Epílogo.

Aquella mañana había amanecido habitualmente nublada, eran esos los momentos en donde agradecía las cálidas cenizas de la chimenea las cuales irradiaban calor a toda la habitación. El invierno se había instalado a pleno en toda Inglaterra, y Londres, con sus parques nevados y las personas envueltas en gruesos abrigos, era todo un pintoresco paisaje en esos días.

Allí afuera debería estar helado, a menos así lo habían anunciado en el pronóstico muggle, iba a ser el día más frío en lo que quedaba del año, y también, como había pensado anteriormente, era el momento en donde agradecía, pero por una razón diferente, que ese día no le tocase trabajar. Bajo las pesadas mantas tejidas y rellenas de plumas ella se hallaba acurrucada, aquella mañana por una extraña razón había dormido más de lo habitual y alguien más le había ganado de mano para hacer el desayuno, de todas maneras eso era algo que le gustaba. No todos los días le llevaban el desayuno a la cama, como ya sabía que él haría.

Dispuesta a esperar y saboreando el aroma de las tostadas recién hechas, Ginny se acurrucó un poco más y se cubrió el rostro con las colchas tibias, realmente no le apetecía salir de la cama. En algún momento se volvió a quedar dormida hasta que una sensación fría sobre sus piernas la hicieron volver a la realidad.

- Quítate que estás helado- murmuró al chico que se había acostado a su lado.

- Y tú estás calentita- las manos del hombre la abrazaron por los hombros y ella se dejó hacer con un suspiro, regocijándose en el aroma masculino de su cuello.

- Hubieses esperado a que me levante- susurró ella con el rostro enterrado en el cuello de la bata de él.

- Quería darte una sorpresa- respondió él acariciando la espalda de Ginny, ella sonrió contra el pecho de él y le dio un cálido beso en la mejilla.

- Huele bien- Harry hizo un sonido agradable con sus labios y acarició con su nariz la mejilla de la chica.

- Logré que las tostadas no se me quemaran- ella rió suavemente enredando sus piernas con las de él.

- Todo un progreso…- Harry la apretó por la espalda atrayéndola a su cuerpo, luego besó su cabeza de modo amoroso-. ¿Hace mucho frío?

- Unos cuantos grados bajo cero.

- Maldición…- Ginny se puso de espaldas a la cama y lentamente se sentó en ella colocando unos almohadones en la espalda.

- De todas formas no tienes por qué salir…- le dijo él tomando del suelo la bandeja con el desayuno-. A la casa de tus padres vamos por la red Flu…

- Es que yo no quiero salir de la cama…

- He subido la calefacción central, así que encontrarás todo el departamento lo suficientemente caldeado para tu gusto- ella asintió mientras untaba una de las tostadas con mantequilla y se la pasaba.

- ¿Crees que podremos realmente tomarnos todos estos días hasta que comience el año?

- Kingsley se ocupará del puesto hasta que vuelva… Además ya no hay nada de que preocuparse…- ella negó con una sonrisa dándole un mordisco a su tostada.

- ¿Ron y Hermione vendrán con nosotros?- él negó llevándose la taza de café a los labios.

- Ellos irán esta noche a acondicionar la cabaña- ella alzó las cejas de forma sugestiva y él volvió a asentir-. Y lo sé, lo que menos harán será acondicionarla…

- Dudo mucho que los padres de Hermione hayan descuidado esa cabaña…

- Pienso lo mismo- Ginny le pasó otra tostada untada con mantequilla-. ¿Ya has guardado todos los regalos?

- Está todo listo- Ginny se desperezó, levantando los brazos al techo-. No tengo ni ganas de levantarme…

- Y si no quieres, no te levantes…- Harry le quitó la tostada a medio comer de la mano y la taza de café-. Hay cosas más interesantes para hacer estando acostados…

- ¿Cómo qué cosas?- indagó ella con una mirada divertida.

- Cosas…- Harry levantó las colchas cubriéndolos a ambos con ellas-. Cosas divertidas…

- ¿Cómo qué?- ella soltó una risotada ante algo que hizo Harry-. ¡Eso no se vale!

- ¿Quién te dijo que no?- Ginny hizo un movimiento extraño quedándose sentada encima del vientre masculino.

