Disclaimer: Naruto y cía. pertenecen a Masashi Kishimoto, la idea del fict pertenece a mi cabeza. «S pertenece a S» xD Este fict es secuela de «Perfecta» Las cosas se ponen más... intensas a partir de ahora. Spoilers del manga muy avanzados. Kishimoto, no sé si amarte u odiarte xD

Porque todo en la vida, se paga. Secuela de «Perfecta»


Capítulo 001: Perturbación


Respirar parecía tan innecesario.

Una corriente de aire cruzó por las calles del poblado, levantando hojas secas y polvo a su paso, algunos pequeños corrían entre los pequeños tornados que se formaban, sabiendo que los mismos no presentaban peligro alguno para aquella aldea.

La joven se cubrió por instinto de protección más que nada. Odiaba el aire frío, pero en esos precisos instantes, odiaba más su propia existencia.

Con demasiada calma abrió el sobre que portaba entre sus manos, ignorando al mechón de cabello negro que por voluntad del viento se cruzó por su rostro. Sus ojos, negros como la oscuridad de su existencia, se deslizaron por el pedazo de papel, ignorando los párrafos de palabreríos, buscando una respuesta, concentrándose en leer una simple palabra.

«Negativo.»

Ella no sabía si sentirse aliviada o no.

Por un lado no sabría entonces explicar el por qué de las náuseas y de los mareos, insomnios y asco a los alimentos. Por otro lado, no existía nadie a quien arrastrar a las consecuencias de sus actos.

Estaba sola.

Desde algunos años atrás siempre lo ha estado, a pesar de estar rodeada de personas, de sus amigos, compañeros, familiares.

Y ahora se sentía vacía. Sucia. Mancillada.

¡Maldito Orochimaru!

Llorar no resolvería nada, así que se ahorró los lamentos. Además, desde algunas semanas atrás, sospechaba que las lágrimas se le habían acabado.

La joven aprisionó el papel, y luego lo guardó entre sus ropas, aún con una desagradable sensación en el paladar, como si quisiera vomitar todo lo que había consumido en el desayuno. Claro está, que esto era imposible porque no había probado bocado alguno.

Ella miró a su alrededor más por fuerza de costumbre que por el hecho de sentirse reconocida en aquel sitio. Nadie la conocía, y en el dado caso de que lo hiciera, con sus cambios físicos nadie la reconocería.

Pensó en el tiempo que aún le quedaba antes de volver a Konoha. Aún tenía 5 días de permiso y el viaje de retorno estaba a dos días, así que tendría el tiempo suficiente para desaparecer del mundo, sin posibilidad de retorno antes de que la buscasen, porque cuando lo hiciesen, definitivamente iba a ser tarde.

Aún así, había una parte de su mente que exigía una explicación, porque quitarse la vida, siendo ignorante, le daba un aire de derrota absoluta ante su enemigo. No, ser plenamente derrotada no era algo de lo que ella permitiese, aunque fuese lo último de su vida.

Pisoteada, humillada, despreciada.

¿Qué tenía para dar? Absolutamente nada. Lo que inconscientemente había estado aguardando «para él», envuelta en tontas fantasías románticas, lo perdió por caer en un sucio juego mental.

Fue tan estúpidamente manipulable, que verdaderamente daba asco.

La joven inspiró una profunda cantidad de aire, acomodándose el abrigo sobre su cuerpo, analizando al mismo tiempo tantas formas en que podía morir sin que pareciera un accidente (No era necesario inmiscuir a su mejor amigo en una vacía venganza contra un ser sin rostro... No, la venganza no hace bien a nadie)

Envenenada, ahogada, cayendo de un barranco profundo, dejando que ladrones la matasen... No, esto último estaba fuera de la lista. Lo menos que necesitaba eran de asquerosos tipos abusando de ella antes de quitarle la vida.

A casi medio día de camino, alejándose con cada paso más de su natal aldea, la joven sintió una extraña punzada dentro de sí misma. Era como si alejarse de Konoha estuviese obedeciendo la idea de alguien más, una idea a que ella misma se había resistido los primeros días de su retorno a su vida normal.

Esto, antes de comenzar a recordar y revivir en el mundo de Morfeo toda su pesadilla, matando cada vez más su alma. Una ilusión de 16 años que no existió y que jamás sucederá.

