Hola a todos los que disfrutan de este gran anime. Me gustó mucho la primera vez que lo vi (de eso será ya más de medio año, o tal vez un poco más). El manga por desgracia, no lo he leído del todo, me quedé en los cuatro primeros tomos. Quizás sea un buen momento para leerlos y terminar lo que alguna vez empecé.

Disclaimer

Los personajes mostrados a continuación no son míos. Pertenecen a la grandiosa Kaoru Tada, que los creó para suerte de todos nosotros. El argumento y las acciones a presentarse son producto de la imaginación de una servidora.


FLORES EN PRIMAVERA


CAPITULO 1

RECUERDOS

Nubarrones se avecinaban y amenazaban con tapar el cielo hace pocos momentos tan limpio. Un viento fuerte, soplaba implacable sobre aquella pradera. La oscuridad, el frío y el viento era una terrible combinación.

A primera vista, el campo parecía un lugar desolado. Pero si una hubiera una persona cerca y aguzaba la mirada, podría distinguir la pequeña silueta de una niña como de cuatro o cinco años que se movía esforzadamente contra el viento. Sus cortos cabellos castaños tapaban el rostro redondo, por efecto del viento.

La chiquilla buscaba a su mamá que había estado junto con ella no hace mucho. Pero la terrible corriente de aire, impedía ver nada, y ella sin saber donde encontrarla, se confundía inevitablemente. Gritaba, con la esperanza que su madre la escuchara para poder reunirse con ella.

—¡Mamá! — gritaba, cubriéndose el rostro del viento y entrecerrando los ojos para ver mejor —¡Mamá! ¿Dónde estás?

—¡Mamá!— la desesperación subía al máximo al darse cuenta que las fuerzas la estaban abandonando. La tristeza en cambio, crecía dentro de ella.

Después de unos minutos, notando que el oxigeno se le acababa, se paró respirando con dificultad. Miraba al suelo, llorosa.

—Mami… — repetía entre sollozos ya sin fuerzas para gritar y sintiendo un vacío tremendo en su infantil corazón. ¿Cómo una excursión tan bonita acababa tan mal? Ellas dos estaban comiendo alegremente algunas viandas que habían preparado, cuando empezó ese endiablado viento que hizo desaparecer a su mamá, dejándola en la más absoluta soledad. Amargamente, y aun a sabiendas que su madre no estaba, comenzó a quejarse.

—Tengo frío mamá... Quiero estar contigo…No quiero quedarme sola…

De pronto, como si un rayo de sol hubiera aparecido, se escuchó una voz, cerca de ella. La voz era cálida y dulce y se dirigía a ella con afecto.

—'Kotoko chan…estaré siempre a tu lado, no temas'.

La chiquilla se restregó sus ojitos y vió a su madre junto a ella. Era una señora de cabellos castaños, cuya expresión reflejaba tranquilidad y serenidad. Ya iba a lanzarse a sus brazos, cuando sintió que la joven señora se alejaba nuevamente, ascendiendo rápidamente hacia el cielo infinito. La pequeña, dando pequeños saltos, extendiendo sus manos hacia su madre, trataba vanamente de alcanzarla, viendo que se alejaba cada vez más. Al darse cuenta que todos sus esfuerzos eran inútiles, y sintiéndose triste e impotente, cayó pesadamente sobre sus rodillas, mirando el pasto, llamándola incansablemente, sollozando.

—Mamá… mamá…

—'Kotoko-chan…' — se escuchó de nuevo esa dulce voz, que parecía salir de todas partes y de ninguna.

—Mami…- gritó Kotoko, alzando la vista- ¡Quiero estar contigo! ¡No quiero quedarme sola!

—No estás sola…

—Pero… ¡yo quiero estar donde estas tú…!

—'Cuando llegue el momento, así será… Mientras tanto yo estaré en tu corazón, cuidándote, mi pequeña Kotoko'.

El viento y la oscuridad la envolvieron. No podía ver ya nada. Un par de lágrimas rodaron sobre sus mejillas, mientras sentía que el vacío se apoderaba de ella.


La joven de largos cabellos castaños abrió los ojos. El frío sudor y la respiración agitada, indicaban que había tenido un mal sueño. Miró al techo intentando calmarse.

—A pesar de ser tan feliz… aún te extraño mamá. A veces siento que se hace larga la espera por volverte a ver…

Suspirando levemente, cambió de posición. Felizmente él no se había despertado… Temía perturbarlo cuando estaba descansando. Después de todo, Irie-kun era un médico cuyo trabajo lo mantenía en una constante tensión y ella lo sabía más que nadie. El trabajo de doctor en un hospital era en exceso absorbente… las guardias, los enfermos, las operaciones… Todo aquello era una gran responsabilidad que su esposo debía cargar diariamente sobre sus hombros.