- Tendré que cobrármelas de alguna manera…

- ¿No era que tenías frío?- le preguntó él tomándola por la cintura.

- Ya no- respondió ella tomándolo del cabello, besándolo con fuerza en la boca.

Luego de esa distracción, ambos se volvieron a quedar dormidos, sin embargo el sonido del teléfono de Ginny la hizo despertarse bruscamente. De forma rápida se envolvió en la bata de franela que había en los pies de la cama y buscó dentro de uno de los bolsillos de su abrigo de invierno.

- Hola…- atendió con la voz ronca-. No… Ya sé, Hermione, nos quedamos dormidos- bostezó-. ¿Qué hora es?... demonios- Ginny camino hacia su armario y buscó rápidamente lo que se pondría ese día, también buscó la ropa de Harry, aprovechando de paso-. ¿Hay que llevar algo más a la cabaña de tus padres?- Hermione le contestó algo-. Bien, entonces nos vemos en La Madiguera. Un beso- Ginny colgó y arrojó el teléfono móvil sobre la cama.

- ¿Quién era?- le preguntó Harry sobándose los ojos por el sueño.

- Hermione- Ginny sacó una camisa de cuadros y se la mostró a Harry-. ¿Te pones esta?

- Me hace picar…- ella giró los ojos sacando una camiseta de mangas largas de uno de los cajones.

- Así no te hará nada- le dijo dejando la ropa sobre la cama-. Debemos estar en una hora en la casa de mis padres…

- ¿Una hora?- ella le dijo que sí mientras caminaba hacia el baño-. ¡Pero ni siquiera hemos terminado de desayunar!

- De eso tú tuviste la culpa- le reprochó Ginny girando la llave de agua caliente mientras se desenredaba el cabello con un cepillo de cerdas, luego tomó su cepillo de dientes y se lo llevó a la boca.

- ¿Que yo tuve la culpa?- indagó él asomándose justo en el momento en donde ella se quitaba la bata y se metía bajo la ducha.

- ¿Y quién fue el de la idea de "cosas divertidas" en la cama?- Harry se rió con gracia mientras buscaba en uno de los estantes la espuma de afeitar, aprovecharía ese momento para hacerlo, pues sabía que si compartía la ducha con su novia, luego no podrían parar.

- Tú no pusiste mucha resistencia con eso- replicó él llenándose la barbilla de espuma, comenzando a pasar con cuidado la navaja de afeitar. Ginny no le dijo nada pero por el sonido del agua al caer, Harry supo que se estaba lavando el cabello. Harry se estaba lavando los dientes cuando Ginny salió de la ducha envuelta en una mullida toalla de color. Esa mujer siempre lograba sorprenderla, a veces podía tardarse horas metida bajo la ducha o hundida en la tina, sin embargo en otros momentos podía bañarse en pocos minutos.

Ginny se secó rápidamente el cabello y se encargó de ordenar el cuarto, cuando Harry volvió a la habitación con la toalla envuelta en su cintura, ella ya estaba completamente vestida, con un llamativo suéter azul de cuello alto, largo hasta sus rodillas y unas calzas de lana, las cuales le encantaban.

- Es una lástima que Draco y Astoria no puedan acompañarnos…- se quejó la pelirroja sentándose frente a un espejo, comenzando a maquillarse.

- No esperarás que ella ande escalando montañas con lo enorme que está- Ginny lo miró de la mala manera-. ¿Qué? Es de esperar que una mujer que está de ocho meses tenga unos cuantos kilos de más encima…

- ¿Pensarás lo mismo de mi cuando yo esté embarazada?- él la miró con cariño por el reflejo del espejo, y se acercó a ella para abrazarla por la espalda.

- Cuando estés embarazada serás la mujer más linda del mundo- besó su mejilla-. Hoy lo eres, pero llevando vida adentro lo serás aún más- Ginny estiró el cuello dejando que él se ocupara de dedicarle mimos en aquel lugar.

- Tú serás un padre estupendo…

- Y tú una madre muy sexy…- las manos de Harry se posaron en el plano vientre de la chica y siguió besándola con cariño, pasando sus manos con cariño por ese lugar que alguna vez estaría lleno de vida. Se detuvo un momento, imaginando la situación, los latidos de una criaturita, fruto de ambos.

