dudo que sepas lo que es imbécil.

- Gracias por lo de imbécil.- resaltó irónico - ¿Para qué te pones aceite de almendras?

- El calor me reseca el cabello.

- Debe ser el clima- acotó dubitativo.

- Por supuesto que es clima tonto- respondió ella de mala gana – No entiendo que es lo que quiere hacer. Ya recorrimos medio mundo buscando un lugar en donde se quiera asentar. Y este es el peor lugar que pudo haber elegido.- murmuró con frustración.

- A mi me gusta.- aspiró – Prefiero esto al frío del sur.

- Prefería el frío.- dejó tranquilo su cabello – ¡Odio Australia!

- Tú odias cualquier lugar que no sea tu amado Londres.

- Error.- levantó un dedo – Yo amo mi país, no sólo una ciudad.- lo miró sobrándolo – No entiendo como puedes preferir este lugar antes que Londres.

- Yo nunca dije que lo prefiriera a Londres.

- Eso parece. Pero da igual. Prefiero mil veces que se me encrespe el cabello por la humedad, a que se me reseque por el sol.- hizo un puchero – Ya ni parece pelirrojo, es más bien naranja.- se recostó en su silla, lo miró de reojo – Te noto preocupado- acotó mirando sus uñas.

El chico la miró a los ojos y sonrió.

- No pierdes tus instintos de mujer.

- ¡Ey!- le pegó – Respeto a una hermosa señorita.

- ¿Dónde está que no la veo?

La chica se abalanzó sobre el chico haciéndolo caer de espaldas. Comenzó a hacerles cosquillas por el estómago y las piernas. En un momento dado el chico quedó parado en cuatro patas sobre la cama, manteniendo apresado el pequeño cuerpo femenino bajo sus dedos. Ella reía estruendosamente mientras movía sus piernas intentando mover el peso que la apresaba. Un carraspeo los sacó de su momento. En la puerta una alta mujer de tez blanca y cabello ondulado muy oscuro los miraba con el ceño fruncido.

- ¡Pueden dejar de comportarse como crios!- espetó furiosa – Los quiero ahora en la sala.- y siguió caminando por el pasillo. Ambos jóvenes pudieron escuchar los pasos en la escalera. Se miraron un momento sorprendidos.

- ¿Qué crees que querrá?- preguntó la chica.

- De eso te venía a hablar.- se acomodó la ropa – La noté muy extraña estos últimos días.- la miró – Creo que se trae algo entre manos.

- ¿Algún ataque?

- No sé. Pero parece que es importante para que nos tenga en cuenta. Sabes que ellos nunca quisieron que colaboremos con sus misiones.

- Ni que lo digas.- respondió mirando por la ventana – Lo único que espero es que nos vayamos de este maldito lugar lo antes posible.

- No te preocupes.- la abrazó – Si no se quiere ir, yo hablaré con ella. Ser el sobrino tiene que tener algún beneficio.

- ¿Tú crees?- miró hacía su cara mientras era acunada en los brazos del chico.

- Claro.- besó la fémina frente– Lo haré por ti. Es hora de que vivamos nuestra vida. No tienes veinte años en vano. Somos jóvenes.

- Pero ella sigue con la tonta idea de deshacerse del mundo muggle.

- Sabes porque lo hace. Desde que mataron al Señor Tenebroso nunca volvió a ser la misma.

- Ya lo sé.- suspiró – Cuando lo mataron pensé que por fin seríamos libres. Pero no fue así.

- Perdón…- se disculpó el chico de repente, apretándola contra su cuerpo.

- ¿Qué?

- Perdóname Ginevra.- la apretó a más hundiendo su rostro en el cuello femenino – Yo fui el culpable de todo esto. Si solo no me hubiera convencido de que era lo mejor para ti.

- Draco…- tomó su cara entre las manos – No quiero que te sientas culpable de nada. La decisión la tomé yo. Nunca me obligaste a alistarme con los mortífagos.

- Podrías haber tenido una vida normal.

- Sabes que nunca fui normal. Desde que llegó la carta de Dumstrang mi vida dio un giro de ciento ochenta grados. Fue predestinado todo. Por algo todos mis hermanos concurrieron a Hogwarts y yo fui la única que rompió el molde.

- Un molde muy bonito.- la chica sonrió.