Repentinamente la joven se sintió observada y su instinto de kunoichi le indicó que aquellos seres no eran normales.

¡Genial! Una batalla ninja. Siempre había algo de honorable morir de aquella manera, aunque de pequeña le hubiese parecido una idea triste, aunque claro está que cuando ella era una cría solamente vivía y respiraba por una persona.

–Es sólo una niña – dijo una fémina con desdén. –No perdamos tiempo y sigamos avanzando.

–Debemos esperar las órdenes de nuestro líder y no apresurarnos– replicó otra voz, con una matiz de burla en sus palabras, como buscando irritar a la otra.

La de cabellos negros ignoró aquellas voces y siguió avanzando. Si ellos la atacaban ahora que estaba con la guardia baja, le harían un inmenso favor. Avanzó un par de metros más y por inercia su cuerpo se detuvo completamente ante aquella sensación.

La vida es irónica.

Tiempos atrás hubiese dado su vida a cambio de este momento, hacerlo reaccionar, suplicarle nuevamente, ofrecerle todo a cambio de nada. Seguir insistiendo, tan molestamente como él le recalcó.

Y aparte de irónica, sumamente cruel.

Ahora lo menos que hubiese querido es cruzarse con él. Aunque hace tiempo atrás se enfrentaron, y en sus ojos negros parecía estar escrita la sentencia de muerte para ella.

Si no hubiese sido por la intervención de su líder de grupo, él quizá...

Bueno, jamás lo sabría.

–No me engañas con ese disfraz – él le dijo secamente. Ella no respondió. Cambiar su apariencia física no era con el fin de engañar a nadie más que a sí misma, ocultarse para evitar averiguar algo que no se atrevía ni siquiera a pensar en voz alta. –¿Qué es lo que buscas por estos rumbos? Sa-ku-ra.

La mencionada dio un suspiro de resignación al tiempo que dejaba de forzar su chakra en su cabello y ojos, volviéndolos de negros a rosa y verdes respectivamente. Sus ojos brillaron en la oscuridad del sitio mientras analizaban al shinobi. Al menos Sasuke no tenía el Sharingan activado, por lo que por el momento denotaba que no tenía intención alguna de atacarla, o quizá la considera tan inferior que no es necesario usar técnica alguna para atravesarla con su espada.

Las pupilas de la kunoichi se dilataron al recordar (o tener una visión, no sabía cómo llamarla) la espada del Uchiha atravesar una considerable distancia a gran velocidad para clavarse a escasos centímetros del rostro de ella. El aire dolía al ingresar a sus pulmones, aunque hasta ese instante no se había percatado que no estaba respirando.

Sakura tardó milésimas de segundos en reaccionar, tiempo más que suficiente para que Sasuke se colocara frente a ella, sin despegar un instante los ojos negros de ella.

–¿Es acaso esto una ofrenda de paz de parte de Konoha? – dijo Sasuke con todo el fastidio e indiferencia que podía denotar. Claro está que estas dos emociones nunca se han llevado bien, por lo que el joven sonaba completamente contrariado –¿Un cuerpo grácil para abrigarme del frío?

Cerca de los dos se escuchó el bufido de la pelirroja y la risa irritante del de melena blanca.

–Esas no son palabras que se deban pronunciar delante de un pequeño – comentó Suigetsu antes de evadir una patada de Karin quien chillaba «Cállate, maldito»

Uchiha se volvió hacia los tres integrantes de su equipo, uno con la apariencia de un infante, otra pelirroja que lanzaba ataques al aire, y el otro que esquivaba cada golpe con tanta naturalidad como era respirar.

Con temblor al respirar, Karin, hizo gala de todo su autocontrol para tratar de sonar lo más calmada posible al hablar.

–¿La conoces? – Karin tragó saliva deseando que su voz no hubiese sonado posesiva ni celosa. Ella ya había probado la hiel del rechazo de su líder, pero los últimos acontecimientos eran un avance entre los dos (así ella lo veía), y con Uchiha no había que retroceder ni un milímetro – Si quieres... si deseas... me deshago de ella por ti.

Apenas terminó de terminar su ofrecimiento, Karin sintió un escalofrío de terror al notar la fría mirada de Uchiha, como si él estuviese imaginando las mil y un maneras en que podía asesinarla a sangre fría y sin que nadie se enterase.