- ¿Qué pasa?- murmuró ella notando la dubitación del chico.

- Deja de tomar la poción…- susurró en su oído, Ginny se quedó en silencio por unos segundos y luego se giró lentamente a mirarlo.

- ¿Crees que es el momento?

- No lo sé… pero dejemos que las cosas se den solas…- la besó en el cuello demorándose un poco en el hueco que se le formaba entre la clavícula y el omóplato-, si realmente ha llegado la hora, lo sabremos pronto. Sino, tardará un poco más…

- Si quieres le puedo pedir a Neville alguna poción para la fertilidad…

- No…- susurró él negando con la cabeza-, pero ve con Neville, un buen chequeo te vendría bien. Yo no quiero que nuestro hijo te deje agotada…- Ginny le sonrió con cariño, apretando con sus manos las manos de él que le acariciaban el vientre.

Él continuó con su labor de besarle el cuello, sus manos ahora se hallaban sobre ese largo suéter que tan bien le quedaba a su mujer, poco a poco lo fue quitando dejándola con esas calzas de lana y una camiseta sin mangas.

- Llegaremos tarde…- susurró Ginny disfrutando de las caricias que él le dedicaba a sus piernas.

- Ellos sabrán comprender…- con la mano la hizo poner de pie y nuevamente la volvió a abrazar apretándole el trasero con una mano y tomándola de la nuca con la otra, hundió sus labios en los de ella y la hizo caminar hasta la cama, haciéndola acostar-. Debemos ponernos en campaña- susurró en el cuello femenino mientras sus manos apretaban las muñecas de ella por encima de su cabeza-, un bebé no se hace de un día para el otro- ella rió alegremente mientras él besaba su cuello, bajando de a poco por su pecho.

Harry levantó con una mano la remera, dejando al descubierto el pequeño ombligo de Ginny, de forma suave y pausada comenzó a besarlo, trazando caminos sobre el plano vientre. Las piernas de ella estaban sobre la espalda de él, la toalla que envolvía la cintura de Harry se había perdido en algún momento del camino junto a las calzas de ella y su remera.

- Harry…- susurró Ginny apretando entre sus dedos el oscuro cabello del chico.

- Mmm- Harry estaba ocupado en uno de sus pechos, mientras quitaba con sus manos el colorido sostén.

- Apúrate…- gimió-. En casa nos van a matar…

- Les diremos que nos quedamos dormidos…- respondió tranzando con su lengua una extraña forma sobre el seno de ella.

- Pero yo hablé con Hermione y…- Ginny dejó de hablar, tomó la cabeza de Harry por los oscuros cabellos y se dedicó a disfrutar lo que él le estaba haciendo con la boca. Ya luego se ocuparían de lo demás.

Desde que Ginny decidió quedarse en la ciudad y retomar las riendas de su vida, nuevamente, la relación entre ellos se fue haciendo cada vez más y más intensa. A la vista de todos ellos eran más que sólo amigos, él siempre se encargaba de que estuviera a gusto, de que se sirviera la parte preferida de la comida y que su copa siempre esté llena. Pero según ellos dos, eran solamente amigos, y el tiempo diría lo demás.

Ginny trabajaba junto a él en el departamento de aurores, el trabajo como su secretaria había sido algo que supo aprovechar completamente, pero eso muchas veces le dejaba tiempo para ellos dos solos, y Harry no era hombre de desaprovechar esas oportunidades. Más de una vez Ginny fue presa de sus asaltos vivaces, en donde él se adueñaba de su boca y le obligaba a responderle con pasión y desenfreno, sin embargo ella no se quedaba atrás, y lo que empezó con besos escondidos detrás de una puerta, se convertían en ardientes roces y apretones que sólo lograban acalorarlos más.

Sin embargo aquello no iba más allá, la única vez entre ellos era un recuerdo flotante entre la casi pareja, incluso doloroso. Y ninguno de los dos estaba listo para dar el paso decisivo y avanzar, o comenzar, con esa relación que ya gritaban a los cuatro vientos pero ninguno quería confirmar.

