La saga de Crepúsculo pertenece a Setephanie Meyer.

Mi hermanastro

Resumen:

Tengo grabada su cara de fastidio en mi cabeza en el momento en que me vio. Realmente era un tipo frío y apartado de la sociedad, pero para mi mala suerte, era el hombre más guapo que había visto en mi vida; Mi hermanastro.



Introdución

No sabía si era un buen o mal camino el que había elegido, pero simplemente, luego, no me pude arrepentir.

Entrecrucé las manos encima de la mesa, tomando mi tiempo para respirar y tragar, tranquilamente. Volví a alzar mi ojos fijándolos en mi madre, Rennée; era como yo solamente con las arrugas un poco más marcadas y que yo era mucho más madura que ella. Desvié mi mirada a mi padrastro, Carlise; era alto, bello, facciones finas, realmente mi madre había escogido bien, aunque no fue por el físico ni por su dinero que se casó con él. Me coloqué el cabello detrás de mis orejas, y volví a fijar mi vista en los papeles de encima de la mesa, y luego, alcé la vista a los ojos nerviosos de mi madre.

- Mamá, ¿Realmente quieres que yo...? - no acabé la frase, ya que ella me sonrió como solo una madre sabe hacerlo.

- Bella, es tu sueño... No quiero estropeártelo... - tragué hondo, y me pasé mi mano por mi rostro, intentando borrar mi incredulidad.

- Bella, sabes que yo te quiero como una hija y por eso... - asentí, antes de que acabara la misma frase de siempre.

- Lo sé, Carlise... - aunque realmente le tenía un gran respeto porque se comportaba como un verdadero padre, le llamaba por su nombre - Pero... - eso me preocupaba pero había algo más - Edward, ¿no se enfadará? Es decir yo soy... una extraña.

- He hablado con él y no le importa en absoluto - asentí.

- ¿Y Alice y los demás? - pregunté. No es que temiera de que les cayera mal, los conocía, nos habíamos visto de pequeños y no era que hubiera una mala relación, pero hacía bastantes años que no lo veía ni si quiera hablaba con ellos.

- ¡Oh! Ellos están encantados de que vayas, de verdad - si ellos sí, aunque no lo dijera el que me preocupaba más era Edward, él siempre había sido un antisocial enfadado con la sociedad y le costaba mucho abrirse, y a veces podía ser realmente molesto.

- Me alegra oír eso - dije algo más aliviada. Estiré un brazo y cogí el billete que había delante mío; con mi nombre y el día de ida.

Mañana me iba, no se puede decir que me avisaron con mucho tiempo -seguramente para que no me escapara o alguna locura que se me pasara por la cabeza, que por supuesto, jamás haría nada de eso- Pero, ¿Yo quería eso? Es decir, irme de Phoenix a Forks, ¿Eso sería bueno?. Aunque, ¿Qué tenía aquí que podría perder? Mi familia -mi madre y Carlise-, amigos lo que se llamaba amigos no tenía; Lo necesario un compañero de escuela y poco más.

Elevé la vista para encontrarme a cuatro ojos mirándome, ansiosos.

- Esta bien... - Acepté. Me levanté de mi silla pensando en todo lo que me habían dicho de sopetón mis padres - Voy hacer la maleta, ya que sino luego me ira muy justo...

- De acuerdo, cariño - me dijo mi madre.

Subí las escaleras lentamente, sabiendo de sobras que si las quisiera subir rápida me caería.

Me metí en mi habitación y me tiré contra mi cama, observando el techo. Desvié mi vista -inconscientemente- a mi mesita de noche, me encontré, enmarcada, una foto de hace tiempo, cerré fuertemente los ojos, y agaché la foto para no seguir observándola Jacob... Volví a mirar al techo; - Espérame - fue todo lo que dijo, antes de subir a aquel avión y dejarme. Evitaba ra toda costa recordar aquel momento, pero de una manera o otra lo recordaba; tres años habían pasado, en ese momento yo tenía dieciséis y él dieciocho. Suspiré. Normal que no hubiese vuelto, él ahora tendría veintiún años y estaba lejos, bien lejos.

Me senté en mi cama y moví mi cabeza de un lado a otro. Debía alejar esos pensamientos para siempre. No era que aún sentía algo por él, simplemente se me hacía duro recordar eso; habían sido momento especiales, pero no duraron mucho.