Volteó la cabeza para mirarlo atentamente. No pudo evitar sonreír. ¡Él se veía tan dulce y gentil! Tenía un aire especial, casi infantil e inocente, poco frecuente en él cuando estaba despierto. Dispuesta a dormirse nuevamente, cerraba ya sus ojos cuando escuchó una voz que la sobresaltó.

—¿No puedes dormir Kotoko?

—Irie-kun— murmuró apenada—lo siento, lo siento mucho, no quería despertarte.

—Ya lo hiciste — el joven que estaba a su lado la miró fijamente y luego respiró hondamente—Duérmete, que mañana tenemos guardia.

Pero Kotoko ya no lo escuchaba. Perdida en sus propios pensamientos, recordaba los momentos felices de su infancia y sobre todo, los detalles de ese extraño sueño.

—Irie-kun…

—¿Uhm?

— Acabo de soñar con mi madre... Tenía la edad de Kotomi cuando la perdí — aunque el joven no vio su rostro, por el tono de su voz, comprendió que ella sonreía con tristeza — A veces me pregunto que pasaría si yo…

Irie abrazó repentinamente a su esposa, interrumpiéndole. Acercando la cabeza de ella a su pecho le susurró:

—No digas esas cosas, por favor.

—Irie-kun… — murmuró Kotoko, conmovida. A pesar de la apariencia fría de su esposo, ella conocía a la perfección cada matiz, cada aspecto de su personalidad… Sabía que ese tono era la súplica del hombre a no dejarlo solo. Se sentía bien ser tan necesitada. Con ese feliz sentimiento, acunada por un cálido abrazo, durmió plácidamente lo que quedaba de la noche en el abrazo protector de su amado compañero.

—¡KOTOMI!… ¡Espera!

—¡Yo te ganaré mamá! –gritaba una niña, casi una miniatura de Kotoko, corriendo hacia el recibidor para alcanzar a su papá el paraguas del perchero. Al llegar, lo descolgó y esperó alegre.

—Aquí tienes, papá — dijo la niña, ofreciendo a su padre el paraguas, con una sonrisa. Él sonrió y le pasó una mano sobre la cabeza.

—Muchas gracias, Kotomi.

Kotoko llegó poco después, fingiendo estar terriblemente cansada. La señora Irie, madre de su esposo, miraba la escena, enternecida.

—Kotoko chan… Creo que sería una estupenda idea si tuvieran otro niño más… ¿que les parece la idea?

Kotoko enrojecía sin saber que decir y la pequeña Kotomi miraba a sus padres con perplejidad. ¿Tener un niño? ¿Cómo era eso? Tendría que preguntárselo cuanto antes a su papá, que sabía de todo. Naoki, el hermano menor de Irie kun, estaba bajando de las escaleras en ese momento, miró a su madre con una extraña expresión y se golpeó levemente la cabeza con las manos, mientras se dirigía a ella.

—Que cosas se te ocurren a veces…


La vida transcurría tranquila y sin contratiempos en casa; pero en el hospital era otra historia. Las continuas emergencias, los enfermos y sobre todo por esos 'pequeños deslices' inevitables por ser inherentes a su personalidad acababan con Kotoko. Un contraste con el médico más popular del hospital: Naoki Irie, quien a pesar de las diferentes complicaciones por las que pasaba, conservaba un perfil altivo y sereno, que atraía a más de una enfermera y cautivaba a varios de sus pacientes.

Kotoko sabía de buena fuente, que su maravilloso esposo tenía ya un club dedicado a él, compuesto por casi todas las enfermeras del hospital. Menos ella, por supuesto. ¿Por qué no estaba en un club en donde adoraban a su esposo? Porque aunque era muy apreciada por sus compañeras, sentía en el ambiente, sobretodo cuando estaba con Naoki, envidia y ganas de desaparecerla del planeta.

Ser la esposa del medico más guapo e inteligente del lugar, era algo bastante difícil de sobrellevar. Pero era muy agradable a la vez.

La voz gruesa y pausada de la enfermera en jefe, de pronto, interrumpió sus pensamientos.

—Irie-san, la llaman desde la habitación 225. Es una emergencia

—¡Sí, señora!

—¡No corra por el pasillo!

Demasiado tarde. La graciosa enfermera ya circulaba apresurada por el pasillo, atrayendo las miradas de todos, llevando en las manos una bandeja con algunos instrumentos, que se tambaleaban peligrosamente, amenazando con caerse al suelo… trayéndose de paso a la incauta enfermera. Felizmente nada de eso pasó, por suerte o por práctica tal vez.

Así transcurrió ese día, entre idas y venidas. Pero lo peor fue en la noche ya que a Kotoko le era muy difícil trasnocharse. Intentando cumplir con las exigencias que le pedía su guardia, no esperaba otra cosa que salir de inmediato de ese ambiente para tomar una deliciosa taza de té con Irie kun, en la calidez de su hogar.


A la mañana siguiente, Kotoko salió de la clínica, muerta de sueño por el dichoso servicio que había hecho la noche anterior. En cambio, Irie-kun, parecía fresco como una lechuga recién lavada. En él, no se apreciaban esas enormes ojeras que tenia Kotoko, las cuales adornaban bonitamente sus facciones.