La noche del cumpleaños de Luna fue el detonante, Neville le organizó una fiesta sorpresa a su mujer, aprovecharon el frío del invierno para reunirse junto a la chimenea y beber hidromiel y cerveza caliente, mientras que Luna disfrutaba del chocolate tibio, debido a su embarazo, y a su poca resistencia al alcohol. Harry había abrazado a Ginny por la cintura toda la noche, le había acariciado la espalda de forma posesiva y le había hablado en susurros haciendo que la poca paciencia de Ginny se derritiera poco a poco.

Harry la había invitado al cine, siempre había buenas películas en las funciones de medianoche, sin embargo, los abrazos y los besos no les permitieron llegar a mitad de camino. Ginny estaba especialmente cariñosa, tal vez algo achispada, y Harry, el cual la había esperado pacientemente todas esas semanas no la supo rechazar. Ambos se besaban en un callejón oscuro, el frío se colaba entre sus cuerpos pero a ellos les servía de alivio. Las manos de Ginny lo acariciaban bajo la ropa y Harry hundía su nariz en el cuello de ella, gruñendo despacio, disfrutando de lo que ella le regalaba.

- Ya no puedo más…- le susurró él besándola en la mejilla. Ella sólo lo miró a los ojos, con una preciosa sonrisa, según en la opinión de él.

- ¿A qué esperas?- le preguntó acercándose más, si es que eso era posible-. Yo ya estoy cansada de hacerlo- Harry la miró un momento, dándole la oportunidad de cambiar de opinión, sin embargo lo único que encontró fue una total entrega y unas inmensas ganas de estar con él, como él con ella.

De alguna manera ambos se aparecieron en el departamento de él, Ginny no lo había pisado desde la primera noche en donde habían estado juntos. Y todo poco a poco fue tomando su curso.

Ginny a la mañana siguiente no escapó de sus brazos como lo había hecho la primera vez, Harry pudo disfrutar de su cuerpo cálido por el sueño y la despertó haciéndola suya, observando los ojos brillantes de ella.

Ambos desayunaron entre besos y luego volvieron a la cama para recuperar esos momentos robados, y disfrutar uno del otro. Y ya de eso habían pasado dos años, y siempre era igual.

- Estamos atrasadísimos…- murmuró Ginny intentando desenredar su cabello. Harry le sonrió al reflejo de su esposa mientras se abotonaba la camisa encima de la camiseta que ella le había elegido-. No, con esa sonrisa no me sobornarás…

- Recién no te estabas quejando- ella lo fulminó con la mirada y él le sacó la lengua-. No te hagas tantos problemas, los gemelos suelen llegar más tarde y nunca les dicen nada…

- Pero nosotros nunca nos atrasamos…- se siguió quejando ella mientras se ponía un poco de perfume en las muñecas.

- Y si nos preguntan, les diremos la verdad…- dijo él encogiéndose de hombros-, estábamos haciendo un bebé…

- ¡Harry!- chilló ella mientras le arrojaba con un cepillo, el cual él esquivó a tiempo.

- ¡¿Qué?- le preguntó imitando su tono agudo de voz, haciéndola reír mientras se acercaba, de forma rápida capturó a su novia en un abrazo y la besó en los labios con suavidad.

La llegada a La Madriguera fue recibida con mucha alegría por parte de sus hermanos, todos en la familia los estaban esperando para comenzar con la comida navideña, aún los suculentos guisados de Molly Weasley eran motivo para que todos se pelearan por lo que quedaba al final de la olla. La tarde fue pasando rápidamente y ya la oscuridad de la noche comenzó a asomarse.

Ginny repartió porciones de un pastel de chocolate mientras sus otras cuñadas se encargaban del café. Los hombres acompañaron esa fría noche que se acercaba con un poco de whisky de fuego mientras ellas escuchaban un poco de música. Hermione se llevó a Ginny a la cocina con la excusa de ordenarla un poco, las dos mientras acomodaban los platos en las alacenas y calentaban un poco más de agua por si acaso, comenzaron a hablar, como siempre lo hacían.

