DISCLAIMER: LOS PERONAJES QUE APARECEN EN ESTA HISTORIA, SON PROPIEDAD DE LA SEÑORA STEPHENIE MEYER… Y NO OBTENGO OTRO BENEFICIO QUE EL APOYO DE LOS LECTORES. MI UNICO PAGO SON LOS REVIEWS DEJADOS xD

CAPITULO 1: EL INICIO

Carlisle POV

Trabajaba como director del hospital general en un pueblito llamado Forks cuando la conocí. La noticia se había corrido por todo el pueblo: una nueva doctora llegaría a suplantar al Dr. Villanueva. En cuanto la vi entrar en mi oficina, quedé prendado de ella, si no hubiese sido por la bata blanca y el maletín que traía en manos, jamás hubiera imaginado que una mujer tan hermosa y joven fuera la nueva doctora

"Bueno días" – saludó – "¿el Doctor Cullen?"

"Exacto" – dije poniéndome inmediatamente de pie y tendiéndole la mano en forma de saludo – "Buenos días, ¿usted debe ser la Doctora Swan, no es así?"

"Así es" – me dedicó una resplandeciente sonrisa

"Tome asiento por favor" – le ofrecí de manera amable – "Así que se acaba de mudar a Forks…" - comenté mientras veía su historial académico y profesional y quedé aun más sorprendido por la excelencia que tenía

"Si" – respondió – "tiene apenas una par de días me instale aquí. Estoy en busca de una buena preparatoria para mis hijas ¿Podría recomendarme alguna"

"Realmente solo hay una, pero al igual es muy buena, en cuanto pueda le pido a uno de mis hijos que consiga un folleto en donde pueda usted obtener mas información" - era de suponerse que una mujer así estuviera casada, aun así la noticia me desalentó. Una sonrisa se me dibujó en el rostro por lo absurdo del sentimiento

"¿Hay algo gracioso en mis papeles?" – preguntó divertida

"No. Al contrario todo esta perfecto. Es usted una mujer muy inteligente"

"Gracias, espero y no se decepcione"

"Estoy seguro que no"

Hacia tanto que no me fijaba en ninguna mujer, pero ella, desde el primer momento demostró ser inteligente, profesional y responsable, haciendo que mi interés creciera aun más. Desde luego, estaba dispuesto a mantener mi distancia ya que esta de más el decir que no estaba interesado en involucrarme con ninguna mujer comprometida. Sin embargo, su carácter, amable y dulce, me enganchaba cada vez más a ella, con cada día que pasaba, la atracción se iba convirtiendo en algo más profundo: en admiración, respeto, casi idolatría.

"Doctora Swan" – le hablé sin poder contenerme al verla caminar por uno de los pasillos

"Doctor Cullen" – pareció sorprendida de verme – "no sabía que hoy trabajaba desde temprano" – y así era, pero ¿Cómo decirle que había venido desde mucho antes tan solo para verla?

"Tenía algunos papeles que poner en orden" – mentí – "Doctora…" - sabía que lo que iba hacer era atrevido, si lo veía desde mi punto de interés, pero analizando las cosas ¿Qué de malo tenía el invitar a una colega a comer? – "me preguntaba si le molestaría que la invitara a comer"

"Con mucho gusto aceptaría su invitación" – su radiante sonrisa hizo que en mi rostro se dibujara otra igual

Cuando nuestro turno terminó, la lleve hacia un pequeño, pero lujoso restaurante que se encontraba a no más de cinco cuadras del hospital. En cuanto llegamos, la anfitriona nos dirigió a una mesa para dos personas y después de deslizarle la silla para que se sentara, tomamos entre nuestras manos la carta y ordenamos. Llevábamos una plática amena e interesante, digna de una mujer con tanta cultura y madurez profesional como ella. Reímos mientras platicábamos sobre algunas anécdotas cuando estábamos estudiando nuestra carrera, cuando sonó su celular

"Me permite un momento" – dijo antes de contestar. Me sentí fatal ya que no me había fijado que empezaba a oscurecer, y seguramente su esposo estaba preocupado – "¿si?… hija… no te preocupes estoy bien, el Doctor Cullen me invito a comer…" - le decía a la persona del otro lado de la línea – "…si cariño no te preocupes … esta bien, te quiero"

"Disculpe Doctora, no me di cuenta que ya era tarde…" – seguía apenado

"No se preocupe… era mi hija" – contestó sonriendo – "suele ser un poco paranoica con su madre"

"Aun así, mil disculpas, espero no ocasionar mal entendidos con su esposo, si gusta la llevo ahora mismo a su casa"

"¿Dijo esposo?" – preguntó casi riendo – "Doctor Cullen… no soy casada"

"¿No lo es?" – la pregunta salió sin pensarla, la noticia me había tomado desprevenido

"No. Soy madre soltera" – aseguró con orgullo

"Debo admitir que la noticia me agrada" – me atreví a decirle, ahora que sabía que no había de por medio un compromiso, haría lo posible por conocerla mejor.

"Esas no son palabras propias para un hombre casado" – repuso seria

"¡Oh no!" – me apresuré a decirle – "no, no… yo tampoco soy casado… mi esposa murió hace varios años" – dije sin poder ocultar la tristeza en mi voz al recordar a la mujer que alguna vez amé

"Lo siento mucho"

"No tiene por que" – sonreí. Hacia ya mucho tiempo que había superado la perdida de la madre de mis hijos, y aunque siempre iba a tener un lugar especial en mi vida, estaba seguro que donde fuese que ella estuviera, estaría contenta que, después de tantos años, al fin encontrara a una mujer tan especial como la Dra. Swam

"Pero tiene hijos" – aseguró

"Claro" – dije con orgullo – "tres para ser exactos… Doctora" – me atreví a decir antes de proseguir – "¿Le molestaría si me permite hablarle de tu?"