- Tu también eres un bombonazo- le dio un beso en la mejilla – Nunca te sientas culpable por mi vida. A pesar de todos los errores que cometimos estoy bien estando a tu lado. Me das fuerza para seguir.- Draco la volvió a abrazar mientras enterraba su rostro en el cabello pelirrojo.

- Vamos a ver lo que quiere mi tía.- se separó – Sabes lo pesada que se pone si uno no acata lo que dice.

- Tienes razón….- tomó un lazo de la mesa – espera a que me ato el cabello.- se hizo un moño – Vamos…- lo tomó del antebrazo y juntos bajaron hacia el living de la casa.

o0o0o

- Me tiene harto- susurró a su amigo un joven de cabello pelirrojo.

- Te lo tienes merecido. Sabes que a ella le gusta el orden. Y lo tuyo amigo no es exactamente ordenado- se mofó Harry caminando a su lado.

- Pero no tiene porque meterse a acomodar mi escritorio.

- Ya lo sé. Pero la conoces.- lo miró – Siempre quiere todo perfecto. Si hasta a mi me acomoda las cosas.

- No entiendo cómo la soportas.- se quejó Ron.

- Y eso que es tu novia…- sonrió – No me quiero imaginar cuando estén casados.

- Si sigue por este camino no sé si me voy a casar.- refunfuñó.

- ¡Ronald Weasley!- gritaron a espaldas del chico – Escuche lo que dijiste.- una joven castaña con el cabello ondulado lo miraba reprobatoriamente.

- Mi amor.- la saludó alegre – estaba hablando con Harry de lo bien que ordenaste mi escritorio- le guiñó un ojo a su amigo.

- ¿En serio?- Hermione miró a Harry - ¿Pero por qué decías que no te ibas a casar conmigo?

- Lo que pasa es que Ron piensa que es demasiado insulso para ti.- lo miró con una extraña mueca en el rostro, dándole a entender que siguiera su juego – Y yo le decía que tú lo amabas con locura y que no pensara esas cosas.

- Pero claro que sí.- exclamó Hermione mientras lo abrazaba – Yo te amo.- besó sus labios – Para mi eres perfecto así como estás.- Ron agradeció con la mirada a su amigo.

- Ves Ron…- lo miró sonriente – No tienes que denigrarte tanto.- los tres se alejaron juntos por el pasillo hasta entrar en una oficina. Detrás del escritorio había una pequeña ventana que ofrecía una hermosa vista de la ciudad. Un sillón en el costado y un enorme archivador junto a la puerta. Harry se sentó en la enorme butaca detrás del escritorio, mientras Ron y Hermione ocuparon las pequeñas sillas que había en el sitio.

- Harry…- la castaña lo miró – Me han comentado que están reclutando nuevos aurores.

- Si…- suspiró reclinándose en la butaca – Muchos dieron la baja.- miró una lista que tenía en frente – Este último mes ha habido tres retiros, y si seguimos así nos quedaremos sin cuartel.

- ¿Van a abrir las pruebas?- preguntó Ron.

- Pensaba hacerlo la semana entrante. Desde que Voldemort cayó muchos alumnos que participaron en la batalla decidieron presentar sus EXTASIS para la carrera. A esta altura tienen que estar recibidos.

- Es perfecto.- dijo entusiasta Hermione – Estoy segura que habrá muchos nuevos inscriptos.

- Pienso lo mismo que tú.- se restregó los ojos – Todo este tema me tiene agotado. Encima ahora el ministerio no tuvo la mejor idea que hacer una unidad de cooperación mágica.

- Algo me habían comentado.- murmuró la castaña.

- ¿Y qué es eso?- indagó Ron confundido.

- Van a traer profesionales de otros países de la unión mágica.- respondió Harry.

- Claro, si no me equivoco iban a traer estudiantes recién recibidos de Estados Unidos, Alemania, Irlanda, Australia, España…- enumeraba ella con los dedos.

- Si, lo único que espero es que manden a los mejores. Expresamente yo haré las pruebas para el escuadrón de aurores.

- ¿Quieres que te ayude?

- Como quieras Ron. Las pruebas las haremos el…- miró un almanaque en su agenda – el lunes doce de agosto- sonrió – ya estamos a seis.

- ¿Vas a ir a comer a la madriguera el domingo?- interrogó la chica cambiando de tema.

- Claro que sí- miró a Ron – No me perdería una comida con los Weasley por nada del mundo.

- ¿El domingo es once no?

- Si.