- La cabaña te gustará mucho, Ginny- decía la castaña-. Esquiar en esas montañas es sumamente gratificante, tu hermano lo ha aprendido hacer, aunque si te soy sincera aún le cuesta un poco- Ginny le sonrió levemente imaginando a su hermano en el suelo cubierto de nieve-. ¿No me contarás lo que te anda pasando?- indagó mirándola con suspicacia-. No se me pasa por alto esas miraditas tan extrañas que cruzas con Harry, eh…- la pelirroja sonrió, pero ahora de forma soñadora.

- Son tantas cosas…- Ginny se sentó en la pequeña mesa de la cocina sirviendo un poco de té, tanto para ella como para Hermione-. Con Harry hemos decidido tener un hijo- la castaña se la quedó mirando unos segundos con la cara seria, pero de apoco el rostro de le fue transformando en una enorme sonrisa hasta que pegó un grito y abrazó a la pelirroja con fuerza.

- ¡Eso es genial, Ginny!

- Lo sé- respondió la pelirroja algo sonrojada-. Es que fue tan de repente cuando esta mañana me lo propuso.

- ¡Pero quiero detalles!

- Esta mañana cuando estábamos por salir para aquí, luego de hablar contigo, salió el tema de Astoria y sus kilos de más- Hermione sonrió-. Y de repente me pide que deje de tomar la poción y… tú sabes la ilusión que me hace formar una familia con él.

- Imagino que por eso es que llegaron tarde esta mañana- susurró su amiga apretándole la mano con cariño-. Es muy lindo lo que te está pasando, amiga…

- Luego de estos dos años aún no me creo todo lo que estoy viviendo…

- ¿Pero piensan vivir en el pecado? ¿Para cuándo el casamiento?- Ginny rió suavemente negando con la cabeza.

- Eso es lo que menos me importa, ahora- Hermione negó con la cabeza suavemente.

- Igual él no debería tardar tanto en proponértelo, recuerda que mi ramo de bodas fue a parar a tu cabeza.

- Lo sé- en el casamiento de su hermano, el cual había sido hacía menos de un año, la tradición muggle llevó a Hermione a arrojar su ramo de boda hacia las mujeres solteras, y este cayó literalmente en la cabeza de su amiga, obligando de manera indirecta, o cruelmente directa, a que debía ser la próxima en casarse, claro, según esa vieja norma.

- Yo también tengo algo que contarte… no es del todo seguro, por eso quiero que estés conmigo cuando lo abra- le dijo sacando un sobre de su pequeño bolso el cual estaba sobre la mesa.

- ¿Qué es eso?

- Son unos resultados de un estudio muggle que me hice- suspiró-. He tenido un atraso y me hice un test de embarazo muggle y me dio positivo, pero quise asegurarme y aquí está el resultado- murmuró mostrándole el sobre-. No elegí San Mungo por miedo a que alguien me reconociera…

- ¿Y cuál es el resultado?

- No me he animado a abrirlo sola…-Ginny sonrió comprensiva.

- ¿Y mi hermano lo sabe?- la castaña negó-. Bien… ¿quieres que lo vea yo?

- Léelo conmigo- le pidió la otra suavemente, Ginny se apresuró a sentarse a su lado y abrir el sobre. Hermione cerró los ojos mientras su amiga extendía el papel en donde figuraba el resultado, la castaña abrió los ojos y leyó lo mismo que estaba leyendo su amiga-. Vaya…- susurró con un nudo en la garganta.

- Hermione- Ginny dejó el papel sobre la mesa y abrazó con todo el cariño que tenía a su cuñada-. No sabes lo feliz que estoy por ti…- Hermione había comenzado a llorar sobre el hombro de su amiga y justo en ese momento entró Ron a la cocina con una bandeja vacía.

Al ver a su mujer sollozando en los brazos de Ginny miró extrañado a su hermana, esta le regaló una brillante sonrisa y decidió dejarlos solos, tomando su pequeño bolso de encima de la mesa.

Ron y Hermione se merecían un momento a solas, y ella estaba dispuesta a concedérselos.

Rápidamente dejó todos los regalos que había comprado junto al árbol de Navidad y con su madre estuvieron de acuerdo que era hora de abrirlos.