"Claro que no, ¿Y a usted Dr. Cullen?"

"En lo absoluto" – sonreímos ampliamente

"Entonces… Carlisle" – me gustó el tono que le había brindado a su voz al pronunciar mi nombre – "me comentabas acerca de tus hijos"

"Si. Son tres muchachos, casi de la misma edad. Y no es por que se trate de mis hijos pero son jóvenes esplendidos" – sonreí al recordar los rostros de mis hijos - "aunque muy diferentes entre sí. Emmet, es el mayor, tiene 20 y es el más extrovertido, a diferencia de Jasper (el más pequeño), que tiene 17, y también esta Edward, quien tiene un carácter muy especial y poco fácil de entender, a pesar que tiene 18 años, es muy maduro."

"Me imagino que ha de ser difícil para usted estar a cargo de tres jóvenes adolescentes"

"En realidad no" – admití – "son muchachos muy responsables y no me dan problemas… y tu, Esme ¿Qué dices de tu hija?"

"En realidad son hijas" – corrigió con su encantadora sonrisa – "y al igual que usted tengo tres, casi de la misma edad."

"Mira que casualidad" – expresé asombrado. – "¿te molestaría contarme mas sobre ellas?" – su mirada brilló al recordarlas

"Las tres son tan especiales, y no es por que sean mis hijas" – aclaró sonriente – "simplemente que cada una tiene una esencia tan distinta. Veras, Rosalie es la mayor y vaya que es… tenaz, difícil. Mientras que Alice, la más pequeña, es un sol radiando en todo su esplendor, siempre tan feliz y llena de vida y mi Bella" – suspiró – "al igual que su hijo Jasper es muy tímida, aunque cuando la provocan ni quien la detenga" – rió – "pero por ahora se han quedado en Phoenix, en cuanto terminen el primer año se trasladaran para continuar con sus estudios"

"Debes de extrañarlas mucho"

"No te imaginas cuanto" – su mirada se perdió un momento antes de continuar hablando – "pero me reconforta el saber que en siete meses estarán conmigo"

"El tiempo se pasa rápido" – la animé – "Esme, ¿y a ti no se te ha complicado el cuidar a sus tres hijas?"

"No, en lo absoluto" – contestó de inmediato – "digamos que he contado con la misma suerte que la tuya, son chicas muy responsables…"

Esme y yo nos seguimos conociendo, y cada vez me fui enamorando más de ella. Esperé a que transcurrieran cuatro meses para atreverme a confesarle lo que sentía por ella y sentí una dicha muy grande cuando supe que era correspondido de la misma manera. Iniciamos una discreta, pero plena relación, y a pesar de que el tiempo de conocernos era relativamente poco estaba completamente seguro que ella era la mujer que tanto había esperado por casi cinco años. Esa noche la había invitado a cenar a un restaurante en Seattle para celebrar los tres meses de nuestra relación formal.

"Esme" – dije cuando habíamos terminado de cenar.

"¿Qué pasa Carlisle?" – preguntó frunciendo sus delicadas cejas. Me levanté de mi asiento y caminé hacia su extremo, jalando delicadamente su mano izquierda mientras sacaba de mis bolsillos un anillo de oro.

"Esme…" - volví a repetir su nombre mientras inclinaba mi cuerpo hacia ella ante la imposibilidad de hincarme – "se que es pronto… pero te amo, y me harías completamente feliz si aceptaras ser mi esposa" – el rostro de mi amada estaba tiernamente sonrojado, sus ojos color chocolate le brillaban bajo la luz tenue de la lámpara y sus labios en forma de "O" se estiraron poco a poco hasta formar una enorme sonrisa.

"¿Cómo negarme?" – respondió mientras me abrazaba – "claro que acepto"

"Muchas gracias, no cabría más dicha en todo mi ser de la que me has dado hoy... ¿te parece conocer a mis hijos este fin de semana?"

"¿Cómo crees que lo tomen?" – su voz sonó preocupada mientras desalojábamos el restaurante

"Ellos saben de mi relación contigo y mueren por conocerte"

"Mis hijas vienen el sábado en la noche, también ellas tienen curiosidad de conocer al Dr. Cullen"

"Espero agradarles" – dije mientras abría la puerta del copiloto para que se adentrara en el carro

"Claro que sí"

"Entonces ¿Qué te parece si las invito a cenar a mi casa y así nos conocemos todos mejor?"

"¿Qué tal si la cena la ofrezco yo?"

"Tus hijas estarán cansadas, no creo que sea buena idea"

"No te preocupes por eso"

"Claro que me preocupo. No me discuta más futura Sra. Cullen" – dije con una sonrisa

El fin de semana llego rápido y con el mis nervios afloraron, mis hijos se habían comportado my comprensivos ante el inicio de mi nueva y definitiva relación, reacción que les agradecía; lo que ellos no sabían y me tenía un poco preocupado, era que prontamente tendrían tres hermanastras…

Además, estaba también la preocupación de no ser del agrado de las tres muchachas, y el cómo seria la relación con mis hijos, aunque dudaba mucho que, siendo hijas de una mujer como Esme, fueran groseras.

El sábado había llegado y Esme había ido al aeropuerto para recoger a sus hijas, mientras tanto, mis hijos y yo limpiábamos la casa para que al día siguiente solo nos dedicáramos a la preparación de la cena.

Mañana iba a ser un gran día…