- Sería el cumpleaños de mi hermana…- musitó. En su rostro se formó una mueca de angustia, desvió la mirada y se concentró en algún punto perdido de la ventana.

o0o0o

- Aquí estamos Bella.- murmuró Ginevra entrando al salón seguida por Draco.

- Bienvenidos,- los miró sonriendo – hacía tiempo que no teníamos una reunión tan grande.- miró al resto de los presentes. Una decena de personas estaban sentadas alrededor de una larga mesa de roble. Todos vestían largas túnicas oscuras, los ojos de cada uno tenían un brillo apagado, sin vida. Ginevra vestía una simple remera blanca con un pantalón gris, mientras Draco tenía un jeans azul oscuro con una camisa verde. Ambos tomaron lugar junto a la mujer. Ella acarició la mano de su sobrino mientras adecentaba el cabello de la chica.

- Los he reunido aquí con el propósito de presentarles una nueva misión.- sonrió la mujer de cabello oscuro – La misión definitiva. El mundo mágico caerá a nuestros pies, cumpliremos el sueño de nuestro señor.

- ¿Cómo haremos eso Bellatrix?- preguntó un hombre robusto con la cara tapada por la capucha.

- Nos infiltraremos en el Ministerio. En el Ministerio de Magia de Inglaterra.

- ¿Cómo vamos a infiltrarnos?- interrogó una mujer con la voz ronca.

- Vamos a necesitar a varios colaboradores que sirvan de apoyo.- los miró – No se preocupen, yo lo tengo todo perfectamente calculado. Cada detalle está planeado.- abrió una corroída carpeta que tenía delante de sí pasándole a cada uno un pergamino – Como verán ahí están los detalles.- cada persona alrededor de la mesa miraba el pergamino que les habían dado. Draco lo leyó rápidamente formándose en su rostro una inequívoca mueca de sorpresa.

- Tía aquí dice que Ginevra y yo, también participaremos…- musitó el chico que de repente se había puesto pálido.

- Ahora que el Señor de las Tinieblas no está con nosotros, necesitamos con urgencia más apoyo. Lamentablemente no podemos seguir anidándolos de la realidad muchachos.- miró con pesar a ambos – Ustedes también están involucrados en la misión.

- ¿Y qué papel cumpliremos?- preguntó con precaución la pelirroja.

- Tu Ginevra entrarás al escuadrón de aurores.

- Yo no sé nada de la profesión…

- No te preocupes.- la interrumpió – Estás perfectamente entrenada para hacer un examen de ingreso. Ya falsificamos tus documentos y tu título. No te tienes que hacer problema.

- ¿Y yo qué haré?- interrogó Draco.

- Tú estarás encargado de organizar la información que te suministre Ginevra. Además estaría encantada si entraras en el Departamento de Misterios.- lo miró - ¿Crees poder ingresar?

- Haré mi mejor esfuerzo Bella.- respondió resignado.

- Perfecto.

- ¿Y nosotros que haremos?- preguntó uno de los encapuchados.

- Ustedes se encargarán de ser el respaldo. Además utilizarán la información que les pasará mi sobrino para desarrollar un plan de ataque.- se sentó – Quiero que para navidad esté todo listo. Empezaremos el año con un nuevo mundo mágico.- levantó su copa - ¡Brindemos!- exclamó con alegría – ¡Por el señor de las Tinieblas!

- ¡Por el señor de las Tinieblas!- dijeron al unísono. Ginevra bebió un pequeño sorbo del vino de su copa. Miró a Draco con preocupación, no le sorprendió encontrar la misma mirada en su compañero. Sabía lo que significaba, sabía lo que tenían que hacer. Más tarde lo hablarían.

o0o0o

- ¿Tú crees que funcionará?- preguntó Ginevra mientras acomodaba la ropa en su baúl.

- La estrategia está muy bien hecha.- le respondió el rubio que jugaba con el cepillo de pelo de la chica.

- Estoy nerviosa.- dijo turbada.

- Yo también lo estoy. Es la primera vez que nos asignan una misión.

- El Señor nunca quiso que participáramos en las batallas contra el Ministerio. Luego de la batalla de Hogwarts todas las esperanzas se escabulleron.

- No creí que íbamos a tener esta oportunidad.- suspiró – Estoy seguro de querer hacerlo, siempre fueron nuestros ideales. Pero no te voy a negar mi nerviosismo.