Me levanté, arrastrando los pies, y cogí la maleta de detrás de mi puerta y la coloqué encima de mi cama. En realidad, estaba feliz por poder salir de Phoenix, no era que lo odiara, simplemente, quería salir de allí, aunque Forks no era el sitio que hubiese pensado para vivir una temporada, pero no estaba mal; si allí podía cumplir mi sueño: Diseñar. Era un sueño que pensé que jamás se me cumpliría, pero almenos ya había dado un pequeño paso para acercarme a él.

Cuando me di cuenta, había acabado de hacer la maleta y ya era de noche, me extrañó que mi madre no me viniera dar las buenas noches, seguramente se habría dormido en el sofá junto con Carlise. Bajé las escaleras con cuidado, cuando me di cuenta que ellos estaban hablando en el sofá seriamente.

- Rennée, ¿Seguro que quieres que Bella se vaya?

- Me gustaría más que se quedara aquí... - bajé la vista, quizá debería quedarme - pero, siempre la he retenido a mi lado, creo que es hora de que siga por donde ella crea. Solo que si se tropieza yo estaré allí...

- Eso es muy... - comenzó Carlise, pero Rennée no le dejó acabar.

- No te creas, soy bastante egoísta con las cosas que quiero - rió suavemente.

Entré en la sala ruidosamente para avisar de que había llegado y dejaran de hablar.

- ¿Cenamos? - pregunté sonriendo.

- Pensé que ibas a cenar sola... - me dijo mi madre en un tono bajito.

- Ya... Pero como es mi última cena aquí, ¿Podriamos cenar juntos, no? - pregunté sonriendo poniendo a relucir mis dientes. Mi madre asintió con ganas y Carlise simplemente sonrió.

Había sido una cena muy larga, cuando llegué a mi cama me dejé caer, y me dormí a los pocos minutos, sin taparme, si quiera.

- Bella... Bella... - abrí los ojos adormilada y vi a mi madre que lucía realmente bien.

- ¿Qué pasa? ¿Vas algún sitio? - pregunté poniéndome de lado, dando la espalda a la luz del sol que se filtraba por la persiana mal cerrada.

Ella rió suavemente.

- Hoy te vas a Forks, exactamente... - miró su reloj de muñeca - dentro de tres horas... Y dentro de dos, nos vamos para el aeropuerto, así que vístete y si tienes que arreglar algo antes del viaje, arréglalo... - me dio un beso en la frente y se marchó de mi cuarto.

Suspiré nerviosa. Me levanté con algo de pesadez, mientras me sacaba el pijama y me ponía la ropa que el día anterior había dejado preparada para hoy. Era algo sencillo una camiseta negra algo ajustada, no mucho, unos jeans pitillo, y una botas por encima del pantalón.

Las horas en casa se me pasaron volando, y cuando me quise dar cuenta mi madre me abrazaba, estrujándome entre sus brazos, intentando por todos medios no llorar. Carlise por su parte me dio un pequeño abrazo y un papel donde ponía la dirección donde iba a vivir. Lo guardé en el bolsillo de mi pantalón, antes de perderlos de vista.

No se exactamente cuanto tardé en llegar, solo, me di cuenta que en unos momentos en los que me había perdido en algun lugar de mi memória, ya estaba en Forks.

Bien, exactamente -por las instrucciones de Carlise- la casa de Edward estaba un poco lejos del aeropuerto, así que debería coger un taxi y darle las instruciones a él, esperando que fuera buena gente y no me mintieran.

Cuando subí al taxi, el hombre que lo conducía era de mediana edad, con gruesas lentes, y parecía buena gente, al menos por el físico. Le dije la calle y me sonrió, diciéndome que una media hora más o menos estaríamos allí. Y no se equivocaba en media hora me bajé del taxi.

Cuando alcé la cabeza, quedé impresionada, esa casa era cinco veces más que la mía. Tenía un enorme jardín, bien cuidado, y una casa preciosa ¡Quien pudiera permitirse una casa así!

Me quedé parada delante de aquella verja que daba a su casa, quizá debería volver a mi casa en Phoenix; el miedo, simplemente, me invadió. Porque sabía que en el momento en que pasase la verja viviría con él. Con Edward. Con mi hermanastro.


Espero quye os haya gustado!

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