ADIÓS

Ya me cansé de tu falsa sonrisa, y de tu hipócrita actitud de complacencia. Me cansé de tu hipocresía y de tu falsa molestia cuando estas frente a mucha gente. Me cansé de la soberbia con la que me tratas cuando estamos solos.

Por eso, aunque por un lado dices que me quieres y por otro me tratas como a un trapo sucio, y aunque yo te quiero de aquí al cielo ida y vuelta cien veces, voy a tener que despedirme de ti.

Los recuerdos de todo este tiempo juntos vuelven a mi mente. Pero la decisión ya está tomada. Aunque quiera retractarme no debo.

Miro hacia atrás, luego de virar levemente. Tu cuerpo tendido en la hamaca se encuentra inmerso en el largo sueño de la siesta que acostumbras a tomar. La expresión seria de tu rostro me hace sonreír con melancolía. Fue tanto el dolor que secretamente me has hecho sentir todo este tiempo, y sin embargo, aún logran cautivarme tus bellas facciones.

¿Por qué la vida tiene que ser tan amargamente injusta? ¿Qué te motivó a darme el sí cuando de verdad no me querías para nada? ¿Por qué perdí de tal manera la cabeza por ti, cual si hubiese vendido mi alma al diablo?

El viento mece suavemente tu cabello y tus ropas. Tú no reaccionas. Intenso es el sueño que te atrapó. Guardo esa imagen tuya en mi mente y la grabo a fuego en mi interior, ya que lamentablemente para mi corazón – no así para mi raciocinio – será la última.