Ginny estaba sentada en el suelo abriendo sus obséquios, Hermione le había regalado un precioso álbum de fotos, en donde imágenes de ella y Harry, aún antes de que supieran que realmente era Ginny, adornaban cada página. Era impresionante los cambiados que estaban ahora. Sus padres le habían regalado un hermoso suéter blanco y sus hermanos un montón de cosas que la hacían sonreír especialmente.

Como siempre había dejado para el final el regalo de Draco y el de Harry, siempre por ser los más especiales, dos hombres que significaban mucho pero mucho en su vida. El regalo de su mejor amigo consistía en una tableta de chocolate negro relleno de almendras y miel, ese obsequio realmente le hizo salir una lágrima porque tenía mucho significado para ella ese tipo de chocolate, por el lugar de donde provenía, por los momentos en donde se lo había regalado. Draco siempre supo que era su preferido, y en ocasiones en donde ella estaba muy triste lograba arrancarle una sonrisa al aparecerse con una tableta de esas en sus manos. Sin embargo esta vez una nota acompañaba el chocolate.

No tiene porque ser siempre tu tristeza un motivo para que yo te regale este chocolate, sé que ahora eres más feliz que nunca en tu vida, y espero que de ahora en adelante sea motivo de alegría. Te quiero, DM.

Su último regalo era el de Harry, estaba perfectamente colocado sobre la carta que su vieja amiga del colegio, Juliette, le había enviado como saludo. Se había estado carteando con ella unas cuantas veces al año, ya que había sido parte importante de sus vida, y no valía la pena perder eso que tenían. Sin embargo lo que ahora llamaba su atención, esa pequeña bolsita de terciopelo que se apresuró a abrir. Pero una pequeña nota salió de ella y ella sonrió.

Frío, frío cariño, busca cerca de ti, en tu bolsillo tienes la respuesta.

Ginny rió alegremente preguntándose donde estaría el siguiente papel, se puso de pie y buscó a Harry con la mirada, pero no lo encontró. Con un resoplido volvió a leer el pequeño papel y comprendió lo que le decía. Rápidamente, saltando sobre uno de los gemelos, buscó en el bolsillo de su abrigo, pero no había nada. Ceñuda miró nuevamente el papel, y se sorprendió al ver lo que había escrito.

¡Abrígate que hace frío!

La pelirroja se puso su largo abrigo y volvió a meter la mano en el bolsillo encontrando ahora lo que buscaba, la pequeña notita con la misma letra, Harry era sorprendente.

Ciérrate el abrigo y sal al patio- leyó mientras salía de la casa-. Y ten cuidado con el escalón, no vaya a ser cosa que te resbales.

- ¿Resbales?- sin embargo no tuvo tiempo para pensarlo porque pisó un poco de hielo y terminó en el suelo con el cabello lleno de nieve-. ¡Harry!

Ginny se levantó y miró el papel, sonrió al ver lo que decía.

¿No te dije que tuvieras cuidado? Tal vez hamacarte un poco te de tu respuesta.

Ginny levantó la vista y miró al frente, su vieja hamaca estaba quieta, las cadenas que la sostenían del árbol estaban completamente congeladas, sin embargo Ginny se sentó en el lugar y se impulsó un poco con los pies haciendo que la nieve del árbol cayera sobre su cuerpo. Y entre los pequeños copos había otro papel, que obviamente también se apresuró a leer.

Ahora mira para tu cuarto- Ginny levantó la vista y observó la luz de la ventana de su habitación, Harry estaba allí mirándola con una sonrisa señalándole algo hacia arriba con su dedo índice-. Y ahora observa el cielo- Ginny levantó la vista e inmediatamente los ojos se le llenaron de lágrimas.

Luces de colores surcaban las nubes oscuras, la nieve poco a poco volvía a caer y ella seguía mirando esas palabras que le decían tantas cosas.

¿Te quieres casar conmigo?

Todos en la casa estaban al tanto de eso, su madre y hermanos la observaban desde una de las ventanas y Ron lo hacía desde la puerta abrazando con una sonrisa encantadora a su esposa.

En el papel nuevamente se volvió a escribir algo y ella lo miró llorosa escapándosele una risa cantarina.

¿Qué estás esperando para venir a responderme?

Ginny se puso de pie y caminó bien aprisa hacia la casa, su madre le sonrió comprensivamente pero nadie la retuvo en su ascenso hacia su habitación, en donde Harry la esperaba.

