Holaaaa! Espero que os guste :)

Resumen:

Bella pensaba que su vida no podía ir a peor, después de haberle gritado su amor en público. Pero enseguida la peor noticia que podía haber escuchado llegó a sus oídos; viviría con los Cullen por tiempo indefinido.

Todos humanos.

ExB

La Saga Crepúsculo pertenece a Stephenie Meyer.


Introducción: A peor

Pensaba que mi vida no podía ir a peor pero, por supuesto, me equivocaba, mi vida si que podía empeorar, y esto solo acababa de comenzar.

Estaba totalmente perdida. Mi mirada estaba concentrada en un punto de la pared que, sin saber por qué, notaba más interesante de lo que hablaban aquellas personas, no podía, no debía haber escuchado esas palabras que, por mucho que mi subconsciente me dijera que no era tan malo, yo lo creía como mi peor pesadilla. No debía ser cierto.

- Iré por más pastas, enseguida vuelvo – inconfundible la voz de mi madre levantarse de mi lado y dirigirse hacía la cocina, la seguí con la mirada y en un acto reflejo me levanté para dirigirme al mismo sitio que ella.

- ¿Dónde vas, Bella? – Escuché decir a mi padre, pero no le contesté, mis padres tenían la culpa, ellos eran los culpables, pero, en mi interior sabía que no era así.

Entré en la cocina y, como era de suponerse, mi madre buscaba las pastitas para que nuestros invitados no les faltara de nada.

- Están en el armario de arriba – dije con toda la frialdad que pude acumular en mi voz.

Mi madre dio un respingo y se giró para mirarme, sabía que yo estaba enfadada pero también sabía que no podía pagarlo con ellos. Enfrentamos nuestras miradas durante un buen rato, hasta que ella se giró y abrió el armario de arriba.

- No puedes estar enfadada, cielo – me dijo ocultando el dolor que le producía aquella situación.

- Mamá… - comencé – yo… - no sabía qué decir, cómo actuar, qué pensar, esa situación era tan dolorosa para mi como para mis padres, pero ellos tenían la culpa - ¿Por qué no escogisteis otra persona? La abuela, la vecina, incluso, ¡mi tía! – Exclamé las últimas palabras, con los ojos bastante abiertos y brillantes.

- Sabes que son de confianza… - me dijo poniendo las pastitas en un plato, aún, dándome la espalda.

- ¡No! ¡No lo se! – le dije, prácticamente le grité - ¡No los conozco! ¡No conozco a sus hijos, ni siquiera me acuerdo como se llama ella! – mentí, sabía perfectamente quien era su familia y como se llamaban cada uno de ellos – Mamá, por favor… - rogué un poco más flojo que antes, aún con los ojos vidriosos.

Mi madre se giró sobre sus talones, con el ceño fruncido, y enviándome una mirada enfurecida, pero, ¿Qué más daba? Ya se le pasaría el cabreo, total, teníamos mucho tiempo hasta volvernos a ver.

- ¡Bella! ¡No seas egoísta! ¡A veces eres tan egoísta que no sabes aceptar lo que te dan! ¡Es por ti que hacemos esto! ¡¿Por qué no dejas de ser egoísta por una vez en tu vida y aceptas las consecuencias?! – Me había quedado congelada, no sabía exactamente como actuar. En esos momentos, las lágrimas acudieron a mis ojos y el labio inferior me temblaba. Levanté varias veces la cabeza, para agacharla, rendida, y yéndome de la cocina.

Obligatoriamente, para salir de la cocina debería pasar por la sala, donde se encontraban ellos, los Cullen. Recé para pasar desapercibida, pero la voz de mi padre me paró antes de que cruzara la puerta, quedando de espaldas a ellos.

- ¿Dónde vas, Bella? – volvió a preguntar pero, ahora, con más autoridad, no le había gustado que antes no le contestara y menos que le dejara en evidencia delante de visitas.

Sin voltearme, intenté aclararme la voz, para que no notaran que las lágrimas hacían de las suyas en mis emociones.