- Claro, pienso lo mismo.- ella se sentó a su lado – Pero daré lo mejor de mí. Hay que cumplir con el plan original del Señor y hacer justicia por los magos.

- Si…- la miró – Nunca pude entender por qué nos defendía tanto.

- Yo tampoco nunca lo entendí. Creo que nos tenía un cariño especial.

- A mi…- se señaló- ten por segura que no- dijo irónico – Siempre pensé que le atraías bastante. A mi solamente me protegía por ser tu apoyo.

- Puede ser…- se recostó a su lado – Pero ya no importa. Por lo menos regresaremos a Londres.

- No se te resecará más el cabello.- dijo divertido.

- Ahora se me encrespará.

- Tonta.- rió - ¿Cómo te la ingeniarás para el examen de ingreso?

- Bella me dio unos cuantos libros con teoría básica. La práctica la tengo bien perfeccionada. De algo me tienen que haber servido las clases de que el Señor me daba.

- Siempre tuve curiosidad por saber qué hacían.- la miró de reojo.

- Nada malo.- le pegó en el hombro – Siempre me contaba experiencias y me enseñaba a usar hechizos y maleficios. Era muy inteligente.

- Es una lástima que haya muerto.

- Si…- estiró los brazos – ¿Quién lo diría?

- ¿Qué cosa?

- ¿No sabes?- se recostó de lado. Draco negó – El jefe del escuadrón de aurores es Harry Potter.

- No sabía eso.- murmuró sorprendido medianamente turbado – Trabajarás junto al asesino de nuestro Señor.- culminó.

- Bella me dijo después de la reunión: que yo me tenía que transformar en su mano derecha.

- ¿La de Potter?

- ¿Y la de quién más?- rió.

- ¿Y cómo harás?

- No sé. Por ahora me tengo que preocupar en estudiarme bien los hechizos y la teoría básica para el examen. Luego me ocuparé del resto.

- Debe ser un arrogante.

- Seguramente.- rodó hacía el otro lado de la cama – Me va a costar muchísimo acercarme a él.

- ¿En qué estás pensando?

- No sé… Pensaba en conquistarlo. Ya sabes, de esa forma me sería mucho más fácil recolectar información.

- ¿Usarás tus armas de seducción?- preguntó en tono de burla.

- ¿Insinúas que no soy seductora?

- Tu sola lo has dicho.

- Muérete.- le sacó la lengua – Ya conocerás mis armas de seducción. Medio Ministerio caerá a mis pies.

- Eso quiero verlo.

- ¿Hacemos la prueba?- sugirió incitante acariciando con sus dedos el mentón del chico.

- Mejor me voy a preparar mi baúl…- se levantó evitándola de una forma insinuante – No quiero ser testigo de semejante circo.

- Tarado.- le arrojó el almohadón dejándose caer nuevamente sobre el cobertor. Permitiendo que el sueño ganara lugar en su cuerpo y mente. Induciéndola a un mundo de paz y tranquilidad, sin ninguna preocupación.

o0o0o

- Harry…- golpearon la puerta de su oficina.

- Pasa Ron.- el pelirrojo ingresó con una enorme carpeta debajo del brazo.

- Me dieron esto para ti.- dejó la carpeta en la mesa – Son los postulantes a aurores.

- Perfecto.- tomó uno de los pergaminos – Hay cinco cupos, por lo visto son veinte chicos.

- Pensé que serían menos.

- Yo también- se reclinó en el asiento – A ver… Coolin Creevey, Robert Smith... Todos hombres…- suspiró - y una mujer, Ginevra Wayneman.

- ¿Wayneman? Que apellido más extraño.

- Es de Australia, tal vez sea común por aquellos lados.

- Puede ser…- lo miró – ¿Entonces vendrás el domingo a casa?

- Claro. Sabes que no me lo perdería por nada.

- Si quieres puedes traer a Leslie.

- Con Leslie no estamos más juntos. ¿No te conté?

- No me habías dicho nada.- respondió sorprendido.

- Anoche me hizo un escándalo en la calle no sé por qué.- se encogió de hombros - Y entonces le dije que no la quería ver más. La verdad es que me tenía cansado.

- Mejor entonces. A Hermione y a mi no nos gustaba.

- Era media pesada, pero al menos era bonita y simpática.- acotó - Pero ya está.

