Sinopsis: Los hilos del destino que tiran de dos muñecas rotas, el amor y el odio enredándose uno con el otro caprichosamente. Y una frágil esperanza que el corazón se empeña en tejer…


Muñecas Rotas

Por: Clumsykitty & Kida Luna

Prólogo

Fragmentos de la Canción "Good Enough", de Evanescence.

Good enough – Tan bien,
I feel good enough for you – Me siento tan bien por ti.

Drink up sweet decadence – Bebe la dulce decadencia,
I can't say no to you – No te puedo decir no a ti,
And I've completely lost myself – Y me he perdido por completo.

And I don't mind – Y eso ya no me importa,
I can't say no to you – No te puedo decir no a ti...


Una gota de lluvia cae del cielo y golpea contra el vidrio de la ventana, no con mucha fuerza, más bien velocidad que provoca que se deslice con un zigzag hasta la parte inferior del marco de la ventana, para perderse en el minúsculo charco de agua que se ha formado por el desgaste de la piedra del balcón.

Otra gota de lluvia cae igualmente y recorre el mismo camino a mayor velocidad, gracias a su hermana que ha marcado el sendero; pero, en un último instante, se separa y termina centímetros alejada de la primera.

Así, una a una de las gotas de la lluvia va empapando el vidrio hasta que ya es imposible ver lo que hay en el exterior; solo está la imagen borrosa, como un sueño mal recordado de un paisaje de tonos secos y fríos, típicos de un jardín que despide con la última lluvia al otoño para prepararse al próximo invierno.

Por la débil luz que llega de la lámpara de la mesa es que el reflejo de Alicia le devuelve una mirada triste y pensativa. Siguiendo autómata el ritmo suicida de las gotas contra la ventana, hábito ya formado con el paso del tiempo a causa del tedio y aburrimiento desesperado de no querer pensar más en una idea aterradora, pero cruelmente cierta sobre su futuro que se aplasta como un viejo big crunch universal. Tiempo y espacio ya no importan más, pues el tiempo ya se ha agotado y el espacio de una gran mansión es asfixiantemente pequeño para un alma de niña que no halla salida.

Ni siquiera se ha cambiado de ese pijama blanca con un moño rosa pálido adornando su cuello. No existe más ánimo para vestir los caros ropajes que cuelgan en el enorme armario de su pomposa habitación a media luz. Tampoco sería una buena idea, pues un cuerpo delgado por la enfermedad no luciría algo que fue confeccionado para niñas sanas...

…lo mismo que los moños, aretes, pulseras y demás accesorios que se apilan hasta desbordarse de sus cajitas de porcelana y plata…

-"Alicia –escuchó una voz llamarle-, está haciendo frío. ¿Quieres que te sirva algo de chocolate caliente?"

Los ojos rojos y apagados de la aludida abandonaron la ventana y sus gotas de lluvia para dirigirse hacia una niña, que aunque no estuviese hecha de cristal, sí podía devolverle su propio reflejo también.

Sonrió apenas.

-"¿Te sentarás conmigo?"

La otra asintió, mostrando una sonrisa un poco más viva en su rostro.

Alicia tomó la tacita que le era ofrecida por la niña de los cabellos rubios y observó cómo poco a poco el líquido humeante iba espantando el frío de sus manos.

-"Tienes que cuidarte más, Ali –comentó gentilmente, sentándose a un lado suyo-. A nuestra madre no le gustaría verte enferma."

Un asentimiento.

Alicia y Fate Testarossa eran hermanas gemelas; la primera, la mayor; la segunda, la menor. Y a pesar de ello, Fate era la más alta de ambas. Cabello rubio y ojos borgoña oscuros y enigmáticos, piel blanca, tersa, y un corazón encajonado en algún rincón de su pecho.

Esperando algo, tal vez.

Físicamente, eran muy parecidas. En actitud, calladas, tranquilas, a veces, hasta aprisionadas. Quizás, también allí coincidían.

¿Pero qué hacía que Fate y Alicia fueran realmente dos personas distintas?

Su vida. Literalmente.

Su vida.

Una misma sangre que corría por dos ríos distintos, y así como cauces diferentes llevaba los pensamientos en otras direcciones. Y es que si bien en uno la enfermedad hacía que el vigor y las esperanzas fueran destilándose como vino que lleva demasiada agua, el otro cobraba cada día mayor fuerza y luz, como una estrella nueva que ansía iluminar el espacio oscuro con su brillo voraz, sin dejar un espacio a la oscuridad de la depresión.