–Nos detenemos aquí – ordenó Sasuke. Curiosamente a Suigetsu la idea le entusiasmó enormemente.

–Siempre he amado acampar a la luz de la luna – comentó con una amplia sonrisa, luego frunció el entrecejo, mirando a aquel satélite –Siempre me he confundido respecto a eso de las fases ¿Es creciente o menguante? ¿Cuál es la diferencia entre uno y otro?

Sakura alzó la mirada, de manera automática. Y de la misma manera sus pensamientos le evocaron un susurrante «Arigato» que siempre le oprimía hasta lo profundo su ser antes que la oscuridad se adueñara de todo.

La joven bajó los hombros, notando claramente las diferencias entre su actual yo y su pasado. De niña había creído en tantas falsedades, que el amor lo pude todo, que siempre lo iba a esperar, que iba a ser fuerte por él, para rescatarlo de la maldad y los vacíos sentimientos de venganza.

Ahora Sakura sabe qué es sentirse vacía (una incoherencia, realmente) y no comprende aún cómo Sasuke se ha mantenido en este mundo oscuro por todo este tiempo.

Ella no lo soporta.

Ella es débil.

...

Sasuke ladeó ligeramente la cabeza, analizando las expresiones de la fémina de orbes verdes, difícilmente encontrando emoción alguna en ella. Con un dedo le alzó la barbilla, y muy a su pesar, le disgustó ese vacío en su mirada. Un análisis físico y detallado le mostró una sombra alrededor de sus ojos.

–Tsk.

Sakura siempre fue fácil de leer emocionalmente. Ella estaba cansada, por algo que aún él no sabía, pero Sasuke apostaba su vida en que se enterará antes del amanecer.

El joven frunció ligeramente el entrecejo al ver cómo Sakura cerraba los ojos, manteniéndose en su sitio, y conteniendo la respiración. Inconscientemente Sasuke aprisionó un puño, recordando la vez en que había visto a Sakura con esa expresión.

Fue hace unas semanas atrás, cuando Orochimaru estaba envolviéndola con cuerpo, alargándolo tal cual serpiente, comenzando a asfixiarla lentamente. Sasuke no reparo en lanzar su Chokuto contra él.

Al ver desaparecer a Orochimaru, el joven tuvo tiempo de ver cómo Sakura tenía una expresión de terror, como si Uchiha fuese capaz de matarla.

Sasuke sacudió la cabeza, con un conflicto de emociones dentro de sí. No podía acusar a Sakura por dudar de él, cuando él mismo no tiene la certeza de no haber sido capaz de aniquilarla cuando se reencontró con ella... y el dobe... y un par de entrometidos. Una parte dentro de sí juraría hasta el hastío que él se hubiese detenido, otra parte admitía que en esos instantes no estaba en sus cabales, tan manipulado por el sannin como lo estaba entonces.

Sakura abrió abruptamente los ojos al sentir cómo un brazo le rodeaba la cintura y la halaba.

El viento golpeaba el rostro de la fémina y los mechones rosados se le cruzaban continuamente en su campo de visión. Si no fuese porque era guiada (llevada aunque ella no ponía resistencia) hacia sabrá-kami-dónde hace rato que hubiese tropezado contra algún árbol.

Esa velocidad de movimiento la kunoichi solamente podría soñar con tenerla.

Cuando finalmente Sasuke decidió detenerse, parecía que habían recorrido cientos de kilómetros. Con la gentileza que caracteriza a Uchiha, la dejó en el piso, provocando que el brusco movimiento la hiciera retroceder algunos pasos, hasta encontrar un soporte que en esta ocasión fue una gran roca.

Sakura se dejó caer lentamente hasta el piso, sin atreverse a ver a Sasuke.

–Hn.

Sakura no reaccionó, ni siquiera dio un respingo.

–Estás bastante delgada – siguió diciendo Sasuke bajando poco a poco la voz hasta convertirla en un susurro, al momento en que se sentaba frente a ella y entrelazaba sus manos a la altura de su boca y apoyaba los codos en las rodillas. –¿Acaso no te mantienen bien en tu amada Konoha?

Como respuesta, la fémina se encogió de hombros.

Sasuke levantó el rostro de Sakura, notando con pesadez el primer signo de esperanza en ella.

