Hola a todos los que disfrutan de este gran anime. Me gustó mucho la primera vez que lo vi (de eso será ya más de medio año, o tal vez un poco más). Ok, aquí una entrega de este fic, que espero les agrade.

ADVERTENCIA

Los personajes mostrados a continuación no son míos. Pertenecen a la grandiosa Kaoru Tada, que los creó para suerte de todos nosotros. El argumento y las acciones a presentarse son producto de la imaginación de una servidora.


FLORES EN PRIMAVERA


CAPITULO 1: RECUERDOS…

Una niña de casi cuatro años corría por una pradera que parecía no tener fin. Sus cortos cabellos castaños tapaban el rostro redondo, por efecto de la inusual ventisca. La chiquilla intentaba por todos los medios de hallar a su mamá que había estado junto con ella no hace mucho. Pero la terrible corriente de aire, impedía ver nada y todo se confundía inevitablemente. La niña gritaba, tratando en vano, de que su madre la escuchara para poder reunirse con ella.

-¡Mamá! ¡Mamá! ¿Dónde estás?

-¡Mamá!

-Mami… - repetía entre sollozos ya sin fuerzas para gritar y sintiendo un vacío tremendo en su corazoncito. ¿Cómo una excursión tan bonita acababa tan mal? Ellas dos estaban comiendo alegremente algunas viandas que habían preparado, cuando empezó ese endiablado viento que hizo desaparecer a su mamá, dejándola en la más absoluta soledad.

-Tengo frío mamá.

-Quiero estar contigo…

-No quiero quedarme sola…

-'Kotoko chan…estaré siempre a tu lado, no temas'.

La chiquilla se restregó sus ojitos y miró sonriente a una señora de cabellos castaños, cuya expresión reflejaba tranquilidad y serenidad. Ya iba a lanzarse a sus brazos, cuando sintió que la joven señora se alejaba nuevamente de ella, ascendiendo rápidamente hacia el cielo infinito. La pequeña, dando pequeños saltitos, trataba vanamente de alcanzar a su madre que se alejaba cada vez más de ella. Al ver que todos sus esfuerzos eran inútiles, y sintiéndose decepcionada e impotente, se echó sobre la hierba, llamándola incansablemente, sollozando.

-Mamá… mamá…

-'Kotoko-chan…' - se escuchó de nuevo la dulce voz, que parecía salir de todas partes y de ninguna.

-Mami…- gritó Kotoko, mirando a su alrededor- ¡Quiero estar contigo! ¡No quiero quedarme sola!

-No estás sola…

-Pero… ¡yo quiero estar donde estas tú…!

-'Cuando llegue el momento, así será… Mientras tanto yo estaré cuidándote desde arriba, mi pequeña Kotoko'.

-Mamá… No te vayas… ¿Mamá?… ¡MAMÁ!


La joven de largos cabellos castaños abrió los ojos. El frío sudor y la respiración agitada, indicaban que había tenido una pesadilla.

-Pero a pesar de todo, a pesar de ser tan feliz… aún te extraño mamá. A veces siento que se hace larga la espera por volverte a ver…

Suspirando levemente, cambió de posición. Felizmente él no se había despertado… Ella temía perturbarlo cuando estaba descansando. Después de todo, Irie-kun era un médico cuyo trabajo lo mantenía en una constante tensión y ella lo sabía más que nadie. Era tan terriblemente aniquilante el trabajo de doctor en un hospital… las guardias, los enfermos, las operaciones… Todo aquello era una terrible responsabilidad que debía cargar diariamente sobre sus hombros.

Volteó la cabeza para mirar el rostro de su esposo. No pudo evitar sonreír. ¡Él se veía tan dulce y gentil! Tenía un aire especial, casi infantil e inocente, poco frecuente en él cuando estaba despierto. Dispuesta a dormirse nuevamente, cerraba ya sus ojos cuando escuchó una voz que la heló.

-¿No puedes dormir Kotoko?

Kotoko empezó a reírse nerviosamente - Irie-kun… estás despierto…lo siento, lo siento mucho, no quería despertarte.