- Ya estás libre de nuevo…

- Si…- suspiró mientras se sacaba los anteojos – Estoy cansado, para peor el lunes es la prueba de los nuevos…

- Harry, yo te tenía que pedir un favor…- vaciló.

- Dime.- lo miró.

- Hermione me pidió que me tomara el día porque es el cumpleaños de su abuela y quería ir a visitarla.

- No te preocupes, ve tranquilo.

- ¿No querías que te ayude con los ingresantes?

- Le pido ayuda a Parker.

- ¿Seguro?

- Tranquilo.- le sonrió – Ve a ver a tu abuela postiza.

- ¿Qué harás esta noche?

- No sé, me imagino que me alquilaré unas cuantas películas muggles y viviré mi soltería en paz.

- ¿Quieres venir a cenar a casa con Hermione?

- No quiero molestarlos…

- En serio.- lo interrumpió – Vamos a casa.- insistió.

- Está bien.- sonrió – Espera que busque unas carpetas y vamos.

o0o0o

- ¿Tienes todo listo?- preguntó Bellatrix al entrar en la habitación de Ginevra.

- Si…- la miró – ya tengo todo preparado Bella- sonrió – Esperemos que el traslador no sea muy alborotado.

- Tranquila.- se acercó – Sé que no te gustan los trasladores, pero es la manera más eficaz de viajar por largas distancias.

- ¿Cómo harás para viajar?

- Multijugos- respondió.

- Claro, ¿cómo no se me ocurrió?- se preguntó más bien para sí misma.

- Has estado nerviosa en estos últimos días. Quiero que estés tranquila, no puedes fallar en el ingreso al cuartel.

- Ya lo sé Bella. Me estudié todos los manuales de principio a fin, pregunta lo que quieras y te lo respondo.

- Confío en tu palabra, lo único que te pido es que estés tranquila. No nos pueden descubrir.

- Voy a dar lo mejor de mi.- suspiró – Si te soy sincera no me gusta la idea de estar pegada continuamente a ese tal Potter.

- Te comprendo.- se sentó en la cama – No podría hacer esto estando continuamente a su lado. Juro que nos vamos a vengar por lo que le hizo a nuestro Señor.

- Por supuesto que sí.- se arrodilló frente a ella, quedando a su altura – Vamos a vengarnos por haber asesinado a nuestro Señor. Él va a rogar por clemencia, y no se lo vamos a conceder.

- Pienso que es muy duro todo esto para ustedes, de repente todo lo que soñamos con nuestro Señor se desvaneció, escapándose de nuestras manos.

- Las cosas van a cambiar. Ya verás como todo va a salir bien Bella...

- Estoy muy orgullosa de ti mi pequeña.- la abrazó – Lo mejor que pudo haber hecho nuestro Señor es haberte traído a nuestro lado.

- Ustedes abrieron mis ojos, fueron los únicos que estuvieron ahí para auxiliarme en los peores momentos. Draco, fue mi apoyo incondicional.

- Sabíamos como te sentías. Por eso el Señor te acogió en sus brazos. Siempre te tuvo una gran estima.

- Lo sé.- sonrió. Bellatrix la volvió a abrazar y se levantó caminando hacía la puerta – Te esperamos abajo Ginevra.

- Ya estoy terminando; enseguida bajo.

La pelirroja continuó empacando sus cosas. Su enorme baúl estaba repleto de túnicas y libros, de la biblioteca sacaba y acomodaba uno a uno los tomos de su colección. Sin querer en un descuido una pila de ellos se cayó de sus brazos, desparramándose en el suelo. Muchos libros quedaron abiertos a la par, pero uno especialmente llamó su atención. Las páginas estaban amarillas, la pulcra caligrafía hecha a mano demostraba lo valioso de aquel volumen. De entre las hojas la punta de una foto se asomaba. Se podía ver una corta cabellera pelirroja. Se arrodilló y tomó el libro. La foto rezaba en perfecto estado dentro de él. La sacó con cuidado. Su mirada de curiosidad cambió abruptamente por una de melancolía. La abrazó a su pecho mientras su cabello caía por su espalda. Inspiró levemente y la volvió a esconder. Acomodó el desastre que había causado rápidamente, terminando de acomodar su baúl.

o0o0o

- El traslador sale a las veintidós horas.- anunció Bellatrix totalmente cambiada. El cabello lo llevaba rubio y lacio. Su rostro era más relleno y tenía forma redonda. Los ojos los había cambiado a un color chocolate, el mismo que Ginevra – Recuerden que hay diez horas de diferencia con Londres.- se acomodó el cabello – Diablos no me acostumbro a este pelo.- Ginevra rió por el comentario.