–¿Vas a matarme?

El joven reconoció esa desesperación en ella como una de las primeras emociones que él experimentó en su vida como shinobi, hace muchos años atrás, cuando la tensión de dejar su vida a manos de otro, casi provocaba que él se suicidara.

«No permitiré que ninguno de ustedes muera»

Sasuke había sentido la verdad en cada palabra soltada entonces por Kakashi-sensei, y aquello había alejado la idea de la muerte de su cabeza.

Sakura parecía negarse a dejar esa idea.

Sasuke emitió una pequeña sonrisa. Él no iba a complacerla, por centésima vez en su existencia. Es que esta mujer solamente pide locura tras locura, cada una más desquiciada que la otra.

Los orbes del joven lentamente comenzaron a pasar del negro al rojo, dejando solamente un par de aspas negras. Sasuke no pudo evitar una mueca de ironía al ver cómo Sakura se relajaba, ante las técnicas que otros ninjas temían.

La joven parpadeó un par de veces, extrañada porque Sasuke desapareció de su presencia. Quizá se arrepintió y ya no va a acabar con su vida.

...

O quizá ella ni siquiera vale la pena.

–Me pregunto si lo que tienes es fe en que no te haga daño... o verdaderas ganas de morir. – Los orbes verdes buscaban en todo el ambiente la presencia de Sasuke, pero no podía encontrarlo, a pesar de que no dejaba de escuchar su voz. –¿Te ha decepcionado tu vida en Konoha?

Sakura sintió una fuerza envolviéndola, algo dentro de ella casi la obligaba a soltar todo lo que pasaba por su mente, pero las palabras huyeron, provocando que expresara sílabas sueltas.

–Cuéntame todo... – siguió diciendo la voz de Sasuke y Sakura sintió que prácticamente era suspendida en el aire. Una fugaz visión de ella misma en una situación exacta le provocó escalofríos en la piel. Orochimaru la levantaba, él la engañaba, le hizo creer que había ido a otro mundo en donde ella y Sasuke...

La fémina parpadeó un par de veces, tratando que la visión no se le nublara. Al percibir más presión alrededor de ella, en vez de sentir asfixia, una calidez la inundó, una muy parecida a cuando ella estaba desnuda entre los brazos de quien creía su prometido.

Pero Sasuke nunca estuvo con ella, ni el falso, ni el real.

Todo fue un ardid del sannin.

–Él me engañó. – Fue todo lo que alcanzó a decir.

Y perdió el conocimiento.

Sasuke desactivó su sharingan, dejando que el cuerpo de Sakura cayese entre sus brazos.

Iba a ser una larga noche.


Cuando Sakura recobró el conocimiento, se vio a sí misma envuelta en un deja-vú, al encontrarse en una cama que no era la de su habitación. La cabeza le daba vueltas ante tantos pensamientos.

Masculló sin poder evitarlo ante la idea de estar por décima o doceava vez envuelta en los sueños, descubriendo despertarse otra vez. La joven estaba casi segura de esto y fugazmente recordó haber ido a recoger los exámenes médicos que no se atrevía a realizarse en Konoha.

Si todo fue un sueño desde ese punto de su vida, entonces el resultado no estaba en el pequeño bolsillo de su traje.

Sakura frunció el entrecejo al encontrarse con el arrugado papel.

¿Qué demonios estaba sucediendo?

La palabra «Negativo» seguía resaltando ante sus ojos. A pesar de la escasez de luz de la habitación ella podía visualizar con claridad esa palabra. Sakura buscó mentalmente el momento en que llegó a este sitio, reprochándose de paso ante sus ilusiones de encontrarse otra vez con Uchiha Sasuke.

Debería dejar de soñar con él.

Abstraída en sus pensamientos, Sakura sobresaltó abruptamente al sentir una ráfaga de aire deslizarse entre sus dedos, desapareciendo el arrugado resultado de los análisis.

Un fulgor cálido apareció en la otra mano de Sasuke, la que no portaba el papel. Y él casi pudo sonreír al ver por medio de su visión periférica el asombro de la joven ante su presencia: no indiferencia, no resignación ni terror.

–Hn.

Sakura no supo cómo interpretar aquel sonido proveniente de la boca de Sasuke. Se mordió el labio inferior al momento en que el colchón se hundía bajo el peso del joven quien se acomodaba al extremo de ella. Sus ojos azabaches jamás despegándose del papel.