- Ya lo hiciste – el joven que estaba a su lado la miró fijamente y luego respiró cansinamente - Bueno, ya duérmete que mañana tenemos guardia.

Pero Kotoko ya no lo escuchaba. Perdida en sus propios pensamientos, recordaba los momentos felices de su infancia y sobre todo, los detalles de ese extraño sueño.

-Irie-kun…

-¿Uhm?

-¿Sabes? Cuando yo tenía la edad de Kotomi, perdí a mi madre.- aunque el joven no vio su rostro, por el tono de su voz, comprendió que ella sonreía con tristeza - A veces me pregunto que pasaría si yo…

Irie abrazó repentinamente a su esposa, interrumpiéndole. Acercando la cabeza de ella a su pecho le susurró:

-No digas esas cosas, por favor.

-Irie-kun… - murmuró conmovida Kotoko. A pesar del carácter frío de su esposo, ella conocía a la perfección cada matiz, cada aspecto de su personalidad… Sabía que ese tono era la súplica del hombre a no dejarlo solo. Se sentía bien ser tan necesitada. Con ese feliz sentimiento, durmió plácidamente lo que quedaba de la noche en el abrazo protector de su amado compañero.

- ¡KOTOMI!… ¡Espera!

-¡Yo te ganaré mamá! –gritaba una pequeña niña, muy parecida a Kotoko, corriendo rápidamente hacia el recibidor para alcanzarle a su papá el paraguas del perchero.

-Aquí tienes, papá – dijo la niña, ofreciendo a su padre el paraguas, con una sonrisa.

-Muchas gracias, Kotomi.

Kotoko llegó mucho después, fingiendo estar terriblemente cansada. La señora Irie, madre de su esposo, miraba la escena, enternecida.

-Onii-chan… Creo que sería una estupenda idea si tuvieran otro niño más… ¿no?

Kotoko enrojecía sin saber que decir y la pequeña Kotomi miraba a sus padres con perplejidad. ¿Tener un niño? ¿Cómo era eso? Tendría que preguntárselo cuanto antes a su papá, que sabía de todo. Naoki miró a su madre con una extraña expresión y se golpeó levemente la cabeza con las manos, mientras hablaba con su madre.

-Que cosas se te ocurren a veces…


La vida transcurría tranquila y sin contratiempos en casa; pero en el hospital era otra historia. Las continuas emergencias, los enfermos y sobre todo las meteduras de pata, inevitables e irresistibles por ser inherentes a su personalidad acababan con Kotoko. En tanto el médico más popular del hospital: Naoki Irie, a pesar de las diferentes complicaciones por las que pasaba, conservaba un perfil altivo y sereno, que atraía a más de una enfermera y cautivaba a varios de sus pacientes.

Kotoko sabía por buena fuente, que su maravilloso esposo tenía ya un club dedicado a él, compuesto por casi todas las enfermeras del hospital. Menos ella, por supuesto. ¿Por qué no estaba en un club en donde adoraban a su esposo? Porque aunque era muy apreciada por sus compañeras, sentía en el ambiente, sobretodo cuando estaba con Naoki, envidia y ganas de desaparecerla del planeta lo más rápido posible.

Ser la esposa del medico más guapo e inteligente del lugar, era algo bastante difícil de sobrellevar. Pero era muy agradable a la vez.

-Irie-san, la llaman desde la habitación 225. Es una emergencia

-¡Sí, señora!

-¡No corra por el pasillo!

Demasiado tarde. La graciosa enfermera ya circulaba apresurada por el pasillo, atrayendo las miradas de todos, llevando en las manos una bandeja con algunos instrumentos, que se tambaleaban peligrosamente, amenazando con caerse al suelo… trayéndose de paso a la incauta enfermera. Felizmente nada de eso pasó, por suerte o por práctica tal vez.

Así transcurrió ese día, entre idas y venidas. Pero lo peor fue en la noche ya que a Kotoko le era muy difícil trasnocharse. Intentando cumplir con las exigencias que le pedía su guardia, no esperaba otra cosa que salir de inmediato de ese ambiente para tomar una deliciosa taza de té en su casita.