Depresión que consumía a Alicia. Como un bicho ponzoñoso que absorbe la sangre de su víctima día tras día hasta que ya no queda más, así la tristeza llenaba los ojos de la pequeña cuya agonía no era ver su reflejo enfermo y decaído, sino mirarse en los de Fate y ser testigo silenciosa de cómo en esos ojos, comenzaba a llover al verla a ella sufriendo.

Pero no era el dolor de la agonía filial lo que pesaba más en el corazón de la pequeña, sino el odio encarnizado de saberse inútil ante la magia poderosa de su hermana, a quien era incapaz de escudar y proteger como tanto añoraba hacerlo.

Dos gotas idénticas.

Dos muñecas rotas.

Cierto que Fate era fuerte, pero Alicia sabía que ella misma estaba siendo su perdición. Estaba arrastrándola consigo…

¿Quería eso? ¿Alicia, tú querías eso?

No.

Porque Fate era lo único que valía la pena en ti, era la única parte tuya que desprendía calidez y dulzura. Aquella que estabas perdiendo desde hace mucho…

-"Exquisito –su hermana volteó a verla-, te quedó exquisito, Fate."

La aludida sonrió con gentileza y recostó sus brazos sobre la mesa, acercándose a la rubia más baja, quien acarició su cabeza mansamente.

-"Al, ya no soy una niña" –gimió dulcemente, haciendo la intención de su queja fallar completamente.

-"Y sin embargo, para mí siempre serás una muñeca eterna."

La mirada de Fate se clavó en la de Alicia, como dos estrellas a punto de colisionar anunciando el choque con una luz brillante. El silencio reinaba en la habitación, donde sólo el susurro débil de la lluvia torrentosa llegaba a los oídos de las dos hermanas.

Y de nuevo, esa opresión en el pecho de Alicia aparece, al ver la expresión en la faz de su gemela. Podría apostar su alma a los pensamientos de aquélla, si bien eran tan parecidas en ello, pero lo que profesaban sus ojos borgoña tan prestos y templados le dolía en sobremanera. Dolía como Alicia no podría describir nunca.

Dolía como sólo puede doler el amor.

-"Deberías estar entrenando" –dijo la pequeña para cortar esa tensión.

Fate bufó, palmeándose su frente.

-"Como si hubiera alguien que pudiera vencerme a estas alturas."

-"Quizá, yo…"

Un relámpago brilló por la ventana mientras Alicia le daba la espalda a Fate. No quería ver su respuesta, que ya bien conocía. Ese juego maldito que tenían hace tanto. Ese 'te quiero-te odio' que las encadenaba una a la otra como el mar con la Luna. Moviéndose siempre expectantes a la reacción de la otra, como si toda su vida dependiera de ello.

-"Ja, bueno… Ali –la llamó-, ¿quieres que te ayude a vestirte?" –dijo Fate más calmada.

-"No quiero vestirme el día de hoy."

-"Al…" –gimió de nuevo la más alta.

-"Bueno… tú ganas Fate, por esta vez."

Su hermana sonrió satisfecha, corriendo al clóset de donde escogió un primoroso vestido de grandes holanes y cintillas de seda color vino; de esos que tanto gustaba ver en su hermana, pues le recordaba mucho a aquellas muñequitas de porcelana que sólo los coleccionistas poseían al ser tan raras.

Y hermosas.

Fate se giró hacia la pequeña, quien rodó sus ojos de forma cómica al ver la elección del vestido, levantando sus brazos para ser despojada de su pijama y quedar en interiores. Alicia cerró sus ojos al sentir las suaves manos de su hermana correr por sus brazos y costados, al ir acomodando el caro vestido.

Se preguntó si acaso las manos de Fate eran así de cálidas todo el tiempo o sólo eran así con ella. Sonrió.

Sonrió al decirse a sí misma que ese tipo de toque no era algo que una Testarossa repartiera, claro que no. Era algo especial, y saberse especial para Fate, hacía olvidar a la pequeña Alicia sus decaídas.

-"¿Qué te parece?" –preguntó, guiándola hacia el enorme espejo que yacía de pie dentro de la habitación que compartían.

-"Si a ti te gusta, está bien."

-"No pienses en mí –se acercó por detrás, apoyando ambas manos sobre los hombros de su hermana-. Mira, te ves bonita ¿no crees?"

-"¿Podemos cambiar el tema?" –suspiró con tristeza.