Kotoko bostezó sonoramente, mientras se estiraba para espabilarse un poco. Miró a su esposo y se dirigió a él —No sé como haces para mantenerte despierto Irie-kun…

—Creo que duermo cuando me corresponde— respondió recordando la noche anterior — no como otras personas que además de no poder dormir, perturban el sueño de los demás

Una risa nerviosa brotó de los labios de la chica con una mano atrás de su cabeza — lo siento…

—Si sigues así, envejecerás más rápido que yo.

La cara de Kotoko se contrajo cómicamente, mientras se imaginaba a ella, ya anciana con un chal y unos lentes caminando junto a un Irie-kun joven como ahora. Sacudió su cabeza, negando frenéticamente.

—No, eso sería realmente terrible…

Y ambos rieron al pensar en esas cosas, y se miraron mutuamente. Era tan bueno comprenderse de esa forma. Eran el complemento ideal. Después de un tiempo de casados, se sentían alegres por realizarse como personas y como profesionales… Se amaban y eran felices, sin envidiar a nadie y sin ser envidiados, gozando de una dulce paz.

Kotoko fue una feliz casualidad en la vida de Irie. Y cuando ella miraba a su esposo le costaba creer que formara parte de ella y de su familia. Sabia que era reconocido y admirado y muchas veces se le hacía difícil saber como aquel ser maravilloso había aceptado a estar con ella. Se enterneció.

—Podría vivir toda una eternidad contigo, caminar como ahora, viendo tu rostro iluminado por esa radiante sonrisa.

Faltaba sólo un semáforo y llegarían a casa. Estaba en rojo y debían esperar unos momentos antes de cruzar. A su costado, estaban una madre y un inquieto chicuelo que había visto un escarabajo volador. Curioso, persiguió con la vista y el cuerpo después al insecto. Era tanta su concentración, que se separó de su madre y en su infantil juego que no reparó en una moto que se aproximaba a una gran velocidad. La madre abrió los ojos, aterrada, paralizada sin poder ni siquiera gritar. Naoki intentó correr para alejar al niño del peligro, pero sólo vio a la moto que pasó rauda frente a ellos y al niño en el otro lado de la acera, protegido por Kotoko que lo envolvía en un abrazo.

¿Cómo aquella joven que estaba hablando con él hace poco y que se distinguía por su natural torpeza, llegó tan rápido donde el chiquillo, salvándolo de una muerte segura?

Una terrible palidez se extendió por las facciones del médico y se dirigió apresuradamente donde yacía su esposa. Al llegar notó que ella estaba inconsciente. Pasado el peligro, la madre del pequeño finalmente pudo liberarse de la tensión, lanzando un grito de alivio al ver a su hijo salvado por aquella señorita.

Naoki examinó al pequeño, el cual estaba despierto y mudo de la impresión. Cuando el joven castaño tocó sus pequeñas manos, reaccionó y empezó a llorar y gritar por aquel terrible susto. La madre se reunió con su hijo abrazándolo con fuerza, agradeciendo a Dios por aquel ángel que había mandado en su ayuda.

Pero el ángel no despertaba. Naoki volteó con cuidado a su esposa para que pueda respirar mejor y de paso, examinar y cuando pasó los dedos por los cabellos de Kotoko, sintió que algo tibio emanaba de su cabeza. Al retirarlos, horrorizado notó que sus manos estaban manchadas de sangre. Abandonando su lucidez y olvidándose de años de carrera, posó su cabeza sobre el hombro del ella, ocultando su dolor. No llegó a escuchar ni los gritos de la señora pidiendo ayuda ni las sirenas de las ambulancias que acudían en su auxilio.

No, Kotoko, no... despierta. ¿Qué es lo que sería de mi sin ti?

Continuará...


Notas:

¡Hola! Son las tres de la mañana y estoy terminado esta primera parte. Creo que puse demasiadas cosas... Espero sinceramente que les guste esta idea que venia rondando ya varios días en mi cabeza. Actualizaré lo más rápido posible los capítulos para que no se aburran de esperar. Bueno, cualquier comentario, crítica destructiva o sugerencia, abajo en el botón verde de los reviews.

¡Nos vemos pronto!

Hitomi-chan9

**** Reeditado en Octubre 2015****

Solo unas pequeñas palabras de agradecimiento a las personas que han leído este modesto fic, hace un par de años y a aquellos nuevos lectores que se aventuran por estos lares.

Le tengo en mucha estima, considerando que es mi primer fic terminado, en aquellos tiempos cuando estudiaba en la escuela. Recuerdo que cuando lo hice, había solo dos historias de Itazura na kiss, asi que decidí aportar un poquito con el fandom.

Espero que les agrade el capítulo, no he hecho muchas correcciones, salvo algunas de gramática.

¡Un beso a todos, y que disfruten de la historia!