El chico estaba sentado en su cama y su sonrisa era genuina.

- Pensé que tardarías más en darte cuenta…- Ginny se acercó con una sonrisa y se sentó en su regazo-. Merlín, estás helada.

- Es tu culpa por hacerme salir afuera…- respondió ella hundiendo su fría nariz en el cálido cuello de Harry.

Él la apretaba por la cintura mientras ella hundía sus labios en los de él, arrancándole un tibio gemido.

- ¿Y en dónde está mi anillo?- le preguntó con una sonrisa.

- ¿No te fijaste en el cielo?- Ginny lo miró extrañado, pero se puso de pie y se asomó a la ventana en donde nuevas palabras acompañaban a la proposición.

Tienes el sí al alcance de tu bolsillo.

- Eres de lo que no hay…- susurró ella metiendo la mano en su abrigo sacando una pequeña argolla dorada con un delicado rubí con forma de corazón en el medio.

- ¿Y qué me dices?- le preguntó él abrazándola por la espalda. Ginny metió el anilló en su dedo anular y miró su mano con entusiasmo.

- Debería estar loca para decirte que no- se giró-. Además queda muy bien en mi mano- él le sonrió con amor besándole la mano.

- ¿Te gustó mi regalo?- ella le respondió con un apasionado beso, de esos que lo dejaban sin aire.

- Pero tú no has abierto tus regalos…- le susurró empujándolo hacia la cama.

- No importa…

- Claro que sí- Harry se sentó en la cama y dejó que su mujer lo hiciera a horcajadas de él, envolviendo sus caderas con sus piernas-. Pero deberás usarlo en casa- susurró sobre sus labios.

- ¿Y qué es?- Ginny le sonrió sacando un pequeño paquete de uno de los bolsillos internos de su abrigo.

- Esta es la capa de los mil bolsillos- le dijo con una mueca-. No lo dejé junto al árbol por miedo de que alguien lo abriera por error- Harry rompió el papel brillante con sus dedos encontrando una fina tela oscura.

- ¿Qué es?

- Un deshabillé cariño…- ella le sonrió apretándose más a él, pero Harry sacó otra cosa, unas tiras de fino encaje que apenas alcanzaría para cubrirle algo.

- ¿Te pondrás esto para mi?- le preguntó recordando una charla en donde ella se negaba a ponerse ese tipo de ropa para él, muchas veces era algo pudorosa.

- Siempre que quieras- Harry dejó caer su regalo sobre la cama y hundió sus manos en el cabello de su futura esposa obligándola a devolverle el beso con la misma pasión y entrega que él tenía.

Ambos fueron cayendo lentamente a la cama pero Harry fue el que se detuvo, con la ropa algo desarreglada, y la instó a terminar con eso en casa, con el deshabillé puesto.

- Hermione está embarazada- le dijo ella antes de bajar las escaleras, Harry la abrazó por la cintura y le besó los cabellos.

- Si queremos que los niños vayan al colegio juntos debemos apresurarnos a hacer los deberes, entonces- ella asintió dándole un pequeño apretón en el trasero-. Eso en algunos países es considerado abuso, señorita.

- ¿Y cómo le dicen a esto?- le preguntó besando su cuello, arrinconándolo contra una de las paredes.

- ¿Abuso de autoridad?- Harry la agarró con las dos manos del trasero y la apretó contra su cuerpo mostrándole todo lo que la necesitaba-. No lo hagas más cariño, sino no podré disimularlo con tu familia.

Ginny asintió tirando de su mano, Harry aún debía abrir el resto de los regalos y luego se lo llevaría al departamento. Y dormirían poco durante la noche.

Ambos llegaron a la casa ya avanzada la noche, Harry estaba un poco alegre por los vasos de whisky que disfrutaron festejando el compromiso y el próximo integrante Weasley en llegar. Mientras ella tomaba alguna que otra copa de licor.

- Ten cuidado con el escalón- le dijo ella llevando a Harry por la espalda-. No, no te tires encima de mí, Harry…- se quejó ella. Con esfuerzo lo hizo sentar en el sofá y se dirigió a la cocina a prepararle un café lo suficientemente cargado. Harry se lo tomó gustoso y luego decidió tomarse un cálido baño que lo mantuviera despierto lo más que pudiera.