A la mañana siguiente, Kotoko salió de la clínica, muerta de sueño por el dichoso servicio que había hecho la noche anterior. En cambio, Irie-kun, parecía fresco como una lechuga recién lavada. En él, no se apreciaban esas enormes ojeras que tenia Kotoko, las cuales adornaban bonitamente sus facciones.

-Uaaaaaaa – dijo desperezándose Kotoko – no sé como haces para mantenerte despierto Irie-kun…

-Creo que duermo cuando me corresponde… no como otras personas que además de no poder dormir, perturban el sueño de los demás

-ajajajaja – rió la chica con una mano atrás de su cabeza – lo siento…

-Si sigues así, envejecerás más rápido que yo.

La cara de Kotoko se contrajo cómicamente, mientras se imaginaba a ella, ya anciana con un chal y unos lentes caminando junto a un Irie-kun joven como ahora.

-No, eso sería realmente terrible…

Y ambos rieron al pensar en esas cosas, y se miraron mutuamente. Era tan bueno comprenderse de esa forma. Eran el complemento ideal. Después de un tiempo de casados, se sentían alegres por realizarse como personas y como profesionales… Se amaban y eran felices, sin envidiar a nadie y sin ser envidiados, gozando de una paz como la que muy pocos pueden siquiera aspirar a tener.

Que cosas traía la vida. Cuando Kotoko miraba a su esposo le costaba creer que formara parte de ella y de su familia. Sabia que era reconocido y admirado y muchas veces se le hacía difícil saber como aquel ser maravilloso había aceptado a estar con ella.

-Podría vivir toda una eternidad contigo, caminar como ahora, viendo tu rostro iluminado por esa radiante sonrisa.

Un niño sonriente huía de su madre saltando y riendo. Era tanta su concentración en su infantil juego que no reparó en una moto que se aproximaba a una gran velocidad. La madre abrió los ojos, y se quedó estática sin poder ni siquiera gritar. Naoki intentó correr para alejar al niño del peligro, pero sólo vio a la moto que pasó rauda y veloz y al niño tirado en la acera protegido por Kotoko que lo envolvía en un abrazo.

¿Cómo aquella joven que estaba hablando con él hace poco y que se distinguía por su natural torpeza, llegó tan rápido donde el chiquillo, salvándolo de una muerte segura?

Una terrible palidez se extendió por las facciones del médico y cruzó apresuradamente la pista, reuniéndose con su esposa que estaba inconsciente. La madre del pequeño lanzó un grito de alivio al ver a su hijo salvado por aquella señorita.

Naoki examinó al pequeño, el cual estaba despierto y mudo de la impresión. Cuando el joven castaño tocó sus pequeñas manos, reaccionó y empezó a llorar y gritar por aquel terrible susto. La madre se reunió con su hijo abrazándolo con fuerza, agradeciendo a Kami-sama por el ángel que había mandado en su ayuda.

Pero el ángel no despertaba. Naoki volteó a su esposa para que pueda respirar mejor y de paso, examinar y cuando pasó los dedos por los cabellos de Kotoko, sintió que algo liquido y tibio emanaba de la cabeza de su esposa. Al retirarlos, miró horrorizado sus manos manchadas de sangre. Abandonando su lucidez y olvidándose de años de carrera, posó su cabeza sobre el hombro del ella, ocultando su dolor. No llegó a escuchar ni los gritos de la señora pidiendo ayuda ni las sirenas de las ambulancias que acudían en su auxilio.

-Ella no esta ahora conmigo… ¿Qué será de mí?

CONTINUARÁ…


¡Hola! Son las tres de la mañana y estoy terminado esta primera parte. Creo que puse demasiadas cosas... Espero sinceramente que les guste esta idea que venia rondando ya varios días en mi cabeza. Actualizaré lo más rápido posible los capítulos para que no se aburran de esperar. Bueno, cualquier comentario, crítica destructiva o sugerencia, abajo en el botón verde de los reviews.

¡Nos vemos pronto!

hIT-CHAN