Antes de que la menor pudiera decir algo, el sonido del abrir y cerrar de una puerta llamó la atención de ambas. Una suave y dulce voz las llamó, por el umbral de la puerta abierta se asomaba una mujer de sedosos cabellos negros.

Sus pupilas violetas se entrecerraron con cariño al verlas allí, juntas. Inseparables como siempre habían sido.

-"Fate, Alicia… -soltó con ternura-… vengan. Dentro de poco comenzarán las clases y quiero charlar con ustedes."

-"Sí, madre" –respondieron al unísono.

Regresaron de nuevo al cálido y silencioso comedor, el crepitar del fuego de la chimenea arrullando el ambiente. En cuanto las tres tomaron asiento, un pequeño ladrido captó la atención de ambas rubias.

-"Arf –llamó sutilmente, poniendo al pequeño cachorro sobre su regazo-, ¿cómo has estado?"

El perrito ladró de nuevo, siendo recibido por unas afectuosas palmaditas en su peluda cabecita roja por parte de Alicia, mientras Fate se encargaba de mantenerle abrazada a ella.

Precia Testarossa, su madre, tan sólo sonrió al ver el encuadre familiar.

-"Encontré un lugar muy confortable para ambas –sus hijas prestaron atención-, está ubicado en la ciudad de Uminari, en Japón. Hace un clima cálido –enfatizó, volteando a mirar como el viento vapuleaba las ramas de los árboles a través de la ventana-, creo que les gustará."

-"Madre –intervino Fate con voz preocupada-, pero, ¿qué hay de Alicia? No podemos arriesgarnos…"

-"Estoy bien –la interrumpió-, estoy bien, Fate. Puedo cuidarme a mí misma –se dirigió hacia su madre-, ¿cuándo debemos partir?"

-"Las clases comenzarán en unos días, así que nos iremos mañana."

Un relámpago alumbró la habitación, provocando que Arf se acurrucara más contra la menor de las rubias. Las pupilas borgoña miraron profundamente a sus gemelas, con vacilación y hasta una pizca de temor.

Alicia le devolvió la mirada, seria e imparcial. Y le sonrió.

Eran momento como aquellos los que la hacían pensar que ella y su hermana eran como dos muñecas cuyas piezas estaban incompletas. Necesitaban la una de la otra, y a la vez, odiaban sentirse totalmente inútiles por saber de esa dependencia.

Pero tampoco podían vivir ni ser felices sin ella.

Sí, era cierto. Los hilos de su destino que les permitían maniobrar estaban prolijamente entrelazados, cada pequeña intersección y cada escrupulosa vuelta en espiral formaban una red de sentimientos y acciones inminentes. Poderosos.

Completos.

Se complementaban a sí mismas. Y porque una precisaba de la otra para poder tener cuerda y lograr moverse en una danza corta y efímera de felicidad, donde todo parecía ser perfecto, Alicia lo supo.

Ella y Fate, eran un par de muñecas rotas…


And I'm still waiting for the rain to fall – Y todavía espero la lluvia caer,
Pour real life down on me – Derramando la verdadera vida en mí,
'Cause I can't hold on to anything – Porque no puedo sostenerme a nada
This good enough – Que sea tan bueno como esto.

Am I good enough for you to love me too? - ¿Soy lo suficientemente buena para que me ames también?

So take care what you ask of me – Así que ten cuidado con lo que me pidas,
'cause I can't say no – Porque no te puedo decir no...

Continuará…


KL: Como ya se habrán dado cuenta este proyecto es hecho en compañía de una amiga y muy buena escritora, fundimos ideas y pues fue su iniciativa la que hizo esto posible.

El soporte para esta historia aún está algo ambiguo, pero confío en que igual que siempre, su guía nos llevará a algo esplendoroso. Sin más, dejaré los agradecimientos a mano de ella ;)

C: Ja, qué puedo decir, sino gracias a mi pequeña e inusual amiga de tantas aventuras y fics también, espero que disfruten este trabajo tanto como yo me divierto molestando a Kida XD

Ya teníamos un rato hablando de escribir juntas, hasta ahora se dio esta oportunidad y las ganas de hacer algo diferente con dos mentes tan extremas como lo es Kida Luna y Clumsykitty.

Así que ya saben qué esperar, lo ambiguo de mi mente con lo kidesco de mi cómplice. Muchas gracias por leer :)

Se despiden, Clumsykitty & Kida Luna.