Ya con el cálido pijama puesto y la calefacción al máximo Harry se acostó en la cama, esperando a que Ginny terminara de arreglarse, la cabeza se le había despejado luego del café y el baño, y ahora esperaba con ansias la llegada de su mujer vistiendo ese provocativo conjunto. Ella apareció cubierta por su bata de seda, pero poco a poco la dejó caer a sus pies mostrándole el provocativo contraste de su piel con el negro del deshabillé.

- Eres preciosa…- le susurró él al verla acercarse. Él se quiso poner de pie pero ella lo empujó hacia la cama.

- Hoy no harás nada, cariño, me toca todo a mí- con cuidado de no aplastarlo se sentó sobre las piernas de él y lo envolvió con sus pálidos muslos.

- Lo que tú quieres es matarme antes de nuestro matrimonio.

- No creo que me convenga…- Ginny le sonrió de forma gatuna, haciéndole una sensual caída de ojos-. No quiero perderme todo lo trae consigo esa importante palabra- con cariño y para tortura de Harry, bien despacio, comenzó a desabotonar los botones de la camisa del pijama-. Espero que ya se te haya pasado el efecto del alcohol- susurró besando el pecho de Harry.

- Todo…- le respondió apretándole las nalgas con las manos-. Estoy fresco como una lechuga.

- Así me gusta, porque para lo que tengo pensado hacerte debes estar bien despierto- él la miró a los ojos un momento antes de sentarse en la cama y tomarle la boca con un beso ansioso. Ella se quejó un poco, pero se dejó hacer cuando él la puso de espaldas a la cama y comenzó a besarle el vientre corriéndole poco a poco la fina tela del deshabillé.

- Te amo…- susurró él acariciándole el ombligo con los labios.

- Ya lo sé…- Harry hizo un movimiento con su mano haciéndola gemir-. Yo también te amo- él se adueñó de sus piernas y poco a poco fue quitándole la fina tira de encaje que apenas hacía algo para cubrirla.

- Espero que estés lista…- le dijo Harry acercando su rostro al de ella-. Porque hasta que al fin quedes embarazada, no voy a parar- ella rió con alegría al sentir como él le abría las piernas y comenzaba a moverse de forma diabólicamente excitante.

- Merlín…- gimió ella con los ojos cerrados, sintiendo como el amor que sentía por él crecía cada día más y más.

Tal vez con un poco de suerte, él hubiese cumplido con lo que le había dicho.

De todas formas tenían todo el tiempo del mundo para intentarlo.

Fin


¿Qué les puedo decir? no tengo palabras para agradecer todo el apoyo que me dieron a lo largo de cada capítulo, la historia tuvo sus altos y bajos, pero realmente escribirla me llenó de dicha y placer. Es un proyecto que hace años tenía y al fin lo he concluído. Debo decir que sufrió muchos cambios a lo largo de los meses, pero originalmente terminaba así, ellos dos felices y en paz. Tal vez modifiqué alguna que otra cosa en el medio, pero creo que escribirlo hubiese sido algo tedioso, y la historia se hubiese extendido de más. Pero en fin, ya llegamos al final.

Gracias a todos por estar siempre ahí, no voy a dar nombres porque seguro me voy a olvidar de unos cuantos. Pero a pesar de que no siempre respondiera sus mensajes, siempre los recibía con mucha alegría, sus comentarios son mi motivo día a día para seguir escribiendo y hacerme siempre un tiempito para hacer esto que me gusta.

Como siempre, les pido su apoyo en mis exámenes de esta semana, es que ustedes tienen que saber que este año me tiene como loca, y no hay momento en que no ande con un libro o un apunte al lado. Pero bueno, ya se acaba esta tanda de exámenes, y prometo ponerme al día con mis otras historias, y si dios quiere, avanzar con mi nuevo proyecto que pronto verá la luz por estos lados. Por supuesto, HG, no podía ser de otra manera. ¿Les gusta la novela romántica histórica? bueno, por ahí va encaminado.

¡Los quiero mucho, muchísimo! gracias por haberme acompañado con esta historia. Hasta la próxima.

Jor