- Pero si es más cómodo el cabello lacio.- se tocó el suyo – Lo que pasa es que estás acostumbrada a tenerlo siempre enredado, y en donde lo acomodas, se queda.- se encogió de hombros. Bellatrix la miró con la más furiosa de las expresiones, pero la pelirroja no se vio intimidada.

- Me parece que tus instintos destructivos no sirven con ella.- se burló Draco – En Londres están de verano.- miró a las chicas – Yo les aconsejo que se desabriguen un poco cuando llegue la hora de la partida.- ambas mujeres llevaban gruesos abrigos.

- Muy ingenioso sobrino.

- No entiendo porque no vivimos en Sydney en vez de aquel lugar tan caluroso como era Ayers Rock.- refunfuñó la pelirroja – Prefiero mil veces esto a morirme de calor.

- A ti nada te viene bien Ginevra.- la regañó el rubio.

- Tú no me dirijas la palabra.- se cruzó de brazos.

- ¿Y ahora por qué se enojo contigo?- preguntó la rubia.

- No lo sé.- rió – Me parece que es porque no la quise ayudar con unos hechizos.

- El muy idiota pensaba que lo iba a hechizar.- sugirió la pelirroja.

- Que poco caballero eres Draco.- se burló Bellatrix – Sabes que ella sabe usar bien los hechizos.

- Pero claro que lo sé.- se defendió – Pero de ninguna manera iba a permitir que me usara como conejillo de india.- Ginevra le sacó la lengua mientras se desabrigaba. Acomodó el gamulán en su baúl y lo levitó hasta el traslador, el cual era una botella de vidrio verde, con la etiqueta descolorida por la humedad. Los dos rubios la siguieron.

- En Londres tiene que ser pleno mediodía.- murmuró la mujer adulta.

- ¿A dónde iremos a vivir?- preguntó el chico.

- Tú vivirás con Ginevra en un departamento en Londres muggle. El edificio está totalmente habitado por magos así que no tendrán problemas con la magia. Yo viviré en la casa de tu padre.- Draco la miró confundido.

- No la casa en donde viviste de pequeño.- sonrió aclarando – ¿Recuerdas la casa que estaba a las afueras de la ciudad?, a donde iban de vacaciones- aclaró.

- No recordaba esa casa…

- No la tenía a su nombre, por eso mismo el Ministerio no pudo incautárselas.

- Eso es perfecto. ¿Y por qué no vamos a vivir contigo?

- Por precaución es preferible que vivan solos. Es lógico que hagan algún tipo de contacto con compañeros de trabajo. Es elemental que lo hagan.- lo miró de reojo – Por eso deben tener la casa libre de sospechas.- suspiró mirando a su sobrino– No quiero que te preocupes. De alguna manera permaneceremos permanentemente en contacto.- apoyó su mano en la vieja botella, al igual que su sobrino.

- Por favor toquen el traslador, a la cuenta de tres se activara.- anunció un hombre envuelto en una abrigada túnica- Uno…- Draco miró a la pelirroja- dos… - ella le tomó la mano – tres- cerró los ojos a la vez que sentía como una impresionante fuerza tiraba de su estómago y la hacía pasar por interminables tubos estrechos. Todo a su alrededor iba tomando diferentes formas. El frío de Australia fue reemplazado por la tibieza y humedad del verano de Londres. De repente dejó de sentir presión en su cuerpo, y volvió a abrir los ojos. Una sala de blancas paredes era el lugar a donde fueron trasladados. A su lado estaba Draco de su mano, y junto a él Bellatrix con los ojos desorbitados por la impresión del viaje.

- Bienvenidos a Londres.- dijo una voz a sus espaldas. Todos los presentes se dieron vuelta al instante. Ginevra abrió los ojos sorprendida – Espero que la estadía se de su agrado.- un hombre de mediana edad con una bondadosa mirada abría los brazos en señal de bienvenida – Mi nombre es Arthur Weasley.- sonrió – Estoy para servirles.- Draco apretó más fuerte la mano de la pelirroja mientras sentía como el pequeño cuerpo de ella se escondía detrás de si mismo.


Creo que está de más decirles que espero sus comentarios.

Los quiero, Jor.