- Voy hacer la maleta, papá. Aún no la he acabado – ni la había empezado, intentando que me quedara en casa sola o que en todo caso viniera mi abuela a cuidar de mi, pero la suerte hacía mucho tiempo que parecía haberme abandonado.

- No tardes que ya pronto nos vamos – me mandó Charlie, así llamaba a mi padre cuando realmente estaba molesta.

- No te preocupes, no tardaré… Papá – estuve tentada en llamarle Charlie, pero no quería saber como iba a reaccionar ante tal cosa delante de sus amigos de siempre.

Me fui de allí, subiendo las escaleras y cerrando la puerta de mi habitación, una vez la cerré me recargué en ella, fui deslizándome poco a poco, hasta tocar el suelo y colocando mi cabeza entre mis rodillas, y pudiendo, ahora, llorar desconsoladamente.

Porque me iba.

Sabía que llorar no me iba ha ayudar a que las cosas se arreglaran, pero de momento era lo único que sabía hacer.

No se cuanto tiempo estuve sentada, llorando. Pero, alcé un poco mi mirada y la fijé en el reloj, me quedaba una media hora para irme y no volver en bastante tiempo, aunque no quisiese, me iba a ir. Y mejor ir con ropa a ir desnuda.

Me levanté torpemente y comencé a meter mi ropa sin ganas en la maleta, cuando me di cuenta, ya no tenía nada más que meter, tenía poca ropa, la necesaria. Me dirigí al lavabo y cogí lo mío, que tampoco era mucho; el cepillo de dientes, gomas de pelo, peine, y poco más.

Regresé a mi habitación, ya habiendo metido todo lo necesario. Ropa, neceser, libros, bolígafros... Repasé mentalmente y observé mi cuarto, pero antes de que pudiera volver a echar la culpa a alguien mi padre me llamó desde a bajo.

- ¡Bella, baja! ¡Nos vamos! – Suspiré, mi nueva vida se acercaba; mi nueva vida, mi fin, podías llamarlo como quisieras.

- ¡Ahora bajo! – contesté, gritando.

Cogí mi maleta y bajé las escaleras, tropezándome varias veces con ella que llevaba en volandas. Amablemente mi padre cogió mi maleta y la metió en el coche, por supuesto en un coche que no era el nuestro. Mi madre se acercó a mi y me abrazó, costándome mucho le correspondí el abrazo, en fin, no la iba a ver en mucho tiempo.

- Cuídate, Bella. Y compórtate – me lo dijo en forma de reproche, tampoco tenía planeado quemar la casa, aunque no era mala idea, yo no era una pirómana de momento… Aún así, asentí, dándole a entender que no haría la vida imposible a nadie. Casi será al revés pensé inconcientemente, y me entraron muchas ganas de comenzar a llorar y gritar implorando que me dejaran quedarme en casa. Pero no, ese no era mi estilo, no era plan de dar el espectáculo.

- Tú también cuídate – mascullé y me abrazó con más fuerza. Mi padre, solamente me dio un beso en la cabeza y me revolvió el cabello murmurándome un "Gracias, cuídate".

Realmente, no me importaba ir a otra casa, aunque eso significaba no ver a mis padres, pero justamente, esa semana, exactamente hace dos días, un miércles cualquiera, le había declarado mi amor en público. Todo había sido culpa de Jessica intentando convencerme para que saliera con un tipo, el cual, no conocía. Cansada de aquella estúpida conversación arrastré la silla y di un golpe en la mesa, olvidando que estábamos en clase, toda la atención fue a parar en mi, y justamente, en ese preciso instante chillé; "A mi me gusta Edward Cullen" y un silencio inundó la clase, mientras, él, como siempre, me miraba con indiferencia.

Subí al coche de los Cullen, abrochándome el cinturón, viendo desde la ventanilla partir el coche de mis padres. Y en seguida noté como dos personas más, ocupando los asientos de delante, se subían al coche.

Porque iba a mi nuevo hogar. Desde ese momento viviría con los Cullen por tiempo indefinido.


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Los próximos capítulos serán más largos!

Reviews,,!!

Cuidensee!

Marinilla14