–Así que... Kikyō – Sasuke volvió sus ojos hacia ella, analizándola detenidamente –No me pareces una «Flor de Campanilla China»

Sakura atinó a fruncir el entrecejo, no atreviéndose a decir nada.

Ella iba a morirse.

Sasuke no pareció notar la tensión en Sakura, y si lo hizo, no dio muestra alguna de que le importara.

–Paciente dice llamarse Kikyō... Ummm… ¿Existe algún motivo por el cual esta mujer no te crea? ¡Ah! – Sasuke dio con la respuesta en las siguientes palabras anotadas por la doctora que atendió a Sakura – Concentración de chakra en su cabello y ojos, desactivación para la toma de muestra de sangre, descripción física real: cabellos rosados, ojos verdes.

Sakura inhaló una profunda cantidad de aire, sintiendo que el frío se calaba por su cuerpo.

Sasuke frunció el entrecejo mientras murmuraba datos para la mayor parte de las personas incomprensibles, mientras que Sakura mentalmente descifraba bajas defensas de su organismo, el índice de masa corporal apenas llegando al mínimo permitido para sus 1,61 cms... y el principal motivo del análisis, para lo cual no era necesario ni siquiera tener conocimientos mínimos en medicina, puesto que el mismo documento lo decía.

–Test de embarazo: «Negativo»

Una oleada de alivio invadió a Sakura, que hasta sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. No hubiese deseado por nada del mundo estar en el conflicto de tener al vástago del sannin en sus entrañas, con la dura decisión de dejarlo desarrollarse o acabar con él.

Después de tanto infortunio, al menos no existía una consecuencia de aquel absurdo juego mental.

Sin emitir una palabra más, Sasuke utilizó el chakra que mantenía el fuego en su mano para volver cenizas al pequeño pedazo de papel.

–¿Necesitabas hacerte un test de embarazo? – Los nudillos de las manos de Sakura se volvieron blancos a causa de la presión, y su cuerpo buscó alejarse de Sasuke, pero él no lo permitiría – ¿Por qué?

Sakura apreció el sabor metálico de su propia sangre en el labio inferior, las palabras no podían a formarse, aunque el negarlo mentalmente una y otra vez no va a borrar lo sucedido.

Sasuke agitó bruscamente la mano en donde mantenía el chakra, apagando el fuego y volviendo a la habitación en penumbras, mientras una maldición asomaba a sus labios.

El tiempo en que había estado lejos de ella, hasta hace un par de horas le había parecido una eternidad, sin embargo ahora Sasuke tenía la extraña sensación de que apenas la volvía a dejar inconsciente en una improvisada cama, (o en una banca de Konoha) provocándole posteriormente malditas semanas de insomnio, horas tratando de volver a su objetivo principal, creyendo casi siempre conseguirlo.

Pero Haruno Sakura se había identificado en su existencia por ser un mal que se calaba en su ser, atacando silenciosamente, provocándole que luego de cada encuentro, su esencia durmiese dentro de él para sacudirle toda su existencia en el momento menos esperado.

Algo así le había ocurrido hace algunos meses atrás, luego de haberla visto dispuesta a atacarlo con tal de devolverlo a la Aldea de Konoha. Luego de ello Sasuke sintió que volvía a respirar por sí mismo, y su siguiente acción fue atacar directamente al infeliz de Orochimaru.

Hechos más, hechos menos, Sasuke tenía toda su estrategia lista para conseguir su último objetivo, llegando incluso a aliarse a Akatsuki, portando aquella asquerosa vestimenta negra y ridículas nubes rojas. Estaba tan cerca de ver derramar la sangre de esos bastardos de Konoha.

Y entonces ella tuvo que reaparecer en su existencia.

Sasuke se pasó una mano por su indomable cabellera.

Débil, pero principalmente molesta. Latente y cada vez con más fuerza.

Y ahora ella se da el lujo de negarse a hablar.

Tsk.

Si no era por las buenas, entonces va a ser por las malas.

El fulgor rojizo de dos orbes con tres aspas formándose fue lo más visible en aquella habitación. Sakura no pudo evitar encontrarse con los ojos de Uchiha Sasuke ni aunque su vida hubiese dependido de ello.

Continuará...